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Relatos | La disolución de la tristeza

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de la tristeza

Por: Pablix (Parado en el Abismo)

E

http://www.paradoenelabismo.com

staba volviendo de colegiales en el 93, después de uno de esos sábados inciertos, sentado en un asiento individual, concentrándome en cosas banales y carentes de interés, totalmente emponchado por el frío y con la guitarra a cuestas. El 93 tiene algunas particularidades, de las que voy a nombrar sólo dos en este momento: La primera, es su capacidad de tardar más de media hora entre colectivo y colectivo, que hace que el frío se sienta más en estas épocas invernales que azotan la Ciudad; y la otra, es su paso por la estación de Chacarita, y fue ahí donde empezó todo esto. Como mencioné antes, yo iba abrigado y sentado en un asiento individual, pensando en la nada misma, cuando en la estación de Chacarita subió ella. Abrigada con una campera marrón, y un gorrito de lana blanco con dibujos azules. Inmediatamente algo en ella me llamó la atención, y empecé a mirarla. Tenía unos 30 y pico, y algo inexplicable hacía que la mire. Disimuladamente, clavé mi vista en ella, a veces directamente, cuando sabía que no estaba viendo, a veces de reojo, a veces por el reflejo que daba la ventana. Descubrí entonces que hacía pequeñas muecas con la boca, como apretando los labios, moviéndolos inquietamente, nerviosa. Entonces, un rayo de empatía me atravesó, y pude sentir algo. Observando más detalladamente, me di cuenta que los movimientos que hacía con la cara arrugando el mentón, eran como aguantando un llanto inminente, entonces, para mis adentros, empecé a teorizar sobre el asunto, y llegué a la conclusión de que seguro venía del cementerio, que no está lejos de donde se había subido. Con la certeza de esto, se me ocurrieron dos variantes: la primera, es que había ido a ver a alguien que había fallecido hace poco y que era joven, probablemente un familiar de segundo grado, como un primo, un tío. La otra hipótesis, decía que justo ese día se cumplía el aniversario de la muerte de un familiar de primer grado, como un hermano, o alguno de sus padres, o alguien a quien ella quería realmente mucho. Me quedé entonces con la primera, y en mi cabeza siguieron los divagues, mientras la miraba atentamente.

Huellas de Tinta: Julio  

Número de julio de la revista online de literatura juvenil Huellas de Tinta

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