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SERIE

I

Stranger Things 2

Hablando de historia, uno de los grandes defectos que tenía la primera temporada de ‘Stranger Things’ es que si le quitas toda la magia ochentosa, la historia era más bien flojita con la relación entre los chicos y la misteriosa Eleven. Muy bien hecha, pero algo mediocre. En esta ocasión los hermanos Duffer proponen una historia más compleja, con el upside down y sus seres amenazando directamente la tranquilidad de Hawkins. Por un lado Hopper empieza la segunda temporada investigando la misteriosa muerte de los cultivos de calabaza y tendrá claro que esa dimensión oscura tiene algo que ver. Jonathan y Nancy indagan por su cuenta sobre qué pasó con Barb, y Joyce será consciente de que las visiones que tiene su hijo no son imaginaciones causadas por un trauma, sino algo más. Avisaban los guionistas que, aprovechando que se iba a estrenar alrededor de Halloween (y de hecho, se ambienta durante el de 1984) iban a deshacerse del tono de aventura para proponer una historia de terror. Más “de miedo” que de terror, siempre con una inspiración ochentosa. Así nos encontramos con una temporada que es más cercana a la saga de ‘Alien’ y ‘La cosa’ que a ‘Halloween’ y similares. ¿Las criaturas a vencer? Los demogorgones. Si obviamos todo el lío que hay en Hawkins, Indiana, gran parte del peso de ‘Stranger Things 2’ se apoya en el desarrollo de Eleven. Desaparecida desde el final de la primera temporada, en esta segunda sabemos qué ha sido de ella y ahonda-

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remos tanto en su pasado como en sus orígenes familiares. Todo esto con una Millie Bobby Brown que sigue siendo una robaescenas. ‘Stranger Things 2’ presenta dos adiciones mayores: en primer lugar Max (Sadie Sink), una crack de los recreativos y recién llegada al pueblo desde California. Nada más llegar al instituto, Dustin y Lucas quedan prendados de ella... y nosotros también. Sí que es cierto que su trasfondo no termina de funcionar, aunque proporciona un “mini villano” (su hermano) para añadir a la trama de los chicos. La otra gran incorporación es la de Sean Austin como Bob, novio de Joyce que, sin tener hijos, es un padrazo. Una gran figura entre lo paterno y lo heroico, sobre todo hacia el final de temporada, que vitorearemos. Lo cual nos lleva al siguiente punto. Con tantas mejoras en el apartado de guión uno podría pensar que quizá la magia característica de la serie se hubiera diluido. Pero no: existe. Y lo hace con dos grandes elementos. Por un lado está la gran capacidad de implicarnos tanto con los personajes como con la historia. Conectamos con todos ellos de tal manera que al poco de conocerlos ya queremos que formen parte de nuestras vidas. Y, por otro lado, el elemento nostalgia equilibrado. Los hermanos Duffer saben equilibrar perfectamente este ambiente y sus claras referencias a la hora de realizar ‘Stranger Things’. (Fuente: Xataka)

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Huellas de Tinta Octubre 2017  

Revista online de literatura juvenil

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