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Día de muertos y de los fieles difuntos

Octubre de 2010

CULTURA

Martes 26

¿Qué hay allá, en la negra inmensidad, allá donde sólo llegarás tú, impulsado por el último de tus alientos? Ana Livia Salinas González literactuate@hotmail.com

los niños fallecidos, mes de los muertecitos o Miccailhuitontli y en noviembre, a sus adultos. También los teotihuacanos, toltecas, aztecas, huastecos, totonacas, otomíes, purépechas, mixtecos, zapotecos y mayas, entre otros, practicaron el culto a la muerte con ritos similares. Se enterraban los restos del muerto (de cuerpo entero o incinerado) y junto a él se colocaba un recipiente con agua. Según su importancia social, se dejaban algunos objetos y el cadáver de un perro xoloescuintle para ayudarlo en su viaje. Se hacían ofrendas de comida, bebida y flores. La muerte no significaba el final de la vida, sino una transformación, una oportunidad para purificarse; creían que al perfeccionarse, los que iban al Omeyocan (muertos en combate, sacrificados en cautiverio o mujeres que murieran al parir, entre otros) se convertirían en colibríes para volar junto al Sol, de quien se concebían soldados. El hecho de que en la religión de los conquistadores existiera la creencia de una vida después de la muerte hizo posible la integración de las creencias de ambos pueblos.

“Somos mortales, todos habremos de irnos, todos habremos de morir en la tierra... Como una pintura, todos iremos borrando. Como una flor, nos iremos secando aquí sobre la tierra... Meditadlo, señores águilas y tigres, aunque fuerais de jade, aunque fuerais de oro, también allá iréis… al lugar de los descansos”. Netzahualcóyotl (1391-1472) Todos nos hemos preguntado si habrá vida después de la muerte. A los que creen que sí la hay, les preocupa saber cómo es; a los que no creen, les da igual; a los que dudan, les atormenta una multitud de temores. Algunos especulan si sus méritos serán suficientes para alcanzar el cielo o si terminarán achicharrándose en el infierno, mientras que otros confían en llegar allá y ser como ángeles, tal como lo dicen los evangelios (Marcos 12, 18-27; Mateo 22, 23-33 y Lucas 20, 27-40). La celebración de Todos los Santos y de Los Fieles Difuntos aparece en el santoral católico desde el año 827 DC, pero desde antes del 2000 AC las culturas preclásicas celebraban la muerte como continuidad de la vida. Los nahuas festejaban a sus muertos dos veces al año: en agosto, al que llamaban por

para que puedan ganar el cielo. Sin embargo, es fácil observar en muchas partes del país la predominancia de los rituales ancestrales indígenas sobre los católicos. Como sucede en Veracruz o en San Andrés Mixquic, lugar del que guardo dos fotografías y el siguiente recuerdo: Me encuentro en San Andrés Mixquic, corriendo el mes de noviembre de 1983. Las tumbas están cubiertas por las ofrendas: agua, sal, velas, copal humeante y flores en abundancia. Los aromas se mezclan con el humo que desdibuja los rostros de los creyentes, los turistas y los curiosos. Descubro sobre algunas tumbas, entre la profusión de las amarillas cempasúchil, flores blancas, pan de muerto, platos con mole, frutas y calaveras de azúcar, papel picado y figuritas de perros xoloescuintle, otro elemento que me transporta a los pasados rituales mexicas: cráneos humanos. El viento impregnado de incienso, de elotes recién cocidos, de pan de muerto recién horneado, de perfume y esencias diversas, trae a mis oídos el murmullo de los rezos y cantos. Un niño me mira con sus grandes ojos redondos sin expresión alguna. Baja la vista y bosteza. Reviso el diafragma y la velocidad de mi vieja cámara Miranda, y sin flash, capturo una imagen que no absorbe el misticismo ancestral que me sobrecoge. El 7 de noviembre de 2003 la UNESCO declaró la festividad indígena de Día de muertos como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por ser “...una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, y como una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor fuerza entre los grupos indígenas del país.” Cruz sobre tumba en San Andrés Mixquic, noviembre 1983. Foto Ana Livia Salinas.

Un niño pide su “calaverita” con una calabaza-calavera iluminada por velas en el panteón de San Andrés Mixquic, delegación Tláhuac, D.F. Foto Ana Livia Salinas.

La celebración popular del Día de muertos es un rito que actualmente combina las creencias paganas del México prehispánico con la fe católica, que aunque no promueve los rasgos heréticos permite y promueve que sus fieles levanten altares a los muertos, no con la intención azteca de esperar la visita de sus muertos, sino con la de orar por ellos

Día de muertos y fieles difuntos  

Páginas de cultura del Semanario Razones. Ed. 886

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