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Relatos | Encuentros y desencuentros en Navidad

Encuentros y desencuentros en Navidad L

os copos de nieve caían lentamente. La noche se teñía de blanco con la luna como lejana testigo. Y ahí estaba yo, perdiendo mi mirada en el vacío. Por esas fechas, casi al cierre del año, era (y es) común en mí caer en la nostalgia. Nostalgia por los seres queridos perdidos, por los amigos distantes, por las cosas que ya no se tendrán. Y la agonía ataca de la mano de la melancolía justo en el instante en que más débil me siento... En aquel entonces, hace unos 25 años atrás, el dolor y la tristeza revestían otras cuestiones y circunstancias, pero eran esencialmente lo mismo que hoy en día: pura y simple nostalgia. Recuerdo cada detalle, cada momento, sonido y escena de esa noche. La nieve cayendo, el susurro del viento y el bosque que me invitaba a perderme y olvidar mis penas en algún escondite recóndito donde nadie sería testigo de mi pesar. Pero nunca llegué a internarme en ningún sendero oscuro ni me vi rodeado por árboles inmensos. Antes de dar mi primer paso lo escuché: un llanto agudo atrajo mi atención, un canto lastimero de alguien que aún no tenía la capacidad de utilizar la palabra para expresar sus necesidades. Sé que no era, ni es, normal en mí acudir a un llamado de esa naturaleza, pero en Navidad uno nunca debe abandonar a quien lo precisa. Por eso caminé precavido hacia el lugar de donde procedían los sollozos. En el suelo alfombrado de blanca nieve, un bulto de frazadas se movía y gritaba. Su aroma me golpeó de lleno. Suspiré. Ya sabía yo, ese llanto era de un crío humano. Una pequeña criatura de castaños cabellos y mirada azabache se encontraba ante mis ojos, protegida del frío por el abrigo en que la habían envuelto. ¡Una niña! Natacha llevaba por nombre, de eso me percaté al leer la pulsera de su minúscula mano. Traté de buscar el rastro de su madre o padre, mas nada encontré, la nieve había ayudado a esconder la guía que yo buscaba. Sabía, por mis largas jornadas de caza, que ningún humano habitaba la zona. Si de-

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Por: Erzengel (Palabras al Viento) http://www.erzengel-palabrasalviento.com jaba a la niña sola, allí, en la noche oscura y peligrosa, algo podía sucederle. Entrecerré los ojos y busqué alternativas, aunque nada logré resolver. La única solución viable era llevármela conmigo y encontrar quién se hiciera cargo de ella. Maldije para mis adentros al ver lo inútiles que resultaban mis garras para mi propósito de cargar a la criatura. Con esas armas letales que tantas vidas habían ahogado, mucho no podía hacer sin lastimar a la pequeña. Si quería moverme rápido, además, debía ir a cuatro patas, no a dos como los humanos. No podía perder tiempo, pronto el viento cobraría más fuerza y sería complicado trasladarme con niña y todo. Tomé entre mis dientes los extremos de la frazada y con un suave movimiento mecí de un lado a otro a la pequeña Natacha hasta que dejó de llorar. Entonces, a trote tranquilo, regresé a mi hogar. Hacía décadas que ningún humano pisaba el suelo de mi casa. Mi naturaleza oscura alejaba instintivamente a todos. Ser hombre lobo era sinónimo de estar maldito, o al menos lo era cuando me transformé, y luego ni siquiera intenté formar lazos con esa especie a la cual ya no pertenecía. Los humanos huían de mí, los verdaderos lobos nunca me aceptarían en sus manadas y no conocía a otros licántropos ni pretendí hacerlo siquiera. Así es como terminé viviendo sólo. Por eso mismo, llegado el último mes del año, la nostalgia me dominaba fácilmente. Deposité a la niña en el sofá de la sala y corrí a mi cuarto para recuperar mi forma humana y ponerme algo de ropa. Regresé y me encontré con Natacha que dormía tranquilamente. Gruñí por lo bajo. ¿Qué mueve a una madre a abandonar a su bebé así, sin preocuparse por su salud o seguridad? No quise pensar mucho en eso. Sólo me limité a ordenar mis pensamientos. La niña no podía quedarse conmigo, eso era claro. Transportarla hasta el pueblo sería una tarea ardua, pero no imposible y resultaba lo mejor para la criatura y para mí.

Huellas de Tinta: Diciembre 2012  

Número de Diciembre del 2012 de la revista online de literatura juvenil Huellas de Tinta www.revihuellasdetinta.com.ar

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