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durante la década de 1820

en la República de Colombia Lucía Duque Muñoz*

*_lduquemu@unal.edu.co _Agradezco a Juan David Delgado su apoyo como asistente de investigación en la elaboración de este artículo. 1._En adelante nos referiremos simplemente a Colombia o a Unión Colombiana, teniendo en cuenta que Gran Colombia es una denominación dada por la historiografía posterior a la época. 2_El trazado de una nueva división políticoadministrativa, estrechamente vinculado con los levantamientos cartográicos,

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ocupó un lugar central en la legislación bajo el periodo de la Gran Colombia. La Ley 25 de junio de 1824 establecía que el territorio debía tener una división regular y proporcional respecto a la extensión y población, todo lo cual estaba relacionado con la creación de un sistema electoral republicano. A su vez, como fase previa para implementar esta organización, el Decreto 29 de noviembre de 1823 sobre la formación de mapas provinciales, irmado por Santander, pedía a los gobernadores provinciales el levantamiento de los mapas de sus provincias, todo lo cual

A

partir del siglo XIX, la articulación territorial constituyó uno de los problemas centrales ligados al proceso de formación del Estado nacional, tanto en la Nueva Granada como en la mayoría de los nacientes países iberoamericanos. Efectivamente, con posterioridad a las independencias, se hizo imperioso sentar las bases de lo que sería el territorio nacional —noción novedosa para la época— al tiempo que se daba inicio a la organización estatal. Su lenta elaboración estaba, a su vez, relacionada con varios cambios de carácter político, entre los que debe mencionarse la transformación de una concepción plural de la soberanía donde los poderes locales y provinciales eran predominantes —característica del régimen colonial— (Annino y Guerra et ál. 2003: 152184) para forjar una idea del territorio como ámbito de ejercicio de la soberanía única de la nación, entendida como el conjunto de los ciudadanos. Los intentos de integración y articulación territorial estaban vinculados con la construcción de la ciudadanía desde una perspectiva geográica, de manera que la relexión sobre límites y fronteras buscaba, primordialmente, demarcar el espacio sobre el cual se ejercería la soberanía nacional, incorporando a su vez las áreas marginales y sus habitantes al conjunto del país. Este tipo de preocupaciones fueron relevantes en el periodo de la llamada Gran Colombia1, durante el cual se trató de poner en marcha una organización del territorio acorde con la ideología republicana2. A su vez y, en este contexto, los conocimientos geográicos y cartográicos hicieron parte de los mecanismos sobre los cuales se apoyó el Estado naciente con el in de poner en marcha una nueva manera de proyectar el espacio geográico.

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Es así como con nuestro ensayo buscaremos explorar, en un primer momento, qué interés se expresó por temas como la delimitación territorial y la integración de las áreas de frontera durante la etapa fundacional del Estado colombiano y, posteriormente, qué acuerdos y qué discordancias se manifestaron en la manera de abordar estas temáticas por parte de las leyes gubernamentales, así como desde el discurso y las prácticas de algunos cientíicos y naturalistas relevantes en la época como Francisco Antonio Zea, José Manuel Restrepo y Jean Baptiste Boussingault3. Diicultades en la deinición de los contornos territoriales de la Nueva Granada en el tránsito del periodo colonial al republicano

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La formulación e implementación de las nociones de límite y frontera4 no fueron fáciles en los inicios de la formación estatal colombiana lo que, a su vez, hunde raíces en las transformaciones territoriales de inales del periodo colonial. Debe recordarse que en los albores del siglo XIX el Virreinato de la Nueva Granada constituía una entidad político-administrativa de reciente creación (se instituyó deinitivamente en 1739 luego de un intento fallido en 1717) que, a su vez, experimentó varias modiicaciones durante su existencia. Muy probablemente, las adiciones y segregaciones territoriales fueron aspectos que condujeron a que la unidad, conines y composición del virreinato no fueran suicientemente claros, incluso para los sectores letrados (Chenu 1979: 209-210). Por ejemplo, en uno de los pocos mapas en los que se representa el virreinato de la Nueva Granada como conjunto, titulado Plan Geográfico del virreinato de Santafé de Bogotá que manifiesta su demarcación territorial, islas, ríos, principales provincias y plazas de armas (1772), es notoria la exigua precisión en el trazado de

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se acompañaba de un empadronamiento demográico. Por su parte, el Atlas trabajado por José Manuel Restrepo —publicado en 1827 como último volumen de la Historia de la Revolución de Colombia— también dice responder a las divisiones políticas propuestas por la Ley de 1824 (Restrepo 1827: 6). 3_Desafortunadamente son escasas las fuentes de carácter cientíico en este periodo. Si bien se hizo la consulta de las memorias y relatos de otro tipo de viajeros que estuvieron en el país en la década de 1820, de manera consecuente con el tema de este ensayo debimos restringirnos a aquellas que provenían de viajeros cientíicos. 4_Es conveniente hacer una distinción preliminar entre los términos de «límite» y

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de «frontera» antes de acercarnos a la manera en que se abordó la temática a principios del siglo XIX. Una de las diicultades para su deinición consiste en que estas se han formulado desde diversas disciplinas, como la antropología, la historia, la economía, la geografía política o la geografía histórica, lo que no permite llegar a un rápido consenso acerca de las mismas. Sobre la noción de frontera en particular se han generado numerosas controversias teóricas e historiográicas desde que Frederick Jackson Turner publicó en 1893 su ensayo «El signiicado de la frontera en la historia de América». Reiriéndose a la historia de Estados Unidos, Turner plantea que el proceso de expansión hacia el Oeste por parte de colonos de origen europeo habría moldeado parte de la identidad y la cultura

los conines tanto internos como externos del territorio, pese a ser este uno de sus propósitos centrales. Dicha carta geográica estaba, a su vez, acompañada por el ensayo titulado Estado del virreinato de Santafé también fechado en 1772 y redactado por Francisco Antonio Moreno y Escandón (1936)5, en el cual se describen los grandes componentes del dominio virreinal6 y se señalan algunos de los cambios que experimentó en su conformación. Respecto a esto último, Escandón se reiere particularmente a la separación de la provincia de Caracas, sobre lo cual indica: «Forma un lunar la provincia de Venezuela o Caracas, que aunque en su origen estuvo comprendida en este virreinato, se le desmembró por justas consideraciones, para su mejor gobierno». El geógrafo y botánico Francisco José de Caldas también da testimonio de la falta de nitidez en la deinición del territorio virreinal cuando, en uno sus escritos más conocidos, se propone determinar en qué consiste la Nueva Granada, anotando: «Para evitar confusión y simpliicar nuestras ideas, llamo Nueva Granada a todos los países sujetos al virreinato de Santafé, y bajo esta denominación comprendo el Nuevo Reino, la Tierra Firme y la Provincia de Quito» (Caldas 1966: 184)7. Más adelante, si bien maniiesta un conocimiento aproximado de sus dimensiones, no deja de expresar el carácter poco claro en la forma de este territorio: «Este inmenso recinto, de igura irregular, ocupa sobre la supericie del globo 67,200 leguas cuadradas de a 6,610 varas castellanas cada una» (Ibíd.)8. Su fragilidad como jurisdicción política y territorial centralizadora permite entender que a partir del momento en que se produjo la crisis franco-española (1808) que abrió el camino hacia las independencias hispanoamericanas en la Nueva Granada se generara un proceso de fragmentación territorial que dio como resultado un rápido retorno a la provincia como matriz del poder po-

estadounidense en torno a un espíritu democrático, individualista y competitivo. El avance de la colonización y la frontera como núcleo de la explicación del desarrollo y progreso de Estados Unidos es lo que se conoce como la hipótesis turneriana acerca de la frontera. Esta visión idealizada sobre el proceso de colonización ha sido, sin embargo, fuertemente debatida pues encubre y legitima la expropiación sobre los pueblos indígenas de las praderas y el oeste norteamericano, incluyendo connotaciones fuertemente etnocéntricas. A este debate se suma la diicultad consistente en el hecho de que la zona de frontera, como área por lo general distante de los centros políticos y económicos está, en muchas ocasiones, atravesada por el límite: aquella línea imaginaria trazada por los Estados que

construye diferencias y separa miembros de una misma comunidad. Desde la geografía histórica, Perla Zusman la propone, por ejemplo, como área «de conluencia de espacialidades y temporalidades, de prácticas de encuentro y desencuentro de sujetos e instituciones situados en distintas escalas que, en conjunto con las prácticas de los sujetos que se hallan en el propio «locus», participan en su constitución» (Zusman 2006). De esta forma, como principio para la diferenciación entre las nociones de límite y frontera, podemos plantear que el primero se asocia a lo determinado y concreto, mientras el segundo se relaciona mejor con lo difuso y permeable. En inglés, de hecho, ambos conceptos son enunciados por palabras diferentes: frontier designa las áreas de coloniza-

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lítico (Minguet s.f.; Restrepo 2005)9. Es así como durante el periodo de las Provincias Unidas de la nueva Granada (1810-1815) la fragmentación política del territorio en soberanías provinciales hizo que el tema de los límites generales de la Nueva Granada pasara a un segundo plano, cediendo paso a las pugnas interprovinciales. De otra parte, se sabe que desde los inicios del proceso independentista los Estados hispanoamericanos

ción o línea de expansión al interior de un Estado-nación y border la línea de distinción entre Estados (Grimson 2000: 9). 5_Los trabajos de Moreno y Escandón también dieron origen a la Descripción Geográica que comprende la visita practicada por el Sr. Don Antonio Moreno iscal del crimen en la Real Audiencia de S. Fe de Bogotá a consecuencia de Real Cédula fechada a 3 de agosto de 1774. 6_«Territorio del virreinato. La situación territorial comprensiva de todo el virreinato de Santafé conina con la de Méjico o Nueva España, por Costa Rica y Nicaragua, y dividiendo términos con la Audiencia de Guatemala, queda de su distrito, con la provincia de Alange y Veragua, toda la costa del Sur, desde el seno de

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Chiriquí, por el de Guayaquil, hasta cerca de Caboblanco; por donde internando a tierra, abraza la provincia de Quito y sus dependientes por Jaen, Loja y Mainas, lindando con la de Chachapoyas, y circunvecinas pertenecientes al virreinato y Audiencia real de Lima, por cuya parte se extiende hasta el río del Marañón o Amazonas, hasta la línea divisoria de la corona de Portugal, partiendo con la provincia de Guayana, de este virreinato, por las extensas e incultas tierras del lago de Parima, y establecimientos de franceses y holandeses, en Cayena y Esequivo; volviendo por este lado al mar y costa del Norte, antes de la embocadura del río Orinoco, y siguiendo todo ella, con inclusión de las islas de Trinidad y Margarita como gobiernos dependientes del virreinato de Santafé, y su Capitanía general, forma un

asumieron la doctrina del Uti Possidetis Juris como principio jurídico que regiría su delimitación. Esta doctrina signiicaba que sus espacios nacionales serían deinidos a partir de «los títulos coloniales vigentes en la fecha común de la emancipación» y buscaba, simultáneamente, crear las condiciones mínimas para un proceso de institucionalización de los nuevos países evitando una situación de guerra permanente a causa de problemas li-

lunar la provincia de Venezuela o Caracas, que aunque en su origen estuvo comprendida en este virreinato, se le desmembró por justas consideraciones, para su mejor gobierno, dándole por la costa hasta coninar con la jurisdicción de Maracaibo con algunos lugares tierra adentro, poniéndole por línea el río nombrado Boconó que la deslinda con la ciudad de Barinas, y gobierno de Maracaibo, habiéndose agregado algunas misiones, como después se explicará; y de este modo abrazando el mismo puerto y laguna del mismo nombre sigue el distrito del virreinato toda la costa del Norte por el río de la Hacha, Santamarta, Cartagena y golfo del Darién, hasta que por Portobelo, e Istmo de Panamá, se restituye por Veragua al deslinde con la Audiencia de Guatemala, y virreinato de Nueva España» (Moreno 1936: 547).

7_Este ensayo fue publicado originalmente por entregas en los números 1 al 7 del Semanario del Nuevo Reino de Granada, entre enero y febrero de 1808.

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Imagen 1_Plan Geográico del virreinato de Santafé de Bogotá (1772), dibujado por Joseph Aparicio Morata con instrucciones e información suministrada por Francisco Antonio Moreno y Escandón

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8_Según Julio Londoño, el Virreinato de la Nueva Granada comprendía una supericie aproximada de 3.600.000 kilómetros cuadrados (1958: 36). 9_En términos de Isabela Restrepo Mejía, quien a su vez incorpora los conceptos desarrollados por Annino y Guerra para otras áreas de Hispanoamérica, lo que se generó en el territorio granadino a raíz del vacío de poder y de la crisis de 1808 en la metrópoli española fue la renovación de la concepción plural de la soberanía que no fue reasumida por el pueblo en términos republicanos y, a su vez,

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Nombre

DuracióN

compoNeNtes territoriaLes: DepartameNtos y proviNcias

Virreinato de la Nueva Granada

1717-1723 1739-1810 1816-1819

Nueva Granada (Provincias de Riohacha, Santa Marta,Cartagena, Chocó, Antioquia, Socorro, Pamplona, Tunja, Casanare, Mariquita, Santafe, Neiva y Popayán).

Nueva Granada

1810

Provincias de Riohacha, Santa Marta, Cartagena, Antioquia,Chocó, Socorro, Pamplona, Mariquita, Santafe, Tunja, Casanare, Neiva y Popayán

República de Colombia

1819-1830

Nueva Granada (Departamentos de Boyacá, Cundinamarca, Cauca y Magdalena).

Estado de la Nueva Granada

1831- 1858

Nueva Granada (Constitución de 1832, provincias de Antioquia, Barbacoas, Cartagena, Casanare, Mariquita, Neiva, Pamplona. Constitución de 1843, provincias de Antioquia, Bogotá, Buenaventura, Cartagena, Casanare, Cauca, Chocó, Mariquita, Mompox, Neiva, Pamplona, Pasto, Popayán, Riohacha, Santa Marta Socorro, Tunja, Vélez. A las provincias se sumaron los territorios de Caquetá, Guajira, San Martín, Guanacas, Raposo y Archipiélago).

Tabla 1_Componentes territoriales de la Nueva Granada o Colombia 1717 – 1858.

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Nota. La información para la elaboración de este cuadro se tomó primordialmente: Agustín Codazzi (1889) Atlas geográico e histórico de la República de Colombia. París: Imprenta Lahure. Según Marta Herrera, en 1770 el virreinato de la Nueva Granada se encontraba dividido en las provincias de Santafé, Antioquia, Mariquita, Cartagena, Santa Marta, Tunja, Llanos, Neiva, Chocó, Popayán, Quito, Guayaquil, Veraguas, Pana-

mítrofes (Vásquez 1993: 259). De acuerdo con el derecho internacional de la época, este Uti Possidetis implicaba el reconocimiento de las posesiones recíprocas de países beligerantes. Sin embargo, durante el proceso de independencia en Hispanoamérica, su signiicado peculiar reside en que entre los nacientes países no había guerra; más bien, ellos constituían un grupo beligerante contra un enemigo común, representado por la metrópoli (Ibíd.). En ese sentido, debe resaltarse que en las décadas de 1810 y 1820, la preocupación principal de los incipientes

Audiencia de Quito (Provincias de Quito, Guayaquil, Cuenca, Jaén y Mainas).

Venezuela (las provincias de Cumaná, Maracaibo y Guayana hicieron parte del virreinato hasta 1777, año en que pasaron a hacer parte de la Capitanía General de Venezuela creada en 1773).

Panamá (Provincias de Veragua y Panamá).

Ecuador (Departamentos de Asuay, Ecuador y Guayaquil).

Venezuela (Departamentos de Apure, Orinoco, Venezuela y Zulia).

Panamá (Departamento del Istmo). Panamá (Provincias de Azuero, Chiriquí, Panamá y Veraguas, más los territorios de Bocas del Toro, Darién y Costa de Mosquitos).

má, Cumaná, Maracaibo y Guayana. En 1777 estas tres últimas fueron anexadas a la Capitanía General de Venezuela que se estableció en 1773 (Herrera 2001: 86). A su vez, antes de su conformación como Capitanía, la zona correspondiente a Venezuela había pertenecido al virreinato de Nueva España como parte de la Audiencia de Santo Domingo. Por su parte, la división de la república de Colombia se tomó de la Carta de la República de Colombia. Restrepo 1827.

Estados hispanoamericanos respecto al tema limítrofe consistía en ampliar la frontera o área de soberanía del poder criollo expulsando los poderes metropolitanos, más que en delimitar sus geografías nacionales recíprocamente. En efecto, América del Sur continuó siendo escenario de la guerra hasta 1824 aproximadamente, cuando tuvo lugar la Batalla de Ayacucho. De esta forma, en los años iniciales de formación del Estado cuando se hace referencia a los límites es, en muchas ocasiones, a aquellos de carácter militar que deslindan las áreas de patriotas

134 centralizada en Santafé, sino por «pueblos soberanos» nucleados en Juntas Provinciales de gobierno, ciudades y poblaciones menores.

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10_En todas las citas se conservará la ortografía original de la época. «Armisticio celebrado en Guayaquil». Gaceta de Colombia. Bogotá: Espinosa, Impresor del gobierno, 1822, n.º 16: 3. Durante la búsqueda minuciosa que se hizo sobre noticias o discusiones legislativas acerca de la temática limítrofe y la deinición de los términos «límite» y «frontera» en la prensa oicial de Colombia entre 1819 y 1831 (cambia el título de Gazeta de Santafé a Gaceta de Colombia) fue muy poco lo que se logró encontrar que no estuviera planteado en términos militares.

11_Las negociaciones con los países vecinos se activaron particularmente y, como es lógico, luego de que se disolviera la Unión Colombiana, sobre todo a partir de la década de 1840. 12_Uribe Vargas, Diego. Ley Fundamental de la República de Colombia. Las Constituciones de Colombia. Madrid: Cultura Hispánica, (s. f.) Vol. 2, 699-701.

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Los límites de las armas españolas serán los límites naturales de las provincias de Quito y Cuenca, y los de la división del Sur de la República, la provincia de Guayaquil. Todo cuerpo ó guerrilla que exista fuera de estos límites se retirará al territorio que le corresponde, siendo obligado al efecto por el gobierno á quien pertenece10.

Límites y áreas de frontera en las primeras leyes de la república La imprecisión en la definición de los contornos territoriales, en las décadas inales del periodo colonial, constituye un precedente fundamental en los problemas de demarcación que se expresaron durante el siglo XIX. Como se vio, la doctrina del Uti possidetis suponía que los países independientes debían basar su proceso de delimitación en las jurisdicciones coloniales. Sin embargo, dado que estas últimas no contaban con una circunscripción suicientemente clara y, a su vez, fueron objeto de numerosos cambios, la temática de los límites y de la articulación de las zonas fronterizas mantuvo su complejidad durante las primeras décadas del gobierno republicano. La deinición pormenorizada de límites no fue una tarea promovida rápidamente por el gobierno en sus primeras décadas (Londoño 1973: 53-58)11. En lo relativo al territorio, tanto la Ley Fundamental de 1819 que crea la República de Colombia, como la Ley Fundamental de la Unión de 1821, se enfocaban en subrayar las razones de índole militar y político que legitiman el vínculo entre Ecuador, Venezuela y Nueva Granada. Adicionalmente, esbozan su extensión y composición, advirtiendo que la ijación precisa de los límites sería abordada con posterioridad. La Ley de 1819 dice por ejemplo: «el territorio será el que comprendían la antigua Capitanía General de Venezuela

y el virreinato del Nuevo Reino de Granada, abrazando una extensión de 115.000 leguas cuadradas, cuyos términos precisos se ijarán en mejores circunstancias»12. De manera similar ocurre en la Constitución de 1821, que en su apartado «Del territorio de Colombia» airma escuetamente: «es el mismo que comprendía el antiguo virreinato de la Nueva Granada y la Capitanía General de Venezuela»13. Sin embargo, de manera inversa a la postergación del tema relativo a los límites precisos de tan extenso país, el gobierno central expresó desde entonces un interés explícito en crear estrategias que condujeran a la articulación de las áreas de frontera, ubicadas en los márgenes del territorio, con lo cual se buscaría inducir a la población indígena que las habitaba a entrar en un proceso de «civilización»14. Es así como desde 1824 salen a la luz varias leyes relativas a «indígenas errantes», su «reducción» o «protección especial». En particular la Ley del 3 agosto de 1824, «que dispone los medios para reducir a la civilización a los indios salvajes»15 y los sucesivos decretos que la complementan como el de septiembre del mismo año «sobre naciones indígenas» en el cual se pide a los intendentes que informen al gobierno central sobre los grupos de indígenas «gentiles y salvajes» que habitan en los departamentos, su número aproximado y sus tipos, usos y costumbres, con el in de proponer «los medios más eicaces que podrían adoptarse para reducirles a que, abandonando su vida errante, se sujetaren a poblado, para irles civilizando poco a poco»16. En un principio, esta normativa se reiere de manera global a la población indígena que habita el territorio colombiano. Sin embargo, algunos decretos —de manera fragmentaria o integral— expresan un interés especíico referente a los grupos que se encuentran en las áreas más distantes de los centros políticos. Por ejemplo, aquellos de mayo y julio de 1826 que fueron redactados «teniendo presentes los diferentes informes que sobre la materia han dirigido los intendentes de los departamentos y algunas juntas provinciales»17 establecen las regiones de Guajira, Darién y Mosquitos como áreas de particular importancia

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y realistas. Así se anota, por ejemplo, en el armisticio celebrado en Guayaquil en noviembre de 1821, publicado en la Gaceta de Colombia:

135 13_Uribe Vargas, Diego. Constitución de la República de Colombia. Las Constituciones de Colombia. Madrid: Cultura Hispánica, (s. f.) Vol. 2, 710 14_La frontera, como señala Walter Mignolo, aparece allí como la marca móvil de la marcha de la misión civilizadora o bien como la línea de encuentro entre civilización y barbarie (1999: 68).

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15_Ley del 3 agosto de 1824 Codiicación Nacional de todas las leyes de Colombia, desde el año de 1821, hecha conforme a la ley 13 de 1912. Bogotá: Imprenta Nacional, 1924. Tomo I, 402-404.

17_Decreto 11 de julio de 1826 sobre civilización de indígenas. Codiicación Nacional de todas las leyes de Colombia, desde el año de 1821, hecha conforme a la ley 13 de 1912. Bogotá: Imprenta Nacional, 1926. Tomo VII, 371.

16_Decreto 18 de septiembre de 1824 sobre naciones indígenas. Codiicación Nacional de todas las leyes de Colombia, desde el año de 1821, hecha conforme a la ley 13 de 1912. Bogotá: Imprenta Nacional, 1926. Tomo VII, 224-226.

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en el proceso de incorporación de indígenas «salvajes» a la civilización. El decreto del 1° de mayo propone: 1º. Que dentro de los límites del territorio de la República […] se hallan las tribus de la Goajira, Darién y Mosquitos y otras de indígenas no civilizados, tanto más dignos de la protección y cuidados del gobierno, cuanto su falta de cultura las aleja del trato y comunicación de los demás colombianos, a quienes miran como sus enemigos; 2º. Que inspirando conianza a dichas tribus por medio de una particular protección y trato benéico abandonarán la vida salvaje y vendrán a formar una parte importante de la población de la república, estableciendo relaciones que las unan en intereses con el resto de la

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república18.

Es así como, desde el gobierno central, se estaba tratando de cimentar estrategias con las cuales articular, política y económicamente, las áreas marginales al conjunto de la nación. La principal de estas estrategias se basaba en la fundación de aldeas y poblados agrícolas y ganaderos en dichas zonas, gobernados por «un capitán fundador y un teniente»19 quienes se encargarían de conducir hacia la civilización a los grupos indígenas «haciendo uso de un inlujo paternal más bien que de la fuerza»20. Asimismo, serían enviados curas regulares o seculares que debían llevar a cabo procesos de evangelización entre los nativos, lo cual debía hacerse con «la mayor prudencia y circunspección […] sin hacerles violencia alguna, pues de otra suerte ellos abandonarán la vida social y volverán a los bosques». Puede notarse entonces que en estas primeras leyes se buscaba persuadir a los indígenas acerca de las ventajas de entrar a la vida civilizada, más que imponer la presencia del Estado por la fuerza, lo que debía llevarse a cabo por medio de la instrucción, la evangelización y el fomento de los vínculos económicos (Polo 2011). En el caso de la península de La Guajira, en 1827 se creó la parroquia de Bolívar en el lugar conocido como El Soldado, área habitada por comunidades indígenas

desde inales del periodo colonial y clave en el tráico de contrabando entre las provincias de Riohacha y Valledupar. Más adelante, en 1834, se creó la aldea de El Paso. Ambas poblaciones fueron consideradas los puntos de avanzada del gobierno en esta región, desde una perspectiva de negociación con los poderes indígenas existentes (Ibíd.: 84). Otra de las áreas apartadas que llamó la atención del gobierno central fue la zona de los Llanos. Como bien lo expone Jane Rausch, pese a la postura claramente anticlerical de varias políticas estatales de la década de 1820, el gobierno expresó interés en renovar las misiones del Meta y Casanare fuertemente golpeadas por la guerra de Independencia. Debe recordarse que durante una buena parte del periodo colonial las misiones habían sido «el instrumento característico de expansión de fronteras, de hispanización de los indígenas y de sujeción de estos a la autoridad real» (Rausch 1996: 73) y, de manera similar, durante las décadas iniciales del Estado nacional, los gobernantes quisieron implementarlas como institución esencial para la integración política y económica de grupos indígenas situados en esta zona geográica. Desde 1823, Santander instó a las directivas de dominicos, franciscanos y recoletos de Bogotá para que llamaran la atención al interior de sus comunidades con el in de llenar las plazas abandonadas en las misiones de los Llanos. Aunque sus peticiones y varias medidas posteriores no tuvieron logros concretos a corto plazo (Ibíd.: 6063)21, era clara la intención del gobierno de articular económica y políticamente las regiones más distantes a través de una inluencia indirecta sobre la población nativa. Del límite exterior a la frontera interna en el discurso geográico y cientíico En el proceso de empezar a crear una representación del territorio, uniicada y acorde con el nuevo modelo político, el discurso de la geografía y de la cartografía desempeñó un rol central en la década de 1820. En el caso de la cartografía, desde 1823 Santander solicitó a los

136 18_ (cursivas mías) Decreto 1 de mayo de 1826 que declara que los indígenas de la Guajira, Darién y Mosquitos deben ser protegidos por el gobierno como los demás colombianos. Codiicación Nacional de todas las leyes de Colombia, desde el año de 1821, hecha conforme a la ley 13 de 1912. Bogotá: Imprenta Nacional, 1926. Tomo II, 333-334.

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19_Decreto 11 de julio de 1826 sobre civilización de indígenas. En Codiicación Nacional de todas las leyes de Colombia, desde el año de 1821, hecha conforme a la ley 13 de 1912. Bogotá: Imprenta Nacional, 1926. Tomo II, 371.

20_Decreto 18 de septiembre de 1824 sobre naciones indígenas. Codiicación Nacional de todas las leyes de Colombia, desde el año de 1821, hecha conforme a la ley 13 de 1912. Bogotá: Imprenta Nacional, 1926. Tomo VII, 372. 21_En 1835 quedaban solamente 12 misiones en Casanare con 2.580 integrantes, frente a 31 misiones con 15.679 indígenas que se podían contabilizar en el año 1800.

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Los límites de Colombia son, al norte, la Provincia de Costa Rica y el Mar Caribe: al este, el Atlántico y la Guiana holandesa: al sud, la Guiana Portuguesa, el río Marañón y el Perú; y al Oeste, el Pacíico. De suerte que su extensión es desde el 12° de latitud septentrional, en su parte oriental hasta cerca del Ecuador, y en la occidental hasta cerca del 7° de latitud meridional (Zea 1822: 1).

En el párrafo anterior se incluyen algunas precisiones no esbozadas por las leyes fundacionales de la república, como el hecho de que el territorio tiene límites con Costa Rica en el norte y que en el sur abarca hasta el río Marañón o Amazonas, lugares, precisamente, en torno a los cuales se delinearon algunas de las polémicas más importantes de la Nueva Granada con sus vecinos, una vez se disolvió la Unión Colombiana (Duque 2009). Por su parte, la Carta de la República de Colombia publicada por Restrepo en 1827 hace un trazado limítrofe que coincide, en algunos aspectos, con lo expuesto por Zea: empezando en América central en el cabo de Gracias a Dios22, avanzando posteriormente por todo el litoral Caribe hacia el oriente hasta ingresar al continente por la desembocadura del río Esequibo y continuando a lo largo del mismo hacia el suroriente. Continúa posteriormente hacia el Occidente por las sierras de Tumucuraque y Paracaima hasta el río Cababuris y, a lo largo del mismo, hasta Loreto. De allí hasta la laguna Gumoapí, y por el río Jupurá hasta el Amazonas. Sigue a lo largo del río Amazonas hasta el río Javari y posteriormente a través de una línea curva situada al sur del río Amazonas o Marañón, hasta la población de Tumbes en el litoral Pacíico. Finalmente, el límite avanza por el litoral Pacíico hasta el golfo Dulce en la provincia de Chiriquí23. Teniendo en cuenta que estos dos autores pertenecían al sector de criollos que se había formado en las herramientas de la ciencias naturales, la geografía y la cartografía bajo la inluencia de José Celestino Mutis y que, adicionalmente, ejercieron importantes cargos en el gobierno colombiano con posterioridad a las guerras de Independencia, suponemos que ambos habían tenido acceso a fuentes tanto cientíicas como legales que les permitieron hacer una propuesta acerca del inexplorado tema limítrofe. En el caso de José Manuel Restrepo, el Atlas presenta una introducción al Mapa de Colombia en la cual hace referencia a las fuentes en las cuales se basó para elaborarlo y, en especial, a los documentos utilizados para el trazado de la geografía física (Restrepo

Límites y áreas de frontera durante la década de 1820 en la República de Colombia

gobernadores elaborar las cartas de las provincias con el propósito de recolectar la información que condujera a la construcción del mapa de la república, y José Manuel Restrepo, quien ejercía como Secretario del Interior, publicó como último volumen de su obra Historia de la Revolución de la República de Colombia (1827) un Atlas que incluía el mapa general de la Unión Colombiana y doce cartas particulares de los departamentos*. Además, en el año de 1822 y al tiempo que ejercía labores como agente plenipotenciario en Londres, Francisco Antonio Zea publicó la obra geográica titulada Colombia: siendo una relación geográfica, agricultural, comercial, política de aquel pays, adaptada para todo lector en general y para el comerciante y colono en particular. Este trabajo es considerado el primer tratado geográico sobre el país, que salió a la luz de manera posterior a la independencia. Su publicación se produjo paralelamente a la negociación tanto de los primeros empréstitos bancarios en Inglaterra como del reconocimiento diplomático de la nueva nación entre los países europeos. Los trabajos de Restrepo y Zea tenían como propósito elaborar la carta de presentación de Colombia en el contexto del reconocimiento diplomático y la búsqueda de inversión económica extranjera, principalmente europea, a lo cual suman la necesidad de proveer algunos símbolos nacionales aglutinantes frente a una débil cohesión interna y una amplia heterogeneidad regional. Es así como, respecto a la delimitación del país, estos geógrafos y cartógrafos se esfuerzan por proponer alguna información adicional, lo que contrasta con la perspectiva general presente en la legislación. En su compendio, Zea, por ejemplo, airma:

137 *_N.E.: Sobre la elaboración de este mapa, ver el capítulo de Sebastián Díaz Ángel, Santiago Muñoz Arbeláez y Mauricio Nieto Olarte, «¿Cómo se hace un mapa? El caso del Atlas de José Manuel Restrepo», en el segundo tomo de esta obra. También ver de los mismos autores, su capítulo «Desensamblando la nación. El caso del Atlas geográico e histórico de 1889», en este tomo.

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22_Ubicado en los actuales límites entre Honduras y Nicaragua. 23_Los límites propuestos por el mapa presentan coincidencias importantes con aquellos que el mismo autor señala en la introducción de la Historia de la Revolución de la República de Colombia (Restrepo 1969: 17-18).

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Imagen 2_Carta de la república de Colombia por José Manuel Restrepo, (1827).

1827: 5-7)24. Sin embargo, respecto a la geografía política, explícitamente sobre el tema de los límites externos, anota lo siguiente:

colonias. Son igualmente inciertos los límites con el nuevo imperio del Brasil y con la Guayana antes holandesa, pero no en las costas, sino por el interior. En cuanto á los

Lucía Duque

límites con el Brasil, nos hemos arreglado á los tratados Los límites de Colombia con Guatemala y el Perú aún

entre España y Portugal, y á las divisiones que hicieron

están inciertos; hemos seguido, pues, las líneas que nos

de estos desiertos, que en la mayor parte no podían re-

han parecido más arregladas á las disposiciones vagas

correrse y que aún son desconocidos (Restrepo 1827: 7).

del gobierno español acerca del territorio de sus antiguas

138 24_Restrepo se reiere particularmente a José Lanz para la proyección cartográica; a los mapas del depósito hidrográico de Madrid para las costas Atlántica y Pacíica; a Alejandro de Humboldt para el dibujo del río Orinoco y sus aluentes; a los mapas de Arrowsmith e información proporcionada por Jean Baptiste Boussingault y Mariano Rivero para el área correspondiente a Venezuela; mencionando también a Francisco José de Caldas para el trazado de los ríos Magdalena

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y Cauca; Vicente Talledo y Rivera para la cordillera oriental; Roche (de quien no incluye el nombre) y Rafael Arboleda para las provincias de Chocó y Popayán; más el mapa elaborado por el mismo Restrepo para la provincia de Antioquia y el mapa de Pedro Maldonado para la antigua Audiencia de Quito.

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[…] todas las aldeas Indianas están más cerca de la vida salvage que de la civilizada. No se puede exceptuar

aquellos que han vivido baxo la protección de las leyes durante más de ciento cinqüenta años. La razón de esto se puede atribuir á la disposición natural de esta especie de hombres, que tan notables son por su estupidez. […] Pero es posible también que otro modo de educación contribuya también á desviar su incapacidad, lo que no hay duda el gobierno republicano tratara de llevar á efecto (Zea 1822: 661).

Si así se expresa respecto a las características de la población indígena sin importar su ubicación en el territorio colombiano, su posición se acentúa cuando se hace alusión a las comunidades que habitan en las regiones ubicadas en las áreas más apartadas 26. Por ejemplo, en las páginas de la primera geografía oicial del país, Francisco Antonio Zea no duda en enfatizar el carácter bárbaro, violento e indomable de la población guajira, señalando el poco éxito de las misiones religiosas en la etapa colonial y, con ello, las pocas posibilidades de que prosperen en un futuro: Los Goahiros viven entre la jurisdiccion de Maracaibo y Rio de la hacha. […] De todos los tiempos han sido considerados como los más feroces de entre los indios marítimos. Los españoles no han emprehendido siquiera una vez el sugetarles. Quando se adoptó el sistema misionero, algunos frailes Capuchinos fueron enviados allí del Reyno de Valencia, los que después de mucho trabajo lograron enseñarles algunas de las verdades de la religión cristiana, como también algo de sumisión a la autoridad española. También se sometieron a ciertas prácticas religiosas, y dieron esperanza de que con el tiempo serian buenos Cristianos y ciudadanos, quando un suceso inesperado que ocurrió en 1766, les volvió a sepultar en aquel barbarismo del que apenas han podido nunca salir27(Zea 1822: 546).

La posición poco favorable al sistema de las misiones es clara en varios momentos de esta obra (Zea 1822: 504-505, 514-515), si bien es expuesta de manera categórica en el capítulo titulado «De las Misiones», para

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Nuevamente aquí se llama la atención sobre la imprecisión limítrofe, con lo cual Restrepo, posiblemente, se reiere al hecho de que para el momento no se había iniciado un proceso de negociación con los países vecinos, señalando igualmente la vaguedad en las disposiciones del gobierno español sobre las que debía basarse la demarcación25. Sin embargo, en la medida en que los límites políticos permanecían indeterminados —y aún no estaban en proceso de establecerse con la mayor claridad—, el discurso de la geografía empezó a contribuir en el trazado de otro tipo de fronteras: aquellas de carácter social, cultural y étnico. Es así como a través del discurso geográico se da inicio a la coniguración de distinciones con las comunidades de las áreas marginales al interior del mismo país, más que con los habitantes del país vecino. Aquí vale la pena resaltar que respecto al tema de la integración de poblaciones ubicadas en las áreas marginales del territorio no se produce un pleno acuerdo entre las posturas y estrategias planteadas por las leyes gubernamentales y la opinión expresada por geógrafos y cientíicos, pese a que, en algunos casos, ellos ocupaban cargos de importancia en el gobierno. Como se ha visto, desde el nuevo Estado se estaba buscando promover la articulación de las áreas fronterizas y sus habitantes al destino compartido de la nación, a partir de diversos medios apoyados en las misiones, la evangelización, la colonización y presencia de aldeas de población «blanca» en estas zonas. Sin embargo, el discurso de algunos geógrafos y naturalistas no siempre expresó una posición acorde con aquella presente en las leyes de la república sobre esta problemática. Para Francisco Antonio Zea, por ejemplo, las diicultades de incorporar a la población indígena al proyecto nacional, tanto desde el punto de vista político como cultural, están presentes en todo el territorio, pues en su opinión:

139 25_Tampoco aclara en cuáles ordenanzas coloniales se basó, ni menciona el mapa de Aparicio Morata o el «Ensayo» de Moreno y Escandón, con los cuales, no obstante, presenta algunos elementos en común. Sin embargo, en la introducción a la Historia de la Revolución sí alude a los tratados celebrados entre España y Portugal en octubre de 1777 y marzo de 1778, como fundamento para la deinición de los límites entre Colombia y Brasil (Restrepo 1969: 18).

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26_Desde una óptica más radical, según Hermes Tovar, la noción de frontera podría casi que generalizarse para una buena parte del territorio durante el periodo colonial, lo que consideramos podría ampliarse para el siglo XIX: «Si bien es cierto que en el siglo XVI se coniguró un mapa diseñado desde importantes centros urbanos como Cartagena, Santa Marta, Santafé, Tunja, Popayán y Antioquia, su delimitación no fue suiciente para incorporar todos los territorios. Dentro de las provincias y gobernaciones que propusieron los europeos,

como alternativa a los dominios territoriales de los indígenas, quedaron muchos espacios, como zonas de refugio de poblaciones que huyeron de los invasores. Estas regiones se constituyeron desde entonces en fronteras susceptibles de ser colonizadas a lo largo de la historia de Colombia. El Chocó, la costa del Pacíico, los Llanos Orientales y la selva amazónica quedaron al margen del dominio de los españoles. Pero además, en el interior, tanto en el alto como en el Magdalena medio y en las estribaciones y vertientes de la cordillera Central,

quedarían espacios para que otros hombres, en otros tiempos, los doblegaran a los caprichos del desarrollo económico» (Tovar 1995: 20). 27_Zea se reiere a una insurrección desencadenada en 1766 a raíz del castigo a un indígena ordenado por un misionero, lo que propició un importante levantamiento de la población contra los religiosos.

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el cual se basa, en buena medida, en las opiniones de Alejandro de Humboldt, quien había conocido en profundidad aquellas del Orinoco. Zea se opone inicialmente al hecho de que se deleguen los poderes del gobierno en amplias regiones geográicas a las órdenes religiosas, describiendo las misiones como «[…] aquellos vastos establecimientos monásticos, aquel sistema singular, que continuamente tiende a insularse, y que pone payses quatro o cinco veces mayores que Francia, baxo la direxión de órdenes religiosas» (Ibíd.: 662). A esta crítica de orden territorial, suma su incredulidad hacia la tarea de evangelización que en ellas se lleva a cabo, la cual considera artiicial y icticia:

tir en ellas una mayor presencia de población criolla o mestiza, no exclusivamente religiosa. En su criterio, este mayor contacto con los habitantes «civilizados» podría generar procesos de inluencia cultural que llevarían a la paulatina desaparición de las costumbres de los grupos indígenas más indómitos. En esto último se encuentra una mínima coincidencia con los medios persuasivos expresados en las leyes de la república: Si en lugar del sistema de los misioneros, se substituyesen otros medios de civilización, ó por mejor decir, cierta suavidad en las costumbres, (pues el Indio subyugado tiene habitos menos barbaros sin tener por eso mas conocimiento); - si en lugar de no permitir á los blancos de

Estos misioneros creen haber llenado los deberes de

habitar en sus aldeas, pudiesen ser mezclados con los

su ministerio reteniendo mecánicamente al Indio en la

naturales recientemente recogidos en pueblos, los idio-

apariencia de la vida civil y obteniendo de él las formas

mas Americanos cederían gradualmente á los de Europa,

exteriores e insigniicantes del Cristianismo. El misionero

y los naturales recibirían en aquellos idiomas, la gran

descuida inspirar al Indio el amor del trabaxo, al mismo

masa de ideas nuevas que son fruto de la civilización

tiempo que le inspira el amor de Dios. Con tal que diga

(Zea 1822: 705).

a ciertas horas unas quantas oraciones entre dientes se le dispensa de lo demás. La embriaguez, la lascivia, y el sueño ocupan todo su tiempo (Zea 1822: 663).

Adicionalmente, considera que estas instituciones generan un proceso de estancamiento cultural, económico y social de las comunidades indígenas, debilitando el carácter y creatividad de sus habitantes. En sus palabras: Les han hecho más estúpidos, por el esfuerzo de quererles hacer dóciles. De aquí resulta que unas instituciones tan útiles para echar los fundamentos de la vida social, se han hecho, por sus consequencias, hostiles a su marcha. Los efectos de este sistema isolado han sido tales, que los Indios se han quedado en un estado muy poco diferente del que estaban quando sus domicilios esparLucía Duque

cidos no estaban reunidos alrededor de la casa de un

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misionero. Su número ha aumentado considerablemente, pero la esfera de sus ideas no se ha ensanchado nada. Han perdido gradualmente aquella energía de carácter,

En este párrafo alcanza a percibirse la importancia que da Zea a la colonización de la zona y a la inluencia cultural de la población por él llamada «blanca» sobre los nativos, principalmente a través del idioma, en su proceso de conducirlos a hacer parte de la nación y la civilización. Algunos años después de la publicación de la obra geográica a la cual se acaba de hacer referencia, Jean Baptiste Boussingault, Francois Desiré Roulin y Mariano Ribero, miembros de la llamada «Misión Zea» (Restrepo 1993)28, se dirigieron hacia el área de San Martín y los Llanos en una expedición cuyos propósitos eran varios: medir las alturas de la pendiente de la cordillera Oriental que conducía hacia los Llanos y, de otro lado, acercarse al punto de conluencia del río Meta en el Orinoco para allí calcular las coordenadas, de longitud en particular (Boussingault 1985: 61)29. La exploración de las corrientes y conluencias de los ríos en esta zona era un tema indagado desde la época colonial y lo siguió siendo en las primeras décadas del Estado colombiano. En lo re-

y aquella vivacidad natural, que en todos los estados de la sociedad son los nobles frutos de la independencia. De estas diferentes causas unidas, los naturales de las misiones se hallan en un estado lexano de todo adelantamiento, y que se llamaría mejor estacionario, y si las sociedades no siguiesen la marcha del entendimiento humano, se puede decir que retrogradan quando cesan

28_Promovida por el mismo Francisco Antonio Zea, esta Misión que empezó labores en 1822 fue concebida como el primer equipo de expertos extranjeros encargados de poner en marcha instituciones cientíicas en la nueva república, así como asesorar al gobierno para mejorar la explotación del oro en el país.

29_«El gobierno deseaba conocer exactamente el curso del Meta y la posición astronómica de su conluencia con el Orinoco. Humboldt, por medio de sus observaciones cronométricas había ijado la longitud en 7º 4’29’’; pero el estado del cielo no le permitió obtener la latitud de esta estación» (Boussingault 1985: 61).

de avanzar (Zea 1822: 664-665).

A cambio, la estrategia sutilmente señalada por Zea para la integración de estas áreas de frontera es permi-

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Iraca es una misión sin misionero: la iglesia estaba vacía. Los habitantes son coreguajes que tienen pequeños cultivos de maíz y algunas chacras en la selva; tienen un intercambio comercial permanente con los indios bravos del interior que traen hamacas, lechas y aún puntas de lanza hechas en metal, que consiguen en las misiones

rante la práctica de medición del ancho del río Meta a la altura de Marayal, el mineralogista cuenta que un grupo de Guahibos lanzó lechas envenenadas a la expedición, narrando lo siguiente: Hicimos algunos disparos a los agresores para tranquilizar a nuestros hombres, demostrándoles que el fusil tiene ininitamente más alcance que el arco. Algunos indios debieron quedar gravemente heridos a juzgar por el afán que pusieron en llevarlos, posiblemente algunos muertos. Después se pudo medir tranquilamente el ancho del Río (Boussingault 1985: 86).

Pese a que Boussingault cumplía una misión encargada por el gobierno, la forma en que se desarrolla esta exploración entra en contradicción con algunos de los propósitos principales del nuevo Estado en su proceso de integrar los habitantes de las áreas apartadas —los llamados indígenas «errantes» o «salvajes»— al conjunto nacional. En su propósito de explorar e integrar las áreas de frontera, el cientíico actúa aquí con dinámicas similares a las de la conquista militar del territorio, una de las formas de lo que Walter Mignolo llama el colonialismo interno (Mignolo 1999: 55-74). Este ejemplo permite apreciar —de igual forma que en algunos aspectos del discurso de Zea acerca de los modos de civilizar a la población indígena— una contradicción entre las políticas expresadas por las leyes gubernamentales y las prácticas de la ciencia que, al menos en este caso, producen formas violentas de integración territorial.

del alto Orinoco (Boussingault 1985: 73).

Frente al reiterado temor que coniesa acerca de un posible ataque por parte de los indios más agresivos, durante el desarrollo de sus labores cientíicas se hace acompañar por el «comandante de milicias» o por un grupo de centinelas en sus distintas excursiones. La labor del cientíico no procede aquí por persuasión o negociación con las comunidades nativas; más bien, en medio del conlicto y con uso de las armas. Veamos: du-

30_La distinción entre indígenas «civilizados» y aquellos «bravos», «errantes» o «salvajes» es usual entre geógrafos y viajeros de la época. Esta clasiicación aparece en la relación geográica de Zea (1822), en el Viaje por la República de Colombia en 1823 de Gaspar Théodore Mollien (Mollien 1944: 348) así como en Viajes y estancias en América del Sur de Auguste Le Moyne (Le Moyne 1945).

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consideraciones inales Como se ha visto, la deinición de los contornos territoriales de la Nueva Granada fue problemática desde el periodo colonial. Su vaguedad se prolongó durante el siglo XIX haciéndose tangible en las primeras décadas de organización del Estado, momento en que la problemática de los límites y las zonas de frontera tomó relevancia al ser necesario demarcar el área de la soberanía nacional, de manera paralela a los intentos impulsados desde el gobierno central por reorganizar política y administrativamente el espacio en consonancia con el modelo republicano. Los aportes hechos por quienes en su momento ejercieron el papel de geógrafos, como Francisco Antonio Zea y José Manuel Restrepo, condujeron a una deinición así fuera bastante general de los límites colombianos a través del discurso de la geografía y de la cartografía, permitiendo establecer algunos puntos de referencia y una demarcación, aún no ratiicados por tratados con los países vecinos.

Límites y áreas de frontera durante la década de 1820 en la República de Colombia

lativo al río Meta, su exploración estaba asociada a la búsqueda de una posible ruta navegable para la salida de productos hacia el Atlántico, vía el río Orinoco. Pero, de otro lado, es importante tener en cuenta que el curso de los ríos Meta y Orinoco, así como su punto de conluencia, serían centrales, algunos años después, en la discusión sobre el límite entre la Nueva Granada y Venezuela. En contraste con lo propuesto en las leyes sobre incorporación de la población indígena que, como se ha visto, proclamaban una estrategia de negociación y persuasión, Boussingault cuenta cómo durante la expedición al Meta los acompañaba «un piquete de soldados al mando de un suboicial con el objeto de rechazar, en caso de necesidad, a los indios no sometidos todavía al gobierno» (Ibíd.: 61). Según la imagen que construye de las comunidades que habitan la zona, la población nativa aparece distinguida entre aquellos grupos que están en las misiones, de carácter sumiso aunque «pésimos cristianos», y aquellos indios «bravos» y «agresivos» del interior30, por lo general, armados con inas lechas mojadas en curare. Boussingault presenta, al mismo tiempo, un cuadro bastante lamentable de algunas misiones:

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De manera complementaria a esta temática, se manifestó un interés por la integración de las áreas de frontera y sus habitantes al destino colectivo de la nación, con lo cual se buscó ampliar el alcance geográico del Estado, incorporando política, económica y culturalmente a la población situada en las zonas apartadas. Desde el gobierno central se promulgaron una ley y al menos cuatro decretos en ese sentido, con los cuales se promovieron estrategias apoyadas en la evangelización, la colonización y las misiones. A diferencia de lo ocurrido con el tema de los límites, respecto a la articulación de estas zonas no se expresó un claro acuerdo entre la posición de cientíicos activos en la época y lo señalado en las leyes de la república. Particularmente, en lo relativo a la importancia de las misiones se presentó una contraposición entre su consideración como sustento para vincular estas áreas por parte del gobierno y la visión opuesta al sistema de misiones expresada por Francisco Antonio Zea. Asimismo, dimos un ejemplo del contraste entre el llamado y la insistencia a través de diversas leyes para que se desarrollara una actitud persuasiva y no impositiva en el proceso de integración de los llamados «indios salvajes» a la civilización y, de otra parte, la actitud defensiva y militarmente activa ante la población indígena de cientíicos contratados por el Estado, como en el caso de Jean Baptiste Boussingault durante su recorrido por el Río Meta. Con ello se buscó explorar posibles acuerdos, pero también desacuerdos acerca de temas como la delimitación territorial y la integración de las zonas fronterizas, generados entre la posición del Estado en ciernes y la visión de algunos cientíicos relevantes del periodo. Esto nos permitió mostrar que, al menos respecto a las temáticas señaladas, no existe una plena continuidad o funcionalidad de las actividades cientíicas respecto a los requerimientos gubernamentales. Es así como, acorde con el estado de las investigaciones sobre un tema poco estudiado en el país, inalmente hemos planteado más que resuelto un problema: que en los inicios de la formación nacional las nociones de límite y frontera empezaron a construirse no solamente a partir de una conluencia entre las necesidades y requerimientos del Estado y las actividades y discursos de los cientíicos, sino también en medio del choque y la divergencia entre ellos.

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