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El poemario de la muchacha de Tokio “Y tampoco puedo callar lo verdaderamente vergonzoso. Aunque fue en otro idioma y hace tiempo” Jorge Enrique Adoum

Lucero Llanos Orellana (Guayaquil, 1990) Estudiante de Periodismo de la Universidad Casa Grande. Primera Mención de Honor del Festival de Poesía Joven Ileana Espinel 2011, organizado por la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas. Sus poemas están publicados en revistas literarias locales e internacionales, así como en las antologías Imaginarios y Efecto Secundario. Ha leído su poesía en la Feria Internacional del Libro de Lima, Perú, 2011. Integrante del taller literario El Quirófano.

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Hina matsuri Cada marzo esperaba el festival de las muñecas. El aroma de durazno se escurría entre los pliegues de mi ropa, de tanto velar a las que llamaba ‘hijas’. Hilaba kimonos imaginarios y salía con ellas a recorrer el pasado imperial de mi país. Las demás niñas retiraban sus muñecas el 4, conforme a la tradición, por miedo a quedarse solteras. En cambio, yo las dejaba todo el año. La mala suerte me parecía un precio justo por verlas sonreír.

Shibari Me atas a tu cuerpo. Desayuno la asfixia. Anido en tu carne y ardo. Entre tus piernas se yergue la espada que partió en dos mis ataduras.

Kanashimi A veces no es posible tolerar a la madre con sus cosas, dijiste. En mi historia, en cambio, a quien no tolero es al padrastro que me abrió la blusa de manera no tan democrática y me vendió por décadas como un fetiche oriental a su servicio. Me duelen Hiroshima y Nagasaki, como a ti, tus jueces, la dictadura y el doble discurso de tu país.

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Porque a tu tierra la buscan entristeciéndose de miopía; pero a la mía, aun la ven con estrabismo.

Origami Pliega tu cuerpo sobre el mío Flor, grulla, barco. Zarpemos. Grita ‘letra a la vista’ (Porque eso de gritar ‘tierra’ es muy anticuado) Desdóblame, léeme, vuélveme a plegar. Olvida que fui tu origami.

Yuigon I do this very seldom, susurré mientras mi enagua volvía del charco. Recordé los kimonos, el aroma a durazno tierno, los festivales. Cuando niña, quería ser muñeca y volar sobre grullas de papel; pero, esto son los 60’s y el salario no alcanza

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en este nuevo Japón. Te vi derramar una lágrima, prometiste contar mi historia mas no quisiera que fueras con mi nombre por la tierra. Suficiente tienes con tu patria y su peso. Don’t tell anybody, keep it secret. It’s shameful.

Jigai Indigna como una yerba que soñó ser una flor de cerezo, me deshojo en temblores. Buscas el sol naciente en mi cuerpo; pero la vergüenza me atrofia el orgasmo. Recoges tu sombra de mi cama y te marchas con tu pluma, allá donde los turistas se retratan con la línea imaginaria bajo el sexo, a seguir jugando con la semántica e inventando palabras ísimamente. Yo regresaré a la oficina de la Armada Americana a recoger mis cosas.

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Hina nagashi En el período Heian, el río se llevaba las muñecas para alejar los malos espíritus de sus dueños. Ahora soy yo la que se lleva tus demonios y se pierde rumbo al mar.

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El poemario de la muchacha de Tokio