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–¿Qué pasa? –preguntó Zaid con aspereza. Esme se sobresaltó y lo miró. Vestido de negro de pies a cabeza, tenía el aire de un despiadado guerrero. –Me temo que… dejar este tema no es tan fácil como creía. Ayer no era más que una trabajadora social. Hoy soy… –La amante del sultán, y la mujer que tal vez lleve en su interior al próximo heredero de Ja’ahr –dijo Zaid con una solemnidad que no dejaba espacio a la duda. El temblor de la mano se trasmitió a todo su cuerpo. –Voy a volver a mi tienda. Supongo que tienes asuntos que atender. Zaid frunció el ceño, pero se limitó a asentir con la cabeza. –Me aseguraré de que nadie te moleste. Esme dudaba de que pudiera descansar, pero estaba ansiosa por escapar a la mirada escrutadora de Zaid y se marchó tras despedirse balbuceante. Pasó junto a Fawzi, que hizo una inclinación sospechosamente pronunciada al verla. Mientras cruzaba el campamento, también notó que quienes solían saludarla animadamente y sin formalidades, de pronto hacían reverencias respetuosas y sonreían con deferencia. Sabían que había pasado la noche en el lecho de Zaid y la ponían en un pedestal al que no pertenecía. El sentimiento de culpa que sentía se convirtió en una pesada roca en su pecho. En su tienda tuvo que contener las lágrimas que se acumulaban tras sus ojos al entrar seguidamente Nashwa y Aisha. –Su Alteza ha dicho que debe descansar –dijo la primera–. Aisha le preparará un té de jazmín para… –No quiero nada, gracias. Solo echarme un rato. –Como quiera la señora. Consciente de que las mujeres no la dejarían hasta haberla ayudado a instalarse, dejó que la atendieran y cuando se fueron, suspiró aliviada. Pero su alivio duró poco porque estaba demasiado angustiada con el secreto que no podía guardarse. Al mismo tiempo, sabía que si admitía públicamente que conocía el pasado de su padre, sería tanto como clavar un clavo más en su ataúd. Tomó la almohada más próxima y ocultó el rostro en ella. Pero por más que su mente quisiera volver las agujas del reloj veinticuatro horas atrás, cuando solo le preocupaba si Zaid la deseaba o no, su corazón no le concedió

Profile for Lucía Elisa Aguirre Ramírez

Maya Blake - El Sultán Y La Plebeya  

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