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Quince minutos habían pasado y a lo lejos venía un intento de hombre caminando con dos amigos más. Ella no veía bien de noche, pero aún así algo le decía que ese era su cita y que esos eran sus amigos, a los que ella no quería sinceramente ver. Al final los vió, incluso en la fiesta sintió cierta atracción por Antonio, el mejor amigo de su cita, pero ella contuvo la atracción y al final del encuentro sólo le dijo a su cita que su amigo Antonio era “buena onda”. Antonio también se sintió atraído por ella y de la misma manera le dijo a su amigo que ella era “buena onda”, días después. Pasando unos meses la buena onda se juntó, la situación no había sido planeada, incluso los dos trataron de no darse a entender mutuamente que se atraían, pero mientras más se veían más se acercaban a lo que realmente querían que pasara. Entre el sonido del lugar, el sudor de los demás y la poca atención que brindó su anterior cita a ella esa día, en el momento en el que Antonio se decidió a ir al baño, ella lo siguió y sorpresivamente para él, al salir estaban frente a frente. Borrachos, drogados y solos, combatieron todas las vicisitudes antes narradas y comenzaron a besarse mientras las luces del lugar iba cambiando el color de su piel, pero debido a que Ana no quería perder reputación social y que su cita aún se encontraba en la fiesta, decidió mejor decirle que se vieran otro día en una zona alejada a la que ambos amigos –los suyos y los de él- vivieran. Así fue como al día siguiente, crudos, pero bañados, se conocieron realmente los dos. Hicieron chistes acerca de su estadía en el tercer mundo, riendo de sus males heredados; y como bien sabían que ese día era quincena, se aventuraron a aprovecharla, pues todos sabemos que el amor más idílico se da en tiempos de bonanza. El día fue cediendo su paso al momento que ellos estaban esperando: la noche. Él esperaba la invitación para poder ir hacia la casa de Ana, ya que así aseguraba su posición. El departamento se encontraba a unos 30 minutos del lugar en el que estaban y los dos llegaron a la conclusión de que se irían en taxi, que pagaría Antonio, claro sin antes tener una pequeña discusión acerca de eso, ya que ella quería verse como una chica contemporánea, aunque sólo fuera una actitud que enmascaraba lo que realmente quería que pasara. Eran las once de la noche y en el departamento no se encontraba ninguna de sus amigas, por lo que al entrar y darse cuento de esto, Antonio volteó rápidamente y antes de que Ana prendiera la luz del pasillo que llevaba al cuarto, comenzaron a besarse con un deseo que parecía haber sido encarcelado por varios años, pero que ahora era libre. Ella sintió que lo que pasaba no era lo mismo de siempre, los besos que él le daba se sentían más intensos y naturales que los que había recibido del pseudoartista curador, o los que le había dado su ex novio Carlos, incluso los que había recibido de el amigo de Antonio. Por otra parte Antonio sentía que ella no besaba tan bien como Ángela ni como Natalia, pero que sí lo hacía como Lidia , que para él a quien le gustaba calificar los besos, era un 8; nada mal -pensaba mientras la besaba- pero nada del otro mundo tampoco. Fue entonces cuando ella se “aventuró” a bajar la mano y bajar el zipper de el pantalón de su ma-


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Portada y texto por: Salvador Loza


Romanticismo posmocontempochavo