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Cuando ya estaba frente a mí, me habló y al levantar la cabeza pude observar que ella no movía los labios. Pero yo estaba escuchando su voz dentro de mi cabeza. Ella me preguntó por qué la buscaba, me decía que la dejara de buscar, que parara de hacer lo que estaba haciendo. Cuando abrí la boca para contestarle, ella ya me estaba contestando lo que me iba a decir. Hablábamos con la mente. Le pregunté qué le había hecho a mi amigo, qué era ella, por qué era así y muchas cosas más. La respuesta que recibí fue tan solo “vete, antes de que sea demasiado tarde, y no me busques más”. Parecía asustada. Me resistí. Tenía la necesidad de saber, de enterarme todo, de poder entender qué sucedía. Fue un error. Pero cuando lo supe, ya era tarde. Sus ojos se clavaron en mí, comenzó a hablar dentro de mi cabeza con una rapidez que no podía entender lo que decía. Estaba seguro de que era otro idioma, uno muy extraño. No podía apartar la mirada, sabía que debía hacerlo pero no podía. Sus ojos se volvieron rojos como la sangre. Sus rasgos faciales se endurecieron, tanto que el rostro parecía hueso. Y su boca, comenzó a arquearse en una sonrisa macabra. Fue con aquella boca repugnante que me besó y fue la experiencia más horrible de toda mi vida. Luego desapareció.

Ahora me encuentro en mi habitación del hospital. Me han diagnosticado esquizofrenia. Desde aquel día que sueño con ese rostro. Sufro de alucinaciones y a veces hasta puedo ser agresivo con las personas sin darme cuenta. Sé que ella vendrá por mí en cualquier momento. Sé que moriré. ¿Acaso el suicidio es la única forma de escapar? ¿Mi amigo se habrá salvado de ella? La siento acercarse. Escribo esto para que se sepa lo que en verdad pasó. Espero que haya alguien que me crea. Si algún día esto llega a tus manos, sabrás la verdad. Y si algún día la ves, no te acerques a ella. A menos que busques encontrarte con la misma muerte. Estuve tratando de descifrar lo que pasó, pero cada vez que intento, esa cara aparece en mi mente y me corta la respiración. Todavía me pregunto: ¿por qué me advirtió antes de lanzarme esta maldición? ¿Será totalmente maligna? ¿O habrá algún espacio de humanidad en ella? Estoy condenado a esta maldición. Sólo sé que la muerte me espera. Tal vez ya esté muerto, tal vez ya no esté aquí. Oigo las campanas y oigo su voz, llamando…diciendo mi nombre…ya viene…ya viene… 43

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Huellas de Tinta Junio2015  

Revista online de literatura juvenil

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