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barandas, se cuelgan de los tubos, oprimen el botón para abrir las puertas y cua-

do ésta empieza a cerrarse, ellos salen, entran, salen, entran, salen y ¡zaz!

-¿te alcanzaste a machucar? ¡mostrá, mostrá!-. Todos ríen. Es el dedo gordo. El más pequeño sube por las rejas de la puerta, toca el pico del acero y se

sienta en el borde. Desde el extremo del vagón se alcanza a ver uno de sus pies descalzos, jugueteando con las varillas…-¡bajate de ahí, carajo, que ahí viene el…!- La hermana del niño no alcanza a terminar -¡Niño! Bájese de ahí. ¡Qué cosita! Les da uno confianza y vea. ¡Hace el favor! ¡Este no es un

de juego!-

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La Ciudad Vista  

Reportajes de las calles de Cali, Valle