Page 70

en la que estaba inmerso. El turbador anhelo que le provocaban aquellas miradas la mantenían despierta durante horas mientras se debatía entre odiarlo por despertar en ella un deseo tan intenso, y reprenderse a sí misma por haber caído en su red. Quizá por eso se sentía irritada al atardecer de su segundo día en Tujullah, que no era más que un asentamiento en el desierto más septentrional del país, aunque las tiendas eran permanentes y tan grandes que contenían varias habitaciones. Como de costumbre, se le había asignado la tienda más alejada de Zaid. Acababan de despedirse después de la reunión diaria durante la que ella había dado respuestas cada vez más concisas y él la había observado con mirada penetrante antes de despedirla y mantener una tensa conversación con su secretario. Normalmente, ella se habría quedado por el campamento, donde varios grupos de hombres tocaban instrumentos, o habría entablado una conversación sobre la situación del mundo. Pero aquella noche, decidió darse un prolongado baño en la intimidad de su tienda tras despedir a Aisha para el resto de la noche. En ese instante se pasaba una esponja impregnada de agua de rosas por el brazo y observaba con expresión ausente las gotas de agua chispear reflejando la luz de docenas de velas. En cuatro días volverían a Ja’ahr para dos semanas, antes de iniciar otro viaje hacia el este. Zaid tenía asuntos de Estado pendientes y ella visitaría de nuevo a su padre, a pesar de que el encuentro previo, cuando había tomado un helicóptero para ir a verlo, había acabado en tensión por la insistencia de su padre en saber qué había entre ella y Zaid. También aprovecharía para mantener reuniones con Contacto Global y comentar sus recomendaciones respecto a la comunidad. Pero aquella noche no conseguía concentrarse más que en Zaid, o mejor, en si habría cambiado de opinión respecto a poseerla, y por qué sentía tal desilusión ante esa posibilidad. Esos pensamientos seguían perturbándola cuando salió del baño, una hora más tarde, y aunque estaba agotada, pensó que era demasiado temprano para irse a la cama. Se cepilló el cabello lenta y prolongadamente y se puso una túnica lila con bordados de oro en los bordes, de una seda tan delicada que se deslizó sobre su cuerpo como un suspiro. Esme era consciente de estar enamorándose de

Profile for Lucía Elisa Aguirre Ramírez

Maya Blake - El Sultán Y La Plebeya  

Maya Blake - El Sultán Y La Plebeya  

Advertisement