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ni idea de cómo funciona su sistema de trabajo social. Zaid se acercó lo bastante como para que ella tuviera que alzar la barbilla para mirarlo a la cara. Una vez más, tuvo la sensación de encogerse ante él. –Los principios del cuidado social son los mismos en todas partes del mundo –dijo él. Esme estaba de acuerdo. –Sí, pero hay otros factores a tener en cuenta. –¿Como cuáles? –No hablo la lengua del país. –Los niños aprenden inglés al mismo tiempo que árabe. Prácticamente todos los ciudadanos de Ja’ahr son bilingües. –Solo estaré aquí un mes, para apoyar a mi padre –añadió Esme –. ¿Qué podría hacer en ese tiempo? Además, ¿dónde me alojaría? –Aquí, en el palacio –replicó Zaid con voz grave. –¿Con usted? Una emoción inescrutable cruzó el rostro de Zaid, y aunque fue tan fugaz que Esme no pudo interpretarla, se le puso la carne de gallina –Bajo mi protección –aclaró Zaid. A pesar de que se le alteró la respiración, Esme tuvo que decirse que docenas de personas vivían en el palacio; que ser acogida en él no significaba nada especial. –En cuanto al plazo de tiempo –añadió él–, un mes es un plazo irrisorio. –Es todo lo que me dieron en el trabajo. –Si quiere permanecer aquí durante el procesamiento legal de su padre, tendrá que conseguir una extensión de sus jefes. Si quiere, puedo solicitarla yo. En las próximas cuatro semanas, como mucho, se fijará la fecha del juicio de su padre. Esme frunció el ceño. –¿Se necesita todo un mes para poner fecha a un juicio? Creía que estaba intentando acelerarlo. –Sí. Por eso se celebrará como tarde dentro de seis meses. Esme lo miró atónita y repitió. –¿Seis meses? –Sí. En casos normales, la fecha puede retrasarse hasta dos años. Esme abrió los ojos como platos. –¿Tiene tanta gente languideciendo en sus cárceles?

Profile for Lucía Elisa Aguirre Ramírez

Maya Blake - El Sultán Y La Plebeya  

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