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–No te ocultes de mí, habiba. Quiero memorizar cada milímetro del cuerpo que voy a hacer mío y solo mío. Esme lo miró a los ojos y vio que ardían como dos ascuas. –Yo… –nunca supo qué iba a decir porque se quedó muda cuando Zaid se quitó la túnica. Sin vello, el contorno de sus abdominales y su piel de bronce eran perfectos. A Esme se le secó la boca al ver que se quitaba los pantalones. Zaid era el espécimen masculino más espectacular que había visto en su vida. Observó sus fuertes muslos y su orgullosa masculinidad, erecta y poderosa y la idea de todo aquel poder dirigido hacia ella, dentro de ella, hizo que la cabeza le diera vueltas de puro deseo. Como si le leyera el pensamiento, Zaid la atrajo hacia sí. –Déjate llevar por el deseo, Esmeralda. Tócame –dijo con voz ronca. Esme obedeció y ahogó una exclamación ante el gozo que sintió al tocar con sus dedos la suave y cálida capa de piel que se deslizaba sobre el músculo de hierro. Luego recorrió su torso con las yemas de los dedos y le rozó los pezones con las uñas. Al ver que Zaid contenía el aliento con un silbido, se detuvo. Pero entonces él la tomó por la nuca y atrapó sus labios con un beso desesperado que demostraba hasta qué punto estaba encontrando difícil contenerse. Igual de bruscamente que lo empezó, terminó el beso y la tomó en brazos –Tenemos que pasar a la cama, querida. O voy a poseerte aquí mismo.

Profile for Lucía Elisa Aguirre Ramírez

Maya Blake - El Sultán Y La Plebeya  

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