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cine

Las salas de cine en Colombia

¿Tenemos que ver cortos tan malos?

Las noticias no paran: los cortos colombianos son premiados en todos los festivales internacionales. ¿Por qué entonces tenemos que aguantar historias tan pobres o bobas cuando vamos al cine? Lina Vargas* Bogotá

H

ay algo parecido a un estado de ánimo cuando se va a cine. Una especie de disposición para escoger una película como Amor sin escalas en vez de Sherlock Holmes. En el primer caso, la espectadora suspirará con George Clooney, se conmoverá con la crisis del desempleo y, si su sensibilidad lo permite, soltará un par de lágrimas. En Sherlock Holmes no. Allí estará atenta, tratará de descubrir el misterio antes de que Robert Downey Jr. lo haga y, a lo sumo, pensará que su vida necesita más aventuras. Las dos están bien. Los espectadores tienen la opción. Lo que no deciden es qué cortometraje pasarán en la sala a la que acaban de entrar. Es entonces cuando ese ánimo que lleva a comprar la boleta es lanzado al olvido. Aquel que quiere ver a George Clooney despedir gente, se tiene que aguantar antes de que ruede la cinta, antes de los tráilers, antes incluso de llevarse el primer puñado de maíz a la boca, un corto que suele ser espantosamente malo. Su disposición se ha ido al traste. Hace siete años, en el 2003, se creó la Ley 814 (Ley de Cine) en Colombia. Con la intención de contribuir al desarrollo cinematográfico nacional, estableció que los exhibidores, es decir, los pro* Periodista de Arcadia 30

pietarios de una sala de cine, debían hacer una contribución parafiscal mensual de un 8,5 % de sus ingresos por la venta de boletas para películas extranjeras. La cuota iría al recién creado Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, administrado por el Ministerio de Cultura y el Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica, y al menos un 70 % de sus recursos serían destinados a la realización de largometrajes y cortometrajes colombianos. El artículo 14 de esa ley, señala que los exhibidores que proyecten cortometrajes colombianos en sus salas tendrán un descuento del 6,25 % sobre la contribución. Si se acoge, el exhibidor paga solo un 2,25 %. Curiosamente, no todos se acogen. Según cifras del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, en la actualidad, cerca de 67 exhibidores nacionales pagan la cuota parafiscal. De esos, el año pasado, 29 recibieron el descuento por proyectar cortometrajes, con lo que de enero a diciembre de 2009 se ahorraron casi seis mil millones de pesos para un promedio de 530 millones al mes. En total, en ese periodo, el Fondo recaudó 9.204 millones de pesos. La Ley 814 fijó, además, una reglamentación para que un cortometraje fuera exhibido: ser colombiano, tener clasificación igual o menor a la de la película que

acompañará, ser anunciado públicamente, durar más de siete minutos, proyectarse antes de la película con la luz apagada y no promocionar productos comerciales ni políticos. Una vez el exhibidor escogiera un corto que se ajustara a los requisitos, tendría que pasarlo en todas las funciones por un mínimo de 15 días seguidos durante un mes (y máximo dos meses) y nunca más proyectarlo en la misma sala. La ley

Los exhibidores establecieron que los cortos debían durar ocho minutos y ser aptos para todo público. Ahí está el negocio. empezó a funcionar y recibió numerosos elogios por apoyar a la industria nacional del cortometraje. Grandes exhibidores como Cine Colombia, Cinemark y Procinal, y otros medianos como Babilla Cine se acogieron a la exención. Entonces sucedió la hecatombe. Dos ejemplos bastan para ilustrar la situación. En enero, con el estreno de la taquillera Avatar, Cine Colombia empezó a proyectar

OOOMMM MMMOOO, un cortometraje realizado por la productora Cuatro direcciones y conocido como el corto de las vacas que hacen yoga. En efecto, es la historia de cuatro vacas muy estresadas: una por ser famosa, otra porque expulsa montones de gases y unas gemelas porque tienen que tejer. Un iluminado gato, con acento al parecer costeño, narra las aparatosas existencias de las vacas y descubre que, de todas formas, son animales tranquilos gracias al yoga. Al tiempo, el corto, hecho en 35 milímetros, tiene una parte de video en la que tres niños siguen las instrucciones del gato-swami con evidente dificultad y poca gracia. La idea de OOOMMM MMMOOO surgió luego de que en el 2007,Villegas Editores lanzó un libro con el mismo nombre y temática similar. El éxito del libro hizo que Villegas se asociara una vez más con Punto Blanco para realizar el cortometraje. Tras ocho meses de producción –comenta su autora, María Villegas– recibieron la noticia de Munir Falah, presidente de Cine Colombia, quien dijo que el corto tenía un mensaje bonito que funcionaba para todo el público.Y así fue como desde enero y hasta marzo las salas de Cine Colombia proyectaron un corto ligero, anodino y rebosante de corrección política que, por lo demás, nunca aclara

por qué un niño de ocho años está tan estresado. Con un costo de 120 millones de pesos, OOOMMM MMMOOO tiene una buena calidad (utiliza tres técnicas), las ilustraciones son simpáticas, pero si usted va a ver Zona de miedo, por ejemplo, a las nueve de la noche, ¿por qué tiene que aguantarse un corto para niños que incluye mensajes publicitarios? Y si por Cine Colombia llueve, por Cinemark no escampa. En enero, mientras los espectadores pagaban por ver películas crudas como El solista o enrevesadas como Actividad paranormal, el cortometraje Mascota se presentaba. Producido, dirigido y comercializado por Henry López, es un desfile de lugares comunes y recursos facilistas que tienen como fondo la insufrible Desiderata. Cuenta la historia de un niño con una prótesis en su pierna que compra un perro con discapacidad. ¿Puede haber una fórmula más obvia para conmover? Como si fuera poco, en Mascota hay varios guiños nada sutiles a patrocinadores y colaboradores como el periódico Mira que el desprevenido Carlos Eduardo Guevara, concejal de ese movimiento, lee en un parque. En formato de video con dudosísima calidad, el corto de López fue hecho en un mes y costó 5 millones de pesos. Desde el 16 de mar-

¿Tenemos que ver cortos tan malos?  

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