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–Así que te preocupa que pueda sufrir algún daño –el tono fue claramente burlón, pero también se tiñó de una sensualidad que le acarició los sentidos, moviendo a Esme a mirarlo. Zaid la observaba con una expresión magnética que despertó en ella un curioso anhelo. Cuando él bajó la mirada a sus labios, ella los entreabrió, sintiendo que le faltaba el aliento, y no pudo resistir el impulso de humedecérselos. La mirada de él se veló al seguir el movimiento de su lengua. –Es natural preocuparse por la seguridad de otra persona –dijo Esme en un tono ronco, cargado de emociones a las que no quiso poner nombre. Un toque de escepticismo cruzó el rostro de Zaid. –En mi experiencia, los actos de altruismo nunca son gratuitos. El helicóptero aterrizó suavemente en una plataforma próxima al perímetro exterior de la prisión. Ninguno de los dos hizo ademán de bajar. Estaban envueltos en una atmósfera demasiado íntima y poderosa como para romperla. –Piensa lo que quieras. Pero mi inquietud no tiene un precio –dijo Esme. –Puede que ahora mismo, no. ¿Puedes decir lo mismo respecto al futuro? – preguntó Zaid. –Ni tú ni yo podemos predecir el futuro, Zaid. Él forzó una sonrisa que no alcanzó sus ojos. –Por mi propio interés debo estar preparado para lo que pueda pasar –¿Eso incluye rechazar el apoyo emocional que se te ofrece? ¿Qué clase de vida es esa? –Una en la que nada me toma por sorpresa. Esme se quedó sin palabras. Pasaron unos segundos antes de que Zaid hiciera un gesto cortés con la mano. Las puertas se abrieron. Él bajó y tendió la mano a Esme. Ella intentó protegerse de la descarga de energía erótica que recibiría cuando lo tocara, pero no sirvió de nada. En cuanto sus palmas se rozaron, la electricidad le recorrió la piel. La exclamación ahogada de ella encontró eco en una de Zaid. Esme no supo si alegrarse o aterrorizarse de que él se sintiera tan alterado como ella. Desde Bryan, había evitado cualquier vínculo emocional. El coste de su único error había sido demasiado elevado como para permitirse volver a bajar la guardia. Aun así, saber que no estaba sola, que no estaba

Profile for Lucía Elisa Aguirre Ramírez

Maya Blake - El Sultán Y La Plebeya  

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