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“mis 70”


70 a単os de

vividos

recuerdos


“Que tu vida no sea una vida estéril. Sé útil. Deja poso”. Sin querer queriendo, esta conocida frase de quien podríamos apodar como el “patrono” de nuestra familia, San Josemaría Escrivá de Balaguer, fue, en cierta forma, lo que intentamos hacer en este libro, que con mucho cariño le regalamos a nuestra mamá, abuela y suegra para sus 70 años. Porque más que contar su historia en forma objetiva, es decir, narrando lo que ella hizo o no hizo en estas siete décadas que hoy celebramos, les pedimos a quienes han compartido en distintos momentos y circunstancias de su vida con ella, que nos contaran sobre lo que sentían y recordaban de sus vivencias con ella. Las decenas de “cartas”, repletas de anécdotas y afectos, que recibimos, no sólo han servido para reconstruir su pasado, sino sobre todo para plasmar en el presente el tremendo “surco” que ha dejado. A nosotros, su familia, nos deja la vara muy alta. Su “poso” nos llena de orgullo y admiración. Creo que para todos quienes participamos en este libro, el ejercicio que supuso parar, recapitular, pensar y escribir lo que el día a día no nos deja percibir o procesar, ha sido muy fructífero. No descubrimos, pero sí calibramos, el tremendo influjo de Sylvia Ravera. Esperamos que disfrutes tu libro y estés orgullosa de lo que, con la gracia de Dios y mucho esfuerzo de tu parte, has logrado, o más bien cosechado, en estos 70 años de vívidos recuerdos.

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índice 6 LOS PRIMEROS AÑOS 20 Del colegio, a la universidad y ¡AL ALTAR! 28 CUATRO NIÑITAS Y UN MONTÓN DE AMIGOS 32 SALUDOS DESDE EL TRÓPICO 38 LAS JOYAS DE LA CORONA: SU FAMILIA 56 MUCHO MÁS QUE ESTAS CUATRO NIÑITAS 68 MUCHOS MÁS RECUERDOS 76 EPÍLOGO

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Los

primeros

años El 19 de febrero de 1944 nació en Santiago la primogénita del matrimonio Ravera Biscontini: Sylvia Elena. Educada bajo el rigor de Nemesio, su padre –hijo de inmigrantes genoveses que postergó sus estudios de arquitectura por forjar fortuna-, y la finura de Julia -también hija de italianos radicados en Argentina y ejemplo de femineidad y elegancia-, Sylvia creció junto a sus dos hermanos: Ana María y Ubaldo, en la por todos conocida casa de Cruz del Sur. En este moderno y vanguardista chalé de los años 50’ convivían los mimos y delicias que preparaba la Marta, junto con las exigencias, orden y obligaciones que desde un comienzo -y siempre- han sido su eje central. Sus veraneos en El Tabo, sus años escolares, su pasión por el “Rey del Rock” y varios episodios más recuerdan en este capítulo sus hermanos, primos y amigos.

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todo sobre aquellos años en que compartía los chocolates Bozzo “Hay una GRAN CELEBRACIÓN y estamos invitados a participar. ¿De qué se trata? De festejar el cumpleaños de la Sylvia. Desfila toda nuestra vida en mi memoria, pero, ¿cómo resumir todos esos recuerdos en unas pocas líneas? Difícil, pero lo intentaré. Al llegar yo, recién nacida, al departamento de Bustamante, ella debe haber estado ahí, mirándome: mi hermana mayor. De ese tiempo no tengo recuerdos, sólo los cuentos escuchados de que Ubaldito abría las ventanas, se asomaba y tiraba juguetes hacia abajo, por eso nos cambiamos a la casa de Mamerto Cádiz 850. De esa época, sí me acuerdo. Estaba la Marta, siempre presente, con una sucesión de ayudantes (Luisa, Albina…) y siempre amable y protectora. Recuerdo nuestros desfiles por el pasillo con letreros de propaganda para Ibáñez, candidato presidencial, y la molestia de nuestro papá, que prefería a Matte. Una vez hicimos una “pileta” en la tierra del jardín trasero, para un pato que alguien llevó a la casa, y por más que lo intentamos, él no quiso meterse en ella. ¡Oh, sorpresa, al despertar al día siguiente, el pato estaba tranquilamente instalado en el agua! No sé por qué nos daba tanta risa cuando Hugo cantaba el pintor de los angelitos negros; nos escondíamos detrás del sofá del living, el mismo que ahora está en el fundo La Obra, para que no nos vieran. Su bicicleta celeste era espectacular y yo tenía un triciclo. Andábamos en la vereda, bajo la mirada atenta de la mamá y jugábamos con las vecinas. Nos visitaban los abuelos, el nonno Ernesto, los tíos, la tía Benilde, los Brusoni…

1950, los 5 nietos biscontini junto a sus abuelos raymundo y rosa.

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A fines de 1954 nos trasladamos a Cruz del Sur, donde siempre compartimos pieza. Lo pasábamos bien. Nos íbamos juntas al colegio, en trolley, y siempre me sentí muy protegida. Disfrutaba cuando ella sacaba el sombrero del uniforme por la ventana al llegar al paradero en que estaban la Flor y la Adriana, sus amigas, avisándoles que veníamos en ése, para que se subieran. No me olvido de la sorpresa de la “receptora” de un helado, dirigido a la Sylvia, de parte del dueño de la heladería (¿La Triestina, se llamaba?) que estaba en la esquina de Providencia con Tobalaba. El pobre estaba platónicamente enamorado de ella, y quería regalarle el helado, pero ella, mientras él lo preparaba, ya se había alejado. En las tardes, los tres hermanos hacíamos las tareas, que eran


“Siempre la admiré.

¡Era mi hermana grande!” muuuuchas, en la misma mesa, con la compañía y supervisión de la mamá. No recuerdo haber llegado algún día a la casa en que ella no estuviera.

1948, las dos hermanas: Sylvia y Ana María.

En el jardín jugábamos bádminton, al alto y otros juegos no electrónicos de la época. Los fines de semana, había actividades en el Stadio Italiano y, a veces, paseos o campeonatos de bochas fuera de Santiago. Los sábados en la mañana, venía doña María de Riveros a hacernos clases de piano. ¡Qué lata! ¡Eran obligadas! Hasta que un día, la Sylvia se rebeló. Eran frecuentes las visitas a la casa de los abuelos Biscontini. También visitábamos a los tíos Ubaldo y Dora, a los Martini y a los parientes Ravera, especialmente la casa de la Italia, que siempre estaba llena de gente: la tía Felicitas (su mamá), sus hermanas, primas y sobrinos. Los más cercanos a nosotros por edad eran los Figari y las Iglesias, luego la Titina, por la amistad de los padres y, por supuesto, las hermanas Kerestegian. Con ellas compartíamos también los veraneos en El Tabo (más detalles sobre sus vacaciones a continuación). Imposible no mencionar nuestro viaje a Buenos Aires, en el auto de carrera, para que lo preparara Juan Carlos Navone. La mamá no quiso ir en ese auto tan incómodo, así que fuimos los tres hijos con el papá. Yo me empecé a marear en la cordillera, sentada en el asiento trasero, que era una banqueta de madera con un cojín, y la Sylvia se sentó atrás, para dejarme su lugar. Como era muy alta, se pegaba en la cabeza contra el techo del auto por los hoyos que había en el camino. ¡Cuánto nos reíamos cuando paramos en un taller en Argentina, por un desperfecto, y el mecánico le decía al ayudante “Dale, Poroto, pará, pará, Poroto!” Por supuesto, visitamos a las tías Benilde, Gioconda y Susana y a los Dobón, con quienes fuimos al Tigre. En la adolescencia vinieron los grupos en la puntilla, los bailoteos en el Hotel El Tabo y el Bilbao, con el grupo de veraneantes habituales y la Semana Tabina con su fiesta de disfraces. (Años después, la Valeria ganó la carrera de guaguas gateando en la Semana Tabina, porque la Sylvia se puso a llamarla desde la meta, y no al lado de ella, como hacían las otras mamás con sus guaguas.) Cuando el papá dejó de tener que trabajar tanto y podía ir más a El Tabo, se hicieron tradicionales las visitas a los amigos italianos a El Quisco los fines de semana y los asados. Al principio, eran en el suelo, hechos por don José Macchiavelli, y luego se modernizaron, con parrilla transportable y el chef era don Nemesio. La

carne era espectacular, conseguida con los Brusoni, y nunca más he visto esos entrecotes. Clientes frecuentes eran el nonno, los tíos, Tito y Margarita, los vecinos Smith, los amigos que venían desde El Quisco, Nervi, Odone, Sillano y compañía, y tantos otros con los que compartimos. Pablo también participó de esas reuniones tabinas. Llegaba los fines de semana con chocolates Bozzo de regalo para la Sylvia, y ella, generosamente, los compartía con nosotros. Memorables eran las expediciones de pesca a Algarrobo Norte o a Tunquén. Siempre la admiré. ¡Era mi hermana grande! Con el pasar del tiempo me di cuenta de que la diferencia de edad era bien poca, pero cuando éramos chicas, lo que ella hacía y decía era muy importante para mí. Admiraba su seguridad en sí misma, su buena salud (yo pasaba enferma), su éxito escolar, su cantidad de amigas, su “quinteto” del colegio, su fuerza de voluntad y determinación para conseguir lo que se proponía; cuando crecimos, sus fiestas en la casa, en las cuales nunca faltaba algún recién llegado que se caía a la pileta del living, sus amigos, su capacidad de organización, sus premios en la universidad y, finalmente, se casó con “uno de los nuestros”. Era como el broche de oro. Mi admiración no se quedó en una etapa infantil. Sigo pensando que es la mejor hermana que se puede tener. Hemos mantenido una excelente relación siempre, y espero que continúe así, por otros 70 años”.

Ana María Ravera, su hermana.

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El postre con maicena de la abuela Rosa “Querida Sylvia: en este día tan especial quiero compartir contigo esos maravillosos recuerdos de nuestra infancia en El Tabo. Esos veraneos que disfrutábamos al máximo los cinco primos. Te recuerdo como una niñita muy linda, de nariz respingada, con un pelo brillante y dócil. Todos los días bajábamos a la playa, a la carpa que nos cobijaba, y tú te bañabas en el mar congelado y siempre decías ¡está tibio! Si estaba nublado, nos íbamos cada una con su balde a las rocas del frente para pescar el máximo de peces. De vuelta en la casa los depositábamos en frascos, les poníamos nombres… los más creativos y diferentes eran los tuyos… y al poco andar ¡¡¡se morían todos!!! Tú, con tus excelentes argumentos de persuasión, convencías a mi mamá y a la tía Julia para que nos llevaran de picnic a La Puntilla. O los que hacíamos en la Quebrada de Córdoba, esas siete curvas a la bajada eran una aventura espantosa. Llenábamos baldes con moras y traíamos para la casa sapos y ranas, las que después poníamos en la pieza de la nana... Y, cuando se acercaba el 11 de febrero, el Día de Nuestra Señora de Lourdes, cortábamos azucenas del jardín, nos integrábamos a la procesión, subíamos el cerro para llegar al altar de la Virgen cantando el “Venid y vamos todos”. Tengo también tantos recuerdos relacionados con la comida gracias a nuestra abuela Rosa, que se la pasaba en la cocina. ¿Te acuerdas del postre con maicena que nosotros bañábamos con leche condensada? Bueno, Sylvia, que el Señor, con su inmenso Amor y Misericordia, te acompañe, te acoja y regalonee cada día de tu vida, en la persona de Pablo, hijos, nietos y familia y amigos que te quieren y admiran, como una mujer de grandes valores, fuerza y tesón. Recibe un beso y abrazo grande”.

Alexandra Kerestegian, su prima. Enero de 1950, El Tabo, Sylvia. abajo Ana María, María Angélica, Alexandra y Sylvia.

“...te recuerdo como una niñita muy linda, de nariz respingada, con un

pelo brillante y dócil” 10


“Los veraneos en El Tabo”

Las representaciones que dirigía el abuelo “Eran estadías largas, de todo el verano, con la abuela, cariñosa y acogedora, y el abuelo, que nos dejó bastante pronto, pero que se dedicaba a preparar unas representaciones con canciones inventadas por él, para que las actuáramos delante de los papás que llegaban el fin de semana. ‘Don Nemesio corre en auto de carrera, mejor sería que corriera en la perrera’. ‘Oh, señor Colón, oh, señor Colón, fíjese cómo está el mundo, Oh, señor Colón’

1952, El Tabo, Ubaldo, Ana María, Alexandra, Sylvia y María Angélica.

En la mañana íbamos a la playa y después de almuerzo jugábamos en el patio, mientras los adultos dormían siesta. Juegos recurrentes eran ‘el tapa hoyos’ y ‘el balneario’, con las muñecas. Hacíamos distintos paseos: a la Quebrada de Córdoba, a las rocas de Las Cruces, a la Virgen, al Vivero, a las rocas frente a la casa o simplemente jugábamos en la Terraza. Íbamos a Cartagena o a San Antonio a comprar lo que se necesitaba: remedios, lana para tejer, pescado, y también visitábamos al nonno que tenía casa en Cartagena. A pesar de no tener luz eléctrica y de la escasez de agua, éramos niños felices. Año por medio, venía la tía Benilde. Era una fiesta. Durante el año había una frecuente comunicación con ella, por carta, y con los libros y revistas que nos mandaba continuamente, pero veranear con ella,era muy entretenido. Después de las actividades del día nos juntábamos en la galería a ver la puesta de sol, y la abuela, la tía Benilde, la tía Queca y la mamá tomaban mate”.

Ana María Ravera, su hermana.

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Su pasión por Elvis “FANÁTICA con mayúsculas de Elvis Presley. En un noticiario UFA (alemán) que vi en la matiné del cine El Golf, a donde iba con mis amigos casi todos los domingos, pues la serial no se podía perder y TV no existía, vi la noticia del fanatismo de las lolas de la época ante Elvis, que gritaban y se desmayaban. Se lo conté a Sylvia y su respuesta me dejó off side: ‘Si yo estuviera frente a Elvis, gritaría más que ellas y creo que también me desmayaría’. Había un programa de música popular en la radio, de un discjockey llamado Ricardo García, que se llamaba ‘El Tocadiscos’, en que se presentaba a 15 canciones, se llamaba a 10 auditoras por teléfono, quienes elegían una canción, que era tocada entera, y al final, entre esas 10 participantes, había dos ganadoras de ‘un disco 45 single a elección, en Hoyl, la disquería de Providencia’. Bien malo y rasca el premio, pero intentaban participar y ser llamadas todas (100%) de las lolas de Chile, y el programa era seguido por ese mismo 100%. Recuerdo que Sylvita mandaba cartas todo el tiempo, y nada. Al fin y al cabo, se recibía miles de ellas todos los días en ese programa... y dije bien: POR CARTA. La llamaron… euforia total, nervios a mil, esa tarde de día de semana le tocaba a su voz decir… ’el cinco, el ocho o el doce’, y no era más, pues todo el resto se lo hablaba García. Preparativos hubo muchos, y me imagino que desde que se supo seleccionada hasta esa tarde no durmió. Teníamos teléfono ‘dos por línea’, y si se llamaba y estaba ocupado, perdía la oportunidad, por lo que fue a la casa de los que compartían nuestra línea, en Neverías con Cruz del Sur, para que por favor no ocuparan la línea de 18 a 19 horas, pero la familia Roth, nuestros dos por línea, estaba compuesta por 4 niñitas menores que yo, que jugaban todo el día con el teléfono y lo dejaban descolgado… qué nervios. Nombraron las canciones participantes, y decidió que iba a pedir la Nº 5, de Elvis... ‘Don´t Be Cruel’. Empezó el programa, y no la llamaban. Estábamos en el repostero los tres hermanos, atentos. Zas… otra participante eligió la canción… maldición. Sólo había otra de Elvis: ‘Teddy Bear’, y debía ser de él… ‘vamos a llamar a Sylvia Ravera’ ...suena el teléfono en el escritorio, albricias, el dos por línea respetó lo

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solicitado, y con Ana María pegados en la radio en el repostero, para escucharla decir su elección. La eligió, y le estoy viendo la cara de vuelta desde el escritorio para que le dijéramos cómo había ‘sonado’. GANÓ UN PREMIO con ‘Teddy Bear’. Y ‘Don´t Be Cruel’ no ganó. Eso si, a cobrar su disco 45 a elección fue no sé con quién, seguramente desde el colegio con amigas, y no van a creer el disco que eligió… uno de Elvis Presley, ‘Hotel Nostálgico’”.

Ubaldo Ravera, su hermano.


“El Quinteto de la Muerte: Yazigi, Brunner, Pérez, Pairoa y Ravera” Cuando la mayor preocupación era a quién invitar a la fiesta

Los postes de cruz del sur, precursores del poledancing…

“Querida Sylvie: Qué privilegio poder saludarte en este cumpleaños después de tanto tiempo, a estas alturas de nuestras vidas. Aunque han pasado ‘algunos’ años, hay recuerdos que siempre tengo presentes. No me olvidaré de la época en que nuestra preocupación más grande era a quién invitaríamos para la próxima fiesta (tengo a varios de ellos en la memoria, pero tú sabes quiénes son, prefiero no nombrarlos...).

“Dear Sylvie: es increíble que haya pasado tanto tiempo desde que compartimos una parte de nuestra vida. Me ha encantado recordar esa época. Bonnie, Marcela y Margarita. El trolley, el guante, el helado de plátano de La Triestina que tu general y generosamente me convidabas. Las fiestas de los sábados con vestido nuevo siempre, el vestido trapecio de la Marce, su baile del poste en tu casa (precursora del poledancing) Elvis Presley y Johnny Mathis, la misa en Santa Elena, casi me olvido del “conversation book” y de Duchess of Velasco. Lo vi hace poco en el Parque Arauco y estaba bastante bien, todo blanco por supuesto, pero canchero aún. Ahora que la vida nos ha dado un poco de todo, es bueno recordar ese tiempo con distintas alegrías.

Tampoco olvidaré el cariño de tu mamá y de ‘Nemesio’ para recibirnos en tu casa de Cruz del Sur. Hoy con gran pena no nos acompañan nuestras queridas amigas Margarita, Marcela y Bonnie, a quienes siempre recordaré comiendo en el recreo su sándwich de pan con Herzegovina, que nunca supe bien si era paté o algo más raro... Te deseo miles de cariños y felicidades en tu día, junto a tu bonita familia que has formado. Tu amiga de siempre”.

Deseando que cumplas muchos más, un gran abrazo y Feliz Cumpleaños”.

Patricia Pairoa, compañera de colegio.

Ximena Reyes, compañera de colegio.

(alias “Chimène Rois”, como me decía la Marcela)

1955, Sylvia, Gloria Orsini, ingrid Harmsen, Patricia Pairoa, Gloria y Maruja Aránguiz, Alexandra y María Angélica, Eduardo Ravera, Ana María, Natividad Fernández, Mónica Iglesias, Ubaldo, Johny Fernández y Ana María Iglesias.

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“HABÍA CONOCIDO A UN verdadero partido: hijo de italianos, muy buenmozo y para colmo ¡con camioneta roja!” granada: Viaje a Europa con sus papás en 1961.

La mirada “desde abajo” de otra ex Dunalastair “Durante muchos años la Sylvia me miró muy hacia abajo. Al menos así lo sentía yo. No sólo era alta y yo no, sino que estaba muchísimo más arriba que yo en el colegio Dunalastair: tres o dos años, lo que en esos tiempos constituía una inmensidad. Sí. Era “muchísimo” y no se solía considerar a las menores. Pero la conocí muy de cerca. Su hermana Ana María siempre fue mi mejor amiga y yo iba seguido a la casa de los Ravera, de donde recuerdo por supuesto a don Nemesio y a la señora Julia, a Ubaldo. Pero también a la abuelita, a la tía, a las primas (y a tíos Ravera), a la Marta, al Zambo, que siempre nos miraba amigable desde sus ojos de bóxer, y a quien tengo en mis recuerdos nostálgicos muy unido al Alfa Romeo que estaba ahí estacionado en el garaje de Cruz del Sur. Tampoco se me pueden olvidar los peces de esa pileta mágica que nacía en el living y terminaba en el jardín. Hasta que por fin me sentí grande. La Sylvia, que estudiaba Derecho en la Universidad Católica, nos encargó una misión: había conocido a un verdadero partido: hijo de italianos, muy buenmozo y para colmo ¡con camioneta roja! Se llamaba -y se llamaPablo. El matrimonio Ravera Biscontini decidió llevar a la hija a Europa y ella nos pidió que le escribiéramos cada vez que viéramos a Pablo. Cumplir el encargo a la perfección resultó ser muchísimo más decisivo para nosotras que los ramos en inglés y castellano con que nos atiborraban en el colegio.

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Y lo veíamos pasar por Providencia esquina Luis Thayer Ojeda (donde estaba el Dunalastair) y hasta recuerdo -no sé si sería un sueño- que una que otra vez se detuvo para llevarnos con la Ana María en la mismísima camioneta roja. Entonces nos librábamos del trolley. Inmediatamente y obedientes, informábamos. Después supe que la Sylvia se había sacado tres coloradas en el examen final de Derecho. Nuevamente se me distanciaba para idealizarla. Ahora, desde hace ya unas décadas, por fin la he reencontrado. La veo a cada rato y somos amigas. Recordamos esos tiempos. Hay una complicidad que tiene sus raíces en esos años lejanos y también de deliberada distancia entre nosotras (¡si no me saludaba en los recreos!), en que para decir la verdad, nos daba a la Ana María y a mí muy poco boleto. ¡Y qué importante ha sido para mí conocer a la verdadera Sylvia, aunque éste no sea el instante para echar piropos! Gracias por permitirme hacer estos recuerdos ahora que Sylvia cumple setenta años de vida. Nosotras, con la Ana María (aunque ella lo niegue) venimos muy luego… porque al fin de cuentas no era tanta la distancia cronológica”.

Lilian Calm, amiga de su hermana Ana María


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Del colegio, a la universidad y

¡AL ALTAR! Su mejor caso ‘sin duda’ ha sido su matrimonio y la gran familia que junto a Pablo Scagliotti ha formado. Porque ni las tres coloradas en el examen de grado, premios Tocornal, Montenegro y los grandes esfuerzos (no precisamente intelectuales) con los que terminó la carrera de Derecho, fueron capaces de sobreponerse a este hombre de más de metro ochenta, con quien celebra también este año sus bodas de oro. A continuación, recuerdos sobre los primeros años de pololeo y matrimonio.

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La Apache 20 del pololo “Apareció Scagliotti Barbano. Primera vez que oí su nombre fue cuando le contaba a una amiga de su quinteto que había visto a este joven en el Munchen, y ‘qué regio es’. Estaba en el colegio, por lo que calculo 1960. En 9 abril del 61 y hasta septiembre de ese año, dejó sus estudios en la UC, y se fue por 5 meses a Europa, en barco desde Buenos Aires, el Federico C a Barcelona. A la vuelta, apareció Pablo en su Apache 20 roja con blanco 1961 a buscarla, y yo como andaba todo el día en la calle, los vi irse muy pegaditos sentados en el asiento. A la vuelta le pregunté si estaba pololeando, y me contó que desde antes de irse a Europa… Desde ahí en adelante me transformé en ‘El Peludo de Regalo’, como decía mi padrino Ubaldo Biscontini al referirse al visitante no esperado, al amigo pegajoso, al huevón cargante y desatinado. Pobre Sylvia: cada vez que quería salir por el día a algún paseo con Pablo, el Peludo debía ir con ellos para vigilar: órdenes perentorias de don Nemesio. Pero, lo que empezó como una obligación, terminó en placer. Nunca olvidaré las zampadas de almejas con limón en la playa de Los Molles”.

Chupe de locos y sopa de tomates “Cuando Sylvia pasó a integrar nuestra familia, mi cuñada Angiolina, mamá de Paolo, no se encontraba bien de salud. Alcanzó a saber de esta posible unión, que todos veíamos como positiva, grata, por venir de una familia conocida y además por su linda figura. Eran y son una linda pareja para formar familia. El sueño de mi cuñada, quien tenía una debilidad absoluta por su hijo y quería que se casara con una mujer linda para que los hijos fueran lindos... Creo que percibió lo que no alcanzó a ver. Durante sus primeros años de matrimonio, tuve la oportunidad de alternar con Sylvia, dado que vivíamos al frente. Recuerdo que nos invitó a almorzar, haciendo gala de perfecta anfitriona. Aún recuerdo el menú: chupe de locos y sopa de tomates. ¡Todo exquisito! Con el pasar de los años ha sabido formar una linda familia y superar los inevitables inconvenientes con la ayuda del buen Dios y Paolo. En esta oportunidad quiero hacerles llegar mis mejores deseos de buena salud y felicidad familiar. Un abrazo”.

Ubaldo Ravera, su hermano.

1959, Sylvia, Ana María y Ubaldo.

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Tía Inés, tía de Pablo.

Tía Inés


En el matrimonio de la tía Giaci, 1962.

¡Un delantal de regalo! “Recuerdo el día después que Paolo acompañó a Sylvia a su ‘presentación en sociedad’ en el Club Italiano y nos comentó que al bailar se dio cuenta de que por primera vez tenía una niña a la altura de sus ojos. Respecto a la mamma, si bien no recuerdo detalles, me atrevo a decir y probablemente la confirmación haya sido explícita, que Sylvia cumplía para ella con todos los requisitos (físicos, morales, formativos, intelectuales…) para ser esposa ‘del suo caro Paolo’. Los inicios del romance coincidieron con la enfermedad de la mamma, de modo que los recuerdos de ese periodo para mí están muy circunscritos al devenir de su enfermedad... No recuerdo si Sylvia estuvo en la casa en ese período (probablemente lo haya hecho), pero sí recuerdo que don Nemesio, cuando falleció la mamma, hizo vigilia toda la noche anterior a su funeral (como se estilaba en esos tiempos), gesto que nos conmovió… Recuerdo a Sylvia el día de mi matrimonio (pobre, prácticamente no conocía a nadie), con un hermoso vestido de seda color verde, traído del que era su reciente viaje a Europa, de París, si no me equivoco, con el que se veía ‘regia’…”.

De su viaje de bodas, me hacían presente años después las tías en Italia, la entereza de Sylvia (reconociéndose ellas cobardonas), ante una infección que le significó molestas curaciones. Entereza y pundonor que creo son rasgos relevantes en ella, mantenidos y demostrados a lo largo de su vida. Valiosa también, su capacidad de acometer diversas circunstancias, aún adversas, siguiendo los pasos de su marido, que a veces da “trancadas” largas y parece decir “síganme los buenos” y…ahí está Sylvia. En esa línea, recuerdo que llegando del viaje de bodas, la visité en el departamento de El Bosque y me dijo “sabes que me regaló Pablo?” …fue a la cocina y sacó a relucir (no sé cuán agradada) un delantal… Un hecho que la vincula con su suegra, si bien no compartió con ella, es que la mamma le decía a Paolo “ricordati che hai un´anima da salvare” y creo que Sylvia apunta a que lo consiga, aportando a un mandato que ha interpretado, sin haberlo escuchado.

Tía Giaci, su cuñada.

“...recuerdo a sylvia el día de mi matrimonio, con un hermoso vestido de seda color verde traído del que era su reciente viaje a europa” 23


“...pregunté quién era ella. me respondieron que una alumna de primer año y que ya destacaba por su aplicación a los estudios...”

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Alumna “descollante” de tacones y guantes “Conocí a Sylvia mientras caminaba por un pasillo del antiguo recinto de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica. No olvido que me llamó la atención por su alta estatura, garbo al caminar, elegancia y los numerosos códigos y textos que llevaba abrazados. Lucía guantes y tacones que le hacían aún más llamativa. Días después, siendo yo Presidente del Centro de Alumnos, la divisé nuevamente. Entonces pregunté quién era ella. Me respondieron que una alumna de primer año y que ya destacaba por su aplicación a los estudios. Formaba parte de una época excepcional, sólo comparable a los nacidos en el año del centenario de la independencia nacional. Jaime Guzmán, Jovino Novoa, Hernán Felipe Errázuriz, Adriana Villaseca, Solange Doyharcabal, Jorge Bulnes, José Joaquín Ugarte y muchos otros que no puedo nombrar aquí, eran compañeros de Sylvia. De ellos oí comentarios elogiosos de su dedicación al estudio y de la elocuencia para argumentar ideas. Lentamente, la ocasión llegó para encontrarnos y conversar. Supe que era hija de un noble amigo de mi padre, don Nemesio Ravera, personalidad prestigiada por su trayectoria empresarial y deportiva. Me contaron también que su madre, Julia Biscontini, era una belleza. Así comprendí algo más de los rasgos de Sylvia, hermosa y elegante, pero sobre todo laboriosa en la realización de su vocación jurídica. Meses después supe que descollaba por su participación en clases.

Pablo Scagliotti, su marido, fue elegido por la Providencia para formar familia con Sylvia, interrumpiendo a raíz de ello los estudios que efectuaba, pero ganando una mujer excepcional. La vida me ha hecho feliz permitiéndome encontrarme con Sylvia en diversas oportunidades. Sigo admirando su belleza y elegancia, su simpatía y sencillez. La vida me deparó también la alegría de ser profesor de Claudia, su hija mayor, brillante y llena de las cualidades que singularizan a su madre. Hermano de Claudia es José Pedro, igualmente alumno mío y que no olvido por su trayectoria estudiantil sobresaliente y el humor espontáneo con que lo veía o escuchaba. Suelo divisar a Sylvia, junto a Pablo y a su hijo menor, en la misa que se oficia en una capilla vecina a nuestros hogares. La diviso concentrada, hincada con una devoción manifiesta y siempre igual a quien conocí décadas atrás. Es, para mí, una amiga queridísima, pilar de un matrimonio y familia ejemplar. Madre de 8 hijos, todos de formación sólida en los valores cristianos. En ella todo me resulta admirable, como ya lo he escrito, pero sobre todo, me anima constatar su belleza de alma, su espíritu consciente de los talentos recibidos de la Providencia y, en fin, la responsabilidad que demuestra al multiplicarlos para regocijo de todos quienes la admiramos y anhelamos para ella una vida muy larga y feliz”.

José Luis Cea, profesor Derecho UC.

“asI comprendí algo más de los rasgos de sylvia,

hermosa y elegante, pero por sobre todo laboriosa en la realización de su

vocación jurídica” 25


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Cuatro

niñitas y un montón de

AMIGOS El 16 de mayo del 64 la casó el mismísimo cardenal Silva Henríquez en la iglesia de El Bosque. La fiesta fue a “todo dar”, con Cruz del Sur entelonado para 400 personas y banquete preparado por un tal Leiva, el cocinero de La Moneda. Poco más de un año después nació la primogénita, Claudia, luego Valeria, Costanza y María Augusta. Aunque la ansiedad por un heredero no se hacía disimular, las “niñitas” eran motivo de chochera y felicidad total. Estos primeros años de matrimonio son los que recuerdan sus “compadres”, parte del choclón de amigos y compañía frecuente de viajes, asados y un sinfín de panoramas.

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Junto a sus compadres Fantuzzi Fernández, 1975.

Un ramillete de rosas rojo italiano… “Los mejores recuerdos fueron aquellos años de juventud donde nos conocimos ya con algunos hijos, mas bien ‘hijas’, porque aún no nacían los hermanos. Siempre organizando paseos, asados y fiestas de año nuevo memorables. Recuerdo con especial cariño esos dos maravillosos viajes a Europa que duraron 2 meses cada uno. La sede era la casa Scagliotti en Occimiano, Italia, donde nos llamaban las ‘americanas’ y las viejitas se asomaban por las ventanas para ver estos personajes que venían de tan lejos. De ahí salíamos en auto los cuatro, las mujeres atrás y ellos adelante, a recorrer pueblitos encantadores y ciudades maravillosas. Para mí fue inolvidable ya que todo era novedad. Sylvia se preparaba y era la ‘cicerona’ del grupo ya que conocía Italia. Una de tantas anécdotas fue una vez que nos fuimos en bus a Valenza, donde se fabricaban las joyas. Después de pasar el día vitrineando, en una esquina aparece un par de italianos con rosas rojas. Parece que nos habían echado el ojo. Sorprendidas pero curiosas conversamos un rato y cuando fuimos a tomar el bus para regresar, ya había salido el último para Occimiano. Entonces nos fuimos a la policía para que nos ayudaran, quienes obviamente se ofrecieron gentilmente. Mientras nos llevaban por unos caminos rurales en medio de la nada, nos bajó el pánico y le dijimos que ya habíamos llegado. Obviamente no nos creyeron y nos costó mucho zafar. Finalmente caminamos muchísimo para llegar a la casa… con el ramo de rosas a cuestas, el que le regalamos a la tía de Pablo... Esa faceta aventurera y un poco irresponsable no concordaba con la Sylvia que conocía. Cuando nació la María Augusta, una guagua preciosa, fuimos sus padrinos. Gran fiesta en casa de Nemesio. La vida nos sonreía. Luego nacen los hijos hombres tan anhelados y queridos. La familia crece. Y así pasaron los años. Sin darnos cuenta, la vida fue evolucionando de dulce y de agraz.

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Sylvia eres una mujer valiente, luchadora, inteligente, tenaz, que has sabido caminar junto a Pablo y formar una linda familia. ¡Felicitaciones y que Dios los bendiga!. Tengo los mejores recuerdos de los compadres Scagliotti Ravera”.

Tía Maggi, su comadre.


“rápidamente pensé, ¡ésta va a echarle el lazo a pablo!. ¡y así no más fue!” La copiloto de la Vespa Super Sport “Tengo en el recuerdo cuando la conocí: muy bien sentada de copiloto en la famosa Vespa Super Sport de Pablo, una chiquilla alta y con buena pinta y él mirando a través de la puerta de la casa de Truly Böke en la calle Suecia. Salimos a la copucha Mario, Truly, María Cristina y yo. Lógicamente estudiábamos con curiosidad a esta chica nueva, pero rápidamente pensé, ¡ésta va a echarle el lazo a Pablo. ¡Y así no más fue! Mirando por el espejo retrovisor de la vida, Sylvia demostró ser una buena amiga, sumamente preocupada de la familia que junto a Pablo formaron. Hay que recordar la gran cantidad de veces que estuvimos en casa de Don Neme, como le decíamos al suegro, y esas largas conversaciones bajo la atenta mirada de la señora Julia. Con el paso del tiempo, Sylvia se transformó en el pilar de la familia, gran apoyo para las niñitas y un equilibrio entre amor de madre y firmeza con los hombres. No puedo dejar de mencionar a Matías, que llena su vida con los logros de su pintura, además de otras cosas, que aumentan sus méritos como madre y ejemplo para esta sociedad algo vacía de valores. Pablo ha sido afortunado, porque lo acompañó en las aventuras que la vida les trajo. En resumen, una estupenda mujer, una buena madre, una buena compañera para mi amigo de toda una vida, una mujer inteligente que mantiene un bajo perfil, tiene gran fe en Dios y trata de dar mucho a todos nosotros.

Innumerables fueron los paseos y viajes con su grupo de amigos.

Sylvia, puedes estar tranquila, porque has sabido devolver a los que te rodean, un gran porcentaje de los talentos que Dios te dio. Un gran beso”.

Franco Bozzala, su compadre.

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Saludos desde el TRÓPICO Una constante por todos reconocida y mencionada es cómo la Sra. Sylvia le sigue el paso –a veces a ritmo de trote- a “Don Pablo”. Fue así como en 1973 se desarmaron camas y armaron petacas, y la familia Scagliotti Ravera se trasladó a Quito, Ecuador. Casi una década de mucha aventura, donde sin duda lo agraz de la distancia fue compensado por la dulzura de amistades que, pese a los años, perduran hasta el día de hoy. Algunos de ellos son quienes recuerdan en este capítulo la vida en esos lugares y tiempos.

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Ensalada fresca a la moda chilena-italiana “Con Sylvia tuvimos desde el comienzo una afinidad increíble, pues nos unimos verdaderamente de corazón… fue realmente como se dice un ‘flechazo de amistad’. Ella se caracterizó siempre por su carácter firme y templado, por su capacidad organizadora para poner en vereda a toda la tropa, desde Pablo, las niñas y dar tarea a todos los presentes. Recuerdo que Sylvia cuado llegaba a Cayambe volaba a la cuadra de hortalizas a coger una gran canasta de lechugas, las lavaba y preparaba una deliciosa ensalada fresca con tomates cortados en forma de hollejos gruesos. Desde ese entonces nos quedó de recuerdo el preparar la ensalada fresca a la moda chileno-italiana, con bastante aceite de oliva, vinagre de vino hecho en casa, sal y pimienta, la misma ensalada que la venimos preparando cada domingo cuarenta años después. Es delicioso sentir el aroma de vinagre fresco sacado de la madre de vino traída por ellos mismos y que conservo hasta ahora. Por supuesto que mientras tanto todo el resto estaba en un ajetreo brutal… unos en la parrilla encendiendo el carbón para hacer el asado, otros alistaban los lomos, las chicas ponían la mesa… Otros ya alistaban las copas para degustar el rico vino chileno. Mas el control lo llevaba la Sylvia para que todo ‘marche sobre ruedas’. Además ella se destacó siempre por su belleza, por su porte, elegancia y distinción, una hermosa sonrisa, por su firmeza y su carácter templado. Nuestra querida Sylvia, una joven chilena de 30 años en esa época, madre de 4 niñas, demostrándonos siempre una incondicional amistad.” El panorama de todos los domingos: almuerzo en Cayambe.

Elbita, “jefa” del clan Moreno.

“con sylvia tuvimos desde el comienzo una afinidad increíble, pues nos unimos

verdaderamente de corazón ...fue realmente como se dice un “flechazo de amistad”

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“nunca olvidaré de sylvia el respeto que infundía con las palabras mágicas: niñitas... (hacía una mínima pausa) suban”

Niñitas… ¡suban! “Llegaron tres niñas hermosas y sus papás a vivir en el piso de arriba de la casa. Las recuerdo en vestidos rojos, las tres vestidas igual, detalle que desde mi perspectiva me encantaba ... Papá alto, buenmozo, una mamá regia, espigada, distinguida. Junto a las 3 niñitas eran un solo bloque, como hasta ahora lo son con la familia que creció. Nunca olvidaré de Sylvia el respeto que infundía con las palabras mágicas: ‘niñitas... (hacia una mínima pausa) suban’. Con musicalidad incorporada, tan de ella y ahora tan de ustedes... ¡Digno de patentarlo! La recuerdo impecable. Incólume. Correctísima. Organizada. Y para agregar algo terrenal, tildada de buen gusto para vestir. Una noche, Sylvia y Pablo se habían ido al cine. Las niñitas dormían plácidamente. En el piso de abajo mirábamos la tele y en un momento dado escuchamos el sonido de una lluvia del monzón. Nos asomamos por las ventanas y no llovía… el monzón venia del balcón de arriba porque ¡se había roto una tubería! Tuvimos que esperar hasta que Pablo y Sylvia regresaran para darles la noticia de que todo flotaba. Recuerdo a Sylvia pidiéndonos jugar más lejos con la pelota porque el pobre Duce se desesperaba. Hasta ahora extrañamos a ese bello pastor alemán. Los alfajores que comíamos donde ustedes con masita virada hacia arriba y burbujitas crocantes no los volví a probar nunca más.

Recuerdo también una fiesta que hubo. En jorga nos subimos a la terraza a espiarlos. Estaba de moda el “bump” y Pablo y Sylvia se lucían bailándolo. La estoy viendo llegar en el auto con las compras del súper y el baguette calientito. Tan pronto subía el pan, volvía a bajar por pedazos untados de mantequilla al murito donde conversábamos, peleábamos, jugábamos… Tuvimos de niños rienda suelta para jugar entre el jardín, los tapiales, la calle sin salida, las dormidas en carpa, las patinadas donde los gringos -¡qué suave era su acera!-, los juegos de pelota y a veces el cine yendo a pie. Toda esa libertad de juegos de infancia que ocurría en la Sancho de la Carrera 109 y sus alrededores tenía un ángel de la guarda y del orden: Sylvia. Oportuna en poner la hora del fin de la jornada. El ‘niñitas-pausita-suban’, que nos inspiraba ese paniquito, y nos parecía tan cortanotas, hoy es una dulce memoria. Una razón poderosa para poder construir gentecitas. Sylvia inspira la generosidad, el descomplique, lo que es bueno, saludable, correcto, divertido y, sobre todo, lo que es justo y equilibrado. Bendiciones, Sylvia. Felices años, feliz vida siempre para ti y para todos los tuyos en sus planes con Dios”.

Lucía Pazmiño, vecina de Ecuador.

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“recuerdo la ocasión en que tu mami vistió un traje de carnaval brasileño. fue una verdadera sensación” Con Sylvia no se jugaba “El primer recuerdo que se me cruza por la mente es que le tenía verdadero terror a tu mamá. Obviamente, el terror no se debe a que tu mami tuviese una apariencia espantosa. Por el contrario, Sylvia siempre me impresionó por ser una de las mamás mas regias que he conocido y que desde chico nos dejaba boquiabiertos por su plantaje. El terror no creo que respondiese a miedo, sino al respeto que irradiaba tu mami. De hecho, sabíamos a ciencia cierta que con Sylvia no se jugaba. Ya sea un horario determinado o un lineamiento específico (tal como mantenerse alejadas del agua en Carnaval), era de tomarse muy en serio y adoptarlo a rajatablas. Nunca olvidaré la ocasión en que tu mami vistió un traje de carnaval brasileño. Fue una verdadera sensación. Tu mami, que ya sin traje me parecía aaaaaalta, con el traje pues se la veía más imponente. Debo aclarar que no obstante el respeto y seriedad de tu mami, no recuerdo una sola vez en que recibimos una grosería o agravio por parte de ella. Todo lo anterior fue bueno y admirable, porque en el fondo refleja el amor hacia ustedes, su afán de formarlas y cómo inculcaba en aquellos que integrábamos el entorno de ustedes, nuestro respeto y consideración hacia las chilenitas. A la larga, ello contribuyó a crear lazos de amistad y recuerdos genuinamente lindos y acordes a la edad de ese entonces, que perduran hasta ahora y perdurarán siempre. Es tan sólo cuando uno llega a la edad de ahora, que entiende la tarea monumental que involucra el forjar a nuestros hijos. Igualmente admirable es el proyecto de vida que decidió tu mami acoger con tu papi, cobijando bajos sus alas semejante cantidad de ‘guaguas’ (léase hijos, no autobuses). Todas ellas y ellos, que yo sepa, personas de bien, limpias y sanas de espíritu. Ese es su mejor siembra, cosecha y trofeo”.

Galo Pazmiño, vecino de Ecuador.

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Primer cumpleaños de “la quiteña”, enero de 1976.


Aquel viaje que forjó los inicios de “SBP” “Probablemente la oportunidad que tuvimos de conocer más y compartir con tía Sylvia fue en nuestro viaje a Ecuador, en el año 1977, en vacaciones de invierno acompañando al nonno Beppe que quería visitar a su hijo y familia que llevaban un tiempo fuera de Chile. La primera advertencia que nos hizo fue de no correr por la altura, pero, por supuesto, Gloria, en su perpetuo movimiento no obedeció y tampoco se sintió mal. Nos paseó por todo Quito, aprendimos con ella de la cultura ecuatoriana, nos preparó platos típicos, como el cebiche con cabritas y hasta nos ayudó a comprar unos vasos irrompibles que trajimos de regalo a nuestra madre y que aún hoy los usamos (¡¡¡sólo se ha roto uno en todos estos años!!!). Fue un maravilloso viaje que recordamos aún con mucho cariño y nostalgia. Ese viaje marcó esa hermosa cercanía con nuestras primas, aunque María Augusta tenía tan sólo un año. En ese viaje fundamos nuestro Club SBP (club súper buenas primas o Scagliotti Bozzo Primas) y cuando ellos regresaron a Chile, años más tarde, fuimos hasta Patronato a comprar poleras en las que Gloria bordó el logo del club. Fueron días muy especiales y tía Sylvia fue parte de ellos. Otra cosa no menor es que tía Sylvia es la madrina de confirmación de Silvia y, en esa cercanía espiritual, quiso preparar a Matías para su Primera Comunión. Un hito importante en la vida cristiana de tía Sylvia, ya que para ella es fundamental la formación espiritual de sus hijos y su entorno”. paseo a la selva con el nonno y las primas bozzo.

Silvia y Gloria Bozzo, sus sobrinas.

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Las

joyas

de la corona:

su familia Todos le hemos escuchado alguna vez aquella vieja historia, en la que una dama de la alta sociedad romana, cuando en una reunión sus amigas le pidieron que les mostrara sus joyas, ella fue hacia el interior de su casa y regresó al salón de la mano de sus hijos. Sin duda que la Claudia, Valeria, Costanza, María Augusta (todas de nombres romanos...), Pablo, Raimundo, José Pedro y para qué decir Matías, han sido la razón de ser en los últimos 50 años de su vida y la alhaja más preciada con la que viste su corazón. El “cofre” ha ido en aumento y por eso en este capítulo sus hijos, yernos, nueras y 17 nietos “vuelven al salón”, esta vez para expresarle todo lo que la quieren y admiran.

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Querida mamá: Como nunca lo he hecho en la vida, hoy te haré saber las cosas que pienso y siento. Pero como la palabra hablada no es mi fuerte, tendrá que ser por escrito, con la ayuda de mis hermanos mayores. En tus 70 años de vida, doy fe que 26 de ellos los has dedicado a mi existencia y bienestar. Mañana, tarde, día o noche, ahí siempre has estado para todas mis necesidades. Y lo reconozco: no he sido un tipo fácil. Cuando chico no dejaba plato sin quebrar, ni estante sin desordenar. Hoy, si bien he madurado, simpleza eso no ha significado. Me tomo mi tiempo para levantarme y para qué decir en vestirme, ponerme pijama, ducharme o tomarme el desayuno, pues no me gusta que me apuren en mi calma. El doctor no me hace gracia, ni menos si de oídos se trata. Tampoco te pesco mucho. Actúo con indiferencia, aunque lo entiendo todo, pero así no me complico. Hay cosas que me gustan y nadar es una de ellas, pero no que me persigan con los tapones. Como. Y como harto, tanto que asalto el refrigerador a cualquier hora. Eso sí, no me hago muchos problemas; al contrario, me río de ellos todas las noches cuando me acuesto. Sin embargo, a pesar de mis maneras, estoicamente siempre has estado ahí, para ayudarme y cuidarme. Qué sería de mí sin ti. Tengo hermanas y hermanos bastante responsables, pero nadie como tú. Nadie con la capacidad de preocuparse de mí a tiempo completo, sin descuidar al resto del lote que conforma esta familia. Porque es verdad, aunque sea el angelito, trabajo he dado, pero siempre has estado ahí para el resto de mis hermanas, hermanos, sobrinas y sobrinos. Y también para darle el gusto al papá, que a

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ratos se pone más complicado que yo. Qué paciencia, ánimo y dedicación para tener 70 años y seguir a tu ritmo, siempre dispuesta y disponible para ayudar a cada uno de tus hijos. Nunca te cansas. Y tampoco alegas. Sí, das órdenes y eres estricta, pero siempre con razón y con un buen propósito. De una santidad y piedad destacable, has sabido inculcar en nosotros los verdaderos valores de la vida. Hoy, creo que los ocho podemos estar agradecidos del legado que nos has dejado (más allá de ser maniáticos del orden y la limpieza…). Ahora, no todo son alabanzas. Hay que decir las cosas a la cara. Gritas, y gritas harto, pero qué importa, si total ya no me inmuto y soy el único que vive en la casa. Eres apretada, pero qué importa, si no me molesta el pan duro, ni las salchichas de pavo (que a tu juicio serían más sanas, no más baratas…). Eres maniática del orden, pero qué importa, me entretengo pasando paños y barriendo. Es más, me pagan por hacerlo, y lo hago mejor que todos. No me puedo quejar, y tampoco lo pueden hacer mis hermanos, ni menos tus nietos. Nos has dado todo y te preocupas por nosotros como si aún fuéramos niños. Has entregado tu vida por tu familia. Qué más podría pedir uno como madre. Muchas gracias mamá por ser nuestra mamá. Por ser como eres y por nunca cansarte de ser como eres. Felices 70!!

Matías.

Portavoz de los hermanos Scagliotti-Ravera.


“Nos has dado todo y te preocupas por nosotros como si aún fuéramos niños. Has entregado tu vida por tu familia. Qué más podría pedir uno como madre”

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Desde que tengo memoria, la abuela y el tata han sido mis papás “Las tres personas que más han influenciado mi vida son mi mamá, el tata y la abuela. Se supone que esta carta debería ser exclusivamente para la abuela, pero no puedo hacerlo sin decirle lo mismo al tata. Desde que tengo memoria, la abuela y el tata han sido mis papás, han estado siempre presentes y se han hecho cargo de nosotros, enseñándonos con el ejemplo a ser hombres y mujeres correctos, preocupándose siempre de que no nos falte nada, cuando nos debería haber faltado todo. Estoy especialmente agradecido de todo lo que nos han apoyado para que tengamos una vida ‘normal’ y a mi gusto, buenísima. Les mando cariños también de parte de Gonzalito, que aunque no pueda decirlo, lo expresa cada vez que se ríe y hace sus ‘piola’ ruidos en la mesa. Como no soy muy bueno para demostrar mis afectos, a veces puede pasar por ‘desafecto’. Pero si hay algo que tengo claro en todo momento, es que todo lo que tengo y sé, se lo debo a estas tres personas. Y, por ‘chulo’ que suene, no tengo palabras para expresar lo muy agradecido que estoy de ellos y lo importantes que son en mi vida.

Símbolo de voluntad “Abuela, quiero que sepas de parte de tu nieto preferido, que a pesar de que no estemos muchas veces del mismo lado en nuestras opiniones, no te dejo de admirar y agradecer por ser la súper abuela que eres para todos nosotros. Por tener esa voluntad que va desde irnos a buscar al colegio y hasta recibirnos dos meses enteros en las vacaciones, luchando, pasando rabias y haciendo lo mejor posible para que esta gran manada siga siempre ese concepto y tradición de familia unida que somos. Eres la base de mis mejores recuerdos, porque has dejado tu firma en cada uno de nosotros. Además, debo admitir que si se trata de gimnasia, abdominales o pasos sincronizados con el profe Marcos, soy una alpargata a tu lado. Porque cuando de voluntad se trata, eres la imagen en mi mente. Te deseo un muy feliz cumpleaños. Te quiero mucho”.

Joaquín De Pablo, su nieto.

Sé que nunca podré ‘devolver la mano’, pero todos los consejos, retos (una que otra encerrada en la bodega) y veraneos en el campo, están grabados en mi memoria y me han ayudado a ser quien soy hoy. Querida abuela Sylvia, espero haberte alegrado con este mensaje en tu cumpleaños, porque esto que escribo ahora, aunque no lo diga mucho, lo tengo siempre presente”.

Benjamín De Pablo, su nieto.

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Gonzalito.


Superwoman

Gracias por la familia

“Unas pocas palabras jamás podrían describir la mirada que tengo de esta increíble mujer a la que tengo suerte de llamar abuela. Una mujer entregada a su familia, que lo ha dado todo por los demás sin esperar nunca nada a cambio, demostrando esto con sus infinitas e interminables invitadas al campo, recibiéndonos siempre con una enorme sonrisa y brazos más que abiertos... esos veranos con los primos que nunca voy a olvidar y que así también forman parte de algunos de ¡¡los mejores recuerdos de mi vida!!

“Abuela, muy feliz cumpleaños y que sean muchos más. Ojalá puedas celebrar tus 70 años con TODA tu familia y amigos. Muchas gracias por ser una muy buena abuela todo este tiempo y por muchas otras cosas. Todos los veranos con los primos en el campo son gracias a ti y al tata, y te tengo que decir que es de las mejores cosas de las vacaciones. Sobre todo te quiero dar las gracias por la familia que me diste, tengo los mejores primos, tíos y abuelos gracias a ti y eso no lo cambiaría por nada”.

Abuela, para mi personalmente eres una inspiración y un modelo a seguir y espero que en el futuro llegue a ser la superwoman en la que tu te has convertido. En este día tan especial te deseo el mejor de los cumpleaños y que así también celebremos muchos más!!

Emilia Zúñiga, su nieta.

María Amalia De Pablo, su nieta.

“te quiero dar las gracias por la familia que me diste, tengo los mejores primos, tíos y abuelos gracias a ti y eso no lo cambiaría por nada”

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“…y al lado tuyo el tata, gran valor, pero detrás de un gran hombre hay una gran mujer y esa eres tú, lA abuela Sylvia, ¡¡única, grande, nuestra!!”

Tus cabos de guardia “Es difícil expresar en el papel todo lo que tú significas para nosotros. Más que abuela, eres como una segunda mamá: por todo lo que se parece la nuestra a ti y por todo lo buena, acogedora e incondicional que has sido con nosotros desde que nacimos, siempre cercana, dispuesta a cuidarnos y ofrecernos tu ayuda para lo que sea. Mi mamá dice que no hay ninguna abuela como tú, y es verdad. Toda esa paciencia de recibirnos en el campo veranos completos, vacaciones de invierno, Fiestas Patrias… el día y la hora que sea. Y lo mejor de todo, siempre contenta. Felices nosotros también de tener la oportunidad de compartir con nuestros abuelos largas temporadas llenas de conversaciones, anécdotas y enseñanzas para la vida, que nos ayudan a ser mejores personas, mejores hijos, nietos, primos y poder así crear lazos familiares indestructibles. …y al lado tuyo el tata, gran valor, pero detrás de un gran hombre hay una gran mujer y esa eres tú, la abuela Sylvia, ¡¡única, grande, nuestra!! Te queremos mucho, queremos compartir muchos cumpleaños más contigo y queremos que sepas que cuentas con tus ‘cabos de guardia’ para lo que necesites, siempre”.

Andrés y Juan Pablo Widoycovich, sus nietos.

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“Siempre podrás contar conmigo para que te ayude con Matías, para que se vista, se lave y se tire a la piscina”

Toda la paciencia del mundo “Ojalá en este día tan especial lo pases muy bien con todos los que te acompañamos… y que sean muchos más los que pasemos juntas. Gracias por todo lo que me has dado, por invitarme al campo y por tener toda la paciencia del mundo. Dios quiera que siempre estés tan activa y con buena salud como hasta ahora. Te quiero mucho”.

Antonia Widoycovich, su nieta.

Cuenta conmigo “Te deseo un muy feliz cumpleaños y que pasemos muchos más juntos. Porque aunque a veces nos enojemos los dos, tú vas a ser siempre mi abuela preferida, que me invita cada vez que va a cualquier campo. Feliz de ayudarte en todos tus aseos y órdenes, porque juntos lo pasamos bien, hacemos asados ricos con el tata, y nos juntamos todos los primos y tíos. Siempre podrás contar conmigo para que te ayude con Matías, para que se vista, se lave y se tire a la piscina. Además, como cuando grande voy a ser arquitecto, te voy a poder construir la casa que tú me pidas. Ojalá que pasen muchos años más y podamos seguir haciendo estos panoramas contigo. Gracias por ser tan buena abuela… aunque no me dejas tomar desayuno en pijama. Arrepentido de las veces que me he enojado contigo, se despide con un beso”.

Diego Widoycovich, su nieto.

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Estupenda en traje de baño “Ojalá disfrutes leyendo este libro que con tanto cariño te damos de regalo. Me encanta ser tu nieta, tenerte a ti de abuela, una mujer que parece de unos 40 años, estupenda en traje de baño (10 pound less in the 10 seconds that you take puting it on) a veces estricta, enojona, de malas, pero a pesar de todo, sé que eres la mejor abuela: única, simpática, santa, educadora... Entre millones. Te doy gracias por el precioso fundo La Obra, nuestro querido campo que lo tienes tiqui taca, siempre esperándonos con todo impecable, su buena ensalada, la rica comida, una que otra mermelada y los infaltables zapallitos. Ahí están los mejores recuerdos familiares, clubes, asados, misas, castigos... y más. Pero nada de esto hubiera sido posible sin ti, la mejor abuela que tengo, y la gran familia que hizo”.

Jacinta Izcúe, su nieta.

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Las mejores frutas, verduras y asados del mundo “Ojalá que lo pases muy bien en tu cumpleaños número 70 y siempre. Los exactos 12 años que he estado contigo lo he pasado muy bien y he aprendido muchas cosas. Te doy mil gracias por recibirme siempre los domingos en tu casa y en el verano en el campo (La Obra y La Viña). Aquí es donde mejor lo paso jugando con los camiones, saltando en la cama elástica, andando en bici, haciendo clubes, carreras de barcos, etc. También aquí es donde como las mejores frutas, verduras y asados del mundo. En La Obra especialmente como las manzanas, choclos, zapallitos, ciruelas, etc. Y en La Viña las paltas, naranjas, asados, mieles, etc. Nadie puede alegar del agua, las preciosas flores y la limpieza de los dos campos”.

Francisco Izcúe, su nieto.


“Tú eres muy amorosa porque cuando se nos acaba el pan nos vas a comprar”

Siempre comemos comida muy rica “Abuela, junto con desearte un feliz cumpleaños, quiero decirte algunas cosas que he hecho contigo para que nunca se te olviden: todas las vacaciones en el campo lo he pasado muy bien, juego con los camiones, la cama saltarina, la piscina, los paseos en bici, los clubes, los asados del Tata, su champagne y los paseos en su buggy. Por eso me encanta que me invites al campo y también a La Viña. También me gusta ir a tu casa de Santiago porque siempre comemos una comida muy rica. Además, en todas estas partes me junto con mis primos y lo pasamos muy bien. Gracias por todo, tú siempre me cuidas cuando estoy solo. Te quiero mucho”.

Javier Izcúe, su nieto.

El desayuno en pijamas… “Que cumplas tus 70 años feliz junto a tu familia. Tienes un hijo muy bonito: Matías. Me gusta mucho ir al campo, comer brevas, ciruelas, saltar en la cama elástica y bañarme en la piscina. Nunca me voy a olvidar de no poder ir a tomar desayuno en pijamas. Cuando grande me gustaría tener un campo así. Tú eres muy amorosa porque cuando se nos acaba el pan nos vas a comprar. También nos invitas en las vacaciones a tu campo. Te quiero mucho y esta carta es para ti”.

Lucía Izcúe, su nieta.

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“con sus llantos, ‘chillidos’ y sonrisas, ellos también te desean un muy feliz cumpleaños”

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Miguel Izcue.

María Augusta Izcue.

Pablo Scagliotti.

Ema Scagliotti.


vemos su esfuerzo en los hombres que tenemos al lado

Pero lo más importante es la unidad, confianza y complicidad que hay en toda su familia.

“Son las 7 a.m. y donde quiera que esté, Sylvia Elena ya está en pie, y les aseguro que lleva puesto un composé...

Vemos su esfuerzo en los hombres que tenemos al lado. Hombres con muchas inquietudes, fuertes valores, herederos de la eficiencia de su madre, lo trabajador del padre y la inteligencia de ambos...

Con su metro 70 y tantos y una facha que quisieran otros cuantos… Su pelo siempre perfecto, ni se le notan sus 54. Creo ser la única persona (Lili) que la ha visto en pijamas, cuando la tuve que despertar a las 5 de la mañana, porque mi niño no me contestaba las llamadas. Pero no es sólo una cara bonita, se aplicaría el dicho de ‘rica e inteligente’, su carrera de leyes terminó con varios hijos y hasta premios importantes recibió. Pero su triunfo más grande es su familia, sus 8 hijos. Triunfo en su matrimonio; compañera fiel de don Pablo. Triunfo con las 4 niñitas; el orgullo, sólidas mujeres, regias, inteligentes... más bien completas... Triunfo con los hombres; inteligentes, fieles cooperadores, y con muy buen gusto a la hora de elegir señora.... Triunfo con Matías, al llevarlo más allá de sus capacidades.

Gracias por siempre hacernos sentir cómodas. Por el regalo del tío Leo. Por los buenos momentos en Italia tomando crodinos. Y por todos los que se vienen... Aunque no disfruté de los crodinos (Ignacia), le agradezco la oportunidad de haberme dejado con Matías mientras estuvieron de viaje. Durante esas estadías he podido darme cuenta de todo lo que hace día a día. Ojalá algún día pueda ser la mitad de dedicada, preocupada y abnegada como mamá, como lo es usted. Y recuerde que aunque no llevemos el rimbombante apellido, siempre seremos las mamás de los Scagliotti. Estamos aquí para lo que necesite, sea ayuda o compañía”.

Ignacia y Lili, sus “Sieras”.

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El más antiguo del grupo

Una suegra única

“Señora Sylvia, difícil misión nos han puesto!! …más aún cuando se trata de escribirle a la suegra.

“Y le sigo escribiendo a mi única suegra (Francisco), una suegra única. Única, que en el fundo La Obra a punta de zapallitos y manzanas en sus más variadas formas, alimenta a una tracalada de nietos y visitas veranos completos. Única en hacer diariamente un sinfín de cosas y al mismo tiempo mantener siempre en el radar a su hijo menor. Única en criar cuatro hijas, más cuatro hijos y después seguir con varios nietos. Única en tener una foto de mi querida madre en su dormitorio. Es la única a la que he visto retar a don Pablo. Finalmente, y como era de esperar, esta persona única, formó una familia a la que también considero única y de la que felizmente me ha tocado ser parte”.

Me tocó empezar a mí el más antiguo de los yernos (aunque no por eso el más viejo de los tres). Son casi 30 años de mi vida junto a esta gran familia y 21 de matrimonio con la Costanza. Orgulloso de compartir mi vida con ella y haberle dado cuatro nietos que no cabe duda que la admiran y quieren mucho, tal como yo he aprendido a hacerlo. Más aún cuando veo reflejadas en la Costanza todas sus virtudes (y manías también!!) de mujer incansable, que no baja los brazos hasta lograr el objetivo final. Así, con la gracia de Dios, hemos tenido un feliz matrimonio, siempre con su consejo y apoyo incondicional. Largos 30 años de convivencia, de una grata convivencia, llena de anécdotas, paseos, viajes y estadías en el campo. Muchas gracias por todo eso y mucho más. Muchas gracias por haberme acogido desde el primer día (a pesar de que don Pablo se demoró como seis meses en saludarme!!), permitirme ser parte de este clan y sentirme siempre como uno más. Hace casi 15 años, Francisco pasó a ser parte del grupo. Se casó con la María Augusta, la hermana “chica” de la Costanza, a quien yo conocí de 10 años y cuántas veces llevé y fui a buscar a sus fiestas... Y pensar que hoy es mamá de 6 niños!!...Pero de esta parte y de aquí en adelante, que se haga cargo el responsable!!”.

Andrés Widoycovich, su yerno.

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Francisco Izcúe, su yerno.


Gracias por las dos Sylvitas. “Suegra... primera vez que le escribo a una suegra (Pablo). Ud. sabe que no soy de muchas palabras, pero trataré de explayarme un poco. Primero que todo, le doy las gracias por darme a dos Sylvitas chicas, una más que formada y otra que viene formándose y en potencia!!! También por acogerme en su aclanada familia, como buenos italianos que son, a pesar de que yo no sea muy devoto al rezo ni a la misa dominical que ha Ud. tanto le gusta. Pero creo que soy bueno igual... Un gran abrazo en el día de su cumpleaños. Espero que sean muchos más junto a don Pablo y sus ocho queridos hijos. Que sigamos haciendo una gran familia y se multipliquen por muchos los Scagliotti Ravera.

“esta persona única, formó una familia a la que también considero única y de la que felizmente me ha tocado ser parte”

Y para terminar, no puedo dejar pasar la oportunidad de recordarle el viajecito que todos sus hijos, yernos, nueras y nietos esperamos, para así rematar de manera perfecta esta fecha tan importante. Un viaje que ojalá sea inolvidable para Ud. y todos nosotros. Se despide cariñosamente la oveja descarriada de su último yerno”.

Pablo Zúñiga, su yerno.

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Mucho más que estas

cuatro niñitas Las levantadas temprano, los veraneos trabajados, los tallarines con pesto y tantas otras cosas muy propias del núcleo Scagliotti Ravera, permearon profundamente en sus “cuatro niñitas” y, por añadidura, en las amigas de ellas. Las anécdotas de memorables vacaciones en Cumpeo y de una casa siempre abierta en Coronel Pereira, es lo que ellas recuerdan, entre otras cosas, en este capítulo, en honor a la entonces “tía Sylvia”.

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No siempre lo importante es el hacer “El primer sentimiento que me viene a la mente cuando pienso en los años en que me entrometí en su familia es ACOGIDA: cualquier día y cualquier hora parecía buen momento para dejarse caer, más yo que vivía fuera de Santiago. El tío Pablo a la cabecera de la mesa, tomando vino con agua, escuchando impertérrito todas las brutalidades que decíamos. La tía Sylvia sentada siempre a su derecha tratando sutilmente de educarnos con un.... “¡NIÑITAS!”. Gracias por su paciencia a los dos. Ahora que conocemos la adolescencia desde otra perspectiva, le tomamos el peso a la gigantesca generosidad y paciencia con que nos recibían en Coronel Pereira y en Cumpeo, de donde tenemos parte de los mejores recuerdos de juventud. Ahora que nosotras estamos en esa etapa, vemos lo sabia, generosa, paciente, tolerante y organizada que fue. Una mujer llena de virtudes que logró formar una preciosa familia y que incluso nos marcó a nosotras. Gracias por sus rezos porque tiene a todas sus hijas, propias y postizas, bastante derechitas por la vida, siguiendo su ejemplo de perseverancia. Tanto

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rezo que tiene al tío Pablo santito. En este mundo tan apurado donde parece que sólo sirve el hacer, usted nos ha demostrado que además de hacer las cosas, y bien hechas, la oración tiene resultados inimaginables. (No se me sienta ‘don Pablo’ porque detrás de cada gran hombre hay una gran mujer.) Gracias por todo, especialmente por su hija Claudia que es una amiga con la que tengo una relación de hermana, con una incondicionalidad maravillosa. Y también por la Valeria, mi ahijada de confirmación que siempre encomiendo, la Constanza y la María Augusta. Los cuatro hombres que me perdonen, pero todavía no me acostumbro a verlos grandes, para mí todavía tienen seis años. Felicidades por estos setenta años de vida, qué orgullo se debe sentir llegar ahí y mirar el camino recorrido y ver con satisfacción que cada paso que se ha dado, por desagradable que haya sido, fue necesario para formar la maravillosa familia que hoy encabeza”.

Carmen Luz Velasco


“son muchos los recuerdos

de esos años: el balancín redondo,

el gato de plástico con ojos de vidrio, las scagliottis vestidas iguales”

43 años junto al clan “Seguro que soy de las pocas amigas del clan Scagliotti Ravera que vivieron intensamente Coronel Pereira 98 antes de que partieran a Ecuador. Son muchos los recuerdos de esos años: el balancín redondo, el gato de plástico con ojos de vidrio, las scagliottis vestidas iguales, las visitas donde don Neme con su escritorio automovilístico, las muñecas de la nonna, la tortuga en la caja de zapatos, las rosas del tata que eran su adoración… en fin... Tantos recuerdos de una niñez despreocupada y muy querida.

su contenido, por lo que robar algo era imposible. Familia ordenada y austera, un gran ejemplo.

Y de un día para otro mi amiga desaparece para volver en plena adolescencia. De esos años recuerdo al tío Pablo mirándonos en silencio, la tía Sylvia tratando de poner orden, a la Maria Augusta brincando vestida de bailarina por toda la casa, a la Mery siempre fiel haciéndonos tecito, a mucho joven revoloteando. Y por supuesto los paseos a Cumpeo, donde aprendí a hacer pesto y que la despensa tenía una lista de

Tía Sylvia, los hijos muchas veces son reflejos de sus padres. Tiene una linda familia de gente buena y honorable, y lo mejor de todo es que yo he formado parte de este grupo, del que me siento muy feliz de conocer y querer”.

Al final del día puedo decir con mucho orgullo que soy amiga de la Claudia y su familia hace 43 años. ¿Qué habría sido de nuestras vidas (hablo por varias) sin nuestra querida Claudia? Tanto ayudarnos en el colegio, poniéndose siempre en un segundo plano. Discreta a más no poder, matea, fina, disciplinada y miles de cualidades más.

Pancha Riesco

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“es admirable que con su inteligencia

haya optado por su familia, por el tío pablo y por sus hijos.

ese ejemplo de desprendimiento ha dado sus frutos:

una familia maravillosa y unida”

Nos recibía hasta con ¡pololo!

Siempre sonriendo

“Los Scagliotti me recibieron, desde mi primer día en Chile, como si fueran mi familia, y la Claudia ha sido para mí como la hermana que nunca tuve.

“Siempre la he visto durante la vida sonriendo, entera, aperrada y llena de energías y consejos. Cualidades que también veo en mi querida amiga Claudia, una de las mujeres más caballas que he conocido en mi vida.

Su casa en Coronel Pereira y el campo de Cumpeo forman parte de mi adolescencia y de mis mejores recuerdos. Ahí no sólo estudiábamos, hacíamos memorables fiestas de curso y pasábamos unos veranos inolvidables, donde se nos recibía con una sonrisa y hasta con pololo. Por eso que hoy, en el momento en que le escribo tengo 10 invitados en el sur que quiero ‘estrangular’, me acordé que nosotros hacíamos lo mismo… Ahora uno se da cuenta del ejemplo que siempre nos dio, de su generosidad sin límites, preocupada que lo pasáramos bien. También es admirable que con su inteligencia haya optado por su familia, por el tío Pablo y por sus hijos. Ese ejemplo de desprendimiento ha dado sus frutos: una familia maravillosa y unida. No puedo dejar de decir que su fe me ha impactado. Siempre se apoyó en la oración, logrando unos frutos impensables. Su ejemplo, sobre todo en esto ultimo, me ha marcado muchísimo. Nos ha dejado la vara alta. Gracias por permitirnos formar parte de sus vidas. La quiero mucho”.

Keky Allard

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Muchas gracias por recibirme siempre y tan cariñosamente en su casa, por aguantarnos a todas tantos años. Un tremendo abrazo para usted y su familia”.

Marianne Guridi


Claudia, Keky, Camila Vial, Francisca Riesco y Carmen Luz Velasco, en su graduación del colegio en 1983.

“Su casa en coronel Pereira y el campo de Cumpeo forman parte de mi adolescencia y de mis mejores recuerdos. Ahí no sólo estudiábamos, hacíamos memorables fiestas de curso y pasábamos unos veranos inolvidables”

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“Esta ha sido una oportunidad para volver al pasado y recordar cómo disfrutamos y vivimos momentos maravillosos”

Uno de los tantos memorables paseos a las Siete Tazas.

Manzanas día y noche

El roble y las llaves del reino

“Todavía le tengo susto… Nunca me voy a olvidar de esos veranos trabajados en Cumpeo, en los que picábamos ají, o comíamos manzanas día y noche. Lo pasábamos increíble, siempre nos recibió feliz. Eso sí, bien temprano nos mandaba a los chicos, que en ese tiempo tenían como tres años, ¡para que entraran gritando a la pieza!

“La Sylvia marcó con fuego a varias que pasamos por Cumpeo y Coronel Pereira. Porque ella es un verdadero roble: grande por fuera y principalmente por dentro. Donde la autoridad, sobriedad y prestancia están a simple vista. Bajo su sombra cabe una familia muy linda. La belleza del roble está en su naturaleza, elegancia y carácter. Dejó una carrera para ser sencillamente una gran dueña de casa… incluso con su gran ‘manojo de las llaves del reino’.

La felicito por sus 70 años y la felicito por la familia que ha formado con tanto esfuerzo. Una familia numerosa y preciosa”.

María de los Ángeles Álamos

Esta ha sido una oportunidad para volver al pasado y recordar cómo disfrutamos y vivimos momentos maravillosos. Pero principalmente para poder decir GRACIAS, Sylvia. Volver atrás a mirar a aquellos que nos guiaron y les debemos algo importante. Sylvia, trato de ser una mujer con carácter y educar en la fortaleza a mis hijos como tú lo hiciste. Muchas felicidades. Te quiero a ti, a la gran mujer que me diste como amiga, y a toda tu familia”.

Bárbara Larraín

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en torno a las inagotables y deliciosas manzanas.

Madre presente y atenta “A Sylvia la conocí en mi adolescencia. Yo estaba recién llegada a Chile, ya que soy uruguaya y a mi padre, por su trabajo, lo destinaron a Santiago. Enseguida conocí a Valeria, mi gran y querida amiga hasta el día de hoy, y a través de ella a su familia. Sylvia, una madre muy presente y atenta a todos, destacaba por su personalidad, firme y segura, inteligente y muy generosa. Con un gran porte, alta y siempre elegante. Mi relación con Valeria ha seguido intacta y las veces que he ido a verla, Sylvia siempre me ha recibido con los brazos abiertos, al igual que cuando vivía allá, que iba a su casa muy seguido y también a su campo, Cumpeo, que nunca olvidaré.

Un árbol grande de raíces profundas “¿Qué imagen tengo de la Sylvia, la mamá de mi amiga Vale? La de un árbol grande de raíces profundas, que da muchos frutos y mucha sombra, y no hace ruido. Una mujer de convicciones profundas y coherencia, pero que deja ser, que no cuestiona. Estoica, bien hecha, austera, piola como dirían sus preciosos nietos hoy día. Una mujer que he visto durante los años mantenerse erguida y contenta haciéndole frente a la vida con todo lo bueno y lo duro que ésta nos trae. Un referente, un ejemplo importante, sin duda”.

Blanca Bulnes

Muchas gracias, Sylvia, por todo el cariño que siempre me brindó”.

Maria Lupinacci

“sylvia, una madre muy presente y atenta

a todos, destacaba por su personalidad, firme y

segura, inteligente y muy generosa” 79


Reglas claras y veranos trabajados “Si cierro mis ojos y recuerdo los momentos de nuestra adolescencia, están repletos de historias en relación a esta familia, con una mamá siempre contenta, decidida. Un ejemplo de pareja y compañera.

La complicidad con Pablo, sobre todo el día que nos pillaron prendiendo peos en una de las piezas… no dijo ninguna palabra, pero al día siguiente el menú era ¡porotos granados!

Inolvidables las vacaciones en Cumpeo. La paciencia de recibirnos a todas, una casa siempre con las puertas abiertas. Me sentí ultraacogida y muy querida.

Y la tranquilidad maravillosa de la Sylvia. Me acuerdo de un día que tuvimos que salir del campo rumbo a Santiago de emergencia con unas contracciones espantosas. Finalmente no hubo alumbramiento, pero con la Costi pensamos todo el camino que iba a parir en el auto. Sin embargo, al mismo tiempo de gemir, también nos tranquilizaba.

Cómo olvidar el terremoto, la cara de la Sylvia con la casa toda en el suelo y algún niño en brazos. Y las despertadas ultratemprano, porque siempre nos puso las reglas bien claras. No quería niñitas que vagaran durante las vacaciones, había que ayudar en algo. Recuerdo una vez que recolectamos ajíes y tuvimos que ponerlos en conserva. ¡Mis deditos con uñas comidas quedaron todos picantes y ardiendo! Me encantaban esos almuerzos o comidas todos a la mesa, grandes, chicos, tíos, primos e incluso ‘Cocodrilo Dundie’ en su máximo esplendor... Una ensalada de zapallitos italianos recién hervidos que cortábamos en rodajas y los aliñábamos con vinagre y aceite de oliva. Y el guiso de coliflor con salsa blanca que nos dejaba para comer cuando nos quedábamos solas en Coronel Pereira…

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También me acuerdo que le regalé un cuadro y ella lo colgó al instante. Me hizo sentir muy especial. Tema aparte han sido lo taquillero de sus cortes de pelo y sus tenidas, siempre modernas. Imponía la moda con todo, un referente. Sólo tengo palabras para agradecerte lo cariñosa que fuiste siempre con nosotras”.

Carola Silva


Costanza junto a sus amigas Cata Santa Cruz y Tere Bulnes.

El pesto comido a cucharadas

Quesos y vino tinto con agua

“De la llegada de las Scagliotti Ravera a Chile no tengo recuerdos, para mí son parte de la vida.

“En cuanto la conocí, me pareció una madre y esposa abnegada, primera oportunidad que tuve de ver algo así. Mi papá murió poco después que ustedes llegaran de Ecuador y con la Costi nos hicimos amigas inmediatamente.

Dicen que fue en quinto básico cuando la Costanza se nos unió al curso, con sus ojos preciosos, su dulce sonrisa, su maravillosa letra y capacidad intelectual. Mucho de eso vendrá del tío Pablo, pero con certeza en este grupo de mujeres ha sido Sylvia quién ha puesto su marca a fuego. Conocí rápidamente Coronel Pereira, recién estrenada la casa nueva. Ahí reinaban el orden y la buena educación. Las cuatro preciosas hijas, inteligentes y ¡sabían hacerlo todo! Qué madre tan buena educadora, siempre pensé. La tía Sylvia, mujer alta e imponente, dueña de gran figura, con su tono de voz inconfundible, mandaba y organizaba al grupo que siempre fue grande. Los trabajos, esquemas y pruebas, todo se podía hacer y preparar en su casa.

Siempre me recibió con los brazos abiertos varios veranos en Cumpeo, incluyendo, eso sí, las levantadas con las gallinas... Recuerdo también las fabulosas bandejas con quesos, culpables de mi adicción por ellos hasta el día de hoy. Y el vino tinto con agua del tío Pablo, el que tuve que probar, fuera de la mesa por cierto, ya que no dejaba de ser curioso para mí. ¡Exquisito! Le agradezco el cariño y contención que siempre sentí de parte suya”.

Cata Santa Cruz

De Cumpeo, tierra a la que iba feliz pues es cuna de mi abuelo, mis recuerdos son los de una casa grande, días tranquilos y conversados. Todo se hacía en casa, lo mejor: la comida italiana. No puedo dejar de mencionar el pesto, que conocí con tanto gusto que hubo de enseñarme cómo se hacía. ¡Me lo comí siempre a cucharadas! No recuerdo otro igual. Ahora que somos grandes no puedo decirle tía, aunque mi cariño sigue siendo el mismo. Tengo que decirle Sylvia y me cuesta, porque la admiro tanto que es una de esas personas a las que el “usted” ayuda a mostrar el enorme aprecio. Sylvia Ravera es para mí una gran mujer, de fortaleza e inteligencia admirable, pero por sobre todo de corazón grande, donde todos los que la conocemos tenemos la suerte de ser parte”.

Teresita Bulnes

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Los libros “Billiken” que hoy leo a mis niños “Fui testigo, desde kínder, de las múltiples actividades que se desarrollaban en La Obra, para mí, totalmente novedosas y que eran posibles en gran medida, hoy me doy cuenta, al cariño y preocupación silenciosa de la tía Sylvia: de la preparación del pesto (hasta el día de hoy compro albahaca y lo preparo a la manera que vi por esos años), de las ensaladas de cebollín con una vinagreta que en esa época nadie conocía, de las idas al manzanal para pedir las llaves de la despensa y sacar pan para el té (después íbamos a devolver las llaves en bicicleta otra vez), de las comidas en la cocina primero y después más grandes, en la mesa,

de las lecturas de los libros de la colección Billiken, que me fascinaban y que todavía hoy les leo a mis niños, de los chocolates Bozzo que la dueña de casa repartía sólo una vez y que yo veía con hambre y tristeza cómo se guardaban para el día siguiente, de los días en invierno que nos levantaba temprano para ir a ver ordeñar las vacas y de las ‘bajadas a pueblo’ para ir a misa y comprar algo que faltara. Miles de gracias por los mejores recuerdos de mi niñez”.

La Maida Zegers y el César en uno de los tantos clubes de verano.

“todo estaba con llave, no se comía a

deshora, había horarios súper establecidos, un orden en todo” 82

Magdalena Zegers.


Una forma de “hacer familia” “La Sylvia ha sido una gran influencia, sobre todo en lo que se refiere a la familia, la dedicación y trabajo que se necesita para lograr lo que nos proponemos. Desde chica, cuando iba al campo, me llamaba mucho la atención cómo ella ‘manejaba’ su casa. En ese tiempo, yo tenía unos 10 años, lo encontraba curioso, muy distinto a lo que yo vivía en la mía: todo estaba con llave, no se comía a deshora, había horarios súper establecidos, un orden en todo. Pero no me costaba nada adaptarme a eso. Era tan fantástico estar allá con mi prima M. Augusta que nada importaba. Tengo los mejores recuerdos de esa época. Tantos clubes hechos entre los árboles, andadas y sacadas de mugre a caballo, moras a destajo, mermeladas de naranja reventadas por toda la cocina, manzanas deliciosas a toda hora en el manzanal, la casa de brujas y los remolinos ‘endemoniados’, fútbol con el Guito, el Lucho, la Mirta, el Genaro, el César… la mamá de la Mirta que me regalaría un patito por cada diente que le trajera

de Santiago… en fin… una montonera de momentos maravillosos que marcaron mi infancia. Sin embargo, ya grande es cuando la Sylvia, sin darse ni cuenta, me enseñó una forma de ‘hacer familia’ que se suma a la manera en que he ido construyendo la mía. Me encanta su hospitalidad, su generosidad, su entrega a los hijos y nietos, su incansable trabajo y la alegría que le inyecta. Las normas y control que pone para poder ‘sustentar’ a tanta gente… ufff… es que no hay otra forma, ¿no? Sin dejar de lado que me ha traspasado algunas recetas y secretos de la nonna! Maravilloso. Además, quién sabe si replicando algunas de sus cosas, logre llegar tan regia como ella a los 70. Un gran abrazo”.

Carola Ravera.

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Muchos más

recuerdos Por último, y no por ello menos importante, en este capítulo un grupo heterogéneo de gente, todas muy relevantes de una u otra forma en la vida de Sylvia, le han escrito para saludarla en su cumpleaños y

recordar

algunos

momentos

memorables.

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“rezo para que ella siga con todas sus fuerzas cuidando de cada uno, dando ese buen ejemplo que hace que sus hijos se sientan tan orgullosos de ella”

Ocho hijos educados cristianamente “Escribo para unirme a la gran celebración que le harán a Sylvia por su cumpleaños. Debido a que es una fecha redonda -dicen que es de mala educación mencionar su número-, sus hijos le han dado más realce: me parece muy bueno y me uno de todo corazón con una oración especial. No sólo le digo feliz cumpleaños, sino también gracias a Dios por tantas cosas buenas que ha recibido y ha podido dar en estos años. Está claro que lo mejor son esos 8 hijos que ella ha traído al mundo y que ha educado cristianamente junto con su marido. Aunque bien sabemos, en Chile son las mamás las que con su sabiduría, paciencia y constancia más nos marcan. Y ahora que llegan los nietos, Sylvia verá cada vez con más claridad que todos los esfuerzos valen la pena, y que formar una buena familia es lo más grande en este mundo. Tantos motivos que tienen para dar gracias a Dios, yo también le agradezco el trabajo que hace en La Obra,

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especialmente su apostolado y la ayuda a los demás. Especial lugar ocupa el Patronato de Araucaria que permite que muchas universitarias estudien y se formen en esa casa. He atendido varios años esa residencia y a las universitarias que van a formarse, por lo que me consta los buenos frutos de esa labor de apostolado. Por eso le agradezco de un modo muy especial el esfuerzo que hace para conseguir las ayudas necesarias. Tantos años haciendo ese trabajo escondido y silencioso, que permite que se pueda llevar adelante ese apostolado tan querido. Por todo lo que me han contado, veo que en la familia se quieren mucho, y eso habla muy bien de la madre. Yo me uno de todo corazón y rezo para que ella siga con todas sus fuerzas cuidando de cada uno, dando ese buen ejemplo que hace que sus hijos se sientan tan orgullosos de ella”.

Pbro. Sergio Boetsch.


La gloria menos visible “La Sylvia pudo haber hecho una carrera brillantísima como abogado. Pero en realidad optó por algo mejor: hizo familia. Imagino que cada uno de sus hijos e hijas le agradecen hoy esos desvelos de madre, hechos de trabajo, sacrificio y oración, por parte de quien pudo haber destacado y llenado de honores en el foro. Pero escogió la gloria menos visible y más alta del más profesional de los trabajos: la familia.”

Pbro. José Miguel Ibáñez.

La autoproclamada jefa de grupo “Ha sido un privilegio que nos haya tocado trabajar con la Sylvia porque hemos descubierto a una persona íntegra, sencilla, serena, coherente, alegre, muy cariñosa y preocupada de los demás. Jamás se queja, menos oiremos de ella una palabra que no corresponda. Tremendamente organizada, no sabemos cómo se entiende en su enorme cuaderno y papeles, donde no cabe una letra más. Es increíble también cómo es capaz de seguirle el ritmo a Pablo, se sube y se baja del avión, y aun así nos controla desde sus distintos predios. Como es tan capaz, se autoproclamó jefa de este selecto grupo, por lo que todas descansamos en ella y consecuentemente “cuando el gato no está, los ratones están de fiesta... por supuesto que no trabajamos”.

Rosario Bañados y Lelia Cataldo, amigas con las que trabaja en el Patronato de Araucaria.

“...tremendamente organizada, no sabemos cómo se entiende en su enorme cuaderno y

papeles, donde no cabe una letra más” 87


Hasta el día en que no me necesite más

Lo mejor: poder cuidar a Matías

“Hace 26 años más o menos, la edad de Matías, llegué a trabajar con la señora Sylvia. En un comienzo pensé que iba a ser una persona complicada, me habían dicho que ninguna nana le duraba. Pero con el tiempo me doy cuenta que la señora es una muy buena persona, nada de conflictiva, no me llama la atención por nada, no me anda diciendo lo que tengo o no que hacer, no nos reta cuando llegamos tarde... en fin.

Llegué a la casa hace como 32 años, cuando recién había nacido Raimundo. Después cuidé a José Pedro y hasta el día de hoy a “mi chanchita” Matías.

Ella es muy sencilla, no es ostentosa, no se complica por nada. Sólo cuando invita a almorzar a sus amigas se pone un poco más acelerada. Le agradezco, primero que nada, lo generosa que ha sido conmigo. Cuando le pido favores ($$$$), sin ningún problema me los da. También la confianza que ha depositado en mí para hacerme cargo de su casa y su cocina. Y, lo más importante, de sus hijos. Desde chicos siempre los dejó a cargo, incluso a Matías, con quien había que tener más cuidado que con los otros. He aprendido de ella a ser económica, a no botar nada de lo que sobre porque todo se puede aprovechar. A que no sólo se puede cocinar con carne, que con variedad de verduras y ensaladas también se puede hacer un menú, mucho más sano. Este ejemplo lo seguí con mi hijo Rodrigo y ahora con mi nieto Matías, que coman sano, muchas verduras y ensaladas.

La primera vez que la vi me pareció que esta señora era como un monumento con tantas crías y la María Augusta revoloteando alrededor. Me dio la impresión que era muy pesada y creí que no me iba a acostumbrar, pero al día siguiente ella me preguntó si me iba a quedar y le dije que sí. Llegué a trabajar y me asusté cuando me dijo todo lo que tenía que hacer, eran MUCHAS COSAS… pensé: si no termino a las 4 de la tarde no vuelvo, pero sí pude. Más que nada me quedé por Raimundo, me encariñé mucho con esa guagüita. De ahí en adelante vi que es una señora maravillosa, Dios me la puso en el camino, lo mejor que me ha pasado. Si no, no me hubiera quedado. Todas las manías de limpieza y orden se las aprendí a ella, al igual que ayudar a todos los que lo necesitan. Es una dama, totalmente sencilla, no reta a nadie. Tengo mucho que agradecerle. Cada cosa y favor que le pido ella me lo da. Lo que más le agradezco es que me haya hecho partícipe del cuidado y educación de Matías hasta el día de hoy. Al igual que el de sus nietos. Ella es lo más importante, yo no la cambio por nadie y quién sabe hasta cuándo me quede… Dios dirá”.

Yo voy a estar al lado de la señora hasta el día en que ella me diga: Norma, ya no te necesito más…”.

Norma, nana de Santiago.

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Mery, nana de Santiago.


“Lo único malo de la Sra. es andar persiguiéndola para pedirle las llaves. Eso sí que no nos gusta. Pero el resto, ningún problema”

Lo hemos aprendido todo “Hace 10 años que trabajo con la señora Sylvia (la Paty), aunque ya la conocía porque antes trabajé con la señora Claudia. Yo, en cambio, (la Isabel) llevo más de 20. Llegué cuando Matías era chico y la Sra. Claudia esperaba a Benjamín. Creo que en ese entonces estaba la Benedicta y yo tenía que apoyarla a ella, pero principalmente hacerme cargo de Matías. En esa época no había tanta gente, estaban casi todos solteros y la verdad es que no me dio nervios cuidar a un niño así porque la Sra. Sylvia siempre estuvo pendiente, enseñándome. Eso es lo bueno que ella tiene, entrega confianza. Porque con la señora hemos aprendido todo, todo. Nosotros veníamos de una casa ordenada, pero no con tantas reglas. Pero después uno se acostumbra y es lo normal. Cuando yo me casé (la Paty) ¡no sabía ni hacer pan! Y me acuerdo que al poco tiempo aquí un día me pidieron que preparara tallarines... cuando no había hecho una masa en mi vida. Entonces pesqué la harina, le puse los huevos y me puse a amasar no más. Después que se los comieron y encontraron que estaban ricos, la Isabel les dijo que yo no tenía idea. Es que echándole bueno, como dice don Pablo, ¡queda bueno! Lo único malo de la señora es andar persiguiéndola para pedirle las llaves. Eso sí que no nos gusta. Pero el resto, ningún problema. Ademas, la señora independiente de lo que pase, anda siempre con el mismo ánimo, siempre también preocupada por Matías, siempre buena onda. Jamás ha sido pesada con nosotras. Uno hace las cosas y ella se queda calladita no más. Entonces es súper fácil. Hay reglas y si uno las cumple, se acaba el problema. Ella no anda a la siga nuestra, porque cuando ella va, nosotros ya lo tenemos listo”.

Isabel y Paty, nanas del campo.

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Ejemplo profesional y familiar “Como prima mayor siempre te vi con admiración. Como en aquella oportunidad en la que tu y Pablo llegaron a nuestra casa (esto me lo contó mi madre porque yo tenía un año) y yo en el andador comencé a verlos hacia arriba hasta que me fui de espaldas. Ese episodio refleja, simbólicamente, lo que significas para mí, un ejemplo. Estudié derecho por influencia de dos personas y una de ellas fuiste tú. Imagínate el orgullo que siento cada vez que don José Luis Cea me pregunta por su mejor alumna. Cuando se fueron a Ecuador, tal vez nos distanciamos físicamente, pero no sabes la emoción que sentíamos cada vez que venían de visita y el tío Nemesio y la tía Julia organizaban encuentros familiares en El Tabo. Sin embargo, tu ascendiente no se limitó a mi opción profesional. Para Francisca y para mí la familia es lo más importante y, nuevamente, coincidimos contigo y con Pablo en los valores que tratamos de transmitirles a nuestros hijos. En la vida existen personas que pasan y otras que marcan la ruta. Tú, con tu prudencia y discreción, eres de las segundas. No me queda más que darte las gracias por tu cariño y preocupación permanentes y desearte el más feliz de los cumpleaños”.

Ernesto Ravera, su primo.

Dueña de casa con facha de modelo de alta costura “A veces un simple olor, tal vez un gesto, o un nombre te llevan inmediatamente a recordar un momento puntual de tu vida. Cuando me pidieron que escribiera para este libro, una imagen muy querida apareció en mis recuerdos: la de una jovencita hermosa y sonriente (Sylvia) saltando en el aire para tomar triunfalmente mi ramillete de bodas. Poco tiempo después se casaba con su adorado y buenmozo Pablo. Conocí a Sylvia cuando yo pololeaba con Tito, su tío. Sabía por él, que estaba muy orgulloso de su sobrina, que era una alumna destacada, y a menudo comentábamos sus logros en la Facultad de Leyes, y no me cabía la menor duda que iba a ser una abogada de renombre. El tiempo pasó, empezaron a llegar los hijos, muchos, y yo siempre me preguntaba ¿cómo lo hace?: esposa, madre, dueña de casa con facha de modelo de alta costura, y como si eso fuera poco, una estudiante exitosa. Por eso sencillamente no podía entender el que jamás hubiera ejercido después de recibirse, con todos los premios habidos y por haber. Con el tiempo y por mi propia experiencia entendí, valoré y aplaudí que Sylvia hubiera elegido la mejor de las profesiones, que su FAMILIA era su carrera y que una vez más esta mujer hermosa, gentil, brillante y generosa había sacado y sigue sacando los más altos honores”.

Margarita Herrera, su comadre.

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Fernando claro junto a José Pedro y Raimundo en la laguna del maule.

Fina y elegante

Orden y limpieza, nada más

“Conocí a Sylvia cuando empecé a pololear con su tío Ítalo. Siempre la he encontrado una mujer con muchos valores, fina, elegante y de una inteligencia brillante. La recuerdo en casa de su padre, mi cuñado, relatando con lujo de detalles sus viajes por Europa y contando la historia de Roma, mientras mirábamos las diapositivas. Maravilloso, súper entretenido y salíamos todos cultos.

“Sálvense las pailas si las baldosas íbamos a ensuciar, y en un Cumpeo de frío polar, ni mencionar que con calcetines se quería uno acostar. ¡¿Un rosario!?!!! Imposible: vamos saliendo a cazar. (En algo había que ganar.)

Sylvia sigue siendo igual de fina y elegante, y lo mejor, una madre que es capaz de reunir junto a Pablo a todos sus hijos y a la familia de ellos”.

Orden y limpieza. Nada más. El resto, acogida y libertad.

Carmen Contardo, tía política.

¡Setenta años! Veintinueve del azote. Hoy ejemplar seriote.

Gracias por el pan con mora, Talca y Pichidangui, libertad para vagar, cazar y pelusear. De día y de noche, los mejores recuerdos que cualquier infancia puede soñar. Salud por esos 70, el orden y la bella Italia. Salud por esa madre, su comida y sus ensaladas. Salud por su familia, Matías y por supuesto, la querida scuderia”.

Fernando Claro.

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epílogo No podríamos terminar este libro sin rememorar con un poco de humor aquellas frases, manías y situaciones tan típicas de nuestra mamá, abuela o suegra. Esos modismos o costumbres tan de ella, que seguramente en un tiempo más varios nos encontraremos haciendo o diciendo (más bien repitiendo) lo mismo. Si es que ya no los hacemos o decimos ahora...

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Frases típicas “¡¡Ayy Santa Pace!!” “Con tinito” “Ayy pooobreee” (en alusión a Matías cuando está riéndose o pasándolo bien) “¡Hasta cuándo con los garabatos!” “Ufalele” “¡Ayy Pablo dile!” (para que el papá llame al orden a alguien). “¡¡Los garabatos niños por favor!!” “¡¡Hay que subir agua!!” “¡¡Todos a ducharse, están recién cambiadas las sábanas!!” “¡Pucha Diego!” “si no vas a alabar, calla” “Dame un bocado” “Ayy, Dios me libre y me favorezca” “¡Pucha, Pablo, acabo de barrer!” “¡Ayy qué cansancio!” “¡Ya pues Maaattiiiiaaasssss, vístase mi lindo!” “¿¡Quién está en la ducha!?” (desde afuera del baño, tocando la puerta). “Dile a la Mery/Norma que me prepare un café” “¿Fueron a misa?” “No le hagas caso, Pablo” (cuando el papá andaba cabreado o molesto por algo relacionado con el campo, José, la fábrica, etc). “Pablo, por favor apaga” (la televisión mientras estamos comiendo). “Ufff, qué alivio” (después que la apaga). “Es que a mí me encantan las papas” (cuando se echa más papas de la fuente). “Es todo producción propia” (a una visita mostrándole la fuente de ensaladas).

94


nunca olvidaremos * Su característica forma de contar los cuentos, remontándose a la raíz de la historia y yéndose por las ramas…

* El gusto por la mermelada de naranja y el chocolate amargo.

* Sus abruptas despertadas cuando uno llegaba en la noche a avisarle que había llegado (¡¡¡ayyyy, qué pasaaaa!!!). Cómo olvidar su reacción, pero sobre todo, la colchoneta negra de pelo pegada a la almohada y tapándole la cara (cuando tenía la colchoneta)

* También su pasión por el tinto y un buen pan con queso. * Su ciega preferencia por todo lo relacionado con el Opus Dei, sea bueno o malo, conveniente o inconveniente (y no sólo en el sentido valórico-religioso, en todo sentido).

* Sus idas al campo, dejándonos el refrigerador de Santiago “lleno” de comida y la despensa cerrada. Pero si hay de todo, decía. Hay lechuga, cebollas, limones…

* Sus siestas a ¾ sobre la cama después de almuerzo. De rodillas para abajo fuera de la cama, hacia el lado. Nunca acostada completamente sobre la cama para no poner los pies sobre el cubrecama. Y si uno entraba, nunca estaba durmiendo, estaba sólo con los ojos cerrados…

* Los zapallitos italianos en todas sus versiones, formas y recetas habidas y por haber.

* Sus lecturas de Camino, Surco o similares tocándose los labios con dos dedos de la mano.

* Sus pencazos de amaretto directo desde la botella metida en la despensa de Santiago. Y claro, si uno la molestaba, decía “ayy qué mentiroso, si yo no tomo tragos fuertes”.

* Las uñas de sus pies, su mayor legado genético… además de la sequedad de la piel de las extremidades.

* Sus “suaves” y “armónicos” estornudos.

* El vino tinto o blanco con hielo. “Ayy que tenía sed”, después de empinarse la copita. * El pan con mermelada de membrillo/mora/ ciruela de colación. Algo que seguramente todos nuestros amigos de colegio recuerdan sobre nosotros.

* Su hábil capacidad para esconder chocolates u otros regalos que invitados llevaban a la casa. Y si uno le preguntaba por chocolates, nunca tenía…

manías * La limpieza, su mayor virtud, o quizás defecto. * Apagar todas las luces y uso de ampolletas de 25 watts. * Cerrar todo con llave, en especial la despensa. * Poner el refrigerador en el mínimo, aunque los yogures estén tibios y el queso blando. * El composé para vestirse: el puntito o la raya de la blusa tiene que ser el exacto del color de la pollera, o viceversa. De lo contrario, no combina.

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recuerdo

70 a単os

sylvia

02/2014


"Mis 70"  

70 años de vividos recuerdos.

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