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–Sé que estamos de luna de miel, pero… –¿Pero? –Yo… Zaid, en realidad tú no me deseas… –Fíjate bien, habiba. Aquí tienes la prueba. Esme bajó la mirada y se ruborizó al detenerse en aquella orgullosa y dura parte de su anatomía. –No-no me refiero a eso. Zaid suspiró. –Sé que hemos tenido un comienzo complicado, pero no hagamos de esto un problema. Esme sabía que ante Zaid se debilitaba, pero no supo lo vulnerable que era hasta que su cuerpo, por propia voluntad, se echó en sus brazos. Él exhaló un gemido primario y le dio un beso voraz, exigente. Y Esme respondió con osadía, acariciándolo y arrastrándolo al mismo febril deseo que él le inspiraba a ella. Zaid la tomó en brazos y tras secarse a medias, sin soltarla, la llevó a la cama. Antes de depositarla en ella, dijo con voz grave: –Ahora serás mi esposa de verdad. –Y tú mi esposo. Los brazos que la dejaron reverencialmente en la cama temblaban levemente, pero el beso fue tan decidido como siempre. El magnífico hombre del que se había enamorado estaba haciéndole el amor. Y aunque le doliera el corazón, por el momento Esme se dejó llevar por la dicha. Y se aferró a ella lo más posible. Ese fue su último pensamiento antes de que Zaid se colocara y la tomara. Su unión, lenta y delicada, inundó los ojos de Esme de lágrimas y arrancó un profundo gemido de Zaid. Luego, se quedaron dormidos abrazados. Aquella noche marcó la pauta de la luna de miel. Cada día visitaban una isla y por la noche hacían el amor y charlaban largamente. Aparte de los guardaespaldas, solo los acompañaban Fawzi y otro miembro del personal, cuya presencia era extremadamente discreta. Aun así, Esme se había dado cuenta de que Fawzi había pasado a saludarla con una inclinación desde la cintura. Cuando se lo comentó a Zaid, este rio. –¿Y por qué parece asustado cuando le hablo? –preguntó ella.

Profile for Lucía Elisa Aguirre Ramírez

Maya Blake - El Sultán Y La Plebeya  

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