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Yo soy el laberinto Cada uno de nosotros tiene su línea de universo por descubrir, pero no se la descubre sino trazándola, trazando su trazo rugoso. Lola es el nombre que ella escogió para Gilles Deleuze.

sí misma, el que se repite en la soledad de su estudio mientras pinta/dibuja/crea, mientras (se) piensa, mientras recoge los pedazos de su historia y los junta para reconciliarse consigo misma. Lola es Ariadna. Lola es Sandra, Lola es quién desee ser. Esta muestra resulta de escucharse, de tomarse el tiempo para sanar, de curar un corazón roto, de habitar la isla del

resurgir convertida en su propio Dionisio. Esta exposición es un acto de autoconocimiento y reconciliación con la vida propia. Es una incitación a entrar al abandono y


laberinto. A veces es necesario introducir la mano en la llaga, estrujar la carne herida, eliminar el pus que supura, limpiar la sangre que chorrea, sentarse a contemplar como cierra la

herida y en su lugar aparece una cicatriz. Lola/Ariadna nos invita a recorrer sus cicatrices, que probablemente sean un espejo de las nuestras, pero sobre todo nos cuestiona acerca de nuestros propios laberintos: esos espacios desconocidos, ocultos, radicalmente silenciados, pero que laten en nuestro interior. Lola/ Ariadna descubre que el ovillo mĂĄgico le pertenece a ella y no necesita a nadie para recorrer el laberinto y enfrentarse a todos sus monstruos. Ella toma en sus manos el hilo que le

su propia existencia. Recoge el hilo que habĂ­a dejado desenrollar a merced de los deseos de lxs otrxs y lo ovilla para volver a su individualidad, ensarta en su corazĂłn cada aprendizaje que este retorno le va ofreciendo. Ha encontrado el placer de la libertad de va a permitir tejer


deambular por otros mundos, entrar en diferentes laberintos y vencer a múltiples monstruos, quizás se extravíe en el camino pero ahora tiene el poder de enroscar/desenroscar su hilo cada vez que se pierda, deconstruyéndose y reconstruyéndose una y otra vez. Déjese llevar por el vértigo de la autoexploración que propone esta muestra y no olvide llevar consigo su ovillo e internarse en su propio laberinto, en sus propias entrañas.

Andrea Alejandro Freire

Performer. Butohka. Hijx de Yemayá. Ilustradoritx. Inventoril de palabras. Fanzinogámicx.


El regalo, el ovillo, el matrimonio Arroz con leche me quiero casar… - Anuncié Casandra gritó y pataleó “no lo hagas” El oráculo me miró y dijo “Ten cuidado que en los detalles encontrarás al diablo”. Obstinada me vendé los ojos, me convertí en un topo. Me puse un vestido rojo y no vi que en la etiqueta decía “amor incondicional”. Me vendé los ojos, me convertí en un murciélago sordo que no volaba. Me vendé los ojos, me corté los tentáculos y los escondí en el olvido. A cambio me regalaron dos gardenias. Me vendé los ojos, caminé hacia el precipicio con una sonrisa y un ovillo de hilo en mis manos. Puse mi corazón en un cofre, lo cerré y firmé en un papel mojado “para siempre”. No veía nada, no pensaba nada, sólo sentía. Regaba con agua acaramelada mis gardenias sin saber que inevitablemente, se marchitarían. Me subí en su embarcación, pagué mi boleto con el ovillo. Sonreía por la lista de promesas de un “por siempre felices”.


El abandono ¿Por qué te vas? ¿Dónde vas? ¿Qué hice? ¿ya no me quieres? ¿no es suficiente? ¿es demasiado? ¿estoy loca? Yo te quiero ¿no es suficiente? ¿dónde estás? ¿qué estás haciendo? ¿me extrañas? ¿piensas en mí? ¿se te olvidaron las promesas? Te llevaste mi ovillo… ¿quién dijo para siempre? ¿fui yo sola? ¿fuiste tú? ¿lo imaginé? ¿el papel? ¿la palabra? Me desperté y el agua me rodeaba. Me desperté, y te habías llevado mis vendas. Te habías llevado mi ovillo. Me dejaste sola, miré alrededor y el mar crecía con mis lágrimas. Me dolían los ojos de ver tanta luz, después de usar tanto tiempo las vendas, el dolor era agonizante. Dejaste el cofre, sin llave, lo abrí y había una masa indescifrable. Las gardenias marchitas y deshojadas. El dolor de ver, el dolor de pensar, el dolor del pecho destrozado. Mirar alrededor y sólo el mar infinito. Quería parar de llorar para que no siguiera creciendo, pero me era imposible. Traté de volverme a cubrir los ojos con las manos, pero no era igual. Rasgué la arena hasta que los dedos me sangraron y así pude volver a escuchar. No podía reconocerme, mi boca botaba espuma. Me ahogo. ¿Dónde estás? ¿piensas en mí? ¿fue todo una mentira? ¿fue todo una fantasía? ¿fui yo sola la que la construí?


El viaje Agotada, aún sangrante, aún espumeante, tirada en la arena, aspiré el aire salado en mis pulmones mientras volvía a reconocer las estrellas en el cielo. Me convertí en esfinge cuando la culpa no me dejó seguir, me convertí en esfinge cuando todos señalaron con el dedo acusándome de ser mujer. Un cuerpo de león flaco, unas alas ralas, los cabellos quemados y los ojos me crecían por toda la cara porque dos ojos ya no eran suficientes para soportar tanta luz. Me amarré las alas y me aventé al mar, a morir. Si el mar no me dejaría en paz, que me abrace. El agua, me ahogo, el agua, me ahogo, el agua entraba a mis pulmones, el agua, me ahogo, el agua salada no dejaba de brotar de mis ojos, el agua se mezclaba con mi sangre. Me ahogué. Cuando ya no podía sentir mi respiración, las lágrimas cesaron. Una voz me susurró al oído “No estás ahorcada, estás colgada”. Me convertí en un molusco de concha negra. Algo me sacó del agua de un tirón, inconsciente, sólo sentía su viscosidad abrazándome durante el viaje del cual desconocía el destino. Fue largo y corto a la vez. Lo vi, era uno de mis tentáculos, había aumentado su tamaño en el olvido o yo me había reducido.


El bosque del olvido o las brujas del recuerdo Cuando llegamos a la orilla me encontré en un bosque espeso. Guardé en mi morral el tentáculo y comencé a caminar por el bosque del olvido. En la entrada me encontré la rueda de la fortuna, una letras grabadas decían “tú decides el movimiento, tú decides la dirección, tú decides la intensidad”. Desesperada me colgué de la manija y comencé a darle vueltas hasta cansarme, caer y romper los grilletes que me colgaban de los tobillos. Seguí caminando.

de seguir llorando, venían y susurraban pequeños secretos que servían como antibióticos para el dolor. Me sacaban a bailar de vez en cuando, a colgarme de cabeza y aprender a hacer que la sangre en mi cuerpo corra en otro sentido. Encendieron las luces para poder ver el camino y disfrutar de la oscuridad al mismo tiempo. Las manos de la fuerza asomaron y me dieron vino, me afilaron los dientes, las uñas, me trenzaron el cabello y rizaron mis pestañas. Barrieron el piso y escupieron en el pasado. Con su sonrisa coqueta dijeron “Mira adelante”.

Visité a la maga, entrando La primera parada más cercana fue mi casa, por el camino de las margaritas, me regaló la primera bruja del recuerdo, mi madre, la herramientas para construir suma sacerdotisa. Mi madre me bañó en los sueños, entre estas estaba manzanilla, me dio de beber té de ruda, una guillotina y una rueca. lavanda y menta, me cepilló el cabello y lo pintó de negro. Puso suche en mi almohada y Me dijo mientras pegaba pintó mis nubes de turquesa para que pueda muñecos de papel que me ponga a trabajar, que mi dormir de nuevo. Me contó historias y me brillo seguía donde estaba, pedía de tanto en tanto “Recuerda quién pero no iba a aparecer solo, eres”. debía trabajar. En las noches más oscuras cuando el dolor no me dejaba soñar venían la luna y las estrellas Visité a Aracne, todos los para acompañarme y ayudar a olvidar la idea martes, me daba papel para


dibujar. Sin darme cuenta me recordó que me gustaba dibujar y hablábamos y me recordó cómo convertir cada idea, cada palabra en hilo. Empecé entonces a envolverme en mi capullo, lo cosí con cada hilo hecho en el martes y lo hacía crecer durante la semana, dejé la luz encendida, pero necesitaba entrar en mí. Encontrarme con el silencio, abrazar el silencio. Abrir el cofre y tragarme la masa que quedaba. Al principio el silencio parece hielo y luego cuando dejas de pensar se cae el cascarón helado y es muy tibio y te escuchas. Ya no es lo que todos dicen, ya no es lo que el otro dice, es lo que tú quieres decir, lo que tú quieres escuchar. Cuando decidí salir, la muerte me sonrió dijo que estaba bien y que estaría mejor, me hizo un camino de cempasúchil hacia el precipicio. Mi precipicio. El que caminaría sola, lunática, sin ninguna muleta, sólo con mi escoba de bruja.


El renacimiento Jugar con el viento, hablar con fuego en la lengua, contener el agua y saber cuándo derramarla, sentir la tierra sin miedo a equivocarse. No dejar de preguntar, nunca dejar de cuestionar, la única forma de recordar que la soledad no tiene que doler, la compañía es una opción, no una obligación, que el dolor no es del todo malo y pasa. Reconocer el espacio en el que te encuentras y transitar. Con juicio y con uvas como aretes. Descubrir que yo soy el laberinto.

Sandra González Donoso


Cómo curar el corazón roto

E

l amor, como la vida, se trata de tomar decisiones. Cuando somos jóvenes tomamos decisiones, que debido a nuestra corta experiencia, nos pueden llevar a vivenciar paisajes emocionales dañinos o no tan beneficiosos para nuestro crecimiento. Esto se debe a varias razones: 1. Fijación inmadura en la forma infantil de recibir amor. {Espero que mi pareja me ame como mis padres; la consecuencia es un amor no recíproco, ya que me mantengo en el rol del niño/niña que recibe, pero no puedo comportarme a la altura de un amor adulto y maduro}. 2. Falta de amor propio. {Si una parte de nosotros no se siente merecedora de amor reaccionará de manera obtusa a lo que se recibe de otro. Sin una

cuota decente de amor propio, la experiencia amorosa será enfermiza y desorientadora. Se sentirá que el otro nunca es suficientemente bueno, por eso amarnos a nosotros mismos es una de las cosas más amables y románticas que podemos hacer por nuestras parejas y por nosotros mismos}. 3. La falta de comunicación acerca de las necesidades de cercanía y distancia de cada uno. {En las relaciones, en ocasiones, queremos retener un sentido de libertad, del que sólo nosotros tenemos la llave. Si los temas como cercanía excesiva o distancia excesiva no son abordados dentro de la relación, pueden provocar desastres. Es importante que la identidad personal siempre esté a salvo dentro de la pareja y no peligre disolverse por ésta union}.


4. Las malas infancias son la raíz de las relaciones no satisfactorias {Si a uno le dan el mensaje de no ser merecedora/a de ésta existencia, de ser una carga y una gran decepción, entonces se dificultará tejer relaciones exitosas, aceptar la propia sexualidad, tener ambición y abordar la adversidad con resiliencia. Entonces, ¿cómo liberarnos de estos paisajes emocionales dañinos y acceder a nuestro propio paraíso? Para poder llegar a paisajes emocionales más “paradisíacos” es necesario aprender a rescatarnos a nosotros mismos, en primera instancia. El momento de la salvación a nivel pictórico fue para Sandra el momento en el que el colgado del tarot aparece en su mente, transmitiendo el mensaje de sentirse atascada y restringida en su vida. Cuando nos sentimos atascados en nuestras vidas lo único que se puede hacer es soltar a nivel emocional lo que nos ata al pasado. Éste fue un proceso que tomó tiempo y finalmente se transformó en el proceso creativo de un performance. Lo importante aquí

era transformar la energía de desesperación e inmovilización, en esperanza, tranquilidad y optimismo. El arquetipo del colgado nos ayuda a meditar para romper antiguos patrones de comportamiento y malos hábitos que limitan. Ésta carta nos invita a vernos a nosotros mismos desde una perspectiva totalmente diferente a la usual. Nos invita también a revisar qué puede cambiar en nuestra personalidad de manera que puedan emerger aspectos nuevos que puedan mostrar ser de gran valor a un nivel mucho más profundo en nuestra vida. Por último, la carta del colgado nos incita a evaluar en que áreas de la vida se ha estado entregando mucho a otros en detrimento del propio bienestar mental y espiritual. El martirio no es un estilo de vida que nos haga felices.


Por otro lado, retomando la idea de un principio de que los “buenos amores” proporcionan dirección y salud; en la penúltima estación de su viaje estético, Sandra realiza un recorrido por diferentes brujas que encarnan diferentes cartas del tarot y que la van orientando y recordando sobre sus recursos, en ocasiones, olvidados. El último encuentro en este proceso creativo es con tres personajes que ofrecen tres últimos mensajes de sabíduria, renacimiento y regreso a la vida instintiva: el solitario George, la Venus de Botticelli {reinterpretada} y una version inédita de cómo convertirse en el propio Dionisio, la propia pareja, el propio paraíso. Así como todos ansiamos, en el amor y en la vida, la calma y la sabíduria apolínea, según Nietzsche la sabíduria real es aceptar al Dionisio dentro de nosotros. Supongo, que al momento de discernir qué es realmente la sabiduría y lo “deseable” en el amor, cada cuál sacará las conclusiones que su corazón y experiencia dicten.

Alejandra Marín

Diplomada en Arteterapia, HKT Nürtingen, Alemania.


Profile for Lola Duchamp

El hilo de Ariadna - Lola Duchamp  

Fanzine que acompaña a la muestra El hilo de Ariadna de Lola Duchamp. Se reescribe el mito para crear curas para el corazón roto.

El hilo de Ariadna - Lola Duchamp  

Fanzine que acompaña a la muestra El hilo de Ariadna de Lola Duchamp. Se reescribe el mito para crear curas para el corazón roto.

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