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LO REDONDO ES CONCRETO


COOMONTE


José Luis Alonso Coomonte es un artista benaventano que, como los grandes, transita a lo largo de su vida y de su obra en una contínua evolución creativa, tanto en lo concerniente a la estética, a la forma, como a la pura concepción artística. No es fácil encorsetarle en un estilo. El repertorio y variedad de registros de su ingente obra es tan extenso y abierto como su lúcida mente. Buena muestra de lo dicho se puede contemplar en esta exposición. La primera que el Centro de Interpretación de las Ciudades Medievales de Zamora ha organizado y que presenta para dar cuerpo, razón y sentido a su planteamiento fundacional. Zamora sigue siendo, en esencia, el baluarte inexpugnable, la muralla defensiva de aquellos que, como en otros más oscuros tiempos, siguen siendo fieles a ellos mismos. Sin más concesiones que la sincera y honesta reflexión de su quehacer creativo. Pero Zamora, lejos de ser un retiro del Mundo, es una avanzadilla para aquellos que quieren contemplarlo y participar de él. Desde otro punto de vista, eso sí. En esencia ese es el espíritu que anima a este Centro a poner de relieve y exponer la obra de todos aquellos que, como Coomonte, tienen algo que decirnos. Algo diferente a lo que estamos acostumbrados a ver y oír. Coomonte es buen ejemplo de esa casta de “homini mundi”. Creador polifacético de espíritu inquieto y comprometido, que investiga, imagina y trabaja en diversas disciplinas artísticas. Uno de aquellos asombrosos creadores medievales que nos sorprende y reclama nuestra atención sobre la vida, la estética o sobre la actualidad. Bien a través de sus irónicas simbologías o de sus sorprendentes reinterpretaciones de las formas y de los objetos.


La trallectoria de éste artista, tanto en Zamora como fuera de ella, ha sido un fascinante viaje a través de estilos, conceptos, influencias y trabajo incansable. Esta exposición es una pequeña muestra de su más reciente obra, cuyo hilo conductor gira en torno a la redondez y la esfericidad. “Lo redondo es concreto”. Un concepto inspirado en la juvenil lectura de La Docta Ignorancia, obra del filósofo alemán Nicolás de Cusa - otro homini mundi del renacimiento - donde se sugiere tal afirmación. Pero, independientemente de la visión cosmogónica y racional del citado teólogo sobre la esencia de las cosas, Coomonte, a través de este mismo argumento, nos empapa de sugerencias plásticas, de invitaciones a la contemplación y a la interpretación. En su obra hay una completa ausencia de dogmatismo. Tanto en lo formal como en lo conceptual. Lo que sí destila es una insaciable curiosidad y un espíritu de búsqueda que trasciende a cualquier convencionalismo estético. Esta exposición no es sino una invitación al pensamiento individual, libre y honesto. Todo un lujo para este Centro y sus visitantes. Lujo al que nos tendremos que acostumbrar, pues esta exposición de Coomonte no es sino el inmejorable punto de partida de otras sucesivas exposiciones de artistas que, como este gran creador, se resisten al “Pensamiento Único” rampante en nuestros días y se aplican en sorprendernos, hacernos reflexionar y afilar nuestra sensibilidad. Rosa Valdeón Santiago Alcaldesa de Zamora


Corona de Espinas. 1999 Hierro forjado Col. Hdad. de Jesús en la 3ª Caída


Corona de Espinas. Detalle


Centro Arte. 1990 Cuero repujado y madera de raĂ­z


Menú para el G8 2004/08 Técnica mixta


MenĂş para el G8 Detalle


MenĂş para el G8 Detalle


MenĂş para el G8 Detalles


MenĂş para el G8 Detalle


Semilla 1993 Hierro ba単ado en bronce


Semilla 1993


Semilla 1993 Hierro ba単ado en bronce


Semilla 1993 Hierro ba単ado en bronce


Doble Espiral 1974 Hierro forjado (60 x 38 x 36)


Doble Espiral Detalle


Respeto I 2008 Madera y vidrio


Semilla 1993 Hierro ba単ado en bronce


Semilla 1993 Hierro ba単ado en bronce


Semilla 1993 Hierro ba単ado en bronce


Semilla 1993 Hierro ba単ado en bronce


Dólar, último ídolo 1973 Hierro. (163 x 130 x 90 cm)


Munch. 2008. Tronco vacĂ­o, porcelana y vidrio.


Munch. Detalle.


Radio Estrella. Detalle.


Radio Estrella. 1975. Hierro forjado (177 x 166 x 100).


Semilla 1993 Hierro ba単ado en bronce


Cristalino. 2008. Vidrio templado y tec. mixta


Cristalino. Detalle.


Ariete. 2004. TĂŠc. mixta (120 x 215 x 60 cm).


Semilla 1993 Hierro ba単ado en bronce


Semilla 1993 Hierro ba単ado en bronce


Discos Sonoros. Detalle.


Discos Sonoros. 2008, Hierro.


Esfera. 1980. Hierro forjado (200 cm. diam)


Quiero renacer. 2008. Corteza de encina y material elĂŠctrico.


Quiero renacer. Detalle.


Semilla 1993 Hierro ba単ado en bronce


Semilla 1993 Hierro ba単ado en bronce


Semilla 1993 Hierro ba単ado en bronce


Semilla 1993 Hierro ba単ado en bronce


COOMONTE R O D A N D O ENREDANDO REDONDEANDO


Un joven Coomonte comienza a enfrentarse con las proporciones clรกsicas del arte griego y romano en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde aprende su oficio.


Hasta ahora siempre había imaginado yo al escultor como uno de esos héroes mitológicos, descendientes acaso de la unión de Vulcano con alguna mortal, quien sabe si celtibérica, aunque no consta que el dios herrero fuera muy dado a tales veleidades. El caso es que una mancha violácea de nacimiento en su mano izquierda, que semeja a una marca de fuego, delata su origen y su destino, aunque él lo atribuya a un antojo de la madre. Pero a pesar de que resulta fácil imaginar a este hombre en su taller de forja, empeñado en moldear la dura y pesada materia con la ayuda del martillo y de su formidable energía, últimamente he comenzado a vislumbrar a ese otro Coomonte narrador, igualmente desbordante y atribuible a la persona que todos identificamos, y que curiosamente siempre estuvo dentro de él. Un narrador que escoge los cuentos sobre la marcha, que se inventa histoDice Coomonte, cuando intentas preguntarle por el arte de hoy, que “el mundo se está llenando de trastos”. Quizá por eso, y por el calor sofocante del verano, tiene estos días la fragua apagada allá, en su estudio-almoneda de San Marcial, tan pulcramente ordenado como rebosante de objetos -¿inútiles?- que él, fiel al precepto de Duchamp, transforma en objetos de arte. Dice que ahora es tiempo de reflexión, y a continuación, sin dar tregua, comienza a llenar el aire de historias, las mil y una historias que bullen sin cesar en su cabeza, como si el fuego que durante años le ha ayudado a dominar el hierro, alimentara ahora un horno siempre encendido de donde salen sus relatos, como panes recientes dispuestos a ser repartidos entre los comensales. Me pregunto qué habría pasado si a Coomonte, en vez de regalarle su padre un tablero de gubias a los once años, le hubiera puesto en las manos un ordenador, o mejor, una grabadora donde recoger sus pensamientos.

rias inverosímiles con apariencia real, a menudo presenciadas por él mismo, y que definitivamente consigue enganchar la atención del que le escucha. No me cuesta situarlo en una plaza, como aquellos relatadores itinerantes de nuestra tradición oral literaria, o en un ágora griega, rodeado de alumnos a los que, con la disculpa de enseñar a modelar, desgrana entre metáforas los misterios de la vida que aún ni siquiera atisban. Lo cierto es que, en la biografía de Coomonte, ambas facetas han trabajado juntas, y esa capacidad comunicativa siempre supo impulsar todo aquello que su ingenio y sus manos eran capaces de producir. Unas manos pequeñas y proporcionadas que, ya desde la infancia, demostraron que podían dibujar, tallar y crear con asombrosa destreza y precisión, como enseguida advirtieron sus sucesivos maestros.


No parece impresionar a este Coomonte la seriedad difuminada del autor de las Meninas, que aparece en la portada del Blanco y Negro. La botella - medio vacĂ­a, medio llena- de Veterano quizĂĄ ayudara a desentraĂąar el enigma del espejo.


Rotundas figuras femeninas van tomando forma bajo las manos a煤n indecisas de los j贸venes estudiantes. En segundo plano nuestro artista se prepara para el futuro en la clase de modelado.


JosĂŠ Luis Coomonte fotografiado en su primer estudio de Benavente, en el aĂąo 1960.


SEÑALES DE HUMO Y así, un buen día, el hijo del ebanista benaventano se encontró estudiando Bellas Artes en Madrid. Tenía dieciocho años, que se correspondían con los 50 de una España franquista, pobre y de perfil más bien grisáceo, pero el aprendiz de artista se instruía con rapidez, bebiendo a grandes tragos todo lo que la enseñanza de la época podía ofrecerle. En la maleta de madera, que él mismo se había fabricado para su viaje, Coomonte iba metiendo sus tesoros: las horas de taller y estudio, los secretos del oficio bien aprendidos, experiencias y amistades duraderas. Después vendría el viaje a París, sus museos, el encuentro con el arte más contemporáneo que le golpea y le obliga a pensar, a situarse él mismo en el mundo y a buscar su propio camino en la escultura, el arte que definitiva e inevitablemente es ya su vida. A partir de entonces nada seguirá siendo igual aunque lo parezca. De momento sí, la penuria económica, el hambre, para no caer en eufemismos, le devuelve no sin lágrimas a Benavente, donde se gana la vida dando clases de dibujo y trabajando en su taller. Pero de la fragua de Coomonte salen algo más que chispas, grandes señales de humo salen, que logran llamar la atención de la Fortuna y ésta le sonríe cuando en 1960 recibe el encargo, que Chillida había declinado, de representar a España en la Bienal de Arte Sacro de Salzburgo. Coomonte gana la medalla de oro con su rompedor Ostensorio. Y para aquellos que no conozcan el significado de esta palabra de añejas resonancias, cito ahora al diccionario, parece necesario: “Custodia que se emplea para la exposición del Santísimo en el interior de las iglesias (…) Parte superior de la custodia, donde se coloca el viril”, es decir el vidrio.

Aparece aquí el escultor, que no el artesano, quien echando mano de materiales rotundos como el hierro forjado, el cuarzo y la roca natural en la base, oro y vidrio en el viril, logra impresionar con una pieza de metro y medio de alto a cuantos en ese momento tienen algo que decir en el panorama artístico español e internacional. Porque el premio, no lo olvidemos, venía de Austria, de fuera de España y ese es el gran salto mortal que realiza Coomonte desde su estudio. Los críticos enseguida elogiaron la valentía del escultor, su uso rompedor de los materiales, su fuerza expresiva… Indudablemente la suerte estaba echada, y a partir de ese momento comienza a recibir encargos para numerosas iglesias, al mismo tiempo que empieza a colaborar con el Movimiento de Arte Sacro, a cuya vanguardia se coloca. Coomonte se entrega en la realización de muchas obras notables de profundo carácter religioso y él “que no es creyente, gracias a Dios”, como suele repetir con ironía, debía sentirse extraño y siempre alerta en medio de tales acontecimientos. Por lo pronto ya andaba interesado en la obra de Nicolás de Cusa, un teólogo y filósofo neoplatónico del Renacimiento, ocupado en advertir las contradicciones del alma y la unidad de los contrarios, como anticipa su obra, “De docta ignorantia”, que el artista cita expresamente.


En 1962 Coomonte regresa a Madrid y junto a los artistas Carlos Muñoz de Pablos y Quico Argüello, crean Gremio 62, cuyo objetivo es la renovación del Arte Sacro.


UNA INDUSTRIA LLAMADA COOMONTE

Porque a Coomonte lo que más le interesa es divertirse. “Yo por lo que lucho

Pero también los bancos, el otro de los poderes fácticos, le encargan proyec-

exposiciones, plazas y hasta una iglesia. Era su manera de saludar a sus

tos. Son los años 60 y 70, y prácticamente toda la geografía urbana española

paisanos, de estrecharles la mano. “Aquí vengo con lo que me ha quedado

comienza a salpicarse de obras suyas. Coomonte se convierte casi en una

- declaraba- no quiero apabullar, pero esto es sólo un aperitivo de mi obra,

industria, como él mismo afirma, en la que él es el creador, el forjador y el

que está dispersa por ahí”. Así se despachaba por entonces un Coomonte

operario al mismo tiempo; especializada en la producción de obras destina-

pletórico de energía y proyectos.

y he luchado siempre ha sido por pasar la vida lo más divertida y agradable posible, sin hacer daño a nadie, pero siempre desde una postura de oposición y de rebelión ante las cosas”. Lo declaraba en una entrevista, a principios de los 80, cuando huyendo de Madrid se instala en Zamora, y monta una apabullante exposición que ocupó literalmente la ciudad, sus salas de

das al espacio público, particularmente rejas, puertas, murales... etc. Regresaba de nuevo a su tierra, y la verdad es que no podría decirse que Es lo que él denomina escultura aplicada, que realiza por encargo, para lo

volvía ligero de equipaje. Para instalarse en San Marcial, donde monta su

que el escultor necesita organizar equipos de trabajo que le permitan sacar

taller y comienza una nueva vida artística y personal, el escultor hubo de

adelante importantes trabajos.

llenar veinte camiones de pesados hierros, máquinas, esculturas, colecciones… Otra de sus aficiones, pues además de coleccionar objetos innume-

La factoría del escultor en Arganda del Rey ya no es una pequeña fragua de

rables, que sólo una mirada experta como la suya logra aislar entre cientos,

artesano. Es una nave industrial de enorme tamaño, donde el artista se atre-

Coomonte cuenta con colecciones únicas como la de juguetes antiguos o

ve con piezas cada vez de mayor formato. Tampoco el hierro guarda ya se-

los sellos de pan, ahora en el Museo Etnográfico de Castilla y León. En fin,

cretos para él, domina su forja y sigue investigando en aspectos formales.

mucho más que un taller, San Marcial se convierte en un lugar especial, a medio camino entre museo y rastro, adonde el escultor llegaba para que-

Por esos años participa también en numerosas exposiciones, dentro de España y fuera (París, México, Nueva York), y produce obras muy diferentes, en las que el artista busca nuevos caminos. A esa etapa pertenecen obras de escultura que participan de estilos muy diversos, en un juego ecléctico que sin embargo lleva su sello inconfundible. También comienza a exponer sus artefactos, máquinas en movimiento y obras inclasificables que, bajo su apariencia lúdico-cinética, esconden una carga crítica y una reflexión fresca y divertida sobre la productiva sociedad actual.

darse, aunque quizá él aún no lo sabía.


Son los aĂąos de la abundancia de encargos. El escultor, segundo por la izquierda, junto al tambiĂŠn zamorano Mostajo, se rodea en su estudio de Arganda del Rey de un equipo de colaboradores que trabajan con ĂŠl y le ayudan a materializar los grandes proyectos.


Coomonte retratado por el fot贸grafo zamorano Angel Quintas.


Monumentos, grandes formatos‌ el escultor parece aceptar todo tipo de encargos, como este monumento al labrador que realizó para la ciudad de Castellón, por encargo de su alcalde.


A veces una bicicleta se multiplica por si misma, se alarga en un interminable tren de piezas engarzadas, que nos invitan a un viaje imposible por el imaginario del artista.


UNA BIENAL ¿DE ESCULTURA? Marcó un antes y un después en lo que a exposiciones de arte en Zamora se refiere, y aún en otros muchos lugares del país. Hablamos de la 8ª Bienal de Escultura Ibérica Contemporánea, de la que Coomonte fue el director, el responsable de aquella empresa enorme, con vocación universal y un algo quijotesca, que logró traer hasta aquí a los mejores escultores del país, los mismos por cierto que todavía triunfan en el panorama artístico nacional. Corría el año 1986 y aquello fue como un gran salto en el vacío. El descomunal esfuerzo de organización de aquella Bienal de Escultura Ibérica, que por primera vez incluía a Portugal, estuvo a la altura del proyecto y de las grandes obras que pudieron contemplarse en las calles de la ciudad, en las salas de exposición, en los escenarios aparentemente improvisados. Puede decirse que todos, prácticamente todos los artistas de peso que en ese momento trabajaban en la escultura contemporánea en la península, acudieron con sus obras a la cita de Zamora. El sistema riguroso de selección de esta bienal, basado en la organización de una red de comisarios en las comunidades autónomas, permitió llegar a lo mejor del país. También el amplio respaldo que se logró de las instituciones locales y sobre todo de la casi recién nacida comunidad autónoma, propició el evento. Pero fue sobre todo a la organización de la bienal a quien puede adjudicarse el éxito de aquella convocatoria, cuya cabeza visible era Coomonte, rodeado de un equipo de trabajo que el escultor supo crear a su alrededor.


“Equilibrio horizontal” llamó Coomonte a su obra, aunque la gente que no se deja imponer títulos con facilidad la conoce como “La balanza”.


El escultor quería hacer un happening - “mujer objeto” se llamaba- con esta maniquí a la que el escultor se acerca castamente en la foto de Agustín Rico. Después pensaban devorársela troceada según el programa, pues iba a ser comestible. No pudo ser. Todavía estábamos en 1974.


La ciudad respiró de pronto un aire nuevo. Grandes bocanadas de oxígeno

no encontrar ninguna continuidad en el tiempo, sin un después que ayudara

puro y fresco la llevaron, al menos por unos meses, a alcanzar un inusual

a comprender el suceso. Más tarde, como suele ocurrir, acaeció el olvido,

clímax artístico que, por descontado, parecía no hallar respuesta en la pro-

pero las semillas se hallaban ya dispersas.

vinciana Zamora - aún no existía ni siquiera Internet - aunque sí tal vez lograra sorprenderla. Tres fueron los símbolos de que se valió Coomonte para explicar y reivindicar este proyecto: la Historia, o mejor, la Prehistoria, que en estas tierras y otras sacó a la luz la denominada cultura de los verracos, toscas esculturas de cerdos o toros realizadas en piedra, que se convertirían en el logo emblemático de la bienal. El río Duero, testigo de grandes gestas y orilla donde se levantaron tantas obras de arte a lo largo de los siglos; fronterizo con Portugal a la par que hilo comunicador. Y finalmente los versos de León Felipe, que sirvieron para lanzar la exposición “como un dardo certero al corazón del pueblo, de todos los pueblos… al corazón del universo”. ¡Cuánta esperanza y buenas intenciones guardaban aquellas palabras! Para Coomonte también supuso un punto de inflexión en su vida la famosa bienal. En aquel gran salto sin red que representó este acontecimiento artístico para la ciudad, el escultor se dejó algo más que la piel: horas de trabajo intenso, desgaste personal, incluso económico, y hasta algún pleito con el ayuntamiento que el Juzgado hubo de dirimir. A pesar de todo, una íntima satisfacción se sube a los ojos del escultor cuando recuerda “la bienal”. Sin duda una experiencia plena, con la desmesura que precisan los grandes proyectos y la propia personalidad de Coomonte. Además la exposición finalmente dejó tan alto el listón, que pareció

Coomonte encadenado a su obra La Farola, como protesta por la agresión que ésta había sufrido al ser restaurada con pinturas inadecuadas. Transcurridas seis horas, megáfono en mano, el escultor denunció los agravios que en su opinión el ayuntamiento había cometido contra su persona.


Marianela es la mujer que comparte su vida con el escultor y colabora con ĂŠl en sus Ăşltimos proyectos.


MAESTRO CUENTISTA Y en esto llegó Coomonte y… decidió doctorarse. Una nueva pirueta en su vida que, desde luego confluía en la línea ya trazada de su vocación de maestro. Si ya antes se había dedicado a la enseñanza en Benavente y en Madrid, ahora su actividad docente se dirigió a la Universidad de Salamanca, a la Facultad de Bellas Artes, para regocijo de los alumnos que tuvieron la suerte de aprender con él y, de paso, escuchar sus cuentos. Participó también en ese experimento anarcozamorano que fue la Universidad Libre de la Experiencia, en el recuperado Cuartel Viriato. Allí compartió con Agustín García Calvo, Luis Quico y Angel Bariego, entre otros, una insospechada cátedra, tribuna popular desde la que dirigirse de manera cercana y antiacadémica a la gente. Lograba así Coomonte adueñarse plenamente de su inclinación comunicativa, del uso de la palabra, tan importante para él al menos como el hierro. Con ella sigue elaborando su particular materia de los sueños, junto con los ingenios que continúa creando en su taller. Por hablar, por el mero placer de contar, lo hace hasta en la radio y sus temas suelen ser tan variopintos como improvisados. Que yo conozca habla de cocina, de ríos, de urbanismo, de la barca de Remedios, de mujeres, de arte o del G7… por citar sólo algunos. Y practica también como ciudadano, participando activamente en la crítica social y, de este modo, seguir sacando fruto a su rebeldía. Incansable, anda ahora en fin muy enfrascado en lo redondo… Dice que es concreto, pero a mi me parece un ardid, un artificio que se ha sacado de la chistera para seguir rodando-enredando. Concha San Francisco



Lo redondo es concreto