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EN CADENA

nº 1

CADENA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

Material para

Rezar por las Vocaciones año 2014 Delegación de Pastoral Vocacional www.llamados.es


APÓSTOL DE ANDALUCÍA El pasado 7 de octubre de 2012, Benedicto XVI nombraba doctor de la Iglesia a San Juan de Avila, patrón del clero español. Por eso queremos aprovechar tal oportunidad para usar sus escritos como vehículo de oración para estas semanas. Gran reformador de nuestra iglesia, gran predicador, gran maestro espiritual y sobre todo gran amante del sacerdocio e impulsor de la creación de los seminarios como lugar de formación de los futuros presbíteros. “La afirmación central del Maestro Ávila es que los sacerdotes, «en la misa nos ponemos en el altar en persona de Cristo a hacer el oficio del mismo Redentor» (Carta 157), y que actuar in persona Christi supone encarnar, con humildad, el amor paterno y materno de Dios. Todo ello requiere unas condiciones de vida, como son frecuentar la Palabra y la Eucaristía, tener espíritu de pobreza, ir al púlpito «templado», es decir, habiéndose preparado con el estudio y con la oración, y amar a la Iglesia, porque es esposa de Jesucristo. La búsqueda y creación de medios para mejor formar a los aspirantes al sacerdocio, la exigencia de mayor santidad del clero y la necesaria reforma en la vida eclesial constituyen la preocupación más honda y continuada del Santo Maestro. La santidad del clero es imprescindible para reformar a la Iglesia.” (Carta Apostólica doctorado San Juan de Ávila, Benedicto XVI, 7 de octubre de 2012)


Vas a llevar a cabo una vez más tu compromiso de oración semanal por las vocaciones. Centra tu mente y tu corazón en este hermoso encuentro con el Dios que te ama. Comienza con la señal de los cristianos, la cruz:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. “Y porque hubiese más voces que predicasen y más médicos que curasen las ánimas, aunque Él solo lo podía hacer, quiso tomar ayudadores para tener ocasión de galardonarles sus trabajos y de hacer bien a los otros por medio de estos ayudadores. Y así escogió doce apóstoles a los cuales envió a predicar, como cuenta San Mateo en el capítulo 10; y porque Él sabía muy bien que el trabajo de curar ánimas es muy grande, y quería que antes sobrasen obreros que no faltasen, y con entrañas de padre, que trae un médico y otro para sus hijos, no se contentó con elegir doce que le ayudasen a Él, mas eligió otros setenta y dos que ayudasen a los doce, y los envió, como dice el santo evangelio, a predicar a las ciudades y pueblos, donde Él después había de ir, para que estuviesen aparejados con aquella doctrina para recibir lo que les diese Él.” (Pastores con el hambre de almas que tuvo el Señor, Sermones) Señor , hoy sigue siendo necesario que nos envíes voces que prediquen y médicos que curen nuestras almas. Por eso nuestras primeras palabras en nuestra oración son precisamente estas:

Para que se siga anunciando y viviendo tu Evangelio. Para que no falten ministros del sacramento del perdón. Para guiar nuestras comunidades cristianas. Envía trabajadores a tu mies. Del Evangelio según Mateo 13, 44

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “ El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo ”


El que quisiere ser mi oveja niéguese a sí, venda su hacienda, véndalo todo y sígame. Vende toda vuestra hacienda, que son vuestras afecciones; cambia toda vuestra hacienda por hallar esta piedra preciosa. No miréis al mundo que os diga: loco; que os corran por las calles: «¡Al loco, al loco!». Vendé las carnalidades por la castidad, las risas y juegos por la temperancia de palabras, el murmurar por el callar y honrar al prójimo, la enemistad por la amistad y caridad. Toda vuestra hacienda cambiarla y venderla por esta piedra preciosa. No tengáis en nada al mundo. Si os dice que sois loco, no os turbéis; y que vendéis lo que tenéis, y que sois desatinado; y que unos ríen y vos lloráis, otros se huelgan y vos triste, otros favorecidos y vos desamparado, otros ricos y vos pobre: «¡Al loco! ¡Que se ha tornado loco!». Decidles vos: «Tú eres loco y yo soy cuerdo; y ruega a Dios que conozcas tu locura para que tomes seso, como yo le voy tomando». Vendé lo que tuvieres; no estiméis la honra sino en Jesucristo; no améis la riqueza sino en Jesucristo. Piensa cuán presto se pasa el mundo. Piensa cuánto bien puede dar el mundo; si aunque lo dé todo a uno, si estará contento. Mira, si pidiesen a un hombre: ¿Qué es lo que queréis?, ¿qué pediría? Estar en una tierra que no hubiese frío, ni calor, ni hambre; que tuviese muchas riquezas, muchas mujeres, todo cuanto se puede imaginar. Mira bien las locuras que pediría; mira cuánto contento le darían si supiese que le han de durar poco. ¿Qué se le daría que se hiciese todo a su voluntad acá, si supiese que después que se muera no se ha de hacer para siempre la suya? (¡Dichosas ovejas que tienes tal pastor! Miércoles de la semana de Pasión, 13-14) El encontrar ese tesoro tan grande que merece la pena desprenderse de todo por Él, ese es el gran enamoramiento que pedimos al Señor que despierte en muchos corazones que sepan desprenderse de lo superfluo, de lo que no lleva a la vida, de las apariencias, del éxito fácil… que descubran que Dios les ama y que tiene un plan para cada uno de ellos, un tesoro por el que merece la pena dejarlo todo.

Hombre, ¿de qué te engañas?, ¿en qué te empleas? Oveja, toma al pastor, mira el camino del pastor, síguele por donde va. Vende cuanto tienes. Mira que esta joya la has de comprar con lo que más te doliere. ¡Oh hombre casto, oh paciente, oh caritativo! ¡Qué gozo sientes en amar el Señor y en seguir al Señor! El que quisiere ser mi oveja, el que quisiere ser mío, niéguese a sí, no piense en sí, no quiera lo que el Señor no quiere. La oveja que va paso ante paso tras de su pastor, no errará camino. Va el Señor por calle angosta, y tú, por calles y plazas anchas; no saldrás al camino. Niéguese a sí. No estribes en tus razones; piensa que no sabes nada; deja hacer al Señor. (¡Dichosas ovejas que tienes tal pastor! Miércoles de la semana de Pasión, 14)


Deja hacer al Señor, sigue a ese pastor que te lleva por el camino de la vida. ¿quién es ese pastor? No destaca por su apariencia, no destaca por su fuerza, no destaca por su ropajes o sus dotes de mando … simplemente es ese hombre que por corona lleva una corona de espinas, por vara una caña, por capa un manto rojo empapado de la sangre que brota de sus heridas … ese es el hombre … el hombre por el que muchos son capaces de dejarlo todo y seguirle.

He aquí el que bajó del seno del Padre al vientre virginal de la Madre. Este es el que, naciendo eternalmente del Padre, quiso nacer temporalmente de la Madre, porque el hombre renaciese espiritualmente con nueva vida. Este es el que nació llorando, para quitar las lágrimas al hombre pecador. Este es el que quiso ser puesto en la dureza del pesebre, porque el hombre, que se había vuelto bestia, le hallase y le comiese. Este es el que ayunó por lo que el hombre había comido. Este es el que quiso estar entre las bestias en el desierto, porque el hombre estuviese entre los ángeles en el cielo. Este es el que en la última cena se dio por manjar al hombre, para que cobrase el manjar de la vida que en el paraíso terrenal había perdido. Este es el que aceptó el cáliz de amargura por el hombre, para que lo mereciese beber en cáliz excelentísimo que embriaga las almas de su amor divino. Este es el que quiso ser entregado a la voluntad de sus enemigos por librar al hombre de los suyos. Este es el que quiso llevar sobre sí atado para soltar al hombre; el que quiso ser azotado porque el hombre no lo fuese; el que quiso ser coronado de espinas porque el hombre lo fuese de gloria; el que quiso llevar la amargura de la cruz a cuestas para que el hombre hallase su vida en ella. Este es el que quiso ser desnudo para vestir al hombre; el que quiso enclavar sus pies para enclavar los efectos del hombre en la cruz; el que abrió su costado para abrir el corazón del hombre, que estaba cerrado a su Dios.


Este es el que quiso enclavar sus manos en la cruz para enclavar las obras del hombre en ellas. Este es el que bebió la hiel; el que murió por dar la vida; el que resucitó por resucitar al hombre; el que subió a los cielos para abrirlos al hombre; el que envió al Espíritu Santo porque tuviese el hombre Consolador en este destierro. (Ad communionem: Ecce agnus dei) Añade aquellas cosas que forman parte de tu historia con Dios, aquellas cosas que ha hecho por ti, aquellos momentos en el que lo has sentido cerca, aquellos momentos en los que te ha tendido su mano … Y pide al Señor, para que esta historia se siga repitiendo en muchos otros, que sepan reconocer su presencia en su vida, que sepan abrir su corazón al que hizo tanto por cada uno de nosotros, para que den una oportunidad al Amor en sus vidas y le respondan sí. Termina hoy tu oración repitiendo las palabras propuestas por nuestro Obispo para pedir más vocaciones:

Padre nuestro vocacional

( + Juan José Omella Omella, Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño )

Padre nuestro, que estás en el cielo atrae hacia tu Hijo Jesús, con la fuerza del Espíritu, a muchos jóvenes de nuestras comunidades y grupos cristianos, que nos sigan anunciando y celebrando tu nombre y tu reino, Danos pastores buenos según tu corazón, según tu voluntad. Danos buenos sacerdotes que nos parten el pan de tu Palabra y el vino de la Eucaristía. Danos sacerdotes santos y cercanos que nos perdonen en tu nombre los pecados y nos ayuden a perdonar a quienes nos ofenden. Danos sacerdotes valientes y humildes que nos enseñen a no caer en la tentación. Líbranos de la escasez de vocaciones sacerdotales y líbranos de todo mal. Amén.


Otra semana más nos ponemos en presencia de Dios. Comienza tu oración con la señal de los cristianos:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Más limpios y resplandecientes hemos de ser, dice San Crisóstomo, que los rayos del sol. Luz del mundo y sal de la tierra nos llama Cristo: lo primero, porque el sacerdote es un espejo y una luz en la cual se han de mirar los del pueblo, y, viéndola, conozcan las tinieblas en que ellos andan y remuerda en su corazón diciendo: «¿Por qué no soy yo bueno como aquel sacerdote?». Y llámanse sal, porque han de estar convertidos en un sabrosísimo gusto de Dios: tanto, que el que los tocare con la habla y conversación, por derramado que esté y desgustado de las cosas de Dios, cobre el gusto de ellas y pierda el gusto de las cosas malas. La gente del pueblo, con sus ocupaciones forzosas, no tienen luz, ni gusto de las cosas de Dios; y para esta olla de carne proveyó Dios que fuesen los sacerdotes fuego, lumbre y sal, como gente que ha de tener tanto de esto, que haya para sí y para los otros. (La alteza del oficio sacerdotal pide alteza de santidad, Platicas) Pongamos nuestros ojos en esta semana en los sacerdotes, para que sepan ser sal y luz, para que sepan mantenerse fieles, para que mantengan su ilusión y sepan contagiar ese testimonio a los niños y jóvenes que les contemplen. Pidamos para que sean santos, porque necesitamos su luz en un mundo de oscuridad.

Para compartir las inquietudes de los jóvenes. Para descubrir en los jóvenes tu llamada. Para acompañar a los jóvenes en su respuesta. Manda trabajadores a tu mies. De la carta de Santiago, 1, 22-4

Considerad como un gran gozo hermanos míos, el estar rodeados por toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento; pero la paciencia ha de ir acompañada de obras perfectas para que seáis perfectos e íntegros sin que dejéis nada que desear.


Mirémonos, padres, de pies a cabeza, ánima y cuerpo, y vernos hemos hecho semejantes a la sacratísima Virgen María, que con sus palabras trajo a Dios a su vientre, y semejantes al portal de Belén y pesebre donde fue reclinado, y a la cruz donde murió, y al sepulcro donde fue sepultado. Y todas estas cosas santas, por haberlas Cristo tocado; y de lejos tierras van a verlas, y derraman de devoción muchas lágrimas, y mudan sus vidas movidos por la gran santidad de aquellos lugares. ¿Por qué los sacerdotes no son santos, pues es lugar donde Dios viene glorioso, inmortal, inefable, como no vino en los otros lugares? Y el sacerdote le trae con las palabras de la consagración, y no lo trajeron los otros lugares, sacando a la Virgen. Relicarios somos de Dios, casa de Dios y, a modo de decir, criadores de Dios; a los cuales nombres conviene gran santidad. ¿Quién será aquel tan desventurado que, siendo de Dios tan preciado y honrado, dé consigo en el lodo y hediondo cieno de los pecados? ¡Oh padres míos! Bienaventurados somos si sabemos conocer y nos queremos aprovechar del gran precio y estima con que somos honrados de Dios. Y ¡ay!, ¡ay!, ¡ay de nosotros si, siendo tan preciados de El, no nos preciamos a nos ni lo preciamos a El! (La alteza del oficio sacerdotal pide alteza de santidad, Platicas) Las palabras son claras. A veces caemos en la tentación de olvidar la gran oportunidad que nos da cada día el Señor al venir en la eucaristía. A veces no somos conscientes del gran regalo que nos hace con su cuerpo …. Señor que no me olvide nunca que ese pedazo de pan contiene lo más grande que existe, que no convierta mi oración en rutina, que no vacíe tus palabras … Señor ayúdame a ser reflejo de ti, ayuda a los sacerdotes a hacer de cada encuentro íntimo con el Señor, una fuente de esperanza para nuestra vida.

Yo, padres, tiemblo de aquella palabra; cuchillo me es y causa de gran confusión, entendiendo que me pide santidad, y, por ventura, no tengo bondad. ¡Oh cuán presto pasamos por esto! ¡Oh cuán poco sentimos la altísima alteza de esta dignidad! Y por eso ni tenemos temor de meternos en ella ni administrarla después; ni aun por ventura tenemos compunción de cuán bajos quedamos para ser lo que debemos, según lo pide tal dignidad. No era este oficio, padres míos, sino para gente escogida de Dios, que excediese a los otros en virtud, como el rey Saúl, que excedía a todo el pueblo de los hombros arriba. Y San Isidoro dice que el más santo y más docto que hubiere en el pueblo, aquél sea elegido en sacerdote . Somos, padres míos, no sólo sacrificio de Dios, cuya parte se quemaba en honra de Dios y otra parte se comían los hombres; todos enteros hemos de ser encendidos en el fuego del amor de Dios, como el holocausto, que todo era quemado en honor de Dios, sin que llevasen nada los hombres. Y a quien le parece esta santidad mucha o dificultosa, oiga la causa: que, por ventura, le parecerá que aun no se pide tanto cuanto ella merece. Debe ser santo, porque con su oración ha de amansar a Dios.


Pedís, Madre Iglesia, que seamos santos vuestros sacerdotes. ¿Por qué carga tan grande, que de sólo oírla hace temblar? (…) ¡Oh qué gran negocio es incensar y ofrecer este sacrificio, y andar estas cosas juntas, porque para hacerse bien y ser valerosas no se ha de apartar una de otra! El incensar es orar; y aquel ha de tener por oficio el orar que tiene por oficio el sacrificar, pues es medianero entre Dios y los hombres, para pedirle misericordia; y no a secas, sino ofreciéndole el don que amansa la ira, que es Cristo nuestro Señor. Y de este cargo que el sacerdote tiene dice San Crisóstomo las siguientes palabras: «El que tiene oficio de legado por una ciudad mas ¿qué digo por una ciudad?, antes por todo el mundo universo - y ruega que Dios se amanse a los pecados de todos, no solamente a los vivos, mas de los muertos, ¿qué tal pensáis que debe ser? Y no pienso que la confianza de Moisés y Elías es bastante para tal oración; porque, como a hombre que le es encomendado todo el mundo universo y que es padre de todos, así se allega rogando a Dios que se apacigüen las guerras dondequiera que las haya; que se deshagan los alborotos; que se pacifiquen todas las cosas; que se ponga fin y remedio a todos los males que hay, privados y públicos; de manera que tanto ha de anteceder a todos en eminencia de virtud este tal rogador, cuanto excede y se diferencia en el oficio. Pues, cuando llamare al Señor Santo, y sacrificare aquella Hostia digna de reverencia, y tocare al Señor de todos, dime, ¿dónde pondremos este tal con nuestra estimación? ¿Cuánto resplandor pediremos que tenga y cuán gran religión? Párate bien a pensar qué tales conviene que sean aquellas manos que son ministras de cosas tan grandes; qué tal ha de ser la lengua que pronuncia tales palabras, o qué cosa ha de haber más limpia, más santa, que el ánima de aquel que ha de recibir tal espíritu» (El sacerdote debe ser santo , porque tiene por oficio el orar, platicas) Pide por el sacerdote de tu parroquia, por todos aquellos que conoces, por aquellos que tienen problemas, … Pide al Señor para que cuide de ellos y que la obra que Dios comenzó en ellos Él mismo la lleve a término.

Santo y maestro Juan de Ávila, oíste al Señor que su madre y hermanos eran quienes cumplen la voluntad de Dios. Y te empeñaste en cumplirla hasta vaciarte de ti. Amigo de Dios: Ruégale por todas las vocaciones cristianas en nuestra diócesis. Por las sacrificadas vocaciones al matrimonio y a la paternidad, pero especialmente, por las vocaciones al sacerdocio ministerial.


¡Vence la cobardía de tantos jóvenes llamados, de los cuales depende el futuro cristiano de millares de personas! Que los ya sacerdotes se entreguen sin reserva a su ministerio, para guiar hasta el Padre, por los caminos del mundo, al Pueblo de Dios que tú les has encomendado. Peregrina con nosotros, peregrinos de la vocación, con la Virgen del camino, cuya presencia despertó la vocación del Bautista en el vientre de su madre Isabel. (Oración del peregrino. Almodovar del Campo 2013) Unidos a la “ red de intercesión por las vocaciones ” , terminamos nuestra oración rezando:

Padre nuestro vocacional

( + Juan José Omella Omella, Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño )

Padre nuestro, que estás en el cielo atrae hacia tu Hijo Jesús, con la fuerza del Espíritu, a muchos jóvenes de nuestras comunidades y grupos cristianos, que nos sigan anunciando y celebrando tu nombre y tu reino, Danos pastores buenos según tu corazón, según tu voluntad. Danos buenos sacerdotes que nos parten el pan de tu Palabra y el vino de la Eucaristía. Danos sacerdotes santos y cercanos que nos perdonen en tu nombre los pecados y nos ayuden a perdonar a quienes nos ofenden. Danos sacerdotes valientes y humildes que nos enseñen a no caer en la tentación. Líbranos de la escasez de vocaciones sacerdotales y líbranos de todo mal. Amén.


Un rato de oración y de encuentro con Dios, tu Padre, requiere por tu parte concentración y, sobre todo, mucho cariño y unas enormes ganas de contactar con Él. Hazlo en esta ocasión con el máximo interés.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. ¿Seguís al Señor sin cruz? Pues no vais tras Él. Muchos se venían cuando predicaba en los montes, en el campo y en los templos, y de cuantos siguieron entonces no hubo uno que le ayudase a llevar la cruz. La cruz, dice el Señor, que le ayudéis a llevar. Ni por dineros ni por ruegos, nunca hallaron quien le ayudase a llevar la cruz, sino por fuerza hicieron a Simón Cirineo que se la ayudase a llevar. En los placeres, en las amistades, en las misericordias, todos le siguen, todos confían en su misericordia, y no hay ninguno que le ayude a llevar la cruz. No hay quien pueda sufrir que le quiten lo que algo le duele. No hay quien sufra a su prójimo con paciencia. No hay quien se aparte del mal por Jesucristo y le ayude a llevar la cruz. (¡Dichosas ovejas que tienes tal pastor! Miércoles de la semana de Pasión, 15) Señor, necesitamos gente dispuesta a llevar tu Cruz. Gente generosa, desprendida, que no le importe el qué dirán, que sea capaz de ofrecer su espalda para ayudarte en esa tarea de ofrecer la vida por los hombres. Señor, seguimos necesitando sacerdotes:

Para acompañarles en la búsqueda de Dios Padre. Para sembrar esperanza en las personas desanimadas. Para estar cerca de los sencillos los pobres y los enfermos. Manda trabajadores a tu mies. Del Evangelio según Mateo 16,2416,24-26

Entonces dijo Jesús a sus discípulos: “ Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? ”


¡Oh! Mal galgo, que siguió a la liebre por el llano, y porque se le entró por unas espinas deja la liebre y se vuelve sin ella. De esa manera seguís a Jesucristo. Seguís sus pisadas por llano; amáis sus misericordias, holgáisos con los consuelos; y porque se os mete por las espinas, dejáis a Jesucristo; porque os pone en una tribulación, porque se os esconde para conocer quién sois sin El, decís luego: «Se me ha escondido, ya no me quiere, ya no me consuela»; perdéis luego el rastro; luego decís que os castiga, que os ha quitado la gracia. No así, no. Entra, buen galgo, en la zarza, que luego sacaréis la liebre. Entra sin temor, entra en las espinas, aunque pensáis que os habéis de espinar, que ahí hallaréis al Señor; entra en los trabajos, que se ha metido para que le busquéis; entra en los trabajos, entra en vencer la carne, en desechar al demonio; entra en la carne, que, si entráis, ten por cierto que ahí se entró, piensa que ahí lo hallaréis. (¡Dichosas ovejas que tienes tal pastor! Miércoles de la semana de Pasión, 15) Toda vocación exige un esfuerzo, si pensamos que en la vida no vamos a tener dificultades, ¿qué sentido tiene?. Lo importante es saber enfrentarnos a ellas, es tener valor para dar los pasos necesarios, para ir avanzando en nuestra madurez, sin temor, porque conocemos la meta y la recompensa. Sin miedo a equivocarnos. La vida se vive en marcha, no como espectador. Señor, da esa valentía a los jóvenes y niños, a los padres e hijos, a todos los que nos llamamos cristianos, para que nunca nos rindamos en tu búsqueda.

«Si vienes tras de mí, ven sin ti. No pienses en ti; haz cuenta que no eres»: No tengas en nada espinarte, que ahí está el Señor. ¿Qué fuera de ti, cristiano, si Jesucristo dijera: «Quiero ir a salvar el mundo por lo llano, pero si hay espinas no quiero»? ¿Qué fuera de ti? ¿Qué hicieras tú si Dios no se pusiera contra todo el mundo y se entrara rascuñado por las espinas y trabajos que pasó? ¿Qué fuera de ti si El no quisiera pasar trabajos y si, habiendo llegado al paso de la muerte, no dijera: Hágase, Padre, como tú quisieres y no como yo quiero; y si no quisiera que le espinara la espina de la pobreza, de la paciencia y de la caridad que, con todo cuanto pasaba, tenía para perdonarlos?


¿Y sabéis a cuánto llegó? Que lo coronaron de espinas, lo azotaron, lo escupieron, lo mofaron y le hirieron mil injusticias que no se pueden escribir ni contar, y al fin no pararon hasta ponerlo en la cruz. Pero si Jesucristo dijera, como tú, que no se quisiera meter por espinas, ¿qué fuera de ti? Y si por ti se metió el Señor de los señores por tan grandes trabajos, ¿qué mucho que tú te metas siquiera por alguno de ellos? Síguele y conocerás que eres su oveja. (¡Dichosas ovejas que tienes tal pastor! Miércoles de la semana de Pasión, 17) ¿Qué fuera de ti? Si Jesús se hubiera echado atrás por miedo a la Cruz. ¿qué sería de nosotros si el amor no se hubiera manifestado en su plenitud? Y yo ¿ qué puedo hacer ante tal gesto? Solamente una cosa, seguirte. Señor, haz que sepa amar las espinas que aparecen en el camino, que en ellas descubra tu presencia y tu fuerza.

Va una mujer, de esas que vosotros decís galanas, por la calle, y deja la calle muy oliendo a almizcle y a mil olores que no se quitan tan presto, y requebráisla y todos tenéis contento de verla y de oler sus olores. Y pasa y ha pasado Jesucristo por esa misma calle, y ha paseado con la cruz a cuestas, derramando sangre, y no hay nadie que huela la sangre de Jesucristo. ¡Oh sangre preciosísima ¡Y cuál mal hueles al mundo! No hay quien quiera seguir vuestras pisadas. Derramar sangre por vos, Señor, muy dificultoso se le hace al mundo. ¡Oh casto, oh paciente! ¡Cuánto gozo recibes con la sangre del Redentor tuyo! ¡Qué consuelo te es a ti perdonar al que te ha injuriado! ¡Cómo te huele la sangre y pasión de Jesucristo! ¡Cómo te son luz de tus ojos las pisadas del Señor! La lumbre para mis pies son tus pisadas, dice David. A David no le picaban las espinas, no se le hace dificultoso el camino, no huye de los trancos que Jesucristo pasó, pues confiesa que todas sus pisadas fueron lumbre para sus pies; no tenía en nada que el mundo le dijese que era loco, porque, dejando las anchuras y plazas del mundo, se iba a pasar por las angosturas de Jesucristo.


Quien viniere tras de mí, déjese a sí. A Jesucristo no se siga por sus razones ni por su saber. Hay unos hombres que quieren saber y sacar lo que de una cosa les puede suceder: si hago esto, venirme ha esto; si perdono al otro, venirme a la deshonra; si gano estotro, venirme a lo otro; (…)¡Oh malaventurado de ti! ¿Qué piensas? ¿Qué conciertas? ¿Qué pides? Estás ahora en paz, siendo pobre, ¿y pides guerra con riquezas? Te quita Dios una cosa en que tenías puesta tu esperanza, porque ve El cuánto te ha de dañar, y para que la pongas en sólo El, ¿y esto lloras? Quiérete Dios salvar, y tú dices que te quiere mal. (…) No sabemos pedir ni lo que deseamos, dice San Pablo. La oveja vaya donde su pastor la llevare, no busque pasto por sí, porque no se aleje el pastor, y después llame y no oiga su voz. (¡Dichosas ovejas que tienes tal pastor! Miércoles de la semana de Pasión, 18-19) Termina hoy tu oración repitiendo las palabras propuestas por nuestro Obispo para pedir más vocaciones:

Padre nuestro vocacional

( + Juan José Omella Omella, Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño )

Padre nuestro, que estás en el cielo atrae hacia tu Hijo Jesús, con la fuerza del Espíritu, a muchos jóvenes de nuestras comunidades y grupos cristianos, que nos sigan anunciando y celebrando tu nombre y tu reino, Danos pastores buenos según tu corazón, según tu voluntad. Danos buenos sacerdotes que nos parten el pan de tu Palabra y el vino de la Eucaristía. Danos sacerdotes santos y cercanos que nos perdonen en tu nombre los pecados y nos ayuden a perdonar a quienes nos ofenden. Danos sacerdotes valientes y humildes que nos enseñen a no caer en la tentación. Líbranos de la escasez de vocaciones sacerdotales y líbranos de todo mal. Amén.


“Tú, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu padre, que ve en lo secreto, te recompensará ”

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Puso Jesucristo sus benditos ojos en San Mateo y le dijo: Sígueme. Se levantó luego y lo siguió. No lo detuvieron la muchedumbre de negocios que tenía; no le detuvo la codicia de poner en cobro lo que delante tenía; todo lo dejó este bienaventurado santo; a todo dio de mano. Se levantó y le siguió; se levantó y se fue tras Jesucristo. ¿Ahora no miráis lo que este bienaventurado santo hizo? Cosa es, por cierto, para espantar ¿Qué vio San Mateo en Jesucristo, que le movió a hacer tan determinadamente lo que hizo: dejar su trato, toda su hacienda, sus dineros, e irse tras un hombre al parecer pobre y bajo, que le podía dar nada; pobre y mal vestido, que por ahí le daban de comer, que es un solo hombre? Aquel a quien se lo ha mandado, lo dejó todo y le siguió. (No se hizo sordo al llamamiento 3, Sermones) Jesús llama a quien quiere, llama a Mateo un pecador, un cobrador de impuestos, mas no le importa el pasado sino que lo que le ofrece es un presente. Él fija su mirada y solamente una palabra: Sígueme. Jesús sigue saliendo a la calle y sigue fijándose en el corazón de muchos y les repite la misma palabra: Sígueme. Pidamos al Señor para que a ejemplo de Mateo muchos jóvenes se levanten y le sigan,

Para escuchar y acoger a todos los hombres. Para alentar nuestra esperanza. Para dar sentido a la vida y al dolor. Manda trabajadores a tu mies Del evangelio según Mateo 9, 9

En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: “ Sígueme ” . El se levantó y lo siguió.


(…) Estaba este bienaventurado santo, este dichoso hombre, metido y marañado en los tráfagos y revueltas de este mundo; andaba olvidado de lo que a su ánima tocaba, olvidado del bien de su ánima y conciencia. Era arrendador; tenía un banco, y era natural de Cafarnaún. Estaba allí junto a la mar, cobrando a la renta de todo lo que por la mar venía. Debiera ser hombre rico; alcanzaba mucho dinero arrendado. En aquel tiempo debiera de ser oficio que le hacían malos hombres, oficio de algo de cuenta. Estando, pues, este buen hombre sentado junto a la mar, sus libros y dineros delante de si, pasó por allí Jesucristo. Iba acompañado de mucha gente; entre todos puso sus ojos en San Mateo, y le dijo: Sígueme. Se levanta de su banco, deja todo lo que tenía delante; deja los libros, deja las cuentas y deja los dineros. Se va tras Jesucristo. ¡Te bendigan los ángeles, Señor! ¿Qué es esto que vistes, Señor, en este hombre? ¿Qué servicios había hecho? ¿En qué os había agradado para que tanto bien le hicieses, estando apartado de vos, en ofensa y desgracia vuestra, en tratos y revueltas, en oficio tan malo y peligroso, que era arrendador, y aun quizá estaba haciendo alguna escritura para el daño de algún prójimo? Le llamaste, Señor; le miraste y le hicisteis vuestro amigo, vuestro discípulo, apóstol y evangelista. Está un hombre apartado de Dios, hecho enemigo suyo, envuelto en ofensas y pecado, contento en su mala vida, descuidado de servir a Dios, enlazado en contratos y revueltas y trampas, engañando a sus prójimos, jurando y perjurando; le mira Dios, le dice, no sé qué allá en el corazón, le habla al corazón, le despierta del sueño en que estaba; hace luz en aquella oscuridad, y, al fin, mereciendo muchos males e infierno, le hace grandes bienes y lo saca de pecados, y lo hace su amigo, y le da su gracia, y lo perdona, y lo hace su hijo y heredero de su reino. A todo esto llama la Sagrada Escritura bendiciones de dulzura. (…) Previene Dios al que no le busca; busca al que de Él huye, llama al que le ofende, justifica y levanta al caído. (…) ¿Qué cosa más alegre y de mayor contentamiento, que verse un hombre que antes era cautivo de sus propias pasiones, esclavo del demonio, que servía al mundo y a la carne, libre de tan penosa y amarga servidumbre, verse, a lo que le parece, amigo de Dios, con seguridad moral en su conciencia, con deseos nuevos, con obras nuevas, (…)? (No se hizo sordo al llamamiento 3, Sermones) Porque Jesús hace nuevas todas las cosas, sólo Él sabe lo que esconde nuestro corazón y sabe todo aquello que podemos dar y hacer por los demás. Señor, ayuda a los jóvenes a descubrir que les amas, que tienes un plan para ellos, que en ti encontrarán su felicidad, que merecen la pena tus bendiciones de dulzura, que tu yugo es llevadero y tu carga ligera, que sólo tú nos puedes dar la libertad.


Y de dónde brota todo, dónde puedo poner los ojos para escuchar tu palabra, dónde puedo encontrar tu llamada de amor … Allí donde alcanza su plenitud, en la cruz, el gesto del amor supremo, la vida que se entrega por ti para devolverte la esperanza.

¡Oh maravilloso amor, que a tal extremo descendiste! Y ¡maravillosa ceguedad de los hombres, que tomaron ocasión para descreerte de donde la habían de tomar para amarte! (…) ¡Oh qué maravillosa manera de pelear ha tomado el Señor! (Jdt 5,8), dice la santa profecía; porque ya no con diluvio, no con fuego del cielo, sino con halagos de paz y amor, ha conquistado los corazones; no matando, sino muriendo; no derramando sangre ajena, sino la suya propia por todos en la cruz. ¡Oh maravillosa y nueva virtud! Lo que no hiciste desde el cielo servido de los ángeles, hiciste desde la cruz acompañado de ladrones! ¡Oh robador de corazones!, roba, Señor, este mío, pues tienes nombre de robador apresurado y violento. ¿Qué espada será tan fuerte, qué arco tan recio y bien flechado, que pueda penetrar un fino diamante? La fuerza de tu amor ha despedazado infinitos diamantes; tú has quebrantado la dureza de nuestros corazones, tú has inflamado todo el mundo de tu amor; tú mismo lo dijiste por el profeta: Con el fuego de mi amor será abrasada toda la tierra; y en tu Evangelio dijiste: Fuego vine a poner en la tierra. ¿Y qué otra cosa quiero yo sino que arda?. (…) ¡Oh dulce amor! Oh dulce llama! ¡Oh dulce llaga, que así enciendes los corazones helados más que nieve y los conviertes en amor! Con el fuego principal de tu venida henchiste el mundo de tu amor (…). Visitando la tierra embriagaste los corazones terrenos. ¡Oh amantísimo, benignísimo, hermosísimo, clementísimo!, embriaga nuestros corazones con ese vino, abrásalos con ese fuego, hiérelos con esa saeta de tu amor. ¿Qué le falta a esa tu cruz para ser una espiritual ballesta, pues así hiere los corazones? La ballesta se hace de madera y una cuerda estirada, y una nuez al medio de ella, donde sube la cuerda para disparar la saeta con furia y hacer mayor la herida. Esta santa cruz es el madero; y el cuerpo tan extendido y brazos tan estirados son la cuerda; y la abertura de ese costado, la nuez donde se pone la saeta de amor para que de allí salga a herir el corazón desarmado. ¡Tirado ha la ballesta y herido me ha el corazón! Ahora sepa todo el mundo que tengo yo el corazón herido. ¡Oh corazón mío! ¿Cómo te guarecerás? No hay médico que le cure si no es morir. Cuando yo, mi buen Jesús, veo que de tu costado sale ese hierro de esa lanza, esa lanza es una saeta de amor que me traspasa; y de tal manera hiere mi corazón, que no deja en él parte que no penetre. ¿Qué has hecho, Amor dulcísimo? ¿Qué has querido hacer en mi corazón? Vine aquí por curarme, ¡y me has herido! Viene a que me enseñases a vivir, ¡y me haces loco! ¡Oh dulcísima herida, oh sapientísima locura!, nunca me vea yo jamás sin ti.


No solamente la cruz, mas la misma figura que en ella tienes, nos llama dulcemente a amor; la cabeza tienes inclinada, para oírnos y darnos besos de paz, con la cual convidas a los culpados, siendo tú el ofendido; los brazos tendidos, para abrazarnos; las manos agujereadas, para darnos tus bienes; el costado abierto, para recibirnos en tus entrañas; los pies enclavados, para esperarnos y para nunca te poder apartar de nosotros. De manera que mirándote, Señor, todo me convida a amor: el madero, la figura, el misterio, las heridas de tu cuerpo; y, sobre todo, el amor interior me da voces que te ame y que nunca te olvide de mi corazón. (Tratado del amor de Dios) Locura de amor por ti Señor, eso necesitamos, cristianos que sientan ese ardor de amor que les abrasa por dentro y que los ilumina como reflejo de una vida que se entrega por amor. ¿Qué puedo hacer Señor por ti? Sólo amarte. Concluye hoy tu oración, como cada día, con las palabras del obispo que las haces tuyas. Siempre que las reces pon el corazón entero.

Padre nuestro vocacional

( + Juan José Omella Omella, Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño )

Padre nuestro, que estás en el cielo atrae hacia tu Hijo Jesús, con la fuerza del Espíritu, a muchos jóvenes de nuestras comunidades y grupos cristianos, que nos sigan anunciando y celebrando tu nombre y tu reino, Danos pastores buenos según tu corazón, según tu voluntad. Danos buenos sacerdotes que nos parten el pan de tu Palabra y el vino de la Eucaristía. Danos sacerdotes santos y cercanos que nos perdonen en tu nombre los pecados y nos ayuden a perdonar a quienes nos ofenden. Danos sacerdotes valientes y humildes que nos enseñen a no caer en la tentación. Líbranos de la escasez de vocaciones sacerdotales y líbranos de todo mal. Amén.


Propuesta diaria Ofrece un misterio del rosario por la santidad de nuestros sacerdotes y otro por los seminaristas de la diócesis para que se mantengan fieles al Señor. Agradecemos estos materiales a la Delegación de Pastoral Vocacional de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño


DelegaciĂłn de Pastoral Vocacional

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San juan de Ávila (2014)