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limitó a parpadear cuando ella ahogó una exclamación–. Pero olvidas que sé qué tipo de hombre es. Es un estafador de primera en cuya tela de araña caíste a una edad temprana. –Hay algo más, Zaid –insistió ella. Él se acercó y la tomó por los hombros: –Siempre hay algo más. Pero lo que importa es que en cierto momento tomaste la decisión de alejarte de él. ¿O no fue tu decisión? –la presionó él. Ella asintió con la cabeza. –Sí. Zaid sonrió por primera vez plenamente antes de volver a adoptar una expresión seria. –Así que cambiaste tu vida. No necesito más pruebas de que he tomado la decisión correcta. La sensación de estar hundiéndose en tierras movedizas a pesar de la cuerda que Zaid le estaba tendiendo se intensificó. –¡Por favor, Zaid, escúchame! –¿Alteza? –lo reclamó Fawzi. Zaid suspiró. –Te casarás conmigo, Esmeralda. Lo harás por el bien de nuestro hijo, y conseguiremos que todo vaya bien. Esme sintió un súbito enfado. –¿Así de simple? Zaid la recorrió con una mirada de deseo que transformó su rabia en algo igualmente primario. –Créeme, jamila, nada de lo que pase entre nosotros va a ser simple. Pero por ahora has de quedarte aquí. Haré venir a Nashwa y Aisha y te traerán algo de comer. Si cuando vuelva sigues queriendo hablar, hablaremos. Se marchó tras aquellas palabras y casi al instante Nashwa y Aisha entraron con un banquete. Esme reflexionó sobre lo que Zaid le había contado. Al subir al trono tras el gobierno dictatorial de su tío y dedicarse a su gente sin pedir nada a cambio, se había ganado su confianza y con ello había puesto las primeras piedras del cambio. Las manifestaciones, que habían disminuido en las últimas semanas, eran una señal de que Zaid se estaba ganando incluso a los ciudadanos inicialmente refractarios. Ella sabía por su trabajo como trabajadora social

Profile for Lucía Elisa Aguirre Ramírez

Maya Blake - El Sultán Y La Plebeya  

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