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gela

Drei

Dentro de mi mente, yo era una más del trío formado por Ron, Hermione y Harry. Compartía sus miedos, incertidumbres, disfrutaba de sus éxitos y sufría con sus fracasos. Además, fui creciendo al mismo ritmo que Harry lo hacía en los libros, lo que me permitía sentirme identificada en cada etapa de su vida. Esperaba como una ansiosa el día que salía a la venta una nueva entrega y me encerraba en mi casa hasta devorarla. Pero yo no leía esa historia, yo la vivía. Era cierto, hasta tal punto que mi pobre padre, que estaba durmiendo la siesta, se llevó un susto inmenso al despertarse y verme llorando como alma que lleva el diablo, como si se hubiera muerto la mascota de mi infancia, como si tuviese siete años y me acabase de enterar de que no existían los Reyes Magos, cuando Dumbledore falleció. Nota friki: Yo siempre fui fiel al viejo director y por eso no dejé de confiar en Snape.

pude dejar de ser la adulta con responsabilidades para volver a ser una niña que soñaba con que algún año le llegaría su carta de Hogwarts. Además, tuve una especie de revelación: tal vez no pueda borrar la memoria y volverlos a leer, pero podré ver la cara de mis hijos cuando lo hagan por primera vez, sabiendo que su universo va a cambiar en ese instante, debatiendo acerca de por qué Ron y no Harry siempre fue mi personaje favorito, emocionándome al saber que ese libro forma parte de mi legado, el legado de los sueños e ilusiones que puede transmitir un libro.

Cuando terminaba una de las entregas que tenía la saga me quedaba con un vacío a la altura del pecho que llenaba con nuevas historias. De esta manera, se podría decir que gracias a Harry Potter descubrí la lectura y, gracias a devorar novelas, me di cuenta de que mi pasión era escribir. Tal vez por esto es el libro que recuerdo con más cariño, porque cambió mi pasado, presente y mi futuro. Creía que conforme me hiciera mayor, si mi síndrome de Peter Pan me lo permitía, iría olvidándome de las aventuras y llegaría un momento en el que lo vería como algo lejano, pasado e infantil. Pero no he podido. Es una de las historias que me han marcado. Por eso, con casi treinta años, esta primavera fui con cuatro amigos, también muy frikis, a ver los estudios y disfruté la visita más que los niños que estaban a nuestro alrededor. Por un día 25

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Huellas de Tinta Febrero 2018  

Revista online de literatura juvenil

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