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La Repa

Por Isaia El niño entró al lugar y el penetrante olor a metal lo dejó pasmado por un segundo. Parpadeó repetidas veces y se puso a mirar el cuarto. La boca se le abrió de la sorpresa. Había estantes que comenzaban en el suelo y llegaban hasta el techo, eran tantos que el niño no podía ni contarlos. En ellos, había esparcidos miles y miles de corazones. Nunca había visto tantos corazones. Los había grandes, los había pequeños. Había rojos, había negros. Había algunos completos, otros partidos. Había algunos agujereados, otros vendados. -¿Puedo ayudarte? – una voz guió al niño al centro del cuarto. Había una larga mesa, detrás de ella había una chica. Vestía un delantal blanco lleno de manchas y guantes grises. Sus ojos verdes traslúcidos estaban fijos en el niño. -Eh, disculpe… - el niño se fue acercando a paso lento, con la vista puesta en sus ojos. - ¿Es usted la bruja? -¿Disculpa? -La bruja. Esa que dicen que cura los corazones con magia. -Ja – ella se rió y empezó a quitarse los guantes. – Prefiero que me digan “reparadora” pero está bien. Soy yo. El niño se siguió acercando hasta que quedó de pie del otro lado de la mesa. Vio otro corazón que reposaba allí. Era de un rojo bri42

llante, salvo por una esquina que estaba cubierta de azul oscuro. -¿Qué le pasa a ese corazón? Ella suspiró. - Un golpe muy fuerte. Estuve intentando limpiar la herida pero es más profunda de lo que creía. -Oh… -¿Tú que necesitas niño? -Pues me dijeron que mi corazón está enfermo. Y que usted me podría ayudar, porque es la bru… la reparadora. Ella le regaló una pequeña sonrisa. -Esa soy yo. Siéntate aquí. – le señaló la mesa mientras quitaba el corazón a medio reparar y lo posaba en un estante cercano. -¿Usted tiene que reparar todos esos corazones? – le preguntó el niño mientras se acomodaba -Si. Muchos ya están reparados, de hecho -¿Y por qué siguen aquí? -Porque sus dueños no los vienen a buscar -¿De verdad? Pero… ¿Cómo van a andar sin sus corazones? -Hay personas que pueden. -Qué extraño, y ¿tiene tiempo para reparar todos ellos? -Tengo demasiado tiempo. Ahora calla, y déjame trabajar. – se le acercó y posó su mano sobre el pecho del niño. Él se quedó quieto mirando el techo, esperando.

Después de varios minutos, la reparadora retrajo su mano y lo miró. -Ay, niño…lo tuyo es grave -Eso me dijeron. -No sé si… no sé si tengo la cura para esto. El niño quiso llorar de repente. Había caminado tantas horas para llegar, ¿y ahora le decía esto? “La bruja puede con todo. Puede curar hasta lo incurable”, le habían dicho todos, una y otra vez. ¿Acaso le habían mentido? ¿Qué otra opción tenía si ella no podía ayudarlo? -¿Qué quiere decir? – le preguntó enseguida mirándola. Ella dio un paso atrás. -Pues, eh…- ella corrió la vista al suelo. – Lo que tienes es algo muy difícil de aliviar, podría llevarme muchísimo tiempo encontrar lo que necesitas. -¿Y qué? -Tú corazón no va a poder aguantar mucho tiempo -¿Y entonces? – el niño no quería llorar, pero no esperaba esa respuesta. - ¿Qué puedo hacer? ¡Eres la reparadora! ¡Repara esto! ¡Por favor! -Espera… -¡Repárame! – el niño se tapó la cara para llorar en paz. Llevaba mucho tiempo acumulando aquella angustia. Ahora no podía hacer más que dejarla salir. Ella era la última opción, no se le podía ocurrir nada, na-

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Huellas de Tinta  

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