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un callej贸n en puebla de sanabria

el espacio de arte volksb眉hne

anterior: la plaza de zamora donde,

en la plaza rosa luxemburgo.

en un edificio del siglo xv, se ubica el parador nacional que originalmente funcion贸 como alcazaba romana.

viaje en el tiempo

Del siglo xxi a la Edad Media; un viaje por la historia desde la literaria Alcal谩 de Henares hasta la peregrina Santiago de Compostela saltando de parador en parador. Texto y fotos de Nani Arenas


¡Bienvenidos al siglo xxi!

Éste podría ser el eslogan de recibimiento del Parador de Alcalá de Henares. Un hotel que representa la vanguardia no sólo de la hotelería española, sino también de la arquitectura más puntera. Y de la nueva imagen de un país como este que en los últimos años ha trabajado duro para adaptar su oferta a los gustos y necesidades de los viajeros del presente. Y de los del futuro. Pero, ¡ojo!, sin perder su esencia. Porque la apariencia de un establecimiento es importante, pero su personalidad es otro asunto muy distinto que no se pierde con facilidad. Por tanto, no se confundan: esas lámparas espectaculares que decoran los salones. Esas luminosas galerías de paredes blancas. Esas habitaciones amplias, llenas de luz, coquetas y funcionales a la vez. Ese jardín tallado, que tantos premios de arquitectura ha recibido, escavado en el suelo y que da forma a un exquisito laberinto de patios interiores, cuyo tejado es transitable y donde el atardecer es mágico. Ese spa oculto bajo la cúpula de lo que fue una capilla y conce64 • Travesías

bido bajo el ala de las últimas tecnologías en relajación, iluminación y decoración… Todo eso es pura apariencia. Porque si las impecables paredes del Parador hablaran, con seguridad nos contarían que, antaño, este lujoso establecimiento (de cuatro estrellas) fue primero un colegio y convento de monjes dominicos construido con ese fin allá por 1510, y siglos después, una cárcel. Sí, durante más de un siglo por los ahora relucientes pasillos desfilaron presos, cientos de prisioneros, algunos fueron condenados por motivos políticos (en particular, durante los años del gobierno del general Franco) y otros eran delincuentes comunes condenados por faltas de todo tipo. Pero ahora, quienes disfrutan de la paz de estos claustros sutilmente ornamentados con piezas de diseño son viajeros que han venido desde todos los rincones del mundo y que llegan hasta esta pequeña ciudad escondida, a 30 kilómetros del bullicioso Madrid, en busca de historia. Y de arte. Y de literatura.

la galería neugerriemschneider.


el edificio del parador de alcalá de henares fue primero un colegio, luego un convento y más tarde una cárcel. hoy es un moderno hotel, con diseño en cada detalle, desde sus lámparas

(anterior) hasta sus salones y pasillos.

Alcalá de Henares, además de alojar el Parador más moderno, atesora el orgullo de ser la ciudad natal del escritor Miguel de Cervantes, nacido en 1547. Sí. Alcalá de Henares, además de alojar el Parador más moderno, atesora el orgullo de ser la ciudad natal del escritor Miguel de Cervantes, nacido en 1547. La cuna de una de las universidades más antiguas de España, fundada en 1508 por un cardenal visionario y reformador, llamado Cisneros —quien dedicó su vida a la creación de un centro de formación para las élites eclesiales, sólo dependiente de la corona española y del Papa—. Donde el humanista y lingüista Antonio de Nebrija culminó aquella famosa gramática, la primera de las lenguas romances. En cuyas aulas se formó lo más granado del Siglo de Oro de la literatura española: Lope de Vega, Calderón, Tirso de Molina, Quevedo… Y en cuyo paraninfo todavía hoy se entregan, todos los años, los premios Cervantes, el galardón más prestigioso de las letras hispanas y que ya ha recaído varias veces en escritores mexicanos como Octavio Paz (1981), Carlos Fuentes (1987), Sergio Pitol (2005) o José Emilio Pacheco (2009).

Esos aires de grandeza pasados están aún latentes en la ciudad que exhibe ufana no sólo un brillante pasado cultural, premiado con una merecida inclusión en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la unesco, sino también por ser una urbe humana, la hermana pequeña de su gran vecina, Madrid. Un refugio con aires provincianos donde el día a día sigue su curso con un sosiego que conquista y sorprende.

En la sierra de Gredos

Si el Parador del Alcalá brilla como el benjamín de la red, el de Gredos, en la vecina provincia de Ávila, se jacta de ser el primogénito de esta familia que ya cuenta con 93 miembros, parte de los cuales recorreremos en este reportaje que nos llevará del centro al norte, de la seca meseta a la España verde, siempre siguiendo el curso del arte y de la historia y de las leyendas. Pero aquí, en Gredos, la imagen cambia Travesías • 65


la experiencia de dormir en santo estevo, en orense, es única. aquí una vista de su claustro. siguiente: una jamonería en la ciudad de salamanca.

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la gastronomĂ­a es un asunto que se toma muy en serio en los paradores. de arriba abajo: pan fresco en santiago de compostela, un postre de yemas en gredos, panes en puebla de sanabria y unos famosos almendrados en santiago.


y aparece la primera sorpresa. La primera prueba de la riqueza de este país de semblantes cambiantes. Para comprobarlo no hay más que fijarse en el entorno. Todo sigue igual. La esencia del Parador sigue fiel a sus orígenes: cuando el establecimiento abrió sus puertas, primero como casa de caza construida según los deseos del entonces rey de España, Alfonso XIII, amigo de pasar temporadas oculto en esta sierra (ahora situada a un par de horas en dirección norte de Madrid). Pero el monarca, visionario, disfrutó poco de la residencia que, a los pocos meses de su inauguración, en 1928, se convirtió en hotel. El rey se dio cuenta de la importancia de empezar a fomentar el turismo en España. Y materializó esta idea al apostar por aquellas zonas recónditas, pero a la vez atractivas, donde con probabilidad ningún otro establecimiento se atrevería a instalarse. Y así nació la consolidada red de Paradores, cuya razón de ser continúa siendo dinamizar el turismo en las zonas menos explotadas y, a la vez, defender la necesaria conservación y recuperación del patrimonio histórico español. Por eso es habitual encontrarnos Paradores alojados en castillos, en conventos, en monasterios… o en viejas residencias de caza, como éste de Gredos, por donde han pasado los personajes más representativos de la historia española del último siglo. Incluso en uno de sus salones se firmó el borrador de la actual constitución española, aprobada en el año 1973. Por tanto, Gredos (tres estrellas) nada tiene que ver con Alcalá de Henares. Aquí manda la piedra. La naturaleza. Y el chuletón de Ávila. Aquí rige el placer de asomarse a la ventana y ver arboledas. Elevadas cumbres que componen el llamado macizo de Gredos, protegido como parque regional, donde habitan miles de cabras monteses, muy fáciles de ver. Además de disfrutar de las comodidades del confortable y regio Parador (y de su delicioso restaurante), se puede entrar en contac-

el joven pícaro comparte con las dos catedrales (una vieja, románica, de 1140, y otra nueva, con elementos góticos, renacentistas y barrocos, iniciada en 1513). Y junto a la famosa ranita que todo el mundo busca en la fachada de la universidad ¡una de las más antiguas del mundo! Y cerca de muchos otros edificios históricos, añejos pero excelentemente conservados, con su característica piedra color miel, que todos juntos dan forma a uno de los conjuntos monumentales más densos y mejor conservados de Europa. Sentarse en alguno de los cafés que decoran los pórticos de la bulliciosa Plaza Mayor, siempre llena de gente, es uno de los diversos pequeños placeres que ofrece la ciudad. O parar en una taberna cualquiera de la Rúa Mayor, una de las arterias más transitadas, a tomarse un vino acompañado de una ración de jamón ibérico de Guijuelo, zona cercana a Salamanca capital y donde la gente vive casi por entero dedicada a la cría del cerdo ibérico, sin duda el producto más sobresaliente de la gastronomía de la zona. Pero cuando llega el atardecer, el mejor lugar que se me ocurre para contemplar cómo se oculta el sol y el cielo juega con los tonos azules y rojizos es otra vez el Parador, estratégicamente situado en el único alto que hay a las afueras de Salamanca. Y uno de los pocos establecimientos de la cadena que no se alojan en un edificio histórico. El de Salamanca, con sus cuatro estrellas, es un ejemplo de hotel funcional, correcto, sí, pero sin ambiciones. Bueno, con una ventaja muy importante contra la que otros hoteles difícilmente pueden competir: sus vistas. ¿Hay algo mejor que levantarse de la cama y toparse con la panorámica de la catedral justo enfrente?, ¿o ver cómo el día se escapa mientras las torres del templo forman siluetas chinescas en el cielo? No. Saludar y despedir la jornada desde el Parador es otro de los imprescindibles de la ciudad.

Salamanca es una ciudad castellana y literaria, provinciana pero cosmopolita, a la vez tranquila, elegante, armónica: un ejemplo de lo que debe ser una ciudad patrimonio. to con la naturaleza más agreste caminando a través de rutas señalizadas de senderismo o para ciclistas, avistando aves, cabalgando de pueblo en pueblo, haciendo escalada, tirando con arco o incluso disfrutar de lanzarse en tirolina (o tirolesa) en el cercano parque de multiaventura…, y cuando llega el otoño ¡a recoger setas! Y en invierno, ¡nieve! Si son de los que quieren visitar esta zona en esta temporada, verán que el manto blanco lo cubre todo. Es entonces el momento de lanzarse a hacer escalada en hielo, excursiones sobre raquetas para caminar por la nieve virgen…, otro mundo, otra oferta. Y si no son ustedes especialmente activos, no dejen de llevarse en la maleta un buen montón de libros para disfrutar del placer de la lectura en la terraza del Parador mientras escuchan el canto de los pájaros como único sonido de fondo. O el aleteo de los árboles, si coinciden con un día de esos en que Eolo hace gala de su fuerza. Pero olvídense de escuchar el motor de un coche o el olor del asfalto. Eso no existe en Gredos.

Salamanca

Los más urbanitas mejor pongan rumbo a Salamanca, a una hora más o menos del parador de Gredos, dirección oeste. Otra de las históricas, otra de las grandes capitales españolas donde el arte y la historia conviven en armonía plena con el presente. Y a donde llegamos siguiendo el curso del Tormes, río literario por excelencia, en cuyas orillas habitó el astuto Lazarillo, uno de los personajes más famosos de la literatura española y sin duda uno de los emblemas de Salamanca. Honor que

Eso y convivir con los más de 50 000 universitarios que habitan aquí. Es fácil encontrarse a alguno por la calle, entre ellos muchos extranjeros. Y no se extrañen si comentan con seguridad que Salamanca es un destino maravilloso para vivir, y para estudiar, y para desconectarse y para salir de copas… Una ciudad castellana y literaria, provinciana pero cosmopolita, a la vez tranquila, elegante, armónica: sin duda un ejemplo de lo que debe ser una ciudad patrimonio, de las de verdad. Salamanca es un modelo a imitar.

La olvidada Zamora

Sólo 65 kilómetros separan a la bella Salamanca de la también ilustre Zamora. Poco menos de una hora en autopista, por la que el coche recorre la amplia meseta castellana, cálida y despoblada, en la que el verde saturado del maíz que por estas fechas, previas al inicio del verano, ya ha brotado y convive con el color ocre intenso de la de la tierra. Y donde siempre hay una colina con un castillo al fondo, o una iglesia derruida que habla de un pasado heroico, ya lejano. Orientamos, pues, la brújula al norte hasta conquistar una de las más grandes ciudades anónimas españolas: Zamora. Y digo desconocidas, pues es una ciudad a la que hay que ir, pues no queda de paso a casi nada. Bueno, sí, los viajeros que se dirijan a Orense pueden pasar por aquí, pero es que tampoco son muchos quienes hacen ese recorrido. No se extrañen si preguntan a algún español acerca de Zamora y es incapaz de responderles algo sobre esa ciudad, muy cercana a la frontera portuguesa y donde en apariencia nunca hay noveTravesías • 69


izquierda: la última parada, la catedral de santiago y su plaza del obradoiro. derecha: un anuncio de la semana santa zamorana, fiesta de interés turístico nacional y la época más popular para su parador

(siguiente).

El Parador de Zamora, con sus cuatro estrellas, es uno de esos edificios donde el tiempo parece haberse detenido allá por el año 1459, fecha en la que se construyó. dades. Porque Zamora rara vez abre las noticias nacionales. Tampoco ha sido cuna de personajes célebres. La prueba es que hasta tiene una página en Facebook que reza: “Zamora existe”. Por eso la sorpresa es tan grande cuando se le descubre, porque es una ciudad bañada por el río Duero, a la que el viajero llega sin pretensiones y, por tanto, su riquísimo patrimonio atrapa con rapidez. Raro es el viajero que no se queda boquiabierto ante esa peculiar catedral románica, cuya cúpula bizantina es única en su estilo. Extraño es el visitante que no se enamora de la paz que reina en este casco antiguo, peatonal y excelentemente conservado, lleno de palacios blasonados, cada uno con su propio escudo heráldico, que denota un pasado noble y señorial. ¡Por favor! No dejen de mirar para arriba en busca de torres, campanarios y chimeneas con nidos de cigüeñas. ¡Qué curioso es el ruido rítmico que hacen estas aves con el golpeteo de sus picos: clac la cla! Muchos se quedan boquiabiertos al descubrir las ruinas de un castillo del siglo xi, abierto al público, y en cuyo recinto defensivo se ha instalado un curioso centro de arte dedicado al escultor local Baltasar Lobo. Y al descubrir que es70 • Travesías

ta zona de la península estuvo poblada antaño por celtíberos, romanos, musulmanes… Sólo hay una época del año en la que esta ciudad se despereza, que los hoteles ponen el cartel de “completo” y, según los datos, los cerca de 80 000 habitantes ¡llegan hasta a triplicarse! Es en Semana Santa, fiesta declarada de Interés Turístico Internacional, el más relevante acontecimiento religioso, cultural y social de la ciudad. Durante cuatro días, las calles se llenan de penitentes con las caras ocultas bajo un capuchón picudo: una vieja costumbre que data de los años de la Inquisición, cuando las personas castigadas por motivos religiosos tenían el deber de cubrirse el pecho, la espalda y la cara, en señal de penitencia. El resto del año Zamora es más sosegada, pero muy animada gracias a los estudiantes que pasan por su universidad y que tienen su segunda residencia en cualquiera de los bares que componen la llamada ruta de los vinos, que es muy recomendable. Pero hay en la ciudad otro imán que atrae a viajeros de todos los rincones. El Parador. Uno de los más antiguos de la cadena y un buen lugar donde experimentar la sensación de volar en el tiempo rumbo a la Edad Media.


Sí. El Parador de Zamora, con sus cuatro estrellas, es uno de esos edificios donde el tiempo parece haberse detenido allá por el año 1459, fecha en la que se construyó y que entonces era el palacio de don Enrique de Mendoza, el primero de los condes de Alba de Liste. En sus estancias durmieron monarcas y nobles como los mismísimos Reyes Católicos. No se sabe cuál fue con exactitud la habitación en la que pernoctaron Isabel y Fernando. Pero sí es probable que la imponente armadura que hoy todavía decora la escalera que lleva al restaurante estuviese cuando ellos pasaron por allí, pues es una de las piezas más antiguas que se conservan en el establecimiento.

Puebla de Sanabria

Dejamos atrás Zamora siempre rumbo al norte, con el verde de Galicia en el horizonte. Dos horas más tarde asoma a lo lejos el siguiente Parador donde haremos parada y fonda: el de Puebla de Sanabria, otro de esos hoteles que confirman la estrategia de la cadena interesada no sólo en dinamizar zonas de interés histórico artístico, como es este caso. En sus orígenes, Paradores también se caracterizaba por ser una red orientada a apoyar a los viajeros de antaño. Aquellas personas que se movían por todo el país, aquí llamados “viajantes”, que atravesaban la península de norte a sur, de este a oeste, y que pasaban muchas horas en la carretera. Fue en esas zonas de descanso casi obligado donde Paradores empezó a ofrecer servicios a aquellos turistas accidentales. Bien con pequeñas casas de comidas, hotelitos con poquísimas habitaciones. Así nació el Parador de Puebla de

Sanabria, localidad situada al norte de la provincia de Zamora, paso natural de Galicia a Castilla, colindando con Portugal (a 42 kilómetros de Braganza). Pasaban por allí tantos viajeros que, en 1945, la entonces aún joven y pequeña red de hoteles inauguró un pequeño albergue de carretera, de sólo 12 habitaciones. Han pasado los años, y ya casi nadie transitaba por Puebla de Sanabria por motivos laborales. Las autopistas han modificado el mapa y muchas de aquellas ciudades de paso, viejos núcleos de conexiones, han caído en el olvido. Sin embargo, el Parador de Puebla no sólo sigue activo, sino que incluso ha crecido hasta el punto de albergar las 42 habitaciones actuales. Y presume ser otro de los modernos de la cadena, después de haber sufrido una reforma integral que le obligó a permanecer cerrado por dos años. Pero, por fin, en 2010 el renovado hotel reabrió sus puertas y ahora reina como un Parador funcional, donde la luz también es protagonista, al cual los viajeros actuales acuden por tres razones fundamentales: por el simple disfrute del establecimiento que ya es un destino en sí mismo. Para visitar la bella localidad de Puebla de Sanabria: un pequeño pueblecito de piedra. Coqueto como pocos. Y lleno de historia que gira en torno a las posesiones de los condes de Benavente que fueron, en el siglo xv, los grandes señores del Reino de León. La prueba de ese poderío la tenemos en el castillo que domina en lo alto del pueblo, y que por cierto, se ve de maravilla desde las habitaciones del Parador. Y la tercera: para disfrutar de la naturaleza, en especial por las posibilidades del lago cercano, catalogado como el mayor de origen glaciar Continúa en la página 100

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feliz descanso en la plaza del obradoiro: los peregrinos llegaron a su destino.

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Guía práctica

{ Paradores }

Distancia total de la ruta, desde Alcalá de Henares hasta Santiago de Compostela: 825 kilómetros. Tiempo recomendado: ocho días. Una noche, mínimo, en cada parador.

Parador de Alcalá de Henares

Colegios 8, Alcalá de Henares, Madrid T. +34 (91) 888 0330 Ubicación: a 26 kilómetros de Madrid y a 20 kilómetros del Aeropuerto Internacional de Madrid-Barajas. Qué comer: no te pierdas su hostería del estudiante, situada enfrente del Parador, la única que queda en funcionamiento de la red. Se encuentra justo enfrente del edificio principal y está decorada al estilo tradicional castellano. Entre sus especialidades: madrileña, callos isabelinos, migas con torreznos y huevos fritos y cochinillo. Imprescindible: un paseo al atardecer por su jardín tallado y una visita a su spa. >Distancia al siguiente parador de la ruta (Gredos): 210 kilómetros.

Parador de Gredos

AV-941, km 10, Navarredonda de Gredos, Ávila T. +34 (92) 034 8048 Ubicación: oculto entre frondosos pinares en el término municipal de Navarredonda de Gredos, a 60 kilómetros de Ávila y 170 de Madrid. Qué comer: muy recomendable un buen chuletón de ternera Ávila, una de las carnes con más fama del país. Un plato de migas. Y de postre, yemas.

Imprescindible: en temporada (otoño) un paseo para recoger setas por los alrededores del parador. >Distancia al siguiente parador de la ruta (Salamanca): 130 kilómetros.

Parador de Salamanca

Imprescindible: una foto con la antigua armadura a caballo, original del viejo palacio. >Distancia al siguiente parador de la ruta (Puebla de Sanabria, Zamora): 111 kilómetros.

Parador de Puebla de Sanabria

Av. Lago de Sanabria 18, Puebla de Sanabria, Zamora T. +34 (98) 062 0001

Teso de la Feria 2, Salamanca, Salamanca T. + 34 (92) 319 2082

Ubicación: a tan sólo 12 kilómetros del lago de Sanabria, el mayor de España de origen glaciar. En el centro de la comarca sanabresa, fronteriza con Portugal.

Ubicación: en el sur de la ciudad, desde un lugar privilegiado por su panorámica desde donde se divisa toda la silueta monumental de la ciudad.

Qué comer: no te pierdas la exquisita cecina, los siempre habituales habones, y de postre una deliciosa tarta de almendra. Todo ello regado con vinos de la tierra.

Imprescindible: pedir una habitación con vistas a la imponente catedral.

Imprescindible: la torrija de postre: ¡espectacular!

>Distancia al siguiente parador de la ruta (Zamora): 65 kilómetros.

Parador de Zamora

Plaza de Viriato 5, Zamora, Zamora T. +34 (98) 051 4497 Ubicación: en pleno centro, a dos pasos de la catedral y del castillo. Qué comer: la carta del restaurante ofrece excelentes platillos tradicionales como el bacalao a la tranca, arroz a la zamorana (con oreja, rabo, panceta y orégano), lechazo y un original rabo de toro deshuesado que hace las delicias de los comensales. De postre nada tan rico como las cañas zamoranas rellenas de helado de queso de Burgos.

>Distancia al siguiente parador de la ruta (Santo Estevo, Orense): 170 kilómetros.

Parador de Santo Estevo Nogueira de Ramuín, Orense T. +34 (98) 801 0110

Ubicación: situado en el monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil, en el Ayuntamiento de Nogueira de Ramuín, en la Ribeira Sacra, donde confluyen los ríos Miño y Sil. A 28 kilómetros de la ciudad de Orense. Qué comer: José Ramón Rodríguez, el jefe de cocina Santo Estevo, es un gallego veterano amigo de sacar lo mejor de la gastronomía típica de la zona como el pulpo, la anguila. De las carnes destaca el cabrito. Platos como el lacón con

grelos, el caldo y el cocido gallego o el queso de Arzúa gratinado completan la oferta. Entre los postres sobresalen la bica de Trives y la bica de Castro Caldelas. Imprescindible: desconectarse del mundo (a pesar del Wi-Fi) y hacer un esfuerzo por emular la vida de los monjes en este entorno por allá del siglo x. >Distancia al siguiente parador de la ruta (Santiago de Compostela, La Coruña): 115 kilómetros.

Parador de Santiago de Compostela Plaza Do Obradoiro 1, Santiago de Compostela, La Coruña T. +34 (98) 158 2200

Ubicación: el Parador se alza en el corazón del casco antiguo de Santiago, en la Plaza do Obradoiro, donde comparte el protagonismo con la Catedral, el Ayuntamiento y el Colegio de San Xerome. A 65 kilómetros de La Coruña y a 59 de Pontevedra. Qué comer: en el Hostal se puede disfrutar de dos ambientes diferenciados: el restaurante Dos Reis, más selecto, y la taberna Enxebre, más informal y con una oferta tradicional gallega. Mariscos y pescados recién sacados del Atlántico, junto a carnes y quesos de la tierra. Imprescindible: echar un vistazo a los paneles del parador, catalogado como museo, donde se muestra parte de la historia. Agradecemos el apoyo de Paradores de Turismo de España por todas las facilidades para la realización de este artículo. Reservas e información en www.paradores.es


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el espacio de arte volksbühne en la plaza rosa luxemburgo.

viaje en el tiempo

Del siglo xxi a la Edad Media; un viaje por la historia desde la literaria Alcalá de Henares hasta la peregrina Santiago de Compostela saltando de parador en parador. TexTo y foTos de Nani Arenas la plaza de zamora donde, en un edificio del siglo xv, se ubica el parador nacional que originalmente funcionó como alcazaba romana. 62 • Travesías

de la península ibérica en un Parque Natural protegido desde 1978. Cuenta la leyenda local que en las profundidades del lago hay un pueblo. Es Villaverde de Lucerna, donde hace ya mucho tiempo paró un peregrino pidiendo comida. Pero nadie en Villaverde se apiadó de él, sólo las ancianas que regentaban el horno le dieron un poco de pan. Muy enfadado el peregrino maldijo al pueblo y con su bastón creó un manantial del que salió tanta, pero tanta agua que el pueblo entero se inundó en pocas horas. Sólo se salvó la casa donde estaba el horno, la cual se ubicaba en la pequeña isla que aún se ve en el lago. Cuentan también los lugareños que bajo las aguas se oculta la iglesia del ya desaparecido Villaverde, cuya campana todavía repica, todos los años, durante la noche de San Juan, cuando se celebra el solsticio de verano. ¿Y qué más se puede hacer en este lago? Para empezar, observar que desde el centro de la villa medieval de Puebla de Sanabria hasta la orilla del lago hay unos 12 kilómetros de distancia. Si pasan por allí en verano, no dejen de acercarse a cualquiera de las pequeñas playas que hay por la zona aunque ¡atentos! En temporada alta suelen estar tan concurridas que más que enamorar, asustan. También se puede navegar, hacer rutas a pie por los alrededores, actividad en especial bella durante el otoño, cuando ya no hay tanta gente y el paisaje ofrece una sinfonía de colores única. Si se gusta de los paisajes nevados, también en invierno se disfruta de toda esa vista cubierta con un manto blanco.

Santo Estevo, la puerta de Galicia

El viaje sigue, y Galicia se advierte en el horizonte. Allá vamos rumbo a otro Parador emblemático de la cadena. El de Santo Estevo, clandestino, oculto en la ladera de una montaña en el corazón de la Ribeira Sacra, en la provincia de Orense. A orillas del Sil, justo en la zona donde el río gallego da forma a unos cañones que lo han hecho famoso y que muchos viajeros recorren a bordo de los típicos catamaranes. Y ubicado en las entrañas de un soberbio monasterio benedictino cuyas raíces se hunden en los siglos vi y vii. Aunque no quedan monjes, la sensación de paz no ha desaparecido. Mientras los pasos retumban en cualquiera de sus tres claustros (románico uno, gótico otro y renacentista el que falta), uno siente ese sosiego digno de los viejos cenobios. Pero pronto se advierte que la huella de ese espiritual pasado sólo queda en la esencia. En la realidad, el Parador de Santo Estevo es un ejemplo de hotel del que casi podríamos decir es ultramoderno. Fue el primero de los nuevos Paradores. El precursor de la nueva imagen de la cadena. Donde la piedra centenaria convive con el Wi-Fi y la decoración de vanguardia encaja a la perfección entre los artesonados antiguos. Donde las piezas de arte moderno realzan la belleza de los capiteles milenarios. Y la sensación de estar en plena Edad Media marida con las comodidades del siglo xxi.

Santiago de Compostela: la meta

Una sensación parecida es la que nos empapa estando en las entrañas de Santiago de Compostela, la última estación de esta ruta que 100 • Travesías

ha comenzado con el hotel más moderno de la red y muere con una estancia en el más viejo del mundo. No es una exageración. El Hostal de los Reyes Católicos está catalogado así en multitud de listas. No tiene rival. Nació como un empeño particular de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, además de hospedería y hospital para atender a la riada de peregrinos pobres y enfermos que pululaban por la ciudad donde se encuentra la tumba del apóstol Santiago, venerada por caminantes desde hace ya siglos y siglos. Ése fue su cometido durante cuatro centurias. Aunque hoy se ha reconvertido en un exquisito hotel de cinco estrellas de gran lujo, todavía conserva parte de aquella función original. Por eso, cada día, el Parador proporciona desayuno, comida y cena gratuitos a los 10 primeros peregrinos que se presenten en el establecimiento con la compostela en la mano debidamente sellada. O sea, con el documento expedido por el cabildo catedralicio que acredita que se han recorrido al menos 100 kilómetros a pie o a caballo (o 200 en bicicleta) para llegar a la catedral, movidos por “intereses espirituales”. El Hostal está en uno de los lados de la Plaza del Obradoiro, donde por supuesto la estrella es la gran catedral románica, construida sobre la tumba del santo y sobre un viejo templo prerrománico, en la que se encuentra el venerado mausoleo, segundo gran centro de la cristiandad en el mundo. Es con probablilidad, la fachada principal del templo lo que más impacta al visitante. Un grandioso retablo al aire libre construido entre los años 1738 y 1750. También el Pórtico de la Gloria deja a casi todos boquiabiertos, con sus más de 200 figuras distribuidas a lo largo de tres arcos, uno por cada nave, cuya idea era brindar a los visitantes de antaño una visión del libro del Apocalipsis esculpida en piedra. Atentos al profeta Jeremías, quien da la bienvenida —desde el pilar derecho del arco central— con la llamada “primera sonrisa” del románico. La plaza y la catedral tienen un reportaje en sí mismos. Al igual que el resto de la localidad en la que culmina este viaje a través del tiempo y de la historia de España, que se materializa siguiendo esta ruta que salta de parador a parador. Es probable que el viajero tenga la necesidad de quedarse unos cuantos días más, los suficientes para empaparse bien del sabor de esta capital gallega que se ha conservado medieval durante siglos. Y que se ha convertido con el paso de los años en un hervidero de emociones por el que desfilan cada día cientos de creyentes. Y de turistas. Donde la mitología y las supersticiones conviven con la fe. Y con la razón. Donde todos los que pisan sus calles empedradas encuentran algo en que creer. El cielo siempre gris y su lluvia omnipresente contribuyen a dar ese toque de adorable melancolía que tanto ayuda a la reflexión. Y a descubrir la cara de ese nuevo Santiago que ha surgido entre las piedras y que ha crecido alrededor del casco histórico cada vez más deshabitado, pero rebosante de tiendas de recuerdos para comprar: desde una vieira pintada hasta una pieza de orfebrería de plata y azabache, así como de tabernas en las que sirven generosas raciones de pulpo o casas con comidas incluidas de menos 12 euros por día. Hasta gran parte de las facultades que componen la universidad se han ido a un nuevo campus, donde hacen su vida los más de 40 000 jóvenes que cursan aquí sus carreras. Pero en el Hostal de los Reyes Católicos, el pasado aún retumba, no sólo con el redoble de las campanas de las dos torres de la catedral, ni con el sonido arcaico de las gaitas que siempre suenan en la Plaza de Obradoiro. Santiago, como decía el escritor gallego Gonzalo Torrente Ballester, se parece a Jericó, pues “hay que dar muchas vueltas para conquistarla”. Lo mismo se puede decir de esta España compleja y rica en matices que se abre al viajero en este recorrido por hoteles que ofrecen una mirada moderna y a la vez añeja de un país lleno de matices.

Travesías-Viaje en el Tiempo por Nani Arenas @NaniArenas  

Reportaje de 13 páginas de la revista Travesias de distribución en toda Latinoamerica así como Bermuda, Caribe y Miami, además de clientes n...

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