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BENIDORM 200 años de turismo

Enrique José Sacanell Ruiz de Apodaca Técnico de Empresas y Actividades Turísticas Máster Oficial Sociedad de la Información y el Conocimiento.


En 1993 el Ayuntamiento de Benidorm conmemoró oficialmente los primeros cien años de turismo en la localidad llevado de un error, fruto de la carencia de un estudio de la génesis y desarrollo de la actividad turística de este municipio costero. Con el objeto de datar esta emblemática fecha las autoridades se basaron en uno de los vestigios de la antigua tradición turística: el viejo anuncio de los "Baños de la Virgen del Sufragio", publicado en 1893, que mostraba la eficacia de una propaganda en la que se incluía uno de los primeros "transfers" de la historia, realizado con diligencias, desde Alicante, a la llegada del "tren botijo" que traía a los primeros turistas desde Madrid y Alcoy.

Sin embargo y pese a ser de dominio público que la influencia de los marinos benidormenses, conocedores del incipiente fenómeno turístico en todo el mundo a través de sus viajes trasatlánticos, fue capital a la hora de crear las primeras empresas turísticas en Benidorm, no se ha llevado a cabo ningún estudio serio desde el punto de vista histórico que aporte datos sobre el origen, la evolución y el posterior desarrollo del fenómeno turístico en este municipio, considerado hoy líder indiscutible del sector en el segmento de sol y playa, pero que como veremos en las siguientes páginas destacó como precursor de este fenómeno en los albores del turismo.

Los orígenes

Del siglo anterior se guarda recuerdo del Hostal la Mayora (1865) si bien los atractivos turísticos de la ciudad están bien documentados con anterioridad a esta fecha en una guía viajera de Chrétien Auguste Fischer publicada en 1803 en alemán como continuación a su libro Viajar por España, traducida posteriormente al francés y al inglés en 1804 y 1809 respectivamente. En ella se detalla el arte de la almadraba y se recomienda el lugar para pasar una estancia agradable a aquellos viajeros interesados en la pesca del atún o la sardina.

Si bien Benidorm ha sido un pueblo volcado en el mar, nunca ha sido un pueblo de pescadores. Aunque en ningún lugar del mundo hubo una concentración tan grande de capitanes de almadraba como en Benidorm, no todos se implicaron en el calamento, otros fueron destacados administradores, armadores y accionistas de las almadrabas como Francisco Farach, Juan Llinares, José Cortés, Simeón Ferrer, Francisco Pérez Llorca, Pedro y Jacinto Vaello Bayona (capitanes de la Marina Mercante e hijos del arráez Jacinto Vaello Pérez), Nicolás Morales, Maximiliano y Francisco Llorca y Jaime Pérez.


Casi olvidado el auge almadrabero, ya en la segunda mitad del siglo XX, muchos de estos apellidos se sumaron al boom turístico que vivía la zona. Así surgieron, por ejemplo, en Benidorm, los hoteles Voramar y Agir, cuyo nombre recuerda el pasado almadrabero en Agadir, el hotel Tanit, propiedad de Rosa Vaello, cuyo nombre evoca a la diosa más importante de la mitología cartaginesa, equivalente a la diosa fenicia Astarté, encontrada en el Tossal de La Cala de Benidorm, como tributo a los antiguos navegantes de estas costas. También los hoteles Bilbaíno y Marconi eran propiedad de los marinos Pedro Cortés y Miguel Barceló.

Posteriormente, en 1852, la Nueva Guía del Bañista en España de Don Aureliano Maestre de San Juan, destaca a Benidorm como una de las playas más frecuentadas en el litoral alicantino y en 1853, Benidorm aparece referenciado en un Tratado de Fuentes Minerales de España ligado al incipiente turismo de salud de los Baños de Busot, al estar situada en sus inmediaciones; si bien esta publicación señala que el


camino de Villajoyosa, uno de los tres que conducía a los afamados baños, estaba en mal estado y no era apto desde hacía algunos años para carruajes.

En 1857 la villa tenía registrados a 3.720 habitantes. Pero la mejora de las comunicaciones permitirá el inicio, tímido en sus principios, de una nueva faceta económica: el turismo.

En la segunda mitad del siglo XIX abrirá sus puertas el

Balneario la Virgen del Sufragio con objeto de atender a las familias que de Alcoy, de Madrid y de otras poblaciones del interior de España acudían a Benidorm con el fin de tomar baños de mar. El balneario, propiedad de D. Francisco Ronda y Galindo abría sus puertas con la pretensión de recuperar a aquellos turistas veraniegos, que desde hacía algunos años, habían dejado de veranear en la localidad cuyas playas rivalizaban ya, a tenor del pasquín publicitario, con las mejores de España.

La construcción de la carretera Silla-Alicante y la llegada a Alicante del ferrocarril desde Madrid ayudarán a prosperar con lentitud a esta industria. Primero acudirán pioneros veraneantes de Alcoy y Madrid, que a partir de 1914 dispondrán de un ferrocarril de vía estrecha -el popular Trenet de la Marina-, que en un principio unía Alicante con Altea y, por tanto, con Benidorm.

Con todo, los demás sectores económicos locales no estaban pasando por un buen momento, pues, a título de ejemplo, la marina mercante entraba en crisis con la pérdida de las últimas colonias ultramarinas (1898: Cuba, Puerto Rico y Filipinas) y poco después el boom de la agricultura de la vid (vino y pasa) se fue al traste con la llegada de la filoxera (1900-1914). En 1920 la cifra de los vecinos de la villa desciende a 2.976 almas, hecho que nos indica una emigración hacia Cuba, el barrio marítimo de Barcelona y costa de Cádiz, principalmente, aunque también a otros lugares del mundo.


Pese a esta incipiente afluencia de turistas, la actividad turística del municipio no suscitó interés alguno a las autoridades de la época. Coincidiendo con el reinado de Alfonso XIII y siendo Ministro de Fomento el Conde de Romanones, la actividad turística es asumida por el Estado y se crea la Comisión Nacional de Turismo. Sus objetivos se limitaban al desarrollo del turismo en España y a atraer turistas extranjeros. En 1911 aparece la Comisaría Regia de Turismo, que se encargaría de restaurar museos y monumentos, creando tales como: El Museo Románico de Madrid, el Museo y Casa del greco en Toledo, la Institución Cervantista de Valladolid, los jardines del Álcazar de Sevilla y otros muchos. También se publican las primeras guías turísticas, como El Viaje de Santiago y el primer lema turístico: Sunny Spain (España Soleada), con motivo de la participación de España en la Exposición Mundial de Londres. En 1928 nace el Patronato Nacional de Turismo, que se encargaría de la distribución y división de España en zonas turísticas, así como de inaugurar oficinas de turismo, albergues y paradores, restaurando al mismo tiempo antiguos castillos y fortalezas (paradores de Gredos y Sigüenza).

Pero los primeros esfuerzos oficiales, tienen como epicentro principalmente el año 1929. La celebración en Sevilla de la Exposición Iberoamericana y los Juegos Semiolímpicos de Barcelona junto con la Exposición Internacional ese mismo año, sirvieron para que la Administración tomara cartas en esta materia. Durante la II República existió el proyecto de convertir la playa de San Juan en una Niza española pero ni bajo la Monarquía ni bajo la República Benidorm contó Benidorm con más apoyo que “la numerosa colonia extranjera que por la hermosura de nuestras playas concurrirá en la estación” como reza un acuerdo capitular recogido en el acta de sesiones ordinarias del Ayuntamiento de Benidorm, página 18, de fecha 22 de junio de 1919, en el que se autoriza a D. Cosme Bayona Fuster, presidente de la Sociedad Casino de Benidorm, la realización de unas obras para embellecer la fachada de su establecimiento.

En los distintos estudios que se han realizado sobre el fenómeno turístico en España, apenas destaca la aportación de Benidorm. Sin embargo, pese a la falta de apoyo oficial, en 1932 el Ayuntamiento adquiere una colección de tarjetas con diferentes vistas con el objeto de remitirlas a la oficina de Turismo con el fin de hacer propaganda del municipio “ya conocido de las condiciones del clima, como también de las playas únicas en este litoral”. (Sesión Plenaria, 19 de julio de 1932, p. 71)


Es evidente que la apertura del balneario Virgen del Sufragio y del Hostal La Mayora en la segunda mitad del siglo XIX y la existencia de dos hoteles en el primer tercio del siglo XX no se hubiese podido producir de no existir una demanda de gentes que exigían cierto confort. No solamente afluían veraneantes procedentes de Alcoy, Valencia, Albacete y Madrid, sino que también abundaban los extranjeros caracterizados por su bohemia y personalidades de relieve y proyección fuera de nuestras fronteras, desde fines del siglo XIX.

Entre los ilustres visitantes de la villa, citaremos a Emilio Castelar que pasó varias temporadas veraniegas en Benidorm descubriendo las virtudes humanas y paisajísticas de la población, a la que designó como “país butaca”. Como recuerdo de sus estancias en la localidad hay una plaza dedicada a su nombre y un dicho muy popular que alude al aprecio que Castelar tenía por los frutos de una higuera. “Xe, xiquet, tira.li figues a don Emilio”.

Francisco de P. Canalejas, pasó también largas temporadas acompañado por sus hijas, doña Leonor y doña Anita, y prueba del amor que profesaban por estas tierras, lo representa el hecho de que doña Leonor hiciera donación al pueblo de Benidorm de su magnífica casa para Escuelas Públicas en el emplazamiento donde estuvo posteriormente el Ayuntamiento y hoy se encuentra la oficina de Turismo.

Otros visitantes, pero más efímero y fugaces, fueron D. Torcuato Luca de Tena, quien por entonces sentía cierta afición por las dotes interpretativas de una famosa actriz, que por aquél tiempo actuaba en el viejo Teatro de la familia Ronda y el premio Nobel, Dr. Severo Ochoa.

Aunque la lista pudiera resultar inabarcable e involuntariamente se omita a muchos de ellos, algunos de los ilustres viajeros de aquellos años que favorecieron el despegue de Benidorm como destino turístico y su proyección nacional e internacional fueron:

Georg Gaupp-Bergshausen, Secretario general del Centro Europeo internacional de Documentación y de información (CEDI); El Príncipe reinante de Lichtenstein; Dr. Hans Joachcim Von Merkatz, Presidente internacional del CEDI y Ministro Federal alemán; Sir John Rodgers, Ministro de Obras Públicas y después de Finanzas en el Gobierno inglés; D. José Ignacio Escobar Kirkpatrich, Marqués de Valdeiglesias, Consejero de Estado de España; el Príncipe Waldburg-Zeil, Diputado alemán; el Conde Waldburg-Zeil, alto directivo del Deutsch Bank; Sr. Marossi, Embajador de


Hungría; el Marqués de Santa Cruz, entonces Embajador de España en Londres; El Conde Juan Podstatzky de Lichtenstein; el Dr. Félix Buttersach, Editor de Prensa alemán; Erich Anner, Diputado sueco; Dr. Alfons Dalma, Periodista de Munich y Viena; Dr. Franz Heubl, Ministro de Estado alemán; Conde François de la Noe, Consejero de Estado francés; Dr. Franz-Joseph Strauss, Ministro Federal alemán, presidente de CSU y después Presidente de Baviera; Profesor universitario italiano Umberto Toscano; Rawajongs Kukrit Pramoj de Thailandia; el Profesor Wernes Schulz, periodista; el Dr. Arvid Fredborg, consultor en asuntos Económicos Internacionales de Estocolmo; el periodista español, Emilio Romero Gómez; el Ministro de Trabajo español, Fermín Sanz Orrio; el Ministro de Hacienda español, Mariano Navarro Rubio; el Ministro de Industria español, Joaquín Planell; el Embajador de España y Ministro de Información y Turismo, Alfredo Sánchez Bella; el Conde de Lorgeril de Francia; Juan de Arespacochaga, Ingeniero de Caminos, economista y Director General de Promoción de Turismo, los Ex-Presidentes dominicanos Balaguer y Boix; el ExPresidente colombiano, Lleras Camargo, S.A.I.R. Archiduque Otto de Habsburgo. etc., etc.

Los hoteles del Paraíso

En 1920 empezaron a prestar servicio una fonda, Casa de Baños, y un hostal, De la Plaza. Contemporánea al Bilbaíno y el Marconi es la Pensión Levante (1933). En torno al 1925 se construyen los primeros chalets en el área de la Playa de Levante.

Durante la Guerra Civil española de 1936-1939 la población formará parte de la retaguardia del territorio republicano y participará en los aires de cambio de la época con la incautación sindical, verbigracia, de la Almadraba del Racó de l’Oix si bien no hubo que lamentar represalias tras la contienda gracias a la breve pero intensa labor del primer Alcalde Ángel Ruiz de Apodaca y Martínez.

Poco a poco se recuperarán las actividades socioeconómicas tras el conflicto bélico, con la pesca como ramo productivo más destacado. Sin embargo en la década de los años cincuenta se dan los pasos para producir una verdadera transformación. Por un lado, en 1952, se cierra por bajo rendimiento en capturas la Almadraba del Racó de l’Oix, algo traumático para muchas familias dependientes de la misma; pero, por otro lado, en 1956 el Ayuntamiento aprobaba el ordenamiento urbanístico de la villa en orden a crear una ciudad concebida para el ocio turístico a base de calles bien trazadas y amplias avenidas siguiendo la configuración de las playas.


Como nota anecdótica recoger el hecho de que algunos Alcaldes de esta Provincia, que formaban parte de la Comisión Provincial de Urbanismo, se burlaban de que un “alcaldito” medio loco se empeñara en tener en su pueblo, Benidorm, calles más anchas que en la Capital y en poblaciones tan importantes como Elche, Alcoy, Orihuela, Denia, etc. cuando en el Registro Municipal de vehículos sólo existían siete censados, entre camiones y turismos. Finalmente se halló una solución intermedia, que consistió en dejar las calles la mitad de anchas de lo que habían proyectado el equipo técnico, que dirigió los trabajos, y el Ayuntamiento de la Villa de Benidorm.

Este equipo técnico lo componían: el Arquitecto D. Pedro Bidagor Lasarte, Director General de Urbanismo cuando esta Dirección dependía del Ministerio de la Gobernación; D. Manuel Muñoz Monasterio, considerado entonces uno de los mejores urbanistas de España; el arquitecto urbanista, profesor de la Escuela de Arquitectura de Madrid, D. Luís Rodríguez Hernández y el magnífico arquitecto, D. Francisco Muñoz Llorens, Director de la Oficina Provincial de Urbanismo de Alicante y, posteriormente, Arquitecto Municipal de Benidorm.

Aquello culminó convirtiéndose en el Plan General de 1956, que por primera vez fijaba el trazado del Benidorm tal y como se conoce en la actualidad. Pero no era, ni mucho menos, una ciudad concebida a base de rascacielos. Se trataba de una concepción más horizontal que vertical , en una línea más clásica edificios de baja altura, de acuerdo con los apartamentos, grupos de chalés y los hoteles que se fueron construyendo a finales de los años cincuenta y primeros de los sesenta. En otras palabras, los viajeros de los primeros años sesenta todavía encontraban una curiosa mezcla entre el cosmopolitismo y la paradisíaca villa, unos años antes conocida.

Su impulsor fue el entonces Alcalde Pedro Zaragoza i Orts, considerado como visionario por diversos historiadores y economistas del turismo por el proyecto que diseñó para una ciudad que sólo tenía sus playas como recurso turístico. Permitió por primera vez el uso del biquini en España durante sus 17 años de mandato y fue autor de un novedoso sistema de promoción, que tuvo en el Festival de la Canción su máximo exponente. La imagen turística de Benidorm llegó al resto del mundo. El Festival contribuyó a apoyar la promoción de la ciudad y de la marca turística “Benidorm” por todos los rincones de la geografía.

Cerraron galas del Festival Español de la Canción de Benidorm, artistas como Gloria Lasso, (1.959); Los Cinco Latinos, (1.960); Marisol y el Dúo Dinámico, (1.962); Los


Brincos, los Relámpagos y los Pekeniques, (1.972); Iva Zanichi y Rita Pavone, (1975); Telly Savalas, (1.980) y Mabel; Mari Trini, Rafaella Carrá, George Chakiris, Pecos, Amii Stewart, Joe Coker, etc.

Julio Iglesias, el triunfador de 1.968, fue figura estelar en 1.969, 1.973 y 1.975. Manuel de la Calva y Ramón Arcusa, el Dúo Dinámico, además de cerrar galas en la edición de 1.962, volvieron en la de 1.981 y, casi siempre estuvieron presentes como autores en las distintas ediciones, en busca de la preciada Sirenita de Benidorm, consiguiéndola en 1.977 con el tema "Aléjate".

El Festival de Benidorm sirvió para dar a conocer a grandes autores y compositores de música moderna y ligera. Manuel Alejandro, Augusto Algueró, De la Huerta y Navarro, Sellés y Portolés, Fina Calderón y hasta el periodista Pedro Rodríguez tentó la suerte en Benidorm dejando su impronta de letrista. En Benidorm, Julio Iglesias cantó "La vida sigue igual", canción de la que era autor. Lo mismo sucedía con "Soledad", de Emilio José, "A ti, mujer" de Juan Camacho o el tema de 1.982 "Yo pienso en ti" de Fernando Ubiergo. Benidorm y su Festival han dado canciones que han ocupado los más altos lugares del " hit parade". "La Montaña" de José Guardiola, "Princesa" de Joaquín Sabina, "Manuela" de Manuel Alejandro, que sirvió para abrir las puertas de la Sala Olympia de París a Julio Iglesias.

El interés que desde sus comienzos suscitó se tradujo en la producción en 1960 del largometraje "Festival de Benidorm" con Conchita Velasco, Carmen de Lirio y Manolo Gómez Bur. Benidorm ha sido desde entonces el escenario de más de 300 películas, de todos los estilos y con todo tipo de argumentos. La primera y la última película rodadas en la ciudad: «Alba de América» en1951 y «Lolita's Club» en 2007. En 1956Fedra- Mur Oti- Benidorm En 1993- Huevos de oro- Bigas Luna- Benidorm

Pero volviendo a los orígenes, el Hotel Bilbaíno (1931) y el Hotel Marconi (1934) fueron los pioneros en la ciudad. Los empresarios Pedro Cortés Barceló y Miguel Barceló Martínez abrieron un camino que acabó transformando el panorama de la economía local. Sin embargo es, a partir de 1950 cuando se produce una auténtica explosión, creándose 36 hoteles en sólo diez años. Nueve de ellos en 1954. Serán años de progresivo crecimiento debido al relevo acaecido en el sistema económico local, que abandonaba el sector primario (pesca y agricultura) y apostaba por el terciario (servicios turísticos).


Hasta 1950 sólo existían 3 hoteles Año

Hoteles

Año

construidos

Hoteles

Año

construidos

Hoteles construidos

1954

5

1961

5

1968

19

1955

4

1962

10

1969

30

1956

5

1963

6

1970

21

1957

4

1964

11

1971

9

1958

5

1965

4

1972

7

1959

2

1966

10

1973

7

1960

X

1967

16

1974-08

6

Actualmente 129 hoteles con 40.000 camas. Entre 2000-2009 6.000 nuevas camas.

Del SEAT 600 al Bikini

En 1955 salió al mercado el primer SEAT 600, el primer utilitario íntegramente fabricado en España y muchas familias de clase media se lanzaron a la carretera en busca de un nuevo destino de vacaciones. Fue el comienzo de una nueva etapa de turismo en familia, una década prodigiosa en la que los hoteles contribuyeron a consolidar el fenómeno turístico en esta localidad.

Hay que tener en cuenta que esta década se caracteriza por la aparición de una generación de hoteles y hostales que se abren a partir de l950, como el Hostal La Mayora, el Hotel Costablanca y L`Illa (1953), el Avenida, el Benidorm, el Madrid (1954) o los hoteles les Dunes, Victoria y Sarvacho (1955), Easo, El Palmeral, España, Europa, Mediterráneo y Stop (1956) en un proceso creciente que lleva a la apertura del Ancora, Brisa, La Paloma y Sol (1957), Los Alamos, Planesia y Regina (1958), Mónaco, Los Pinos y Bristol (1959) y que continúa en la década siguiente con el Colón, Canfali, Fontanella y Delfín (1960-61), Agir y Voramar (1962) Teremar y Mistral (1963), Montesol, Los Pinos, Mayna, Beni-Algar, Tres Coronas, Corregidor y Bernia1 (1964), así como otros numerosos hostales y pensiones, que en 1965 sumaban 66 establecimientos hoteleros que comprendían todo el espectro entre los hoteles de lujo a las pensiones de tercera, según el nomenclátor del momento.

1

El Hotel Bernia, tuvo que cambiar, en su primer año de andadura, su denominación por la de Hotel Tanit, debido a un problema de marcas.


Estos establecimientos se añaden a los que ya se habían abierto veinte a treinta años antes, como el Hotel Bilbaino (1931), el Levante (1933), o el Marconi (1934) que, a su vez, se habían sumado a otros establecimientos veraniegos como la Fonda de la Casa de Baños y los más antiguos, como el desaparecido Hostal de la Plaza o el primitivo Hostal la Mayora.

Los nuevos hoteles de finales de los sesenta compartían paisaje, plácidamente, con los chalés de los veraneantes de larga tradición, y venían a llenar un vacío que atraía a nuevas clases medias, motorizadas en virtud del SEAT 600 y que, atraía, además, a un turismo de procedencia centroeuropea –alemanes y franceses-, que buscaban buena calidad a precios asequibles.

La revolución “motorizada” del SEAT 600 (y sus sucesores) a finales de los cincuenta fue seguida en los sesenta por un cambio de comportamientos y costumbres, introducido por las chicas francesas, ajenas a las estrictas reglas de vestimenta de la época, lucían trajes de baño de dos piezas, el bikini, como lo bautizaron en Francia en honor a las pruebas de Bombas Atómicas que se realizaban en el Océano Pacífico en el atolón del mismo nombre.

Aunque al principio hubo bastantes reparos morales a la exhibición de tanta anatomía, finalmente la prenda se fue imponiendo hacia 1962 y 63 entre las bañistas. Para entonces los hoteles habían cumplido una doble función: contribuir a la revolución de las costumbres –de un lado- y fidelizar a la clientela en Benidorm, de tal modo que una gran parte de los iniciales visitantes pasaron de residentes en el hotel a propietarios de apartamentos o chalés, en el imparable proceso que llevó a urbanizar aquella Arcadia.


Estadística de veraneantes hasta el año 1954 (de la publicación, “Así será Benidorm” 1956).

En la segunda mitad de los años 60, Benidorm sufrió una gran transformación gracias a la aparición de los Turoperadores británicos que empezaban a traer grupos al aeropuerto de Manises, unos años antes de la apertura del aeropuerto del Altet. Fueron los albores de un intento de desestacionalización de las estancias, aprovechando los precios y el buen clima, de tal manera que, gracias a los hoteles, se creó un ambiente opuesto a la idea clásica de una ciudad estival completamente muerta fuera de la saison, como venía a suceder, por lo común, en la mayoría de lugares vacacionales playeros.

En diez años, los que separan el 1950 del 1960, se pasa de 2.726 habitantes a 6.259, es decir, la población se incrementó en un 129%. Aumenta paralelamente la oferta de plazas hoteleras generándose cambios en la clientela, pues el turismo español comienza a compartir el espacio con los visitantes de otras partes de Europa, primero llegados con sus vehículos y luego, con la entrada en funcionamiento del aeropuerto de l’Altet en 1967, con un importante número de extranjeros llegados en vuelos chárter.


Página del periódico Ciudad de 1970, donde se publicitan los hoteles “Fábrica” surgidos a raíz de la apertura del aeropuerto de l’Altet. La denominación de algunos de estos establecimientos como la del Hotel Britannia (actual hotel Princesa) evidencia el creciente predominio de los Tour Operadores británicos en el sector turístico local.

La ciudad crece espectacularmente tanto en plano horizontal, a causa de la ocupación de su término por construcciones, como en el vertical, con edificios de elevada altura.


A principio de los años sesenta existía la conciencia generalizada de que la ciudad que se había planificado unos pocos años antes no era viable, al menos con sus parámetros iniciales de horizontalidad y baja densidad en primera línea. Las dificultades para conseguir la apertura de calles – y por ende, de conseguir rápidamente la cesión de suelo público con el fin de conectar el alcantarillado a un colector general -, resultaban tan acuciantes que hubo que cambiar de estrategia.

1963, año en que se retoca el Plan General y se reforman las ordenanzas, viene a marcar un giro en la concepción de la ciudad, que a partir de entonces se iba a transformar en vertical, con la construcción ese mismo año del primer rascacielos de Benidorm (el edificio Frontalmar) con el cual nace la imagen que se ha convertido en su distintivo de marca. Quizá, para algunos, aquello supuso su verdadera expulsión del Paraíso.

Benidorm es actualmente la segunda ciudad del mundo en número de rascacielos, sólo por detrás de Nueva York y junto a ciudades tan importantes como Shanghai, Moscú, Hong Kong, Boston, Malasia, Chicago, Atlanta, Manchester y Taiwán. El Gran Hotel Bali. Inaugurado en 2002 en Benidorm, es todavía el hotel más alto de Europa. Tiene un total de 186 metros, 52 plantas y más de 40.000 metros cuadrados. In Tempo, todavía en construcción, contará con 200 metros de altura y 75 plantas, aunque en principio se proyectaron 52. Será el quinto rascacielos en la península.

La década de los 70: El turismo de masas

La llegada del turismo masivo tuvo repercusiones en el crecimiento de Benidorm en muy corto plazo. Cuando los operadores turísticos, que ya trabajaban desde el aeropuerto de Manises comenzaron a operar con grandes aviones, a partir de marzo de 1970, en vuelos charter desde el recién inaugurado aeropuerto de El Altet, la gran demanda de plazas hoteleras generó la construcción de hoteles en un tiempo rápido (entre 1971 y 1973). La procedencia del turismo cambió radicalmente, así como su adscripción social. El boom edificatorio en Benidorm alcanzó su máximo en esos años. Parte de los rascacielos no eran sino gigantescos hoteles (bautizados como hotelfábrica) edificados en tiempo récord para satisfacer la demanda.

El turismo, llegado en cantidades masivas, se fue decantando lentamente hacia el mercado británico, pese a problemas transitorios como la quiebra de grandes


mayoristas, los problemas de abastecimiento de agua y el alza imparable de los precios del petróleo a partir de 1974 a raíz de la guerra árabe-israelí.

El auge de la construcción en los años setenta, junto con los hoteles-fábrica, supuso la aparición de apartamentos mínimos, “estudios”, que normalmente se compraban como inversión para tenerlos en alquiler.

Arrastrados por la demanda del nuevo turismo masivo, favorecido por las excelentes características

climáticas

de

Benidorm,

pronto

se

puso

en

marcha

una

desestacionalización del turismo, que pasó a estancias más cortas durante todas las épocas del año. El veraneante tradicional, en el que se pensaba cuando se redactó el Plan en 1956, declinaba como principal motor económico.

Siguiendo los tímidos pasos de algunas promociones anteriores, se ponen en marcha complejos residenciales autosuficientes (Ciudad Antena, Playmon Park, Playmon Fiesta) desvinculados de la playa. Partían de la premisa de crear una ciudad de vacaciones dentro de la misma ciudad de vacaciones, en el sentido de pensar que la playa ya estaba excesivamente saturada y una distancia excesiva al mar desmotivaba el atractivo de los edificios, salvo que se presentaran como autónomos y, hasta cierto punto, autosuficientes.

La percepción del lugar, ya instalado en su cliché de ciudad de los rascacielos, quedó mediatizada por la percepción que se tenía del turismo de masas. A diferencia de la época actual, en donde todo se ha masificado y hasta los lugares más prestigiosos se han cosificado frente a un turismo –que se quiera o no-, es de naturaleza masiva y estandarizada en cualquier lugar del planeta, a principio de la década de los setenta, la percepción que se tenía del turismo masivo era completamente distinta.

En cuanto Benidorm se convirtió en el gran destino de los operadores turísticos, el sitio quedó contaminado por los estigmas de sus usuarios. El turista o el veraneante de entonces, que se consideraba parte de una élite, miraba despectivamente a los nuevos invasores. Automáticamente identificado con el turismo de masas, Benidorm y sus rascacielos pasaron a identificarse también con el turismo barato y, por lo mismo, se demonizaron como fenómenos asociados a idéntica enfermedad.

Han tenido que transcurrir muchos años para entender, en primer lugar, que el turismo masivo es lo que todos practicamos (de una u otra manera) y, en segundo lugar, que


los rascacielos no son sinónimo de nada, salvo meros objetos destinados a contemplar el paisaje desde las alturas. Según un estudio conjunto de la Universidad de Alicante con la Universidad Autónoma de Barcelona, Benidorm es un modelo de turismo sostenible ya que la construcción en vertical permite optimizar no sólo el espacio, sino otros recursos básicos. Benidorm se ha erigido como la mejor alternativa del turismo del futuro

En 1970 se alcanzan los 12.003 habitantes; en 1981, los 21.544; en 1997, los 50.176 vecinos y en 2009, 73.948. Inmigran a la ciudad fundamentalmente andaluces y castellanos, pero también en la última década ciudadanos extranjeros.

En la década de los noventa la oferta hotelera de Benidorm logra consolidar un hito turístico, cual es la ruptura de la estacionalidad en la afluencia de visitantes. En la actualidad la ciudad mantiene un excelente nivel de ocupación hotelera, tanto en verano; como más recientemente en invierno de la mano de afluencia masiva del llamado turismo de la tercera edad.

Tras este breve recorrido por sus más de doscientos años de historia Turística, puede apreciarse como el atributo de sol y playa sigue siendo el producto estrella de Benidorm si bien en los albores del siglo XXI se aprecia una apuesta por la cualificación y la diversificación del producto incorporando nuevas ofertas (parques temáticos, golf, salud y belleza, deportes náuticos, negocios…) así como un esfuerzo de renovación, de adaptación constante a las nuevas exigencias de la demanda con el fin de mantener su competitividad y su supervivencia como destino líder indiscutible en el sector turístico español.


Benidorm, 200 años de turismo