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alrededor. La figura que las sostenía cruzadas parecía vibrar; era una imagen difusa para el oni azul, que se encontraba más confuso que antes. No tuvo tiempo para pensar en nada más. En menos de un instante, el guerrero que se movía como un rayo, y que desprendía de su cuerpo y sus armas aquella luz tan brillante como el sol al amanecer, cercenó a Khundam en varias partes. Y la luz se apagó. Musashi, con mirada tranquila y nublada por las lágrimas que nacieron de sus ojos, sostenía por la cabellera la cabeza del ser tatuado. Se la lanzó al oni más cercano, comentando: —Aquí está la respuesta para tu Emperador. Y dile, también, que la próxima será la de él. Los pocos monstruos sobrevivientes se retiraron ante la fuerza y temple que mostró el hijo del Shôidan, y unas palabras más vinieron a su mente: —Hijo, no hay peor pérdida ni frustración que no poder defender a quienes amas. Musashi observó a su padre, mientras trataba de consolar a su hermano. El Shôidan había quedado muy malherido, y el muchacho se imaginaba lo que venía. Le dijo a su hermanito que le sostuviera el casco, y se acercó caminando lentamente a su padre. —Gracias, hijo. Sé que... lo harás bien. —Padre… Dale saludos a nuestra madre. El Shôidan sacó una daga pequeña, y con una sonrisa se la clavó bajo el estómago. Un poco de sangre salió de su boca. Musashi levantó a Sol Naciente por última vez en ese amargo día; dijo “adiós” y la bajó cortando limpiamente el cuello de su padre.

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Nicolás Pinto (también conocido como Nico Pinto Heck, por su apellido materno) es argentino, nacido en la provincia de Buenos Aires. Es Desarrollador Web, profesor de programación, y un asiduo lector de historias fantásticas, libros de ciencia ficción y fantasía épica, como también de historietas de acción y aventuras. Al terminar el colegio secundario, decidió estudiar Abogacía en la UBA, solo que tras dos años de carrera, abandonó, ya que se dio cuenta que no era su vocación, se propuso entonces enfocarse en una cosa a la vez, para poner todas sus energías en un solo lugar, y apareció el Diseño Web en su camino. De ahí en más, creció exponencialmente su carrera profesional y por su muy buen nivel académico y las becas conseguidas, fue convocado como Profesor de programación y entró en una empresa consultora de software. En todo ese tiempo, y desde pequeño, nunca dejo de leer historias fantásticas y comics de diversas índoles y culturas. Y, lógicamente, tampoco dejó de escribir. El libro lo empezó a escribir a los 15 años, y lo terminó (“por primera vez”), a los 20. Cumplió 25 años, y con mucho esfuerzo, pudo publicar esta primera edición (que en realidad es la mitad del libro que escribió en ese entonces) con la Editorial Dunken, y cuya otra mitad saldrá en un futuro cercano.


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