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Recuerdo 4: Final de verano Avalon posó el brazo sobre unos planos viejos, apilados sobre la mesa de madera que adornaba su sala de reuniones. Puso su otra mano sobre su cara y con dos dedos de esta se restregó los ojos en busca de legañas. Miro a Row, su paladín, su consejero, su mas leal soldado, que también fue el más leal paladín de su padre y el aprendiz de paladín de su abuelo. Y los años no le habían pasado factura a su arte de la espada, aunque por mala suerte su físico había recibido el gran impacto de su edad. Row, lucía su armadura en todo momento, porque según el, cualquier momento es bueno para que un asesino empuñe una arma. Row, apoyado sobre la amplia mesa donde desenrollado estaba el mapa de Erementia, observaba el conjunto de banderas y puntos de colores rojo, azul y verdes que adornaban el territorio. Cada movimiento que efectuaba, eran horas de reflexión, que acababan en un reinicio del juego. Row observó la cara de Avalon, que miraba fijamente al mapa, sin objetivo aparente. Row golpeó la mesa haciendo caer todas las banderitas y reiniciando todo el trabajo conseguido en noches sin descanso. Row esbozó una mueca. -En que piensas Avalon?- Preguntó Row a Avalon, que le miraba con cierto aire tenebroso. -No nada, ya sabes, el cansancio- Avalon pudo notar que en aquel momento, Row sabía la verdad. Daba igual lo que dijera, porque Row había desarrollado una especie de habilidad para descubrir farsas y excusas durante sus años de aprendiz. - El imperio del vapor, se expande fuerte como un roble, hacia el sur los bárbaros del fuego se apoderan de la jungla trasformándola en una trampa para nuestros grupos exploradores, pronto no podremos extraer recursos de esa zona sin temor a ser asesinados o destripados, la oscuridad ataca Trae y nuestro gran puerto, cada mes nos inutilizan la gran mayoría de pesqueros y productos extranjeros. Dime Avalon, ¿que paso con el gran imperio de tu padre?, ¿y el de tu abuelo?Row se sienta sobre la silla de Olivo, y saca la pipa, mientras, Avalon agacha la cabeza y su pelo oscurece su cara ensombrecida por la falta de luz. -Tu abuelo luchó duro, y gracias a ello, conquisto esta cordillera, que antes estaba habitada por bárbaros y destruyó el imperio eléctrico. Tu padre conquisto Trae y gran parte de las tierras del hielo, enseñando a todos los otros imperios el poder que tiene el éter sobre los demás, y ahora llegas tú, destruyendo el trabajo de tus familiares, y encima tienes un hijo débil-


Row le dio una calada a la pipa, mirando a Avalon que se mantenía en pie ante él, mirándole sin casi pestañear. -Row, yo nunca he sido débil, y no dejaré que el duro trabajo de mis familiares haya sido en vanoAvalon dejó caer algunas lagrimas, seguidas de una sornisa sombría. -Nunca dejaré que eso pase, Row. Row se levantó y posó la mano sobre su hombro, recogió una de las banderas que aún seguían sobre la mesa y colocó en la mano de Avalon. -Row, dime lo que tenemos que hacer- Avalon volvió a mirar el mapa y se posó a su lado, esta vez el sueño no le afectó, Row había despertado algo en Avalon, el poder de un emperador acababa de ser desterrado de lo más profundo de Avalon. Se había levantado solo dos o tres minutos antes de que empezara el estruendo, Law estaba cansado, pero había una mejora desde el primer día, la costra había caído y ahora solo quedaba la marca, la marca vitalicia que perduraría durante toda su vida. Varias docenas de soldados movían armas de un lado a otro de la ciudad, Law se acercó a la ventana y miró el desfile militar mientras pasaba la mañana. La puerta se abrió de par en par. Law saltó a la cama pensando que quizás fuese la malvada sirvienta que no le dejaba salir de sus aposentos. Pero ese no fue el caso, tras la puerta se encontraba, vestido con su armadura militar, dorada y radiante, con su espada de aspecto temible colgada de su cinturón de piel de lobo de las colinas del norte, y con su capa del mejor lino de Trae, se encontraba Avalon. Avalon dejó la armadura de aspecto lujoso sobre la mesa y descansó en una de las sillas de la mesa que ocupaba la parte central de la sala. -Law, te gustaría venirte de excursión conmigo?- Avalon lanzó el casco de la lujosa armadura de cota de malla sobre la cama, Law observaba el casco, que relucía con los primeros rayos del alba. Law recogió el casco de las suaves sabanas con las manos, débiles después de días sin salir de la cama. Law se colocó el casco, y produjo una pequeña risa. -Puedo suponer que eso es un si, entonces, ponte la armadura y cuando acabes bajas al salón te estaré esperando, no llegues tarde como siempre.


Avalon dejó la silla en la que descansaba, se acerco lentamente a Law y le desordenó el pelo con la mano derecha, Avalon tenía una mano grande y musculosa, ya que el hecho de poder aguantar su espada era ya un gran reto. Avalon retrocedió hasta estar justo al lado de la puerta, y después, desapareció lenta pero firmemente por el pasillo que daría a la escalera, y después al pasillo del piso de abajo, en el cual bajando otra pequeña escalera de caracol, cortada en mineral de cuarzo, llegaría a un portón, que abriría sin problemas, y así llegaría al salón, como siempre. Law, mientras, destapó las cálidas sabanas y se acerco a la mesa. Recogió la armadura de cota de malla y delante del gran del que disponía su baño, pudo ponerse su armadura. Se acerco de nuevo a la ventana, allí seguían estando, todo un batallón de soldados esperando en la puerta, se podría decir que todos los guardias de la ciudad, estaban ante las puertas del palacio, esperando a que él bajara. Law, destapó las cálidas sabanas y se acerco a la mesa. Recogió la armadura de cota de malla y delante del gran espejo del que disponía su baño, pudo ponerse la armadura. Se acerco de nuevo a la ventana, allí seguían estando, todo un batallón de soldados esperando en la puerta, se podría decir que todos los guardias de la ciudad, estaban ante las puertas del palacio, esperando a que el bajara. Lo tenía todo, dejo la habitación llevándose consigo un bollo de pan blanco en la boca, mientras se colocaba el casco que le iría dos o tres tallas más grande, más o menos. Bajó las escaleras, unas largas escaleras blancas de puede que fuera de marfil, puede que fuera de otro material, pero la finalidad de ese color era iluminar el castillo que aparentemente sorprendía por sus oscuros y tenebrosos pasillos que a la luz de la luna se transformaba en un lugar sombrío pero reconfortante. La armadura de cota de malla era pesada y eso le obligaba a que cada dos o tres escalones necesitara un pequeño respiro para aflojar la tensión de las piernas. Al final de esta, estaba Row esperándole con un objeto alargado bajo un montón de pieles rojas, carmesí, que lucían en los bordes un acabado dorado. Law frunció el ceño. -Que haces aquí Row, pensaba que estarías esperando con mi padre- Law seguía bajando las escaleras tranquilamente. Row subió las escaleras hasta colocarse a la posición de Law y lo levantó, Law no ofreció resistencia a la acción de Row, se había sorprendido de la velocidad a la que este había subido las escaleras y con la felicidad con la que lo estaba levantando y bajándolo por estas. Discúlpeme señorito, pero a la velocidad, a la que se dirige al salón sería mejor dejar la excursión para el regreso de su madre. Law se sonrojó, no estaba acostumbrado a que le cogieran en brazos. Row lo dejo en


el suelo, para recoger el objeto de larga medida, y dejarlo a manos de un criado y después volver a coger a Law, para bajar la escalera de caracol que quedaba para llegar al gran salón. Al llegar, un cúmulo de soldados rodearon a Law que ahora se encontraba en el suelo, colocándose de nuevo la armadura, que se había descolocado tras la bajada. Caminaba una gran fila de soldados, en grupos de tres en tres, en el centro entre Row y el general de la guardia de la ciudad, caminaba con la frente alta y el yelmo tapándole los ojos, Law. Dos guardias de estructura corpulenta, solo vestidos con una especie de faldas blancas que llegaban de la cintura a el suelo, abrieron el portón de la sala, poco a poco esta se fue abriendo, y en ella se encontraban su padre Avalon, rodeado de más y más soldados. Law avanzó junto a Row hasta posicionarse junto a su padre, el criado que portaba consigo el objetivo de larga medida entro justo después de que el último soldado cruzase el portón. Avanzó rápidamente hasta estar a dos pasos de Avalon y se sentó ante él, levantando el objeto en alto, Avalon desenvolvió las pieles sobre las manos del sirviente, dejando al descubierto una larga, brillante y afilada espada. Law se sorprendió ante la presencia de la espectacular de la espada. Es como si una parte de su ser fuera absorbida por semejante presencia, mientras que la otra parte de su ser la rechazaba con pavor desbordante. Avalon recogió la espada de las manos del sirviente, este, espero unos segundos, y sin dejar la reverencia retrocedió. -Law, pocas veces te he dejado a cargo de nada, porque siempre lo pierdes o lo rompes. Esta vez, te dejaré en tus manos la espada etérea, que fue entregada por mi mismísimo padre y el la recibió de mi abuelo. Una espada de rebosante energía que cumpliría cualquier deseo por temible que sea. Una espada hecha e n las profundidades del reino eléctrico por los herreros más prestigiosos del éter para conceder a mi abuelo el poder de proteger nuestras tierras. Tal como dictan las leyendas esta espada tiene que pasar de generación en generación y por eso yo, Avalon, te cedo la espada hasta que tú lo cedas a tu hijo y así hasta el fin de los tiempos.-

Avalon dejó caer la espada sobre las manos de Law que cedieron por el peso de esta, sin embargo, Law, consiguió mantener el peso de la espada, que, aunque pareciera una espada de estatura normal, su peso no lo era. Avalon lo miró perplejo. -Has conseguido mantenerla entre las manos, pensaba que el peso podría contigo, yo creo que Law a pasado la segunda prueba. ¿Tú que piensas Row?.-


Row agarró el hombro de Law con fuerza. Law se intentó liberar, sin conseguirlo. -Bueno, yo creo que sí, que debería pasar la segunda prueba. Law se sorprendió, si seguía así, podría demostrar que no era débil, como pensaba su padre, y así llegar a ser un gran rey, poderoso y conquistador. -Si esto era la segunda prueba, a sido demasiado fácil- Dejó claro Law- Seguro que me haría la siguiente sin problemas, padre. -Sí, seguro que sí, hijo mío.- Avalon produjo una risa sombría, al igual que Row- Cuando acabemos con la excursión de hoy, ya serás un rey de pies a cabeza, pero ahora debemos partir. Las palabras de Avalon resonaron por toda la sala, los guardias produjeron un movimiento al unísono, y fueron saliendo en grupos de tres, menos los de alto nivel militar que seguían a Avalon, a Law y a Row, que avanzaban hacia la salida del castillo. El portón se abrió con la llegada de el primer grupo de soldados que llegaba al exterior del castillo, lentamente, el portón dejaba pasar los tenues rayos de luz de día matinal, que golpearon la cara del joven Law, obligandole a entrecerrar los ojos, dejandole con poca visión, tal que pisó la parte trasera de la bota de uno de los soldados que iba delante de él. El exterior era de un verde bañado en un amarillo casi anormal de las hojas que caen, ya viejas por la llegada del otoño, que se lleva la belleza y el color del verano, único en esencia, por los azules y colores claros. El suelo, era un mar de hojas doradas. Las botas de los soldados creaban un camino de pisadas desde el portón hasta un pequeño patio al aire libre. Ese patio adornaba la parte delantera del castillo, como era común en los castillos de aquellos tiempos. Ante esta, se podía ver el cielo azul claro, libre de las manchas blancas y grises que predecían el mal tiempo. Bajo este radiante día, los dragones etéreos del reino, se pusieron en posición de combate, con sus armaduras de acero inoxidable, sus escamas verdes y rojas y su majestuoso porte. -¡¡Dragones!!- El grito de Law ahogo el bello y tranquilo paisaje que hasta ese momento había reinado- No habían desaparecido padre! -Desde luego Law, estos dragones son clones creados por la ciencia de Aetherium. Los dragones de verdad se extinguieron antes de la revolución del éter con mi abuelo. Sin embargo, ellos serán un magnifico vehículo para nuestra excursión.El número de dragones podría alcanzar perfectamente el numero de años de Row y que se salve a aquel que lo sepa. Su padre suspiró ante la actitud estupefacta de Law, levantó el brazo y intentó coger a Law por la cintura. Law intentó amagar el agarre de su padre, pero no era lo suficientemente rápido como para escapar de las largas y fuertes manos de su padre, que lo


agarró sin problemas y lo sostuvo entre ellas mientra avanzaba hacía los dragones. El dragón emitió un rugido cuando Avalon cogió las estribas y tiró de ellas, Law se asustó. El dragón batió las alas repetidamente, obligando a las hojas a salir volando del suelo con violencia. El dragón empezó a elevarse. Los soldados tampoco tardaron en subirse a los otros muchos dragones, que también empezaron a elevarse en el aire una vez montados. El castillo quedó atrás en segundos, sobrevolaban el pueblo de Aetherium. Parecía un cúmulo de cuadrados que desprendían humo, provocado por las chimeneas. El suelo era camuflado por las nubes, que se interponían en varios momentos entre los dragones y el suelo, las nubes eran blancas como el algodón de azúcar, como la nieve de las cordilleras del norte. La altura era desmesurada, Law, jamás había vivido esa experiencia y le estaba dando miedo, un miedo terrible, ver el paisaje era algo hermoso desde la altura, pero el miedo a caer era algo que le estaba engullendo por dentro, así que decidió agarrarse fuerte a su padre, y cerrar los ojos. Poco a poco, las caricias del viento, fueron calmando el cuerpo aterrorizado de Law. Abrió los ojos de nuevo una o dos horas después, el hecho de pensar tanto rato en la altura a la que se encontraba y haberse obsesionado tanto con el peligro, le habían cansado de tal forma que se había quedado dormido sobre el regazo de Avalon, que ahora lo miraba, con una larga sonrisa dibujada en su cara. Law miro el paisaje, habían dejado la ciudad atrás y ahora el sol bajaba lentamente hacia el horizonte. Las nubes que pintaban el suelo de blanco se disiparon, dejando ver bajo ellos, el color azul cristalino del mar. Varias islas de pequeño tamaño aparecían, para perderse en poco tiempo tras ellos, islas que desprendían un corto y débil olor, que desprendían las flores aromáticas, procedentes de estas. Poco a poco fueron descendiendo, acercándose a una colosal isla, que aparecía lentamente en el horizonte, una isla de grandes barrancos, y de una gran montaña, que crecía en el centro de esta, y que seguía creciendo más allá de lo que podían tapar las nubes. Law giró la cabeza suavemente y miró a Avalon pensativo. -¿Donde estamos papa?- Preguntó Law. Avalon bajo la mirada que había estado posada sobre la isla, miró a Law y desenvainó la espada, con esta apuntó la isla y gritó. -Esta es la isla de Cielo en Tierra.-


Avalon bajo la espada, justo antes de que los demás soldados desenvainaran las suyas y empezarán a gritar, se podían ver las ganas de lucha en los ojos brillantes y vigorosos de Row, que avanzó hasta ponerse en cabeza de la escuadra, gritando más que ningún otro soldado.


Recuerdo 4: Final de verano