Issuu on Google+

EUGENIO ESPEJO, HISTORIA DE UN NIÑO QUE SE CONVIRTIÓ EN PERIODISTA Y REVOLUCIONARIO

Aquel día, Eugenio despertó con mucho frío, había sido una noche de mucha lluvia, granizo y niebla. Se levantó con algo de esfuerzo, intentó ir a la cocina de su humilde casa, a conseguir algo que comer. Sus intestinos sonaban y pedían comida. Su madre y su padre ya se habían levantado horas antes, a alimentar a los pocos animales que aún les quedaban en el terreno frente a su casa.

Su madre lo vio con cierta tristeza y lo llamó para que tome una taza de agua con alguna hierba que no reconocía, pero que engañaba el estómago. Unas tortillas de maíz ayudan a pasar el momento. Se acurrucó frente al fuego que servía para calentar la olla de barro que usaban para sus alimentos.

Fuera de su casa, llamó la atención el ladrido de su perro Manchas. Salió a calmar a su animal y vio que en la casa de en frente un grupo de españoles reclamaban a su humilde vecino un dinero que le habían prestado, para que inicie una siembra. Era un mal año y el clima había sido reacio, fríos extremos y no solamente la cosecha de aquel humilde indio se había perdido, sino también la de su misma familia y por supuesto de todo el sector de la comuna.


Los españoles comenzaron a golpear al pobre indio y no pararon hasta dejarlo sangrando, no sin antes amenazarlo de volver al siguiente día por el dinero de ellos o lo desalojarían de las estériles tierras que poseía.

En esos momentos, una luz en su alma se prendió y se dio cuenta que esta gente era mala y abusadora. La rebeldía incipiente de niño se prendió y su pecho se llenó de ira e impotencia de no poder defender a ese pobre hombre y su familia. Tenía tan solo 12 años y su fuerza no era suficiente para poder hacer una lucha cuerpo a cuerpo. Su padre y su madre, por su experiencia, prefirieron tomarlo de la mano y meterlo en casa, para protegerlo.

Este abuso marcó su vida para siempre. Pensó en cómo podría ayudar a los indios de su pueblo y pasó semanas buscando una solución. El notó que la diferencia entre indios y españoles a parte del poder del oro y la riqueza era la cultura y comprendió que ese era el camino. Un día bañándose en el río cercano a su tierra, vio su reflejo en el agua y notó su cabellera larga, pero su piel no era oscura como la mayor parte de su pueblo y más bien era relativamente blanca. Pensó en estudiar, se dijo a si mismo que era lo suficientemente inteligente como para engañar a los blancos.

Manos a la obra, se cortó el cabello, en medio de las lágrimas, al saber que tenía que abandonar su vida de indígena. Su madre apoyó la idea y con un


cuchillo muy afilado, ayudó a Eugenio a soportar el momento. Su padre, hombre humilde e ignorante, solamente sabía que no tenía los medios para poder ayudarlo y a pesar de su tez cansada, partida por el sol, sus ojos brillaban de orgullo por la decisión de su hijo. Nunca más podrían recibirlo en su casa y solamente podrían verlo de lejos si alguna vez se podía. El dolor de ver partir al hijo único, entristecía su corazón.

Su plan fue presentarse como un niño recientemente huérfano, en el Convento de los Jesuitas en la ciudad de Quito. Sabía que los sacerdotes podían ofrecerle educación si lograba convencerlos. Efectivamente, se presentó y logró su objetivo. Cayó muy bien al Padre Lucho, quien comenzó a educarlo y enseñarle sus primeras letras, las cuales, tal cual como un bote que se va llenando con absoluta rapidez, reflejaban lo inteligente de su mente.

Los años pasaron, Eugenio no era más que un joven, que todos los días recordaba el acoso que los españoles hacían a su pueblo. Comenzó a escribir y sus pensamientos comenzaron a derivar en una sola palabra, LIBERTAD. Comenzó a pensar

lo que los sacerdotes españoles, le comentaban, de la

forma como los europeos conocían de los sucesos de la Corona, la Política, el Arte e incluso los malos sucesos de esos años. Sin embargo, su seguridad no era suficiente y aún no comprendía que no tenía el

liderazgo adecuado para

poder imprimir sus pensamientos.

El padre Lucho tomó mucho cariño a Eugenio, comenzó a prepararlo en Leyes, Medicina, Política y cultura general. Esto comenzó a afianzar su seguridad y cada vez se acercaba los momentos de hacer conocer a la gente sus pensamientos acerca de Libertad.

Un día volvió a su tierra natal, intentando buscar las verdes aunque no muy fértiles tierras del páramo en el que vivía. Soñaba con ver a su madre y a su


padre, sin embargo, no encontró nada y las tierras habían sido ocupadas por los españoles, que explotaban a los indios del lugar. Comenzó a averiguar por sus padres y aquel vecino que en la infancia vio ser golpeado por los explotadores, lo reconoció y le comentó que ellos murieron, por enfermedades que ahora estaba preparado para curar, por los estudios que ya poseía.

Regresó a Quito y empezó a escribir volantes que pegaba en varias paredes de la ciudad. Su intención fue la de hacer ver a la gente que los españoles eran unos explotadores y que había que luchar para liberarse. Mucha gente pensó en que quien escribía era un loco y otros pensaban que tenía razón.

La intención detrás de todo esto, fue hacer ver a su gente que eran capaces de lograr la liberación de los españoles, por ello, nosotros debemos dar gracias a Eugenio Espejo y sus ideas de libertad y

revolución. Somos el país que

somos, gracias a él. Alex Cosíos Vega Sexto Año de Educación Básica “A”


nino_periodista