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Historias de un Ayer

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Historias de un Ayer Autores Celeste del Valle - Brenda Bianchi - Leandro Cepeda - Aldana Bertazzoni Agustín Sánchez - María Ansedes - Milagros Pintos - Nicolás Greco Lucía Seelig - José Rossi - Estefanía Argüello - Matías Trebotic - Romina Cardalda Esteban Bua - Adrián Noguera - Camila De Souza Araujo Manuel Miranda - Lourdes Diéguez - Tamara Maciel Talavera - Rodrigo Alarcón Juan Toffolón - Johanna Castearena Vigo Camila Curuchet - Ivana Magnanimi - Daniela Montoya - Sol Piccinino

Ilustración de tapa Esteban Bua


Prólogo

Los días se marcan en nuestros cuerpos, la memoria llena de felicidad nuestra existencia, las palabras nos indican continuamente que “estamos siendo”. Estamos caminando y transitando un camino que juntos se hace más llevadero. Hay proyecto y utopía en el aire. Hay esperanzas y sobre todo, hay futuro. Un futuro que nace a partir de reconocer el pasado vivido, rememorarlo, rescatarlo del olvido desde el presente para proyectarnos a lo que vendrá. Todas estas sensaciones fueron parte de mis días con este grupo de chicos y chicas del colegio. Las clases siempre fueron una oportunidad, un “construir”, un momento de reflexión, un “estar cerca” en este transitar el camino. Y en este recorrido somos muchos los que formamos parte: estudiantes y sus padres, parroquia, profesores, personal del colegio; y todos los que alguna vez caminamos juntos. Ese “caminar” no siempre fue fácil; y a pesar de que en los caminos uno siempre se encuentra y conoce amigos, muchas veces también tropieza con piedras que dificultan el andar. Esas piedras, esos tropiezos, lejos de impedirnos avanzar suelen fortalecer nuestros pasos. Nos forman, nos marcan, nos definen. Y detrás de cada paso, detrás de cada palabra dicha, siempre sentí que latía un corazón. Esos sentires, esos sentimientos comunes que nos unen a todos, hacen que cada uno escriba en el alma del otro. Por eso, considero de vital importancia el recuperar los relatos de estas almas que transitaron estos caminos, que dejaron huellas, historias, memoria. Este pequeño libro, tiene como objetivo rescatar del olvido el paso de estos relatos como construcción de la identidad de este grupo que hoy está dejando este colegio; pero también como parte de una identidad compartida entre todos los que sentimos este sentir. Fuimos, somos y seremos almas que sienten; y ese sentir quedará atesorado en nuestros corazones.

Lic. Lorena Bustamante


Los recreos


Historias de un Ayer

15 años en el San Andrés Avelino Celeste del Valle Todos los recreos del colegio, desde primer grado a sexto año de secundaria. En todos, en la gran mayoría hay buenas anécdotas. Podría estar días y días contando sobre ellos. El primer recreo de primer grado: cinco años de edad, alrededor de todos nenes más grandes que yo. Salimos antes para formar la fila del kiosco, la kiosquera Alicia me decía que nos apuremos. Año 2002 y Alicia está igual que siempre, atendiendo en el mismo kiosco, con el mismo delantal, con las mismas ganas. En particular, desde primer grado a la mitad de este 2013 nunca me trató mal. Hasta diría que la quiero y que la voy a extrañar, ya que formó parte de todos los dos recreos por día que teníamos/tenemos. Los años iban pasando de a poco, desde jardín veníamos bastantes y en primer grado y tercer grado se fueron sumando personas que no voy a olvidar, a pesar de la relación que tenga con cada uno/a. Siendo sincera, cuando estuve en tercer grado, lo que más disfrutaba eran los recreos porque no estaba cómoda en el aula. Bajamos y hacíamos la famosa fila del kiosco de Alicia con mi mejor amiga, Milagros, SOLO para comprarnos, una pizzeta en el primer recreo a las 08.30, o una hamburguesa. Si, esto, todos los días, de lunes a viernes, a la misma hora, la misma comida. Hasta diría que me gustaría que vuelva a hacer las pizzetas, así despido al gran kiosco de Ali por mi paso en el colegio. En cuarto, quinto y sexto grado jugábamos al “futbolito” con el siempre hecho para que no corriéramos en el recreo y no nos pongan bajo la campana. En el momento, yo pensaba que lo hacían por buena onda y para que los recreos sean más monótonos, pero el motivo era: NO CORRER. En quinto grado, había entrado un chico, con el cual tenía una relación increíble, armamos un grupo con Mili para el futbolito. ¡Salimos segundos! ¡Dos mujeres y un chico ganaron jugando a las canicas! En el 2008 empecé a usar la famosa chomba bordo. No decía más “seño”, empezaba a decir “profe”. Los recreos eran solo 3 cursos, el patio más vacío, la fila de Ali más chica. Volvíamos a ser los más chicos en el recreo, todo de nuevo. Hoy, en el 2013, hago memoria y tengo miles de recuerdos. Espero disfrutar la última parte de este año. Voy a disfrutar, y a reír en mi último año. Por muchos más recreos más así. Para poder recordar mi transcurso en el colegio, como me gustaría recordarlo.

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Esos breves quince minutos El quebrado Uno se pone a pensar en el colegio y dice y piensa que es una tortura y para que nos mandan. Sin embargo, dentro de lo “trágico” tenemos el tan preciado recreo que tantas satisfacciones nos dieron y nos da. Los recreos no cambian en el transcurso de los años (salvo de horario), pero nosotros y nuestra forma de ver las cosas si cambian. Durante todos los años de escuela uno va pasando etapas y ese cambio se nota en la forma de envolvernos en el recreo y las clases; ósea, uno empieza de chico a jugar y a conocer otras personas, pero de forma muy distinta a cuando uno es adulto. En eso cuando uno transita el último año de secundaria retrocede en el tiempo para poder añorar todos los momentos buenos y los malos del colegio pero en especial esos 10 o 15 minutos de dispersión todos los días. En estos tiempos modernos donde se está perdiendo la comunicación es importante resaltar, aquellos recreos donde podías charlar, jugar, etc. junto con nuestros compañeros. A menudo trato de hacer una cronología del tiempo (basado en el recreo), donde pasamos de jugar a la escondida a jugar con una pelota de papel o pasar de jugar al uno (y lo seguimos haciendo) a hablar de las cosas que no pasan a menudo. Estos momentos tan gratos que pasamos y disfrutamos hay que guardarlos y atesorarlos por siempre ya que se guarda la esencia del ser niño y la creación de vínculos fuertes entre amigos.

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Recreo Anónimo En primer grado, cuando apenas habíamos empezado la etapa escolar, logre conocer a una persona, una amiga; digo logre porque en ese entonces era una enana cerrada y vergonzosa. En ese entonces, cuando tocaba el timbre del recreo solíamos ir hasta la puerta del kiosco de “Ali”, sentarnos y mientras comíamos lo que nos mandaba mamá para desayunar, mirábamos a los más grandes, para nosotras eran personas gigantes y estábamos lejos de ser así, pero sabíamos bien que en un futuro, los más chicos nos iban a ver de la misma manera. Mirábamos a los “grandes”, pero en especial a uno, era uno el que nos llamaba la atención. Un chico flaco, morocho, alto y tenía algo en particular, que diciendo el apodo que le otorgamos, es muy probable de que sepan cual era; cada vez que nos sentábamos y aparecía, ambas repetíamos a corito – “Mirá ahí está el orejón”. Obviamente lo decíamos sin ánimo de ofender a nadie, y tampoco sabíamos exactamente que era una crítica… para nosotras solo era motivo de una inocente risa, que claramente alegraba cada una de nuestras mañanas.

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Los recreos Adriana Bertazzoni Ponerse a pensar en cómo eran y como son los recreos, trae muchos recuerdos… Antes con las chicas (maru, deni, mica y yo) jugábamos a la mancha, y un juego que inventamos que se llamaba “el monstruo”, donde Mica nos tenía que atrapar, y nosotras nos escondíamos en el “hueco” entre los baños y la iglesia. Era pasar los 15 minutos de recreo más divertidos, porque aparte de jugar, nos sentábamos a hablar y a contarnos nuestras cosas. Hoy las cosas cambiaron y mucho, de por sí, Maru mi mejor amiga, se fue del cole el año pasado (2012) y está viviendo en Gualeguaychú. Por ende, me pegué mucho más a Deni, y ahora mis recreos son con Luli, Tefi, Adri, Deni, Agus y la Peke, con quienes juego al “Uno”, y puedo compartir mis cosas en charlas, risas y salidas. No solo los recreos cambiaron, también cambie yo, con respecto a cómo soy en mi entorno. Soy muy cerrada a mi grupo, aunque creo que algo cambio, ya que me llevo, por así decirlo, con personas que creí que nunca me iba a llevar, o en su momento, no me caían bien. Más allá de todo, los recreos te enseñan a compartir y estar con los otros, y eso es lo bueno, además de saber que esto no dura para siempre, y hay que disfrutar en todo momento el día a día.

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Anécdotas del recreo María Ansedes Me acuerdo que en primaria apenas sonaba la campana del recreo salíamos todos corriendo del aula, algunos hacia el baño, otros al kiosco de Alicia o simplemente agarrábamos los cereales o galletitas para pasar el rato. A medida que iban pasando los años muchas veces se veía aburrido y ahí es cuando aparecían las sogas larguísimas en el que había momentos en el que casi todo el curso estaba esperando para saltar y ver quien aguantaba más; o también cuando no solo saltábamos como siempre sino que ahora se sumaba otra soga más y hacíamos salto doble intentando imitar a los de “Jump In”. Ya a punto de terminar la primaria, estando en 5to empezaron los famosos torneos de bolitas. Hojas Nº3 doblabas para formar los arcos y ahí era el momento para ver quién tenía el mejor. A la hora de salir al recreo, los dos equipos de no más de 3 o 4 chicos tomaban distancia y ahí empezaba el juego. Nunca antes vi que se jugara, no sé si nuestro curso lo invento o qué, pero lo que realmente se es que con la ayuda de Germán pudimos armar una especie de fixture entre 4to, 5to y 6to; y poder hacer un todos contra todos. Por último, cuando termina el torneo, nos premiaba al final del recreo.

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El recreo: un espacio de complicidad Milagros Pintos ¿Quién no miró el reloj durante la clase para escuchar el fuertísimo ruido que hace el timbre anunciando el recreo? Agarrás tu abrigo, sea bufanda, campero, gorro o guantes y salís al patio; en verano corres directamente. Dependiendo en que piso del colegio estés tendrás que bajar las escaleras o no. Esperas que todos se apuren y es por dos razones: o te haces pis y necesitas llegar al baño o porque tenés hambre y sabes que cuando llegues a la cola del kiosco vas a pasarte todo el recreo ahí. Si tenes suerte y te alcanza la plata vas a poder comprarte algo, sino tenes que apurarte a conseguir moneditas y llegar a tiempo antes que Alicia baje su persiana. Pero lo más lindo de escuchar el timbre es saber que tenes diez minutos (antes eran quince y puedo asegurar que cinco minutos se hicieron notar) para estar con tus amigos. Bajar (mi curso siempre estuvo en el primer o segundo piso) significa buscar ese lugar donde da el sol para tirarnos uno arriba del otro y sentir calor humano cuando tu nariz es un cubito de hielo. Bajar significa recordar todo lo que pasó el fin de semana y hacerle saber a los demás lo bien que la pasaste. Bajar significa planear las juntadas, las salidas de los viernes y saber que una risa te vas a llevar para continuar las clases de la mejor manera. En los recreos lloramos, nos enojamos, peleamos, nos abrazamos, bailamos y cantamos. De vez en cuando estudiamos y algunas que otras veces hacemos la tarea que no hicimos y tenemos que entregar. Para algunos, el recreo es llenar el estómago y dejar de pasar hambre. Pero el recreo es el punto de encuentro de todos.

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Los recreos Nicolás Greco Recuerdo cuando iba a sexto año en la primaria. Los recreos de cada día los disfrutaba y mucho, pero a la vez me agarraba un poco de nostalgia. Saber que al otro año ya no iba a ser lo mismo, que pasaba de primaria a secundaria y hasta los recreos iban a ser diferentes. Fue en el 2008 que comencé la secundaria en el colegio San Andrés Avelino en el curso de la tarde. Era todo nuevo, profesores, forma de estudio y hasta los recreos eran nuevos. Ya nadie corría en el patio, nadie gritaba, solamente se reunían todos en grupos a hablar de cualquier cosa, todos calmados y tranquilos, y yo al ver todo esto me di cuenta que ya no era lo mismo, que esas actitudes que tenía en primaria tenía que cambiarlas y volverme una persona “adulta” con tan solo 12 años. Poco a poco me fui adaptando a lo que era la secundaria y hoy en día no estoy más en el curso de la tarde, estoy en sexto año de la secundaria a la mañana en el mismo colegio y con 17 años, ya me acostumbré a lo que es la secundaria y sus recreos más tranquilos.

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El recreo Lucía Seelig Apenas toca la campana para irnos del aula e ir a disfrutar diez minutos de un recreo, todos salen corriendo; me pregunto por qué, será porque quieren ser los primeros en comprar en el quiosco o porque querrán ir al baño. Me acuerdo de mis recreos de primaria en el anterior colegio, salíamos a jugar, a despejarnos un poco de todo lo que nos estaban enseñando. Cuando me cambié de colegio todo era muy diferente, tenía miedo, no sabía lo que me estaba por venir. Tenía que adaptarme a lo que eran esos nuevos recreos, al principio estaba sola, sin conocer a nadie, pero de a poco pude integrarme. Vivíamos jugando a la soga, a un juego que inventó un profesor con una canica, hasta haciendo campeonatos para ver quién era el mejor. Ahora los recreos son muy diferentes apenas bajamos estamos sentados hablando abajo del sol, para que no nos dé tanto frío, o directamente pasamos todo el recreo haciendo la fila del quiosco.

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Viajes


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Un día para el recuerdo Leandro Cepeda Fue en el año 2010 cuando estábamos todo el grupo de noveno año, tanto el grupo “A” como el “B” subiéndonos al micro para irnos de campamento por primera vez durante un buen tiempo a Mendoza, ese buen tiempo era una semana, en si era muy poco tiempo pero para nosotros con 13 y algunos 14 años era una eternidad estar tanto tiempo fuera de casa. Allí ya en destino los días eran todos muy lindos y soleados. Durante el día siempre teníamos alguna excursión para más tarde zambullirnos todos de cabeza a la pileta y de noche siempre nos juntábamos en la cabaña que nos tocó a todo nuestro grupo de amigos, diez éramos, un desastre… Aquí me gustaría detener a contar lo que para mí fue el mejor día de esa increíble estadía. Después del almuerzo nos esperaba la excursión de Rafting por el Río Atuel, un río rápido de esa zona de Mendoza, verdaderamente muy cansadora, tan cansadora que a la vuelta no nos quisimos ni meter a la pileta, así que imagínense! Esa noche que mejor que juntarse en nuestra cabaña entre todos amigos con las guitarras a improvisar canciones graciosas, verdaderamente fue un día para el recuerdo.

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Campamento en Mendoza Anónimo En el año 2010 estábamos en 3º año y nuestro viaje de egresados fue en San Rafael, Mendoza. Hasta el día de hoy estoy feliz de haber ido a todas las excursiones, en las cuales me divertí mucho, viviendo nuevas experiencias. Fue en ese campamento en el que, de a poco, descubrí quienes son mis verdaderos amigos, con los que puedo contar siempre que lo necesite en mis temas personales, dándome cuenta que hay gente, que por más que casi no conozca, me ayuda y hay personas con las que compartí mis años escolares que no se preocupan por tus sentimientos, que no les interesa lo que te pasa y te dejan de lado. Es por eso que agradezco haber tenido esa aventura en a que durante una actividad en las montañas, me lastime las rodias y las costillas al caerme de la bicicleta. Fue en ese año en el que me acerque a Lucas, Sergio, Nicolás, Rocío, Ayelén, entre otros, porque fueron quienes me hablaban, me escuchaban y me integraban en su grupo de amigos, compartiendo anécdotas, risas y llantos. También trato sobre eso, el llanto, porque e colegio quiso enseñarnos, que nuestros padres y familiares nos aman demasiado por más que cometamos errores a lo largo de nuestras vidas, ellos siempre nos ayudaran en nuestras decisiones y que aunque nos hayamos ido por unos días, nos extrañan y también nos necesitan. Nos hicieron una carta que a entregaron a última noche y, gracias a ella entendí que mis padres se esfuerzan por darme todas las cosas que tengo hoy en día y agradezco haber hecho cosas como este campamento y como patín artístico, porque hay gente que no puede ni siquiera comer todos los días. Ese viaje sirvió para reflexionar, para madurar, divertirme, pensar, agradecer, descubrir, explorar y para manejarme por si sola tomando decisiones en la que nadie me ayude.

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Mendoza 2010 Anónimo En el año 2010 tuvimos el campamento de Mendoza, fue el más esperado por todos, tanto para el A, como para el B. El recuerdo más presente que tengo, además del micro, en el que todos estábamos muy ansiosos en llegar, cantando canciones y tocando la guitarra, fue la “noche de velas”. Cuando terminamos la última senda de ese día, en el que se nos terminaba nuestro viaje, nos reunimos todos y dentro del lugar donde solíamos desayunar todas las mañanas, nos hicieron sentar en círculo alrededor de una vela, ni siquiera yo, sabíamos muy bien lo que iba a pasar, pero sabía que iba a ser emocionante. Cuando ya todos nos habíamos acomodado, nos repartieron un sobre a cada uno, dentro de él nuestras familias nos habían dejado algo como recuerdo para esa noche. Me acuerdo que lo abrí y empecé a leer, creo que en ese momento todos extrañábamos a alguien y eso nos ponía más sensibles, incluyéndome. Seguí leyendo y miré a todos, a la mayoría ya se le habían quedado un par de lágrimas, me emocioné mucho cuando leí todas esas palabras, me sentí llena y completa, sentía a mi familia cerca de mí, aunque no los tuviera, me abracé con mi amiga que le tenía al lado y lo único que quería en eso momento era llegar a Buenos Aires para darle un abrazo enorme a papá y mamá, sólo tenía que esperar unas horas más, interminables, pero sabía que de una u otra forma valían la pena.

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Mendoza 2010 II Estefanía Argüello Recuerdo las ganas que tenía cuando se acercaba la fecha en que nos íbamos todos juntos a Mendoza, por más que no haya pasado una eternidad, cambiaron mucho las cosas. Éramos más chicos, teníamos muchos menos problemas individuales y grupales, estábamos todos tan felices, fue como convivir una semana con tus amigos/as. Ahora ya falta tan poco para volver a vivir un viaje parecido. Bah parecido no porque estamos mucho más grandes. Me acuerdo en Mendoza despertarnos y desayunar todos juntos, irnos a vencer el miedo tirándonos de una montaña que era enorme, volver a generalmente raspados y que no nos importara, pasamos todo el día gritando, cantando y siempre sonriendo, creo que en ninguno de esos 5 días dejé de reírme, lo disfruté al máximo, me acuerdo de Ariel ‘El rasta’. El dueño de ese completo de cabañas donde fuimos, transmitía tanta paz, te saludaba a la mañana y te llenaba de alegría, todos le tomamos mucho cariño. Sin duda fue un viaje inolvidable.

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Bariloche I Anónimo Bariloche, el viaje que todo egresado quiere vivir y espera durante muchos años. La verdad es que no lo disfrute al máximo, lo pase de una manera totalmente distinta a lo que creí que sería. El 7 de septiembre, un día antes de partir a esta maravillosa ciudad, alrededor de las 20 horas mi abuelo falleció por cáncer, y me cambio a vida completamente. Se me vino el mundo abajo, y por un momento pensé en no viajar, pero mi familia no quería eso para mí, y me convencieron de ir. La pase mal todos los días, permanentemente tenia recuerdos de mi infancia junto a él, era inevitable no llorar y sufrir. Hay cosas de este viaje que no las recuerdo de buena manera, porque estaba el siempre en medio. Pero que estas dos situaciones se hayan juntado, me sirvió para darme cuenta que mis amigas son más que eso, son unas personas demasiado importante en mi vida que estuvieron junto a mí en el peor momento. Me hicieron dar cuenta que no importa o que pase, yo siempre voy a poder contar con el apoyo de esas para ayudarme y protegerme. Además, no solo fueron esas as que se preocuparon por mis ánimos sino que otros amigos que no los creía tan importante, me ayudaron y me hicieron dar cuenta que por más que no seamos los mejores amigos y que no nos hablamos todos los días, puedo contares sobre mis problemas y me van a aconsejar para poder seguir adelante. Ahora, esos amigos son mucho más importante para mí, y a todos esos les agradezco por haberme cambiado e ánimo para pasarlo bien

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Bariloche II Brenda Bianchi Inolvidable. Desde el primer momento fue un viaje único. Después de mil idas y vueltas, de un montón de discusiones lo logramos. Nos costó tiempo, esfuerzo y un poco de lágrimas pero valió la pena al fin. Subimos al micro y nos dimos cuenta que todo lo que habíamos dejado de lado era motivo de mil sonrisas durante 11 días. Compartimos días y noches entre amigas y era lo suficientemente bueno como para pensar en otra cosa. Ni siquiera en las enfermedades que tuvimos después y durante, producto de tonta división. Fue olvidarnos de los problemas cada minuto compartido allá, y hoy significa infinitas anécdotas y risas contantes por cada cosa compartida allá. Desde el primer momento y hasta el último. También es un gracias constante para todos los que hicieron que este viaje inolvidable haya sido posible.

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Bariloche III Matías Trebotic Me acuerdo cuando volvíamos de los boliches de Bariloche con los pibes y hacíamos los famosos ‘’afters’’en la habitación 301, que era una de nuestras habitaciones; cuando llegábamos al hotel con el colegio Excelsior de caballito, nos juntábamos adonde sea a pasar el rato, estos eran un colegio que viajo en nuestro mismo periodo de tiempo que nosotros. Absolutamente todas las noches desde que llegamos, nos poníamos a tocar la guitarra con Nicolás Moran, José Rossi, Rodrigo Alarcón, y yo la armónica, estos 3 son amigos y aliados musicales, Cada persona de una habitación sabía quiénes éramos, porque desde el primer momento llegamos nos instalamos en las escaleras a hacer música para quien quiera escuchar, y para el que no también. A la gente parecía gustarle lo que hacíamos, había un seguridad que hasta nos preguntó si éramos profesionales, y supuestamente llego para decirnos que nos vayamos a una habitación por el alboroto que hacíamos, Cuando nos íbamos a una pieza la gente nos seguía, o nos invitaban a otra e íbamos todos, trasladábamos la fiesta adonde íbamos. Todas las noches nos encontrábamos una cara nueva de un colegio diferente. Siempre se copaban todos, era un tanto extraño, generalmente uno llega de bailar y con las pocas horas de sueño que teníamos más aun, pero se sumaban, hasta a veces chicas del excelsior nos pedían de volver para el hotel para hacer los afters.

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Bariloche IV Estefanía Argüello El 8 de septiembre viajamos a Bariloche, pensar que este viaje lo esperé desde que comencé la secundaria. Pasó todo tan rápido, fueron 10 días de mi vida que disfruté en cada momento. Pensé que las 24 hs del viaje se me iban a pasar muy lento, pero no, desde que me subí al micro todo se pasó volando, el micro fue un canto constante y sin darnos cuenta el coordinador nos dijo "Bienvenidos a San Carlos de Bariloche", estaba lloviendo en Bariloche, no veía la hora de llegar al hotel. Cuando llegamos fue todo mejor de lo que me imaginaba, el "tío bigote" nos recibió de la mejor manera. Desde ahí empezó la fiesta. Los primeros días estábamos bien descansados, pero después dormíamos muy poco pero no nos interesaba. No me perdí nada ni una noche ni una excursión, conocí gente bárbara con la cual me sigo hablando. Sentí que pasó todo muy rápido pero fue un viaje inolvidable. El micro de vuelta fue el momento para dormir lo que no habíamos dormido. Dormí casi todo el viaje hasta que llegamos y vi a todos los que nos fueron a buscar.

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Bariloche V Romina Cardalda Bariloche fue único. Hoy, más de un mes después de volver, es ver una foto y que mi cabeza se llene de recuerdos y ganas de volver. Recuerdo desde el momento en que entramos a la ciudad. "Bienvenidos a la ciudad de San Carlos de Bariloche", esa frase es inolvidable... Empezar a ver la nieve mientras el micro avanzaba, que nuestros coordinadores nos empiecen a contar nuestras primeras actividades; y finalmente llegar al hotel, ser recibidos por gente llena de alegría, y saber desde un primer momento que iba a ser el mejor viaje de nuestras vidas. Aprendí a disfrutar de cada momento, a guardar imágenes y recuerdos en el disco rígido de la memoria. Si hoy me piden que cuente todo mi viaje realmente no puedo, porque no hay palabras para explicar lo mágico de esos once días y la cantidad de sentimientos que me mueven esos recuerdos. En la cena de despedida nos preguntaron si haríamos lo que fuera por repetir ese viaje de egresados, si cursaríamos toda la secundaria completa con tal de volver a vivir esos momentos, y mi respuesta es definitivamente SI. Mientras tanto, recuerdo los mejores días y las mejores personas.

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Fiesta!!!


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24 de Octubre, una noche inolvidable Anónimo Mi fiesta de egresados… ¿Cómo hacer para describir esa noche inolvidable? Llegó nuestro último año y uno de nuestros mayores objetivos era la fiesta; empezamos por conseguir boliche y obviamente como todo lo que entraba en cuestión genero grandes peleas, pero llegamos al punto de poder decidir… ¡Si la fiesta se hacía! Pero para esto necesitábamos juntar o poner demasiada plata, plata que no teníamos ni podíamos pedirle a nuestros padres. Así que la mejor opción era reunir esa plata de cualquier manera. Varios fines de semana salíamos a vender tortas y cosas dulces. En otra oportunidad organizamos en un club, el club de mi abuelo, un pastas libres y a eso le siguió un pizza libre. Tuvimos que movernos mucho, además de lo recaudado traíamos plata de nuestras casas, todo para conseguir NUESTRA FIESTA. Llegó el día… llegó el 24 de octubre… y el Avelino festejaba en The One (nombre del boliche). Entramos al colegio y ya se sentía la felicidad de todos. Todos gritaban, cantaba, se reían. Cuando salimos nos fuimos a decorar el boliche con las chicas, estuvimos alrededor de 3 o 4 horas pegando carteles y decorando el lugar; volvimos cada una a su casa para prepararnos… Eran las ocho y el curso usurpó mi casa, todos juntos comiendo las pizzas que había amasado. De ahí nos fuimos a lo de Lean, que es casi vecino mío, ahí hicimos la previa, la previa a la mejor noche de nuestras vidas. El resto ya es imaginable, llegamos al boliche, llego la gente, y en un momento dado aparecimos, ¡Que felicidad! Todos juntos saltando, gritando, sonriendo de la emoción. El resto de la noche la pasamos bailando y disfrutando de quienes habían ido a vernos. Para terminar la noche, nos llamaron al medio de la pista, y no tuvieron mejor idea que ponernos el tema de “un amigo es una luz” y “recuerdos”. Todos nos abrazamos y lloramos. Después de esa noche nada iba a ser lo mismo. Nos unió como grupo, amigos, ¡compañeros de vida! Sin duda fue la mejor noche de nuestras vidas, un recuerdo mágico.

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Nuestra fiesta Lucía Seeling Todo el año preparando cosas para la fiesta, buscar formas para poder terminar de pagarla, carteles, fotógrafo. Todo para que sea una noche inolvidable. Llegó el 24 de octubre, salimos del colegio, llenos de carteles nos fuimos para el boliche. Decorarlo fue un caos, que dónde pongo esto, que esto acá queda mal, en fín terminábamos de decorarlo, cuando terminamos me fui del boliche corriendo para poder llegar a mi casa con tiempo para prepararme. Comimos todos juntos, e hicimos la previa que tanto esperamos, todos tomando con todos sin importar las peleas pasadas, no nos importaba nada. Llegamos al boliche a seguir disfrutando de nuestra noche, veíamos como se llenaba el boliche, y nos poníamos cada vez más felices. Llegó la hora de bajar, nervios, ansiedad, todo junto. Terminó la noche, todos llorando porque ya no había más cosas para pelear, para ponernos a planear. Fue una noche increíble e inolvidable.

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24/10 Milagros Pintos No miento si digo que el jueves 24/10 fue una de las mejores noches de mi vida. Sin duda va a quedar en mí por siempre. Después de tantos problemas en el curso, de tantas discusiones, insultos, llantos, enojos, logramos hacer la fiesta que dio por terminado o casi, este año tan intenso. Nuestra fiesta de egresados. El esfuerzo de todos por juntar plata y por hacer miles de cosas para que esa noche sea mágica se empezó a sentir desde las nueve de la noche y duró hasta las cinco de la mañana. Nos juntamos a cenar todos juntos, nos cambiamos y después empezó la previa. Con mucha euforia y mucha ansiedad nos fuimos en el trencito a The One. Sólo queríamos divertirnos y pasarla bien. Saltar, bailar, no importaba todo lo que habíamos pasado antes, sólo importaba esa gran noche que nos esperaba a nosotros, los Mikes y los Sullivans de sexto A, los protagonistas de la fiesta. Con muchas expectativas porque sea una gran fiesta empezó la noche. Después del tren, esperar que se llene el boliche y que empiece la fiesta. La mejor de todas, porque la hizo todo 6to A junto y juntos logramos lo que queríamos, pasar una noche inolvidable.

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Fiesta de egresados Leandro Cepeda Que feliz estuve ese jueves 24 de octubre, ese día fue mi fiesta de egresados, la fiesta que cerraría mi esfuerzo de doce años en este colegio y el sacrificio de los días anteriores en ir a repartir todas las entradas dejando de lado mis actividades diarias, entonces tenía una gran expectativa para esa noche, la noche de 6to “A” en la que seriamos protagonistas. Así llega la noche y yo llegando tarde como siempre a lo de mi mejor amiga donde me iba a encontrar con todos mis compañeros de curso para cenar. Terminadas las pizzas fuimos a mi casa que quedaba a la vuelta de ahí, para arrancar la previa. Esa parte omitámosla, ya que nos empezamos a poner “alegres”, pero contemos que vino el fotógrafo y nos sacamos muchas fotos todos juntos fuera del colegio que era como algo nuevo para nosotros. Llegamos a “The One” en un trencito que por cierto fue una fiesta aparte y dentro del boliche al pasar un rato llegaron varios profesores, algunos de los más importantes, y los preceptores que también nos llevamos muy bien. Eso fue muy extraño y gracioso a la vez, estábamos en frente de nuestras autoridades escolares adentro de un boliche y nosotros tomando alcohol, faltaba que me pidan el cuaderno de comunicados… A las dos de la mañana se corta la música, empieza nuestro tema y ahí arranco la verdadera fiesta.

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Historias


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Colegio San Andrés Avelino Brenda Bianchi Es raro como fue cambiando todo creo que mientras evolucionamos nosotros, también evolucionó el colegio y sus internas. Sí, desde la estructura hasta la cantidad de grados y sin olvidarnos de cada personaje que paso por acá. Me acuerdo desde el primer día de primer grado, cuando entré por primera vez al colegio como alumna y parte de esta institución con mi corte carré y mi cara redonda, formaba parte de un nuevo grupo donde todos eran desconocidos, pero no para todos entre sí. Está bueno hacer memoria y meterte un poco en el recuerdo para darte cuenta como pasó el tiempo. Cuantas cosas compartidas y cuantas otras que quizá mejor no recordar. Desde recreos donde esos 15 minutos (ahora pasaron a ser 10, como uno de los tantos cambios.), eran el descanso tan deseado por un par de horas agotadoras, haciendo dibujos y aprendiendo a sumar y restar. También esos recreos eran parte del crecimiento en la relación que tenías con tus amigos. Y con algunas amigas que hoy en día son parte de mis recreos pero aún más de mi vida. Fueron años así, desde primaria hasta secundaria, pasando por campamentos, excursiones y salidas donde cada uno de nosotros lo tomaba y sentía diferente pero a todos nos unía por igual. Fueron años y años, donde con el paso del tiempo, variamos en la cantidad de alumnos, físicamente, y donde los problemas pasaron de ser quién y cómo ganaba el juego de futbolito, a con quién y cómo pasamos Bariloche. Hoy, en 6to año A. El último año. Todos estos años trajeron sus cosas buenas y sus cosas malas, desde cambios de “seño” a profesor, desde ser parte de los ‘chiquitos’ en el recreo donde no nos conocíamos todos, hasta ser parte de ‘los grandes’, donde conocemos y caracterizamos a cada grupo que sale al patio. Porque sí, siempre es más divertidos pasar esos 10 minutos en el patio, riéndote con tus amigos y de los que están a tu alrededor. Porque hoy nos caracteriza el buzo de egresados, pero seguimos siendo parte del montón en los 50 años del colegio San Andrés Avelino.

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Un gran cambio Agustín Sánchez Una de las cosas que me acuerdo de mi vida por el paso del colegio fue cuando tuve que pasar de sexto grado a séptimo, es decir, al primer año de secundaria básica. Yo estaba en el colegio San Antonio y recuerdo que todo fue un gran cambio, porque cuando iba a sexto quedaba en el segundo piso. Y el último, o sea, le tercero era el de secundaria. Entonces ese año en vez de subir dos escaleras subías tres. Encima era como en espiral y llegabas re agitado al final. Pero lo más raro fue pasar al otro patio donde era el recreo. Todos nos miraban porque éramos los nuevos y a la vez los más chicos. Era re incómodo porque no conocía a nadie más grande que yo y además ahora el recreo era solo de secundario. Todos decían que ahora todo se ponía re difícil y que ya no era joda. Recuerdo que en primaria jugábamos a saltar la soga en los últimos años y cuando pasé a séptimo eso ya ni existía. Se ve que yo quería seguir siendo un niño. Y otra cosa fue el tener un profesor distinto para cada materia. Me acuerdo que en ese entonces con mi mejor amigo, Luciano, nos quedábamos re sorprendidos por tener como cinco profesores distintos en una sola clase. Me vienen una banda de recuerdos a la mente y una de esas era cuando yo llevaba un paquete de galletitas y les terminaba dando a medio curso y me quedaba con dos nomás.

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Historias de un Ayer

El niño místico Mick J. Este niño era de primaria, si mal no recuerdo. Yo ya estaba en sexto grado y un día sucedió. Fue un hecho mítico y de rebeldía, que marcó un antes y un después en la historia del colegio. Era un día normal como cualquier otro, sonó la campana, que avisa a las pequeñas masas integradas por los niños más eufóricos que conocí. Particularmente yo, tenía la rutina de ir corriendo a la fila del kiosco, y después ir al baño. Cuando llegué, fui testigo de una escena del crimen, una de las más grandes de la historia del sucio sanitario de hombres. Este niño manchó todas las paredes que componen a lo que llamamos “baño”, y no sólo a una altura baja o mediana, sino que hasta la más remota e ínfima esquina. Incluso hasta el techo salió perjudicado. La sustancia marrón predominaba por todo el lugar, y su olor se sentía hasta el medio del patio. Este malhechor fue un fugitivo momentáneo, ya que se lo vio debajo de la campana en la mitad del recreo; tenía una cara de no haber hecho nada malo o incorrecto, es más, creo que estaba orgulloso. Al finalizar el recreo siempre nos formábamos en filas y luego nos retirábamos a las respectivas aulas; en ese exacto momento apareció Miguelina, la directora de primaria de ese entonces, que tenía la mejor cara de enojada que vi en mi vida. Todos callaron, y se generó un silencio atroz. Se empezó a escuchar la “cagada a pedos” que sufrió el pobre muchachito, pero antes de que concluyera, todos allí fuimos testigos de la mejor contestación hacia un directivo. El niño contestó con cara de enojado y de hombre grande: ¡Prefiero comer arañas antes de irme contigo mujer! Todos pero todos quedamos atónitos, como si nos sacamos un 10 en matemática y después se escucharon las risas más largas y fuertes de la historia. Nada fue igual después de esto.

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6to Año A Humanidades – Colegio San Andrés Avelino 2013

La cruz Manuel Miranda Estábamos en sexto año del secundario, es decir, en el último año del colegio, lo que significa mucho para un grupo de amigos que compartieron muchas cosas, viajes, excursiones, llantos, risas, cagadas. Esto es algo muy importante para la vida de cualquier ser humano que pisa esta tierra. Es el término de una etapa y el comienzo de otra, pero siempre de algo mejor, jamás de algo malo. Sino el comienzo de una nueva cruz que nos va a acompañar el resto de nuestras vidas. En fin, se nos ocurrió demostrar nuestro paso en el colegio con un “signo” que nos represente como UNO y no como personas individuales. Esta cruz tiene un poco de cada uno, una enseñanza por el camino pastoral. La misma fue un gesto de unión, de fuerza y de una mirada fuerte hacia el futuro. La cruz demuestra también un crecimiento del grupo y el comienzo del cambio del mismo. Este es un regalo que hicimos entre todos los chicos de 6°”A” para los 50 años del colegio San Andrés Avelino. Y hoy es un adiós, pero un adiós con fuerza y optimismo haca el futuro, un adiós que significa unión, crecimiento y compañerismo. Un adiós que en un futuro puede ser una puerta para algún hijo, para que el mismo se forme con cada una de la gente que a mi me formó como ser.

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Primer día del señor Matías Trebotic José Rossi Nunca me voy a olvidar, no de mi primer día en el colegio, ya que estoy desde los 3 años en el colegio y no tengo tanta memoria, sino del primer día del “Colo”. Estábamos en sexto grado, formando en el patio, el primer día de clases. Era en marzo, pero a pesar de esto, era un día fresco. Estaba contento, reencontrándome con mis amigos de siempre, contándonos anécdotas de nuestras vacaciones y poniéndonos al día como un grupo de viejas chismosas, de esas que se juntan en las veredas o en las esquinas. Ya llegaba el momento de izar la bandera, cuando de improvisto la directora o algún profesor vino hacia nuestra fila, escoltando a un chico, con el pelo raro, pantaloncitos cortos, como los que usaba Mario Kempes en el mundial del 78 y las medias que le llegaban a las rodillas, al mejor estilo Bob Esponja, blanco, como la leche que había desayunado esa mañana, y los labios, que resaltaban de su cara pálida, y que tiritaban, no porque hiciera mucho frío, sino porque no tenía un abrigo acorde a la situación climatológica. Yo ya lo conocía al “Colo”, jugaba al fútbol conmigo en el club, pero su aparición me tomó por sorpresa, no se si es porque no me comentó lo de su cambio de colegio, o por su gracioso aspecto.

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Las Personas


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Recordando a los profesores Anónimo Marisa fue una preceptora durante muchos años. La conocí en los campamentos de 3º, 6º y 7º. Ella ya conocía a mis hermanos y como yo era la más chiquita me quería mucho, me decía “Montosita” por mi apellido. Siempre a quise por su forma de ser y por la ternura que me daba, pero ella estaba en la tarde y solo comparamos los campamentos. Hasta que llegò el año en el que la pasaron a a mañana y me alegro todas las mañanas. Era 2010, estábamos en 3º y en ese momento el viaje a Mendoza era lo mejor que podías hacer ya que era como el “viaje de egresados”. Los días no se pasaban mas, parecía un viaje imposible de realizar, la fecha no se acercaba. Pasaron las vacaciones de invierno y luego de un mes nos dieron una noticia. Fue lo peor que nos podrían haber dicho, creí que no era cierto sino una broma. Pero no mentían, Marisa dejaría el colegio porque había conseguido trabajo en México y el resto del año lo paso allá. Me entristeció mucho saber que no nos acompañaría a Mendoza, para ese momento no la tendría cerca. Le hicimos una despedida sorpresa, la cual fue muy emotiva. Con todo el colegio le grabamos un saludo y así comenzaron a caer as primeras lágrimas. Luego de un rato llego e último adiós y el último abrazo que recibiría de ella. No podía más de llanto, sin embargo es un recuerdo que permanecerá por siempre en mi cabeza. Hasta el día de hoy no la volví a ver, por más que haya venido el año pasado yo nunca lo supe y no nos cruzamos. Lo bueno es que tengo la forma de contactarme con esa a través de facebook pero cuando le hablo no resisto no llorar, con todos los recuerdos que se me vienen a la mente, logra ponerme una sonrisa en mi cara.

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Padre Luis Esteban Bua Decir que es tan sólo un cura más que pasó por esta parroquia y por el colegio, es decir nada, ya que fue un antes y un después. Fue el pasar de alguien a quien no te daba ni ganas de entrar a la iglesia, a querer ir a misa, sabiendo que estando él ahí, la misa puede seguir siempre el mismo rumbo, pero al ver al frente y ver el rostro de alguien que disfruta lo que hace y trata de transmitir lo que siente a todos nosotros, te cambia un poco la forma de pensar. Pero no sólo lo marca la iglesia, representa corazón, compañerismo, el simple hecho de que se acuerde de cada nombre que alguna vez conoció, aunque se una vez, dice mucho de él. El hecho de acompañarnos en campamentos, convivencias, una charla, fue algo que te hace sentir acompañado. Nunca me voy a olvidar de que en Mendoza él se divirtió más que yo haciendo rafting, verle la cara de felicidad, como de un chico que se divierte como nosotros. Por esa y muchas razones el Padre Luis, es eso un padre, uno que nos cuida, que aunque algunos no lo vean, él nos conoce y nos proteje a todos, se preocupa y nos quiere ver bien, y cuando ya nos tenga que despedir, más de uno va a largar una lágrima por ese adiós.

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Un tiempo fuera de casa Matías Trebotic El entro aproximadamente cuando estaba en octavo año del secundario. Empezó a intervenir en nosotros al año siguiente, ya en noveno, cuando se generó un vínculo entre preceptor/ alumnos. Cuando nosotros estábamos mal o pasaba algo en el curso entraba primero que nadie a ver qué pasaba o qué nos pasaba, siempre con la mejor actitud posible. Te dejaba refugiarte en el, sea cual sea tu problema del momento, aunque no muchos aprovechaban ese acto, para no todos era un buen tipo, ni preceptor. No muchos lograban entender cómo era; y creo que con exactitud nadie; tiene esas cosas contradictorias que tienen las personas que hacen las cosas institucionalmente por más que opinen lo contrario. Sabiendo separar bien lo que es una personalidad de autoridad escolar, de una persona particular. Sería hipócrita decir que en decisiones de él no estuve en desacuerdo total, y que tuve ganas de decirle pensamientos espontáneos peyorativos. Cuando uno es adolescente quiere hacer siempre lo que desea y tener razón en todo. Y que una autoridad te marque qué es lo que está bien y que lo mal (dentro de un estimativo en contexto social el no poder discernir con exactitud estas dos cuestiones) no te agranda mucho realmente, y cuesta mucho entender cuándo te habla una persona directiva y una persona particular, más allá que sea el mismo. Yo me siento agradecido por tener la capacidad de poder haberlo entendido a lo largo de los años, quizá llegó tarde. Ya estoy en sexto año, el último, pero entendí en cada cosa que hizo Nicolás fue por un bien colectivo o individual. Éste año se apartó un poco por conflictos internos nuestros en el curso y ya habrá colapsado su paciencia para con nosotros, pero siempre va a estar ahí para quién lo necesite, o por lo menos yo siento que para mí él estará.

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El quebrado Adrián Noguera No sé cómo empezaré y como terminaré esto que escribo, pero sí sé de qué voy a hablar. En estos pocos renglones que tengo, quiero homenajear a dos personas (que me marcaron el transcurso del colegio): Alexis y Carlos. Este último parece una persona normal, laburador y con una familia, pero que cada día que uno lo ve y lo conoce se da cuenta que no es una simple persona. Si no todo lo contrario, es un ser de luz que siempre está presente, de buen humor, charlatán y otras cosas más, pero que tardaría un montón en escribirlo. En pocas palabras, es un pilar importante tanto para el colegio como para todas las personas que asisten. Ahora tengo la duda de cómo voy a encarar para describir a Alexis. Él es una persona buena, graciosa y siempre está para lo que necesites. Por muchos momentos es un “chico” más, jodiendo, bromeando (más bien bromeándonos) y es un ser de suma importancia para nosotros ya que hemos transcurrido el colegio con él. Además, es una de las pocas personas que se puede mantener un vínculo al terminar el colegio. Por eso y muchas cosas más quisiera agradecerles a ellos dos (y el resto de los profesores) por enseñarme y ayudarme cosas y aspectos de la vida que no sabía.

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Gladys Brenda Bianchi La amo. Es quien está en la puerta cuando cada mañana entrás. Literalmente. No importa el humor con el que estés, las ganas de estar en el colegio que puedas tener, o el problema que tuviste el día anterior. Ella siempre está, para abrirte la puerta y sonreírte seguido de un “Buen día mi amor”. No sé si sabe mi nombre, si me conoce solo de vista o si está cansada de despedirme cada vez que me retiran. Pero nunca demuestra mala expresión. Ella siempre sonríe sin importar el resto. Sea la hora que sea o en pleno verano después de rendir te pregunta cómo te fue y está dispuesta a felicitarte o aconsejarte si no te ve bien.

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Diego I Brenda Bianchi Es el primer año que lo tenemos como preceptor y me di cuenta lo buena persona que es. Sí, los años anteriores lo veía como el preceptor de otros grados y una autoridad ajena nada más. Ahora no, ahora pasó a ser quien nos pide los cuadernos a quien día a día le tomo más confianza. Es quien antes de retarnos o mandarnos al frente se toma el trabajo de hablarnos, y explicarnos cada cosa con su mejor voluntad. Y aunque hay que admitir que a veces no le contestamos de la mejor manera, o no nos portamos tan bien…Él siempre está ahí. Quizá no nos conoce tanto a todos, a algunos más y a algunos menos pero siempre está dispuesto a ayudarnos y darnos un consejo. Desde sus ‘juegos’ en las horas libres, hasta el tiempo que puede brindarte si lo necesitas.

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Diegui Nicolás Greco Siempre te preguntas como una persona puede llegar a molestarte todos los días pidiéndote que te afeites, que te saques el arito de la oreja o de la nariz, que uses el uniforme del colegio o que no llegues tarde y sin el cuaderno de comunicados y que así y todo se haga querer muchísimo. Si quieren saber la respuesta conozcan a mi preceptor Diegui. Él es esa persona que cuando llegas al colegio te está esperando con una sonrisa y su buena onda de siempre. Él es el que te dice “buenos días” a las siete y media de la mañana y te saca ese mal humor con el que te levantaste. Este año fue por primera vez nuestro preceptor, fue la persona que siempre nos aguantó con todos los problemas de Bariloche, de la fiesta de egresados y muchas cosas más que en este momento no recuerdo. Por más que a veces tenga que imponer las reglas que el colegio ordena, nunca te va a molestar que te lo diga una persona como él, ya que se ganó el cariño de todo 6to con su carisma y paciencia más que nada.

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Diego II Camila De Souza Araujo Aunque este sea el primer año que es “parte” de nuestro curso, él siempre estuvo ahí para bancarnos, escucharnos, entendernos y muy pocas veces, retarnos. Ahora es nuestro preceptor el que se banca el lío en las horas libres, el SABER que pedir algo para ‘mañana' amerita tenerlo en 2 o 3 semanas, pedir que se saquen los piercings día tras día, sin obtener respuesta y sin que por esto haya consecuencias, el que banca las malas contestaciones y el que desde el año pasado incansablemente mediante charlas, juegos y videos intenta formarnos para ser excelentes personas y transitar este último tiempo juntos, disfrutando y viviendo al máximo. Aunque solo sea el preceptor creo que todos lo consideramos un amigo, con el que se puede contar SIEMPRE, y el que siempre va a estar presente en nuestra vida.

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Diego III Anónimo Diego fue nuestro preceptor en el último año del colegio, un año difícil de transitar, lleno de dudas y decisiones. Luego de ese año ya nada iba a ser igual y todos lo sabíamos. Fue un año de compañerismo, de proyectos, de viajes… el inolvidable Bariloche, y la noche mágica de nuestra fiesta de egresados, esa noche que disfrutamos todos juntos, como grupo… hermanos. En fin, me voy a basar en Diego y no explayarme en el año sino que en nuestro preceptor, una persona que un año antes era ajena a nosotros, el “precep” de “Los de 4to”; pero llego a nosotros, y al menos en mi marco algo muy lindo, fue una persona que no solo cumplió su función de preceptor poniendo faltas, retándonos por los piercing, mandando notas, etc. sino que hubo momentos en que solo pensó en nosotros como amigo, consejero. Él sabía perfectamente que después de ese año teníamos que elegir una carrera o mismo conseguir un laburo, y una de esas cosas que tanto me marcó, fue el día que entro al aula, empezó a conectar el proyector y nos mostró un video, un video que cada uno tomo a su manera; no sé si realmente me llegó el video, en el que un chico hablaba de la universidad, del interés por la carrera que elijamos ya sea por la plata que deje o la pasión que tengamos por ella; sino las palabras de “Diegui” al terminar de verlo. Nos confesó su interés por nuestro futuro, nos aconsejó que sigamos lo que realmente amemos, no lo que nos llene el bolsillo; realmente después de ese momento, de esa muestra de cariño que nos dejó en claro es lo que nos hace ricos, no en dinero sino del corazón, la muestra de afecto, escucharlo hablar con tanto interés, ver que se reflejaba la importancia en sus con ese brillo que te hace pensar “va a llorar”, fue lo que me llenó, y dejó marcado en mi a nuestro precep “Diegui”.

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Mariano Osuna Manuel Miranda No solo es un profesor, sino un amigo que me dio la vida. Gracias a él elegí mi carrera y me hizo ver la realidad de otra manera. Es un chabón con mucha fuerza de voluntad y sobre todo laburador, por y para los pibes. Me pasaría horas hablando de política con él, porque tiene una mirada crítica y eso no lo tiene cualquiera. Sé mucho de él, sé que lucho mucho para ser el de hoy y eso es muy valorable; “hay muchos docentes, pero no todos son decentes…”. Nunca te canses de enseñar, de transmitir lo que sabes, lo que te gusta, nunca te canses de amar a los pibes y sobre todo de dar al que más lo necesita.

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Mariano Osuna Mick J. De mozzarella debe ser la pizza que más le gusta al profe, ya que el término “muza” era lo único que nos dijo durante los primeros 3 meses; el pizarrón siempre pero siempre estaba repleto de palabras, nunca un confortante espacio vacío. No íbamos a la velocidad de él, hasta el día de hoy nos dice que estamos atrasados con el cronograma escolar. Un día decidimos hacernos un facebook para tener comunicación fuera del cole, y debo decirles que Mariano cada vez que tenía en su poder una computadora, ¡Nos recordaba la plata para las fotocopias, y SUBÍA VIDEOS INFORMATIVOS! ¡Para colmo lo subía a las 11 de la noche! En fin estos pequeños detalles son lo que lo destacan como el gran profesor que es.

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Margarita Esteban Bua Aunque sólo la allá conocido hace unos meses, con el sólo hecho de mostrarme cuan feliz se puede ser haciendo lo que uno ama, marcó, aunque no lo sepa, mi futuro. Siempre me planteé qué hacer con mi vida, qué estudiar, de qué trabajar, cómo va a ser el después de esto que se termina, y siempre terminaba frustrándome por el hecho de no saber. Pero por primera vez, me siento seguro de algo, de que quiero vivir la vida haciendo algo que me haga feliz, sin importar lo material, ni de cuánto voy a ganar. Cuando le pedí consejo y le plantee esto, ella con unas simples palabras, cerró algo que la duda no dejaba. Decirme que este trabajo no va a dejar dinero, pero que ella haciéndolo es cada día más feliz, me marco el camino por el que quiero andar, aunque me digan que lo piense, que no me va a servir, la pregunta estás seguro, no la quiero escuchar más, porque sé que si me equivoco, lo voy a hacer yo. Tan sólo es decir gracias, con el sólo hecho de ayudarme en la búsqueda de mi futuro, hizo un gran cambio en mí, y siempre la voy a tener en mi corazón.

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Historias de un Ayer

María Laura Casadio Manuel Miranda Una profesora, pero no una simple profesora, sino, que también madre, y no es algo menor. Me acuerdo de cada anécdota que contaba en cada clase acerca de sus hijos. Para mí fue una marca demasiado importante en mi vida, ya que no solo te enseñaba Pitágoras, sino que podía hablar de lo que te pasaba en lo cotidiano con tu novia y ella te contaba que estuvo desde los 15 años con su esposo y que ya estaba “cansada” de renegar con su vida cotidiana y no tener tiempo para ella. Pero rescato muchísimo de ella y sobre todo su fuerza y esto me va a quedar gravado en mi vida y sobre todo para llevarlo a cabo en la misma. No solo se ocupa de que apruebes o que aprendas, sino que se ocupa de vos, del pibe o la piba que está mal o tiene mal humor. Siempre con una sonrisa y un optimismo para el futuro, sus charlas interminables, donde uno la miraba y se dormía, porque era una cosa de todas las clases lo mismo, ya que mis compañeros siempre fueron un desastre y “yo” no me quedo atrás. Pero gracias a esto crecí, y es hoy en día que me la cruzo en los pasillos, en la plaza a la mañana entrando al colegio con todos sus hijos y me da alegría saber que una persona tiene tanta fuerza interior; siempre con una sonrisa encima y un saludo de compañerismo! No sé si ella me conoce como Manuel Miranda o como ese pibe gediento que jodía en todas las clases, pero gracias a ella aprendí matemática y lo que más aprendí es tener fuerza siempre, a no bajar los brazos nunca y a tener una familia como la de ella.

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Lorena Bustamante Romina Cardalda La conocimos en quinto año en política y ciudadanía, cuando nosotros estábamos a punto de entrar en un año lleno de discusiones, votaciones por las empresas del viaje a Bariloche, de los colores del buzo; y nos marcó a cada uno desde que entró al aula, medio con seguridad y medio llena de nervios, pero llena de esa paz que la caracteriza hasta el día de hoy. Fue distinto, estábamos acostumbrados a que cuando un profesor nuevo entraba al colegio, bombardearlo y hacerle un poco "la vida imposible", pero, todavía no se bien cómo, Lorena se ganó todo nuestro respeto y amor. Vivimos un año excelente que, en mi opinión, si ella no hubiera estado, habría sido muy distinto. Llegó fin de año y nos enteramos que no iba a ser nuestra profesora en el 2013, en nuestro último año, en donde definitivamente queríamos que nos acompañe. Estábamos felices por ese ao, porque, más que una profesora, se había convertido en una amiga; pero todos nos enojamos con el colegio porque no nos dejaban tenerla en nuestro 6to año. El segundo día de colegio de este año, nos sorprendieron con el rumor de que Lorena había conseguido dictarnos la materia Proyecto de Investigación, y a medida de que nos íbamos enterando todos en el curso, era preguntar y casi suplicarle a los directivos que sea así. Y así fue, estamos a pocos meses de terminar otro año compartido con ella y a veces nos sorprendemos de lo bien que nos llevamos con una profesora, que para nosotros ya es una compañera, la que nos hace bajar un cambio apenas nos ve discutir, la que nos saca una sonrisa cuando entra al aula, la que varios queremos para que nos entregue nuestro diploma y así finalizar un hermoso ciclo, y la que va a quedar marcada en el corazón, me animo a decir, de todo 6toA para siempre.

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Historias de un Ayer

Carlitos Aldana Bertazzoni Considero a Carlos una de las mejores personas del colegio, siempre dispuesto a ayudar, dispuesto a lo que necesite el otro. Es cuestión de entrar a la mañana y decir “buen día” con una sonrisa, recibiendo otra a cambio e irme al mediodía y decirle “nos vemos Carli” o “buen finde”. Es una persona que te recibe con una sonrisa a toda hora, que quiere ayudarte y solucionarte todo lo que puede. Es esa persona, que con sólo verlo y poco conocerlo, lo querés, sabés y te das cuenta lo bueno que es. Creo que tiene un corazón enorme, y lo voy a extrañar cuando no lo vea más o no escuche su “holi”.

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Valeria Lourdes Diéguez No me gustaba el inglés hasta que la tuve como profesora; al principio me costaba, mucho, no me caía muy bien cuando me corregía, o cuando me decía que algo estaba mal. Más adelante, me empezó a gustar el inglés, empecé a entender más y a quererla más. Hoy la veo y pienso “que buena profesora”, como que la tengo allá arriba, la quiero mucho como profesora, y a pesar de poco conocerla, como persona. Y sé que nunca me voy a olvidar de todo lo que me enseñó y la marca que me dejó.

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Maestros de la vida Milagros Pintos Desde que comencé el colegio tuve muchos maestros y profesores que pasaron por mi curso, pero puedo decir que sólo algunos pocos quedaron marcados en mi corazón. Tantos años de colegio me enseñaron, entre tantas cosas, que un maestro, además de dar su materia, puede llegar desde otra manera a los alumnos. Creo que el rol de profesor/maestro va más allá de lo que sucede en el aula, y lo noto más como un acompañante de camino. El maestro es aquel que te incita a estudiar, a tener sed de aprendizaje; pero además aquel que te da el lugar a ser vos mismo y expresar tus emociones, tus ideales y tus incertidumbres. Una clase debe ser grata, amena, donde aprender no se torne molesto o aburrido; así y todo cuando nosotros, los alumnos, estamos insoportables. Hoy, transitando mi último año y reflexionando sobre todo lo vivido, me llevo cuatro maestros que quisiera poder recordar para el resto de mi vida. Germán, María Laura, Lorena y Marisa. Cuatro personas que tuvieron el valor de entrar en mi corazón. Siento que cada uno de ellos fue importante en mi vida, que estuvieron conmigo no solo para calificarme como alumna o cerrarme un trimestre, sino para acompañarme en mi camino personal, formándome como persona. Desde Germán en mis últimos tres grados de primaria hasta Lorena que fue la última que conocí, no compartí clases ni momentos con profesores o preceptores que haya querido tanto. También aprovecho a nombrar a Valeria y Ana María, profesora y maestra de mis años por este colegio que dejaron huellas en mí; pero ellos cuatro siempre se han preocupado por cómo estaba yo más que por si aprobaba su materia o hacia la tarea. Los consejos de Germán, la voluntad y humildad de María Laura, la paciencia y entrega de Lorena y el oído de Marisa son esos tesoros que hoy decido llevarme para la vida que me espera afuera de este gran colegio que me dio la oportunidad de conocer cuatro maestros de la vida.

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Nelly Tamara Maciel Creo que fue una de las personas que más marco en el jardín, ella, la que cuando nos lastimábamos nos mimaba y nos daba los caramelos que tanto nos gustaba a escondidas, la que nos veía e inmediatamente corría a abrazarnos y matarnos a cosquillas. Fue duro ir de a poco separarnos del jardín, pero ella lloraba y reía al mismo tiempo que nos decía que no tengamos miedo de nuestro primer año de primaria. Hay que constatar que estuvo desde el primer momento de nuestra entrada a un nuevo mundo, también por eso fue que nos aferrábamos tanto a ella, la seño nos retaba pero Nelly, al ratito nos sacaba una sonrisa, eso no pasa con cualquier persona, pero ella ya era así por naturaleza, no tenía lado malo, como quien dice…una luz. Pasaban los años, íbamos creciendo, pero igual apenas veía a Nelly y era correr a saludarla, podías mirar siempre estaba corriendo de un lado a otro para pegar notitas, organizar cosas, o para alguna necesidad de algún nene, por lo tanto era inevitable volver años atrás y pensar que hacía lo mismo por vos, pequeñas pero grandes cosas que es tan lindo guardarlas en tu cabeza. Por cuestiones de la vida, tuvo que llegar el momento en el que esa persona tan llena de alegría se tenga que retirar del colegio, obvio con la despedida que se merecía y era increíble, pero increíble la cantidad de personas y ex – alumnos que venían a despedirla, momento de llantos, risas y anécdotas que se escuchaban en la parroquia, ya hace dos años que se fue (2011) y todos siguen recordándola con el mismo cariño, obvio está escrito que una persona como ella en el colegio no va haber.

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Personas del Colegio María Ansedes Terminar el primer ciclo del colegio, terminar tercer grado y hasta ahí solo teníamos solo una maestra, esa que se convertía en nuestra mamá por la mañana. Pero a partir de cuarto grado, todo iba a cambiar. Empezábamos un segundo ciclo en el que íbamos a tener tres maestros y se venía un año complicado. Primer día de clases del 2005, formar y que esté con nosotros un hombre, era extraño, nadie lo conocía. Tener un maestro varón era raro, porque hasta ese momento pensaba en que para enseñar tenías que ser mujer. Pero él supo demostrarnos lo contrario. Pudo enseñarnos no sólo de ciencias naturales y sociales, si no que valores para toda la viva como el compañerismo y la amistad, compromiso y responsabilidad, como también el seguir adelante a pesar de que no todo te saliera como lo esperabas y poder saltar cada piedra junto a él. Él siempre estaba, nos aconsejaba. Él era Germán, una persona que nos acompañó por tres años y que hoy en día sigue presente en cada uno de nosotros.

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Débora Rodríguez María Ansedes Preceptora y profesora de educación física, exigente por demás y responsable con su trabajo. No te perdona nada, ni el arito ni las uñas pintadas, solo si están con algún color clarito. Pero a pesar de todo… Se puede definir como el mejor oído del colegio. En cualquier momento está dispuesta a escuchar lo que sea: anécdotas del fin de semana o peleas del curso. Por otro lado, también da ese empujoncito para arrancar el día con un “Buen día” cuando entramos. En solo tres años se hizo quererla demasiado, compartiendo muchísimos momentos, en los que nos ayudó y acompañó en todo lo que pudo.

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Carolina Fontán María Ansedes Un personaje! Divertida y alegre. Por empezar, saber que es la hija de mi primera maestra del jardín de infantes y conociéndola cada día un poquito más, me hace quererla demasiado. Tiene esa facilidad de hacernos entender mil cosas filosóficas que capaz nunca nos va a servir, pero que a la vez hace que no inmerezca. Tener tiempos de reflexión en la semana, siempre son necesarios. Y ella siempre presente para acompañarnos y apoyarnos.

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Lorena Camila de Souza Araujo Una amiga, así la considero y espero siempre poder hacerlo. Cuando llegó el año pasado pensé que iba a ser una profesora más a cargo de una materia más. Pero no, ese día vino con una predisposición, una sonrisa y miedo, miedo a ese grupo nuevo. Pero las cosas se dieron, se dieron de la mejor manera, y es hoy en día que agradezco haber estado en el colegio en el momento en que ella llegó. Creo no ser la única que lo piensa, pero Lorena tiene una chispa, una chispa que logra hacer que una materia o un problema se transforme en un gran momento o una solución. Estuvo presente en todas y cada una de nuestras discusiones, nuestras tristezas y alegrías siempre sacándonos adelante, haciéndonos ver que lo más importante es estar unidos. Me cambió como persona, me enseñó a interesarme por lo que me gusta, me enseñó a que siempre se puede ayudar y estar presentes, así como ella estuvo en cada uno de nuestros peores y mejores momentos, y como siempre estará en nuestros recuerdos y nuestro corazón.

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Carolina Esteban Bua Qué hablar de alguien que se puede hablar un montón. Te conocimos este año recién, pero a cualquiera a quien le preguntes, puede decir que se siente hace muchísimo más. Conocer a una persona que puede ser ella misma mientras trabaja, te dan no solo ganas de tener la materia, sino que también ganas de poder ser así lo que uno quiere seguir. Decir que alguien se puede ir por las ramas es exagerar, pero empezar a hablar de Platón y terminar hablando de cuando se agarró los dedos con la escalera, es impagable. Explicar lo que te llegamos a querer es imposible, y que nos recibas siempre con un abrazo es inigualable y creo que siempre lo voy a tener presente y lo voy a extrañar demasiado.

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Débora Aldana Bertazzoni Dentro del colegio es una de las personas en las que más puedo confiar. Ya me conoce, sabe cuando estoy bien y cuando estoy mal. Y enseguida me pregunta qué me pasa, me abraza cuando sabe que lo necesito o cuando no paro de llora, y siempre me dice que va a estar todo bien, y que y que mi problema tiene solución. Conoce todo de mí, siempre le cuento lo bueno y lo malo, y siempre está dispuesta a escucharme y ayudarme. Porque siempre tiene buenos consejos, y esas palabras que tanto necesito. Por eso, me llevo tan buenos recuerdos y personas, como ella, que tanto voy a extrañar! Debo va a ser dentro de tantas personas, a quien voy a extrañar porque realmente la considero una amiga, y creo que es una persona de fierro. Que, pese a todo, siempre tiene una sonrisa y un oído para mí.

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Historias de un Ayer

Superheroína Celeste del valle Desde 1999 que estoy en el colegio, sala naranja se hacía dos veces y después pasabas a sala verde. Cuando llegaba llorando porque extrañaba a mi mamá y no quería que fuera a trabajar, la directora Gabriela me hablaba y me tranquilizaba. Después llegaba el momento de ir con Nelly. Supongo que era la secretaria/preceptora de jardín. Siempre estaba para lo que necesites. Nelly estaba para todo. Todo lo que necesitábamos. Ella estaba en su cartito chiquito, ahí tenía todas las cosas que se pueden imaginar. La realidad, es que Nelly me daba mucha más tranquilidad que otra persona en el colegio. Me acuerdo, que en el segundo año de sala naranja, me tiré sin querer mate cocido; me cargaron y Nelly fue como mi SUPERHEROE, me fue a buscar, me llevo a su cuartito, que hoy en día es parte de un aula en el primer nivel) Ese cuartito era mágico para mí a esa edad, me acuerdo como era…. Los colores, donde estaba el escritorio, el placar, las puertas, todo. En ese cuartito, cuando me rescató como mi superhéroe, ella buscó un pantalón que me entre y me lo dio para que me cambie. Después no quería volver, me iban a seguir cargando, y me dejó quedarme con ella. Me dio chupetines, caramelos y me fui contenta con una sonrisa. Todos los días ella siempre con una sonrisa, y su pelo a lo loco. Me acuerdo de cómo caminaba, y que buscaba caramelos en su bolsillo. Mis tres años en el jardín, y mi superhéroe al lado mío siempre. Venía en momentos, como mi salvación. Y sin olvidar los caramelos en sus bolsillos. Pasaron los años, pasaron muchos años, y llegó el 2011. Estaba en cuarto año de secundaria, cuando nos vinieron a contar que se iba del colegio, y le iban a hacer una despedida en la Iglesia. Obviamente que NO iba a faltar. Y fui. Con mi mejor amiga fuimos y la saludamos. Vimos fotos, y recordamos todos los momentos que vivimos con ella. Lloré. Porque ella fue la que me rescataba de todo y siempre con su buena energía nos hacía sentir llenos, como en casa. Disfrutaba estar con ella en el jardín o cuando no estaba más, verla por los pasillos del colegios. Ahora que estoy en el 2013, en mi último año, viendo y viviendo más la realidad. Hoy, con más vivencias vividas, no puedo creer como SIEMPRE pero SIEMPRE ella tenía una sonrisa. Siempre dio todo por cada uno de los chicos. Siempre me voy a acordar de ella y sus superpoderes. Gracias Nelly.

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Los días se marcan en nuestros cuerpos, la memoria llena de felicidad nuestra existencia, las palabras nos indican continuamente que “estamos siendo”. Estamos caminando y transitando un camino que juntos se hace más llevadero. Hay proyecto y utopía en el aire. Hay esperanzas y sobre todo, hay futuro. Un futuro que nace a partir de reconocer el pasado vivido, rememorarlo, rescatarlo del olvido desde el presente para proyectarnos a lo que vendrá.

Lic. Andrea Felsenthal (editora) Lic. Lorena Bustamante (coordinadora)

Historias de un ayer. San Andrés Avelino  

Proyecto llevado a cabo con los alumnos de 6° año "A" del Colegio San Andrés Avelino de Villa Adelina, año 2013. El mismo, trata de rescata...

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