Page 1

Por: Lorena Torres Espinosa 20101033

“No me importa saber si un animal puede razonar. Sólo sé que es capaz de sufrir y por ello lo considero mi prójimo.” Albert Schweitzer

Para cualquier peatón, ver perros y gatos en la calle es simplemente ver la fauna urbana. Nuestros ojos ya se acostumbraron a que parte del panorama de nuestras ciudades sea un perro hambriento, tirado en la acera, con un poco de sarna y con esa mirada triste clamando vida, miradas que muchos ni siquiera notan. La indiferencia, la insensibilidad y a veces la repugnancia no permite que muchas personas se den cuenta que los animales callejeros son víctimas de un sistema que obliga a los humanos incluso ver a los seres vivos como productos desechables: Las calles se llenan de perros y gatos, estos se reproducen, se enferman con la contaminación que nosotros mismos producimos a diario y luego un comité de salud (de cualquier institución relacionada con el tema) clasifica a éstos, que son las víctimas, como plagas. Pero, ¿qué se considera como plaga? La Real Academia define esta palabra como “Aparición masiva y repentina de seres vivos de la misma especie que


causan graves daños a poblaciones animales o vegetales, como, respectivamente, la peste bubónica y la filoxera”; en ese sentido podríamos razonar diciendo que la principal plaga del mundo es la misma especie humana y que ésta, además, es la causante de la aparición de todas las demás.

Cuando a los perros se les clasifica como plagas entonces el camino que se toma es el famoso rifle sanitario, el envenenamiento por estricnina y otros tóxicos; como es el caso escalofriante y reciente de la muerte de 25 mascotas en el barrio Robledo que fueron envenenados con matarratas y vidrio molido el pasado 14 de octubre. Varias personas del sector denunciaron que sus perros se habían extraviado y luego aparecían muertos en el parque Villa de La Campiña. Según líderes comunales, las mascotas fueron envenenadas por personas que reaccionaron de manera intolerable al "mal manejo que se le da a estas mascotas por parte de sus dueños", situación que se ha convertido en toda una problemática en el sector. La cuestión es que esto no soluciona nada; mientras se hacen planes para erradicar a los animales de las calles más y más personas siguen abandonando otros. La raíz del problema no está en el animal, sino en la persona que lo abandona, desgraciadamente son el perro o el gato abandonados quienes pagan con sus vidas la irresponsabilidad de personas sin sentimientos. Sólo hay que razonar que en los ambientes que no son intervenidos por el ser humano las plagas no existen, los ecosistemas mantienen su propio equilibrio de poblaciones; éstas aparecen únicamente donde aparecemos nosotros ¿cierto? Afortunadamente existen muchas personas y organizaciones que dan esfuerzo, trabajo y tiempo para dedicarse a los animales, todos aportando desde un área diferente: planes de vacunación, jornadas de esterilización y castración, centros de adopciones, educación. Pero nada de esto será suficiente si la gente no asume esto como un problema real que está dañando vidas inocentes.


Los ángeles, centro de rescate y adopción canina. Caldas, Antioquia Se detuvo frente a la verja y ahí se quedó esperando. Hombre moreno, de mediana estatura, más joven que viejo, tenía cara de trasnochado, los ojos hundidos, los labios casi morados, llevaba entre las manos una cadena metálica con la que sujetaba un perro pequeño y macizo, de pelaje claro con una mancha blanca en el hocico, no ladraba, estaba de pie, olfateando el aire. "Recíbame este perrito" dijo el hombre al encargado de recepción del consultorio. "Es que un muchacho al que mordió lo quiere matar, lo traje porque me da pesar que lo maten, el perrito se la pasa por ahí en la cuadra echado en cualquier andén." Así cuenta Ángela Reyes, Administradora y dueña del albergue, al preguntarle sobre las denuncias y maltratos de los animales en el municipio de Caldas. Cientos de animales domésticos entre gatos y perros son lanzados a la calle por sus dueños, abandonados a la buena de Dios. La depresión "Micaela llegó hace unos meses, tuvimos que sacarla de los patios porque en todos le pegaban y se deprimía mucho, si no la sacamos se muere. Dos veces la han adoptado y dos veces la han traído de vuelta pues llega, se esconde debajo de las camas y no sale, pero aquí sueltecita se ve contenta", comenta Gloria Piedrahita. Y agrega: "La depresión se ve mucho en los perros que han tenido un hogar y luego han dado a parar a la calle, si la gente supiera lo triste que llega el animal, la tristeza profunda en la que cae… ellos sienten el abandono como nosotros, aquí hemos tenido animalitos que se arrinconan en una perrera, agachan la cabeza y no vuelven a comer… se mueren".


Hay distintas condiciones con cada uno de los perros encerrados en un albergue, hay perros abandonados que están sufriendo mucho porque esa no era su vida, hay perros que vivían en libertad y encerrados no se saben defender entonces también sufren". Ni los albergues ni la eutanasia son la solución Ángela Reyes camina por los corredores que separan los patios. Lleva puesta unas botas pantaneras como la gente del campo, y cada que pasa por un patio se detienen a saludar los perros que se asoman por las verjas. "Esta Pitt Bull es hermosa. Acérquese sin miedo que ella no muerde, es una perrita muy tierna". Ángela parece conocer cada uno de los canes que están albergados en el lugar. Y de cada uno tiene una expresión de afecto que brota al nombrar sus particulares pero únicos nombres, pues en el albergue no hay dos perros que se llamen de igual forma. “Los albergues no son la solución porque cuando la gente sabe de su existencia se quitan responsabilidades de encima y sigue la inconciencia y la irresponsabilidad. Y la eutanasia tampoco es solución porque si de igual manera que se liquida se sigue procreando, creamos un círculo vicioso y poco ético, por ello la esterilización la clave para encaminarse hacia el lado correcto. Las ciudades necesitan albergues por cuestiones de salud pública porque a pesar de la educación y la esterilización siempre habrá perros abandonados.” Afirma Ángela. Brindar ayuda a los animales no es una decisión que se tome en un rato. Es necesario involucrarse y presenciar de cerca el sufrimiento y el desamparo que padecen muchos de estos seres inocentes e indefensos. Sentir su dolor y buscar aliviarlo, convivir con el desprecio del que son víctimas, dejar de lado intereses personales, amar mucho a nuestro prójimo que también los incluye a ellos. Ayudar a los animales es mi proyecto de vida y eso no va a cambiar, aunque tengo claro que a pesar de los enormes esfuerzos que se realicen, siempre seguirán naciendo más y más animales destinados a padecer una vida miserable y siempre habrá personas como yo o como mi familia toda, detrás de ellos tratando de brindarles un poco de bienestar. No puedo ayudar a las personas sino a través de los animales. La solución a la problemática de los animales abandonados no se suscribe a un único punto, abarca toda una cadena que inicia con la educación, se sigue con la esterilización, los albergues y en definitiva con una infraestructura adecuada para la disposición final de cadáveres. Estamos muy mal desde que el respeto por los animales debe legislarse por medio de ordenanzas, acuerdos y dictados constitucionales. El respeto por ellos debe surgir de una inclinación natural, desde un sentimiento de afinidad por unos seres que, como nosotros, son carnales y, por lo tanto, sienten. De cualquier modo, la problemática sobre el respeto por los animales no deja de entroncar con las peculiaridades de la cultura. El animal en la calle, más en nuestras ciudades atascadas y pretendidamente asépticas, es elemento de un conflicto social que no puede evadirse.


De todos modos, hay que ser sensibles y tiernos con las mascotas callejeras y en general con los animales, ahorrarles el dolor cuanto podamos. Es preferible la esterilización masiva a la muerte brutal por miedo al exabrupto demográfico; la protección adecuada, al interdicto radical; el amor inteligente, al mimo idiota.

Recuerda que la solución no es acabar con ellos, con lo que debemos acabar es con la costumbre de que los animales son objetos ¡La solución está en un cambio de conciencia!

Una historia contada en cuatro patas  
Una historia contada en cuatro patas  

Reflexiones sobre el trato que se le da a los perros callejeros en Antioquia

Advertisement