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Relatos | Rojo Carmesí/ la vida > R E L A T O S

Rojo carmesí

Por: Erze

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espiró suave y abrió los ojos. El sol caía y dibujaba a su paso líneas en el horizonte. Rojo carmesí. Como el atardecer. Como la sangre. Caminó por la casa, buscando algo que -bien sabía- ya no podría encontrar. Suspiró, intentando guardarse las lágrimas para la noche. Rojo carmesí. Como las paredes de su cuarto. Como la sangre. Su rostro se contrajo presa del dolor. Mil heridas laceraban su alma y se resistían a cicatrizar. Rojo carmesí. Como la angustia. Como la sangre. Se preguntó, como cada día a esas horas, por qué ella. Porqué él. Escondió el rostro entre las manos. Rojo carmesí. Como la tristeza. Como la sangre. Recordó, con lujo de detalles, la última vez que lo vio. No supo explicar, jamás podría, la razón de aquella idea tonta. Rojo carmesí. Como la desesperación. Como la sangre. Nunca sería capaz de entender aquel suicidio sin sentido. Se le figuraba infinita y eterna la distancia entre ambos. Rojo carmesí. Como la vida. Como la muerte. Todo teñido de sangre

Por: Erze

La vida

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a vida… la vida es este instante que se va y no regresa. Este momento entre los dos, que nadie habrá de rescatar cuando naufrague.

Y me miras y suspiras, sin nada que decir, sin nada que expresar. Elevo una plegaria al cielo, como si allí arriba pudieran escucharme. Como si acaso un batallón de ángeles fuese a bajar para ayudarme. Sé que te quedaste sin recursos. Que lo diste todo y aún más. Habrías vendido tu alma al diablo, pero él no la quiso aceptar… Y el llanto se apodera de mí, sin poder yo evitarlo. He rezado a los mil dioses. He abrigado entre mis brazos las más variadas creencias y religiones, y las he abandonado luego, al ver que nada mejoraba. La vida se nos va y no podemos evitarlo. Sé que te molesta verme llorar, pero me domina esta desazón de ver que no podemos hacer nada. Es injusto y lo sabes. Muy injusto... Alá, Mahoma, Buda o el mismo Dios. ¿Alguno escucha? En una habitación de blancas paredes duerme nuestro pequeño. Con madre y padre doctores, cualquiera pensaría que su vida estaría colmada de salud, pero se equivocan… Nuestro niño se nos muere y aunque grite a los cielos, nadie vendrá a ayudar. La vida es este segundo que veo pasar y no puedo retener. Es este último respiro de mi hijo, que no puedo rescatar. Es este abrazo contigo, en silencio espectral… La vida es este vacío que a la oscuridad nos llevará.

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Huellas marzo 2014  

Revista mensual sobre literatura juvenil en Argentina.

Huellas marzo 2014  

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