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LUME ABERTO ¿QUÉ VEMOS? Leyendo en la revista Larada el artículo “REPICAN AS CAMPÁS” me hace recordar que hace unos días, estando de vacaciones en Calpe (un pueblo de Alicante), pude disfrutar de algo poco habitual al menos para mí- como fue que las campanas de la iglesia del pueblo, además de tocar en los cuartos y a las horas, en las últimas sonaba una canción diferente para cada una, lo que provocaba en mí mayor atención. Sentado en mi terraza, disfrutando de todo lo que podía ver, oír y sentir, quedé meditando en cuántos de los que oíamos sentíamos algo más que una “simple” música, seguida de un repique. Después, como los días eran calurosos, aprovechaba para dar un paseo “mañanero” por un sendero estrecho e irregular desde el que se podía disfrutar de una maravillosa vista hacia el mar, haciendo de balcones los caprichosos acantilados de la costa, en los que asomaban con todo su esplendor, flores de diferentes colores y aromas. Estas cosas tan “simples” se sucedían cada día, pero realmente cuando las disfrutaba era cuando las sentía. Es decir: el día que mi corazón, sentimientos, disposición….. estaban dispuestos a abrir en mi interior un lugar para que aquel espectáculo de belleza que contemplaba y que jamás volvería a ser visto por mis ojos en igual manera -porque ningún momento de mi vida se repetirá en igual modo- me embriagara y me hiciera sentir la necesidad de agradecer tanta gratuidad. Diré algo más: debo de estar haciéndome mayor porque ahora cuando alguien me da un abrazo, un beso o cualquier gesto de cariño, trato de pensar en disfrutarlo porque ese gesto es único e irrepetible. Pues bien, para mí estos sentimientos son como la propia oración. Normalmente cuando se habla de ello suena a pesadez, aburrimiento y, sobre todo, pérdida de tiempo. Tal vez sea así para algunas personas, pero yo sé, que la vida para vivirla, hay que sentirla y sentir es saber, creer. Yo veía todos los días el mismo espectáculo, pero solo lo sentía cuando iba dispuesto a dejarme invadir por lo que observaba. Ese día penetraba en mí el aroma, los brillos y toda la belleza; ese día lo disfrutaba porque mi disponibilidad existía. ¿Cómo lo conseguía? Desapareciendo el yo y dejando espacio para la Belleza con gratitud. Vacío de sí. Yo creo que algo parecido ocurre con la oración: hay que buscar a Dios sin un por qué, ni un para qué, como harías con un paisaje. Hay que sentir que Él es el Paisaje más hermoso, porque es el Paisaje de la paz, la comprensión y el amor, pero sin un por qué. En la misma revista escribe Matilde Gastalver un artículo muy bonito que habla, entre otras cosas, de afinar los sentidos…..y de ver como Jesús veía….. Yo digo más: sentir como Jesús sentía y amar como Él amaba. Tal vez, seguimos buscando lo que tenemos delante de nuestros ojos y no vemos. Los pobres pueden hacernos ricos. Perdóname George Sunday, “rostros del barrio”, porque nunca me he parado a preguntarte por tu vida, porque no he sido capaz de sentir como Él, por no dejar espacio para Tí. Jesús Peón.

LARADA OUTUBRO  

Revista parroquial mensual

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