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La novela le tomó seis años y realizó cuatro versiones. Para las dos primeras utilizó una extensa bibliografía y en las dos últimas se concentró únicamente en la ficción. “Quería que todo fuera un poco distinto de los hechos reales. Los diarios de los guerrilleros fueron reconstruidos. A veces cambiaba el nombre del autor de un diario. A veces seleccionaba pasajes de viajeros ingleses a Brasil en el siglo XIX y los hacía pasar por fragmentos de diarios. Los hechos históricos son reales, pero todos los detalles están distorsionados de alguna forma”. Ferroni también incluyó escenas de libros y películas. Guerra y paz, La cartuja de Parma, La Biblia y Las mil y una noches están allí. Y los westerns de Sergio Leone. “Este es un libro hecho de libros. Antes de escribirlo decidí no viajar a Bolivia ni hacer entrevistas porque quería crear las situaciones a partir de lo que leyera. Creo que eso hace parte de una tradición latinoamericana que va de Borges a Bolaño”. Algo similar ocurrió con los personajes. Joao Batista (Paulo Neumann) es totalmente inventado. “La idea era hacer una conexión con Brasil —dice Ferroni—. Joao es un joven inexperto que termina en la guerrilla y en ese sentido tiene mucho de Fabrizio del Dongo, el protagonista de La cartuja de Parma de Stendhal, cuando va a las guerras napoleónicas y no entiende lo que ve. La fecha en que el informe del interrogatorio a Joao Batista supuestamente es desclasificado es cuando empecé a escribir la novela: mayo del 2004”. Guevara y Tania son dos personajes más. Ambos son expuestos en lo que la crítica brasilera ha llamado “su faceta más humana”. El Che es un líder autoritario, en ocasiones descontrolado y con frecuentes ataques de asma, que se aleja de la figura sacralizada sin dejar de ser un héroe. “Mi intención no era derrumbar el mito del Che. Solo recrear otra figura, un poco más dura, y al tiempo capaz de hacer actos de heroísmo”. Pero, sin duda, el protagonista de la novela es el biógrafo. “Toma partido —comenta Ferroni—. No interpreta bien lo que lee, se confunde y no es riguroso. En todo momento especula sobre lo que los personajes piensan y denigra de muchos de ellos”. La no-

vela, de paso, es una crítica a las biografías dramáticas en las que la vida de Frida Kahlo termina siendo igual a la de Johnny Cash. Método práctico de la guerrilla fue publicada en Brasil por Companhia das Letras en el 2010 y un año después ganó el Premio São Paulo de Literatura al mejor libro del año de autor revelación. Los principales periódicos y revistas brasileras la han reseñado. “El texto de Marcelo Ferroni adopta un tono bastante próximo al del reportaje y del relato histórico, pero repleto de detalles y situaciones imaginadas, envolviendo al lector en una narración hipnótica con un desarrollo acelerado”, escribió Bruno Zeni para la Folha de São Paulo. Y agregó: “El contraste entre los percances, las intenciones magnánimas, la realidad inhóspita y opresora tanto de la selva como de la miseria bolivianas conforman un retrato exasperante. En el Jornal do Commercio se lee: “Método práctico de la guerrilla nos deja perplejos por cuán inocentes podemos llegar a ser ante la literatura”. Los límites de la ficción Ferroni recuerda que durante la última Bienal del Libro de Río un hombre le preguntó si no le parecía terrible publicar una novela como Método práctico de la guerrilla, llena de hechos distorsionados, en un país donde la gente no lee ni tiene acceso a la historia. La duda encierra la esencia de las biografías y documentales falsos: son obras de ficción que asumen los códigos y convenciones de la no ficción: realismo en el estilo, un narrador que lo sabe todo, uso de citas, fuentes y datos científicos y declaraciones de personajes importantes a primera vista. “Sus Vidas imaginarias —escribió Borges en el prólogo que hizo del libro de Schwob, uno de los padres del género— datan de 1896. Para su escritura inventó un método curioso. Los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos. El sabor peculiar de este volumen está en ese vaivén”. Por supuesto, el lector tiene mucho que ver. La idea es que establezca un pacto con la obra en el que perciba el engaño y aun así lo asuma como verosímil. “Cuando escribo pienso en mi tía —asegura Ferroni—. Ella no lee mucha literatu-

ra pero tiene los instrumentos necesarios para entender un libro. Lo que hice fue construir la novela en varios niveles. Una persona que no sabe nada de las referencias literarias va a leerlo como un libro de aventuras, sin perjudicar la lectura”. La clave de Método práctico de la guerrilla —un título a propósito provocador, pues pone de manifiesto las contradicciones entre las malas decisiones que llevaron a la debacle de la guerrilla y aquello de “método práctico”— pareciera estar en sus dos epígrafes. Uno, tomado del Nocturno de Chile de Roberto Bolaño, dice: “Pero la historia, la verdadera historia, solo yo la conozco. Y es simple y cruel y verdadera y nos debería hacer reír, nos debería matar de la risa”. El otro, de Guerra conyugal de Edgardo Russo es: “Sorpresivamente, todos se habían vuelto escritores”. Sobre el último dice Ferroni: “La novela de Russo es la historia de un poeta argentino fracasado que no tiene dinero y un editor lo contacta para hacer un libro sobre las Malvinas. Cada persona con la que habla le entrega un diario. Por eso dice que todos se habían vuelto escritores. Y eso es lo que ocurre en la historia del Che”. El humor, por su parte, es fundamental para entender esta novela. Así hay que leerla, aun sabiendo que la ironía puede generar suspicacias. Si no que lo digan los neoyorquinos que entraron en pánico cuando en 1938 Orson Welles adaptó para la radio la novela de ciencia ficción La guerra de los mundos y aseguró la inminencia de una invasión marciana a la Tierra. Si no que lo digan los todavía encolerizados espectadores de las parodias de Andy Kaufman, uno de los mejores comediantes de todos los tiempos. |

Lanzamiento de Feria

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La gran mentira del Che  

Marcelo Ferroni presenta en Bogotá su novela "Método práctico de la guerrilla", una visión diferente del Che Guevara, que recuerda que la ir...