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SALUD 09/10/2013 00:01

Automedicación: un hábito demasiado frecuente Apelar a la pastilla para contrarrestar un malestar reiterado es habitual, pero es una práctica peligrosa. Lo que hace bien a una persona en un estado de su cuerpo puede ser perjudicial en otro. Además del riesgo de toxicidad fulminante, hay consecuencias nocivas progresivas.

Por Rosana Guerra Automedicarse con productos industrializados que se adquieren en farmacias, quioscos y otros comercios es una tendencia siempre creciente, cuyos efectos pueden ser muy nocivos para quienes los consumen. Tomar decisiones que involucren la ingesta de remedios sin consultar con el médico también aumenta los gastos y el tiempo que demanda la recuperación de quien tiene un malestar o pueda estar cursando una enfermedad. Asimismo, genera una sobrecarga evitable en la atención, tanto de los sistemas de salud pública, como privada. El consumo indiscriminado no es inocuo y, sin un profesional que evalúe correctamente la historia clínica del paciente, puede ser muy dañino para nuestro organismo. “La aparición de reacciones adversas propias del medicamento utilizado, además de generar intoxicaciones graves puede llevar a la muerte”, advierte Nilda del Valle Gait, jefa del Servicio de Toxicología del Hospital de Niños Santísima Trinidad de la ciudad de Córdoba.


La especialista aclara que lo que es indicado específicamente por un médico para un paciente de acuerdo con su peso, edad o enfermedad a tratar, para otra persona con otra edad, enfermedad o peso puede producir reacciones no deseadas, además de la propia intoxicación aguda o crónica, de características leves, moderadas o graves. “El uso de la metoclopramida, por ejemplo, utilizada para evitar los vómitos, se consume en una dosis que está muy cercana a la toxicidad y la indicación es muy precisa en cuanto al paciente, ya que podría producir una contractura muscular importante con riesgo de paro respiratorio”, ilustra. “Lo mismo sucede con los descongestivos, antiinflamatorios y psicofármacos, los cuales son causantes del 56 por ciento de las intoxicaciones en nuestro Hospital”, añade. Consultada sobre las razones por las cuales muchas personas se automedican, Georgina Giraldi, vicepresidenta del Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Córdoba menciona cinco factores. Por un lado, la comodidad de ir a comprar los medicamentos o conseguirlos por un vecino, familiar o tercero; por otro, la falta de información, la limitación en el acceso a las obras sociales y la imposibilidad o demora para conseguir una cita con un especialista. “También creo que se perdió el respeto al medicamento, se cree que no puede hacer ningún daño. Pero que sea de venta libre, no quiere decir que se puede comprar en cualquier lado, sino que está libre de receta”, destacada la farmacéutica. “El error es considerar al medicamento como una mercancía y no como un bien social”, considera Silvina Nicolli, coordinadora de la Comisión Prodemi (Programa de erradicación de medicamentos ilegales) del Colegio de Farmacéuticos de Córdoba. El riesgo de consumir medicamentos en lugares no habilitados es que se desconoce su procedencia, cómo está conservado. Si se compra fraccionado –ejemplifica– se ignora la fecha de vencimiento. “Hay que ver el blíster, donde consta el lote y la fecha de vencimiento de los medicamentos; porque si se compra uno en un quiosco, no se aseguran aspectos relacionados con la temperatura y la humedad, porque el principio activo se descompone y puede pasar a ser tóxico o inefectivo”, agrega Nicolli. La recomendación es adquirirlos sólo en farmacias, consultar sobre lo que se está tomando e informar si se consumen otros medicamentos, para evaluar la interacción entre ellos, recomiendan desde la Comisión del Prodemi. Isabel Tenllado, coordinadora del Departamento de Capacitación y Responsabilidad Social de la entidad profesional, señala que hay un gran desconocimiento en la población sobre lo que puede ocasionar un medicamento si se consume de forma incorrecta. “No hay que tener miedo, sino respeto. Hay que consultar con el médico sobre su uso adecuado y también pedir asesoramiento a los farmacéuticos”. El profesional tiene que preguntar si la persona está consumiendo otra medicación para advertir sobre los efectos adversos o las interacciones entre ellos. “Esto lo debe hacer siempre, aún si se va a tomar un analgésico. Porque si se toma demasiado, puede ocasionar daño hepático. O, si se consume un comprimido regularmente, por ejemplo por artritis, hay que tener cuidado con la tensión arterial. Hay que tener en cuenta el efecto de combinar varios, cuándo es la ingesta y la periodicidad de la toma”, agrega Tenllado.


En cuanto a los efectos toxicológicos que pueden producir la combinación de analgésicos con antiinflamatorios y/o a su vez con ansiolíticos o psicofármacos, Gait menciona la producción de trastornos neurológicos con convulsiones, coma y paro respiratorio, además de la generación de la misma hipertermia, aumento de la temperatura, síndromes hemorrágicos o trastornos cardiovasculares. “Esto sin olvidar el riego potencial de la tolerancia y la dependencia psicofísica, con alteraciones psicológicas y psiquiátricas”, considera. Evitar la farmacia botiquín Algunos jóvenes y niños consumen en forma indiscriminada medicamentos de padres o abuelos. Hay que poner atención en la sobredosis, la dependencia y hasta la toxicidad de los medicamentos vencidos. Por lo tanto, no hay que dejarlos al alcance de los niños. La recomendación mundial es no consumir medicamentos frente a los hijos, porque es una conducta que puede generar imitación, particularmente en la adolescencia, y facilitar la tendencia a la automedicación. Tampoco dejar la administración de la medicación en manos de los chicos, es decir que se la suministren ellos, sin supervisión. En pacientes de 1 a 5 años que asisten al Hospital de Niños, los casos de intoxicación más frecuentes se deben a los accidentes o a la forma de suministrarlos por parte de cuidadores. “Los niños ingieren antifebriles, descongestivos, anticonvulsivantes y tranquilizantes. Con menos frecuencia, antibióticos, antihipertensivos e hipoglucemiantes”, enumera Gait. En la franja de entre 11 y 14 años también se verifica ingesta de medicamentos habitualmente presentes en los hogares, se toman con fines recreativos y mezclados con bebidas alcohólicas. Fuente: LA VOZ DEL INTERIOR (http://www.lavoz.com.ar/salud/automedicacion-un-habitodemasiado-frecuente)


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