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Martes 6

Razones Periodismo de Análisis Político y Social

Julio de 2010

Freyre dice que el opresor que se pasa al bando de los oprimidos, debe rehacerse, “estar siendo” continuamente al convivir con los oprimidos; en mis palabras, no al ejecutar sus acciones desde una oficina de lujo, una camioneta ultra equipada y sueldos descomunales comparados con el salario mínimo. Transcribo aquí un extracto del capítulo II, La contradicción opresores-oprimidos; su superación (págs. 21-37):

Opresores-oprimidos El brasileño Paulo Freire (1921-1997), reconocido el más grande pedagogo del siglo XX, enemigo de las dictaduras, exilado por sus ideas liberadoras, galardonado en 1986 con el premio internacional “Paz y Educación” de la UNESCO, distinguido con el título de Doctor “Honoris Causa” por varias universidades del orbe, escribió, entre otros, un libro titulado Conciencia crítica y liberación. Pedagogía del oprimido (Ed. América Latina. Bogotá, 1972), en el que plantea, entre otros, el caso del opresor que se pasa del lado del oprimido para combatir por su liberación, pero sin dejar de lado sus prejuicios, su falta de fe en la capacidad del pueblo para pensar, para discernir, cayendo en la falsa grandeza de sentirse hacedor de la transformación, del tan ahora machucado “cambio”, sin creer realmente en el pueblo, aunque lo convoquen en cada discurso o en sus eslóganes. “Unidos por México... con la fuerza de la gente”, Francisco Barrio Terrazas. (PAN). “Amor con amor se paga, David Monreal, gobernador.” (PT). “...mantén tu ilusión, que el cambio de a de veras está en ti”, Víctor González Torres. “Con orden y armonía, juntos vamos a prosperar”, Enrique Jackson Ramírez. (PRI). “Hablo menos y hago más”, Dante Delgado Rannanuro (PRD-PT).

“Los oprimidos, en reacción contra los opresores, a quienes idealizan, desean convertirse a su vez en opresores. Es una gran contradicción, que desafía al oprimido proponiéndole una nueva fórmula, transformarse en los restauradores de la libertad de ambos. De esta forma, debería nacer un hombre nuevo que supere la contradicción: ni opresor ni oprimido: un hombre liberándose, humanizándose. El “miedo a la libertad” de los oprimidos los puede llevar tanto a pretender ser opresores, como a permanecer atados al status de oprimidos. El oprimido recibe impositivamente las opciones de la conciencia del opresor; por esto el comportamiento del oprimido es prescrito: se hace con las pautas del opresor. El oprimido se encuentra «inmerso» en la estructura dominadora y teme la libertad al no sentirse capaz de asumir el riesgo ante los opresores y ante los otros oprimidos que se asustan con mayores represiones. Sufre una dualidad: quiere ser, pero teme ser. Es él (oprimido) y al mismo tiempo otro (opresor), introducido en él como conciencia opresora. Su lucha se plantea entre expulsar o no al opresor de dentro de sí; entre seguir prescripciones o tener opciones. Este es el trágico dilema de los oprimidos que su pedagogía debe resolver para alcanzar la liberación a través de ese “parto” doloroso del cual nace el hombre nuevo, viable únicamente por la superación de la contradicción opresor-oprimidos, que es la humanización de todos: un nuevo hombre que se va liberando y no es opresor ni oprimido. Pero no basta una superación idealista de su situación de oprimido; para que sea motor de la liberación hace falta que el oprimido se entregue a la praxis liberadora, reconociendo el límite que la sociedad opresora le impone y teniendo ahí el motor de su acción liberadora.” 37) Si traducimos la teoría de Freyre –cuyos libros nos piden leer los maestros en nuestras universidades y en las de todo el mundo–, caemos en la cuenta de que en México no se ha dado el cambio ni se dará mientras opresores y oprimidos no nos “humanicemos”. Pero además no sólo necesitamos buenos hombres, buenos políticos, sino

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valores. Cuando escucho a una madre o a un padre injuriar a sus hijos con ira incontrolada, cuando veo al marido o a la mujer que le pone los cuernos a su pareja, al que se estaciona en lugar reservado para discapacitados, al burócrata que se hace “como que trabaja”, a la enfermera o al doctor que maltratan a los pacientes en las instituciones de salud públicas, a Aguirre vendiendo el partido de cuartos de final por segunda vez en una justa mundialista, no me cabe duda que este mundo está de cabeza, que somos todo, menos una nación de primera; que justamente, nuestros actuales héroes patrios son los seleccionados de fútbol y alguno que otro cantante de rancheras. “La patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal. Se la sirve, pero no se la toma para servirse de ella”, José Martí.

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