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Este ejemplar del MANIFIESTO EXPLOSIONISTA es completamente gratuito, así que no pagues nada por él. Por otro lado: si no te gusta, no te llama, o simplemente ya lo has leído y quieres que lo puedan disfrutar más personas; vuelve a dejarlo donde lo encontraste, o pásalo.


LOS EXPLOSIONISTAS SOMOS: GRETA OTO MIRANDA MIRANDA MURIEL MULIER VIRAGO MUZALO MADOG PRUSIA ORIENTAL SUSANA CARVAJALES TARIFIT TRUECO VRAULIO GINÉS DE GEBILLÓN


¿Habrán tenido también los jóvenes de toda la historia la terrible sensación de que el mundo podía explotar de aburrimiento de un día para otro? Somos los hijos del glorioso siglo XXI, la generación de los mil y un estímulos, pero carentes de algo realmente estimulante. Anuncios de la televisión, juegos para el móvil, teléfonos inteligentes, cine comercial, música de consumo rápido, herméticos y oxidados emporios editoriales, la Marca España… la decadencia de la civilización occidental elevada a la máxima potencia: donde nunca estás a solas pero siempre estás solo. Con una oferta inmensa de redes sociales en las que puedes hacerte un perfil inmortal que refleje como el paso del tiempo te va convirtiendo en un cadáver cibernetizado. ¿Qué importa, verdad? Convertiremos la red en un cementerio virtual e intangible de idiotas que descansarán en paz y pasividad. Somos la generación más preparada pero sin trabajo alguno, atrapados en un sistema que nos despacha con una rapidez y violencia similar a la de una cadena de montaje que desemboca al borde de un precipicio. Somos el producto último de una serie de subproductos. Somos cifras siguiendo los intereses de la gran maquinaria. ¿Cuánto cuesta tu vida? Por si fuera poco, estamos condenados a observar como los protagonistas de las grandes revoluciones políticas y culturales del siglo pasado mueren ante nuestros ojos y caen en el olvido de unas nuevas generaciones que nacen antes con un teléfono móvil en la mano, que con un libro. El siglo XX, en el que el mundo pareció por fin a punto de volverse loco, ahora es tan sólo un recuerdo difuso que se pierde en el conformismo de esta nueva era que empieza. Nos quieren robar nuestro derecho a la juventud, a divertirnos, a la eterna insatisfacción e irresponsabilidad que nos convierte en el verdadero peligro que hemos sido los jóvenes a lo largo de la historia. ¿Dónde queda esa sensación de que el mundo había de ser nuestro? Pero tenemos dinamita y humor sulfúrico, y no les vamos a dejar. No nos enterrarán vivos. Seremos la violenta respuesta de una sociedad que ha intentado matarnos de aburrimiento. Somos Los Explosionistas, y te haremos explotar.

FDO:

LOS EXPLOSIONISTAS


EL REVERSO DE UNA FOTO DE FAMILIA -GRETA OTO__________________ La verdad se esconde en los segundos que dedicas a buscarla. ¿Tú me ves encogida en una esquina con el ser oscilante y la vida a cuestas? ¿Me ves los rotos bajo la ropa interior? ¿Me ves la piel encharcada de personas disonantes con el mundo? ¿O me ves, sin embargo, los labios entreabiertos y rojos, los ojos que a veces se despistan y se vuelven cristal, pero pocas veces, la barbilla y el cuello obtusos, la sonrisa poliédrica y la frente desprovista de rasguños? Guárdame el secreto, y que nadie sepa nunca que es para una mujer fuerte para quien el dolor ni se viste ni se toca ni se escribe.


PERPAUCIS ANTE MORTEM DIEBUS -MIRANDA MIRANDA__________________

ACTO I: DO UT DES I Rechazada por los suyos, comprendida en lo ajeno por la periodicidad existente. Condenada por traición, el servilismo mostrado reniega del encarnecido esfuerzo arrebatado. Condenada, decimos, por profanar el concepto de placer decimonónico, el placer de una mirada o una muñeca o un tobillo ciertamente sugerentes. II Una semana de vida como ofrenda otorgada por el pecado maculado. Siete días vistiendo el sudario familiar heredado tras horas desgastadas entre dolorosos lamentos de un rojo vacío femenino.


Una semana de vida y tu madre llamándote a gritos “ser detestable e inmoral ante todo”. III Rasurada, como un desierto africano, la joven inmaculada de arena pura es el precio a pagar al enemigo familiar, aquel que habita y establece su morada aquí, en mi hogar, tras un abismo tan largo como las palatinas avenidas de su dominio. ACTO II: QUOD ERAT DEMOSTRANDUM IV “Nieta de la vanguardia histórica, hija del abandonado deber estancado en la memoria”, afirma perdida entre pantanos y alta hierba norteña. Sabe lo que todos quieren oír, lo que tú quieres que salga de su estúpida boca de mujer arácnida, un “estoy bien”, un “jamás te engañaría, cariño, jamás pecaría ante los hombres que conforman mi estructura de poder”. Ha saboreado el tuétano del último hueso del último supuesto y coronado Dios. Lame y relame el reluciente extremo del anzuelo, preparada,


al fin, para conocer el monstruoso paisaje del averno. V “Te digo a ti, que te conozco, que renuncies a la esperanza de repetir el error de la raza humana. Te digo a ti, que reconozco en el reflejo del engaño, que prepares el fusil de caza para atrapar al hombre de ébano. Te digo a ti, hombre de disputas y guerras, que desistas y abandones el desesperado intento de reconquistar lo que jamás fue puro a ojos de Dios, a ojos de tus religiosos preceptos patriarcales. ¿Abandonas la causa o la causa, tras una dolorosa espera, te abandona a ti? Te digo a ti que, a pesar de los recuerdos de fortaleza de la voz dominante, resurgirá un nuevo mundo de hombres embrutecidos”. ACTO III: MEMENTO MORI VI Que no había color para la culpa del tiempo, que a pesar del incesante temblar de sus delgadas piernas, el declarado sentimiento de culpa o lo que nunca llegó a aflorar, no existe el color, ni el matiz, ni si quiera la forma en el dulce y venenoso fallo de Dios.


VII Pero ella se resiste y se resiente ante las civilizaciones del pasado hoy día sepultadas y profundamente enterradas entre ruinas de mármol. VIII Un domingo de noviembre, la habitación es una pérfida imitación de la hermosa bahía de Virginia. El olor a jabón y cariño destapa la mentira de las caricias bajo la espuma. Trescientos once kilómetros para alcanzar el fruto de la lujuria. Pero tus piernas no son tan largas. Tampoco tu femenina ambición de conquista. Creías que ser joven era una virtud. Craso error. La juventud se estructura como la prueba definitiva, aquella que determina qué y cómo seremos, pero Chesapeake no alcanza Washington, ni tus manos alcanzan el oscuro origen de su joven carne, maldito anciano.


CUENTO BREVE: PARAFILIA -MURIEL MULIER VIRAGO__________________ Mi nieta de seis años ha pasado la noche en la habitación colindante. He escuchado su respiración pausada toda la noche, me he sentido relajado. El portazo de mi mujer ha hecho eco pasadas dos horas la aurora. En la cama yo ya estaba despierto. En la cama he esperado a que mi nieta apareciese por la puerta con su camiseta blanca bordada a conjunto con sus braguitas. Mi espera ha culminado mientras me revisaba el bigote en el espejo situado a los pies de la cama. Delante del vidrio hay motivos religiosos, tres botes de colonia y fotos deterioradas por los años. Los rizos rubios de mi nieta brillan más por la mañana, de eso estoy seguro. La apremio para que llegue rápido a la cama o los pies se le quedarán fríos. Mi nieta y yo jugamos a esconder un pequeño peluche con apariencia animal. Veo como lo esconde tras la lámpara situada en la mesilla, finjo buscar por su cuerpo albino, acaricio sus extremidades y lo que no son sus extremidades. Recorriéndome la nuca asciende un hormigueo que me da los buenos días. Sonrío. Mi nieta me mira pérdida. Odié mi vida. No sabéis cómo huele esta criatura por la mañana, esnifo cada atisbo de vivacidad. Noto como la sangre corre por las venas oprimidas bajo mi arrugada piel. Mi nieta ha cogido el peluche, me lo acerca con la mano, irradia de sus pupilas duda, quizá temor. Mi turno. Escondo el peluche entre mis calzoncillos y mi pene, erecto. Tarda ochenta y cuatro segundos en dar con él. Lo señala, suena un portazo acompañado de un hedor a porras y churros. Repelo ese aroma. Determina el final. Antes de que mi mujer pueda llegar a la habitación me he encerrado en el baño.


Mi nieta desayuna en el salón. Mi mujer pone a sonar el tocadiscos. Pienso en mi nieta en el baño y en la frutería y también lejos del baño y de la frutería.


SE BUSCA EPIDEMIA, VIVA O MUERTA -MUZALO MADOG__________________ Mientras caminaba hacia la estación de metro que me llevaría a la Universidad, pasé por delante de la tienda de Antón, la cual frecuentaba, pues Antón, un morito de Marruecos muy majo, vendía el mejor hachís que yo he probado nunca. Decía que a las plantas de maría les ponían música clásica, allí en su tierra patria, y que salían frondosas como árboles. A mí me importaba un rábano, pero seguía comprando su hachís. —Hey Antón, ¿qué tal, cómo te va? —Bah, tío, me estoy volviendo loco, tío la poli viene tras de mí, y con este chucho que no para de ladrar seguro que me pillan jajajajaja en serio, yo creo que al perrete le pasa algo, le pican las pulgas y no le llega el riego al cerebro, o algo. Ladra, araña las paredes, a veces se da cabezazos... bah, yo no sé qué hacer con él. Ni con él ni con la poli jajajaja pero paz, tronk. Un poco colgao este Antón, pero majo. La poli le había pillado ya tres veces bebiéndose una lata de cerve en la calle y, como le pillasen otra, le podían meter en el talego por reincidir… Su novia era dueña de un mostrenco pardo enorme y piojoso que tenía muy mala leche. Un día ese perro mordió a una vecina, Anna se llamaba. Vivía en el bajo, y siempre barría su tramo de acera. La pobre empezó a dar muchísimo miedo después de que el chucho la mordiese, tuvo una fiebre de las gordas y sudaba y lo flipaba en la cama, murmurando o gritando sinsentidos. Después de una semana me enteré de que la habían encerrado en su habitación, sola. —¡Se ha vuelto loca! No sabemos qué hacer con ella, es incontrolable. Y no come, pero al médico no la podemos llevar, que la sanidad ahora ya no es gratis, y no tenemos pelas. Este era el nuevo tema de conversación familiar. La abuela se había dejado un gorro de lana a medio hacer. A los dos días, la abuela Anna murió. Fuimos al entierro y allí estaba su “asesino”. —Puto chucho, ¿cómo se le ocurre a Antón traerle aquí? Se ha ido de la olla, ¡yo me lo cargo! —En cuanto dijo esto, el sobrino cogió la pala donde el enterrador estaba apoyado y la blandió como un bateador profesional.


El sobrino de Anna era uno de esos chavales sub/superhumanos que van al gimnasio 1000 horas a la semana y están tan mazados que tienen músculos hasta por encima de la camiseta. Tal fue el golpe que le reventó la mandíbula y, en donde debía estar su cabeza, no había nada. El golpe había vaporizado la cabeza de hipopótamo del perro. Pedazos sanguinolentos de carne salpicaron a todos los asistentes. Al mover la lengua, sentí el sabor metálico de la sangre. “Es el hierro de la sangre”, medité pensando en todas esas clases de biología de mis años de instituto. —Tío, qué guarrada que la sangre del chucho esté en mi boca. Pero no le di importancia hasta dos días después, cuando perdí la cabeza y le mordí el cuello a mi odiado profesor de Programación. En ese mismo instante, un escalofrió electrificado me subió por los cojones y me puso en modo “Rage”. El profe se cayó al suelo con un golpe, mientras su cuello mutilado escupía chorros de sangre negra debido a los chutes de suspensos, que eran para él lo que la heroína para un yonki. El pobre no duró mucho. O la herida era muy profunda o no tuvo los cojones para vivir. El caso es que la palmó. Aún me quedaba algo de raciocinio, así que empujé la puerta, que se cerró por la inercia, y di la vuelta sobre mí mismo con los talones fijos en el suelo, con la cara sonriente y traviesa de saber lo que va a pasar. Acto seguido arañé, agarré, tiré, empujé y mordí a todos los asistentes. Me divertí más que en toda mi vida, y ese era el signo más obvio de que me estaba volviendo loco. Mientras esto ocurría en mi aula, a algún que otro asistente al funeral le pasaban cosas similares. Y por todas partes había heridos: de algún modo eran los descendientes indirectos de aquel perro. —Puto Perro Rabioso —dije con mi último aliento. Después morí o, por lo menos, la parte de mí que podía charlar en una terraza al sol madrileño. Ya había pasado el periodo de incubación o como se diga, y ahora la enfermedad estaba activa y a toda potencia. Chorros de energía frieron mis neuronas y me otorgaron superpoderes, superpoderes de fuerza, velocidad y reflejos. —Adiós a la vida de neandertal, adiós al feisbuk, adiós a la televisión, adiós al twitter, al tuenti, al instagram, al tumblr, ¡que liberación! ¡SÍÍÍÍÍÍ! Y mientras mi nuevo yo, mi nueva forma de vivir, creía que decía esto con una voz gutural muy macabra, salvaje y varonil, en realidad solo gritaba despavorido y horrorizado. Corrí con todas mis fuerzas, sintiendo toda la energía acumulada por no haber hecho nada durante años, energía que ni yo mismo sabía que había estado ahí. Y salté por la ventana de cristal de mi clase de universidad que, fatalmente, estaba a tres pisos de altura.


GENTE A LA QUE LE PUEDE MOLESTAR LEER MI HISTORIA: ·Defensores de los animales ·Defensores de las drogas ·Asociaciones Antidrogas ·Médicos ·Deportistas ·Profesores de Programación ·Antones del mundo ·Locos ·Pijos ·Rabiosos ·Pijas ·Madres que estén leyendo esto con sus hijos en los brazos


$FDWVÇWÑPIV82O2? 4RI2¿ -PRUSIA ORIENTAL__________________ Me pilló saliendo de la ducha, el día después de la semana después de mi ochenta y cuatro cumpleaños. Subrayo lo de la ducha porque normalmente a la gente solía pillarle conduciendo, andando por la calle o qué sé yo. En miles de situaciones de todo tipo, salvo saliendo de la ducha. De todas aquellas alternativas y exóticas, tenía que tocarme a mí encontrármela saliendo de la ducha. Así que ahí estaba yo, con mis movimientos ralentizados por el paso de los años, con mis huesos oxidados y chirriando como engranajes jodidos, y con unos colgajos de carne en los brazos del tamaño de una palma en vertical por lo menos. No mentiría si dijera que más de una vez había pensado en probar a tirarme desde la ventana de mi tercer piso para comprobar si aquellas papadas cárnicas repulsivas que pendían de mis extremidades podían convertirse en alas, y así, literalmente, marcharme volando a otra parte. Bueno, me pilló saliendo de la ducha. Yo ahí, con las canas plateadas relucientes, con las gafas empañadas, el bigote despeinado y la toalla blanca cubriendo las partes íntimas de mi arrugado cuerpo. La vi ahí, tranquilamente sentada sobre el retrete, ojeando una revista de coches antiguos que tenía siempre reposando sobre una cestita. No es que a mí me interesaran lo más mínimo las revistas de coches. En absoluto. Lo que pasa es que cuando uno va a cagar es capaz de leerse cualquier cosa que se le ponía delante. En fin, ahí estaba ella: la Parca. Sentada en el retrete, con las piernas cruzadas y leyendo aquella insulsa revista de automóviles pasados de moda. Y no tenía ni una manta negra, ni una guadaña, ni era un esqueleto ni memeces de esas. Eso eran tópicos extendidos, cuentos para asustar a los niños. Tenía exactamente el aspecto que yo siempre había imaginado que tendría. Tenía el aspecto de Marlon Brando. Y no estamos hablando de un Marlon Brando cualquiera, en absoluto. Tenía el cuerpo y la forma del Coronel Kurtz en Apocalipse Now, una de mis películas favoritas de cuando era joven. Yo sabía que era la Parca porque, a estas alturas de la vida, era prácticamente imposible que Marlon Brando vestido de veterano de la Guerra de Vietnam se


hubiera materializado en persona y sin motivo aparente, en el retrete de mi cuarto de baño a devorar una revista de coches. Fui yo quien rompió el hielo: —Joder, ya era hora. El Coronel Kurtz, también conocido como La Muerte, despegó su vista de unas estampas automovilísticas en blanco y negro y me miró con una mezcla de respeto, incomodidad y sospecha. Curiosa combinación. Se incorporó, devolvió la revista a su cesta de lecturas fecales y me dijo: —Perdón por el retraso. Eso me enfureció aún más. —¿Retraso? ¿Retraso? Un retraso son cinco o diez minutos. Puede que media hora, incluso una hora entera si se es realmente retrasado. Pero usted… ¡Usted! ¡Usted llega cincuenta y siete años tarde! ¿Qué puto retraso es ese? Y es que la muerte tan solo había sido puntual con Jimi Hendrix, Robert Johnson, Brian Jones, Joplin, Morrison, y unos cuantos más. El resto le dábamos exactamente igual. Hasta para morirse había que tener enchufe. Si no te apellidabas Winehouse o Cobain te tenían en la lista de espera una jodida eternidad. ¿Y yo qué, cojones? Cincuenta y siete años esperando a la Muerte y encima el día que me llega me llega en pelota picada y mojado, como un perro bañándose en una fuente pública. Ya ves, hasta para morirme iba a ser un don nadie. —Coronel Kurtz, créame que es un verdadero detalle que se haya acercado usted en persona a comunicarme mi fallecimiento, pero he de confesarle que estoy bastante cabreado. Llevo cincuenta y siete, ¡cincuenta y siete años! Desde que cumplí los veintisiete sentándome a esperar que usted llegara, y ha tenido la osadía de dejarme envejecer, a mí, a un reputado escritor de mi categoría, como si fuera un pedazo de mierda seca. —Lo lamento de veras, hemos tenido unos cuantos problemas técnicos y hemos tenido que ponerle en espera… Lo que yo decía. Esto parece más el enredado servicio telefónico de una empresa de seguros de poca monta que el destino mismo. Joder, si ni siquiera la propia muerte es seria, ¿qué nos queda? —¿Ponerme en espera? ¿A mí? —Sí, lo lamentan… —¿Pero qué cojones está insinuando, Coronel Kurtz? ¿Es que acaso no me consideraban ustedes lo suficientemente importante como para morirme a los 27? —Es muy complicado el entramado de…


—Ni complicado ni leches. ¿Acaso hubieran ustedes dejado vivir a Hendrix hasta los ochenta? ¿Es que alguien se imagina las consecuencias que habría tenido semejante irresponsabilidad? —Muchas veces tenemos problemas de papeleo y se tardan en tramitar los… —¿Tardanza? ¿TARDANZA? ¿Está intentando decirme que ha sido un problema de tiempo? Y qué demonios les pasó con Sid Vicious, ¿les entraron las prisas? La situación era realmente absurda. Yo ahí con la toalla a la cintura, en el baño empañado de mi casa, abroncando al destino disfrazado de Marlon Brando con uniforme militar sobre los motivos por los que él y su jefe no habían asistido puntualmente a mi cita con el destino. —Mire Kurtz, ustedes han sido realmente injustos conmigo. Preparé mi funeral, ¿entienden? Preparé mi maldito funeral. Según cumplí los veintisiete me dediqué como un completo imbécil a mandar invitaciones a mis conocidos para que asistieran a mi maldito funeral. Estaba todo planeado ya. Funeral que, por supuesto, nunca llegó a suceder porque a ustedes no les dio la real gana de presentarse a tiempo. —P... —No, amigo, no. Y le aseguro que cancelar una barbacoa es fácil. Cancelar una fiesta es fácil. Hasta cancelar una maldita boda es fácil. Pero, ¿cancelar un puto funeral? ¿Cómo cojones le explica usted a sus invitados que ha tenido que cancelar su propio funeral? —Oiga, nos ha sucedido ya otras veces. Mire a Ozzy Osbourne, Hunter S. Thompson, Ola Brunkert o Michael Jackson. No siempre llegamos puntuales. Pero mire, ya estoy aquí, ¡alégrese! —Váyase a tomar por culo, Kurtz. Bueno, ¿qué me trae? —Tenemos tres alternativas: Infarto, resbalón en la ducha o suicidio. —¿Y ya está? —¿Cómo que ya está? —Kurtz, les he estado esperando cincuenta y siete años, ¿y ustedes pretenden que muera como un completo idiota resbalándome en la ducha? —Brian Jones murió ahogado en una piscina. —Brian Jones murió tras una noche de completo desenfreno y desfase, ahogado en su propia piscina kilométrica. Yo tengo ochenta y siete años, tengo cataratas, chocheo y me voy a resbalar en mi bañera en la que apenas quepo tumbado. —Reconsidérelo con calma. —¿A qué día estamos hoy? —Jueves. —¡Jesús! Pues escojo suicidio.


OTRA VEZ EN TU FONDO EMPEZÓ ESO -SUSANA CARVAJALES__________________ BUSCO ESTA NOCHE UN COÑO CALENTITO Busco esta noche un coño calentito que sea suave, dulce y caluroso, sediento, firme, salvaje y fogoso, ardiente, silencioso y pequeñito. Que sea como algún tierno gatito, agradable, besucón y goloso, delicado, sensible y cariñoso, manso, candente, leve y exquisito. Un coñito alegre, justo y honesto, natural, travieso, afable, modesto, juguetón, muy infantil e insaciable. Un coño querido, un coño adorable, de delicioso y suculento beso. Busco un coño que me quiera, sólo eso. TU PEZÓN Tu pezón, punto cero en mi existencia, susurrando levemente me invoca y configura el grueso de mi boca mientras desarma mi poca paciencia. Tu pezón, la causa de mi demencia, con su roce eufórico me trastoca, y toda la locura es siempre poca ante su perfecta circunferencia. Ya beso su textura y nada falta, mientras el silencio carnal me auspicia y la demencia mi razón asalta. Qué goce, qué disfrute, qué delicia,


ver cómo tu pezón firme se exalta por culpa de una suave caricia. QUIERO FOLLARTE Quiero follarte como hacía antaño recorriendo tu coño hasta tu boca, cuando te me agitabas dulce y loca lejos los dos del llanto y el rebaño. Y quiero follarte porque te extraño, porque me gusta cómo se sofoca tu cuerpo desnudo y cómo desboca la carne que beso, rezo y araño. Porque esa carne tuya es también mía, porque conozco y quiero su textura, porque eres suave, fuego y alegría. Follarte con apacible ternura, follarte de nuevo, como solía, y follarte y follarte sin censura. PENSANDO EN TÍ Ayer lamiendo un clítoris pensaba en la vida y todo esto de estar vivo, en el amor y esas mierdas que escribo. No sé. Pensaba en todo. Ella gritaba. Gemía con fuerza y yo recordaba aquellas veces en que fui agresivo, me volví loco sin ningún motivo (y quizá aún lo siga) pero te amaba. Se corrió y yo seguía entre mis dudas, cuando ella se vistió y nos despedimos. Tú solías con tus piernas desnudas tumbarte sobre mí y así estuvimos noches enteras de caricias mudas. Dime amor, ¿cuándo coño lo jodimos?


NO PIENSES EN ELLA Qué fácil decir: “No pienses en ella”, “no intentes volver” o “no la recuerdes”, “no la quieras”, “no pienses que la pierdes”, “que esa puta zorra no te haga mella...” Pero aquella zorra lo hizo y dejó huella, y ahora son negros los prados verdes que te hacían recordarla, aunque muerdes tus labios y la vida te atropella... Qué fácil es pensar que serás fuerte, que su amor sólo fue una negra espina que arrancarás con un poco de suerte. Qué fácil creer que todo termina y que al final dejará de dolerte mientras llueve sobre tu triste ruina. NO ES No es Dios, ni la Poesía, ni la Droga, lo que conduce y equilibra mi paso, cuando firme y osado, como un payaso, avanzo sobre una estrecha y frágil soga. Ni es el ansia o el vaso, lo que desfoga mi candente corazón hasta el ocaso. Pero tampoco es la vida o el fracaso lo que envenena mis ganas y me ahoga. No es, y de eso estoy seguro, culpa mía, aquello que me golpea y no se apiada, asfixiándome en silencio, día a día... Ni este dolor, ni esta sangre acumulada. Lo que me salva y mata, es la tiranía de tu dulce, impía y maldita mirada.


¿CUÁNTO LLEVAMOS EN ESTE TÚNEL? -TARIFIT__________________ XX La música de tus ojos desentona a los instrumentos recién afinados. Tus alas, que no existen, llevan a pensar en volar mil mundos imaginarios. ¿Se vuelve el ruido un poco más silencioso cuando viene el frío? Me quedo con el rojo de párpados verdes, el plañido ruidoso de los floreros silvestres. XIX La luna y el sol follando pariendo un tercer amanecer, forjando un tercer astro bastardo. XV Avergonzarse adrede, beber y beber hasta perder la miopía y ver bien, como los linces ibéricos. Contar en decimales desde el uno hasta el cien. Leer con la lengua los mil y un versos de un cuerpo. Que se encienda la luz y se apague el tiempo


XX Las calaveras se ríen continuamente de nosotros los mortales porque saben qué hay después. Riámonos de ellas. Aún seguimos en el antes. XXI ¿Y si hubieran liberado a Cristo en vez de Barrabás? ¿Qué significaría entonces la historia? ¿Que significa el concepto de mal? ESTE BANCO ESTÁ OCUPADO. Siento un hambre de ese que dicen visceral aunque me avergüence decirlo. En parte es por culpa de la comida basura, que no está hecha precisamente para saciar. La otra parte ya te la he dicho. LSR. Quizá me recuerdas al sonido raro, cascado, también familiar, de en la gramola una vieja canción en francés.


DEL OTRO DÍA Tendrás a tu dios perpetuo que te eleve en ascensor donde quiera que sea -que no me importaen los orgasmos. Yo no soy un ángel sino caído. Con bufanda robada de vivir constipado. No te prometo nada porque no tengo. Solo me ofrezco porque no soy más. Y llevo a la espalda una mochila sin asas y la cara oculta. Mis manos, que escriben y mal. Las rodillas caídas cuerpo a tierra. Así que enfrentaré a ese dios o a quien quiera que sea por, no sé. Siquiera lo tengo claro. Supongo que para morir en pie. Y así ofrecer (te) algo. De espectáculo.


VISITA -TRUECO__________________ Hace mucho que dejé de contar las semanas, los meses o los años. Supongo que en algún momento dejaron de importarme. Sé lo necesario para vivir y disfrutar del día a día. No necesito más. Y sin embargo, últimamente, la existencia parece haber perdido la gracia. O yo he perdido la chispa. Resido en este escondrijo del mundo. Atiendo a lo que considero natural e imprescindible y me olvido del resto, pues carece de sustancia. Tengo mi refugio, mi lecho, mi alimento y mi descanso. Tengo calor en invierno y frescor en verano. Soy un ermitaño del siglo XXI y en esta noche fría disfruto de una cerveza frente al fuego. Al fondo, el viento frío cruje los troncos en mi dirección. Distingo una silueta extraña que se asoma tras la frondosidad. Ha reconocido el resplandor de la hoguera. Entro en la cabaña y salgo con una silla en una mano y dos cervezas en la otra. Ya sentado, observo cómo la figura merodea vacilante la linde del claro, hasta que se decide a acercarse. Por más que le miro su contorno es evasivo, oscuro. Se sienta a mi lado y yo no puedo apartar mis ojos de él. Tiene forma humana, sí, pero nada más. Es negro, un negro que absorbe color y luz y no lo deja escapar. Un negro que tiene gravedad, que atrae y atrapa. No parece vestir ropa alguna. No tiene ojos, nariz, boca u orejas. Tampoco pelo ni uñas. Agarra una de las cervezas y empieza a jugar con ella. —Vaya noche. —me saluda. Estoy atónito, incapaz de apartar la vista de su cuerpo. No hay centímetro de su superficie que mi cerebro no esté analizando ¡Y ha hablado! ¿Cómo? —Eh… Otra de tantas. En esta época cuesta diferenciar una noche de la siguiente —Un búho ulula en la espesura como si quisiera darme la razón—. No deberías juguetear con la cerveza. Perderá el gas. —Oh, pero yo no puedo beber. Por cómo me mirabas creí que te habías dado cuenta. Ni beber ni comer ni mear ni cagar. Tampoco sudo ni moqueo, y mucho menos lloro. Aún así no quería despreciarte el ofrecimiento, así que si me permites jugaré un poco con la botella —Sí, con respecto a eso... —Vacilo. Nunca he tenido prejuicios, aunque este asunto es muy diferente. Pero hay algo inquietante en su presencia. Una parte de mí me urge a mantenerme alerta, y la otra a relajarme y disfrutar de la compañía—. ¿Qué te trae por aquí esta noche?


—Mis piernas. Me gusta andar, no quedarme quieto. Percibo el mundo como elijo, y pocas veces ha dejado de maravillarme. Muy de vez en cuando encuentro a alguien, y en muchas menos ocasiones me dejo percibir o incluso entablo conversación. La mayoría de personas evito y a los pocos que no les considero pequeñas bendiciones. ¿Qué te trajo a ti aquí? —Me cansé de las convenciones sociales. De la hipocresía, la obsolescencia continua, de la doble moral y la mala sangre. Quién sabe. Tanta gente junta y al mismo tiempo tan sola. Me tuvo pensando hasta que osé apartarme de todo. Decidí que iba a dejar de asimilar lo que otros querían enseñarme, y que iba a aprender lo que yo considerara importante, necesario e interesante. Y aquí acabé, perdido en mitad del bosque, con mi cabaña y el mundo de jardín —a pesar de la ansiedad que me transmite, no puedo evitar el alivio de tener alguien con quien desahogarme—. De cuando en cuando bajo con mi camioneta a un pueblo, vendo pieles de unos animales que he cazado, compro unos víveres y repuestos para mantenerme una temporada y de vuelta a la nada. Y así lo prefiero, la verdad. Creo que he entendido cosas de esta vida que a la gran mayoría de los humanos se les escapan. Tampoco te digo que sea un erudito, sino que he hecho las preguntas correctas. Sin embargo no soy más feliz por ello. Poco a poco este lugar me ha llevado a entenderme a mí mismo, y no es una experiencia placentera. —Ya me he encontrado a gente como tú antes. Me fascina cómo diferentes seres humanos pueden acompañar el autoconocimiento con sentimientos tan distintos. Unos se entregan a él con un éxtasis religioso o espiritual. Otros lo repelen con todas sus fuerzas, y sólo unos pocos lo aceptan con calma. Y todos sois sabios a vuestra manera. —¡Sí que has vivido! —Apuro la última cerveza. Debo finalizar esta charla pronto. Casi no puedo aguantar su presencia y me está entrando sueño. —Buen bostezo. Los días aquí fuera son agotadores así que te dejaré dormir. Puede que nos volvamos a ver. Me ha gustado hablar contigo. —Lo mismo digo. He de reconocer que necesitaba la compañía. Adiós — Mientras recojo veo por el rabillo del ojo cómo se aleja de la lumbre y se funde con las tinieblas. No sé si encogerme de pavor o saltar de alegría. Ya no hay nadie. Toda la noche dando vueltas en la cama y en la cabeza, repasando una y otra vez el curioso encuentro. No consigo encontrarle el sentido. El día siguiente es como cualquier otro. Unas rutinas desembocan en las siguientes y el día se agota en un suspiro. Con el ocaso llega mi descanso, mi tiempo, mi reflexión y mi castigo. Esa noche la figura vuelve, como también lo hace el resto de la semana. Siempre siguiendo la dirección del viento crudo, siempre tomándose su tiempo para acercarse. Hablamos, nunca sé si durante minutos u


horas, pero siempre sobre mí. Cuando le intento interrogar sobre cualquier aspecto de su existencia, responde con una frase corta y una pregunta personal. Da la impresión de ser un viajante errabundo y tenebroso, que se lleva una parte de todo lo que se cruza en su camino. Y yo me pierdo un poco más cada noche que pasamos junto al fuego. Ya no me sorprendo de verlo allí frente a la lumbre, impertérrito. Su silueta me inquieta menos y su voz me arrulla más. Empiezo a considerarlo un amigo, o al menos un mísero consuelo. Pero no puedo deshacerme de la sensación de terror. —Buenas noches —Dos semanas lleva viniendo, y sólo sé una cosa con certeza: me conoce mejor de lo que yo lo he hecho nunca. El insomnio me tiene jodido. Estoy en el límite, pero me niego a mostrárselo. Cada noche me encoge y me reconforta, y me voy a la cama destrozado. En algún momento tendrá que irse—. Tienes una cara horrible. ¿Te encuentras bien? —Sí, no es nada. Tengo el sueño un poco ligero últimamente. —Siempre me he preguntado cómo debe ser dormir, soñar. Me fascina la posibilidad de entrar en un mundo que uno mismo crea pero no controla. La oportunidad de quebrar toda lógica simplemente porque tu cabeza te lo pide. Y luego despertar, volver al mundo, a las limitaciones y al tedio. ¡Y sobrevivirlo todo! —No entiendo por qué está tan hablador—. Sé que yo mismo desafío varias de esas limitaciones, al menos las de tu entendimiento, pero hay tanto en este mundo que me deslumbra y me espanta que no tengo tiempo para la reflexión o el aburrimiento. Me escuecen los ojos. Me los froto con fuerza y los abro de nuevo. Veo chiribitas por todas partes. Intento recostarme en la silla pero estoy tumbado en el suelo. La hoguera debería estar delante de mí y sin embargo me envuelve la oscuridad. Y tierra. Alargo los brazos y toco unas paredes mezcla de barro, piedras y raíces. Mi visión se aclara a tiempo para confirmar mis sospechas. Estoy en el fondo de un agujero. No puedo incorporarme. ¿Por qué no puedo incorporarme? Mientras intento entender lo que ocurre un montón de tierra cae sobre mi pierna. Miro para arriba y veo a la silueta, con su negrura absorbente. Tiene una pala en las manos, y empieza a enterrarme. Tenso todo mi cuerpo. Noto las venas endurecerse a flor de piel, pero lo único que consigo hacer es levantar la cabeza a un palmo del suelo. —¿¡Qué coño haces!? —bramo. —Me resulta muy divertido que pensaras que aquí perdido conseguirías escapar. No de mí. No. Yo soy inevitable. Pero tu querías huir de tu persona, de tu realidad. Y eso no pasa. Recuerda que no estamos en un sueño. Sí, sé que puede parecerlo ahora mismo, pero creeme cuando te digo que hasta aquí has llegado —Sus palabras me sepultan tanto como las paladas de tierra que no


cesa de vaciar sobre mi cuerpo rígido. No puedo remediar el llanto, que cae incesante pero silencioso por los lados de mi cara—. No te pongas así. Pensé que habías intuido al menos una parte. Es el peligro de conocerse a uno mismo. Poco a poco llegas a la verdad de que todo lo que hayas sido o hecho no es suficiente. Porque mientras estés vivo no puede serlo. Porque te paras, te escondes, te acomodas y te pudres. Y tú llegaste a la conclusión de que eras diferente y que la civilización no iba contigo, pero día a día te has acercado a esa verdad. Eres mediocre —Según dice esto me fijo en su cara y me quedo de piedra al reconocer mis facciones—. como casi todo el mundo. Lo que en realidad vislumbraste fue un futuro inapetente recortado para ti y dos millones más como tú, y te acojonaste como cualquiera lo habría hecho. Pero este lugar no era la solución, y antes o después tus demonios te acaban alcanzando. La arena sigue cayendo.


EL HOMBRE DE LAS RUTINAS TIESAS -VRAULIO GINÉS DE GEBILLÓN__________________ Un hombre que utiliza la parte interior del rollo de papel higienico. Rasga los cachos de papel de la parte interior para limpiarse el culo con eso y no estirando el papel desde fuera. Un hombre serio, muy serio. Un hombre que cuando se ducha, se echa agua y se enjabona despues. Ya esta. Luego sale de la ducha y se seca. El tipo de persona que se aclara el agua con champu, y no al reves. Un hombre que no pone la mesa. Que mira lo que hay en la nevera y se lo come ahi. Si lo tiene que calentar, lo pone al microondas y se lo come en el microondas. Un hombre eficiente. No cree en los convencionalismos de poner y quitar la mesa. Cito textualmente: “Yo me alimento igual con o sin mesa puesta”. Un hombre que se echa dentifrico en los dientes y despues se los cepilla. Limpieza absoluta. Primero la pasta dentifrica en los dientes, luego vendria el cepillo para rascar. Igual con la barba, primero se afeita con la cuchilla, luego entiende hay que poner la espuma. Pero primero hay que pasar la cuchilla. Utiliza la espuma a modo de crema aftersave y eso le escuece a veces. Un hombre que moja la salsa con una barra pan. Literalmente. No entiende que haya que hacer cachos una barra para coger un trozo de pan y mojar. El dice convencido: “No voy partir un trozo de pan si puedo mojar directamente el pan”. Simplemente agarra la barra por un extremo y moja. Un hombre que utiliza cascos para escuchar musica a una distancia muy lejana. No se pone los auriculares en las orejas. El prefiere subir mucho el volumen de la musica y disponer los cacos lejos de los orificios de la oreja. Hay algunas canciones que no acaba de entender. Un hombre que entiende que la sala de espera de los hospitales es para despues de entrar y no para antes. ¿Por que la gente espera ahí y no en su casa? Prefiere llegar a tiempo y si tiene que entrar en esa sala de espera lo


hace despues de la consulta. Normalmente se lee un libro. No esta muy al tanto de como funciona la seguridad social. Un hombre que rompe cualquier parte de un envoltorio para abrirlo evitando siempre la parte donde se indica: “Abrir aqui”. Siempre busca alternativas para romper algo. Nuevos caminos para abrir envases. Un hombre que va al Ikea a dejar sus lapices y nunca se lleva ninguno de los que la franquicia ofrece. No le gustan los lapices de madera del Ikea, es un hombre con valores. Va expresamente para dejar sus lapices y sale. No quiere muebles. Un hombre que sube las persianas por la noche y las mantiene bajadas por el dia. Nunca ve nada. Incluso por la noche tampoco sera capaz de ver algo. Un hombre que siempre tiene al perro fuera de casa y de vez en cuando le saca a pasear por el salon. Pero su rutina de vida perruna la hace en la calle, no en casa, esto es algo exclusivo. Incluso deja que el perro haga sus necesidades al lado del sofa. Un hombre que siempre intenta encenderse el cigarro con el mechero dentro de la boca, pero nunca puede. No acaba de conseguirlo. La boquilla del cigarro esta demasiado dentro de la boca como para prender fuego al paladar. El lo dice muchas veces: “Es por la humedad”. Lleva sin fumar desde los 15 años. Un hombre que es diestro, pero escribe con la otra mano. No quiere dejar nada al azar, el decide ser zurdo aunque su psicomotricidad no se lo permita. Un hombre que se despeina expresamente para salir a la calle. Expresamente. Y cuando se va a la cama se peina con asidua normalidad barroca. Se tira una media de treinta minutos peinandose por noche. Un hombre que nunca ha visto la television, y cito: “Me pasaria las tardes leyendo sinopsis de libros antes que encender un televisor que no tengo”. Le pierden los resumenes de las contraportadas de los libros. Y las bibliografias de portada. Un hombre que va al cine para comer palomitas. Nunca ha visto una película entera en el cine. El mismo dice: “En casa no tengo tiempo para hacer palomitas, aqui por lo menos si”. Solo se dedica a comer, no suele levantar la mirada.


Un hombre que no ve interesante poner tildes a las letras. Es un anarquista gramatical libertario. Un hombre que espera sentado en la parada del autobus a encontrar a una persona por la que meterse en ese autobus. No quiere recorrer la linea ni llegar a ningun sitio en concreto. Busca un incentivo en su rutina, es un idealista. Mira caras y selecciona. Todos los dias.


PASADA LA MEDIANOCHE -GRETA OTO__________________ Nunca he sabido realmente discernir entre el azul turquesa y el verde, entre el amor y el sexo, entre el placer y el dolor, entre el malestar provocado por el sueño y el hastío existencial. Quizá por eso mismo paso horas sentada en la cama de una habitación sellada de recuerdos que me estimulen el alma, y quizá por eso siempre apelo a términos como alma, cuerpo, vida, muerte, existencia o agua. A lo mejor es por eso también que no suelo saber qué diablos significa lo que me escribo en las manos (las citas de algunos libros, los versos negros de suicidas olvidadas). Esas letras me las plasmo en rojo, como orificios en la piel, para ver si por ahí logra escapar lo que quiera que sea que habita en mi cuerpo y se expande a cada segundo y me aplasta contra las paredes inelásticas del mismo ser. Hablo del ser constantemente, de mi ser, del ser que conozco y que abarco y que siento, a partes iguales, de forma periódica, que es enorme, la más enorme posibilidad del universo, y algo ínfimo, algo mísero y diminuto que se cuela por las rendijas que dejan abiertas las imperfecciones del tiempo. Mi Ser es por dos, ambos conversan en mi cabeza, ambos; cada uno por su lado conforman una mujer entera, muy distinta a su complementaria. Hay una que prefiere el amor al sexo, que prefiere el placer, el azul turquesa y el sueño. La otra se inclina hacia todo lo contrario. Las dos danzan martilleándome las dudas, las decisiones, los pequeños pensamientos cotidianos. Una es madre y la otra artista, y se chillan, la una a la otra, que la insatisfacción perpetua del Ser es responsabilidad de ambas. Las dos se chillan, la madre chilla a la artista como la vida a la muerte, la artista chilla a la madre, y yo no distingo las voces y me abro boquetes de tinta en las muñecas a ver si a alguna le da por marcharse, y mientras escucho: ‘¿Por qué no sales ahí fuera y te desgarras las rodillas con la alfombra de tu vida sobre esta noche tan llena de luz?’ Hay tanta luz que asusta, es violácea y rememora el fin del mundo que viví ya en mi cabeza algunas veces, años atrás, cuando aún no comprendía del todo la muerte y me asustaba llamarla por su nombre y le ponía estúpidos motes, motes absurdos, motes propios de una niña de ocho años que no entendía nada, pero que intuía cuánto dolor podría provocar lo fútil del cuerpo, lo


caduco del individuo; a quien le asustaba ser demasiado pequeña porque temía poder dejar de existir con demasiada facilidad. La claridad que ahora me perturba, sentada como estoy a merced del frío y sin sentir nada, es propia de los incendios, de los holocaustos, de los estallidos más demoledores, y me voy a dormir temiendo una avalancha de piedras y fuego y lava morada sobre el bloque de edificios que me cobija, sobre el mundo que me alumbró hace dos décadas, sobre el ya asumido crematorio de mi mente, sobre mi cuerpo pequeño con más miedo a vivir para siempre que a morirse de inmediato.


EXEMPLI GRATIA: SIT TIBI TERRA LEVIS, NEMO -MIRANDA MIRANDA__________________ EXEQUATUR ¿Quién desea participar en tu propia cacería? ¿Cómo conquistar la muerte si se erige la deshonra en forma de ser animal? Es espectáculo y negra fachada no humana e irreal. Es el sonoro paisaje de tu contaminada ciudad, reino de cruentos infiernos hasta ahora libre de culpa. ¿Estás preparado para empezar a correr hasta que algún débil ciudadano sea capaz de darte alcance y caza?


NEMO PER SE Es gracioso, el otro día mi madre por teléfono, hablando con una amiga, organizando un viaje a cualquier provincia alejada de Madrid, dijo, con esa gracia castellana: “¡Claro! ¿No lo sabías? yo me apellido Miranda y mi marido también se apellida Miranda. Miranda, Miranda. Apúntalo bien”. Es gracioso porque el día de su boda el cura les pregunto: “¿Pero ustedes son primos?” ¿Ustedes? Apúntelo bien, Miranda, Miranda


QUE BIEN ESTOY CUANDO ESTOY BIEN -MURIEL MULIER VIRAGO__________________ CAPÍTULO 1: Estoy comiendo en la mesa alta del salón con mi familia. Mi madre y mi hermano miran atentamente la televisión, incluso cuando pinchan la ensalada. Mi madre solo desvía la mirada para atender a mi padre o supervisar mi plato. Mi padre acaba de levantarse a por otra botella de vino. Yo jugueteo con el puré de patatas, miro el sofá. Nos imagino haciendo el amor. Como ayer. Lentamente, gimiendo, agarrándonos fuerte pero sin hacernos daño, escuchando Johann Sebastian Bach. Despacio. Nos imagino tirando los cojines del sofá al suelo para acomodarnos mientras mi familia come en la mesa. Mi madre y mi hermano siguen mirando la televisión mientras tú me besas el cuello y te deslizas por mi cuerpo. Mi padre ha vuelto de la cocina, me observa atentamente. Levanto la vista del sofá. Sonrío. Sabe que estoy haciendo el amor. CAPÍTULO 2: Comenzaron a emerger en el único baño de la casa pequeñas mariposas negras en el verano de mi último año de instituto, unos seres minúsculos que dejaban un rastro de polvo casi invisible negro tizón a su paso. Podías verlas revolotear alrededor del grifo mientras invertías tiempo en tu higiene bucal. En mi familia tenemos un grado muy exigente en lo que a sorpresa se refiere por lo que comenzamos a vivir paralelamente a esas voladoras y continuamos con nuestra rutina sin resaltar su aparición. He de reconocer que por aquellos tiempos no estaba yo muy informada en lo que a reproducción de insectos holometábolos se refería, pero en cuestión de meses el baño familiar pasó de ser solo eso a ser el refugio de una población muy numerosa de estos extraños huéspedes. Tras convivir con ellos durante un tiempo, mi madre comenzó a quejarse en momentos puntuales sobre su existencia y a afirmar que los mitos más


comunes contaban que encontrar mariposas negras en casa era una señal de mala suerte o muerte y que eso no podía ser bueno, que algo pasaba y había que acabar con aquello fuera como fuere. Paralelamente mi padre defendía que tres de cada cuatro animales son insectos y que eran unas acompañantes de lo más respetuosas, no entendía por qué se sentía tan invadida o amenazada o lo que fuese que sintiese mi madre frente a hecho tan banal. Al contrario que mi madre, yo simpatizaba con aquellas criaturas. El hecho de que se concentrasen en el espacio más pequeño e íntimo de nuestra casa les daba cierto encanto. Más de un día pasé varios minutos intentando capturar alguna con el fin de alimentar la tortuga de la que cuidaba mientras una amiga se encontraba fuera de la ciudad. Pero como ya es sabido, las madres son unos seres incansables y a mi madre el brote de mariposas le estaba quitando el sueño, el brote de mariposas al cual ella llamaba ‘plaga’. Lo cual, señores y señoras, me siento en la obligación de decir que no me parece apropiado, si entendemos como plaga una aparición masiva y repentina de seres vivos de la misma especie (hasta ahí todo encaja) que causan graves daños a poblaciones animales o vegetales. Repito: causan graves daños. Inaudito. Recuerdo un martes en el que intentaba encontrar un libro de Knut Hamsun en mi habitación cuando escuché a mi madre bajar los trece escalones de casa y subirlos de nuevo a toda prisa. Me deslicé por el pasillo y observé qué pretendía. La escena nos presentaba a una mujer de estatura media en el centro de un baño bastante pequeño pero muy bien iluminado, pistola de silicona o utensilio similar en mano, mirando compulsivamente al techo, las esquinas y los recovecos entre los muebles. A este capítulo le siguieron varios más, en los que podías ver a mi madre en el baño, sentada en la taza del retrete mirando al vacío, intentando comprender por donde se colaban aquellas mariposas si ella lo tenía todo bajo control. Otras veces se sentaba allí a leer y a aplastar toda aquella que se le cruzase con el mismo libro, por aquellas pensé que mi madre tenía una gran imaginación decidiendo gastar su escaso tiempo libre en acabar a toda costa con aquellos seres. Hoy, en el baño de mi casa que ya no es mi casa, no hay mariposas. Y mi madre no tiene que intentar deshacerse de ellas porque mi madre murió ocho meses después de la primera aparición tras contraer varicela a los cuarenta y tres años. Contagiose de varicela de sus propios alumnos tras ser docente más de veintidós años. Postrada en la cama con unas pústulas negras del tamaño de las mariposas la única cosa que yo podía pensar era ‘Mi madre tenía razón, tenía razón otra vez.’


PERSPECTIVA DE VIDA -MUZALO MADOG__________________ “La vida no funciona como el mundo cree. Por algo o alguien hemos acabado aquí. Llámalo evolución, Dios o Destino. Ese alguien o algo quiere que seamos personajes de su novela y, sobre todo, no quiere que acabe: lo importante es la supervivencia. Infinitos tomos de historia. Mientras tanto, vamos evolucionando y avanzando. Simplemente para su entretenimiento, Para entretenerle MÁS. Le da igual que seamos médicos, contables o soldados, derechistas o izquierdistas, le da igual que estemos tristes o contentos. A ese algo, o alguien, por el que estamos aquí. Solo para entretenerse. Imaginadlo relajado, viendo la cadena “Planeta Tierra”. El destino es una cosa gorda y aburrida, aplaudiendo en el sofá o levitando a kilómetros de distancia, riéndose con una boca deformada desde las alturas. Viéndonos entretenido, sin nada más que hacer que mantenerlo todo o cambiarlo todo. ¿Qué vemos hoy? Cuantos más roles juguemos, cuantos más personajes haya, cuantas más cosas hagamos, más, más, más mejor. El director de la función es ambicioso”


…Y NO ME OLVIDARÉ DE LLEVAR ROSAS A TU TUMBA -PRUSIA ORIENTAL__________________ Ahí estaban ellos. Dos cadáveres sobre una gran cama de gruesas sábanas destartaladas. Recién asesinados ambos, aún ardientes de vida. Humeando. Habían muerto desnudos. Ella yace boca arriba, con los brazos y las piernas extendidas, disparada cada extremidad en una dirección distinta. El pelo de Ella cae suave sobre las sábanas, extenso y largo, desplegado así como se muestra un abanico o la cola de un pavo real. Perla todo su pecho, como la estela que dejaría una lata de tomate frito estampada contra el suelo; la sangre de Él. Las densas y pegajosas gotas habían llegado incluso hasta su pelo. Ella, recién asesinada. Y, a su izquierda, el segundo de los dos cadáveres: Él. Bocabajo y contraído sobre sí mismo, en posición fetal. Aún tenía los puños cerrados sobre las sábanas de la cama, las cuales se arrugaban en torno a sus manos con una expresión consternada, similar a la contracción de extrema tristeza que sufre un rostro que está a punto de romper a llorar a mares. Tal y como Él se encuentra (de espaldas al techo que le ha visto morir), sus vértebras se despliegan como si fueran los escalones de la escalera de su espalda. Yace, pues, encorvado. Él, recién asesinado. No hay luces en la habitación donde ambos yacen. Tan solo existe un tenue destello que se cuela tras una ventana, a través de la cual se observa un cielo gris casi blanco. Al otro lado de los cristales, y bajo aquel cielo encapotado, unos esqueléticos y desplumados árboles negros se agitan al son de un viento que, feroz, trata de arrancarles de cuajo. No lo conseguirá. Por si fuera poco, llueve. Diluvia. Como si el cielo llorase la muerte de ambos. Y su berrinche, el de todas las nubes a la vez, se escucha sordo a través


de los herméticos cristales. El atronador ruido de las gotas de lluvia rompiendo contra el suelo, y las notas musicales que sopla el viento en esa armónica gigante que forman los árboles del patio tras su ventana; todo, sordo. Afuera, pues, la tormenta perfecta. Y decenas, docenas de personas encapuchadas, encapotadas también y vivas; correteando por las calles, resguardándose de las saladas lágrimas del cielo. Adentro, la paz más absoluta. El silencio perfecto. Con tan solo el murmullo de la formidable tormenta tras las ventanas. Y, sobre la cama: ellos. Muertos. Y nada más. Bueno, mentira. No están solos. En alguna parte, quizás un tocadiscos, suenan los Rolling. Y suena, bajito, en aquel silencioso palacio de la ópera en que se ha transformado su habitación… ¿cómo se llamaba? ¡Ah! “Deadflowers”. Sí. “Deadflowers” de los Rolling Stones. Así es. Y entonces, sucede. Lo impensable. Ella, muerta, abre los ojos. Da un leve respiro. Y entonces, vuelve a suceder. Lo impensable, de nuevo. Él, muerto, también abre los ojos. Y los ojos de ambos se cruzan en silencio. Ahí están: dos cadáveres mirándose fijamente. Él, contraído, hecho una bola, con sus afiladas vértebras al viento. Sin soltar las sábanas que mantiene agarradas con fuerza desde el momento de su defunción. Ella, expandida a lo largo de casi toda la cama. Con sus pelos formando una brillante y finísima alfombra. Y con la sangre de él sobre su pecho desnudo. Ambos, recién asesinados. Y mirándose. Entonces, Él recuerda haber leído en algún lugar que aquellos que son capaces de mirarse fijamente a los ojos y sostenerse la mirada durante seis segundos exactos; aquellos son los que están realmente enamorados. Así que Él fija su mirada en la de Ella, en su negra pupila que aún late con violencia, por la conmoción de la muerte reciente. Y su iris, el de Ella, como una corona, brilla a su alrededor. Parece los anillos de Saturno, todos en uno. Aquel iris, hasta parece cambiar de color. Él cuenta en su cabeza: Uno. Dos.


Tres. Cuatro… Pero ella, a punto de llegar casi al final, baja la mirada. Respira hondo. Gira levemente la cabeza. La sangre de Él le pinta también parte de la oreja. Pasan uno, quizás dos segundos. En aquel sepulcral silencio, violado tan solo por el delgado susurro de los Rolling. Y, por fin, Ella dice: —Es la banda sonora perfecta para un funeral. Eso le hace sonreír a Él. —Sí —contesta. Vuelve a pasar un segundo, y sucede de nuevo, por última vez. Ella devuelve su vista a la de Él, y ahí, en silencio, con la canción de fondo y el siseo de la realidad tras la ventana; ambos cadáveres vuelven a mirarse. Entonces, él retoma la cuenta, en su cabeza. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco… Y en el último momento, Él cierra los ojos. Y murieron de verdad. Por fin.


EL RELOJ VACÍO Y OTRAS PÉRDIDAS DE TIEMPO -SUSANA CARVAJALES__________________ MUERTOS EN VIDA “Id, pues, vagabundos sin tregua, errad, funestos y malditos”. Paul Verlaine Otra vez sin sorpresa alguna llegan las negras sombras de los solitarios, que no respetan relojes, ni horarios, aunque sus almas nunca se doblegan. Ni ante los dioses de los que reniegan, ni ante frías amadas o adversarios, odios perennes y amores portuarios, escollos de los mares que navegan. No precisamos los muertos en vida más compañía que nuestro destierro, errando altivos sobre la amplia herida. Poetas malditos, hijos del perro, vagamos en busca de una salida; la sentencia final de nuestro entierro.


NOCTURNO MADRILEÑO Los segundos se escurren como gotas de un viejo grifo roto y oxidado, mientras yo me arrastro sólo y drogado con menos alegrías que derrotas. Mi corazón gris y yo, un par de idiotas recorriendo este Madrid desolado, entre putas, bajo un cielo estrellado, dos almas en pena, dos almas rotas. Qué desidia, qué jodida desgana, tanta mierda y nadie tiende una mano para salir de estas densas arenas. No soy nadie; ni príncipe, ni rana, sapo rey de este asqueroso pantano, tirano monopolista de penas. DÍAS DE CENIZA “No me esperes ésta tarde, porque la noche será negra y blanca”. Gerard de Nerval En los días grises donde me inundo, cuando me torno taciturno y grave, el gozo de mí emigra como un ave y afligido y gris vuelvo al inframundo. Por allí me arrastro meditabundo a Caronte, que conduce la nave, es ciego, mudo y sordo, pero sabe que esta noche voy a lo más profundo. No llores mamá, no llores pequeña. Que mi negra existencia os sea leve. Que el hombre solo vive cuando sueña. Que el fracaso mi recuerdo se lleve. Aunque esta oscura tormenta me enseña, que nadie mira al cielo cuando llueve.


DE LA MANO DEL CREPÚSCULO Despierto a las tantas de la mañana, no creo que sea el mejor momento para ponerse a hablar con el viento de la vida, el fracaso y la desgana. De cada mujer que al final profana mi corazón con su querer sangriento, por no dar al amor ningún sustento al cerrar la puerta abrí la ventana. Y sobre el vano, de pie, me mantuve mientras la vida de mí se olvidaba, hasta que quise abrazar una nube. Y cayendo al vacío recordaba todos los besos que jamás obtuve, todos los besos que necesitaba. LAMENTO En un bosque de sonrisas mis ojos, quemados por la pena lloran nada, porque no lloran sólo sufren cada vez que nadan en mis grises despojos. Parecen ser de sangre, siempre rojos, siempre muertos, negros, con la mirada de dolores y ceniza manchada, un puñado de infelices rastrojos. Sufre mi corazón, sufre mi seso, nada en mí se salvará del fracaso, y no hallo en mi dolor ningún receso. Tú te vas y yo relleno mi vaso, por condenarme con un puto beso, bajo al infierno y subes al Parnaso.


TORMENTO Caminando con Eris de la mano por las calles de mi absurdo tormento (tristes ciudades grises de cemento) me arrastro confuso como un gusano. Perdí demasiado en el juego insano de regalar hasta el último aliento... Pero ahora juego solo y me ausento para ahogarme en mi propio pantano. Perdí la fe y los papeles, los años, la sonrisa y el juicio por engaños y ahora sólo me guío por mi instinto. No creo que nadie vaya a salvarme, que vaya a entenderme o a guiarme, saldré yo solo de mi laberinto.


¿DÓNDE SE HA QUEDADO EL POLVO DEL INVIERNO? -TARIFIT__________________ Hoy es una tarde de esas en que necesitas porque sí escuchar algo pegadizo y emotivo, algo evasivo quizá ruidoso que te haga pensar en cosas que parece que son difíciles y muy complejas y resoplas pero en realidad si te lo planteas tampoco es para tanto porque sabes que la vida ni siquiera es algo importante porque, oye, existen el cielo y todos esos astros que tiemblan colgados, y las tripas rugen por un café que es laxante, ni siquiera hay apetito porque no, ¿y por qué va a haberlo? si llevo toda la vida comiendo. Hoy es una tarde de esas en que el sol se acuesta antes de tiempo pero tú decides de antemano que vas a quedarte más tiempo a pie de la atalaya porque el día no se ha acabado hasta que no te duermes, porque sabes que la fiesta sigue o eso dicen y porque ahí fuera siempre quedan locos comiendo bolitas de corcho y al final se sientan hablando cuatro espectros en lo luminoso de lo que fue el ayer porque ahora solo son como órganos y su voz brama en estadios de fama que se esconde desconocida entre escombros de obras. Hoy es una de esas tardes en que todo ruido que está sordo grita como si saliera del espacio y fuera la última vez y las ondas electromagnéticas de los microondas se hubieran compinchado para comerte las neuronas, es raro como un fundido en gris y no en negro, como una noche en blanco, como cuando el sol sale y la luna sigue ahí y hay quien se sigue preguntando por como Dios se las apaña para seguir con el juego de girar los hemisferios y por qué somos tan diurnos si podríamos ahora mismo ver a oscuras con lentes termoluminiscentes, como los gatos en celo y hacer el amor con esas gafas que seguro que da morbo, mucho morbo verte en blanco y negro y darte además la vuelta a las carnes y a los pechos con los dientes afilados de sudor. Hoy es una de esas tardes en que el mundo le baila al futuro y más allá solo hay un abismo de nervios y trajes y chalecos, y además, bueno, qué más da, de


los contenedores salen estrellas vomitadas a kilómetros hora y se las llevan antes de que te des cuenta esos que rastrean la calle cuando nadie mira con sus carros de arrastrar chatarra y esos coches, válgame Dios, esos coches invencibles que se mueren a cachos y se caen las cintas de casete cuando aceleran, y se inundan, se inundan con charcos de cieno cuando llueve más de la cuenta. Hoy es esa tarde partida de dados que avecina un invierno extraño, y el olor a castaña asada sale de un horizonte que es como una caja de los horrores, que nadie se atreve a abrir pero siempre está la curiosidad del “pero y si”- ¿y si reventásemos todos los espíritus de heno que no sirven más que para tapizar el suelo que de madrugada limpian los barrenderos?- y las escaleras mecánicas hoy se han tragado a dos indios, a uno le han cazado partiéndole la espalda, lo han dicho en las noticias de la uno, que están compradas, o eso han dicho en una gaceta internacional que igual también lo está o igual no, es fiarte o no de lo que dicen. Hoy es una tarde que hace ver ese tipo de frío azul ultravioleta que quema y reconforta aunque los fuegos y los barriles de obreros en la obra no se hayan prendido todavía ahí afuera y anda que no hay cosas en la vida para observar si lo piensas bien, pero si miras con detenimiento en realidad quizá no haya tantas, igual resaltaría esas letras que descifran a voces ahorcadas calladas a golpes el secreto de la literatura a la inversa y algún graffiti y otro escaparate que llama la atención y también puede que alguna especie de animal raro en peligro de extinción y paisajes de roca que te catapultan si te resbalas hacia sus fauces y para acabar, habría que considerar ese par de ojos transparentes y verdes y castaños y mar que parten las retinas si te miran solo de reojo al reírse y te hacen desear ser creyente de una religión sin dioses pero no mucho más. Ve a preguntar a un ciego a ver qué te cuenta de las sillas de ruedas, pregúntale por el canto del silencio que escuchan al ser de día, por el tacto de la sangre que no se ve pero sabe, por las venas hinchadas que hablan en braille. Hoy es una tarde de esas. Supongo que es bastante difícil de explicar. *** En el mismo banco del mismo parque se sienta y duerme desde hace tres años el mismo mendigo con su mismo perro sarnoso y los mismos mantones sucios y el mismo cartón de vino. Cuando le vi por primera vez iba bastante aseado, pero poco a poco empezó a estar cada día más desaliñado. Barba larga, ropa manchada, dientes amarillos de sarro, aliento a cadáver descompuesto. Lo que puede cambiar a uno el vivir en la calle, pensé. Pobre hombre, comentaba el vecindario. Una cotilla me sopló que alguien le había


contado que era un desahuciado. Pero no te creas, nadie le ayudaba. Ni siquiera yo. La solidaridad no está a la moda. A veces le di los buenos días. Todo daba bastante pena. Al final resultó ser un espía estadounidense. *** El otro día lo dijeron y puede ser verdad, y es que sería maravilloso que viviéramos en un agujero negro. Esa figura tan temida desde que fue descubierta, unos orificios que se tragan todo lo que se les acerca y más. No escatiman en ser voraces, y engullen asteroides, cometas, incluso galaxias enteras. Se mueren por comer. A la gente le entra angustia existencial y suspiran y esas cosas cuando los echan por la tele en algún documental. Y de ahí a que ahora digan que puede que estemos en uno. Me encanta. Puedo presumir de haber nacido dentro de un agujero negro. Lo voy a escribir con un cúter en el carnet de identidad. Porque casi le veo más lógico que ponga “Agujero Negro” en el lugar de nacimiento a “España”. Compáramelos. Imagínatelos en una pelea cuerpo a cuerpo. “España contra el Agujero Negro”. Menudo cartelón. Pues obviamente ganaría el Agujero, aunque España gastaría antes toda su munición en pelotas de goma. Seguro que al Agujero le saben de rechupete ahí, tanta pelotita y tanta historia. Le daría tiempo hasta a untar España con kétchup o salsa barbacoa, que personalmente la prefiero, pero para gustos los colores. ¿Qué sabores le gustarán al Agujero? Bueno, que me desvío. Después de absorber a este país seguro que le saldría algún eructo bien gordo y ya está. Sin problema. Y se iría andando a su esquina del cuadrilátero mientras el público grita ánimos y tal y suena el clínclín de la victoria. De noche mamaría como si no hubiera mañana de la botella de whisky o de absenta y se iría de putas. Fin. Para que veas lo que le importa un país a un señor Agujero Negro. Eso sí. Lo que me da miedo ahora son las noches de estrellas. Antes imaginaba que sobre mi cabeza tenía el universo entero. Ahora no me termina de quedar claro nada. De nada. Es decir, ¿qué indica la Osa Mayor?


CONSTANTINOPLA -TRUECO__________________ Manteco empezó el día alegre. Había disfrutado de un sueño especialmente profundo aquella noche y al despertarse estaba fresco y dispuesto. Desayunó como no solía hacerlo, comiendo mucho y variado. Salió a la calle canturreando y decidió dar un paseo hasta el trabajo en vez de coger el Metro. Un día tan bonito merecía ser disfrutado. La música le acompañaba y el sol le calentaba la nuca, y durante un cuarto de hora se fijó en los brotes verdes que empezaban a salir de los árboles desnudos. Al girar una esquina se cruzó con Mocoso, un compi del curro que se encontraba en las mismas que él. —¡Eys! —Buenas. ¿Qué tal? —¡Qué mañana más cojonuda! ¿No crees? —le soltó Manteco. Después de un invierno tan frío y lúgubre, esa mañana le fascinaba todo—. Te juro que llegué a pensar que no volveríamos a presenciar un día cálido y soleado. —La verdad es que da gusto. Cuando ya te olvidas de qué es lo que la gente llama buen tiempo y de repente se te aparece así, sin previo aviso… Me recuerda a esos días cuando éramos niños en los que absolutamente todo nos maravillaba —A Manteco le caía bien su colega. Siempre tenía una excusa para romantizar su propia existencia—. Hablando de maravillarse: El otro día fui con unos amigos de la oficina a un espectáculo de magia e hipnotismo ¡Qué cachondeo! El tío tenía pinta de faquir y no paraba de clavarse cosas por todo el cuerpo. —¿Y no sangraba después? Éso siempre me ha llamado la atención. ¿Cómo leches se las arreglarán para atravesarse un brazo y luego no soltar ni una gota de sangre? —Nada nada, el hombre estaba como si todo aquello no fuera con él. Se atravesó los brazos y las piernas con semblante impasible. Luego cuando empezó a hipnotizar a gente fue un descojone. Pocas veces me he reído tanto en mi vida. A un niño le hizo creer que era una serpiente y el muy hijoputa reptaba por el suelo con una maestría absoluta. También Había una señora de las de permanente teñida y arrugas empolvadas que era una delicia. El faquir la durmió y cuando se despertó creía que era un hombre al que le habían hecho un cambio de sexo sin su permiso. ¡Se puso histérica! No paraba de gritar: “¿Qué cojones le han hecho a mi pene? ¿Por qué soy tan viejo? ¿Qué hago con


las putas uñas pintadas? ¡¿Y con putos tacones?! ¡Parad de reíros cabronazos!” y todos nosotros en el público a mandíbula batiente, algunos llorando del ataque de risa jajajaja. ¡Qué noche! —Me hago una idea de la escena —respondió Manteco divertido—. Siempre he querido ir a algún espectáculo de magia o por el estilo, pero nunca he terminado haciéndolo. Me parece que alguien que se dedica a hacer algo tan divertido como vacilar al personal y que además pueda decirse de él que le devuelve a un mundo hipócrita la incredulidad de un niño… Esa persona se merece mi respeto. Hay también canciones o discos, o incluso pelis que tratan estos temas y que son una pasada. A mí me encanta una de Woody Allen como de detectives de los años 50, pero que va de hipnotismo y eso. ¿Cómo se llamaba...? ¡Ah! La Maldición del Escorpión de Jade. Qué buena. Y la palabra que usaban para dormir a la gente… ¿cuál era? Recuerdo que cuando vi por primera vez la peli pensé que todos los hipnotizadores del mundo deberían usar esa palabra y sólo esa, porque era perfecta. No sé, fue la impresión que me dio… ¡Constantinopla! ¡Ésa era la palabra! Constantinopla. Si señor. Tiene una musicalidad curiosa… ¡¿Mocoso?! Manteco estaba sin palabras. Su amigo se había quedado clavado en mitad de la acera. Empezó a bizquear los ojos y a encorvarse, al tiempo que se quitaba toda prenda de ropa y soltaba grititos agudos. Los aspavientos de Mocoso asustaron a su amigo, que se encontraba completamente paralizado a su lado. ¿Estaba teniendo convulsiones? ¿Un ataque epiléptico tal vez? ¿Qué coño le pasaba a su compañero? Manteco estaba aterrorizado como no lo había estado nunca. Le temblaba todo el cuerpo en su rigidez. Mocoso estaba ahora dando brincos a cuatro patas, berreando como si le acabaran de parir y babeando por todas partes. Uno de estos saltos le llevó a la mitad de la calzada, donde un BMW le atropelló al segundo y no dudó en darse a la fuga. No hace ni dos minutos, el pobre había estado riendo y recordando una noche de juerga, y ahora era sólo una piltrafa tirada al final de un reguero de sangre. Manteco seguía inmóvil e intentaba procesar lo que había presenciado tan bien como podía. Debía asegurarse de que no había perdido la cabeza. Bajó la vista. Se había meado encima. El charco de pis se acercaba peligrosamente al maletín de su compañero, así que se apresuró a recogerlo. Empezó a andar calle abajo con el maletín en el pecho, como si pensara que le protegía de caer fulminado en el momento. Con cada paso tenía que tomar la decisión de dar el siguiente o no. Al fondo se acercaba una sirena con la intención de despegar a Mocoso del asfalto, pero eso ya poco importaba. Él siguió con la vista al frente, sin pestañear. Su cerebro echaba humo.


¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha pasado? ¿Qué significa todo esto? ¿Es una coincidencia? ¿Hay alguna finalidad? ¿Por qué yo? ¿Por qué Mocoso? ¿Por qué hoy? ¿Por qué en esta calle? ¿Qué va a pasar ahora? ¿Me ocurrirá lo mismo a mí? ¿O no? ¿Por qué se ha puesto así? ¡Mierda! Una pregunta le llevaba a la siguiente y ninguna le proporcionaba respuestas. Así anduvo durante media hora, tembloroso y confuso. Avanzó bien poco y sin saber la dirección. No obstante las preguntas cambiaban sutilmente. ¿He sido yo el responsable? ¿Pero qué he hecho? ¿Puede ser que le haya matado? ¿Pero cómo? ¿Ha sido lo que le he dicho? ¿Habrá sido lo de Constantinopla? ¿Cómo voy a matar a alguien con palabras? ¡Con una palabra! ¿Seré la única persona a la que le ha pasado esto? ¿Estará relacionado con el espectáculo al que fueron? ¿Tendrá que ver conmigo o con Mocoso? Pero si es cosa mía. ¿Cómo puedo saberlo? ¿Podría evitarlo? ¿O controlarlo? Manteco aceleró el paso afianzando una zancada de cuando en cuando. El terror inicial se estaba esfumando, muy poco a poco, y aunque todavía se encontraba más que inquieto, se permitió mirar el día con otros ojos. Se fijó en dónde estaba. Su trabajo era el siguiente edificio. Se apoyó en una pequeña tapia en el interior de la acera, dejó el maletín de su amigo en el suelo y se metió las manos en la chaqueta. Una sacó el paquete de tabaco y la otra un mechero. Ambas temblaban como condenadas. A duras penas consiguió encenderse el pitillo, pero inhalar el humo le sentó de puta madre. Una, dos, tres caladas y las manos parecían haberse calmado un poco. Su mente también. Decidió pasarse por el curro. Ver cómo estaba la situación en la oficina. Otra gente había ido con Mocoso al espectáculo, así que a lo mejor alguien sabía algo. Bien. Recogió el maletín y se dirigió al edificio. Cuando entró caminaba de nuevo sin prisas, pero esta vez disfrutando del tacto de la suela contra las baldosas. Saludó a Maca, la recepcionista, y se dirigió a los ascensores. Ya en uno de ellos apenas se podía contener. ¿Qué se encontraría allí arriba? ¿Pasaría lo mismo que con su compañero? Quedaban dos pisos y los nervios se iban acumulando. Un piso. Las puertas se abrieron y detrás de ellas apareció su jefe, que señaló a Manteco con dedo acusador y le espetó: —¡Constantinopla!


“NO” COMO RESPUESTA NATURAL -VRAULIO GINÉS DE GEBILLÓN__________________ No es debido al tiempo que llevamos esperando. Ni por la virginidad de nuestra democracia. Ni que ellos piensen tener el poder en sus manos. Ni por ser las voces de la conciencia colectiva. No es porque manipulen y avalen lo que maten. No es por ser su justicia forma de represión. Ni porque intenten encarcelar ideas pensantes. Ni a que el pasado sea razón de concienciación. Nos hacen retroceder a la venganza humana escondiendo toda su mierda bajo una manta, sembrando odio en el pueblo que se queda sin nada por ser los inocentes de su historia bastarda. No quieren ver movimientos intelectuales, ni que nadie reivindique un sentimiento libre, ni que se abarrote un día de ideas las calles, ni que luchemos en contra de sus directrices. Piensan ser cobardes hasta los últimos días, hasta que caigan tiesos en su ahogada agonía, hasta que agotando sus vidas en garantía mueran por el miedo de nuestra lucha infringida. Por sembrar el odio en todos nosotros y el pánico, semillas de angustia y el origen de la rabia. Caerán abocados a su hundimiento en silencio cuando de fosa en fosa recojan sus semillas.


Cantos que recuerdan nuestras voces. Letras de Larra, justiciero de nuestros títeres, de su sentimiento impune a los actos atroces, de su cuento inmerso de mentalidad rebelde. Cantos de aquel que nació en un mundo analfabeto, que con sus manos dibujaba puños en letras, acabó viviendo y muriendo en dignidad de preso liberando ideas oprimidas en su celda. Les intimida que aún hagamos la lucha nuestra. Que aún en estos días busquemos dignidad entre Lorca y todos los abuelos poetas que lucharon para no ser del pasado víctimas. Pero todavía el pasado inunda las casas. Hoy tenemos sus orígenes de autorretrato vestido de hipocresía y mirada manchada. Hoy pretenden mantener al pueblo callado. Y no es porque secuestren el voto de la gente, ni porque hagan de nuestra democracia un insulto, ni a golpe de disturbio nos hagan sus rehenes, ni porque hagan su religión doctrina de inculto. Es porque aún sus versos de vida siguen escritos: "Escriben a la lucha, siénteme en la trinchera: aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, y defiendo tu vientre de pobre que me espera". No son ellos quienes dilapidan nuestra fuerza, ni los que dirigen al sumiso en un camino. Somos todos los presentes de hoy la única prueba, los que reconvirtamos juntos el miedo histórico.


FIN

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