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Cuento

El sĂ­ de Tolomeo Lourdes Feria


El sí de Tolomeo

A Thot, inventor de la escritura; patrón de los escribas, de las artes y de las ciencias, guardián y escribiente de los registros que contenían el conocimiento de los dioses.

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Lourdes Feria

“¡Una biblioteca Tolomeo! ¡Un centro donde se generen los saberes, se cuestione y se encuentren respuestas! ¡un espacio en el que día y noche el ser humano se descubra! ¡en esta ciudad, una de las más bellas de cuantas besa el Mar Mediterráneo” Demetrio Palerio sabía bien por dónde entusiasmar al recién nombrado regente de Alejandría. “Señor, continuó, el magno Alejandro te va a dejar hacer pues él quiere seguir en la conquista, ganar más tierras, llevar a sus ejércitos por cuanto espacio quede por invadir y someter. Por eso te ha nombrado porque bien sabe que esta ciudad, que le ha cautivado seguirá floreciendo en tus manos y será gloriosa, alumbrando y guiando a otros no únicamente con el magnífico faro que le ha dado renombre y dignidad sino también con la luz del conocimiento. Está en tus manos Tolomeo, sólo tienes que dar la orden y todo el mecanismo se pondría en marcha ¿qué dices Señor?” “Un centro de saberes”—Pensó para sí. “Me emociona la idea”— Y sin articular palabra, madurando cuidadosamente su decisión, Tolomeo se regodeó disfrutando la visión de lo que podría ser esa 3


El sí de Tolomeo

suma de científicos, manuscritos, traducciones, descubrimientos… Lograr construir la mayor biblioteca le llevaría a integrar sus dos sueños más grandes, saciar sus dos voraces apetitos, el del conocimiento y el de protagonismo; no le vendría mal una estatua más erigida en su nombre en un ágora donde los sabios de todo el mundo conocido pudiesen coincidir y detonar más ciencia, filosofía, poemas. De ceder a la seductora propuesta, la colección podría crecer si a cuanto barco que encallara en Alejandría –y serían muchísimos sin duda puesto que era uno de los más imporantes puertos de aquellos parajes— se le incautase todo manuscrito que transportara. En ese instante, ni remotamente imaginaba el trágico incendio que sus ojos un día tendrían que ver, las guerras y nuevas invasiones que no dejarían ni rastro de aquellas magníficas colecciones; tampoco alcanzaba a prever la fuerza del espíritu que haría que dos mil años más tarde ese monumento al conocimiento humano se volviera a construir con millones de dólares y euros que los gobiernos de más de cien países, empresas y aún particulares como los jeques petroleros árabes de tiempos por venir aportarían.

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Lourdes Feria

“¡Vamos Señor!... en cuanto tú lo dispusieses un ejército de constructores…” ¿Podría hacerse realidad aquello? Los acervos más ricos, los sabios más notables, el desarrollo incansable de cálculos, hipótesis, teorías. Personajes como Eratóstenes, Arquímedes, Euclides, Dionisio Thrax, padre de la gramática, podrían encontrar en un lugar como ese su hábitat perfecto; y por supuesto tendrían un sitio especial las mujeres con vocación científica que tal vez algún día pasarían a la historia, como la luminosa Hipatia, quien incluso daría su vida por el conocimiento. Tolomeo interrumpió entonces a Demetrio y con una palabra dio inicio la gran obra. “¡Sí!”—dijo.

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El "Si" de Tolomeo  

De cómo nació la Biblioteca de Alejandría