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24 de Junio de 2010, Temuco Historia Contemporánea

El Tercer Estado en la Francia revolucionaria (1789 – 1795) Una amplia gama de intereses y funciones Juan Porma Oñate

RESUMEN La revolución Francesa, hecho que repercutió al mundo por su amplia influencia, tuvo como principales protagonistas a los componentes del Tercer Estado. Por circunstancias particulares de tipo social, políticas y económicas, el tercer estamento se ve obligado a tomar las riendas de la situación y, a través de la fuerza, controlar las cuotas de poder que se merecían. Al contrario de lo que se pueda pensar, el Tercer Estado no estaba compuesto por un grupo homogéneo de personas que compartieran una función o formas de vida, sino que, se trataba de una amplia masa de personas unidas en un estamento por circunstancias políticas, por ello conservaban distintas motivaciones. Destacan en este grupo la Alta Burguesía, la Burguesía Trabajadora, el Pueblo Popular y el Campesino. Todos se unirán ante la posibilidad de lograr una mejor condición de acuerdo a sus aspiraciones, sin embargo, una vez logrado el éxito con su mutua colaboración, resaltarán entonces problemas producidos por conflictos de interés, disolviendo la anterior unidad que los llevó al triunfo.

PALABRAS CLAVE Revolución Francesa – Estamentos - Tercer Estado – Alta Burguesía – Burguesía Trabajadora

Pueblo

Popular

-

Campesino.


Tabla de contenido Introducción ........................................................................................................................................ 1 I-. La segunda mitad del siglo XVIII en Francia; .................................................................................. 2 Un caldo de cultivo revolucionario ................................................................................................. 2 II-. El Tercer Estado y sus matices previos a la

Revolución ............................................................ 3

La Alta Burguesía ............................................................................................................................. 3 La Burguesía Trabajadora ................................................................................................................ 4 El Pueblo Popular ............................................................................................................................ 5 El Campesino ................................................................................................................................... 6 III-. El Tercer Estado en acción; Los actores y su papel a desempeñar en la Revolución................... 7 La burguesía y la intervención parlamentaria ................................................................................. 7 El Pueblo Popular y el Campesinado; Fuerza de choque temerosa y violenta ............................... 8 IV-. Conflictos en el Tercer Estado, una caída estrepitosa ............................................................... 11 La Burguesía al mando; un nuevo contexto .................................................................................. 11 La Burguesía es fiel a sus intereses; La desilusión del Popular ..................................................... 12 V.- El fracaso del Tercer Estado; Destinado por su diversidad .......................................................... 13 Bibliografía ........................................................................................................................................ 15


Introducción

Este trabajo busca abordar la importancia del Tercer Estado en la Revolución Francesa de 1879 y cuáles fueron los factores que les llevaron a obtener la victoria y finalmente a disolverse, analizando como es su participación previa a la Revolución, durante su transcurso y finalmente, en su época de decaimiento. Al presenciar un Estamento, que por cierto es el único que carece de privilegios y por lo tanto encasilla a una gran cantidad de desposeídos, no necesariamente pertenecientes a un mismo estrato económico, cabe preguntar: ¿Cómo es posible la victoria del Tercer Estado tomando en cuenta la heterogeneidad de sus componentes?. Para esto planteare un objetivo general que tiene que ver con averiguar cómo se logra una complementariedad tan eficiente entre grupos económicos tan diversos, que finalmente alcanzarán la victoria. Se debe determinar también si estas mismas razones fueron las que provocaron su caída. Por esta razón, el objetivo específico a alcanzar será necesariamente indagar en los componentes del Tercer Estado y averiguar cuáles son sus funciones tanto económicas como sociales y como estas se desempeñaron antes, durante y después de la Revolución. Finalmente nos encontraremos con una complementariedad de sectores provocada por la efervescencia revolucionaria, que luego traerá vastas consecuencias. Mientras los Burgueses se dedican a revolucionar legislativamente la Francia Revolucionaria, El popular tomará las armas e impondrá el terror, afianzando de alguna forma los intereses de ambos. Sin embargo, cuando la Burguesía alcanza su cometido, esto es, alcanzar un poder político, se olvidará de los logros obtenidos por las masas Populares y mostrará su verdadera cara. De esta forma brutal, la Burguesía se encamina hacia un mundo de libertad, fraternidad e igualdad, en donde triunfará eficientemente con el capitalismo y el sistema político a su favor, mientras que el popular se dará cuenta, no al instante, sino progresivamente, de que un viejo aliado se transformará ahora en un peligroso enemigo.

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I-. La segunda mitad del siglo XVIII en Francia; Un caldo de cultivo revolucionario

En la segunda mitad el siglo XVIII, Francia vivía una crisis general que abarcaría prácticamente todos los ámbitos del desenvolvimiento humano, haciendo notar falencias de tipo político, económicas y sociales. En primera instancia, cabe señalar que el mundo político estaba dirigido por la Monarquía y compuesto por tres estamentos; el primero estaba formado por el clero, el segundo por la nobleza y el tercero compuesto por todos los no privilegiados. Si cada estamento representaba un voto, era lógico que los grupos privilegiados siempre se beneficiaran de este método, presionando al Rey para asegurar su propia satisfacción. Se conservan así distintos derechos feudales, privilegios de algunos pocos, quienes no están dispuestos a despojarse de ellos. Por ello se vive un mundo de desorden político, en donde los tributos no son iguales para todos (existía la exención de impuestos por parte de la nobleza), las líneas fronterizas no están claras y las relaciones entre hombres aún están sujetas a condiciones de tipo feudal, por tanto, estas no obedecen a un patrón mayor, sino que se superponen redes de relaciones políticas. En cuanto al mundo económico, la sociedad Francesa ya estaba inserta en el mundo capitalista mercantil, abriendo las puertas hacía uno industrial. En este sentido, no es de extrañar que el periodo se caracterice por el ascenso o prosperidad para un grupo específico en la población: La Burguesía. Éste grupo, sostenía la economía del momento y, de alguna forma, sostenía también a la nobleza que hacía gala de su pomposidad, viviendo en realidad un estado en el que no se podían mantener, es decir, conservaban un estilo de vida que iba más allá de sus capacidades. Siendo conscientes de la función que cumplían, para la burguesía era justo exigir un poco de participación en la toma de decisiones, en el acto se encontrarían con una nobleza consolidada que se negaría totalmente a perder lo único sólido que aún conservaban: sus privilegios. Como si esta tensión no fuera suficiente, se suma como antecedente una grave crisis producto de las malas cosechas, lo que acentuará aún más las condiciones de pobreza y hambruna que por años se toleraban en el país. La incompatibilidad del sistema y sus formas de producción sumado a las nuevas fuerzas emergentes harían inevitable el enfrentamiento entre los privilegiados y los desposeídos.

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II-. El Tercer Estado y sus matices previos a la Revolución La Alta Burguesía

Es necesario hacer una distinción entre burguesías “altas” y “trabajadoras”, pues ambas desempeñan papeles importantes y similares, sin embargo guardan diferencias. En este sentido, diremos que la Alta Burguesía se caracteriza por poseer grandes capitales procedentes de monopolios, ésta era una burguesía capitalista y financiera. Por esta razón eran ellos quienes invertían en las grandes compañías privilegiadas, financiaban al ejercito. También desempeñaban el papel de asentistas generales, es decir, eran grandes proveedores de víveres. La Alta Burguesía posee un patrimonio consolidado, por ello se afirma que no trabajan o que viven “noblemente”. Sin embargo cargan con el peso de la falta de privilegios. Los otros estamentos estaban conscientes del rápido crecimiento de este grupo y del peligro que corrían con su ascenso, pues este amenazaba con la pérdida del dominó territorial en manos de la industria. Así lo señala Jean Jaures, cuando nos dice que : “La industria metalúrgica crecía tan deprisa y consumían(…) tanta leña, que se alarmaba la región y solicitaba una limitación de la industria. Eran los dos órdenes privilegiados (…) quienes denunciaban el peligro que corren los bosques” (Jauries, 1979; 87). La repentina alarma ambientalista por parte de los grupos privilegiados no era más que una excusa desesperada para permitir asegurar sus intereses, ante el inminente avance de la burguesía. Ante el nuevo tipo de economía se plantea una contradicción frente a las formas feudales, que claramente ya no se podían sostener más. Una nueva realeza nació y ya está madurando peligrosamente, se encuentra a punto de imponer el reinado del dinero, que nada tiene que ver con la monarquía o el derecho divino. Al comienzo de la revolución, la Alta Burguesía desempeñaría un papel ambiguo, nuevamente nos señala Jauries que aquel grupo tenía: “…deseos contradictorios: prolongar un régimen con el cual prosperaban, gracias a fructuosos monopolios, y tomar precauciones contra la arbitrariedad de un poder absoluto” (Jauries, 1979; 50 y 51). En este sentido podemos decir que la Alta Burguesía prosperaba a pesar de la falta de garantías económicas, que no eran más que caprichos por parte de los reyes que de un 3


momento a otro les hacían perder una gran inversión. No obstante, la carencia de estas garantías significaba para ellos una molestia, como se mencionó anteriormente, el viejo sistema ya no estaba siendo funcional a las nuevas formas de producción. Por este motivo, no faltó más que una motivación para que la Burguesía tomara cartas en el asunto, este chispazo fue la convocatoria de los Estados generales. Lefebvre nos señala que: “…la burguesía había permanecido hasta entonces escéptica o indiferente. Pero cuando supo la noticia de que los Estados Generales eran convocados, se halló unida en un instante contra la aristocracia” (Lefebvre, 1960; 44). Había adquirido entonces la burguesía un enemigo declarado: La aristocracia, que no contenta con vivir a costas del trabajo de otro grupo les impide un desarrollo pleno. La Burguesía Trabajadora

La Burguesía Trabajadora se destaca por tener entre sus componentes a la industria, el comercio menor y a los rentistas. Se denomina Burguesía Trabajadora a aquella que efectivamente debe hacerse cargo de su sustento, por tanto no tiene la posibilidad de vivir “noblemente” como la mencionada anteriormente. Teniendo en cuenta que la burguesía representaba la décima parte del producto neto total de Francia, podemos imaginar la importancia de este grupo en el contexto de la Francia revolucionaria. Si la falta de garantías por parte de la Monarquía representaba un problema para la Alta Burguesía, significaba uno aún más complicado para este grupo. Éste sector no podía darse el lujo de ser indiferente ante la situación, pues ellos no poseían grandes monopolios que pudieran costear los caprichos de la nobleza. En este contexto podemos entender las ansias de obtener cuotas de poder que sentían propias, una oportunidad para intervenir en las decisiones políticas, de tal forma que les permitieran agilizar las transacciones y derribar las obsoletas actividades económicas provenientes del sistema feudal, determinadas rigurosamente casi de forma hereditaria. Es así como: “aquel espíritu de reglamentación y de exclusión era poco favorable a un gran movimiento de negocios y el genio empresarial del capitalismo no podía adaptarse a aquel sistema ruin y caduco” (Jauries, 1979; 57).

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No queda más que hablar, el sector burgués domina el ámbito económico gracias a sus principios opuestos a la nobleza, ante la pereza el trabajo y ante la generosidad premiada por gracia divina, una sistematizada percepción de la inversión. En palabras de Jean Jaures: “La burguesía no es solo una fuerza prudente y ahorrativa; es una fuerza conquistadora y audaz que, en parte, ha introducido una revolución en el sistema de producción y de cambios antes de introducirla en el sistema político” (Jauries, 1979; 60). Siendo así, solo falta entonces la circunstancia precisa para abrirse paso hacia el mundo político, esta habrá de llegar de la mano de los otros componentes del tercer Estado; El Pueblo Popular y los Campesinos. El Pueblo Popular

Este sector estaba compuesto por artesanos y en general obreros asalariados, quienes no sentían los impactos de la ineficiencia político-económica de la Monarquía en sus billeteras, sino más bien en sus estómagos. Las condiciones para los obreros eran paupérrimas, aquellos trabajaban sin ningún tipo de protección social, y bajo una lógica de producción capitalista, iniciativas que velaran por condiciones dignas de trabajo no surgirían por una repentina buena intención. El surgimiento de grandes monopolios a manos de la Alta Burguesía no hizo más que acrecentar las malas condiciones laborales de este sector, así nos señalará Robert Darnton en su libro “La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa” que estos gigantes económicos: “…eliminaron a la mayoría de los talleres pequeños, y una oligarquía de patrones logró controlar la industria. Al mismo tiempo, se deterioró la situación de los obreros” (Darnton, 2005; 85). De esta forma, los obreros ya no eran asociados de sus patrones, sino más bien este es percibido como una mercancía. Sin duda un impacto sicológico en su forma de percibir como y para quién trabajan. Bajo esta lógica, es entendible que el Pueblo Popular también esté esperando una oportunidad para lograr mejores condiciones que las que les tocaron vivir. Claramente no anhelan una meta acorde a la Burguesía, no corresponde a su realidad. Su norte apunta más bien en contra del: “…despotismo de los clérigos, y también contra aquella aristocracia municipal compuesta de nobles o burgueses ennoblecidos que derrocha los recursos del consejo y grava al pueblo con pesados impuestos sobre la harina, la carne y el vino.” (Jauries, 1979; 74, 75). Como vemos, la aspiración del Pueblo Popular no se 5


guía por una participación política tan codiciada por la Burguesía, sino más bien se enfoca hacia una lucha contra la hambruna, era tiempo de acabar con la miseria, acrecentada por la crisis provocada por las malas cosechas de la segunda mitad del siglo XVIII anteriormente mencionadas. La masa popular se encuentra en efervescencia, sumando otra pieza para esta gran bomba que se construye de a poco, la que finalmente derrumbará las murallas de la obsoleta estructura feudal. El Campesino

El mundo campesino representaba el 85% de la población francesa, sector caracterizado por el tradicionalismo, el atraso y su inmutabilidad, sufriría las peores consecuencias de la escases y la crisis de subsistencia. Además existían cargas sociales como tributos señoriales y derechos vigentes, lo que Michel Vovelle llamaría “complejo feudal”, es decir, un sistema de relaciones, o leyes feudales que regulan el contacto entre sujetos. El campesino no solo se limitaba al trabajo agrícola, sus funciones productivas no estaban bien definidas y de pronto jugaban el papel de obreros asalariados según la temporada. En esta sentido “…la industria está mezclada todavía con la vida agrícola […] Parte de los telares de las ciudades y casi todos los del campo quedan inactivos durante la siega; (…) de modo que, en conjunto, no trabajan más que ocho meses al año.” (Jauries, 1979; 92 y 93). Por ello podemos decir que en las temporadas en que el campo necesitaba atención, es decir, en la recolecta del heno, tala de bosques, la siembra y otros trabajos rurales, el trabajo en las industrias cesaba, distinguiéndolos así de los obreros urbanos. Al igual que el Pueblo Popular, el Campesino no buscará particularmente una participación política, sino más bien el cese de los abusos y liberarse de las pesadas cargas de los tributos señoriales, que por cierto recaían con especial dureza sobre ellos. Paradójicamente, a pesar de su característica inmovilidad, el campesinado gozará de un fenómeno clave en el triunfo de la Revolución Francesa; el Gran Miedo. Esta herramienta revolucionaria resultaba ser un arma de doble filo, pues ponía en peligro el transcurso de la Revolución por la violencia extrema que conllevaba, sin embargo, parecía darle dinamismo e incluso un impulso al proceso que como Tercer Estado se buscaría 6


llevar a cabo. Así, la violencia y el desenfreno provocado por el miedo latente, será un móvil que ayudará al campesino a lograr sus objetivos inmediatos; deshacerse de los registros de las deudas que tanto los atormentaban y saquear a los señores a modo de ajusticiamiento. Este fenómeno será abordado con mayor profundidad en el siguiente capítulo que nos hablará sobre el papel de los distintos actores dentro de la revolución. III-. El Tercer Estado en acción; Los actores y su papel a desempeñar en la Revolución La burguesía y la intervención parlamentaria

La burguesía, por su supremacía económica, estaba llamada a liderar el movimiento revolucionario y así lo hizo, efectivamente. Producto de la crisis anteriormente mencionada, el Rey convocó a los Estados Generales, sin embargo el voto por órdenes no garantizaba al Tercer Estado la representatividad que se merecía. Sin el anhelado voto por individuo, y a pesar de la existencia de una intención por cambiar o liberalizar el sistema económico por parte de las tres órdenes, nada se podría asegurar para los desposeídos. A tres meses de la inauguración de los Estados nacionales de 1879, ante la insatisfacción de los resultados de esta reunión para con el Tercer Estado, el 9 de Julio se proclama la Asamblea Nacional; la Revolución había comenzado. Estas asambleas representan de manera inédita la posibilidad del pueblo, anteriormente siempre acallado, de expresar su opinión a través de los “cuadernos de quejas” que nos menciona Michel Vovelle. El 20 de Junio de 1789 sería una fecha simbólica e importante para la Revolución, pues el Tercer Estado promete no dar el brazo a torcer sino hasta que se establezca la Constitución. El primer paso estaba dado, la burguesía tuvo el atrevimiento de: “Haberse denominado Asamblea Nacional y haber obligado, de buen o mal grado, a las ordenes privilegiadas a sentarse con ellos” (Vovelle, 2000; 26). Sin embargo, la situación parece demasiado fácil sin ninguna resistencia. La aristocracia nacional y las Monarquías extranjeras lucharían continuamente por evitar la propagación de esta peligrosa iniciativa, que a fin de cuentas significarían la pérdida de cuotas de poder y con ellas, conducir a la nobleza históricamente predominante a la despedida de la hegemonía económica. ¿Qué 7


podrían hacer un puñado de hombres frente a la oposición de la nobleza y las Monarquías europeas? La respuesta es: Nada. Por esta razón, la iniciativa burguesa no se sustenta por sí sola, necesita una fuerza real que legitime su nueva propuesta. Esta fuerza la aportaran los sectores Populares, quienes llegan en hora buena para afianzar la fragilidad de las nuevas formas parlamentarias.

El Pueblo Popular y el Campesinado; Fuerza de choque temerosa y violenta

Producto de los peligrosos avances burgueses en cuanto a la obtención de cuotas de poder, la nobleza debe reaccionar y concentra sus tropas en Paris. Además la destitución de Jacques Necker, el encargado de las finanzas en la monarquía, es provocada por su especial simpatía por los intereses del Tercer Estado. Con esta situación fue suficiente para impulsar al Pueblo Popular a sublevarse, salir a las calles, asaltar la Bastilla, emblema del Antiguo Régimen y tomar las armas para resistir cualquier tipo de actividad contra-revolucionaria. Georges Lefebvre nos dice que: “Bandadas de manifestantes se desparramaron por las calles, (…) los pánicos fueron continuos (…). En medio de la confusión intervino la burguesía, tanto para restablecer el orden como para organizar la resistencia.” (Lefebvre, 1960; 54 y 55). Será este entonces un periodo de miedo y violencia. El primero condicionará el segundo, de tal forma que el miedo se canaliza y se convierte en un arma potente cuando se transforma en violencia en contra de un enemigo en común. El miedo también se verá presente en la nobleza, quienes tendrán que cambiar su comportamiento en base a las exigencias del Tercer Estado, ahora descontrolado bajo su propia lógica de ajusticiamiento en honor a su historia y su pasado. Los burgueses tenían entonces consigo una fuerza que desataba el miedo a través de las armas en la ciudad, los SansCulottes se entregan a una lucha armada urbana con la esperanza de un cambio, tal vez con nada que perder y mucho que ganar. No esperaban los burgueses tener un éxito similar en el mundo campesino. Sin embargo este éxito sería momentáneo para sus intereses de poder, pues las masas populares, con su efervescencia se saldrían repentinamente de control y cobrarían la cuenta por la ayuda prestada durante la Revolución, ahora también exigirán una parte del botín obtenido en esta reivindicación de 8


derechos. Jean Jaures nos dice que cuando la crisis revolucionaria, exasperada por el peligro y la guerra, adoptó medidas extremas, y se asustó la burguesía, los obreros marselleses le arrebataron la dirección al movimiento. Esta situación que claramente nos da un indicio de la tendencia que se daría cuando el grueso poblacional que realiza el segundo paso de la Revolución, resistir, se da cuenta de su importancia (no todavía con una consciencia de clase, aún sus intereses se confunden con los de la burguesía). Esta es una fuerza revolucionaria tan tremenda y violenta que arrastra consigo los más impensables sectores, como por ejemplo lo fue la guardia Nacional. Una organización que en principio estaba destinada para salvaguardar los intereses de la Monarquía y los privilegiados termina luchando contra ella, ya sea por convicción Revolucionaria o por miedo a las masas. De esta forma expresa Alphonse De Lamartine la situación: “La guardia nacional, fuerza revolucionaria (…) seguía en todas partes, por debilidad o por inclinación, las móviles impresiones de la multitud.” (Lamartine, 1972; 306) Anteriormente señalamos que el miedo haría cambiar de comportamiento a la nobleza, “si no fue así, la obligó por lo menos a ocultarse. “El temor de ser acusado de fomentar el hambre del pueblo detenía toda especulación de comercio (…) Los almacenistas de trigo eran criminales en opinión de los consumidores de pan” (Lamartine, 1972; 306). Sin embargo, embriagados por la oportunidad de conseguir lo que han anhelado durante tanto tiempo, el Pueblo Popular no se dará cuenta que a pesar de luchar en contra de un enemigo en común, esta lucha se da bajo un contexto de colaboración con otro grupo que también busca afianzar su tranquilidad económica, ya conquistada, para hacerlo debía dominar ahora el ámbito político. Una contradicción se daba allí, algo saldría mal. En cuanto al mundo Campesino, este se destaco por una especie de psicosis colectiva, pero no como la presente en la ciudad, sino más bien como una aumentada por las circunstancias del momento. En este sentido, es necesario explicar que desde la ciudad llegaba la información al campo sobre la arremetida aristocrática contrarevolucionaria, pero esta llegaba distorsionada, haciendo parecer aun más terrible el peligro que se corría. Se habla de un miedo que no grafica a la nobleza en camino a vengarse por el atrevimiento del Tercer Estado, sino un miedo desesperado porque la venganza esta allí mismo, al abrir la puerta de la casa. Al respecto de esta revolución nos dirá George Rudé: “De la rebelión campesina en general (…) surgió a fines de julio ese 9


extraño y particular fenómeno llamado el “Gran Miedo” (…) el pánico se habría concentrado ahora en zonas bien definidas y en cada una se extendió en un proceso de reacción en cadena “(Rudé, 1989; 78 y 79). Reacción en cadena que no haría más que acrecentar la locura vivida por los campesinos, actuando como si se tratara del fin del mundo. Aquí es donde nace el Gran miedo, que como ya se había mencionado, resultaba un arma poderosa al momento de enfrentar grandes fuerzas, ya que de alguna forma se trataba de un combustible especial que hacia marchar aún más rápido los acontecimientos en la propia Revolución. De esta forma el Gran Miedo mantuvo rasgos y resultados positivos, a pesar de lo frívolo que pueda ser desatar un pánico generalizado. Este Miedo obligó a las ciudades y a las milicias creadas poco antes a organizarse con más eficacia; relacionó a la ciudades y las aldeas, y de ese modo creó las bases de la Federación futuro. Por último hizo un gran aporte con respecto a la convicción Revolucionaria, pues alimentó un odio más intenso hacia la nobleza. Es preciso señalar y distinguir el Miedo mencionado no se compara a uno cotidiano, este aportó a la Revolución por sus especiales consecuencias. En palabras de Georges Lafebvre: “…este miedo no es cobardía: provoca una reacción defensiva que precede incluso al peligro; las jornadas revolucionarias y la leva en masa serán sus manifestaciones…” (Lefebvre, 1960; 53). En este sentido, el Miedo es crucial, porque las jornadas revolucionarias y los ejércitos populares no se habrían creado en ausencia de este factor. Sabemos que sin participación del Pueblo Popular y el Campesinado la Revolución no podría haber triunfado, ya que estos significaron la resistencia que la Burguesía necesitaba para que su iniciativa no fracasara. Por ende, sin Miedo no hay triunfo revolucionario. En cuanto a la traducción física que este fenómeno sociológico causó, claramente se rebela un gran aporte para los intereses revolucionarios. Se dice que el aporte de los campesinos fue uno de resultados generales, pues tras la intervención de las masas campesinas enarboladas a los castillos, se puso fin a la cobranza de excesivos impuestos. Una vez más, en su obra La Revolución Francesa y el Imperio (1787-1815), Georges Lafebvre nos comenta que: “se quemaron archivos señoriales (…) castillos fueron incendiados o saqueados. En las demás regiones nadie se atrevió a exigir nada: 10


pagó quien quiso pagar (…) las cercas fueron destruidas y los pastos comunales restablecidos (…) se dejó de pagar el impuesto…” (Lefebvre, 1960; 57). Finalmente la revolución se vivía, la participación de cada grupo fue fundamental, pues cada uno aportó un componente distinto para que esta se llevara a cabo. Diremos que la revolución parlamentaria materializada en la Asamblea Nacional fue posible gracias a la intervención popular, ambas se complementan, ninguna triunfaría por si sola. Ya en la cúspide del poder político, la Burguesía tendrá que lidiar con un fervor popular que se escapa de sus manos, y por cierto, de sus pretensiones. ¿Cómo finalizará esta alianza solidaria?. Por sus diferencias de intereses, no muy bien. IV-. Conflictos en el Tercer Estado, una caída estrepitosa

La Burguesía al mando; un nuevo contexto

Los nuevos tiempos traen consigo nuevas tendencias, nuevos líderes y por sobre todo, nuevas tareas. En el campo los levantamientos se siguen multiplicando sin cesar. En cuanto a la ciudad, los club’s o sociedades populares se multiplican abarcando todo el territorio nacional. Se elabora la constitución de 1791, ésta comienza con una declaración de derechos, luego avanza hacia una organización integral de estructuras de justicia, finanzas y hasta religión. En este sentido, esta representa la expresión más acabada de la revolución burguesa en su ensayo de monarquía constitucional. Con el nuevo sistema se reúne en 1971, la Asamblea Legislativa (cuyos integrantes no eran reelegibles), con clara tendencia de clausurar la revolución; los feuillants, por otro lado en cambio, se encontraban los brissotins, quienes se oponían a las intenciones de los primeros (más tarde aquellos serían los girondinos). El peligro externo se hacía latente, la Europa monárquica se preocupaba por el fermento revolucionario, Robespierre anunciaba ante los Jacobinos que la guerra sorprendería a la revolución sin preparación y esta peligraría. La guerra anteriormente prevista llegó y el Rey puso al descubierto sus armas, se negó a promulgar decisiones de urgencia a la Asamblea y destituyó a su gabinete de brissotin. El año 1972 la burguesía deja de tener unanimidad ante el movimiento popular, los girondinos pretenden unir fuerzas con los sostenedores del orden monárquico, mientras que los sans- culotterie se 11


toman las calles de Paris y el 10 de Agosto, tras una batalla en la que los suizos defendían el palacio, la insurrección popular triunfa y la Asamblea vota por la suspensión del rey, encarcelándolo a él y su familia. Producto del miedo, se produce la masacre de septiembre, en donde las muchedumbres parisienses se lanzó sobre los prisioneros y masacró unos 1500, aristócratas y eclesiásticos en su mayoría, una expresión de justicia popular. Comienza la etapa en que la burguesía revolucionaria deberá entenderse con las masas populares.

La Burguesía es fiel a sus intereses; La desilusión del Popular

Producto de los peligros que asechaban la revolución, se creó un Tribunal Criminal Extraordinario, que se traducirá después en los Comités de Vigilancia, que resguardaran los intereses revolucionarios ante sospechosos. En 1793 la Convención elaboró y aprobó un texto constitucional, expresión más avanzada del ideal democrático de la Revolución francesa, jamás se aplicó. Se estableció en el mismo año la ley del Máximo General que establecía precio a productos y también a salarios, un claro avance en lo que respecta a peticiones favorables para el popular. De esta forma el poder o la masa popular resultó ser alma del dinamismo revolucionario, realizando consignas, fijando precios máximos, la Ley de sospechosos, desencadenando el Terror contra los aristócratas, etc. Sin embargo, algo no concordaba entre burgueses y la violencia populacha, después de ganada la revolución. Mientras antes se aseguraba la unión de burgueses y populacho como triunfo, tras la caída de la monarquía, ahora esta consigna representa un peligro para el primero, por arriesgar su propiedad privada. Claramente estamos frente a un conflicto de intereses que necesariamente será resuelto con la exclusión o detrimento de alguno de sus integrantes. Tal como lo plantea George Rudé : “…la alianza de la burguesía y el pueblo de ningún modo fue fácil (…) una vez que la insurrección alcanzó sus propósitos, la Asamblea fue persuadida (…) para sofrenar las energías revolucionarias (…). Pues ahora que había conquistado su victoria sobre el “privilegio” y el “despotismo”, la burguesía deseaba paz y tranquilidad para (…) dar una constitución a 12


Francia” (Rudé, 1989; 91). Siendo así, ya no tiene sentido complementarse entre grupos que se guía por motivaciones distintas. Se sentía un congelamiento en la revolución, una especie de divorcio entre el dinamismo de las masas y el gobierno de la Salvación Pública. A parte de las razones anteriormente mencionadas, se produce también un movimiento de descristianización impulsado por los sans-culoterie, mal visto por los montañeses, pues podía alejar la revolución de las masas. Ambos grupos ya no funcionan bien. Finalmente, sin el apoyo popular la Revolución va en deceso, luego se forma una coalición entre antiguos indulgentes y terroristas, los izquierdistas, atacan a Saint Just, Robespierre y Couthon (líderes por excelencia del último proceso). El 9 de Termidor, en una sesión se decide arrestarlos, la comuna de Paris intenta liberarlos, pero falla, es el fin de la revolución. V.- El fracaso del Tercer Estado; Destinado por su diversidad

La unidad del mundo del trabajo opuesta a la minoría improductiva parecía ser un cuento demasiado perfecto para ser realidad. En este sentido, diremos que la unión que permitió el nacimiento de la revolución no podía mantenerse por el simple hecho de pertenecer sus componentes a mundos tan distintos. “<<La burguesía y el pueblo unidos han hecho la Revolución. Sólo su unión puede conservarla>>. Pero, ¿De qué unión se trataba?” (Vovelle, 2000; 38). Esta duda se plantea Michel Vovelle, tan fácil como formulara, nos resulta ahora responderla. La unión entre estos grupos será siempre equívoca, porque no comparten ni las aspiraciones de tipo social, ni económicas, era lógico que más temprano que tarde nacieran entre estos grupos conflictos, en donde para resolverlos, uno de ellos debería verse favorecido. Incluso desde antes se percibían diferencias entre estos grupos, un claro ejemplo es la matanza de gatos, magistralmente recopilada por Robert Darnton. Se relatan aquí, casi sin querer, las condiciones paupérrimas que el Obrero recibe por parte del Burgués. Este aprecia como ambos pertenecen a una sub cultura distinta, pues hablan distinto, comen distinto, etc. Por sobre todo se diferencian en su participación en las formas de producción. Uno duerme y aporta el capital, otro se desvela y aporta su mano de obra. Cómo si esto fuera poco, la situación se torna más humillante cuando los famosos gatos, mascotas burguesas, reciben un mejor trato que los propios trabajadores, incluso mejores 13


comidas. Es por esta razón que a través de artimañas, los obreros logran hacer que se les ordene cazar a los gatos, aludiendo estos a viejos preceptos y creencias feudales sobre brujería y satanismo. En este sentido nos dirá Darnton: “La matanza de gatos sirvió como un ataque indirecto al patrón y a su esposa [producto de] la disparidad entre el grupo de los trabajadores y los burgueses en los elementos básicos de la vida: el trabajo, la comida y el sueño” (Darnton, 2005; 84). Existía entonces cierto recelo entre estos grupos, sin embargo este no se encontraba consolidado pues la consciencia de “clase obrera” aún no estaba formada. Es por esta razón que el Popular se deja llevar tan fácilmente por los intereses burgueses, confundiéndolos incluso con los suyos. No es sino hasta avanzados los años, cuando alguna luz de esta consciencia dará sus primeros frutos. El Populacho había logrado la legislación respecto al “máximum” , que consideraba los precios máximos a lo que los productos podían ser comercializados, una medida que les aseguraría mayor accesibilidad a productos de primera necesidad. Sin embargo, la Burguesía se negaba a cumplir con esta regla, traficaban clandestinamente, solo el terror era capaz de contenerlos un poco. Una vez ausente el terror no hubo nada que les obligara a cumplir, y la situación se tornó hacia la realidad. Nos plantea E. Tarle que : “Bajo el régimen de la propiedad privada, la aplicación prolongada, sistemática y regular de la ley del máximum era imposible. Los ricos se procuraban casi todo lo que deseaban y no dejaban a los desheredados más que las migajas.” (Tarle, 1961; 14) Es por eso que ya desde 1795 en adelante se puede hablar sobre un haz de luz por parte del Popular, pues logra distinguir sus propios intereses y no tan solo eso, sino que logra distinguir a peligroso enemigo, que no hace muchos años jugaría con ellos el papel de aliados. Se trata de la Burguesía, que luego de utilizar a la Masa Popular del Pueblo y del Campo, las desecha considerando sus intereses, abriendo los ojos a una gran mayoría. A partir de este fenómeno: “La gente (…) comenzó a comprender (…) quién había triunfado el 9 de termidor, quién había abolido el máximum sin darles nada en su lugar, agravando así la condición del pueblo, quién ocultaba el grano a la aldea y quien especulaba luego en la ciudad” (Tarle, 1961; 26). Este sería el fin de una alianza que logró el éxito sin pensar en las contradicciones que generaría su propia unión.

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Bibliografía

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El Tercer Estado en la Francia revolucionaria (1789 – 1795) - Juan Porma