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OTROS HOMBRES

Nuevas masculinidades

Destruir algo hermoso Se sentían solos y perdidos hasta que apareció El club de la pelea, la novela de Chuck Palahniuk que luego fue llevada al cine y que devolvió a los hombres lo más básico de su masculinidad: la violencia. Lina Vargas*

Bogotá

C

huck Palahniuk es un tipo extraño. Si uno busca una foto suya en Google encuentra cientos de imágenes que no se parecen en nada entre sí: en una sale con una camisa sin mangas mostrando unos enormes brazos tonificados y depilados; en otra, esos mismos brazos están cubiertos de pelo y lleva puestas unas gafas; en otra, tiene patillas; en otra, un gorro tejido rojo sobre su cabeza calva y en otra se parece al actor Steve Carell. Chuck Palahniuk nació en el estado de Washington en 1962 y antes de que se volviera un escritor de culto gracias al éxito de su novela El club de la pelea y de la adaptación de esta al cine por el director David Fincher, se graduó como periodista, participó en un taller de escritura dirigido por el autor Tom Spanbauer, fue a la iglesia y trabajó como voluntario en una residencia benéfica para enfermos terminales. Después de El club de la pelea publicó una veintena de libros, buscó historias en líneas calientes y grupos de terapia para adictos al sexo, tuvo una infección en la

*Periodista de Arcadia. 26

cabeza, probó un aparato para tener los labios carnosos, enterró a su padre, hizo un perfil de Marilyn Manson, grabó un mensaje en el que decía que era gay y arrojó muñecas inflables firmadas a sus lectores. En el prólogo a El club de la pelea Palahniuk cuenta cómo empezó todo. Escribió un relato de siete páginas titulado “El club de la pelea” que luego decidió alargar. A los tres meses la editorial estadounidense W.W. Norton compró los derechos por seis mil dólares y publicó el libro en agosto de 1996. La película se estrenó en 1999 y en ella actuaron Brad Pitt, Edward Norton y Helena Bonham Carter. El protagon ista t rabaja como consultor de riesgos en una empresa de carros, compra compulsivamente productos de diseño de IKEA y tiene problemas de insomnio. Su médico le dice que “el insomnio es solo un síntoma de algo más profundo. Descubra cuál es su problema. Escuche a su cuerpo”. Entonces va a Arriba y Más Allá, el grupo de apoyo para enfermos con parásitos cerebrales. Y al de tuberculosis, melanoma, cáncer de testículo y leucemia. Allí conoce a Bob, un antiguo culturista sin testí-

culos, cuyos altos niveles de estrógeno han hecho que le crezcan las tetas. Y puede dormir. En un viaje de trabajo el protagonista conoce a Tyler Durden —que en la película es interpretado por un Brad Pitt rubio y ultrabronceado, musculoso y casi siempre sin camisa—. Tyler es todo lo contrario al protagonista: fuma, bebe y maldice, no le preocupa su ropa ni su casa y trabaja exclusiva-

Las librerías estaban llenas de libros como Coser y cantar, que presentaban un modelo social para las mujeres. No había ningún libro para los hombres. mente para cometer pequeños actos de sabotaje como orinarse en la comida de la gente cuando es camarero. A continuación, el apartamento del protagonista se incendia y él se va a vivir con Tyler Durden. Tyler lo lleva a tomar cerveza y le pide un favor: “Quiero que me pegues lo más fuerte que puedas”.

Ritos de iniciación Tras el estreno de la película, varios críticos señalaron que El club de la pelea tenía un fuerte componente homoerótico. Mencionaron, sobre todo, al personaje de Tyler Durden quien, junto al protagonista, crea un club de la pelea en el sótano de un bar. Tanto el libro como la película están llenos de escenas veladamente homoeróticas y violentas. Pero más allá de lo evidente, El club de la pelea es un intento por recuperar una idea de masculinidad perdida. “Lo que ves en el club de la pelea ―—dice Tyler Durden—― es una generación de hombres criados por mujeres”. Hombres como Bob con los testículos extirpados física y emocionalmente que deben volver a lo más básico de su masculinidad: la violencia. En su libro Hacerse hombre, el antropólogo David D. Gilmore dice que, tras el auge del movimiento feminista de las últimas décadas, apenas ha quedado espacio para la reflexión sobre los códigos y cultos masculinos. Gilmore hace un recorrido por lo que significa ser hombre para distintas culturas y llega a la conclusión de que la masculinidad es un “premio que se ha de ganar o conquistar

con esfuerzo”. Los resultados de su investigación apuntan a que en la mayoría de los casos la masculinidad se asocia con rasgos de fuerza, virilidad y resistencia al dolor. “Los jóvenes de la isla de Truk se enzarzan en peleas, beben en exceso y buscan conquistas sexuales para alcanzar una imagen masculina”, escribe. Con contadas excepciones, lo mismo ocurre en todas las culturas: desde los hombres balcánicos hasta los marines estadounidenses y los Boys Scouts. La literatura —continúa Gilmore— contribuye a “la escuela de la virilidad masculina de las letras estadounidenses” y menciona a Hemingway, Faulkner, Dos Passos, Mailer y Robert Stone. El rito de iniciación de El club de la pelea es memorable. Uno de los trabajos de Tyler Durden consiste en hacer jabón con grasa de liposucción que consigue en un vertedero de desechos clínicos. Mientras prepara el jabón le explica al protagonista cómo hacer nitroglicerina. “Tyler se lame los labios, húmedos y brillantes, y me besa el dorso de la mano. (…) Tyler inclina unos centímetros el bote que contiene el polvo de hipoclorito sobre el beso húmedo y brillante

Destruir algo hermoso  

Se sentían solos y perdidos hasta que apareció "El club de la pelea", la novela de Chuck Palahniuk que luego fue llevada al cine y que devol...

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