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Relatos | Blanco y negro

Blanco y negro L

a trompeta dio inicio al duelo. Las fuerzas se prepararon, los corceles saltaron las filas ágiles como gacelas, y avanzaron sobre el terreno sin resquicios. De un salto certero, un caballo negro embistió una masa blanca, que cayó derrotada tras un estruendo escandaloso. Con el silencio que se produjo después, era fácil creer que había acabado. Los batallones permanecieron estáticos. Como rocas. Estáticas sobre el campo de batalla. Pasó un susurro, como un viento cálido entre las filas, una orden apenas audible que cambió todo. Un soldado trémulo y bajo se adelantó dos pasos demostrando que la pausa no significaba nada. Allá a lo lejos, las filas negras no se inmutaron ante lo ridículo del avance. Ese soldado no podía significar mucho. Tras la burla inevitable estalló el grito de guerra, y de las sombras surgió una figura elegante, que en poco tiempo zanjó buena distancia. Como si nada dejó de avanzar a medio camino. Y esperó. Como un fantasma negro, solo esperó. Tal vez solo estaba desafiando, tal vez la cobardía había resquebrajado su valentía. Pasó otro susurro. La tropa blanca no se movió. Como si la calma estallara, se desencadenó lo que ambos grupos esperaban con ansiedad. De una en una, las figuras chocaron entre sí. El caballo restante arremetió contra la formación oscura. Unos elegantes guardias altos pusieron el cuerpo contra las Torres, intentando detener su avance sigiloso y rápido. Por entre las defensas blancas una figura imponente se abrió camino dejando una huella de desolación. Negra como la noche la reina marchó al paso como si la batalla a su alrededor no la afectara. Como si solo fuera un juego. Su capa brillante ondeó detrás y sonrió apenas al ver el triunfo acercarse. No perdió la gracia y se acercó sigilosa, buscando en su cinturón el arma que le pondría fin a todo. Acarició el mango de su daga negra y volvió a sonreír.

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Por: Michelle Veneziano (Dragona del Este)

http://michelle-dragonadeleste-pinturasymas.blogspot.com.ar

En una esquina, por poco acorralado, estaba el objetivo. El rey, cubierto de blanco, le dirigió una mirada desesperada, y acercó la mano al mango de su espada, que resplandecía con luz propia. Solo estaba indefenso, y la reina oscura lo supo. A su alrededor el fragor no se detenía. Cada tanto alguien intentaba detenerla, saltando hacia ella, pero no le bastaba más que un movimiento para defenderse y ganar. El rey se irguió y levantó la espada. Antes de que pudieran enfrentarse, como un rayo de luz la reina se interpuso. Su figura magistral se preparó para un nuevo encuentro, de seguro el más duro de todos. De sus espaldas desenvainó una espada casi tan larga como ella misma, ligera como una brisa y clara como el cielo. Las damas cruzaron miradas por un instante. La reina negra sonrió, indiferente al riesgo. Chocaron armas, que sacaron chispas y estremecieron el aire. Lucharon como en una danza, forcejeando y lanzando estocadas fatales. El rey, por su parte defendió su espacio contra un guerrero que de alguna forma se había infiltrado. -¡Por el rey! –bramó la reina negra, y blandió su arma hacia el cuello de la reina blanca. Pero antes de que el filo acariciara la piel clara, la sonrisa de su enemiga se transformó en una mueca horrenda. Luego soltó un gemido, y miró con descontento su vientre ensangrentado, atravesado por la espada clara, delgada como una pieza de papel. La miró con odio, y se dejó caer hacia atrás. Su capa ondeó, fina como la seda, hasta tocar el suelo oscuro. La reina restante se enderezó orgullosa. El rey la reverenció, agitado, pero de pie En el horizonte las figuras negras estaban diezmadas, y podían apreciar cómo en una esquina, arrinconado y sin su reina, caía el rey.

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Huellas de Tinta: Junio 2013  

Edición de junio del 2013 de la revista online de literatura juvenil Huellas de Tinta

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