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CANTO DE SOLEDAD Andrea Rodríguez Hirtle

COLECCIÓN DE NARRATIVA DEL IES PABLO NERUDA


IES Pablo Neruda Las llaves de la literatura, 2009 Castilleja de la Cuesta (Sevilla)

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PRÓLOGO En Canto de soledad, Cleo, la joven protagonista tiene asumida su muerte a manos de Rose, una bella vampiresa que la persigue incansablemente atraída por su olor. Phil y Diana son un vampiro y una elfa que, alejados de su propio destino, luchan contra todo tipo de seres maléficos. Cuando los tres entran en contacto y unen sus fuerzas para acabar con Rose el resultado será, cuando menos, sorprendente.

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AQUELLA ERA UNA de esas oscuras noches en las que la luna no se ve, al estar tapada por las oscuras e imponentes nubes que encapotaban el cielo. Me temblaban las manos y no sabía si era de frío, o por el simple terror que estaba convulsionando mi cuerpo hasta el punto de no poder tenerme en pie. La miraba a ella, tan hermosa, como traída de otra época y aunque inspiraba confianza, todo lo que quería era huir, alejarme de ella y olvidarme de todo el asunto. Sabía que mi final vendría pronto y en cierto modo lo había asumido, me había despedido de la vida en cuanto salí de casa sabiendo que no tenía otra opción que enfrentarme a ella. Me miraba con ojos fríos y puede que incluso un poco divertidos por el simple hecho de saber que tras tantos meses de haberme perseguido por fin me tenía delante y yo no podía escapar de sus manos, de una muerte segura. También sabía que no tenía posibilidad alguna de escapar, puesto que era más rápida que el viento, ni podía enfrentarme a ella en una lucha entre iguales dada su fuerza sobrehumana. Una angelical sonrisa se formó en sus labios. En otras circunstancias habría sido realmente hermosa pero desde mi punto de vista era la más terrorífica sonrisa que podía haber surcado su rostro. - Es una alegría tenerte aquí, delante de mí, de nuevo.- Su sonrisa se ensanchó. - Siento no poder decir lo mismo.- Gruñí. Tenía la boca seca y apenas fue un susurro pero sabía que me había escuchado. - No te preocupes… no te va a doler demasiado…- Su voz estaba teñida de un detestable tono sarcástico. Su sonrisa se congeló quitándole esa luz natural que irradiaba.

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Se acercó con una lentitud exagerada, a lo mejor solo para que mi sufrimiento se prolongara o puede que fuera para poder disfrutar del momento. Se agachó a mi lado y me sonrió. Esta vez su sonrisa era de autentica felicidad. -

Oh… Para qué mentirte, claro que te va a doler.- Se acercó mucho más a mí.

Una fría ráfaga de viento despeinó mi cabello y me heló hasta los huesos. - Vaya… Un imprevisto...- Dijo con voz un tanto frustrada. - ¿Qué demonios…?- No me dio tiempo a acabar la frase. Un musculoso brazo me agarró de la cintura y tiró de mí fuertemente dejándome sin aliento. Me lanzó al otro lado del pequeño callejón oscuro en el que nos encontrábamos. Se escuchó un gruñido, o eso quise pensar, porque parecía que provenía de varios lugares. El chico que me había salvado me miró durante unos segundos, y pude reconocer en sus ojos que él también era como ella, que posiblemente no me había salvado la vida sino que acababa de llegar mi nueva perdición. Recibí una respuesta inesperada ante mi mirada confundida, me sonrió fugazmente y se volvió a concentrar en la chica. Entonces todo fue muy confuso. Unos brazos me apartaron un poco más. En este caso eran femeninos. Una chica de pelo largo y despeinado se colocó delante de mí con intención de protegerme. - No te preocupes Cleo, te protegeremos.Dijo en un susurro. Tenía una voz suave y musical que me inspiró confianza. El chico que me había apartado de mi perseguidora ahora andaba en círculos alrededor de su contrincante que le miraba con gesto tranquilo. Saltó hacia ella en un momento de descuido y le mordió el cuello. Un grito, o más bien, un rugido de dolor se escapó de sus labios. Sonreí. Ella se dio la vuelta y miró con desprecio 5


al chico, que no podía tener más de veinte años. Le sonrió, me miró a mí y en un instante ya no estaba, había desaparecido. Una lágrima se derramó por mi rostro. Todo había pasado, aunque sabía que solo era cuestión de tiempo que todo volviera a pasar, porque no se había rendido en seis meses, y no lo iba a hacer entonces. - Tranquila, ya pasó.- Dijo el chico mientras me acercaba a él y me acunó entre sus brazos. - Solo es cuestión de tiempo que me mate… ¿Para qué prolongar la agonía?- Conseguí decir entre un sollozo y otro. - Oh… No, Cleo no pienses eso… Nosotros te protegeremos.- Dijo la chica con voz dulce. En ese momento el chico me levantó y todo comenzó a desvanecerse. Oía voces de lejos y veía tenues luces difuminadas, pero no conseguía distinguir ninguna imagen. Noté como una mano de terciopelo me acariciaba la cara y como una voz femenina me susurraba al oído, aunque no conseguí entender lo que me dijo supe que quería que estuviera tranquila, ya que una vez más su voz me inspiró confianza. Sentí la conciencia tranquila, cerré los ojos y me dormí. - Cleo, cariño tienes que despertarte.Escuché una voz entre sueños. - ¿Qué…? ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?Dije entre bostezos y suspiros mientras abría los ojos. Allí estaba ella. Tan hermosa como la noche anterior solo que con gesto cansado y una sonrisa cariñosa en sus labios. - Tranquila, estás a salvo, con Phil y conmigo.- Sonrió más. - Anoche te salvamos de las garras de Rose, y te trajimos con nosotros… Estabas tan… Indefensa… - Sí… Cierto… Gracias por salvarme anoche…-Sonreí. - ¿Quiénes sois? Sé que no sois humanos así que no me mientas.

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- Pues… Phil es… Un vampiro… No debes temerle, no te hará daño… Y yo… Yo soy un híbrido.- Me quedé perpleja. - ¿Híbrido? - Pregunté. - Sí… Por llamarlo de alguna manera… No lo soy en sentido literal, pero, sí, más o menos sí. Tengo todas las habilidades de los elfos aunque no lo soy del todo… Soy como… Una elfa encerrada en el cuerpo de una humana, esa es la mejor definición.- Me quedé sin habla. En ese preocupado.

momento

Phil

llegó

con

gesto

- ¿Qué ocurre?- Preguntó la chica aún con la sonrisa en la boca. - Lo siento Diana, pero el buen momento se acabó. Rose ha vuelto a la carga. En una pequeña ciudad como Fía no hay muchos asesinatos, y es fácil saber cuándo estos son provocados por un vampiro.- Me miró y una amplia sonrisa se extendió por su rostro. Estaba segura que la mitad de esa explicación estaba dirigida a mí, pero no dije nada, simplemente le devolví la sonrisa. La expresión feliz de Diana se volvió indescriptible. Era una mezcla de horror y tristeza. - Tranquila Di, no tienes que ir si no quieres.- Dijo Phil con gesto tranquilo – Puedo arréglamelas solo contra esa rata. - Venga ya… Sabes que eres incapaz de enfrentarte a nadie si no es con mi ayuda. – Esa sonrisa dulce que tanto me gustaba volvió a aparecer en su rostro. En ese momento se levantaron los dos y comenzaron con una pelea de cosquillas. Tras ese torrente de risas que yo disfruté con una sonrisa en mis labios Phil me miró pensativo mientras la sonrisa desaparecía de su rostro. - En cuanto a ti… - Dijo pensativamente mientras me miraba.- Creo que deberíamos protegerte… Pero si Diana y yo estamos luchando contra Rose… Tendrás que ser muy responsable… Si quieres conservar la vida, claro. – Sonrió. 7


- Quiero ayudar. – Dije completamente seria – Si Rose está aquí es porque sé su secreto y me ha perseguido hasta aquí, así que asumo todas las responsabilidades. Tras un breve instante de gestos pensativos Phil asintió y salió de la habitación. Le imité y me dispuse a buscar un lugar en el que poder acomodarme hasta saber qué tenía que hacer. Encontré una pequeña y acogedora habitación extrañamente decorada que contenía un sofá, un sillón y una pequeña mesa, todo de distintos colores. Me acomodé en el pequeño sofá color rojo y jugué con mi oscuro pelo enredado. Phil entró en la habitación como si no me hubiera visto y se sentó junto a mí. - He estado hablando con Diana,- Dijo aún sin mirarme.-Creemos que lo mejor para ti sería quedarte aquí, a salvo, pero ya que te has decidido a ayudar, lo podrías hacer ayudándonos a encontrar a Rose.- Le miré pensativa y me devolvió la mirada. - De acuerdo… ¿Cómo debería de hacer eso?- Pregunté. La expresión de su rostro era de disimulada tensión, por lo que supe que algo iba mal. - Simplemente debes de pasearte por la calle, confiamos en que ella te busque a ti.Desvió la mirada. – Intentaremos seguirte… Pero… Calló. - ¿Pero? – Pregunté impaciente. - Si se da el caso de que no lleguemos a tiempo… Sabes lo que te ocurrirá… ¿Verdad?Volvió a mirarme con cara de súplica. - Lo sé… No debéis preocuparos por mí, he sobrevivido durante seis meses a ella, he tenido incluso que alejarme de mi familia para no hacerles daño… Es mi última oportunidad… ¿Por qué no arriesgarlo todo?- Mi tono se había vuelto un disimulado llanto y una lágrima se deslizaba por mi rostro. Phil me acunó en sus brazos y me susurró al oído. - Venga… Tranquila, cuando todo esto acabe podrás volver a casa. - Me acariciaba el pelo acompasadamente y mis sollozos se iban aminorando. 8


- O puede que nunca vuelva.- Conseguí decir. Me miró atormentado y me sonrió. Por primera vez me fijé en sus extraños ojos color miel, y por un momento me pareció que eran lo más bello del mundo. Pude ver reflejado en el rostro de Phil la hermosura sobrehumana que había distinguido en el de Rose, y en cierto modo, también en el Diana. Me fijé en su pelo rubio oscuro que resaltaba su pálida piel, en sus hermosos ojos que en cierto modo me inquietaban, pero me gustaban, en su fina nariz que parecía sonreír, y en labios de un rojo intenso que ahora se curvaban en una leve sonrisa. - Phil… ¿Puedo preguntarte una cosa?Pregunté en un susurro. - Lo que quieras- Dijo aún mirándome a los ojos. - ¿Por qué hacéis esto por mí?- No lo había entendido desde el principio y la curiosidad ardía en mi interior. - Verás… Yo una vez estuve en tu situación… Era el año 1923, un vampiro loco me perseguía por el simple hecho de existir. Tuve que huir de casa, e incluso salir del país, pero me encontró, tal y como ha pasado contigo. Sé qué es pasar por esto solo y no quiero que tengas que hacerlo tú también.- Su hermoso rostro estaba cubierto por una profunda capa de nostalgia. - ¿Qué pasó después?- Pregunté. - Después nos encontramos otra vez, no pude escapar, y me mordió. Diana apareció justo en el momento preciso y me salvó pero él ya me había mordido… Y no pudimos evitar que me convirtiera en lo que ahora soy…- Sus ojos reflejaban su tristeza.- Y lo perdí todo…- Me miró y una triste sonrisa se dibujó en su rostro. En ese momento me di cuenta de que Diana había estado presente durante la conversación, aunque no sé cuando llegó. - Bueno chicos dejaos de cháchara. Cleo tienes mucho que aprender.- Miró a Phil con una sonrisa de complicidad. - ¿Aprender qué?- Mis ojos se tornaron incrédulos cuando una gruesa espada plateada 9


apareció en sus manos. – No sé cómo esperas que aprenda tan rápido a manejar eso.- Señalé al objeto que ella sujetaba y Diana la miró con gesto extrañado. - ¿Recuerdas que te dije que tengo algunas habilidades de los elfos?- Asentí. – Bueno, pues puedo hacer un poco de magia, puedo transportar cosas, sanar heridas, hacer aprender cosas y algunas cosas más… ya lo verás más adelante.Me sonrió. Se acercó a mí y me puso la espada entre las manos. Después tiró de mi brazo y me levantó con una facilidad casi insultante. Me llevó a un hermoso jardín muy cuidado en el que todo era verde, todo estaba cubierto por una espesa capa de jazmines. Me sentó en un disimulado banco y me sonrió. Un hermoso canto emanaba de su garganta, hablaba en una extraña lengua pero me parecía entender todo lo que decía. Las palabras resbalaban por sus labios como gotas de agua. Poco a poco comencé a ver el artefacto que tenía en las manos de otra manera. Noté como mis brazos se fortalecían y mis manos agarraban cada vez más fuerte la empuñadura de la espada hasta que una gota de sangre cayó al suelo. - ¡¡No!!- Gritó Diana interrumpiendo su hermoso canto. Pero era tarde. Phil ya estaba ahí con sus ojos fijos en mí. Su mirada era inquietante y una tranquila sonrisa surcó su rostro. Se acercó lentamente a mí mientas le lanzaba una mirada cautelosa a Diana. - Phil, no me obligues a hacer esto.- Diana esperó un momento pero Phil ya había recorrido la mitad del espacio que nos separaba. –Phil… Sabes que lo haré y sabes que no te gusta.- Repitió, pero Phil seguía acercándose. Diana se interpuso entre nosotros. Su rostro ya no era hermoso, tranquilizador, ahora era terrible. Sus brillantes ojos verdes ahora eran color negro e irradiaban oscuridad. Su boca, 10


normalmente sonriente ahora se escondía en una forzada línea de tensión. El cabello enmarañado le caía por la cara desordenado y un rugido resonó desde lo más profundo de su garganta. -

Tú lo has querido.- Gruñó.

Saltó como una pantera y chocó contra Phil que cayó al suelo y adoptó una postura defensiva. Diana desapareció y apareció justo detrás de Phil, pero este parecía esperarla por lo que se dio la vuelta. Fue demasiado lento, Diana lo había encadenado a uno de los hermosos árboles. - Ven a que te cure esa herida.- Su rostro había vuelto a su belleza natural y ahora sonreía. Me había olvidado de la herida, aún estaba pálida de miedo y Diana se dio cuenta.- Oh… Tranquila, está bien encadenado… Y sabes…- Diana continuó hablando, pero yo no la escuchaba, estaba hipnotizada con la mirada de Phil que no podía escuchar nada, y realmente, tampoco podía ver nada que no fueran sus ojos. De repente noté un fuerte dolor en la mano herida. Pegué un salto y miré a Diana. - ¿Pero qué haces?- Pregunté enfadada mientras acariciaba mi mano. - Pues limpiarte la herida, por supuesto. Phil no se tranquilizará hasta que el olor a sangre desaparezca.- Una triste sonrisa surcó su rostro. Pasaron los minutos y ese dolor punzante no desaparecía así que decidí distraerme un poco. - ¿Por qué tengo que aprender a usar la espada? Si lo que necesito es defenderme o matar a Rose podría usar un arma de fuego… Eso sería más fácil.- Pregunté intentando distraer el casi insoportable dolor que cruzaba mi mano. Diana dejó de limpiar la herida y me miró confundida. - Pensaba que sabías más sobre vampiros. No se les puede matar con un arma, solo se les puede eliminar si una espada de plata les atraviesa el corazón, o si otro vampiro o ser con fuerza sobrehumana deciden cortarle a cachitos.11


Una sonrisa burlona le surcó el rostro, y siguió con su trabajo. Al cabo de unos minutos mi mano estaba vendada y Phil parecía estar mucho más tranquilo. Me miraba con ojos avergonzados, aunque sentía que la culpa era mía y no estaba enfadada con él. Parecía estar demasiado acostumbrada a que un vampiro alocado intentara matarme. -No te preocupes, ya no te hará daño.Diana debía de haberse dado cuenta de lo que pensaba. -Confío en ti.- Le sonreí. Habían pasado unas horas. Phil ya no estaba encadenado puesto que Diana ya confiaba en él. Phil y yo practicábamos con la espada y pude comprobar por mi misma los efectos positivos de la magia de Diana. Se me daba bastante bien. - Creo que Diana ha hecho un buen trabajo contigo, estás preparada.- Phil me miró con ojos de despedida. - ¿Qué significa eso?- Pregunté en un susurro dado que me había quedado sin aliento por el miedo repentino que llenaba mi cuerpo. - Que tendrás que salir ahora mismo sin protección alguna a que Rose te busque.- Sonrió amargamente. - Bueno… Tendré la espada… ¿No?- Mi voz se tiñó de duda en ese momento. No me habían dicho en qué condiciones iba a salir ahí fuera a hacer de cebo para Rose, de hecho, lo habían hecho con indirectas. No me habrían dicho que iba a ser el mayor peligro de mi vida si fuera a estar con la espada. - Lo siento, creía que lo sabías… Era solo por si acaso… Sabes que si sé que estás en peligro te teletransportaré.- Diana se unió a la conversación. En ese momento todas las imágenes de la noche que había estado más cerca de la muerte volvieron a mi cabeza. Esa noche oscura, ese rostro angelical, esa voz dulce, demasiado dulce para mí, ese olor a muerte que desprendía y su sonrisa. Su hermosa sonrisa terrorífica, se me 12


congelaba la sangre solo de pensar en ella. Las manos me temblaron una vez más. - Tranquila Cleo, estás pálida… ¿Estás bien?Diana se acercó a mí con gesto preocupado. Volví a la realidad. - Sí, no te preocupes… Solo estaba… Recordando…- Diana pareció adivinar lo que había estado pensando, una vez más. - Cleo sabes que no llegará a estar tan cerca de ti.- Le lanzó una mirada furtiva a Phil. - Claro que no, Cleo, sabes que estamos aquí para protegerte.- Phil me sonrió. Su perfecta sonrisa me confundió. - Lo sé, solo son tonterías.- Sonreí aturdida. Con la cara pálida y el cuerpo débil salí de aquella extraña guarida en la que vivían el vampiro y la elfa. Se despidieron de mí con un gran abrazo y muchas palabras de ánimo aunque era absurdo porque me iban a seguir de cerca. Las calles estaban húmedas y oscuras. Parecía mentira que solo hubiera pasado un día desde la última vez que vi a Rose. Sabía muy bien a dónde tenía que ir, a mi casa. También sabía muy bien el camino que debía tomar, calles oscuras y solitarias. Mi casa no estaba muy lejos, por lo que habíamos planeado dar un gran rodeo para darle más oportunidades a Rose. Caminaba muy lento, con los ojos muy abiertos, atentos a cualquier movimiento y aguzaba el oído, porque también tenía que estar lista si llegaba. Mi imaginación se dejó volar, me parecía oír pasos por todos lados. Mi corazón parecía querer salir de mí, estaba mareada por mi respiración acelerada y lo veía todo borroso debido a las lágrimas involuntarias que emanaban de mis ojos, pero pude ver perfectamente esa silueta oscura al final del estrecho callejón donde me encontraba. Su ondulado cabello color oro perfectamente peinado por su espalda. Sus fríos pero a la vez hermosos me miraban impaciencia y sus labios de curvaban en 13

caía ojos con una


sonrisa perfecta. Era ella. Se acercó a mí lentamente. Parecía estar bailando. Una imagen pasó por mi cabeza. Era la pequeña pero hermosa Diana. No podía permitir que sufriera ningún daño. Daba igual si debía perder la vida defendiéndola, sabía que no debía morir. - La irresponsable Diana.- Comenzó diciendo.- ¿Nunca te dijeron que andar por la ciudad sola y de noche es peligroso?- Esperó a que le respondiera, pero yo no era capaz de articular palabra. - ¿Dónde están tus amigos? Te han dejado ¿No?- Su voz se tiñó de una mezcla de ironía y felicidad.- Pobrecita, sola otra vez.- Sonrió. En ese momento una nueva estrategia cruzó fugaz mi mente. - Sí, me dejaron, pero eso no es asunto tuyo.- Respondí cortante. En ese momento una nueva esperanza cruzó mi cuerpo llenándome de esperanza. Le mentiría a Rose, así Phil y Diana pasarían más inadvertidos. - ¡Qué pena! ¡No podrán ver cómo te mato!Lo había convertido todo en una broma y eso me gustaba. Cómo se iba a reír cuando viera a Phil y a Diana a mi lado. ¿Dónde estaban? Deberían haber llegado ya. A lo mejor era cierto lo que Rose decía y me había quedado sola. Un escalofrío me cruzó. No podía pensar eso. Tenía que confiar en Diana y Phil o lo habría perdido todo. No podía esperar más, Rose estaba demasiado cerca, y con fuerzas renovadas. - ¿Cómo prefieres morir? ¿Lenta y dolorosamente o rápida y fácilmente? – Estaba tan cerca de mí que podía sentir su aliento.- Por supuesto solo sería una petición, puesto que llevo meses planeando cómo matarte. ¿Ves esos cristales de ahí? – Los señaló y pude ver una botella rota en el suelo.- te llenaré de heridas para poder apreciar mejor el olor de tu sangre, pero no sin que antes sufras un poco. Rápida como el viento me mordió el brazo, pero sin beber mi sangre. Un intenso dolor recorrió mi brazo hasta llegar al pecho. Un grito 14


de agonía se escapó de mis labios. Después todo se volvió borroso. Una voz salía de las sombras. Una voz femenina que yo conocía muy bien. Rose retrocedió escrutando las sombras. No se dio cuenta de que Phil estaba detrás suya hasta que pudo sentir su aliento en la nuca. Con un grito de terror y el miedo escrito en sus ojos se dio la vuelta de un salto. Una espada de plata que yo muy bien conocía apareció en mis manos. En aquel momento el coraje invadió mi corazón y pude pensar con exactitud. Sabía lo que tenía que hacer, sabía cómo hacerlo y pensaba hacerlo en el momento en el que se descuidara. Phil también parecía saber lo que hacer, agarró a Rose por los brazos y me llamó. Esta, al ver lo que sucedía mordió a Phil para soltarse, pero él no cedió y ella no paró de patalear y morderle. Me acerqué lo más rápido que pude. Cojeaba, la mordedura de Rose contendría algún veneno que ahora me estaba matando, poco a poco, con sufrimiento. Frené justo enfrente de Rose. Ahora no se veía hermosa. En sus ojos podía ver reflejado el miedo. Lo tienes bien merecido, había pensado yo. Ahora era su turno, le tocaba sufrir, vivir el terror que yo había sufrido mientras ella me perseguía. Había tenido que renunciar a todo, huir era mi ocupación. No tenía amigos, mi familia me odiaba, y todo por su culpa. Lo que estaba viviendo jamás sería suficiente. -¿Te gusta el miedo, Rose? ¿De verdad te gusta vivir un poco de lo que he tenido que vivir yo durante meses? Una pena que esto se deba acabar…- Ahora yo imitaba el tono con el que ella me había hablado antes. No me importaba lo que pudieran pensar de mí, ya no. Sabía que mi vida se acabaría pronto, y si no lo hacía volvería a estar sola. Sola, al recordar esa palabra un escalofrío recorrió mi cuerpo. Balanceé la espada frente a mí. Sonreía, y más tarde pensé que debería de haber tenido un aspecto realmente terrorífico, pero me daba igual, sabía que mi vida acabaría, cada vez estaba más

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segura. El escozor del brazo había subido y me abrasaba el pecho. Agarré la espada con firmeza y con un grito casi de impaciencia atravesé el corazón de Rose con ésta. La vampiresa jadeó, me miro con odio, luego con miedo, y cayó inerte en el suelo. Me temblaban las manos y casi no era capaz de respirar. ¿Ya había acabado todo? ¿De verdad había sido todo tan fácil? La idea no entraba en mi cabeza… - ¡Cleo! Cleo, no te muevas, has sido mordida por un vampiro, y has entrado en fase.La familiar voz de Diana sonaba vacilante detrás de mí. - ¿Entrado… en fase…?- Mi voz parecía tan irreal… No podía haber sido yo la que pronunció esas palabras. - Sí, Diana.- Ésta vez era la martirizada voz de Phil la que sonaba.- Ahora eres uno de los nuestros… - Diana, por favor dime que puedes ayudarme.- Mi voz seguía pareciéndome irreal. - Lo intentaré.- Contestó ésta. De lo más profundo de su garganta nació la primera nota, seguida de otra, y otra… Produciendo el que yo creía el canto más hermoso jamás escuchado, pero la magia de Diana no me curó el escozor, y aún notaba cómo mi cuerpo cambiaba… - No funciona.- La atormentada voz de Phil interrumpió el hermoso canto de Diana. Una inspiración me llegó con la suave brisa que recorrió el callejón en el que nos encontrábamos. Notaba una energía que traspasaba cada célula de mi ser. Una energía reconfortante… Que me hacía sentir la necesidad de expresar lo que me ocurría… Y entonces, la energía se dirigió a mi garganta y una nota se escapó de ella, seguida de otras muchas más. Mi hermoso canto me hizo sentir bien, pero no consiguió curar el escozor que sentía en mí. 16


- Es inútil, ya eres una vampiresa…- Escuché la voz de Phil en mi mente. - No Phil, no es inútil… Cleo… Eres una elfa… Una elfa-vampiresa.- También distinguí la voz de Diana en mi aturdimiento. Todo se volvió borroso y me desmayé. Después no sabría decir cuándo decidí quedarme a vivir con Phil y Diana, pero ellos estuvieron encantados de recibir a una ElfaVampiresa entre ellos… Mi vida parecía haberse resuelto… Ahora era feliz.

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Canto de soledad  

Relato de andrea Rodríguez Hirtle

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