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Relatos

Mezcla de emoción y ansiedad M

Por: Erzengel (Palabras al Viento)

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iro su mano cerrada en puño y suspiró. A eso se reducía todo, a contener entre sus dedos y palma una pequeña porción de vida que la unía a él más allá de toda distancia. Se estremeció, sabiendo las muchas posibilidades que corría el pichón de paloma antes de regresar con su dueño. Era como si la suerte del ave fuera también la suerte de su propio espíritu. Su corazón volaría gracias a las alas emplumadas de la paloma y llegaría donde su amado lo esperaba ansioso. Respiró profundo y dejó escapar el aire con lentitud deliberada. Si no se hacía de fuerzas en ese momento, nunca más lo haría.

Él le había enviado aquella criatura pequeña cargando una misiva llena de emociones y promesas, en tanto hacía una pregunta y aguardaba respuesta. Ella ya se había decidido, más allá de todo temor y preocupación comprensibles. Así y todo, le costaba abrir su mano y liberar al mensajero. Suspiró cerrando los ojos y mientras los abría, sus dedos se movieron uno a uno y el brazo dio el impulso adecuado. El pichón se lanzó en vuelo limpio. Contuvo el llanto, mezcla de emoción y ansiedad, mientras rogaba que la paloma llegara a destino pronto. Pronto, la suerte de su camino cambiaría para bien...

Sin poder escapar el uno del otro

C

ierro los ojos y trato de respirar. Él lo sabe. Él sabe que si da un paso en falso, caerá. Mi espada descansa en mis manos lista para desgarrar su piel. Debe morir, no hay otra alternativa. Y me mira como suplicando, el muy maldito pretende que lo deje ir. Gruño, apretando más fuerte la empuñadura de balance perfecto, midiendo los instantes que faltan para que todo termine. Él está ahí, sólo mirando, sin procurar defenderse o escapar. ¿Por qué no corre? Me muerdo el labio y bufo, me resulta agobiante este momento. Los Loach jamás renegamos de nuestras misiones, no puedo hacer caso omiso a la órdenes que me han dado. Él me mira con una media sonrisa dibujada en su rostro. Idiota, debería huir y alejarse de mí, no observarme como tonto. Una calma tensa, dolorosa, envuelve el pequeño espacio que nos separa. Si salto sobre él, en un momento su vida se derramará a mis pies. Pero me mira, y la duda me atrapa sin que pueda evitarlo.

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Y su sonrisa crece, como si supiera lo que pienso. Enfrentándome, retándome a que lo lastime, da un paso y otro y otro más, hasta que el espacio que nos había distanciado se ha reducido a cero. Su brazos me rodean suavemente. Puedo sentir el calor de su cuerpo mientras nos fundimos en un abrazo sin tiempo. Su piel huele a campo, a verdor, libertada pura. “Mátame ahora”, susurra con voz dulce. Hace ya tiempo que mi espada escapó de mis manos y reposa ahora en el suelo. No puedo atacarlo, no quiero hacerlo. “Lo sabía”, murmura mientras acerca sus labios a los míos. De pronto, ya no somos prófugo y cazadora, sólo dos enamorados unidos en una muestra máxima de amor. Que vengan luego a cobrarse mi falta. No me importa... él lo es todo. El resto, nada vale. Sonríe y vuelve a besarme. Ya ni recuerdo cómo comenzamos. Años enteros buscando su pista y terminamos así, sin poder escapar el uno del otro.

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Huellas de Tinta: Marzo  

Número de marzo de la revista online Huellas de Tinta

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