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antes tenía que introducir cambios en Ja’ahr y devolverle la estabilidad. Se lo debía a su pueblo y a sus difuntos padres, quienes habían sido asesinados en nombre del poder y la codicia. Ese recuerdo le permitió aplacar su deseo y volverse a Esme. –Quería preguntarme algo –bebió el agua y dejó el vaso en una mesa–. Si me va a preguntar si puede marcharse por la mañana, le diré que dudo que esta situación se resuelva en tan poco tiempo. Esme esperó a asimilar la información antes de hablar: –Entiendo que aquí las cosas son un poco… distintas. Pero necesito tener una idea del plazo al que se refiere. No puedo quedarme indefinidamente. –Podrá volver en algún momento, pero no de inmediato. Esme frunció el ceño. Y él continuó: –Voló a Ja’ahr para apoyar a su padre. Tengo entendido que ha pedido un mes de empleo sin sueldo para ello. –¿Cómo lo sabe? –preguntó ella, abriendo los ojos como platos. –Es mi deber estar informado de los detalles de los casos que me ocupan. Su comportamiento de ayer hizo que hiciera algunas averiguaciones más. Zaid no fue consciente de haberse aproximado hasta que se encontró a unos centímetros de ella; lo bastante cerca como para ver el tono gris verdoso de su ojos con mayor precisión, percibir en su rostro su expresión de sorpresa y ver el latido de su corazón en la garganta. Se metió las manos en los bolsillos para reprimir el impulso de poner allí sus manos y sentir su piel. –¡No puedo quedarme indefinidamente! Además, ha hablado con el jefe de policía; por eso no me arrestó –dijo ella apresuradamente. Zaid se encogió de hombros. –He conseguido un aplazamiento temporal, pero no quiero que se equivoque: si intenta dejar este palacio antes de que yo lo considere seguro, será apresada y encerrada en prisión. El jefe de policía tiene amigos en círculos influyentes. Esmeralda sacudió la cabeza con expresión desconcertada al tiempo que lo miraba inquisitivamente. El movimiento hizo que sacudiera su coleta de caballo, reclamando la atención de Zaid, que lamentó recordar el impacto que le había causado al verlo suelto. Entonces Esmeralda se alejó de él, cabizbaja, rodeándose la cintura con los brazos. En el silencio cargado que los envolvió,

Profile for Lucía Elisa Aguirre Ramírez

Maya Blake - El Sultán Y La Plebeya  

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