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confesión indirecta de que era su primera virgen. Por alguna extraña razón, eso intensificó la presión de aquella indefinible emoción que Esme sentía en el pecho. Pero no pudo pensar en ello porque Zaid ya volvía a besarla, en aquella ocasión con delicadeza. Bajó de nuevo una mano a su muslo. –Esmeralda –susurró, separándole las piernas. Esme lo miró a los ojos y el deseo que vio en ellos la hizo arder tanto como sentir que la corona de su pene le tocaba el núcleo. Una excitación ciega teñida de aprensión se apoderó de ella. –Abrázate a mí –ordenó él. Ella obedeció. Entonces, con un gemido gutural, Zaid se adentró en ella. Una aguda punzada de dolor la atravesó, arrancándole un grito. Zaid lo atrapó con sus labios, devorando el sonido como si le perteneciera. Y así era. El dolor no fue tan pasajero como Zaid le había dicho, y se clavó en ella como si quisiera hacerle recordar aquel momento, para que quedara impresa en su mente la maravillosa experiencia de compartir su cuerpo con Zaid AlAmeen. Tras unos segundos, Zaid alzó la cabeza para mirarla, retroceder, y volver a sumergirse en ella. El dolor remitió, se disolvió y dio paso al placer. Un placer más potente que el que acababa de sentir. Al tercer embate, Zaid la penetró profundamente. Luego fue acelerando poco a poco; con la mano izquierda la sujetó por la cadera, afianzándola, mientras cumplía la promesa de hacerla plenamente suya. Y mientras tanto, mantenía sus ojos en los de ella, absorbiendo cada partícula de su goce, fusionándolo con el suyo. Esme puso los ojos en blanco y le clavó los dedos en la espalda. El gemido que brotó de su garganta fue de un asombro y una dicha que no había creído posibles. –¡Zaid! –gritó. –¡Déjate llevar! ¡Déjate ir! –susurró él. –¡Oh… Dios! Esme nunca había creído que entregarse pudiera resultar tan liberador. Y sintió que se elevaba aún más alto que antes, lo que no le impidió oír a Zaid susurrar. –Habiba.

Profile for Lucía Elisa Aguirre Ramírez

Maya Blake - El Sultán Y La Plebeya  

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