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ter Mary desinteresado por las peripecias de Jonathan a altas horas de la madrugada mientras intenta localizar el fastidioso tic-tac, lo que normalmente llamaría la atención de cualquier niño y que, en su lugar, se dedique de lleno a sus desesperados intentos para ganar la amistad de Tarby, un niño que ni siquiera muestra un ápice de amabilidad o simpatía por él. Y de este modo, aunque la narración tome un camino alternativo, la obstinación de nuestro protagonista por tener un amigo a cualquier costo, lo llevará, sin sospecharlo, a la resolución del misterio inicial. Una vez más se hace presente en la literatura infantil-juvenil el poder de la magia y el rol que desempeña en la batalla que libra el bien contra el mal. En ambos bandos observamos curiosos personajes, dispuestos a cautivar al lector desde la originalidad de su construcción, permitiéndonos encontrar una selección de lo más variada y atractiva. Por un lado encontramos a Lewis, un niño de baja autoestima por su sobrepeso cuya terquedad es más grande que su cobardía, lo que lo lleva a la desafortunada costumbre de fisgonear en asuntos ajenos y, lo que más curiosidad me causó, fue su debilidad por los libros de historia de su tío, llegando a devorar gigantescos volúmenes como si se tratara de asombrosas novelas de aventura; también tenemos al tío Jonathan, un ser sumamente estrafalario y que, a pesar de tener a Lewis a su cargo, no funciona necesariamente como su mentor, ya que posee un conocimiento limitado sobre el misterio de su mansión como así también de las aventuras que vive su sobrino, además de parecer muy ensimismado en sus propios asuntos. Sin embargo, el hombre nunca deja de ser una fuente de amor y consuelo para el niño, complementándose con la señora Zimmermann, que aparece y desaparece

como un fantasma y tiene la gran y deliciosa habilidad de aparecer con galletas recién horneadas cada vez que Lewis necesita un mimo. Incluso las breves apariciones de personajes antagónicos como la señora Izard o Mangomartillo dan un toque muy pintoresco al relato. La casa del reloj en la pared es una excelente presentación para la serie de libros que, vale aclarar, pueden leerse de manera independiente, teniendo solamente como común denominador las diferentes aventuras de Lewis Barnavelt, su protagonista. En esta primera entrega del middle grade de horror gótico, priorizando la corta edad del público para el que fue escrito, se logra una impecable ambientación con la ingeniosa combinación de escenarios fríos, brumosos y espeluznantes con la calidez y el sutil sentido del humor de sus excéntricos personajes, potenciando las diversas tramas que mantienen el interés a lo largo del relato y que convergen en la resolución del misterio inicialmente planteado. Sin dudas, no solo es una lectura ideal para los lectores más audaces entre el público infantil, sino también un elemento de añoranza para quienes crecimos con este tipo historias, tan horripilantes como adictivas. SOBRE EL AUTOR John Bellairs (1938-1991) fue un novelista americano de novela de suspense y género gótico. Su obra más conocida es La casa del reloj (1973) y la novedosa novela de fantasía The Face in the Frost (1969). Bellairs combinó la escritura y la enseñanza desde 1963 hasta 1971; cuando decidió dedicarse solo a la escritura. Durante su carrera publicó quince novelas juveniles; que fueron traducidas a varios idiomas; y dos de ellas se rodaron para televisión.

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Huellas de Tinta Octubre 2018  

Revista online de literatura juvenil

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