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Lo que creemos los cristianos 2

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Gerald Nyenhuis

LO QUE CREEMOS LOS CRISTIANOS ESCATOLOGÍA

TOMO 2

GERALD NYENHUIS

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Lo que creemos los cristianos 2

LO QUE CREEMOS LOS CRISTIANOS ESCATOLOGÍA TOMO 2 Gerald Nyenhuis marzo 2006 ISBN: 970-9717-10-3 © Publicaciones el Faro S. A. de C. V. Abasólo 93, Col. del Carmen Coyoacán, CP. 04100 México, D.F. Portada y Diseño: Isis Heredia Victoria Prohibida su reproducción total o parcial sin permiso por escrito de Publicaciones El Faro S. A. de C. V. Impreso y Hecho en México 2006

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ÍNDICE

PRÓLOGO CAPÍTULO 8 ESCATOLOGÍA La Biblia base de la Escatología .................................................11 La vigencia de la Biblia para el estudio de la Escatología........16 El Ya y el Todavía no ...................................................................21 La muerte una parte de la Escatología individual ....................26 ¿Cuál es el destino final de los que mueren en Cristo?............31 El estado intermedio ....................................................................37 ¿Porqué es ganancia la muerte? ..................................................43 La resurrección de la carne y su estado final ............................49 El Paraíso: La tierra nueva............................................................53 La Escatología General ................................................................57 La Segunda venida de Cristo .......................................................63 Señales de la segunda venida de Cristo I ..................................70 Señales de la segunda venida de Cristo II ................................ 76 ElMilenio.........................................................................................82 El Milenio II ..................................................................................88 El Milenio III.................................................................................94 El Juicio Final............................................................................. 100 «¿ElRapto?»...................................................................................106 El día del Señor ...........................................................................112 Nuevos Cielos y Nueva Tierra .................................................118 El Nuevo Planeta Tierra ............................................................123 La Nueva Tierra ..........................................................................128 Preguntas de Estudio ..................................................................135

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APÉNDICES Bodas del Cordero 1..............................................................145 Bodas del Cordero 2 .............................................................148 Bodas del Cordero 3 ..............................................................151 Bodas del Cordero 4 ..............................................................154 Creemos en el Reino de Cristo ...............................................157

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PRÓLOGO Este libro tiene sus raíces en las necesidades de la congregación de la Iglesia "Berith". No son muy diferentes de las de otras iglesias, pero la situación particular de esta iglesia las hicieron más visibles. Teníamos que encontrar nuestra identidad como iglesia y pensábamos que para lograrlo era necesario encontrarla en nuestra confesión doctrinal. La situación de nuestra iglesia fue que éramos una iglesia joven, con muchos miembros nuevos, que vinieron de distintos trasfondos eclesiásticos y casi todos, profesionistas. El trasfondo religioso de los fundadores de esta iglesia era el presbiterianismo, tal como está enseñado en los credos y las confesiones listados en la Constitución de La Iglesia Presbiteriana de México. Para ser una iglesia presbiteriana tuvimos que aceptar como nuestro, el "sistema de doctrinas" contenido en estos credos, tal como tienen que hacerlo todas las iglesias presbiterianas. Para hacerlo sincera y conscientemente un requisito insoslayable era estar enterado de este sistema. El sistema de doctrina al que aludimos no es otra cosa sino una sistematización, por razones pedagógicas, de las enseñanzas de la Biblia. Está en esta forma para nuestro entendimiento y comunicación. Estas lecciones, entonces, fueron escritas para cumplir con una necesidad en la iglesia, y no para teólogos profesionales, ni como libro de texto para estudiantes de teología. El autor de este libro, por su preparación profesional, y por haber trabajado en este oficio por muchos años, es teólogo, y se alimentó, por supuesto, en los clásicos teológicos, empezando con las Instituciones de Juan Calvino, siguiendo con Berkhof, Hodge. Stott, Turretín, y muchos otros. No obstante, este escrito es más bien un trabajo pastoral, nacido de una preocupación para la grey. Esto se puede notar por la expresión y por los inusitados énfasis en la exposición. Las dimensiones tampoco son las más generales como se encuentran en libros de "teología sistemática. Los énfasis a veces parecen casi como "fuera de proporción", de acuerdo con las inquietudes de los alumnos, y las percibidas necesidades de la iglesia. Comenzamos con el programa de enseñanza "lo que creemos los cristianos" al inicio de los años '90. Las lecciones fueron escritas semana tras semana, un poco antes de su uso en las clases. Las preguntas y los comentarios de los alumnos (y del maestro, CPT Víctor M. Sandoval, quién entró en la tarea "con ganas" y cumplió magníficamente) jugaron un papel significante en la redacción de estas lecciones. La idea de que la

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mayoría de los adultos de una congregación estudiaran teología cayó bien a los alumnos, con el resultado de que hubo una buena participación de los que estaban en estas clases y que, por medio de ellos, se aumentó el interés en la sana doctrina en toda la iglesia. El interés y entusiasmo de los alumnos se mantenían a un alto nivel, a pesar de ser una serie de lecciones que duró, casi tres años. El arduo trabajo de revisar y corregir los manuscritos fue realizado por mi esposa, Francisca, a quién quiero expresar mi profunda gratitud. Comparó los manuscritos con los originales, los revisó y los corrigió. Me animó y me apoyó en todo el proceso para producir este libro, siempre creyendo que era un proyecto importante. Me da mucha satisfacción poder decir que esta obra la hicimos juntos. También el equipo editorial de El Faro cooperó bien en cada paso de este proceso. Gracias a ellos también. Esta segunda edición es básicamente la misma que la primera. La estructura de las lecciones sigue igual y no hubo mucho cambio en las palabras, las frases y las oraciones. Sin embargo, esta es una segunda edición. El texto ha sido cuidadosamente revisado y corregido; y en unos lugares, buscamos una expresión más clara, aunque en ningún caso cambiamos la doctrina. Hay una imperiosa necesidad, en nuestros tiempos, de que los miembros (y oficiales) de las iglesias conozcan su doctrina, para su propio desarrollo como cristianos, para su seguridad en la fe y para la satisfacción intelectual de que sabemos lo que creemos. También un buen conocimiento de la fe es indispensable para comunicarla, y una de las maneras para impactar nuestra sociedad es por medio de la comunicación de esta fe. Si vamos a efectuar cambios en la sociedad, en el gobierno y en la cultura es menester que sepamos explicarla. El conocimiento de nuestra fe tiene un valor incalculable para una sana apología. Pedro dice que tenemos que estar "aparejados", preparados, para presentar defensa a todos los que nos pidan razón de nuestra esperanza (I Pedro 3:15). La manera de aparejarnos es por medio de un buen conocimiento de la fe que tenemos que comunicar. Tenemos que hacerlo con prontitud y corrección. Es tarea de todos los miembros de la iglesia. Esperamos que esta segunda edición de Lo que creemos los cristianos les ayude en su tarea. Lanzamos al público esta segunda edición orando para que así sea. Gerald Nyenhuis H. Septiembre 2005

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CAPÍTULO 8 ESCATOLOGÍA

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LA BIBLIA BASE DE LA ESCATOLOGÍA Lectura Bíblica: 1a Juan 2:18-29

INTRODUCCIÓN

Con esta lección iniciamos el estudio del último tema de nuestro sistema de doctrina. El sistema -afirmamos- es el sistema de doctrina de la Biblia, y solamente la formulación de las doctrinas es tarea nuestra, junto con su arreglo en el orden de estudio. De hecho, cada punto refleja el sistema entero, y es el enfoque o perspectiva para relacionar cada tema con la estructura total de doctrina. El orden de estudio es opción nuestra; pero la interrelación que existe entre las doctrinas es algo que tenemos que descubrir en la Biblia, tanto como los contenidos mismos de las doctrinas. Este punto es importante en relación con el último apartado de nuestra teología. Hay una tendencia a desarrollar la «escatología» (nombre técnico de esta doctrina) sin relación con las otras doctrinas. La Escatología, que es el estudio del «escalón» (el último tiempo), para estar correctamente contextualizada, tiene que estudiarse en el contexto del pacto y de la providencia Tampoco es posible hablar del porvenir del hombre, su muerte y su resurrección, sin tener una doctrina de la naturaleza humana; la idea de la inmortalidad del alma tiene serias implicaciones para la escatología. El papel de la Iglesia en el Reino de Dios, y el futuro de la Iglesia, como el conjunto de los redimidos, tiene que ver con la Eclesiología. La segunda venida de Cristo, desde luego, está íntimamente relacionada 11


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con la Cristología. Basta esto para mostrar que no se puede estudiar la Escatología fuera de la relación con la estructura total de la teología sistemática, o sea, sin relación con la totalidad de la enseñanza doctrinal de la Biblia. I. EL CARÁCTER GENERALIZADO DE LA ESCATOLOGÍA La escatología no es propiedad exclusiva del cristianismo. Aunque solamente se puede afirmar lo correcto de la escatología que se basa en la revelación de Dios, cada sistema de pensamiento tiene su propia especie de escatología. Dondequiera que el hombre haya reflexionado sobre el sentido de la vida, sea de su propia vida personal e individual, o sea de la vida del ser humano en general, ahí hay una escatología. Cuando se pregunta: «¿Hacia dónde voy?» o «¿Cuál es mi fin?», la respuesta es una escatología. Cuando se pregunta sobre el sentido de la historia o hacia donde va la historia, la respuesta tiene que ser una escatología Nadie puede escapar el hacer una reflexión sobre la muerte, o si haya una existencia después de la muerte, y debido a que el sentido de la vida tiene que ver con la óptica con que se mira a la muerte, una reflexión sobre la experiencia de vivir es también una escatología. Los que hablan de un progreso en la cultura, de un porvenir glorioso, ya sea en el cielo o en «una sociedad sin clases», se han metido ya en una escatología. Las extrapolaciones y aplicaciones de las teorías de la evolución, tan en boga en nuestros días, son, en el fondo, una fe religiosa y una escatología. Todos los que creen que el mundo se va a acabar, como los que creen que no se va a acabar, tienen una escatología. Para una persona que piensa, no le es posible escapar el tener una escatología.

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II. EL OBJETO DEL ESTUDIO DE LA ESCATOLOGÍA Tenemos que distinguir entre «el objeto» de la escatología y los tenias» de la escatología. El objeto es lo que recibe nuestra concentración, es donde buscamos la información, es lo que ocupa nuestra atención. El tema (o los temas), por otro lado, es la orientación mental con que buscamos cierta información en este objeto. En este párrafo definiremos el objeto, y en el apartado que sigue vamos a mencionar los temas. El «objeto» de la escatología es la revelación de Dios sobre el «escatón». Lo que decimos es diferente de lo que muchos de nuestros hermanos afirman como el «objeto» de la escatología. Muchos dicen que la escatología estudia la profecía que no se cumplió en el tiempo mismo del profeta. La escatología, entonces, llega a ser una especie de hermenéutica de la profecía. Tenemos que confesar que la hermenéutica es una importante área de estudio, y que la hermenéutica de la profecía es una de las áreas que más estudio necesita. Además, la interpretación de la profecía tiene implicaciones directas para la escatología; pero si tomamos como el «objeto» de nuestro estudio la profecía no cumplida, no encontraremos la respuesta que buscamos para organizar la información bíblica sobre los temas que atinan al sistema bíblico de doctrinas. El «escatón» es, traducido literalmente, «lo último». A veces se emplea en el sentido de «la última época» (1a Juan 1:18), y a veces en el sentido de lo futuro. (Hay dos buenos libros sobre la escatología, que toman la palabra en este sentido: son «La Biblia y la Vida Venidera», por Hendriksen, y la «Biblia y el Futuro», por Hoekema. Los dos están publicados por TELL (Libros Desafío), y recomendamos los dos). Un uso un poco más tradicional, es emplear el término en el sentido de «las últimas cosas». Otros han hablado de las «finalidades», haciendo énfasis sobre el hecho de que la palabra «último» no está limitada al aspecto temporal. Las últimas cosas, entonces, no son solamente las cosas finales en el tiempo, sino las cosas 13


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finales en sí, las que cumplen con su fin, corno decimos cuando preguntamos por el «fin» de las cosas. No siempre nos referimos a su aspecto en el tiempo cuando preguntamos, por ejemplo, con el Catecismo de Westminster: «¿Cuál es el «fin» principal del hombre?». La escatología, entonces, estudia la revelación bíblica sobre todas las cosas que la Biblia pone como finales, todas las cosas que pertenecen al «escatón». En la Biblia la división del tiempo es: (1) de la eternidad hasta la cruz de Cristo, y (2) desde la cruz de Cristo hasta la eternidad. El «escatón» es esta última división de tiempo, es decir, el tiempo posterior: desde la cruz hasta la eternidad. III. LOS TEMAS PRINCIPALES DE LA ESCATOLOGÍA Los temas de la escatología se agrupan en dos grandes apartados: se habla de «la escatología general» y de «la escatología individual». La división es un poco artificial, pero sirve para enfocar los temas en contextos significativos. La primera división trata de las cosas finales que tienen que ver con grupos de personas: la Iglesia, Israel, las naciones, etc. La segunda venida de Cristo se trata como parte de la escatología general, porque tiene que ver con todos en general. Quién es y cómo es el anticristo, tiene que ocupar nuestra atención, y si el anticristo es el mismo que «el hombre de pecado». El juicio final es otro tema de la escatología general, como lo es también el de la nueva tierra y los nuevos cielos. Un tema de la escatología general que ha causado mucha controversia es el del «milenio»: si hay o no hay, cómo es, etc. Otro tema muy controvertido es el del supuesto «rapto» o «arrebatamiento». Tenemos que estudiar la revelación de Dios sobre todos estos temas. Nótese, por favor, la forma de decirlo: no estudiaremos los temas en sí, sino la revelación de Dios sobre estos temas. La otra división de la escatología, «la escatología individual», estudia lo que la Biblia dice sobre la muerte, su relación con el 14


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pecado, su naturaleza. También estudia la enseñanza bíblica sobre «el estado intermedio», lo que le pasa al alma entre la muerte y la resurrección; si hay o no un limbo, o varios limbos; si hay un purgatorio, etc. Se piensa en la inmortalidad del alma y su relación con la muerte física, y sí la expresión «inmortalidad» es la correcta. Se pregunta si habrá tal cosa como la «muerte espiritual» como distinta de la muerte física. ¿Qué es el hades, el infierno, el gehenna? Esta es otra pregunta que nos tiene que ocupar. Todo esto, y más, es lo que tenemos que explorar para que sepamos «lo que creemos los cristianos» acerca de la Escatología.

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LA VIGENCIA DE LA BIBLIA, PARA EL ESTUDIO DE LA ESCATOLOGÍA Lectura Bíblica: Miqueas 4:1-5; 5:2-8; Joel2:18-3: 2, Isaías 2:1-4

INTRODUCCIÓN Hay quienes opinan que todo estudio de la escatología es una especulación poco práctica, y que es mejor fijar nuestra atención en cosas más prácticas; cosas que traten de cómo vivir mejor, cómo solucionar los problemas sociales y familiares de nuestra época, cómo promover la justicia social y cómo lograr mejor expresión de amistad en nuestras comunidades. Es mejor -dicen- fijar la atención en el presente y dejar de preocuparnos por el porvenir. Pero la verdad es que no pódennos contextualizar estos problemas, ni encontrar sentido en el presente sin que, primeramente, tengamos una idea de la dirección y finalidad de la historia, que implique alguna orientación hacia el porvenir. Pero el estudio de la escatología tiene una importancia práctica para el cristiano que va más allá de estas consideraciones. Lejos de perder de vista sus obligaciones sociales y familiares en el presente, de un estudio de la escatología el cristiano recibe un aliento para cumplir con ellas. La enseñanza acerca de su herencia eterna hace que el creyente se estimule para vivir anticipándola; además el estudio del cielo y del infierno, como realidades para el ser humano, lo hacen más activo en la obra evangelística. El estudio de la escatología también ayuda al creyente en su trabajo apologético, preparándolo para responder a los que exigen al cristiano que dé razón de la esperanza que hay en él. El estudio de estos temas estimula la 16


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oración y nuestro sentido de dependencia de Dios, así como robustece el amor que nos expresamos mutuamente. El estudio de estas verdades promueve el espíritu de arrepentimiento en nosotros y la admiración por la bondad de Dios. Meditar en la victoria que tenemos sobre Satanás nos estimula a vivirla, y a glorificar a Dios resistiendo al diablo. El estudio de la escatología seguramente provocará una espiritualidad más profunda en nosotros. Esta lección, que todavía es de introducción, tratará de la vigencia de la Biblia, en su totalidad, para el estudio de la escatología. I. UNA EQUIVOCACIÓN USUAL Las Biblias que usamos tienen alrededor de mil páginas dedicadas al Antiguo Testamento, y trescientas al Nuevo Testamento. Sin embargo casi es costumbre descuidar el Antiguo Testamento y gran parte del Nuevo Testamento cuando se estudia la escatología. La opinión popular, con muy pocas excepciones, da por sentado que el libro de Apocalipsis trata de las últimas cosas. La verdad es que Apocalipsis no es, principalmente, un libro de escatología; que el Antiguo Testamento sí lo es, en gran manera. No cabe duda que la revelación es progresiva, y lo que el Nuevo Testamento nos enseña aclara la enseñanza del Antiguo y agrega información pertinente; pero las bases, lo fundamental y las líneas principales ya están en el Antiguo Testamento. Sobre todo, elaborar una proyección hacia el porvenir sin las doctrinas del Antiguo Testamento sobre Dios como Señor de la historia (Quien es eternamente fiel a su pacto), sería fabricar un sistema escatológico sin fundamentos. Por otro lado, construir sobre el Antiguo Testamento sin notar las aclaraciones y adiciones del Nuevo Testamento, nos conduciría a una escatología que tendería a repetir la primera venida de Cristo.

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La revelación del Antiguo Testamento se inclina hacia el porvenir. Hay en ella un constante empuje hacia adelante. La historia es lineal, progresa y cumple con fines y propósitos. Es una equivocación muy usual la de usar unos cuantos textos para desarrollar una escatología alrededor de ellos, sin tener en cuenta la estructura de la revelación progresiva y la unidad de los dos Testamentos en relación con la doctrina de «las últimas cosas». Estas escatologías se concentran en uno o dos acontecimientos (el rapto, la segunda venida, o la posesión de la tierra por Israel), como si eso fuera la totalidad de la escatología. II. EL ANTIGUO TESTAMENTO Y EL PORVENIR Toda la revelación antiguotestamentaria se inclina hacia el porvenir. Hay un constante empuje hacia adelante. El énfasis está sobre lo que va a suceder. Hace resaltar el tiempo postrero. La historia es lineal; progresa y cumple con fines y propósitos. Hay metas, y hay metas en función de otras, haciendo una cadena de metas que conduce al gran cumplimiento. Las profecías mesiánicas, las de la restauración del pueblo de Dios y las de una futura felicidad se ligan en esta cadena, y sería un error no contextualizarlas en cadena. Se equivocan los que no prestan atención a estas profecías, como si no tuvieran importancia para la doctrina de «las últimas cosas». Se equivocan también, y quizá más, los que interpretan estas profecías como si no estuvieran concatenadas. Otra equivocación es la de interpretar las profecías como si no tuvieran un contexto histórico, o como si no tuvieran sentido en su propio tiempo. Un ejemplo de este último error es la interpretación que algunos dan a Miqueas 4:1-4, diciendo que se refiere al milenio. Pero, si tomamos en cuenta el hecho de que Miqueas escribió para un pueblo que vivió unos setecientos años antes de Cristo y que esperaba la venida del Mesías, aunque dudaban de la continuidad de Israel, tal 18


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interpretación sería una indebida imposición al texto. Las claras afirmaciones del capítulo 5 confirman el contexto mesiánico. Además, tenemos que entender el sentido de la frase «los postreros tiempos» en el sentido de «aquellos tiempos», y en su uso general en la Biblia. Los postreros tiempos no se refieren, por necesidad, al fin del mundo, como algunos alegan. Lo que el futuro abarca debe determinarse por el contexto de cada caso en particular. De la misma manera, Jacob no hablaba de la segunda venida de Cristo en Génesis 49, aunque en los versículos 8-10 vienen al caso de una escatología. III. EL ESCORZO PROFÉTICO El escorzo es una técnica en el arte para reducir las dimensiones. En la pintura se representan las distancias como algo cercano y en la literatura una lejanía como algo inmediato. Hebreos 11:8-10 es un ejemplo de esto: Abraham no buscaba la ciudad eterna tras la siguiente curva en el camino. Muchas veces la Biblia presenta algo como cercano, inmediato y concreto, cuando en verdad es lejano y abstracto, para dar énfasis a la realidad de las promesas de Dios. Decimos que «el hombre nace y muere», pero no queremos decir con ello que no haya nada entre el nacimiento y la muerte. De esta manera el Antiguo Testamento presenta la primera y la segunda venida de Jesús. Vemos, por ejemplo, Malaquías 3:1-5. Aquí no hay distinción entre las dos venidas; todo se presenta como un solo evento. Pero esto no es nada inusitado. Decimos de un joven, que entró a su carrera en 1980 y salió en 1985, haciendo así que sus estudios universitarios sean un solo evento. El escorzo profético relaciona dos o más acontecimientos, acortando la distancia entre ellos y dejando muchas cosas por mencionar, a fin de que veamos la unidad de la actividad. Relacionada con esta técnica hay otra semejante que empleaban los profetas. Esta es la técnica del múltiple cumplimiento. Una profecía se cumple varias veces en el proceso de su gran cumplimiento. El ejemplo más notable de 19


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esto es la promesa mesiánica. Cada vez que nacía un varón en el camino del cumplimiento de la promesa, este nacimiento era uno de los múltiples cumplimientos. En este sentido Set fue un Mesías, como también lo fue David, de la misma manera lo fue antes Isaac, y más tarde Salomón. En la historia de Israel también hubo múltiples cumplimientos en el camino hacia la final composición del verdadero pueblo de Dios. El punto es importante porque hay muchos que insisten que el pueblo de Israel fue el único, real y verdadero pueblo de Dios, y que, por eso, no lo puede ser la Iglesia. Sería el mismo argumento decir que Set, o David, o Salomón fueron el único, real y verdadero Mesías, y que, por eso, Jesús no pudo serlo. Como caso especial en la profecía está el regreso del pueblo de Judá de su exilio babilónico como uno de los múltiples cumplimientos de la profecía de que Dios iba a recoger a su pueblo para estar con El de una manera especial. Tenemos que notar la manera en que la Biblia nos presenta los datos necesarios para una escatología, para que tengamos la doctrina bíblica de «las últimas cosas».

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EL YA Y EL TODAVÍA NO Lectura Bíblica: Romanos 11:11-36

INTRODUCCIÓN Ya hemos notado que cuando hablamos de las «últimas cosas», usamos la palabra «últimas» en un sentido especial. No estudiamos solamente los elementos que vienen como los finales de una serie, sino todos los que contribuyen al finalizar el proceso. Cuando hablamos de las «últimas cosas» no hablamos solamente de las cosas futuras, sino también de las cosas finales en el presente porque ya ha habido muchas cosas «últimas». Parte de la escatología ya está realizada. De hecho, muchos teólogos hablan de una escatología realizada. Ellos piensan que los aspectos ya realizados de la escatología son mucho más importantes que las cosas futuras. Su teología hace énfasis, por ejemplo, en la presencia del Reino de Cristo, y su ética es una ética del Reino. No cabe duda que han descubierto un punto de singular importancia en la escatología bíblica. Por otro lado, muchos teólogos han considerado a la escatología como si los únicos temas de importancia fueran los de la segunda venida de Jesús, el juicio final y cómo será el cielo. Para muchos les parece importante poner fechas e indicar el orden de los eventos en el proceso de finalizar la época. Tampoco podemos dudar de la importancia de estos temas; son también de singular importancia en la escatología bíblica. 21


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La verdad es que tenemos que notar los dos énfasis y mantenerlos en un equilibrio bíblico. En la Biblia hay una tensión entre los dos aspectos; pero la tensión no implica una contradicción. Son más bien dos puntos, siendo cada uno el contrapeso del otro, y no se le debe dar énfasis a uno sin tomar en consideración al otro. Los dos puntos se pueden expresar en una forma muy sencilla: hay una tensión entre el «YA» y el «TODAVÍA NO»; una tensión entre lo «realizado» y lo que queda por «realizar». Para no jalar por un lado y descuidar el otro, y para, a la vez, dar énfasis a los dos, hemos optado por emplear el término «inaugurada». La Biblia nos presenta una escatología «inaugurada». En esta lección queremos meditar en lo que la Biblia enseña en cuanto a esto que llamamos «escatología inaugurada». I. EL PROCESO FINAL ESTÁ YA INICIADO Es imposible entender el Nuevo Testamento si no notamos la verdad de la aseveración que hace el encabezado de esta parte de nuestra lección. Aquí está la resolución del aparente conflicto en el YA y el TODAVÍA NO. Los dos aspectos están en las enseñanzas de Jesús. En su enseñanza, el reino de Dios, es a la vez, presente y futuro, y la vida eterna ya es una posesión y una esperanza futura. Nuestra salvación es una realidad presente y algo que será revelado en el último día. La muerte está vencida y esperarnos todavía la resurrección. Somos justificados en Cristo, pero seremos declarados justos en el juicio final. Ya han venido muchos anticristos, pero el anticristo viene todavía, etc., etc. Debido a que esta tensión caracteriza la enseñanza bíblica sobre la escatología, nos conviene explorar con más detalle este aspecto de la doctrina bíblica. Debemos notar algunas de las implicaciones de esta tensión -entre el ya y el todavía no- para nuestra doctrina y vida de hoy. (1) - Lo que llamamos «las señales del tiempo» han de ser interpretadas en el contexto de esta tensión. Cuando 22


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hablarnos de «las señales del tiempo» (que estudiaremos con más detalle en futuras acciones) nos referimos a los acontecimientos que han de llevarse a cabo antes de la segunda venida de Cristo, y que nos hacen recordar de su retorno, a fin de que vivamos a la expectativa de este gran acontecimiento. La predicación del Evangelio a todo el mundo, la tribulación, el futuro de Israel y la revelación del anticristo; todos estos acontecimientos son las señales que estudiaremos más tarde. Sin embargo, debemos notar que todos estos acontecimientos participan entre el ya y el todavía no. Todas estas señales retro- apuntan a la primera venida de Cristo, y a otras profecías cumplidas y a lo que ya aconteció, y apuntan, también, hacia adelante: a su segunda venida. Jesús dijo (Mateo 24:14) que el Evangelio se predicará a todo el mundo como testimonio a las naciones, y entonces vendrá el fin. Esta predicación del Evangelio, entonces, es una marca de toda la época. La predicación del Evangelio es una señal de la victoria que tenemos en Cristo, la que Cristo ganó por nosotros en el pasado, y una anticipación de la gloriosa manifestación de esa victoria en el porvenir. (2) (2) - Esta tensión tiene que ver con el concepto que tenemos de nosotros mismos. Estamos en camino hacia lo que seremos en Cristo. Sentimos y vivimos la tensión entre lo que ya somos en Cristo y lo que seremos. Lo que somos en Cristo tiene que ver con el proceso iniciado en la realidad actual; en verdad estamos en camino a lo que seremos. Los que somos creyentes somos nuevas personas; la Biblia insiste en eso. Pero no totalmente renovados todavía; tenemos que luchar contra el «hombre viejo». Nos vemos como personas en proceso, con un fuerte empuje hacia lo que seremos como una nueva creación. La vida cristiana está caracterizada por el crecimiento. Tenemos que vernos como personas en crecimiento, y tomar nuestro crecimiento como una responsabilidad personal. 23


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Esta verdad, desde luego, es un gran incentivo para el vivir santo. La lucha contra el pecado, que dura toda la vida, no nos desanima. Sabemos que lo que tenemos es un anticipo de lo que tendremos; no se espera ninguna derrota, sino una victoria cabal. Sabemos que Cristo ya dio a Satanás el golpe fatal; sabemos que la muerte está vencida, y sabemos que este pasado es la seguridad del porvenir. Vivimos por el porvenir; vivamos, entonces, para el porvenir. II. LA IGLESIA ES LA CONCRETIZACIÓN (MANIFESTACIÓN CONCRETA) DE ESTE PROCESO INICIADO La Iglesia es la comunidad de las personas redimidas (en el pasado) por Cristo. Sabemos que la Iglesia está proyectada hacia el porvenir y que estará presente para recibir a Cristo en su venida, y sabemos que estará con El para siempre. La comunidad está hecha de personas que son nuevas e imperfectas. Tenemos que recordar que somos las dos cosas: nuevos e imperfectos. Toda predicación y toda enseñanza en la Iglesia tienen que tomar esto en cuenta. Hay que tratar con los miembros de la Iglesia como con nuevas criaturas en Cristo, que, aunque imperfectas, ya no están bajo el poder de Satanás. La Iglesia ya es; pero todavía no es lo que será. Es el cumplimiento de muchas profecías; pero las profecías no llegan a su pleno cumplimiento en la Iglesia del presente. La Iglesia es la manifestación de la victoria de Cristo, son las primicias; pero la plena victoria le espera todavía a la Iglesia. Es, por decirlo así, el botín concreto del hecho de que Cristo ya ha entrado en la casa del «hombre fuerte» y la ha saqueado; pero ni la Iglesia ni la destrucción del reino de Satanás están completas. El ya y el todavía no son muy visibles en la Iglesia. La Iglesia es el claro cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento. En este sentido es ya. El Antiguo Testamento no deja duda de que la Iglesia (los gentiles) participarán en las bendiciones de la salvación junto con los judíos. Dios, en repetidas veces (Génesis 12:3; 22:18) dijo a 24


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Abraham que en él y en su simiente todas las familias (o naciones) de la tierra serían benditas. En el Salmo 22, reconocido como un salmo mesiánico, leemos: «Se volverán a Jehová todos los confines de la tierra y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti» (v. 27). Isaías menciona con sorprendente frecuencia que la salvación que Dios ofrece a su Pueblo va dirigida a los gentiles y que el siervo de Jehová (un individuo) será puesto como luz para las naciones (49:6) (La misma palabra hebrea puede traducirse «naciones» o «gentiles» (1:11). La Iglesia es el claro cumplimiento de ello. El Antiguo Testamento también insiste en la continuidad del pueblo de Dios. Es un solo pueblo en toda la tierra y a través de los siglos. Es la continua realización del propósito de Dios. La palabra qajal, en hebreo, en el griego de la Septuaginta, (la Biblia je los apóstoles) es ekklesia, la palabra se refiere a la Iglesia en el Nuevo Testamento. Esto es una clara indicación de que la realidad de la Iglesia es una realidad escatológica. El pueblo de Dios, del Antiguo Testamento, se realiza en la Iglesia del Nuevo Testamento. La Iglesia es llamada «el templo de Dios» (1a Corintios 3:16-17; 2- Corintios 6:16; Efesios 2:21,22) y luego es llamada la «Nueva Jerusalén» (Hebreos 12 y Apocalipsis 21), más o menos con el mismo sentido; pero «templo de Dios» habla de su continuidad con el pasado, y la «Nueva Jerusalén», con el futuro. Aquí encontramos en la forma más clara la realidad de que la Iglesia es la manifestación concreta del YA y del TODAVÍA NO.

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LA MUERTE, UNA PARTE ESCATOLOGÍA INDIVIDUAL

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Lectura Bíblica: Salmo 39:1-13; Salmo 90:1-17 INTRODUCCIÓN De acuerdo con las indicaciones que hemos dado antes con respecto a la división que hacemos en la escatología -entre la escatología individual o personal y la escatología generaliniciamos hoy una consideración de los temas de la escatología individual. Se recordará que la diferencia está relacionada con saber si el acontecimiento tiene que ver con cada individuo en particular, o si tiene que ver con las personas engrupo. La muerte es un ejemplo del primer tipo de acontecimiento, y la segunda venida de Cristo del segundo tipo La primera división, la de la escatología individual, es más sencilla, de menos extensión, y ha causado menor controversia. Esto no quiere decir, desde luego, que todos hayan puesto la suficiente atención sobre lo que la Biblia enseña sobre el asunto; existen muchas ideas sobre el terna que no tienen fundamento bíblico. Para no caer en este error tenemos que estudiar diligentemente lo que la Biblia enseña sobre estos puntos. El tema de la muerte, que estudiamos hoy, es el primero de la escatología individual. I. LA MORTALIDAD HUMANA Para hablar de la mortalidad humana tenemos que poner nuestra atención en los términos, pues se habla mucho del «alma inmortal» del ser humano. Desde los grandes filósofos hasta nuestros días se ha hablado de la inmortalidad del alma, 26


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pero a la luz de muchos textos bíblicos, los cristianos no podemos usar estos términos, por lo menos no en el sentido literal de las palabras. «El día que de él comieres, ciertamente morirás» (Génesis 2: 17) y «El alma que pecare, esa morirá» (Ezequiel 18:4-20) son dos de estos textos. (Si buscas en tu Concordancia, encontrarás una multitud más de textos que hablan del hecho de que el alma si puede morir). Si queremos decir que la muerte no acaba con la existencia del alma, y que solamente Dios, quien ha creado el alma, puede hacer que deje de existir, entonces la frase tendrá sentido, aunque la expresión es fallida. Afirmamos, con base bíblica, que el alma persiste después de la muerte, pero esto está lejos de afirmar que el alma no pueda morir, que es el sentido literal de las palabras «inmortalidad del alma». Afirmamos también, y también con base bíblica, que el alma persiste más allá de la muerte: los creyentes en un estado de vida eterna, y los no creyentes en el estado de muerte eterna. Pablo (Efesios 2:1) insiste en que todos los creyentes estuvimos muertos en pecados y delitos, un estado permanente si Dios no nos da vida juntamente con Cristo (Efesios 2:5). Por otro lado tenemos que decir que el hombre fue creado para vivir para siempre, aunque (obviamente) pudo morir. Vivir para siempre (que no es lo mismo que tener vida eterna, pues ésta solamente se obtiene en Cristo) tenía por condición la perfecta obediencia. La desobediencia acarreó al ser humano la muerte, reversible solamente mediante la operación de la gracia de Dios en Jesucristo. Esto hace que la muerte sea permanente, a menos que esta gracia sea efectuada en el ser humano. II. LA NATURALEZA DE LA MUERTE Lo que hemos dicho es terriblemente triste, porque el ser humano que muere fue hecho para vivir. La muerte va en contra del propósito del ser humano; la muerte del ser humano es algo antinatural. Las personas, muy bien intencionadas, que quieren dar una especie de consuelo aludiendo a lo «natural» de 27


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la muerte, se equivocan. Parte de lo terrible de la muerte es el hecho de que no es natural. La muerte es el castigo por el pecado. Es el pecado el que trajo la muerte humana al universo. La muerte es la parte principal de la maldición que, por el pecado, Dios pronunció contra Adán y contra su posteridad; «Polvo eres, -dijo- y al polvo volverás». Cumplió con su palabra que advirtió al ser humano el hecho de que la desobediencia acarreaba la muerte. Aunque los grandes teólogos cristianos, a través de los tiempos, han enseñado que la muerte es el resultado del pecado, siempre hubo algunos que enseñaban que el hombre fue creado para vivir solamente algunos años y entonces morir. Los pelagianos (aunque su maestro, Pelagio, no lo enseñaba) afirman que Adán hubiera muerto aun si no hubiera pecado. En nuestros días el teólogo Carlos Barth lo enseñaba, y muchos de sus discípulos actuales mantienen esa postura. Aunque muchos de ellos admiten el hecho de la pecaminosidad del ser humano, no lo relacionan con la muerte. El hombre sale de la no-existencia, existe por una temporada, y regresa a la no-existencia, según esta doctrina. La Biblia claramente declara al pecado como el responsable de la muerte humana. También, y con igual claridad, declara que la victoria sobre el pecado es victoria sobre la muerte. La relación que la Biblia establece entre el pecado y la muerte es importante también para nuestra salvación, pues la salvación bíblica está efectuada sobre la base de esta verdad. Si negamos la relación entre el pecado y la muerte, tenemos que encontrar un tipo de salvación diferente de la que la Biblia nos ofrece, pues el perdón del pecado es el rompimiento del poder de la muerte. Aunque el cristiano no teme a la muerte, la relación con el pecado hace que la muerte siempre sea triste. La muerte siempre es un recuerdo del pecado, aun del pecado perdonado. 28


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La muerte es un constante recuerdo de nuestra condición y el punto de referencia de la gracia. Vemos en la experiencia cotidiana de que somos salvos, y nos acordamos de la vida que tenemos solamente en Jesucristo. La muerte es, en esencia, separación. La muerte física es la separación del cuerpo y alma, que serán reunidos en la resurrección. La muerte de la persona humana es la separación de la comunión humana, aunque algunas personas quieren prolongar la comunión más allá de la muerte de sus seres queridos, e inútilmente buscan medios de comunicación. La muerte verdadera, la espiritual, que se manifiesta en la muerte física y de la persona, es la separación de la persona humana cuerpo y alma-de la comunión con Dios. La separación del ser humano de su Dios es la muerte. III. LA PARADOJA DE LA MUERTE Una paradoja es una aparente contradicción. Está en forma de una contradicción, pero no es más que forma de contradicción. En términos del punto anterior, la muerte es la experiencia de la ausencia de Dios; lo que está presente es la ausencia. Pero para el creyente, la muerte, esta ausencia, lo conduce a la presencia de Dios, en un sentido pleno y rico. La muerte es entrada. Para el creyente, morir es entrar en la vida eterna. El creyente ya tiene la vida eterna, porque Cristo vive en él, pero la vida eterna inicia una nueva etapa con su muerte. En este sentido Pablo pudo decir: «Para mi el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» (Filipenses 1:21). La muerte es más vivir que el vivir; este es el sentido de que «el morir es ganancia». Aquí se ve claro el fenómeno del «ya» y del «todavía no». Se ha preguntado con frecuencia, en éstas o en otras palabras: «¿Si Cristo murió por nosotros, por qué tenemos que morir también nosotros?» La respuesta es que no tenemos que morir, porque la muerte que experimentamos ya no es la muerte. Ya 29


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no es el castigo, ni una satisfacción por el pecado; entonces su naturaleza es cambiada, y la muerte ya no es lo que era. La muerte, tal como era, lo fue para Cristo, pero ya no lo es para nosotros. La muerte de Jesús es la muerte de la muerte; la transformación de la muerte en instrumento de vida. La muerte para el creyente ya no es muerte, sino un paso a la más completa realización de la vida eterna que ya posee en Cristo. El «último enemigo» (1a Corintios 15:26) es destruido, o sea, cambiado en amigo. El que era enemigo ahora es siervo que tiene que abrirnos la puerta a la más plena comunión con Dios, que es la vida eterna.

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¿CUÁL ES EL DESTINO FINAL DE LOS QUE MUEREN EN SU INFANCIA? Lectura Bíblica: Jonás 4:6-11; 2a Samuel 12:15-25

INTRODUCCIÓN En la lección previa empezamos nuestro estudio de la escatología individual. Empezamos con el tema de la muerte. En esta lección continuamos con el mismo tema, pero con un énfasis especial. Se trata del destino de los que mueren en su infancia. Es un tema que, aunque posiblemente no sea tan importante en el desarrollo de la teología, nos interesa a casi todos. Este interés tiene que ver con el hecho de que, hasta hace muy poco tiempo, un gran número de los niños que nacían no llegaban a ser adultos, pues un alto porcentaje moría en su infancia. Con el tiempo la situación ha mejorado mucho, y ya no es tan trágica como lo era antes, pero todavía un buen número de niños mueren en su infancia cada año. Mientras esta situación siga, aun en un grado bastante más favorable, la pregunta de adonde van las almas de los miles que mueren en su niñez sigue siendo una pregunta vigente. Aunque posiblemente la respuesta definitiva se nos escape, podemos enfocar nuestra atención sobre la pregunta por algunos minutos.

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I. RESPUESTAS ERRÓNEAS A LA PREGUNTA En primer lugar tenemos que calificar al intento católicoromano de responder a la pregunta como un intento erróneo. Para exponer la doctrina romanista en forma más suave posible, podemos decirlo de esta manera: «Todo niño que muere sin bautizar no es salvo». No queremos decir que, según la doctrina de Roma, se condenan, -aunque algunos católicos lo digan- porque la enseñanza oficial no habla de una condenación positiva, sino de una privación. Los que mueren en su infancia sin ser bautizados su-tren de la privación de la «visión beatífica». El lugar donde los niños no bautizados sufren esta privación, lleva el nombre de LIMBUS INFANTUM. No es el infierno, aunque según algunos «no está lejos». Este concepto ofrece dos errores. El primero tiene que ver con la doctrina del bautismo. En las enseñanzas bíblicas sobre el bautismo no encontramos ningún texto, ni pasaje, donde se enseñe que la presencia o la ausencia del bautismo tenga este efecto. El bautismo es importante, pero su importancia no radica en que este sacramento determine si un niño va al LIMBUS INFANTUM o si va al cielo. La omisión del rito del bautismo no es la seguridad de que vaya al limbo. El segundo error es, en el concepto mío, un error más importante. Las Escrituras no dan el menor pretexto para inventar un limbo. (La Iglesia romana tiene dos -LIMBUS INFANTUM y LIMBUS PATRUN- hablaremos de éste en otra lección). Las Escrituras no solamente no enseñan ningún limbo, sino que todas las enseñanzas bíblicas van en contra de la doctrina del limbo. En segundo lugar está el error de los que dicen que los niños son «inocentes». Esta no es una doctrina de la iglesia romana, aunque muchos católicos creen esto. De hecho esta creencia va en contra de la doctrina oficial. La doctrina de la «inocencia» de 32


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los niños niega la doctrina del pecado original, y aunque la expresión de esta doctrina en su forma romana no sea la más bíblica, esta doctrina del pecado original es la clara enseñanza de las Escrituras. Los que tienen aquella doctrina dan por sentado que no hay transgresión real, o sea, se basan en el supuesto de que los niños no pueden transgredir la Ley de Dios realmente. Esta forma de pensar es muy parecida al pensamiento de muchos protestantes de nuestros días. Por ser hermanos en Cristo, amamos a estas personas, pero no tenemos que estar de acuerdo con ellas en esta opinión. Estamos convencidos de que las Escrituras no apoyan esta teoría. Los niños también son culpables en Adán; no son «inocentes». Debemos consultar Job 14:4, Salmo 51:5, Romanos 5:5, 12, 18, 19; 1a Corintios 15:22 y Efesios 2:3, para que corresponda nuestro pensamiento con la doctrina bíblica. Si los niños han de ser salvos, su salvación debe basarse en algo más estable que la supuesta «inocencia» de los niños. La «inocencia» no es base de la salvación; los inocentes no necesitarían de la salvación. Además, si tal inocencia no existe, no puede ser la base de nada. La única base de la salvación y para recibir las bendiciones de Dios que la Biblia ofrece, es la aplicación de los méritos de Cristo en su favor. II. HABLAN LOS CREDOS PRESBITERIANOS La Confesión de FE de Westminster y los Catecismos de Westminster no dan respuesta clara a la pregunta de si se salvan los niños que mueren en su infancia. La Confesión de Fe dice así, en su Capítulo X, Sección III: «Los niños elegidos, que mueren en su infancia, son regenerados y salvados por Cristo mediante el Espíritu Santo, que obra cuándo, cómo y dónde quiere». Afirma lo que se puede afirmar en base a las Escrituras, pero no dice más. No dice por ejemplo, quiénes son los niños elegidos, aunque asevera, correctamente, que son salvos. 33


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La Iglesia presbiteriana y Reformada ha interpretado este artículo en una «Exposición declaratoria». «La Iglesia presbiteriana y Reformada declara, con referencia al capítulo X, sección III de la Confesión de Fe, que no ha de ser tenido como doctrina que quienes mueren en su infancia se condenan». Creemos que todos los niños que mueren de pequeños están incluidos en la elección de gracia, «son regenerados y salvos por Cristo mediante el Espíritu Santo, que obra cuándo, cómo y dónde quiere». No hay, porque no puede haber, ninguna indicación de cuánto tiempo dure la condición de niño, infante o pequeño, pero expresa la confianza de que mientras dure, la gracia salvadora de Cristo los incluye. III. HABLAN ALGUNOS TEÓLOGOS PRESBITERIANOS Y REFORMADOS. Carlos Hodge, quizá unos de los teólogos presbiterianos de más influencia de todos los tiempos, (aunque poco conocido en el mundo de habla hispana) dice lo siguiente: «Todos los que mueren en su infancia se salvan. Esto se deduce de lo que la Biblia enseña sobre la analogía entre Adán y Cristo (Romanos 5:18-19). En ninguna parte de las Escrituras se enseña la exclusión de los niños, bautizados o sin bautizar... del beneficio de la redención de Cristo". Otro teólogo, casi de la misma estatura de Hodge y muy conocido por su amplia erudición, B. B. Warfield, tiene palabras semejantes. Dice: «Su destino está determinado con independencia de su voluntad o intención. .. cuya realización no depende de algo que ellos tengan que hacer, y su salvación es obrada por una aplicación incondicional de la gracia de Cristo a sus almas, por medio de la operación inmediata del Espíritu Santo ... Esto no es otra cosa que decir que están incondicionalmente predestinados para salvación desde antes de la fundación del mundo». L. Boettner, cuyo libro sobre la predestinación ya está en nuestra lengua (publicado por TELL), emplea estas palabras: «La mayoría de los teólogos calvinistas han sostenido que 34


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aquellos que mueren en su infancia se salvan . . . Ciertamente, no hay nada en el sistema calvinista que nos impida creer esto; y mientras no se pueda demostrar que Dios no puede predestinar para vida eterna a quienes El se plazca en llamar en su infancia, nos es lícito pensar de esta manera». Solamente nuestro amigo Luis Berkhof hace sonar su voz con más reserva. Después de afirmar que no tiene duda al respecto a la salvación de los hijos del pacto, hace notar la reserva que debemos tener para ser dogmáticos sobre este asunto. Dice: «No hay evidencia bíblica en la que podamos basar la confianza de que los niños gentiles, que no han alcanzado la edad de discreción, sean salvos». Berkhof no dice que estos niños no pueden ser salvos, solamente dice que no hay base bíblica para afirmar dogmáticamente que lo sean. IV. ALGUNAS CONSIDERACIONES BÍBLICAS La historia del hijo de David, que murió en su infancia, y el inesperado comportamiento de David en esta ocasión, nos hacen resaltar la fe de David. David estaba seguro de que iba a ir a donde su hijo iba. El niño había nacido bajo circunstancias poco favorables para esperar la bendición de Dios (como se ve si se lee la primera parte de 2a de Samuel 12); pero, sin embargo, David confiaba en la misericordia de Dios. El Dios de David, a Quien nosotros conocemos también, y a quien adoramos, es Dios de amor. Juan dice que «Dios es amor» (1a Juan 4:8). Salmo 145:9 afirma que Dios es bueno para con todos. En Jonás 4:11 vemos que Dios es solícito, no solamente con los hijos de los creyentes, sino también con los de los incrédulos. Pablo nos da esperanza en 1a Corintios 7:14, de la misericordia de Dios para con los niños. La Biblia, en todas sus partes, nos presenta un Dios cuya característica principal es la misericordia y la bondad. Esperar lo bueno de El, cuando nos acercamos a El con fe, es la actitud que Dios quiere que tengamos. 35


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La Biblia no dice explícitamente que todos los niños que mueren en su infancia son salvos; pero la salvación que la Biblia presenta en base del sacrificio de Cristo, es suficiente para incluirlos. Tampoco dice la Biblia que son condenados, y no podemos afirmar que lo sean, leñemos que instruir nuestra fe en base a lo que sabemos de la naturaleza de Dios. En este sentido la Biblia nos da mucha razón para ser optimistas, en cuanto a la gracia de Dios en su relación con los niños.

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EL ESTADO INTERMEDIO Lectura Bíblica:

Lucas 16:19-31

INTRODUCCIÓN Ya hemos estudiado sobre la muerte en las lecciones previas, y hemos notado que la muerte no es el final del ser humano. La persona humana sigue existiendo después de la muerte. El hombre no es inmortal, pero sigue existiendo. No debemos confundir «vida» con «existencia», ni «la muerte» con la «noexistencia». El ser humano muere pero sigue existiendo, tanto el creyente como el incrédulo. Este hecho nos impone una tarea especial. Tenemos que hablar de lo que pasa con la persona humana después de la muerte. Este hecho se combina con otro hecho, que vamos a estudiar en lecciones posteriores, y que es de suprema importancia en la escatología. Es el hecho de la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. Jesucristo vendrá de nuevo; esta vez para llevar a cabo el juicio final y llevar a los suyos con El. La combinación de estos dos hechos nos da un «mientras». ¿Dónde estarán las almas «mientras» Jesús no venga? Tenemos que estudiar la Biblia para saber dónde están los seres humanos entre el tiempo de su muerte y la venida de Jesús en juicio. Este tiempo se llama el «estado intermedio», y es el tema de la lección de hoy.

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I. LAS PALABRAS BÍBLICAS Son tres las palabras bíblicas que deben ocupar nuestra atención por unos minutos. Son: SE'OL, HADES y GE'HENNA. Vamos a estudiar estas palabras una por una. La primera palabra es una palabra hebrea. Seol (mejor aún «se' ol») es el «reino de los muertos» o el «lugar de los muertos». Aunque algunos pensadores opinan que es un lugar de castigo para los incrédulos, parece que en el uso hebreo la palabra no tenía connotaciones de castigo. Se refiere simplemente al lugar de los muertos, sin hacer referencia a su destino final. El castigo no es una característica especial de Se'ol, aunque en el Se'ol; la separación de Dios que experimentaba y practicaba el incrédulo en vida, se hace más aguda. Pero ésta no es una condición especial del Se'ol, sino una condición que el incrédulo lleva consigo a la muerte. Se'ol es sinónimo de muerte y de la tumba, y depende del contexto si hemos de interpretar la palabra en un sentido o en otro. En este sentido, el Se'ol es donde van al morir, tanto los creyentes como los incrédulos. Tanto los creyentes como los incrédulos descenderán al Se'ol cuando mueran (Génesis 37:35; 42:38; Samuel 2:6; Job. 17:13; Salmos 16:7-10). La palabra se halla más de sesenta veces en el Antiguo Testamento, y en nuestras Biblias se traduce por muerte, tumba y hoyo. La segunda palabra es griega, pero está muy relacionada con la palabra Se'ol. La palabra es «hades». La palabra existía desde antes en la literatura griega; pero puesto que los griegos medio -divinizaban» a sus muertos, no se pensaba en el lugar como un lugar de castigo. Los traductores de la versión griega del Antiguo Testamento, la Septuaginta, que eran judíos muy instruidos en su religión y especialistas en la lengua y literaturas griegas pues eran «helenistas»), escogieron la palabra «hades» para tradujir la palabra «se'ol». La Septuaginta es la Biblia que utilizaban los apóstoles en su predicación y en su enseñanza. Esto quiere decir que, para nosotros, el significado de la 38


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Palabra «hades», en primer lugar depende del concepto bíblico de «se'ol». Solamente en segundo lugar vienen las connotaciones populares del mundo griego. Pero no podemos descartar este segundo sentido, por la sencilla razón de que la predicación y la enseñanza de los apóstoles estaban en función del oyente, y los apóstoles empleaban las palabras en el sentido en que los oyentes las entenderían. Estos datos deben hacernos reflexionar un poco, antes de llegar a conclusiones fáciles, porque podemos esperar que el significado de «hades» no siempre sea el equivalente exacto de «se'ol». En el judaismo intertestamentario, sobre todo en los escritos apocalípticos y en los comentarios rabínicos, la idea de un castigo en el «hades» (que no era elemento importante en el «se'ol», ni en el sentido griego del «hades») empezó a ocupar un lugar en el concepto entre los judíos. Parece que el uso que Jesús hace de esta palabra en la parábola del rico y Lázaro, en Lucas 16, refleja este uso. Ahí el rico está en un lugar de tormento, (v. 24). Por otro lado, como ya hemos visto en Hechos 2, por ejemplo, «hades» también se refiere al lugar donde los creyentes pueden estar, y no tiene ningún sentido de castigo. Tenemos que concluir que el «hades» es el principio del estado final; es el inicio de éste, o, para emplear un término que usamos para caracterizar la escatología de la Biblia, es el estado final «inaugurado». No queremos afirmar literalmente que los creyentes y los incrédulos, que juntos esperan el juicio final, estén reunidos en el mismo lugar. Más bien, como dice Jesús en la parábola que estudiamos hoy, que entre los creyentes y los incrédulos hay un gran abismo (Lucas 16:26). «Hades», entonces, es una palabra que se refiere al estado «intermedio», más que a una localidad limitada y especificada. Sin embargo, este estado «intermedio» es el estado final inaugurado. En el «hades», o sea, en el estado intermedio, en la tumba (por así decirlo), el creyente ya experimenta la comunión con Dios; está en la presencia de Cristo, aunque todo esto no con la plenitud 39


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total que espera el creyente después de la resurrección de la carne. De la misma manera, el incrédulo experimentará su separación de Dios de una manera más aguda, pero no con todo el rigor que le espera después del juicio. Más que «antesala» del cielo y del infierno (aunque esta expresión no es totalmente equivocada) el «hades» es el estado final, ya inaugurado, que conducirá irremisiblemente a la plena realización de este estado, después del juicio final. La tercera palabra, «ge'henna», en un sentido, no es una palabra que se refiera al estado intermedio, sino al estado final de los incrédulos, y la estudiaremos más adelante cuando éste sea el tema de nuestro estudio. No obstante, viene al caso mencionarla ahora, debido a que el «hades», con respecto a los incrédulos, es la «inauguración» de «ge'henna». La palabra «ge'henna», en cuanto a su concepto es correctamente traducida en el castellano por «infierno», aunque no es la palabra más correcta en cuanto a su etimología. Entonces, como traducción, la palabra «infierno» es conceptualmente correcta, pero etimológicamente equivocada. La palabra infierno viene de una raíz latina que quiere decir «bajo» o «inferior». Se menciona esto aquí, no corno una muestra de erudición, sino porque los (llamados) Testigos de Jehová suelen usar este dato para «probar que la Biblia no habla del infierno, y, entonces, -dicen ellos- no hay tal cosa como el infierno. Pero según la Biblia la realidad existe, llámese «infierno» o llámese «ge'henna». Y la realidad de «ge'henna» se empieza a experi-mentar a partir del «hades». II. UNA PALABRA NO BÍBLICA La palabra que nos ocupa en este apartado, y que nos remite a un concepto que la Biblia no enseña, es la palabra «purgatorio». Ni la palabra ni la idea están en la Biblia. A los que no tienen la confianza de una salvación completa en Cristo, esta (falsa) doctrina les trac mucho consuelo, pero un consuelo demasiado engañoso. Les hace confiar en lo que no puede ser la realidad: 40


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una oportunidad para completar la (supuesta) incompleta salvación que ofrece Cristo; la oportunidad para pagar lo que resta o lo que falta del pago que Jesús hizo por nosotros. Además, confían en que los parientes, u otros, que todavía están con vida, puedan por medio de la misa, agregar algo a los méritos de Cristo. La idea es falsa por dos razones: (1) nada se puede agregar a los méritos de Cristo, y (2) lo que se haga en la tierra, por algunos cuya propia deuda es inmensurable, no puede disminuir la deuda de otros. Estas transacciones de aquí no tienen validez allá. Un pecador que no puede pagar sus propios pecados, no puede hacer algo por los pecados de otros. El Cardenal Gibbens, en su libro la FE DE NUESTROS PADRES, dice: La Iglesia Católica enseña que, además de un lugar de tormento eterno para los impíos y otro de eterno descanso para los justos, existe en la otra vida un estado intermedio de castigo temporal, preparado para los que han muerto en pecado venial, o para quienes no han satisfecho la justicia de Dios por pecados ya perdonados. También nos enseña que, aunque las almas consignadas a este estado intermedio, comúnmente llamado «purgatorio», no pueden ayudarse a sí mismas, sí pueden ser ayudadas por los sufragios de los fieles en este mundo». El Concilio de Trento, que propagó la doctrina de la Iglesia Católica Romana, en su sesión XXV, define la doctrina oficialmente y declara que quien rechace esta doctrina sea declarado anatema. También declara que el Papa tiene especial jurisdicción sobre el purgatorio y que es prerrogativa suya, por la concesión de indulgencias, aliviar las penas de las almas del purgatorio, e incluso terminarlas. Se puede argumentar: si el Papa tiene ese poder, y si es bueno y misericordioso, él debería vaciar el «purgatorio» con una declaración de indulgencia general, y quitar grandes preocupaciones a muchos millones de católicos en todo el mundo. Esta invención ficticia va en 41


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contra de toda la enseñanza bíblica y contra el sistema de verdad, enseñado en la Biblia.

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¿POR QUÉ ES GANANCIA LA MUERTE? Lectura Bíblica: Filipenses 1:12-26

INTRODUCCIÓN

En la lección anterior empezamos a considerar el tema del esta-do intermedio. El enfoque de esa lección fue básicamente negativo, pues para enseñar la doctrina en forma positiva, es necesario distinguir, primero, las falsas concepciones del asunto. Notamos que las personas que han muerto están en un estado final «inaugurado», para distinguirlo de su estado final realizado o finalizado. Aunque los salvos están en un estado bendito, la bendición de este estado todavía no está completa. Ya están en el seno de Abraham, disfrutando de todas las bendiciones de las promesas del pacto, pero todavía les queda mucho por disfrutar, después de la resurrección y de la creación de los nuevos cielos y la nueva tierra. De la misma manera, los que mueren en sus pecados entran en su estado final, o lo encuentran inaugurado, pero aunque ya están experimentando la absoluta ausencia de Dios, todavía no experimentan todo el rigor de la sentencia que les será pronunciada en el juicio final. En la lección de hoy queremos explorar, un poco más en detalle, lo que la Biblia enseña sobre el estado intermedio.

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I. LA GANANCIA DE LA MUERTE La frase de Pablo de que «el vivir es Cristo y el morir es ganancia» no cifra su valor en su musicalidad, aunque el juego de acentos en la frase le da cierta calidad poética. Tampoco es una figura bonita que no haya de tomarse literalmente. El contexto deja sobremanera claro que Pablo hablaba con extrema sinceridad y que quería decir precisamente lo que dijo. Para Pablo, y para rodo cristiano, la muerte es ganancia. Algunos quieren evitar la obvia implicación de la enseñanza de Pablo diciendo que «la ganancia» sería la mejoría en su condición de preso. Dicen que su estado en la cárcel era tan deplorable que la muerte le era preferible. Y aunque pudiera disfrutar intelectualmente de la presencia de Cristo, aún en la celda donde estaba, la verdad es que la muerte hubiera sido mucho mejor para él. Pero una lectura de la frase de Pablo, en su contexto, no permite esta interpretación. Pablo quiere vivir; tiene un propósito para vivir. La vida tiene sentido para él; hay algo que quiere hacer. Hay metas que quiere lograr. Y aunque la muerte ^ería una ganancia, y reconoce que la muerte mejoraría su condición notablemente, quiere seguir viviendo para poder ser de utilidad a la Iglesia. La idea de servicio le atraía más que la idea de descanso. Pablo claramente afirma la ganancia, aunque no opta por ella Pablo define la ganancia en términos de «partir y estar con Cristo», lo cual es muchísimo mejor». Lo sorprendente de esto está en el hecho de que Pablo acaba de decir que para él «el vivir es Cristo», que nos da a entender que Pablo ya estaba con Cristo, y que Cristo estaba con Él. ¿Cómo, entonces, puede hablar de partir para estar con Cristo? Parece obvio que tenemos que pensar en distintos grados de «estar con Cristo». Aquí también tenemos el «ya» y el «todavía no». Aunque Pablo ya estaba con Cristo, todavía no estaba con Cristo en el sentido más pleno. La ganancia de la muerte, entonces, radica en esta nueva comunión con Cristo. 44


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II. LA CONCIENCIA AGUDIZADA Si la ganancia de que habla Pablo es la intensificada experiencia de la comunión con Cristo, la vida consciente del creyente está implícita en la ganancia. La comunión no es solamente una situación objetiva, sino también una experiencia subjetiva. La comunión es, en sí, una experiencia consciente y no solamente una yuxtaposición de personas. La insistencia de la Biblia en la comunión con Cristo, continuada e intensificada después de la muerte, hace imposible pensar en algo diferente de una existencia consciente después de la muerte. Sin embargo, hay pensadores que afirman que el alma (la persona) humana duerme desde el momento de su muerte hasta la resurrección. Los más conocidos de los que así enseñan son los (llamados) «Testigos de Jehová». Pero no son originales en su herejía: desde el tiempo de la iglesia primitiva ha habido grupos que enseñaban semejante concepto. Juan Calvino, en plena época de la Reforma (cuando se pensaría que había opiniones más importantes que discutir), escribió un tratado sobre el asunto. El libro que escribió Calvino lleva por título «Psychopannychia» (Sueño del alma), y lo escribió porque era necesario para defender la fe de los fieles. Hoy día tenemos que hablar del asunto por la exagerada actividad de los «Testigos de Jehová». Ahora bien, ¿cuáles son los argumentos que usan para propagar su doctrina? ¿De dónde sacan esta idea? En primer lugar, tenemos que notar que la Biblia, con mucha frecuencia, usa la palabra «dormir» como un eufemismo de la muerte. Se halla la frase que Jacob iba a «dormir con sus padres» (Génesis 47:30). Dios dijo a Moisés que iba a «dormir con sus padres» (Deuteronomio 31:16, cf. 2a Samuel 7:12). Esteban cuando fue apedreado, pronunció un magnífico discurso, «y habiendo dicho esto durmió» (Hechos 7:60). El apóstol Pablo en su carta a los Tesalonicenses, habla de «los que duermen en el Señor» (1 Tesalonisenses 4:14,15), que luego son «los muertos en Cristo» 45


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(v. 16). Vemos claramente que «dormir» es un eufemismo por «morir». Los proponentes de esta herejía emplean estos textos, tuera de su contexto para confundir a los incautos. También basan sus argumentos en una forma de la razón humana. Dicen, por ejemplo, que la consciencia depende de los sentidos y de las impresiones sensoriales para que estemos conscientes, y que, debido a que los sentidos no funcionan después de la muerte, ni tenemos impresiones sensoriales en la tumba, no puede haber consciencia después de la muerte. Más bien -alegan ellos- el alma duerme. Pero estos fabricantes de doctrinas falsas se olvidan de los ángeles y de Dios mismo, pues ni Dios ni los ángeles tienen sentidos físicos ni impresiones sensoriales, pero ¿quién querría afirmar que ni Dios ni los ángeles son conscientes? El alma, que es espíritu, puede compartir con Dios la capacidad de recordar, de pensar, y de darse cuenta, sin el aparato físico. También hay otro argumento que algunos esgrimen en favor de la idea de que el alma al morir, duerme. El argumento va de esta manera: «Las personas que han muerto y que después resucitaron, como por ejemplo: Lázaro, el hijo de la viuda de Sarepta, la hija de Jairo, las muchas personas que resucitaron cuando Jesús fue crucificado, Dorcas y otras, no han dicho nada de su experiencia de estar muertas». El hecho de que no hayan dicho nada, según el razonamiento de los adeptos de esta idea, se debe a que no oyeron ni vieron nada. Y esto es prueba -según dicen- que estuvieron inconscientes o dormidos. Me parece casi irreverente contestar a este argumento, pero el hecho de que exista y se ha empleado, hace necesario que respondamos. - En primer lugar, no hay prueba de que las personas que resucitaron no hablaran de su experiencia. No sabemos si hablaron o no. Es muy posible que hablaran, aunque nosotros no sepamos de ello. El hecho de que no sepamos solamente confirma nuestra ignorancia, pero no prueba nada definitivo. En segundo lugar, no se puede afirmar 46


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que les fuera permitido hablar o que les fuera posible hablar de su experiencia, (cf. 2a Corintios 14:2-4). III. TEXTOS BÍBLICOS CUYA CORRECTA INTERPRETACIÓN REQUIERE LA IDEA DE LA CONSCIENCIA PLENA DESPUÉS DE LA MUERTE El Salmo 16:11 dice que en la presencia de Dios hay plenitud de gozo para siempre. El gozo es una experiencia consciente; es imposible pensarlo de otra manera. En Salmo 17:15, el salmista dice que contemplará el rostro de Dios y quedará satisfecho «cuando despierte» a la semejanza de Dios. La experiencia que se espera es, seguramente consciente. Aquéllos que se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob (Mateo 8:11) estarán conscientes y disfrutarán de esta bendición en plenas facultades mentales. Ya hemos hablado de la parábola del rico y Lázaro. Los dos, según la enseñanza de Jesús, estuvieron conscientes (Lucas 16). Cuando Jesús ora por los suyos, en Juan 17, habla de una comunión, pues pide que «ellos estén conmigo» (v. 24), a fin de que vean la gloria que el Padre le ha dado. Este no es un estado de sueño o de inconsciencia. Pablo escribe a los Corintios (2a Corintios 5:8) y dice que estar ausente del cuerpo es estar presente con el Señor. No es posible pensar en esta presencia como un estado de inconsciencia. El texto que mencionamos antes (Filipenses 1:21 -23) sirve de prueba también. El autor de la carta a los Hebreos habla de una congregación de los primogénitos. ¿Hemos de pensar en todos estos primogénitos como dormidos o inconscientes? 47


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Dentro de los muchos textos que se pueden usar en el libro de Apocalipsis, las palabras de 6:10 no admiten ninguna idea de que los que esperan la resurrección están dormidos o inconscientes. También sirven (mientras esperan) ante el trono, en el templo, día y noche (7:15). La escena es más bien de vigilancia y de estar alerta, como también lo es el estado de los que viven y reman con Cristo. (20:4). Tenemos que concluir que el estado intermedio de los creyentes es un estado bendito, de comunión con el Señor, en plena consciencia, de consciencia intensificada.

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LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE Y EL ESTADO FINAL Lectura Bíblica: Juan 5:19-29, 1a Corintios 15:20-25,35-54

INTRODUCCIÓN Debido a que hemos decidido tratar los temas de la escatología bajo las divisiones de escatología general y escatología individual, y porque decidimos tratar primero los temas de la escatología individual, nuestras consideraciones de estos temas no están en el orden de su realización cronológica. Por ejemplo, hoy trataremos de la resurrección del cuerpo y del estado final de las personas humanas, aunque no hemos hablado todavía de la segunda venida de Jesús, ni tampoco del juicio final, aunque todos estos acontecimientos, en su realización histórica, preceden el estado final. La razón para esto es que nuestro criterio no es el orden de los acontecimientos, sino la manera en que los experimentamos. Si los experimentamos individualmente, uno por uno, son de la escatología individual, pero si los experimentamos en grupo, con toda la humanidad a la vez, entonces son de la escatología general. La muerte, por ejemplo, es experimentada uno por uno; cada uno muere individualmente. Por otro lado, todo el mundo experimentará la segunda venida de Jesús como un evento cósmico. Y todos, creyentes e incrédulos la experimentarán a la vez, como grupo. Algunos acontecimientos son difíciles de situar. La resurrección de la carne es un ejemplo. Se la puede considerar bajo cualquiera de 49


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las dos clasificaciones del tema. Es algo así corno colocar un mueble; no es difícil distinguir la sala del comedor, pero algunos muebles pueden colocarse en uno u otro lugar con toda propiedad. Los temas de la resurrección de la carne y el estado final son temas de este tipo; podemos colocarlos en una u otra división. Hemos decidido hablar de ellos en la escatología individual para dar énfasis al aspecto personal de estos acontecimientos. I. La resurrección de la carne La doctrina de la resurrección de la carne (entiéndase «cuerpo humano») es una afirmación del Credo de los Apóstoles, pero para nuestro estudio de hoy, esta doctrina es la precondición para hablar del estado final del ser humano, pues la resurrección del cuerpo es anterior a su estado final. No podemos hablar de su estado final si no hablamos primero de si la persona humana ha de entrar en este estado con su cuerpo o sin él. El estado final será muy diferente en un caso o en el otro. Si la resurrección del cuerpo es algo en que debemos creer por ser enseñanza bíblica, entonces no podemos pensar en la vida eterna como de un espíritu que existe (según pensaban los filósofos) sin la cárcel del cuerpo. No podemos pensar en la vida eterna como una liberación de la carne, si hemos de vivir la vida eterna con el cuerpo. El pasaje bíblico que está indicado como lectura para esta lección viene al caso. Jesús, en Juan 5:1-18, responde a los judíos que le acusaban de profanar el día de reposo. Ya no se atrevían a mencionar el hecho de que Jesús curaba en el día de reposo, pero le acusaron de haber dado órdenes de hacer algo prohibido en el día de reposo (w.8-12). La respuesta de Jesús fue que su Padre trabajaba y él también (v.17). Los judíos se enojaron aún más (v.18) porque, además de profanar el día de reposo, se había hecho igual a Dios. Para los judíos este era un crimen digno de castigo de muerte, y procuraban matarle. Jesús 50


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dirige la palabra a los judíos en esta situación. Su argumento va como sigue: 1. Lo que hace Jesús es cumplir con la voluntad del Padre; hay una concordancia perfecta entre lo que hace el Padre y lo que hace el Hijo. 2. Jesús, cumpliendo con la voluntad del Padre, hará cosas más maravillosas que curar enfermos. 3. Es la voluntad del Padre levantar muertos y darles vida, y el Hijo por eso, también lo hará. 4. La resurrección de que se habla tiene que ver con el juicio final, que ha sido entregado al Hijo. 5. Los que han oído y han creído en la palabra de Jesús ya tienen la vida eterna, ya han pasado de muerte a vida. 6. Vendrá un tiempo en que todos—los que tienen la vida eterna y los que no la tienen—aunque estén en las tumbas, en los sepulcros, oirán la voz del Señor y resucitarán. 7. La resurrección tiene doble aspecto: para vida y para muerte. La resurrección del cuerpo no es necesariamente resurrección para vida. 8. La resurrección de que se habla aquí es posterior, para el creyente, al don de recibir la vida eterna. 9. La resurrección, para el creyente, está en función de su vida eterna; la del incrédulo, en función de su justa condenación. 10. La resurrección será efectuada por el poder que el Padre concedió al Hijo. Pablo habla de la resurrección en términos de la semilla que «muere», y luego de la semilla «muerta» sale lo nuevo. También dice que los que estén vivos al momento de la segunda venida de Jesús serán transformados (1a Corintios 15:35-52). Podemos concluir de todo esto que el cuerpo resucitado será el mismo pero diferente, de la manera que el nuevo trigo es el mismo pero diferente de la semilla sembrada. También podemos notar que el cuerpo resucitado de Jesús era el mismo pero diferente: tenía aspectos de libertad que normalmente solamente asociamos con el espíritu de no estar limitado por 51


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paredes y espacio, por ejemplo—pero fue reconocido y comió pescado. II. EL ESTADO FINAL El estado final para la humanidad, como ya hemos notado, es doble, o es vida, en todo el sentido de la palabra, o es muerte, también en toda la extensión de la palabra. Es existir en el estado de justificación o de condenación. Se existe en el «cielo» (paraíso), o en el infierno (ge'henna). La Biblia no nos da una descripción de ninguno de los dos lugares, pero nos da ciertas pautas, sugerencias para estimular nuestra imaginación y animarnos en la vida cristiana. La palabra «ge'henna» es griega, pero viene del hebreo «Hinnom», un valle al lado de Jerusalén donde en la antigüedad se practicaban las peores formas de idolatría, sobre todo la de quemar los hijos a Moloc (ver Levítico 18:21; 20:1-5; Jeremías 7:31; 19:2,6; 32:35) pero que, en el tiempo de Jesús era el tiradero de basura de Jerusalén. Ahí quemaban la basura y el fuego nunca se apagaba; ahí también las moscas ponían sus huevos y el gusano nunca se moría. Si juntamos los dos conceptos—la abominable idolatría y el tiradero de basura— nos es fácil entender cómo la palabra ge'henna puede estimular la imaginación en cuanto al lugar de condenación. La palabra «paraíso» o «paraíso de Dios» también estimula la imaginación, pero en otro sentido. Además, las muchas descripciones en las profecías del estado bendito del creyente, estimulan la imaginación para poder pensar en el estado permanente del creyente.

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EL PARAÍSO: LA NUEVA TIERRA Lectura Bíblica: Romanos 4:13-25

INTRODUCCIÓN

En la lección anterior iniciamos nuestro estudio del estado final del ser humano. Notamos que el estado final transcurre en el ge'henna o en el paraíso. Estos dos términos no son meramente nombres de los lugares, sino que son vocablos puestos para caracterizar los lugares a donde van a pasar la eternidad los seres humanos, o en uno o en el otro. Tienen que ser lugares concretos porque la Biblia enseña la resurrección del cuerpo, y el cuerpo ocupa lugar. Notamos también, en la lección anterior, que el Nuevo Testamento enseña claramente la resurrección del cuerpo, especialmente en las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo y en las del gran apóstol Pablo. Hacemos uso de las palabras de ellos dos porque su enseñanza es tan clara. Pero la doctrina de la resurrección está en toda la Biblia. Se podría preguntar si esta doctrina—la de la resurrección del cuerpo— es algo distintivo del Nuevo Testamento o de las enseñanzas de Jesús, y si antes de Jesús esta doctrina de la resurrección del cuerpo no se enseñaba con tanta claridad. Por lo menos, había una secta de los Judíos en el tiempo de Jesús—los Saduceos— que no creían en la resurrección. ¿Será que el Antiguo Testamento no habla claro sobre el asunto? La verdad es que el Antiguo Testamento habla bastante claro sobre la resurrección si se está dispuesto a oír la enseñanza de esta parte de la Biblia. Algunos de los textos que se pueden 53


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citar para mostrar que esta doctrina se enseña en el AT son los siguientes: Job 19:25-27, Salmo 16:8-11, 71:20, Isaías 25:8; 26:19, Daniel 12:2, Oseas 13:14. El autor de la epístola a los Hebreos afirma que Abraham creía en la resurrección de la carne (Hebreos 11:17-19) haciendo referencia a Génesis 22:513. La implicación de estas enseñanzas es clara: si hemos de pensar en el lugar donde el ser humano estará en su estado final, tenemos que pensar entonces en un lugar donde estará con todo y cuerpo. I. EL PARAÍSO: LA TIERRA NUEVA Es importante pensar en el paraíso en términos de la nueva tierra para poder captar la enseñanza bíblica sobre el asunto. Es cierto e indudable que el creyente va (sin escalas) al cielo, la «mera presencia de Dios» y pasa su estado intermedio en la presencia de Cristo. Es cierto también que el estado intermedio es el estado final inaugurado, pero no debemos confundir el estado intermedio con el estado final; el estado final muestra algunas importantes diferencias. La nueva tierra, la nueva creación que Dios realizará después del juicio final, es donde el creyente vivirá para siempre, con cuerpo y alma, para la gloria de Dios y su eterna felicidad. En esa nueva tierra debemos esperar pasar la eternidad, donde disfrutaremos sus bellezas, exploraremos sus recursos, y emplearemos sus tesoros como medio de alabanza y servicio. Si pensamos en el hecho de que nuestro divino Redentor también hará su morada allá y la presencia de Dios será palpable en cada rincón, esto hará que sigamos estando en el cielo cuando estemos en la nueva tierra. El cielo y la tierra no estarán separados, como lo están ahora, sino serán un solo universo, un verdadero UNI-verso. El estado intermedio no pierde nada de lo bendito, sino que se abre en algo mejor y más grandioso. La realización de la nueva vida en Cristo en su 54


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forma más completa, en cuerpo y alma, es lo que esperamos en la nueva creación. Esta enseñanza bíblica pone en la perspectiva correcta lo grandioso del plan redentor de Dios. Desde Génesis sabemos que toda la creación es de Dios, y desde Génesis sabemos que la redención está prometida. La obra del Salvador, la obra de la redención, no es menos que redimir la totalidad de la creación de los efectos del pecado. Este propósito se cumple en la nueva tierra, el paraíso de Dios. Solamente la doctrina de la nueva tierra pone las dimensiones cósmicas al plan redentor. Solemos ser muy egoístas y pensamos en la obra redentora de Cristo solamente en términos de nosotros mismos. La obra de Cristo no fue solamente la de salvar a ciertas personas, y nada más, ni aun la de salvar una multitud de personas, ni tampoco la de salvar una institución comprada con su sangre, sino también la de restaurar todas las cosas, culminando en la nueva tierra y el nuevo cielo. Las promesas hechas a Abraham han de cumplirse. Y se cumplirán en la verdadera descendencia de Abraham. Aquí entramos en un punto muy controvertido. Muchos creen que la descendencia de Abraham es la raza judía, y solamente los de esta raza. Las promesas, entonces, según ellos, han de cumplirse en Israel según la carne. Afirman que las promesas se cumplirán literalmente durante el tiempo del supuesto milenio. Afirmamos con ellos que las promesas han de cumplirse literalmente, pero no en el milenio, sino en la nueva tierra (aunque la idea de «literal» es muy poco precisa). La razón para afirmar esto es porque la Biblia dice que los herederos de Abraham son el Israel espiritual. En Génesis 17:8, Dios dice: «Y te daré a ti, y tu descendencia después de ti...en heredad perpetua...». Hay que notar que la promesa no es solamente para la descendencia de Abraham, sino para Abraham también. Abraham mismo no poseyó ni un metro cuadrado de la tierra—con la excepción de la cueva de Macpela que compró como tumba para Saraí (Hechos 7:5)—sin 55


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embargo, la promesa se cumplirá también para él. En Romanos 4:13-18 vemos que la descendencia de Abraham es más amplia que solo la raza judía. Pablo, en la misma carta a los Romanos (9:3-8, 24-26), dice que la promesa es para los gentiles también. Lo que dice Pablo a los Calatas (3:6-14) y a los Efesios (1-13-14) también viene al caso. Podemos concluir que los herederos de las promesas de Abraham son el verdadero Israel, el «espiritual», los verdaderos hijos de la promesa. Además, la nueva tierra y los nuevos ciclos de Isaías 65 no son diferentes de los cielos nuevos y la tierra nueva de Apocalipsis 21. No habrá dos nuevas creaciones, una para los judíos y otra para los cristianos, sino una sola para todo el pueblo de Dios. Jesús, de la misma manera, afirmaba que los gentiles iban a estar en el mismo lugar con Abraham, Isaac y Jacob (Mateo 8:11 y Lucas 13:28-29). Lejos de ser promesas para un Israel físico y para un corto tiempo de solamente un mil años, las promesas son para todo el pueblo cíe Dios y para toda la eternidad, y se cumplirán en la nueva tierra. II. GE'HENNA: EL LUGAR DE CASTIGO Ya hemos visto, en una lección anterior, que la palabra «ge'henna» viene del hebreo «Hinnom» y se refiere a un valle donde los Hijos de Israel quemaban sus hijos a Moloch, la más extrema de las abominaciones que los Hijos de Israel practicaban. Más tarde el valle llegó a ser el tiradero de basura de la ciudad de Jerusalén, con el fuego, humo, moscas y gusanos característicos de tales lugares. La palabra llegó a ser el símbolo del infierno, el lugar de eterno castigo. Es un lugar de remordimiento, la aguda conciencia de la separa¬ción de Dios y de todo lo bueno; un lugar con toda la miseria y el dolor que se puede imaginar, producidos por el ser humano mis¬mo, en cuerpo y alma. Pero no sabemos cuales serán los castigos especiales que Dios mismo infligirá. 56 56


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LA ESCATOLOGÍA GENERAL Lectura Bíblica: Calatas 3:6-18; Efesios 2:11-16; 1ª Pedro 2:910

INTRODUCCIÓN Muchos estudios van de lo general a lo particular. Nuestro estudio de la escatología procede al revés. Empezamos con lo particular (la escatología individual) y ahora procedemos a lo general a la escatología general. La razón es que la escatología general es el estudio de los temas que tratan de lo que la humanidad experimenta en grupo, todos juntos, en común, mientras la escatología individual estudia lo que todos experimentamos uno por uno, y no como grupo. La muerte y la resurrección son ejemplos de la escatología individual, y la segunda venida de Cristo es ejemplo de la escatología general. Ninguno de los temas es más fácil que el otro, ni más elemental, ni necesariamente primero en el orden de estudio, solamente tiene que ver con la manera de experimentar lo que se estudia. Hoy iniciamos nuestro estudio de la escatología general. Tenemos que considerar los eventos cósmicos que tienen que ver con la finalización de la época y con la estructura de la historia en que estos eventos ocurren. La escatología, en este sentido, es una filosofía de la historia o, por lo menos, tiene que ver con una filosofía cristiana de la historia. Lo que estudiamos ahora tiene que ver con toda la humanidad, con cada persona, precisamente porque tiene que ver con la historia misma y el porvenir de todo el cosmos. 57


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I. LA ESTRUCTURA BÍBLICA DE LA HISTORIA La historia bíblica se divide en dos: antes de Cristo y después de Cristo. Esta verdad parece tan obvia que casi no vale la pena mencionarla, pero la verdad es que no hay acuerdo general entre los pensadores sobre esto. Los pensadores que no son cristianos, los que no creen en Cristo, por supuesto, no ven su transcendente importancia, ni lo ponen como la clave ni el sentido de la historia. No conceden esta importancia a Cristo, ni están de acuerdo con esta interpretación de la historia. Pues, a fin de cuentas, confesar que Jesús es el Cristo, el prometido Mesías, es obligarse a una muy particular interpretación de la historia. Los cristianos siempre tendremos otra interpretación de la historia, porque la tenemos que interpretar «cristológicamente». Sin embargo, por raro que parezca, los cristianos evangélicos no están de acuerdo con la afirmación de que la Biblia divide la historia en dos. Algunos, por ejemplo, los que aceptan las notas de la Biblia anotada por Scofield, dividen la historia en siete (o más) partes. Llaman a las divisiones que piensan encontrar en la historia «dispensaciones». (Derivan su uso de este término de una mala interpretación de Efesios 1:10, pues la palabra «dispensación» traduce la palabra «economía» del griego, que aquí se emplea en el sentido de «administración». La misma palabra puede traducirse como «mayordomía».) En la nota al pie de la página donde se encuentra este versículo se lee la siguiente frase: «Esta dispensación,... es la séptima y última de las edades divinamente ordenadas que condicionan la vida humana sobre la tierra...». En la nota que corresponde a Génesis 1:28 leemos: «Dispensación, en el sentido teológico que recibe aquí este término es un período durante el cual el hombre es puesto a prueba con referencia a cierta revelación específica de la voluntad de Dios. Hay siete dispensaciones en las Escrituras». Luego se refiere a la nota #2, donde se habla en más detalle sobre las supuestas «dispensaciones». 58


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(Los lectores que tengan su Biblia anotada por Scofield pueden confirmar estas citas y leer más sobre el asunto.) El hecho de que la Biblia divide la historia en dos afecta nuestra lectura de las Escrituras. Entendemos lo que leemos de acuerdo con los supuestos que tenemos al leer el texto sagrado. Si pensamos que la historia tiene siete épocas divinamente arregladas o si solamente tiene dos, este hecho hace necesario que demos otra interpretación a los datos bíblicos. Por ejemplo, Pedro, en su sermón en Pentecostés, interpreta una profecía de Joel en el contexto de dos divisiones de la historia (Hechos 2:14-36, Joel 2:28-32) y anuncia que ya estamos en los «postreros» días, puesto que la venida del Espíritu Santo es señal y prueba de ello. Joel vivió en los días «anteriores», pero hablaba de los días «postreros». El cumplimiento de la profecía, según Pedro, es prueba de que los postreros días ya habían llegado. Los primeros versículos de la carta a los Hebreos hacen referencia a los tiempos también. Encontramos también dos tiempos: los «días postreros» y «otro tiempo». La característica más notable de la época denominada «los postreros días» es que en esta época Dios habla por medio de su Hijo, mientras que en la época anterior Dios habló «muchas veces y de muchas maneras». El autor de esta carta da por sentado que la división en dos épocas es la estructura básica de la historia. Pablo, en Gálatas 4:4, llama a la última época el «cumplimiento de los tiempos» y pone el nacimiento del Hijo de Dios como la señal que marca su inicio. Es el evento «crístico» (por así decirlo) que da el sentido a toda la historia en el pensamiento de Pablo. Puede haber etapas en cada una de las dos divisiones, pero las unidades son «antes» de Cristo y «después» de Cristo. La primera es la época de la promesa y la segunda la de su cumplimiento. 59


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El Antiguo Testamento, aunque no en forma tan clara, parece anticipar el mismo esquema de «posterior» y «anterior». En Génesis 49:9-10, por ejemplo, vemos dos tiempos: antes de Shiloh y después de él (Shiloh = Enviado, cf. Juan 7:9). Oseas 3:5 habla de un tiempo cuando el Pueblo de Dios buscará a su Rey David (o sea, al Mesías, porque el Rey David ya tenía siglos de muerto) como «el fin de los días». Miqueas 4:1-4 e Isaías 2:1-4 presuponen la misma estructura de la historia. Jeremías 23:20 y 30:24 hacen referencia también al tiempo del Mesías como el «tiempo postrero» o el «fin de los días» (el Hebreo «acherith» se traduce de las dos maneras). Este tiempo es el tiempo de esperanza (Jeremías 31:17). Daniel también parece concebir la historia en las dos divisiones (Daniel 10:14). En general podemos decir que la estructura bíblica de la historia es la de dos tiempos: «lo anterior» y «lo posterior». Todo nuestro pensamiento escatológico debe realizarse dentro de estos parámetros. Presentamos el siguiente esquema que adaptamos del libro de Geehardus Vos: The Pauline Eschatology. Y entonces

La venida

2ª Venida Número total de los gentiles

Todo Israel

La venida

2ª Venida Número total de los gentiles Y de este modo todo Israel se salvará 60


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II. LA UNIDAD ESENCIAL DE LOS DOS TESTAMENTOS Si afirmamos que la historia se divide, según la Biblia, en dos grandes divisiones, el hecho de que se divida en dos implica una unidad esencial que subyace en las divisiones. Ya hemos aludido al hecho de que la unidad tiene que ver con las promesas y su cumplimiento. Y cuando se habla de promesa y de su cumplimiento la unidad subyacente es más que implícita, es la precondición de la división. Parece como paradoja, pero es cierto que, muchas veces, lo que divide también es punto de contacto y de relación. La frontera entre dos países, por ejemplo, divide a las dos naciones pero también las conecta. El evento «Crístico» divide los dos Testamentos pero también los une. Después de afirmar que la Biblia divide la historia en dos partes, ahora tenemos que afirmar que es una sola historia que se divide en dos partes. Y, además, esta es la base sobre la cual tenemos que construir lo que resta de nuestra esca-tología. Por ello, aunque lo que afirmamos parezca demasiado obvio, o de poca importancia, tenemos que tenerlo bien claro. Los dos testamentos dan testimonio de un solo Salvador y una sola salvación. Nunca ha habido una salvación por obras o por algún otro medio que no fuera el sacrificio vicario de Jesucristo, el Hijo de Dios. Jesucristo mismo hizo hincapié en el punto. Dijo (Juan 5:39): «Escudriñad las Escrituras;... ellas son las que dan testimonio de mi.» Jesús retaba a los fariseos, estudiosos de la Biblia, exhortándoles a estudiar las Escrituras porque bien sabían que las mismas Escrituras proporcionaban la vida eterna. Estas mismas Escrituras, de las cuales los mismos Fariseos eran estudiosos, dijo Jesús, daban testimonio de él. Las Escrituras de que Jesús hablaba eran las del Antiguo Testamento, el mismo Antiguo Testamento que tenemos nosotros, y este Testamento da testimonio de Jesús el Cristo. Los dos Testamentos están unidos por este testimonio. 61


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Los dos Testamentos, y con ellos toda la historia, están unidos también en que hay un solo Pueblo de Dios en toda la historia. El pueblo de Dios es la Iglesia desde el Antiguo Testamento, y hay una sola Iglesia en que todos los creyentes de los dos Testamentos, nos sentamos con Abraham Isaac y Jacob, para formar un solo Pueblo de Dios, que es la novia de Cristo, la esposa de Dios, en los dos Testamentos. Ella es la única Iglesia que Cristo compró con su sangre y que es su cuerpo. Pedro, en su primera carta, aplica a la Iglesia lo que era una profecía para Israel en el Antiguo Testamento (Éxodo 19:5-6) haciendo que los dos pueblos sean un solo pueblo, la Iglesia. Cualquier escatología, entonces, que distinga falsamente entre Israel y la Iglesia no será una escatología bíblica. Una escatología que encuentre dos pueblos de Dios no concuerda con la revelación divina ni con el plan de Dios revelado en ella. La revelación de Dios también es singular. Hay una sola revelación progresiva que culmina en Cristo Jesús. Lejos de haber una contradicción en sus partes hay una concordancia progresiva en que cada parte agrega a lo anterior, lo interpreta y lo completa. No hay una revelación para los judíos y otra para los cristianos, haciendo que (como algunos dicen) el «Sermón del Monte» y el «Padre Nuestro» sean para los judíos y no para la Iglesia. Ya hemos visto que las Escrituras dan testimonio del Cristo. Cristo también da testimonio de las Escrituras que son una sola revelación de Dios, comunicando el mismo mensaje en todas sus partes. Estos tres puntos, claramente enseñados en la Biblia, son nuestro punto de arranque para una escatología bíblica. Cuando estudiemos las siguientes lecciones debemos tenerlos en mente, pues en lo que hemos de estudiar hay mucha controversia.

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LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO Lectura Bíblica: Mateo 25:31, Marcos 8:38; 13:26 Lucas 9: 26; 21:27

INTRODUCCIÓN La segunda venida de Cristo es, sin duda, el acontecimiento escatológico que más nos llama la atención. Y si recordamos que la segunda venida no es un acontecimiento sencillo sino que involucra otros acontecimientos como por ejemplo, el juicio final, la importancia de este acontecimiento se ve aumentada. La segunda venida de nuestro Señor es el núcleo alrededor del cual agrupamos otras enseñanzas, distintas, pero relacionadas con la segunda venida. La lección de hoy es el inicio en el estudio de la segunda venida de nuestro Redentor. I. LA HISTORICIDAD DE LA SEGUNDA VENIDA Tenemos que iniciar esta lección con una afirmación. Afirmamos categóricamente que Jesús viene de nuevo. Viene al final de la historia humana, pero todavía dentro de nuestra historia. No será un evento «suprahistórico» que no afecte a nuestra historia, sino será tan real y tan metido en el decurso de la vida humana como la primera venida. El lugar de este acontecimiento es el planeta en que vivimos, y habrá gente que viva en el mundo cuando venga (quizá nosotros mismos) para recibirlo y para participar en el evento mismo. (¿No sería placentero para nosotros poderle mostrar hasta dónde hayamos llegado en su servicio, si acaso Jesús llegara en estos días?). 63


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Jesús mismo anunció su segunda venida. Habló en varias ocasiones, de «cuando el Hijo del Hombre viene en su gloria» (Mateo 25:31, Marcos 8:38; 13:26, Lucas 9:26; 21:27, etc.) En Juan 14:3 encontramos el anuncio en forma de promesa: «Vendré otra vez». La segunda venida era tema importante en el evangelio que Jesús predicaba (y no debe ser tema de menos importancia en el evangelio que nosotros predicamos). Solamente por la autoridad de Jesús ya tenemos suficiente base para afirmar, sin lugar a dudas, la historicidad de la segunda venida. El que niegue esta doctrina va en contra de las enseñanzas del Hijo de Dios. Los Apóstoles también anunciaban la segunda venida de Jesús. En la predicación preservada para nosotros en el libro de los Hechos de los Apóstoles, hallamos que la segunda venida de Jesús era tema importante en el evangelio que predicaban los Apóstoles. En su predicación, el aspecto del juicio final, en relación con la segunda venida, recibió el énfasis, y no el hecho mismo de la venida. Pablo, que pastoreaba medio mundo por correspondencia, es el que más ha hecho para desarrollar la doctrina de la segunda venida. Es el tema principal de dos de sus cartas (1a y 2a Tesalonicenses) e importante en muchas otras. Pedro, de la misma manera, en sus dos cartas hace referencia a la segunda venida de Jesús (1a Pedro 5:4; 2a Pedro 3:4-18). Juan, en sus cartas, como en su evangelio, menciona la segunda venida o alude a ella. No cabe duda: La Palabra de Dios nos da base para afirmar la doctrina de la segunda venida de Cristo y hace de esta doctrina parte esencial del evangelio. El que no cree en la segunda venida de Jesús cree en otro evangelio, y no en el evangelio de Cristo. Y otro evangelio, según Pablo (en Calatas 1), no es evangelio, pues no es buena noticia. La segunda venida de Cristo es buena noticia para los que esperan su venida.

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II. LA SINGULARIDAD DE LA SEGUNDA VENIDA Empleamos aquí la palabra «singularidad» en sus dos sentidos. Es un acontecimiento de cual no hay otro igual; es singular en el sentido en que los grandes próceres son singulares, y en el sentido en que Jesucristo es singular. La segunda venida no puede compararse con ningún otro evento en toda la historia del mundo. Tampoco es repetible. Es una vez y solamente una vez. Es singular también en el sentido de que es un solo acontecimiento. Decimos esto en relación con aquellos que dicen que la segunda venida es una serie de acontecimientos. Es cierto que habrá otros acontecimientos asociados con ella, por ejemplo, como ya hemos mencionado, el juicio final. Pero no debemos confundir estos «eventos asociados» con la segunda venida misma de Jesús. Aquellos que afirman una actividad múltiple en relación con la segunda venida no se refieren a los eventos asociados tampoco. Más bien afirman que la segunda venida misma de Jesús se realiza como una serie de actividades, o una cadena de eventos. Afirman que la segunda venida está dividida en etapas y que es, por lo menos, doble. Dicen que Jesús vendrá por lo menos dos veces: una vez POR sus santos y otra vez CON sus santos. Al igual que otros errores en la interpretación de la Biblia, este también tiene su origen en La Biblia anotada por Scofíeld. Según estas notas (y afirmado por los que confían en ellas), la primera etapa — o lo que podemos llamar la «primera venida y media»— se relaciona con lo que ellos llaman el «arrebato» o el «rapto». Los dos inventos de ellos van juntos, la primera etapa y el «rapto». En esta ocasión Cristo no descenderá por completo a la tierra, sino que quedándose fuera de la atmósfera de la tierra, recogerá a los creyentes para sí mismo, dejando al mundo sin creyentes y sin pueblo de Dios. (El asunto del supuesto «rapto» o «arrebatamiento» será tema de una lección futura.) La Iglesia, que para los que abogan por esta idea, es solamente el conjunto de los creyentes que vivan en este 65


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momento, es llevada al cielo para celebrar las bodas del Cordero por siete años. Durante estos siete años, mientras la totalidad de los creyentes está en el cielo, pasa una serie de acontecimientos en la tierra que, según este esquema de pensamiento, incluyen los siguientes sucesos: 1. La tribulación, la última parte de la cual se llama la «gran tribulación». 2. El Anticristo comienza su cruel reino en el cual será adorado como Dios. 3. Juicios indescriptiblemente horribles caerán sobre la parte de la Iglesia que, por no ser creyente quedará sobre la tierra. 4. Un número de Israelitas escogidos serán salvos junto con un gran número de gentiles. 5. Los reyes de la tierra, al servicio de la bestia y junto con sus ejércitos, se unirán con el falso profeta para atacar al pueblo de Dios. 6. Cristo, junto con la Iglesia que con él está, volverá en gloria y luchará con el pueblo que está en la tierra contra los enemigos, en la batalla de Armagedón, en la cual será victorioso. 7. Cristo establecerá su trono en Jerusalén terminada la época de siete años e iniciado el milenio. Vemos entonces que, según este esquema, la segunda venida es una serie de acontecimientos, separado el primero de ellos, del último, por siete años. El intento de justificar la idea de las múltiples «venidas» hace uso de las tres palabras griegas que se emplean en el Nuevo Testamento para hablar de la segunda venida de Cristo. Las palabras son (1) parousía, que literalmente quiere decir «presencia», (2) apokalypsis, que literalmente quiere decir «revelación» o «ma¬nifestación», y (3) epifanía, que literalmente quiere decir «aparición». Aplican cada una de las palabras a los distintos aspectos, o momentos, de la serie de acontecimientos que piensan encontrar en el texto bíblico. 66


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Debemos rechazar la idea de una múltiple segunda venida de Cristo por las siguientes razones (y mencionamos solamente algunas): 1. No se pueden emplear las distintas palabras como prueba del carácter múltiple de la segunda venida de Cristo, ya que las tres palabras se emplean como sinónimos: los autores las emplean como intercambiables. Por ejemplo, la palabra parousía se emplea en 1a Tesalonisences 3:13 y 4:15 para lo que, según la teoría que vamos criticando, deben ser dos distintos acontecimientos, o sea, la venida en el momento del supuesto «rapto» y la venida de Jesús con su santos. Y, en 2a Tesalonisenses 2:8, Pablo usa la misma palabra para referirse a su victoria sobre el anticristo. Podemos hacer lo mismo con las otras palabras y mostrar que las tres palabras se refieren a un solo evento singular. 2. Los pasajes de la Biblia que hablan de la tribulación lo hacen en sentido de que la Iglesia sufriría persecución y que el tiempo será acortado por causa de los escogidos (Mateo 24:22). La persecución o tribulación es una característica de toda la época novotestamentaria y no solamente de siete años. Esta persecución, parece, será de una intensidad especial por un tiempo corto al final de la época, pero la tribulación ocurre antes de la segunda venida de Cristo. 3. Los pasajes del Nuevo Testamento que hablan del supuesto «rapto» no tiene nada que ver con una tribulación, sino hablan de la única segunda venida de Jesús, que finaliza la historia. La correcta interpretación de 1a Tesalonisences. 3:13 probablemente es que Jesús vendrá con sus santos ángeles, aunque en la misma carta (4:14) dice que Jesús traerá con él a los que durmieron en él. No necesitamos un «rapto» para aclarar el asunto.

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4. El hecho de que la Iglesia no sufrirá la ira de Dios, ya que Jesús la sufrió por ella, no quiere decir que la Iglesia no estará presente cuando el mundo sufra esta ira de Dios. Además, la Biblia enseña que Satanás persigue a la Iglesia y que Dios la refina y purifica por medio de sus sufrimientos. Los apóstoles pensaban que les era un privilegio sufrir por Cristo y su evangelio. No hay ninguna necesidad de ausentar a la Iglesia del mundo por una época, y así hacer múltiple la venida de Cristo solamente para dar cabida a un concepto muy peculiar de una «tribulación». Concluimos que no hay base alguna en la Biblia para afirmar que la segunda venida de Cristo sea múltiple. Más bien se debe pensar en la segunda venida de Cristo como única, singular y completa, aunque tenga muchos aspectos. III. LA MANERA DE LA SEGUNDA VENIDA Hay tres términos que empleamos para hablar de la manera de la segunda venida de nuestro Señor. Su venida será (1) personal, (2) visible, y (3) gloriosa. Cristo estará en persona en su venida. No mandará un mensajero por nosotros, él mismo viene. Es el mismo salvador que los discípulos vieron partir y a quien conocieron bien. Pablo, también en muchos textos, afirma que Cristo mismo viene por nosotros. Además, así lo ha prometido el Salvador mismo. «Todo ojo lo verá» dice la Biblia. La palabra epifanía recalca la idea de la visibilidad de la segunda venida. Hechos 1, que hicimos referencia arriba, también hace notable el aspecto visible de la segunda venida de Jesús. Que la segunda venida será gloriosa ¿quién lo puede dudar? Tantos textos hay que hablan de la venida de Jesús como una manifestación de su gloria que tenemos que pensar que esta 68


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especial manifestación de su gloria es uno de los propósitos de la segunda venida. La primera vez vino en humillación; esta vez viene en gloria. Pablo, en Filipenses 2:5-8, donde habla de la humillación de Cristo, está pronto para agregar las palabras de los versículos 9-11, donde habla de la gloria del mismo Salvador. La segunda venida de Jesús será notablemente gloriosa.

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SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO I Lectura Bíblica: Mateo 11:1-19; 16:1-4, Marcos 13:3-23

INTRODUCCIÓN En la lección anterior empezamos nuestro estudio de la segunda venida de Cristo. Vimos que la segunda venida es singular; Jesús viene una sola vez y no hace una serie de venidas parciales. Pero la segunda venida está relacionada con otros acontecimientos. Algunos de ellos son precursores y otros son consecuencias. En esta lección queremos estudiar aquellos acontecimientos que son precursores y que por serlo han recibido el nombre de señales. En esta lección preguntamos con los discípulos: ¿que señal habrá de tu venida? (Mateo 24:3). I. LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS Aunque el uso más común de la frase «signos de los tiempos» tiene que ver con la segunda venida de Jesús, la frase misma no se refiere siempre a la segunda venida. Tiene un segundo significado y uso más amplio. Por ejemplo, encontramos la frase en Mateo 16:3, cuando Jesús responde a los fariseos que le pedían una señal. Jesús les dice que no tiene sentido pedir señal porque no saben interpretar las señales y, además, tienen la señal de Jonás y no se les dará otra.

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Debemos estar advertidos de que de las dos palabras griegas que se emplean para decir «tiempo», crónos y kairos, es la última la que en este texto se emplea. La primera, crónos, es la raíz de nuestra palabra «cronología» y se refiere a la sucesión de tiempo. La segunda, kairos, hace referencia al tiempo propicio, o a algún período con características especiales. En la frase «el tiempo de la cosecha», por ejemplo, la palabra sería kairos. De la misma manera se emplearía esta palabra para decir «el tiempo esperado» o «ya era tiempo». También para indicar una oportunidad, como «ahora es el tiempo de comprar», la palabra indicada es la misma. Para identificar la hora, el momento la sazón, etc., kairos era la palabra que se empleaba. Jesús, entonces, acusó a los fariseos de no saber distinguir el tiempo en que vivían, que ya era el tiempo del Mesías. No podían interpretar el mensaje de los profetas para poder identificar su propia época. Las señales que debieron haber notado son las mencionadas en el capítulo 11 del mismo evangelio de Mateo cuando, en el versículo 5 Jesús dice a los discípulos de Juan lo que deben informarle: «Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio». Estas señales indican que ya es la hora. Si usamos los términos que hemos estado empleando, podemos decir que los fariseos, por descuido de las señales, no sabían que el tiempo había pasado de lo anterior a los postreros días. Su error era un error de ubicación escatológica. Solemos hacer algunas equivocaciones cuando pensamos en las señales de los tiempos. La primera de ellas es pensar en las señales como si siempre se refirieran al futuro. Algunos piensan que las señales siempre tienen que ver con la segunda venida de Cristo o con el juicio final, o a la secuencia de acontecimientos con que Dios cerrará la presente época. Es obvio que las señales que Jesús menciona en Mateo 16 no tienen referencia con ninguno de estos eventos. Más bien tiene que ver con entender el propio tiempo en que vivían los 71


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fariseos. Las señales que ellos vieron (que suponemos que son las mismas que vieron los discípulos de Juan, en Mateo 11) estuvieron en función de hacerles entender que «ya» estaban en los tiempos mesiánicos. Las señales de los tiempos tienen el propósito de hacernos entender nuestro propio tiempo. Llaman a la Iglesia a estar enterada de su tiempo y a estar siempre velando. La segunda equivocación bien difundida en nuestros días es la de pensar que las señales siempre tienen que ser sucesos anormales, ostentosos, espectaculares, o aun catastróficos. Las señales se ven como interrupciones aparatosas del curso normal de las cosas. La verdad es que las señales que los fariseos vieron, y también los discípulos de Juan, son las cosas que Jesús hacía todos los días. Eran milagros pero los que dudaban (y los incrédulos) no los vieron así. Además, la señal de Joñas fue una señal dada muchos siglos antes y deben de haber retenido esta señal en la mente. De hecho, la Biblia sugiere que las señales espectaculares están más bien asociadas con la actividad de Satanás. La venida del hombre inicuo, el hombre de pecado, se manifestará «con gran poder y señales y prodigios mentirosos» (2a Tesalonisences 2:3-9). Apocalipsis 13:13-14 también nos deja la misma sugerencia. Debemos ser precavidos en extremo, y andar con mucha precaución en la interpretación de lo que percibimos como señales, pues es fácil dejarnos engañar. En lugar de fijar la atención en catástrofes y prodigios y de interpretar movimientos de gentes y tendencias políticas, debemos emplear las pautas bíblicas para entender nuestra época. Las guerras, los terremotos, las catástrofes y los cataclismos son necesariamente las señales de los tiempos. Otra equivocación que encontramos en nuestro ambiente es la de pensar que las señales de los tiempos nos permiten fijar fechas y calendarios. Hay personas que piensan que pueden hablar de los siete años de estos y los tres y medio años de 72


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aquello y de los mil años de lo otro. También piensan que pueden exponer el programa de Dios, en cuanto al futuro, en espantoso detalle. Jesucristo insistió con sus discípulos que no era para ellos saber «los tiempos o las sazones» (Hechos 1:7). No debemos pensar que nosotros tenemos más información o que somos más privilegiados que los apóstoles. En otra ocasión, en referencia a su venida, Jesús dijo que ni los ángeles, ni el Hijo, sino solamente el Padre sabe del calendario (Mateo 24:36). No debemos esperar de las señales de los tiempos una especie de «periodismo escatológico», un reportaje sobre los eventos del porvenir. Más bien, sirven para orientarnos en la época en que vivimos, aunque es cierto que en algún grado todas las señales apuntan hacia el fin de la historia. Las señales nos exigen una vigilancia y una esperanza. II. LOS TIPOS DE SEÑALES Es bien difícil elaborar una exposición general sobre la enseñanza bíblica de las señales, y más difícil todavía, si tenemos que incluir alguna referencia a las muchas interpretaciones que se han dado para ellas. Pero en un intento de hacerlo, pues será de utilidad para nuestro entendimiento de las últimas cosas, emplearemos un esquema presentado por el Dr. Antonio Hoekema, en su libro La Biblia y el futuro. Su clasificación de las señales es como sigue: 1. Signos que muestran la gracia de Dios: a. La proclamación del evangelio a todas las naciones, b. La salvación de la «plenitud» de Israel. 2. Signos que indican oposición a Dios: a. La tribulación b. La apostasía c. El Anticristo. 3. Signos que indican el juicio divino: a. Las guerras, b. Los terremotos. c. Las hambres. 73


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Debemos notar que los signos de los tiempos revelan tanto la gracia de Dios como su juicio. Los signos también indican tanto la calidad del tiempo como manifiestan el lugar en el calendario de Dios. También podemos decir que, de acuerdo con lo que hemos estudiado hasta este punto, las señales revelan las características de toda la época, desde la primera hasta la segunda venida de Cristo. Si recordamos la profecía de Joel y su cumplimiento en el Pentecostés, podemos ver con claridad este punto. No solamente fue el Pentecostés un evento en el calendario providencial; también la presencia del Espíritu caracteriza toda la época novotestamentaria. Todas las señales se dan ya, pero en algunas de ellas ( y quizá en todas), por decirlo así, hay elementos pendientes. Todas las señales de las tres clasificaciones mencionadas arriba son una realidad en la actualidad. Y las Sub-clasificaciones también. Algunos harán excepción con el subpunto (2c) «El Anticristo», diciendo que todavía no se ha revelado. Pero lo que dice el apóstol Juan en su primera carta no nos deja pensar de esta manera. En 2:18 dice: «Mijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo». Este texto muestra bien claro cual es la función de las señales: son para que sepamos que es el último tiempo. Las señales muestran el conflicto continuo entre el Reino de Cristo y el reino de las tinieblas. Vemos en el conjunto de ellas la contraposición de fuerzas, la oposición de las fuerzas de Satanás a la extensión del evangelio y el conocimiento del Nombre de Dios. Tenemos que recordar que las señales no se dan una por una en secuencia, sino que se dan simultáneamente y todo el tiempo. Revelan continuamente la gracia y el juicio de Dios, su paciencia y su ira. Las señales indican que debemos esperar 74


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que, al final del tiempo, veremos reveladas, en su totalidad, la gracia de Dios y su ira. Las señales son una responsabilidad para nosotros. Jesús reprendió a los que en su tiempo no sabían interpretar las señales de los tiempos. Tenemos que aprender a discernirlas correctamente. Por medio de los signos Dios nos mantiene en un estado de esperanza y anticipación, y nos hace sabios para entender nuestra época. Las señales producen en nosotros una fe más viva e inteligente. Al incrédulo que no presta atención a las señales, le sirven para aumentar su condenación; al creyente le sirven para aumentar su confianza y su seguridad. Las cosas que pasan no nos sorprenden, sino más bien nos sirven de confirmación. Sabemos de las fuerzas anticristianas y sabemos que siempre están bajo control. Las señales sirven para ratificar nuestra fe en los propósitos de Dios.

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SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO II Lectura Bíblica: Marcos 13:3-23; 2a Pedro 3:1-18; 1ª Juan 2:1829, 4:1-6

INTRODUCCIÓN Seguimos hablando de las señales. En la lección pasada empezamos nuestro estudio de las señales de los tiempos. Vimos que estas señales no están en función de predecir la historia, sino de entender nuestro tiempo; aunque es posible que por medio de las señales nos podamos ubicar en el tiempo también con referencia al futuro. Sin embargo, el fin no es predecir, sino entender. Hay, sin embargo, ciertas señales que por costumbre han sido interpretadas como signos de la segunda venida de Cristo. En esta lección vamos a ver algunos de estos signos en particular, para ver si deveras anuncian de una manera profética el tiempo de la segunda venida. Nos preguntamos si será posible hacer un mapa del futuro en base a ellos. I. SEÑALES QUE MANIFIESTAN OPORTUNIDAD En general las señales marcan todo el tiempo entre las dos venidas de Jesús, o sea, nos impresionan con el hecho de que ya estamos en los postreros tiempos. Pedro, en el tercer capítulo de su segunda carta, hace énfasis sobre esto. En el versículo 9 dice que mientras Jesús no venga todavía hay oportunidad para el arrepentimiento. La predicación del evangelio a todas las naciones, la activa presentación de esta 76


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oportunidad, es una de las señales que la Biblia nos da para entender nuestro tiempo, a fin de que nos preparemos para la segunda venida de nuestro Señor. Sin embargo, no está en función de poder fijar la fecha de su venida. Tanto la universalidad del evangelio como el hecho de su extensa predicación son aspectos enfatizados en las palabras de Jesús en Mateo 24:14 y Marcos 13:10. El hecho de que el evangelio es para todas las naciones, y no solamente para una, es una parte importante del valor de esta señal. El evangelio, según las palabras de Jesús, ha de convertirse en una fuerza que debe ser tomada en cuenta por todas las naciones. La predicación del evangelio a todas las naciones es, de hecho, una de las características más sobresalientes de nuestra época. Toda la época, desde la primera venida hasta la segunda, será marcada con esta señal. Íntimamente relacionada con esta señal hallamos otra. Esta es la «plenitud de la salvación de Israel». Esta señal ha causado divisiones de opinión. Aunque nosotros dijéramos que Israel pudiera ser contado entre las naciones, esto no corresponde con los hábitos lingüísticos del mundo en el tiempo bíblico. El vocablo «naciones» siempre quería decir las «otras» naciones. Se habla de la salvación de Israel en un sentido diferente al de la predicación en general a todas las naciones. No cabe duda, las palabras de Romanos 11:25-26 hacen referencia a algo muy especial. Debemos notar que el texto que habla de esta señal se halla en la carta de Pablo a los Romanos. Este hecho es muy importante, porque en esta carta Pablo da distintas definiciones al vocablo «Israel". En el capítulo 9:4-8 de la misma carta a los Romanos, Pablo insiste en que Israel no se identifica por puras características naturales, sino que el verdadero Israel es Israel por adopción. La idea no es original en esta carta, pues Pablo lo dijo por primera vez a los Calatas (Calatas 3:6-7). Pablo cuenta como el verdadero Israel, los hijos de Abraham, a los 77


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hijos de la promesa (hijos del pacto). Los hijos de Jacob (según la carne) pueden llegar a serlo también, siendo injertados por la fe en el verdadero tronco, que es Cristo (Romanos 1:17-24). La plenitud de Israel, entonces, parece ser la plenitud del pueblo de Dios. Cristo vendrá cuando su pueblo esté completo. Y el hecho de que se está completando el pueblo es señal de la seguridad de su venida. En la traducción de la Biblia que usamos dice, en Romanos 11:26, «y luego todo Israel será salvo». La palabra «luego» no parece ser la mejor traducción. La Biblia de Jerusalén y la nueva Biblia de la Américas, por ejemplo, dicen: «así» todo Israel será salvo». La palabra en griego es 'outos, que quiere decir «así», y no «luego» o «entonces». Es la misma palabra que se encuentra en 1a Corintios 11:28, donde la traducción pone «así» («coma así del pan»), 'outos, como también quiere decir «de esta manera» o «de este modo". Tal como el texto acerca de la Santa Cena dice «coma de esta manera del pan», el texto de Romanos 11:26 dice «de esta manera todo Israel será salvo». ¿Cómo entonces, será salvo todo Israel? Esta es la verdadera pregunta que debemos hacer al texto. En búsqueda de respuesta debemos notar la íntima relación entre el versículo 25 y la primera parte del versículo 26. Son, gramaticalmente, partes de la misma oración. La entrada de la «plenitud de los gentiles» es la manera en que todo Israel será salvo. Muchos de los Israelitas que lo son solamente por la carne, por su incredulidad no se salvarán (o no se salvaron). Dios, por así decirlo, llena los huecos en su pueblo con «gentiles» y de esta manera (así) todo Israel será salvo. Plenitud (pleroma en griego) quiere decir llenar hasta completar el número. Por esto, durante la historia de la interpretación de estos textos, se ha hablado como si Dios tuviera un número de personas que Dios quisiera para su pueblo, y que la salvación estuviera en función de este número. Todo Israel será salvo, entonces, cuando se llegue a este número. El número es, desde 78


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luego, el número de los elegidos. Hay algo de verdad en esta afirmación, pero no creo que este sea el sentido del texto. Más bien, según el contexto total de esta sección de la carta a los Romanos, Pablo habla aquí como si lo que dice fuera una extensión de su ilustración de las ramas de olivo que fueron injertadas para formar parte del árbol (11:17 sig.). Por medio de injertos, sean del olivo doméstico o del silvestre, Dios hace completo su pueblo, y « así todo Israel será salvo». Reproduzco un dibujo del libro que he citado ya varias veces. El dibujo se encuentra en al página 168 de la Biblia y el futuro de A. Hoekema. I. El esquema original En esta época o este mundo

La época o mundo venidero

II. El esquema modificado

En esta época mundo

(En la tierra)

Parusia

Resurrección de Cristo

El mundo venidero, realizado en principio (En el cielo) La época futura totalmente realizada en existencia real

El mundo venidero, realizado en principio o este

II. SIGNOS DE OPOSICIÓN Los signos de oposición más notables son la persecución y la apostasía. Los dos son obra del opositor, Satanás, el adversario. La época que empieza con la obra de Cristo es la época de concentrada oposición de parte de Satanás. El capítulo 12 de 79


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Apocalipsis describe la situación, especialmente en los versículos del 7 hasta el final del capítulo. Lo que vemos en los capítulos siguientes de este libro es la efectuación de esta oposición. Tenemos que recordar que la estructura de la escatología Bíblica es tal, que habla del tiempo entre las dos venidas de Cristo y que las descripciones de este tiempo tienen que ver con toda la época. Las descripciones son caracterizaciones de toda la época. Y toda oposición viene de Satanás. La apostasía, como fenómeno, tiene que ver con el abandono y oposición contra la Iglesia por los que fueron miembros de ella. La obra es de Satanás, pero la realiza por medio de los que profesaban ser creyentes. Juan dice que «salieron de nosotros pero no eran de nosotros» (1ª Juan 2:19). Ellos tienen el «espíritu del anticristo». La Iglesia misma ha sido objeto del ataque de Satanás desde su formación. La Biblia parece indicar que esta oposición será cada vez más fuerte y más sutil. A tal grado será la persecución (o tribulación) que si no fuera por la gracia providencial de Dios, expresada por la frase «acortar el tiempo» (Mateo 24:22) no se podría esperar la salvación de nadie, ni aún de los elegidos. La expresión es obviamente hiperbólica; pero la verdad es cierta: nadie se salva sino por la constante y operante gracia de Dios. El apóstol Juan enseña que el ataque contra la Iglesia será un ataque a su doctrina. La doctrina clave es la doctrina de Cristo, la Cristología. Juan dice que todo espíritu que confiesa que Jesús ha venido en carne es de Dios (1a Juan 4:2) y todo espíritu que no lo confiesa no es de Dios. Juan se refiere no sólo al mero hecho de la encarnación sino a todo el «evento Crístico», como lo hemos llamado. Es decir, se incluye el propósito de su venida, y todo lo que hi/o en su estancia en la tierra, incluyendo su resurrección. Podemos concluir que en la 80


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doctrina de Cristo es en donde encontramos si hay apostasía o no. Podríamos pensar que solamente la activa y abierta oposición es la única apostasía, pero no es así. No saber la doctrina puede tener el mismo efecto. (La ignorancia no solamente gana en el «maratón»). La apostasía más eficaz, lo que más sirve a los propósitos de Satanás, es el desconocimiento de la correcta doctrina. Los que desconocen su doctrina ni saben que están sirviendo al diablo; piensan que están sirviendo a Cristo. Los engañados son ellos mismos, pero el daño queda en la Iglesia. Es la opinión del que estas líneas escribe que es el tipo de apostasía, con toda su sutileza y astucia, con que el diablo esta haciendo más daño a la Iglesia de hoy. Hay mucho más que estudiar en cuanto a los signos. También hay muchos textos que tenemos que estudiar para hacer una exégesis de ellos para tener seguro conocimiento de estas cosas.

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EL MILENIO Lectura Bíblica: Apocalipsis 20:1-15

INTRODUCCIÓN Volvemos hoy a nuestro estudio de la escatología. El estudio de la escatología se dedica a la investigación de lo que la Biblia dice sobre el «escalón», el último tiempo. Por alguna razón, no muy bien entendida ni bien fundada, es costumbre referirse a la escatología como el estudio de «los últimos tiempos» o las «últimas cosas». Pero, si se habla en plural o en singular, la diferencia es mínima. El tiempo que se estudia es el lapso entre las dos venidas de Cristo, o sea, el tiempo que va desde la primera venida de Jesús hasta la segunda. Las cosas que se estudian son los acontecimientos, los eventos y los hechos que ocurren durante este tiempo. El énfasis siempre está sobre los acontecimientos que tienen que ver con la última parte de este período, los que están más cerca a la segunda venida. Pero no debemos olvidar que la escatología tiene que ver con toda la época y tiene importancia especial para nuestro propio tiempo. El propósito de la escatología no es el de darnos un mapa del porvenir, sino el de hacernos entender el tiempo en que vivimos, para que podamos «redimir el tiempo». No cabe duda de que podemos entender nuestro tiempo solamente si lo podemos ubicar en el correr de la historia, tanto en relación con la historia pasada como con la futura. Si hacemos cierto énfasis sobre lo porvenir, la razón para hacerlo es la de poder determinar las características de nuestra época en relación con 82


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el fin de nuestra historia. Sabremos dónde estamos solamente si sabemos hacia dónde vamos. Si tuviéramos que estudiar solamente lo que la Biblia dice sobre la escatología nuestra tarea sería más fácil. Pero las muchas nociones no-bíblicas que en nuestra época se presentan como si fuesen la enseñanza bíblica, y que desvían el pensamiento del cristiano confiado, hacen necesario la investigación de estos temas también. Muchas veces, en esta vida, la Biblia nos da la verdad, pero el mundo en que vivimos nos da el temario. Debemos aceptar la situación, en primer lugar porque la Biblia nos advirtió de que iba a ser así (1a Timoteo 4:1-3; 2a Timoteo 3:1-17; 2a Pedro 2:1-3; 12-19), y, en segundo lugar, porque nos conduce hacia un mejor estudio de la Biblia y sus doctrinas. Aunque ya hemos estudiado los principales temas de lo que la Biblia enseña sobre las últimas cosas, algunos otros asuntos tienen que ocupar nuestra atención ahora, no porque sean temas bíblicos que debamos entender, sino porque algunas personas dicen que los son y tenemos que investigar para ver si de veras los son. Tres de estos temas son (1) el milenio, (2) el rapto y (3) la multiplicidad de juicios. En esta lección empezamos nuestra consideración del milenio. I. LAS OPCIONES. El problema es básicamente de hermenéutica, ó sea, de interpretación. Se trata de Apocalipsis 20:1-11, donde encontramos la expresión «mil años» cinco veces: en los versículo 2-5 y 7. Este es el único lugar en la Biblia donde se encuentra la expresión o el concepto de los «mil años», el milenio. Algunos afirman que es necesario tomar la expresión los mil años literalmente, pues, dicen, los mil años son mil años y no son otra cosa. En la literatura teológica a esta postura se le llama «chiliasmo» (de chilos=kilo=niil) y sus adherentes «chiliastas». Ellos mismos, los que abogan por la interpretación 83


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supuestamente literal se dividen en dos grupos: los «premilenialistas» y los «postmilenialistas». La diferencia tiene que ver con dónde colocan en la historia este milenio. Los «premilenialistas» dicen que Cristo viene antes del milenio. Son «premilenialistas» por eso. Otros dicen que Cristo viene después del milenio, y entonces son «postmilenialistas». Lo que las dos posturas tienen en común es la fe en un milenio de mil años literales. Contra esta idea (que involucra mucho más que simplemente un número de años) están los llamados «amilenialistas». Digo «llamados «amilenialistas», porque el prefijo privativo «a» debe indicar «no», sugiriendo que los amilenialistas no creen en el milenio. Los «amilenialistas» si creen en el milenio, pero no en un milenio de mil años literales. Dicen (correctamente creo yo, pero soy uno de ellos) que interpretar los mil años literalmente, en un pasaje altamente simbólico, es un error hermenéutico. La llave y la cadena seguramente son simbólicos, y Satanás es, a la vez, un dragón y una serpiente. Juan ve las almas de los decapitados, sin embargo, ve que no tienen la marca en sus frentes. El número de Gog y .Magog es literalmente el mismo número de la arena del mar. Encontrar, pues, un número literal y exacto en esta escena sería altamente improbable. Además, el uso de los números a través del libro de Apocalipsis no sugiere que aquí haya una excepción a la regla para usar los números simbólicamente. Alguien ha dicho que si los mil años son un número literal, este sería el único uso de un número literal en todo el libro de Apocalipsis. Hay otro punto que tiene que ver con los principios de interpretación que viene al caso. La pregunta es ¿qué debe tener precedencia? ¿Debemos interpretar el resto de la Biblia a la luz de Apocalipsis 20, o debemos interpretar Apocalipsis 20 a la luz del resto de la Biblia? La respuesta es (o por lo menos debe ser) que tenemos que interpretar el pasaje de Apocalipsis a la luz de la totalidad de la enseñanza bíblica y no viceversa. 84


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La cuestión de las opciones es un poco complicada. Si usamos el criterio de la supuesta «literalidad» para la interpretación, hay dos opciones, pues tanto los pre- como los post-milenialistas son «literalistas», y los que somos a-milenialistas nos oponemos a los dos. Pero, si el criterio es, si Cristo viene antes del milenio o al final de él, entonces, los a-milenialistas estamos en el mismo campo con los post-milenialistas, pues los dos creemos que Cristo volverá a la tierra al final del milenio, sea éste literal o figurativo. Dentro de este panorama tenemos que encontrar las razones bíblicas para tornar una decisión. II. LA EXÉGESIS NECESARIA Estamos listos ahora para empezar nuestra interpretación de Apocalipsis 20. Lo primero que tenemos que hacer es relacionar este pasaje con todo el libro de Apocalipsis. Después de todo, Apocalipsis es un libro unitario, y no es un libro de aforismos, como lo es el libro de Proverbios, por ejemplo. El capítulo 20 tiene su lugar específico dentro de la unidad del libro. El libro tiene su estructura y su desarrollo y el capítulo 20 tiene su ubicación precisa en esta estructura. Tratarlo como si fuera una unidad independiente sería falsificar la enseñanza del pasaje. Ahora bien, el libro de Apocalipsis tiene siete grandes secciones paralelas. Son: 1-3; 4-7; 8-11; 12-14; 15-16; 17-19; y 20-22. La sección que estudiamos, entonces, es el principio de la séptima de estas secciones, que es también la conclusión del libro. Las secciones son paralelas, pero a la vez muestran cierto progreso. Hay recapitulación y avance. Es un paralelismo progresivo. El libro, en general, describe la lucha de Satanás y sus tropas contra Cristo y su Iglesia durante la época, desde el ministerio de Cristo a la Iglesia, hasta el fin del tiempo. Cada parte del libro hace énfasis sobre algún aspecto de la lucha y caracteriza 85


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la historia de la época desde cierto ángulo. Estas caracterizaciones y énfasis se hacen por medio del lenguaje simbólico y extenso uso de metáforas, siendo tomada la gran parte de los símbolos y metáforas de las otras partes de la Biblia, sobre todo de las profecías del Antiguo Testamento. La séptima sección, los capítulos del 20 al final del libro, narra la condenación final del dragón (que es la serpiente antigua, Apocalipsis 12:9, o sea, Satanás), desarrollando más un tema que se ha venido tratando muchas veces en el libro, como uno de sus énfasis especiales. El juicio final y el castigo de Satanás y sus ángeles, presentes en numerosas alusiones en todo el libro, están descritos con más detalle simbólico en esta ultima sección del libro (20:11-15). Digo «detalle simbólico» porque sería imposible interpretar la frase «y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego» (20:14) de otra manera. Esta última sección también describe el triunfo final de Cristo y su Iglesia, junto con la renovación del universo, llamado aquí el nuevo cielo y nueva tierra. Todo esto esta descrito también con lujo de detalles simbólicos. La Iglesia es ataviada como novia y se le llama la Nueva Jerusalén ¿de qué tela se hizo el vestido? La novia tiene un muro alto y doce puertas, y , además, las puertas son perlas. Asimismo habla en concierto con el Espíritu y dicen: Ven. El texto que estudiamos es un pedacito de esta sección y no debemos olvidar su ubicación. El trozo mismo (20:1-6) se divide en dos partes. En los versículos del 1 al 3 se describe el encadenamiento de Satanás, y en los versículos del 4 al 6 se describe el reinado de los santos durante el tiempo del encadenamiento de Satanás, el reinado de las almas de los decapitados que vivieron y reinaron con Cristo por mil años. Nuestra tarea, entonces, es la de interpretar (1) el encadenamiento de Satanás, (2) el reinado de los decapitados, y (3) colocar esta época en la historia de la salvación. A esto nos vamos a dedicar en la siguiente lección. 86


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EL MILENIO II Lectura Bíblica: Apocalipsis 12:1-17; 20:1-15, Mateo 12:29, Lucas 10:17-20; 11:21-22, Juan 12:31-32, Juan 16:11, 1a Juan 3:8, Colosenses 2:15. INTRODUCCIÓN Venimos haciendo una exégesis del capítulo 20 de Apocalipsis. La hacemos en función de decidir entre las opciones mileniales que los distintos sistemas de escatología nos ofrecen. La multiplicidad de interpretaciones, lejos de ayudarnos, hace más difícil nuestra tarea de proclamar el mensaje de Dios con toda la claridad que merece. El mundo en que vivimos nos da la agenda, y la tenemos que respetar si esperamos que el mundo nos escuche. En medio de la confusión actual en cuanto a los temas de la escatología, si queremos tener una voz clara y un mensaje cierto, tenemos que ser diligentes en hacer la obra exegética. La correcta exégesis de Apocalipsis 20 es condición indispensable para tomar una decisión con respecto a las opciones mileniales. Ya hemos visto que el libro de Apocalipsis muestra una estructura definida. Hay siete secciones paralelas, y todas tratan del tiempo de la Iglesia, o sea, desde el tiempo de Cristo hasta el final del tiempo. Cada sección hace énfasis sobre aspectos diferentes de este tiempo y cada sección hace resaltar momentos distintos durante este período. Pero todas hablan de la lucha de Satanás contra la Iglesia y todas aseguran la victoria final de la Iglesia y la destrucción del autor de todo anticristianismo, junto con sus siervos. Es importante para nosotros fijar la atención en la estructura del libro, porque solamente así notaremos que el capítulo 20 no es una 88


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continuación del 19, sino que el capítulo 20, empieza de nuevo a recapitular toda la historia de la época. La época se divide en cuatro partes: v.1-3, el encadenamiento de Satanás; v.4-6, el reino de los santos decapitados; v. 7-10, la destrucción de las fuerzas anticristianas, junto con su autor, y v.11-15, el juicio final. En esta parte tenemos, como en cada una de las secciones del libro, la historia de toda la época cristiana. I. Lo QUE PASÓ AL INICIO DE LOS MIL AÑOS Los mil años, entonces, cubren todo el tiempo desde la aparición del diablo, en figura de dragón (cf.!2:3), hasta su juicio final. (Hay que notar que los nombres del diablo en 12:9 son los mismos que se emplean en 20:2). En su comentario sobre Apocalipsis el gran comentarista luterano, R.C.H. Lenski, dice (traduzco del inglés): «Estos mil años, entonces, se extienden desde la encarnación y la entronización del Hijo (12:5) hasta el lanzamiento de Satanás al infierno (20:10), que es la totalidad del período novotestamentario». La primera visión (v.1-13) revela la condición del diablo durante este período novotestamentario. En el capítulo 12 de este libro vemos que el dragón fue limitado severamente en su poder para oponerse al Hijo de Dios y que del ministerio del Hijo resultó su lanzamiento del cielo. Por la eficaz realización del ministerio de Cristo la guerra contra el enemigo ya está ganada; la batalla fue decisiva y el diablo quedó derrotado. Está enfurecido y sigue dando «guerra»; pero la victoria es del Cordero, y de esto no puede haber duda. Las referencias que Jesús hizo a este hecho son interesantes. Jesús, en su ministerio, despojó la casa del «hombre fuerte»: prueba de que está atado. Comentando la eficacia de la obra de los discípulos en la predicación de la Palabra, Jesús dijo: «veo a Satanás caer del cielo como rayo «. Seguramente está implícita en esto una severa limitación a la soberanía del diablo. 89


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Algunos comentaristas piensan que el ángel que descendió del cielo es Cristo mismo. La razón para creerlo se halla en Apoc. 1:18. Allí Cristo dice claramente que El mismo tiene las llaves. Pero, aunque es cierto que las llaves son de Cristo, el mismo Cristo da las llaves a sus siervos (la posesión de las llaves en las Escrituras es más bien el símbolo de mayordomía y responsabilidad) por ejemplo, Apocalipsis 9:1 y Mateo 16:19. El ángel aquí en v.l del cap.20, es un ángel comisionado por Jesús, su agente que cumple con su voluntad. Cristo actúa por medio de sus ángeles, y por medio de sus otros siervos. La autoridad que ejercen y la voluntad con la que cumplen son de Cristo. Aunque el «abismo» frecuentemente simboliza el infierno, éste no es su sentido. Más bien llamar al infierno «el abismo» es atribuir al infierno ciertas características connotativas en el vocablo «abismo». El abismo (cavidad o foso profundo) era una hipérbole del concepto de pozo, tomado en el sentido de un pozo sin agua, como en los casos de José y de Jeremías, cuando el pozo estuvo en función de cárcel o prisión. Otro vocablo que los traductores empleaban para el mismo concepto es «hoyo» (cf. Job 9:31, Salmos 35:7, 57:6, 88:6). El hoyo representaba la desesperación, la falta de posibilidad de rescate y, en este sentido, la impotencia. Vemos, entonces, que tenemos que usar la imaginación para interpretar correctamente el texto; pero al mismo tiempo Dios no deja la interpretación del texto a la libre imaginación. Más bien la imaginación es dirigida en su trabajo para construir imágenes hacia los conceptos encerrados en la imágenes. La misma Biblia da las pautas para su interpretación. La idea de «cadena» cabe bien en esta escena. Las cadenas también son enseres de las cárceles. Son ataduras para los presos. El sello asimismo armoniza con el cuadro. Recordamos el sello que pusieron en la tumba de Jesús. Los sellos fueron agregados para asegurar la inviolabilidad; solamente una 90


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autoridad superior podía romper los sellos. En el texto que estamos comentando es difícil indicar dónde pusieron el sello, pues el sello normalmente era colocado sobre la puerta, pero aquí parece que el diablo mismo llevaba el sello. Pero en un pasaje simbólico este tipo de detalle no es importante. El sentido es claro: el diablo está detenido hasta que una autoridad superior lo libere. No debemos pensar que Satanás está encadenado literal o físicamente, o que corporalmente está en una fosa, ni aún que está totalmente imposibilitado para hacer todo tipo de acción. Toda esta escena simbólica, según el comentario del propio autor, está en función de indicar que el diablo está en esta situación a fin de que «no engañase más a las naciones». La restricción es específica: la de no engañar a las naciones. Todo esto quiere decir que durante la era del Evangelio, o sea, en la que vivimos, la influencia y actividad de Satanás no están aniquiladas, pero sí están restringidas de tal manera que no puede impedir la predicación del Evangelio entre las naciones del mundo. Las naciones, debido a las cadenas de Satanás, ya no pueden conquistar a la Iglesia, más bien la Iglesia conquistará a las naciones. La misma verdad se declaró en las secciones paralelas anteriores. Los ayudantes de Satanás, las bestia (el gobierno anticristiano) y la ramera (la falsa religión), fueron destrozados (19:20). Eso de «engañar a las naciones» ha de entenderse en relación con la actividad de los agentes del diablo. En 14:6 vemos que el ángel tiene el evangelio eterno para predicar «a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo». En Mateo 24:14 encontraremos palabras semejantes, pronunciadas por nuestro Señor, «Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a las naciones; y entonces vendrá el fin».

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La atadura de Satanás quiere decir que él no podrá prohibir esta predicación del evangelio a todas la naciones, ni la invasión del evangelio a las distintas naciones. Una vez las naciones estuvieron sin este testimonio, las naciones anduvieron en las tinieblas y fueron totalmente engañadas, bajo la influencia nociva de Satanás, y solamente una nación tenía la verdad, pero ya no: ahora el evangelio ha penetrado en todas la naciones, a pesar de la oposición de Satanás. Los que predicamos el evangelio participamos ya en la victoria y celebramos el encadenamiento de Satanás. La presencia de Cristo en el mundo, su exitosa muerte y el hecho de que «toda potestad le es dada « junto con la Gran Comisión, hacen que los mil años de atadura de Satanás empezaron ya y tenemos que aprovechar la situación. II. LO QUE PASA DURANTE LOS MIL AÑOS Si los versículos del 1 al 3 hablan de cómo se inició la era de los mil años, los versículos del 4 al 6 hablan de lo que caracteriza esta época. Para la interpretación de esta sección tenemos que recordar que el contexto es toda la Biblia y todo el libro de Apocalipsis. Los tronos, por ejemplo, han estado jugando un papel importante en el desarrollo del libro. Esta no es la primera vez que aparecen. Las almas de los decapitados también han sido representadas en distintas ocasiones en el libro. No tomar esto en cuenta en la interpretación sería, en efecto, falsificar el marco de referencia del pasaje. Los 24 ancianos ocupaban los tronos en el capítulo 4. ¿Los tronos de aquí son otros? o ¿Los que recibieron la facultad de juzgar son los ancianos? o ¿Son los ancianos representantes de la Iglesia, y es la Iglesia la que juzga? Antes de contestar estas preguntas nos conviene notar otra frase en esta sección. La frase importante y significativa para el entendimiento de este pasaje se halla al final del v.5. Es la frase que dice: "Esta es la primera resurrección». Si tomamos esta frase como si no 92


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tuviese un contexto, ni en relación con el resto de la Biblia, tendremos que encontrar dos resurrecciones como eventos distintos. Y si pensamos que aquí se habla de un futuro milenio, tendremos que hacer una escatología futura con dos resurrecciones. Muchos lo han hecho, en contra de la enseñanza general de la Biblia. El texto que más directamente viene al caso es Colosenses 3:1. Dice: «Si habéis resucitado con Cristo», aunque una traducción mejor sería «ya que habéis resucitado con Cristo». El texto es una fuerte afirmación del hecho de que los cristianos YA han resucitado con Cristo, porque Pablo exige del Cristiano cierto comportamiento a causa de este hecho (ver v.5 sig.). Pablo habla a personas vivas, que pueden leer sus cartas y enmendar sus hábitos. Han experimentado la primera resurrección. La primera resurrección ya tuvo lugar, ya está en la historia y en la biografía particular de cada uno de los creyentes. Si el milenio es cuando ya pasó la primera resurrección, y si la primera resurrección ya pasó, no podemos escapar a la conclusión de que ya estamos en el milenio. La primera resurrección, claro está, es nuestra participación, por medio de la fe, en la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Nuestra identificación con él, y la identificación de Cristo con nosotros, nos da vida: somos resucitados por gracia y vivimos en Cristo. Y si esta es la enseñanza bíblica, entonces, ya estamos en el milenio. (Tenemos que estudiar más sobre esto en la próxima lección.) 93

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EL MILENIO III Lectura Bíblica: Apocalipsis 20:1-15

INTRODUCCIÓN Seguimos con nuestra exégesis del capítulo 20 de Apocalipsis. Por ser el único capítulo en la Biblia dónde se menciona los mil años (el milenio, como algunos lo denominan), una doctrina de esta época tiene que derivarse de este capítulo. Tenemos que interpretar este capítulo de acuerdo con las reglas de la sana hermenéutica, que incluyen , por supuesto , (1) un cuidadoso estudio de la expresión del texto mismo, sus palabras, su gramática y sus tropos (tropo=lenguaje figurado), y (2) el contexto del libro entero y de toda la Biblia. Solamente si lo hacemos así estaremos capacitados para tomar una decisión sobre las opciones que el mundo de hoy nos ofrece en cuanto al milenio. Ya hemos notado que el capítulo se divide en partes, y que las partes tienen que ver con la presentación de los mil años. Hemos concluido que los mil años no son mil años contados, sino un período representado. Los mil años representan toda la época de la Iglesia, o sea, la época desde la primera hasta la segunda venida de Cristo. Las cuatro divisiones del capítulo, entonces, representan los distintos momentos de la época. Los v.1-3 tienen que ver con el inicio de la época; los v.4-6, durante los mil años; los v.7-10, con el final de los mil años; y los v.1115, después del milenio. Otra manera para decirlo es así: (1) el 94


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encadenamiento de Satanás, (2) el reino de los santos decapitados, (3) la destrucción de las fuerzas anti-cristianas, y (4) el juicio final. Estamos ahora en la segunda parte: la parte que trata de lo que pasa durante los mil años, v.4-6. El punto preciso en que estábamos es el que considera la primera resurrección, puesto que la interpretación que demos a esta frase será determinativa para nuestro entendimiento de la importancia de los tronos. A la luz de Col 3:1, tenemos que concluir que la primera resurrección ya es una realidad. La primera resurrección es nuestra participación, real, y por medio de la fe, en la resurrección de Cristo hemos resucitado con El y nuestra vida está escondida en El (Colosenses 3:3). Somos resucitados por gracia y vivimos en Cristo, aunque no vivimos nosotros, sino Cristo vive en nosotros. El hecho de que la primera resurrección ya es historia, y que la Biblia categóricamente lo afirma hace ineludible la conclusión de que ya estamos en el milenio, o sea, la época de los mil años. Tenemos que estar bien convencidos de este punto, pues si dejamos que haya una multiplicidad de resurrecciones en el porvenir, la ocupación de los tronos también será en el futuro. I. LO QUE PASA DURANTE LOS MIL AÑOS Además del TRONO (4:2 y repetidas veces) hemos visto que también hay «tronos», que en 4:4 son ocupados por los veinticuatro ancianos. Pero, la idea de «trono» diferente del TRONO se presenta ya en el 3:21. También encontramos en el libro otros tronos. En el 2:13 está el «trono de Satanás», y en 16:10 el trono de la bestia, que es realmente el trono del dragón (14:2) concedido a la bestia. El trono es el símbolo de poder, gobierno y dominio, y «sentarse en el trono» es el ejercicio de este poder, dominio y autoridad. Este es el sentido en Apocalipsis de los tronos y de los que en ellos se sientan. Juzgar desde el trono era la 95


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principal actividad de gobernar. Pronunciar juicio fue considerado más como actividad de gobernar que de legislar o mandar. Juzgar, en tiempos bíblicos, era sinónimo de reinar. La idea se refuerza en el v.ll, cap. 20. La idea es tan importante que, aun antes de que Juan identifique a las personas sentadas en los tronos, recalca en que se les dio la facultad de juzgar. No solamente se sentaban en santo esplendor real, sino se les entregó el ejercicio activo de las funciones del trono. Tienen autoridad para pronunciar el veredicto. No debemos olvidar que el capítulo 20 es parte integral de todo el libro; no es un pedacito suelto. Aunque no se menciona aquí, el TRONO sigue en pie, y es parte del escenario. Los «tronos» están relacionados con el TRONO, son como extensiones de él. En términos de 3:21 son en su totalidad un solo trono; son la manera de ocupar el TRONO con Cristo. Los veredictos proclamados por los tronos son idénticos a los proclamados por el TRONO. Desde los «tronos» se proclama la voluntad del Omnipotente Rey de Reyes. Después de fijar nuestra atención en los tronos y en el hecho de su autoridad para rendir juicio, surge la pregunta: ¿Quiénes son los que ocupan estos tronos? Primeramente Juan vio los tronos y luego a aquellos que los ocupaban. La técnica literaria sirve para dar un doble énfasis. El primer énfasis cae sobre los tronos y sobre lo que ellos simbolizan, y un segundo e igual énfasis está sobre los que ocupan los tronos. Hay dos grupos que ocupan los tronos. Este dato no se ve claramente en la versión de la Biblia que usamos, pero es muy claro en el griego, en otras versiones y en los comentarios. Al texto de la traducción de 1960, de la Sociedad Bíblica le faltan las palabras «y a». El versículo 4 debe leerse «...vi las almas de los decapitados ...y a los que no habían adorado...». Los grupos son semejantes. El primer grupo son los que murieron por su 96


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Señor, y el segundo grupo son los que viven por su Señor. Podemos decir que si uno muere en el Señor o vive en el Señor, igualmente reinará con el Señor. Algunos comentaristas piensan que las «almas» son de los decapitados y de los que no habían adorado a la bestia. Puede ser; aunque tal empleo gramatical sería un poco raro, no es posible. La diferencia es mínima, lo que Juan vio es la persona humana, pues psuque, en griego, puede traducirse persona. Los que reinan con Cristo son los que han experimentado la primera resurrección, los que han nacido de nuevo. Los que no nacieron de nuevo no participan de la vida. Hay una distinción básica entre los creyentes y los no creyentes. Solamente los creyentes viven y reinan con Cristo, y lo hacen por virtud de su nuevo nacimiento, estén en el cielo o sobre la tierra. La primera resurrección no es una resurrección corporal, no es la resurrección del cuerpo, que tendrá lugar en el tiempo del juicio final y afectará a la totalidad de la raza humana. Los que son de la primera resurrección, solamente ellos, viven y reinan con Cristo. Lo hacen ahora y lo harán para siempre. La enseñanza aquí, en forma de imágenes visuales, es la misma que encontramos, en general, en el Nuevo Testamento. El creyente es rey (cf.5:10). Por medio de su Iglesia y los ciudadanos de su reino Cristo activamente extiende su reino. El diablo está atado y los creyentes están reinando con Cristo. El evangelio y el reino de Cristo avanzan inexorablemente. Esta es la mera verdad de nuestra época, la época del Reino. II. LO QUE PASA LA FINAL DE LA ÉPOCA El tema de la última batalla ya fue introducido en el libro de Apocalipsis. Los lectores de este libro entonces ya saben de la última victoria. El propósito de este pasaje, por ende, no es el de avisar al pueblo de Dios de una persecución venidera, sino de ampliar las dimensiones de la victoria. El reino de Cristo, al final de la época, será tan firmemente establecido, que Satanás, 97


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aunque suelto y con rienda suelta, nada más se lanza a su propia destrucción. Aún en este pasaje (w.7-10), el énfasis está sobre la inutilidad de los esfuerzos de Satanás. En esta conexión debemos notar algo muy diferente en el estilo de este pasaje: no se dan detalles de la batalla, ni de los sufrimientos de los creyentes. Lo que resalta es el tamaño de la oposición. Cuando Satanás esté suelto de su prisión (nótese la palabra «prisión»; su uso aquí para referirse al «abismo», pozo, hoyo o foso, confirma la interpretación que hemos dado al v.l), y restaurado sus poderes para engañar a las naciones, junta todas las naciones, de los cuatro ángulos de la tierra (expresión de totalidad) para conducirlas a su destrucción. Repetimos: no se habla aquí de algún daño al pueblo de Dios. Esta es una omisión elocuente y sumamente significativa. Sabiendo que el autor del libro es el Espíritu Santo, no podemos pensar que la omisión sea involuntaria. Todo lo contrario, tenemos que concluir que es adrede y a propósito. Lejos de hablar de un período de extrema persecución, el pasaje enseña que habrá una salvación soberana. La expresión «Gog y Magog» es tomada de la profecía de Ezequiel (38:1-16) y se emplea aquí como sinónimo de todas las naciones. Se refiere a la totalidad de la oposición al pueblo de Dios y a su Cabeza. No hay ninguna referencia aquí (tampoco en Ezequiel) a una misteriosa nación que, en los últimos tiempos, será la gran perseguidora de los cristianos. Se emplea aquí una expresión, que normalmente se reserva para el pueblo de Dios, para indicar el superlativamente «grande número»: «como la arena del mar». Luego se menciona la universalidad de su actividad: «subieron sobre la anchura de la tierra». Ahora bien, el punto principal es este: con todos los recursos de la tierra y con todas las naciones, Satanás no puede hacer más que llevarlas a su destrucción. Se dirigen a la «Ciudad Amada» (símbolo de la Iglesia) y a los santos, que allí están, pero antes de que puedan hacerles daño, sale fuego del cielo y los consume. 98


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Esta es la batalla final. Ya no hay más. Su destrucción es eterna, dura «por los siglos de los siglos». Esto pasará al final del milenio, o sea, al fin de la época cristiana, nuestra época. Luego viene el juicio. De esto se trata la lección que viene.

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EL JUICIO FINAL Lectura Bíblica: Apocalipsis 20:11-15, Mateo 25:31-46

INTRODUCCIÓN Ya hemos llegado a la última parte de nuestro estudio del capítulo 20 de Apocalipsis. Hacemos este estudio porque queremos tener suficiente base para tomar una decisión sobre el milenio. Tenemos que decidir entre las opciones que se han presentado. El único criterio legítimo, a nuestra parecer, para tomar tal decisión es la enseñanza de las Escrituras. Debido a que tal enseñanza no es clara, a menos que pongamos el debido esfuerzo para entenderla, nos dedicamos a una excgesis del único capítulo de la Biblia que habla del «milenio». Nos parece claro que el enfoque llamado «amilenialista» es el que mejor corresponde a la exégesis del capítulo. La postura amilenialista no niega un milenio, sino niega que el milenio consista de mil años literalmente contados. El milenio, con sus mil años simbólicos, es todo el tiempo desde la primera hasta la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. El libro de Apocalipsis ha hablado de esta época repetidas veces ya en su desarrollo. Las distintas secciones hablan de esta época, cada vez desde un ángulo diferente. Una confirmación de nuestra interpretación del capítulo 20 es el paralelismo que hemos encontrado con las otras partes del libro. También la concordancia de esta interpretación con el resto de la Biblia, y en especial con las enseñanzas de Jesús, nos da más confianza. Vemos por ejemplo que lo que enseña Juan en este libro es lo 100


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mismo que Jesús enseña con su parábola de uno que entra y despoja la casa del hombre fuerte. El milenio, la época de la Iglesia, termina con una concentración de las fuerzas de Satanás para dar la batalla contra los santos y la ciudad amada, batalla que, lejos de causar daño al pueblo de Dios, efectúa la destrucción del diablo y de su gente. El pueblo del maligno fue reunido solamente para ser castigado. La doctrina que este capítulo enseña es que nada, ni el diablo mismo, puede parar el avance del Evangelio y del Reino de Cristo. Después de todo, el evangelio es el «evangelio del Reino». La Iglesia tiene que aprovechar el tiempo y el hecho de que el poder de Satanás está limitado por la obra de Cristo. No debemos temer el tiempo en que Satanás será suelto por un tiempo, pues durante este tiempo solamente puede organizar su propio aniquilamiento. La doctrina bíblica del milenio debe ser una fuerte motivación para la evangelización. Sabemos que si somos fieles tendremos resultados garantizados. Y ni aun el diablo puede impedirlos. La última sección del capítulo no es parte del milenio. Lo que pasa ahí es después del milenio y no durante la época. Sin embargo, lo estudiamos aquí por su estrecha relación con lo anterior y porque es un tema de la escatología. Se trata del juicio final. Resumimos nuestro comentario desde el versículo 11. I. EL TRONO BLANCO La escena es del juicio final. Juan ve un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. El significado de este trono no es por su tamaño ni su color, sino por Aquel que está sentado en él. Una escena semejante fue presentada antes en la Biblia, y podemos estar seguros de que los lectores de este texto en la Iglesia primitiva sabían de la otra escena, llevándola en la 101


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memoria. Esta otra escena está en Daniel 7:9-10. La idea del juicio es lo prominente en las dos escenas. ¿Se ha preguntado acerca de Quién está sentado en el trono? En general el Nuevo Testamento enseña que el que efectuará el juicio es Jesús (Juan 5:22, 2a Corintios 5:10 y 2a Timoteo 4:1). En el libro de Apocalipsis ya hemos visto que es el Padre quien ocupa el trono y de acuerdo con el desarrollo de las imágenes del libro es más natural ver al Padre aquí. Además, el Nuevo Testamento identifica el trono de Cristo con el trono de Dios (cf. 2a Corintios 5:10 y Romanos 14:10). También recordamos que Jesús dijo «yo y mi Padre uno somos» (Juan 10:30). Si es el padre o es el Hijo la diferencia no es grande. El texto (v.12) dice que los que estuvieron ante el trono estuvieron ante Dios, y esto se puede decir igualmente del Padre y del Hijo. Lo que vemos aquí, con todo lujo de imágenes poéticas, es una escena de juicio. El trono de por sí es un símbolo de juicio, y en esta escena esta idea está puesta en alto relieve. II. NO HAY ESCAPE La escena es semejante a lo frenético de unos ratones silvestres en una jaula de vidrio, cuando su enemigo es visible a todos lados y no hay adonde escapar. Esta acción es una imagen poética del sentido de culpabilidad proyectado a la tierra y al cielo. El lector pecador proyecta a la tierra y al cielo lo que siente al imaginar la majestad del gran trono blanco en relación con sus propios pecados. Es cierto que la tierra y el cielo desaparecerán, y la idea de esto ya se expresó desde el Antiguo Testamento con la figura de la tierra que será enrollada y tirada como un vestido viejo (Isaías 51:6, Salmos 102:25-26, cf. Hebreos 1:11-12) y el cielo se evaporará como humo. Pero la yuxtaposición de los dos elementos de la imagen — el movimiento ansioso de huir y el hecho de que no hay lugar para esconderse— no permite que pensemos que se refiera a 102


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esto aquí. Más bien, la idea que se hace recalcar aquí es la de lo inevitable del juicio, no lo pueden evitar.

III. ES JUICIO UNIVERSAL Todos los muertos, grandes y pequeños, están de pie ante el juez. Los que murieron no escaparán, pues la tumba, el hades y el mar entregarán los muertos que en ellos hay. No hay nadie que sea tan importante (los grandes) para que sea inmune al juicio, ni nadie tan trivial(los pequeños) para que el juicio no le corresponda. Todos los libros (de cuentas, desde luego) serán abiertos y cada uno será juzgado por su obras. El hecho de que el texto haga mención al libro de la vida nos hace concluir que los creyentes también estarán en el juicio, aunque algunos pensadores cristianos piensan que los redimidos no tendrán que ser juzgados. Si aplicamos aquí lo que nuestro Señor enseñó en Mateo 25:31-46, vemos que los creyentes serán juzgados para recibir su sentencia de bienaventuranza. La norma del juicio es la obra de cada uno. No será juzgado, como algunos malinterpretan el calvinismo, por no haber sido predestinado, sino por lo que ha hecho. El juicio mostrará el justo juicio de Dios y la perversidad del hombre. La enseñanza de Jesús (Mateo 25:37-45) es interesante: los que presentan sus obras como pretexto son condenados, y los que no confían en sus buenas obras son premiados. Tenemos que concluir que la Biblia enseña la salvación por gracia pero el juicio por obras, y que solamente los creyentes pueden hacer buenas obras (pero este tema es de otra lección). Este tema corre por toda la Biblia. Salmo 62:12, Jeremías 17:10, Romanos 2:6 y 1a Pedro 1:17 son algunos de los muchos posibles ejemplos.

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IV. El Libro de la Vida Representa la incursión de gracia en el mundo. Ahí están los nombres de los que sí tienen buenas obras que presentar, son las obras que han hecho en el nombre de Cristo (Marcos 9:41). Son los que el libro de Apocalipsis describe en otros lugares como los que han lavado sus ropas en la sangre del Cordero. V. LA SENTENCIA PRONUNCIADA La muerte y el Hades son remitidos al lago de fuego. Los enemigos de la Iglesia ya están allí. La bestia, el falso profeta y el diablo ya están en su lugar de tormento. La muerte y el Hades (el lugar de los muertos) ya no tienen ninguna utilidad. Acompañan a aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida. La muerte, según Pablo (1a Corintios 25:26), es el último enemigo que será destruido. Ya no existirá más la muerte. La muerte y el hades simbolizan los efectos del pecado y de la iniquidad, pero ya que el pecado ya no existirá, la muerte, que es su efecto, tampoco existirá. Isaías, en una magnifica oración de alabanza, declara que Dios quitará la muerte para siempre (Isaías 25:8). La muerte y el hades fueron lanzados al lago de fuego. El lago de fuego indica no solamente el severo castigo para los enemigos del pueblo de Dios, sino también su derrota completa y eterna. No solamente están en este lago de fuego la muerte y el Hades, sino también todo aquél cuyo nombre no está escrito en el libro de la vida, es decir, todos lo que fueron declarados injustos por sus propias obras. Esta es la segunda muerte para los incrédulos. La resurrección que experimentaron— pues la tumba, el mar, el hades, etc., los entregaron—resulta solamente en un regreso a la muerte. Tal como hay una segunda y permanente resurrección, una vida más plena y eterna, así hay también una segunda y más permanente muerte, más plena y más honda. Después de la 104


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segunda muerte no hay vida; y después de la segunda resurrección no hay muerte. En Mateo 25:41 leemos que Jesús dijo que el fuego eterno fue preparado para el diablo y sus ángeles. En el juicio final todos aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida participarán en esta condenación. Hay una sencillez severa en esta doctrina. La doctrina es de fácil comprensión pero de difícil aceptación. No le gusta al no creyente, pero tiene que saberla. Y nosotros tenemos que decírsela. Aquí, en este pasaje, no se habla del bendito estado del creyente, de aquel cuyo nombre sí está escrito en el libro de la vida, pero con la mera mención del libro, la bendición está implícita. Esta bendición está en el trasfondo de este pasaje. Juan sabía que los creyentes estaban enterados de las bendiciones. Una de estas bendiciones es la destrucción total de toda la maldad, del diablo y de todo resultado del pecado.

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¿EL «RAPTO»? Lectura Bíblica:

1a Tesalonicenses 4:13-5:1-11

INTRODUCCIÓN

Hay otro punto que tenernos que estudiar en la escatología, aunque la Biblia no lo enseña. Pero, aunque la Biblia no lo enseñe, la doctrina está bien difundida en nuestro día como una doctrina de la Biblia. Es una de las doctrinas que tenemos que estudiar debido a que hay personas que la proponen como si fuese la verdad bíblica. Esta es la doctrina del «rapto», o del «arrebatamiento», como algunos la llaman. Debemos aclarar desde el principio que creemos que lo que muchos enseñan acerca del «rapto» es invención humana y no tiene base en la Biblia. La enseñanza popular habla de una venida de Cristo, que no es ni la primera ni será la segunda, en que Cristo viene por sus santos (los creyentes) y, sin llegar totalmente a la tierra, los «arrebata», dejando al mundo sin creyentes. En este tiempo Cristo inicia sus nuevos planes y actividades. El propósito de esta lección no es tanto el de rebatir esta enseñanza como el de dar una correcta interpretación del pasaje donde su-puestamente se encuentra su base. Emplearemos la misma técnica que usamos para estudiar el milenio, o sea, haremos una exégesis del pasaje bíblico, en vez de dar una exposición del tema. 106


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La popular doctrina del «rapto» o «arrebatamiento» se basa en 1a Tesalonicenses 4:17. La palabra y el versículo están tomados fuera de su contexto y sin relación con el resto de la revelación bíblica que toca al asunto. Tendremos mucho cuidado de no caer en este error. No leeremos el versículo como si no tuviese un contexto literario, que va antes y después del texto, o como si no tuviese un contexto histórico en el que fue escrito y al cual el mensaje fue dirigido. Vamos a empezar nuestra exégesis estudiando este último aspecto del contexto. ¿Cuál es la situación o problema al cual Pablo dirige estas palabras? ¿ Qué pensaba lograr con sus enseñanzas? ¿ Por qué escribió en esta forma?. I. LA SITUACIÓN EN TESALÓNICA En este punto de nuestro estudio será de provecho leer Hechos 17:1-15. Vemos que Pablo estuvo en Tesalónica solamente tres semanas. La situación provocada por la introducción del evangelio hizo recomendable la pronta salida de Pablo de la ciudad. Es fácil entender que, en sólo tres semanas, Pablo no lograra aclarar todos los puntos doctrinales. No alcanzó a disipar todas las dudas de los nuevos creyentes. No cabe duda: la escatología era una parte importante de la predicación de Pablo. De hecho, en su primera carta, escrita muy pocos meses después de su visita a Tesalónica, cada capítulo termina con una referencia a la escatología (ver 1:10, 2:9-10, 3:13, 4:13-18, 5:23). En la segunda carta de Pablo dice: «No os acordáis que cuando yo estaba con vosotros, os decía esto?»(2ªTs. 2:5), haciendo referencia a doctrinas escatológicas (w.1-4). Notamos que la doctrina de la segunda venida de Cristo es prominente en estas referencias, como también, seguramente, lo era en la predicación de Pablo. Pero, algunos aspectos de esta doctrina no fueron totalmente comprendidos por los nuevos creyentes en Tesalónica con tres semanas de instrucción. 107


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La preocupación tenía que ver con lo que pasa con « los que duermen», o sea, los que ya, algunos meses más tarde, habían muerto. Pablo responde a las inquietudes de estos novicios en la fe y les dice:» tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen...». Los nuevos cristianos de Tesalónica pensaban que los que habían muerto no podrían participar en el Reino de Cristo y, más tristes todavía, no estarían presentes cuando Cristo viniera en su gloria. La respuesta de Pablo, que empieza con el versículo 13 del capítulo 4 y sigue hasta el 5:11, se dirige hacia esta preocupación. La preocupación daba tristeza a los creyentes de Tesalónica. Pensaban que no había esperanza. Pablo dice que si tienen la correcta información no hay razón para entristecerse, pues, no somos como los otros que no tienen esperanza, sino, más bien, la tenemos. La esperanza siempre tiene un enfoque hacia el porvenir. Es la fe proyectada hacia el futuro. Si tenemos esperanza, confiamos en que hay un futuro y habremos de participar en él. Dos veces, en esta porción de su carta, Pablo hace referencia a esta esperanza: en 4:18 y en 5:11. En estas frases Pablo exhorta a la naciente comunidad cristiana de Tesalónica a poner en práctica el consuelo que da la correcta doctrina. II. La doctrina consoladora La respuesta de Pablo está relacionada con toda la doctrina de Cristo. Siendo puntos importantes, —básicos, diríamos— la muerte y resurrección de Jesús, Pablo hace mención de ellos. Nadie puede ser cristiano sin creer en la muerte y resurrección de Jesús. Los creyentes de Tesalónica eran verdaderos cristianos. Su doctrina de Cristo era cabalmente ortodoxa. El problema que les preocupaba tenía que ver con el hecho de que de veras creían. Pablo empleaba estos artículos de fe para iniciar su argumento de consuelo. Para acentuar lo correcto de 108


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su fe, Pablo se incluye con ellos, y dice: «si creemos...», asegurando a los Tesalonicenses que él también creía que Jesús murió y resucitó. Por la fe los creyentes están identificados con Cristo. El creyente está en Cristo, y Cristo está en el creyente. El creyente ha resucitado con Cristo, y su muerte es nuestra muerte. Ni la muerte física puede separar al cristiano de Cristo. La identificación del creyente con su Señor es completa. El es la vid y los creyentes los pámpanos. Somos ramas de olivo injertadas en el tronco (Romanos 11:17-19) y el injerto es para siempre. Los que murieron en la fe, injertados en Jesús, vendrán con él. La estrecha unión con Cristo se ve expresada con la palabra «en», en la frase «durmieron en él». La actividad que asegura esto es un acto divino. Dios los traerá con Jesús. Parece que Pablo pensaba que esto sería difícil de creer para los Tesalonicenses. Insiste en que lo que dice no es palabra de opinión personal, o de un deseo sin fundamento. Más bien, dice Pablo, «decimos esto en Palabra del Señor». Los que vivimos (o sea, los que quedamos) no tendremos ninguna ventaja, sino todos vamos juntos, los que durmieron y los que habremos quedado hasta la venida del Señor. El 'versículo que sigue, el 16, hace imposible pensar en lo que algunos llaman el «rapto secreto». Comentaristas hay que llaman a este versículo «el versículo más ruidoso de la Biblia». Parece una exageración, pero es cierto que la situación que describe está lejos de ser un «rapto secreto». El Señor viene con «voz de mando», esto es, «voz de arcángel». Puede ser que los arcángeles hablen en puros susurros, pero la imagen sugerida es más bien de algo más llamativo. Si la «voz de mando» no es necesariamente fuerte, seguramente la trompeta sí lo es. La trompeta era instrumento de comunicación, especialmente en el medio militar y para los eventos políticos. Se empleaba para hacer avisos que todos debían escuchar, tanto como para dejarlos sin excusa. Todo da la impresión de 109


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lo contrario de algo secreto. Más bien, todo está bien anunciado y se llama la atención sobre lo que pasa. El efecto de la voz del Señor es que los que durmieron en el Señor se van a despertar. Luego nosotros los que vivimos seremos «arrebatados» juntamente con ellos para recibir al Señor. La palabra empleada aquí, y traducida «arrebatados», se emplea en otros lugares para decir «juntados para formar una comisión de recepción». Varios eruditos citan ejemplos de la frase empleada para «la recepción formal de un nuevo magistrado» (Milligan) o la «recepción de un dignatario o un personaje importante a su llegada» (Moffatt). Casi siempre estaba presente la idea de una recepción real, de la presentación de un Rey. Este sentido claramente es la idea aquí. Los creyentes que vivan en el tiempo de la segunda venida, junto con los que acaban de ser resucitados serán llamados a formar una comisión para recibir al Señor, quien es el gran Rey. Y al recibirlo nunca jamás seremos separados de él. Este es el gozo superlativo del creyente, si haya muerto antes de este día o si queda vivo hasta entonces. El punto sobresaliente aquí es que estarán juntos todos los creyentes. No será este acontecimiento algo que pase en el curso hacia otros eventos. Hay una nota de finalidad en estas palabras: «y así estaremos siempre con el Señor». Tenemos que notar también lo que el texto no dice. No dice nada acerca de la resurrección de los incrédulos. Esto no quiere decir que no serán resucitados, nada más quiere decir que Pablo no habla de ellos en este pasaje, y tenemos que tener mucho cuidado para interpretar lo que Pablo no dice. Lo que dice va para consolar a los preocupados de Tesalónica, y no para dar un mapa del porvenir, con todo lujo de detalles. El propósito de lo que escribe es alentar a los creyentes en cuanto a su esperanza con respecto a los hermanos en la fe que les precedieron en la muerte, y para los que estuvieran a punto de morir (tales como nosotros, por ejemplo). No habla Pablo aquí 110


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de lo que pasa en el mundo, porque no viene al caso. Todo está enfocado hacia el punto principal. Volveremos al asunto del «rapto» en la próxima lección y continuaremos nuestra exégesis de este pasaje. Valdría la pena leerlo varias veces antes de continuar. I

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EL DÍA DEL SEÑOR Lectura Bíblica: 1-1 Tesalonicenses 4:13-5:1-11; 2a Pedro 3:118 INTRODUCCIÓN En esta lección continuamos nuestra exégesis del pasaje de la primera carta de Pablo a los Tesalonicenses que trata de un aspecto de la segunda venida de Cristo. Nuestro propósito al estudiar este pasaje es el de ver si es cierto que en lo que se encuentra allí se halla una doctrina de «rapto», o «arrebatamiento», porque algunos de nuestros hermanos en Cristo afirman encontrar en este pasaje este supuesto acontecimiento. La doctrina de «rapto», que ellos enseñan como si fuese una doctrina bíblica, trata de una supuesta venida de Jesús, pero que no llega a ser la segunda venida, debido a que Jesús no llega a la tierra, sino se queda en el aire, cerca de la tierra. Nadie lo ve, ni lo oye, pero «arrebata» a los creyentes, y éstos desaparecen de la faz de la tierra, para estar con Jesús en el aire. Todo el mundo queda trastornado, pues un buen número de personas han desaparecido y nadie puede explicar su ausencia. Los únicos que pudieran haberla explicado ya no están, pues los que quedan son los incrédulos. Si hubieran creído también se habrían ido, pero su incredulidad les condena a quedar más tiempo en la tierra, que ahora está sin cristianos. Luego pasan múltiples sucesos, previos al restablecimiento del reino de David y de los Judíos. Esta primera «segunda venida» es la venida cuando Jesús viene POR sus santos, luego viene CON sus santos. Hacen la distinción entre «por» y «con» para dar una característica diferente a cada una de las dos supuestas 112


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segundas venidas. En la literatura dispensacionalista (pues esta postura se llama dispensacionalismo) la primera «segunda» venida se llama «rapto» o «arrebatamiento», y la segunda «revelación». Estas fantasías fascinantes han atraído a muchas personas y estas doctrinas se enseñan como si fuesen parte de la doctrina bíblica. Muchos libros que exponen estas doctrinas dispensacionalistas están de venta en las librerías evangélicas. Pudiera parecer cosa de poca importancia, pues si Dios quiere hacer nuevas cosas en el mundo después de que ya no están los creyentes, ¿quiénes somos nosotros para decir que no las puede hacer? Si quiere volver a los judíos y establecer de nuevo con ellos su reino, ¿quiénes somos nosotros para protestar? Pero si todo esto va en contra del sistema de la verdad bíblica y contradice la revelación de Dios en otras partes de la Biblia, entonces tenemos que notar que esto NO es lo que la Biblia enseña, y no debemos predicarlo como si fuese el evangelio. Además distorsiona el concepto bíblico del Reino de Cristo, que sí es una parte importante del evangelio y de lo que tenemos que predicar a todo el mundo. Cristo mismo predicó el «evangelio del Reino». Es también el evangelio que proclamó Pablo, y el que anunciaron los demás apóstoles. Es el evangelio que nuestro Salvador nos manda predicar también a nosotros. I. EL DÍA DEL SEÑOR El capítulo 5 continúa el tema que se viene desarrollando desde el capítulo 4. Con mejor tino que en algunos otros casos, los editores de la Sociedad Bíblica no han separado el capítulo 4 del 5. La impresión en nuestras Biblias es correcta, el capítulo 5 sigue del 4 sin ninguna interrupción. Es la continuación de un solo tema, y es importante entender esto para la correcta interpretación de todo el pasaje, tanto la parte que está en el capítulo 4 como la parte que está en el 5. El hecho de que el capítulo 5 empiece con al palabra «pero» es una fuerte indicación de la verdad de nuestra aseveración. Esta 113


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conjunción adversativa indica la conexión con lo expresado anteriormente. Además, todo aquel que leyere cuidadosamente los dos capítulos sin interrupción, puede comprobar fácilmente que el 5 es una continuación del 4. Todo tiene que ver con la descripción de lo que 5:2 identifica como «el día del Señor». Si es un solo tema lo que unifica el pasaje, entonces todo el pasaje, desde el 4:13, habla del «día del Señor». (Por la importancia del tema hicimos tanto énfasis en el párrafo anterior sobre la unidad del texto). No podemos pensar que la parte de este pasaje que esté en el capítulo 4 hable de un acontecimiento y la parte que está en el 5 hable de otro. El concepto del «día del Señor» es un concepto que la Biblia viene manejando desde el Antiguo Testamento. «El día del Señor» tiene dos aspectos importantes, uno tiene que ver con la bendición que el pueblo de Dios recibirá en «aquel día», y el otro habla de una destrucción repentina que caerá sobre el mundo impío. Un aspecto se asocia con un gozo inefable y el otro con un terror que va más allá de toda descripción. Estos dos aspectos de un solo acontecimiento son los distintos enfoques que encontramos en el pasaje que estudiamos. II. CONOCIMIENTO INNECESARIO Parece que los Tesalonicenses, como los cristianos de todas las épocas —hoy en día también—, querían saber más acerca del tiempo, la fecha, de la (única) segunda venida de Jesús. Pero, Pablo les dice que no necesitan más instrucción sobre ello. Lo que saben es suficiente. Pablo, para acentuar su punto, emplea las dos palabras griegas para «tiempo», crónos y kairos. La primera de estas palabras es el tiempo como duración. Nuestra palabra cronología viene de crónos. El otro vocablo, kairos, se refiere al tiempo propicio, al momento oportuno, o a la ocasión conveniente. A veces se traduce como estación (de año) o sazón. Pablo dice que ni la una ni la otra sabiduría es 114


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necesaria. El cristiano, con referencia particular a los creyentes de Tesalónica que recibieron tres semanas de enseñanza paulina, ya tiene la información que necesita. Nosotros, que tenemos más enseñanza paulina, estamos en la misma situación, pero con ventaja. Sabemos perfectamente que el «el día del Señor» vendrá como ladrón en la noche. Tenemos que fijarnos bien en lo que dicen las palabras. Pedro emplea la misma expresión (II Pedro 3:10). Muchos, por leer el pasaje superficialmente, piensan que dice que el Señor vendrá como ladrón en la noche. Pero no dice esto; dice que el día del Señor vendrá así. El día viene sin más aviso. No debemos buscar señales o indicaciones de los tiempos, sino estar siempre preparados para recibir al Señor. No estamos en tinieblas, dice Pablo, sino que somos hijos de luz e hijos del Día. No nos sorprenderá porque estamos esperando el día del Señor. Para los incrédulos, quienes por su incredulidad no tienen la misma información que los creyentes tienen, ese día será de gran sorpresa. Cuando digan: «paz y seguridad», cuando el mundo piense que ya tiene todo arreglado, el día los agarrará de sorpresa. Es tan inevitable como los dolores de parto de la mujer encinta. Ella no puede pensarlo de nuevo y decidir tener su hijo en otro año: el proceso iniciado seguirá su curso, y no hay escape. Aunque no piensen en ello, los incrédulos, a diferencia del creyente, no tienen razón para orar al Señor que venga pronto (Apoc. 22:20). Para el creyente esta doctrina es de consuelo. Dos veces lo ha dicho Pablo, en el 4:18 y el 5:11. El consuelo no viene porque el creyente tenga un calendario escatológico y por eso sepa cuando ocurrirá la segunda venida —con toda indicación de fechas y señales—, más bien, aunque no sabe la fecha, es una fecha que está esperando ansiosamente. Ha tenido, y todavía tiene, la posibilidad de prepararse espiritualmente para el acontecimiento y está listo para recibir al Señor cuando venga. 115


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Además, sabe que cuando vuelva el Señor, el creyente disfrutará de la plenitud de su salvación y estará con el Señor para siempre. III. UNA TAREA IMPLÍCITA Si somos hijos de luz tenemos que comportarnos como tales. Tenemos que velar y ser sobrios, esto es , estar siempre en buen juicio. No debemos dejarnos llevar por excesos, sean de bebidas o de emociones. Tenemos que estar siempre en condiciones para recibir al Señor, equipados convenientemente para alabarlo. Ya hemos dicho que esperamos la plenitud de nuestra salvación. El versículo 9 (cap.5) habla de eso. En lenguaje que, más tarde Pablo elaborará en su carta a los Efesios (6:10-20) Pablo comparará el estar listo de un cristiano con el de un soldado. Los elementos de la armadura del soldado representan las tres virtudes teologales: fe, esperanza y amor. (Una curiosidad para la cultura general: por primera vez en la literatura encontramos esta combinación de virtudes en 1a Tesalonisenses 1:3. Está en casi toda la literatura paulina, y la instancia más notable en I Corintios 13:13). El soldado de Cristo, alerta y en vigilia se viste con estas virtudes, esto es, la práctica. La última frase del versículo nos hace recordar que, aunque tenemos la salvación como una verdadera posesión presente, todavía esperamos la salvación. Pedro dice que somos guardados para la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero (1a Pedro 1:5) y Pablo dice que nuestra salvación está más cerca ahora que cuando primeramente creímos (Romanos 13:11). La salvación es una realidad presente, pero esperamos su consumación. Y cuando venga Jesús el traerá consigo la medida completa de nuestra salvación. Equipados como soldados tenemos que vivir la realidad de nuestra salvación, en plena esperanza de la venida de nuestro 116


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Salvador. Tenemos que exhortarnos mutuamente con esta esperanza, animándonos los unos a los otros y edificándonos con esta verdad. El pasaje que hemos estudiado no habla de ningún arrebatamiento secreto, sino de la segunda venida de nuestro Salvador, quien viene para el juicio final, y para presentarnos en este juicio la plenitud de nuestra salvación.

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NUEVOS CIELOS Y NUEVA TIERRA Lectura Bíblica: Apocalipsis 21:1-8; 2a Pedro 3:7-14, Isaías 65:17-25; 66:17-22

INTRODUCCIÓN En esta lección queremos pensar en lo que la Biblia nos enseña sobre la vida del creyente después del juicio final. Si tuviéramos que ponerle título, el de esta lección pudiera ser «El nuevo gran planeta Tierra. Pues la Biblia nos dice que después del juicio final, los creyentes habiendo sido declarados justificados por la fe, una vez para siempre, pasaremos la eternidad en la nueva creación. La parte de esta nueva creación que más nos interesa es el «nuevo gran planeta tierra». Un teólogo europeo, muy conocido en su tiempo, escribió, en 1931, en la revista Zwischen den Zeiten, lo siguiente: «El mundo al cual entramos en «la parusia» de Jesucristo es, entonces, no otro mundo: es este mismo mundo, este mismo cielo, esta tierra; ambos, sin embargo, después de haber pasado y haber sido renovados. Son estos mismos bosques, estos mismos campos, estas mismas ciudades, estas mismas calles, esta misma gente, los que formarán el escenario de la redención». El teólogo era Eduardo Thurneysen y, corno era de esperarse, sus palabras fueron la ocasión para iniciar un fuerte debate sobre el asunto. El efecto fue saludable, pues muchos cristianos tuvieron que estudiar su Biblia y luego borrar de su pensamiento los conceptos etéreos o «espirituales» del futuro que no hacen justicia a la promesa bíblica de la nueva tierra. 118


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Creo que la doctrina de la nueva tierra, tal como la enseñan las Escrituras, es importante. Es verdad precisamente porque la enseñan las Escrituras y tiene una importancia para nosotros por varias razones. I. ENTENDER CORRECTAMENTE LA VIDA VENIDERA La doctrina es importante, en primer lugar, porque nos proporciona un entendimiento correcto de la vida venidera. Se recibe de algunos himnos que cantamos (y muchas veces — tristemente— aprendemos más doctrina de los himnos que de los sermones) la impresión de que los creyentes glorificados pasarán la eternidad en un cielo etéreo, en un lugar a la orilla del espacio, luciendo batas blancas, tocando arpas, cantando estribillos y, tal vez, volando de nube en nube mientras lo hacen. Pero estos conceptos no concuerdan con lo que la Biblia enseña. La Biblia, por el contrario, nos asegura que Dios creará una nueva tierra, sobre la cual adoraremos a Dios con cuerpos resucitados y glorificados. Es, entonces, en esta nueva tierra donde esperamos pasar la eternidad, disfrutando sus bellezas, explorando sus recursos, y utilizando sus tesoros para la gloria de Dios. Ya que Dios hará morada de su pueblo, su morada será en la tierra. Y dado que donde Dios habita allí está el cielo podemos decir que estaremos en el cielo mientras estamos en la tierra nueva. En un sentido profundo, los dos serán una misma cosa. Si no estudiamos la doctrina de la nueva tierra, cuando hacemos nuestras doctrinas escatológicas y cuando pensamos en el estado final del creyente nos hacemos culpables de empobrecer la enseñanza bíblica de la vida venidera.

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II. Entender correctamente las profecías La segunda razón por la cual este asunto tiene importancia es por la ayuda que proporciona para poder entender correctamente las profecías del Antiguo Testamento. Muchas de las desviaciones actuales en asuntos de la escatología se deben a la falta de entendimiento de estas profecías. Son muchas las profecías que hablan de un futuro glorioso para el pueblo de Dios y para la tierra. A veces parece que la tierra misma fuera elemento de las profecías, como si recibiera bendición sin relación con el pueblo de la promesa, sin notar que las profecías sobre la tierra son en realidad bendiciones para el pueblo de Dios. Estas profecías nos dicen que la tierra será mucho más productiva de lo que es ahora; que el desierto florecerá como una rosa; que el arador alcanzará vino dulce; que el lobo morará con el cordero y que el niño de pecho jugará sin peligro sobre el nido del áspid. De hecho no habrá nadie ni nada que pueda lastimar o destruir el santo monte de Dios. Los «dispensacionalistas premilenialistas» interpretan estas promesas u otros pasajes del mismo tipo como si describieran las condiciones de la tierra durante el milenio; pero nuestro estudio de lo que la Biblia enseña sobre el milenio mostró que la doctrina bíblica es otra. Nos acusan, a nosotros los amilenialistas, de interpretar mal estas profecías, diciendo que las aplicamos a la Iglesia en el presente, o al cielo, en la vida venidera. Sin embargo, estas profecías y otras de este tipo, no se refieren a la Iglesia presente ni al cielo futuro, si por el cielo entendemos alguna región en algún rincón lejano en el vacío del espacio. Tampoco se refieren a un corto tiempo (apenas mil años) en el presente correr de la historia. Estas profecías, me parece obvio, son descripciones ( en lenguaje poético y simbólico, desde luego) de «la nueva tierra» que Dios llamará a existir después de la segunda venida de Jesús y después del juicio final. Esta nueva tierra es parte de la «nueva creación» y durará mucho más que solamente mil años, pues durará para 120


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siempre. Si llevamos en la mente la doctrina de la nueva tierra, esto hará que grandes porciones de la literatura profética del Antiguo Testamento sean más significativas para nosotros, mucho más de lo que serían de otra manera. Daríamos una interpretación muy parcial y distorsionada si quisiéramos aplicar la profecía solamente a un período de mil años, o solamente a la Iglesia en la presente época. III. ENTENDER CORRECTAMENTE EL PROGRAMA REDENTOR En tercer lugar, la doctrina de «la nueva tierra» es importante para un correcto entendimiento del programa redentor de Dios en todas sus dimensiones. En el principio, como leemos en el libro de Génesis, Dios creó los cielos y la tierra. Por causa de la caída del hombre en el pecado, Dios pronunció una maldición sobre esta creación. Prometió también realizar su salvación, y el mismo Dios envió su Hijo al mundo para redimir aquella creación de las consecuencias del pecado. La obra de Cristo, por tanto, no es simplemente la de salvar (en un sentido restringido) a ciertos individuos, a unas cuantas personas solamente , ni siquiera a un grupo inmenso e innumerable. La obra de Cristo en su totalidad no es menos que redimir la creación entera de los efectos del pecado, y la salvación del ser humano no será completa mientras Cristo no termine esta tarea. El propósito no se cumplirá hasta que el paraíso se haya convertido en el paraíso restaurado. Necesitamos, entonces, una clara comprensión de la doctrina de la «nueva tierra» para poder ver el programa redentor en sus dimensiones cósmicas. Es preciso darnos cuenta de que Dios no quedará satisfecho hasta que el universo haya sido purgado de todos los resultados de la caída del hombre. Desde el primer capítulo de Génesis aprendemos que Dios prometió al hombre, como su habitación eterna y su heredad, nada menos que la tierra misma. «Y los bendijo Dios, y les dijo: 121


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Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra». (Génesis 1:28) Dios también colocó al hombre en el huerto de Edén, que había de servir, por así decirlo, como el centro de operaciones de todas las empresas humanas. Desde este huerto como su cuartel general, el hombre habría de reinar, en nombre de Dios, y tener dominio sobre toda la tierra. Esta fue su tarea, y lo es todavía, es el «mandato cultural» que el hombre como hombre tiene que realizar para que dignamente glorifique a Dios. Pero el hombre, al caer en el pecado, fue echado fuera del huerto de Edén y condenado a morir. La tarea queda sin cumplirse. Sin embargo, el hombre no fue relevado de su realización, ni le fue quitado su dominio sobre la tierra, pero esta tierra que tenía que gobernar como tarea, cayó, por su culpa, bajo maldición. El hombre mismo está tan corrompido por su pecado que de ninguna manera es capaz de gobernar la tierra correctamente. Inmediatamente después de la caída del hombre, Dios le dio la promesa que llamamos «la promesa madre» y el «proto-evangelio». Esta promesa afirmó que la cabeza del tentador, del Maligno que había inducido al hombre a rebelarse contra Dios, habría de ser destruida por la simiente de la mujer. Por tanto, la victoria final sobre todas las fuerzas de maldad ya estaba a la vista. La restauración del hombre a su puesto implica la restauración al campo de su trabajo. ¿Cómo pues debemos conceptualizar la promesa en términos del presente y del porvenir, sobre todo en relación con la vida venidera? ¿Cómo la conceptualizaron Adán y Eva, y los demás creyentes del Antiguo Testamento? ¿Cómo debemos pensar de la victoria final? Haremos intento de responder a estas preguntas en la siguiente lección.

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EL NUEVO GRAN PLANETA TIERRA Lectura Bíblica: Génesis 12:1-3; 15:1-6,18; 17:1-8, Romanos 4:13,16-18; 9:6-8; Calatas 3:6-9,14 Hebreos 4:1-9

INTRODUCCIÓN En la lección pasada empezamos nuestro estudio del «nuevo gran planeta tierra». Vimos que hay, por lo menos, tres razones para estudiar este tema. (1) Tal estudio nos da un correcto entendimiento de la vida venidera, o sea, la vida después de ésta. (2) El estudio del «nuevo gran planeta tierra» nos da la correcta perspectiva para entender las profecías del Antiguo Testamento. (3) Este estudio nos ayuda a comprender la grandeza del programa redentor de nuestro Dios. Todo esto hace sumamente valioso el estudio de este aspecto de la escatología. Hoy, entonces, seguimos con este estudio. Ya notamos que la idea de «una nueva tierra» está implícita en las promesas que Dios hizo a su pueblo desde el principio, las que tienen que ver con la redención de toda la creación. Volvemos a nuestro estudio en este punto. I. EL ENTENDIMIENTO ORIGINAL. La pregunta que nos hicimos fue ¿cómo conceptualizaron Adán y Eva la promesa que Dios les hizo en Génesis 3:15? Y, ¿cómo la conceptualizaron los creyentes del Antiguo Testamento al oír de esta promesa de la victoria final? Parecería que lo único que podernos hacer sobre esto es especular y hacer un ejercicio de imaginación creativa. Pero no 123


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es así. Hay indicaciones seguras en las Escrituras que nos pueden guiar en una senda firme. Y, además, tenemos que saberlo para que podamos conceptualizar la promesa y aplicarla a nuestro pensamiento y vida. Uno de los resultados del pecado es la muerte. La victoria que Dios promete en el «proto-evangelio» o la «promesa-madre» tiene que ver con la remoción o la derrota de la muerte. Otro de los resultados del pecado fue el destierro de nuestros primeros padres del huerto de Edén, desde donde deberían reinar para la gloria de Dios sobre todo el mundo. Entonces, junto con la eliminación de la muerte, podemos esperar que la victoria prometida por Dios incluye la reincorporación del hombre en el paraíso restaurado, desde el cual podrá otra vez gobernar la tierra, correctamente y sin pecado. El contexto histórico de la promesa es el contexto en el cual Adán y Eva la entendieron . Parece indudable , entonces, que entendieron que les sería conferida la vida ( el nombre que Adán pone a su mujer -Eva-, "vida», confirma esta conclusión) y un lugar desde donde podrían ejercer las responsabilidades de esta vida. La expectación de una nueva tierra estaba implícita en la promesa de Génesis 3:15. Podemos estar seguros de que así la entendieron los progenitores de la raza humana. La victoria, la salvación, que esperaban era concreta, particular y directamente relacionada con la condición original de su entendimiento de la promesa. I. EL ENTENDIMIENTO CONSECUENTE En Génesis 15 y 17 leemos la historia del establecimiento formal del pacto de gracia con Abraham y su simiente, para siempre. Este pacto está en función del cumplimento de la promesa dada a Adán y Eva, y hemos de suponer que Abraham así lo entendió. Tenemos que recordar que Abraham, al igual que Adán y Eva, vivió antes de la formación de un pueblo (Israel) para el cumplimiento de dicha promesa. Aquí 124


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estamos hablando de toda la humanidad. Abraham es escogido en función de ser bendición a todas las naciones. La frase «particularista» (como algunos teólogos la llaman) no estuvo en función de Abraham y su simiente; sino, más bien, Abraham y su simiente estuvieron en función de todas las naciones. Esto se ve más claro en que la línea de Abraham incluye a todas las naciones. De la misma manera la tierra de Canaán, la tierra prometida, está en función de toda la tierra. En el Antiguo Testamento la herencia, en función de efectuar la promesa, quedó restringida a Canaán; en el Nuevo Testamento la herencia es ampliada para incluir el mundo entero. En Génesis 17:8 Dios promete la tierra a Abraham y a su descendencia después de él, en heredad perpetúa. El Nuevo Testamento insiste en que todos los creyentes son herederos de Abraham y que la herencia es «el mundo» (Romanos 4:13,16-18; 9:6-8; Galatas 3:6-9,14).Abraham, con la excepción de la cueva de Macpela, que tuvo que comprar de los hijos de Het, nunca fue dueño de una parcela de tierra prometida y luego su descendencia tampoco. ¿ Cómo, preguntamos, entendió esto Abraham?. Encontramos la respuesta en la carta a los Hebreos. En el capítulo 11, versículos 9 y 10, leemos: »Por fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa: porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios". Tenemos que entender que «la ciudad que tiene fundamentos « es la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que será establecida en la nueva tierra. En otras palabras, según el comentario divino, Abraham no esperaba el cumplimiento de la prometida herencia, lo mismo que hacían los otros patriarcas. En el mismo capítulo de Hebreos, versículo 16, dice que los patriarcas «anhelaban una mejor, esto es celestial; por lo cual no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad». 125


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Abraham y los patriarcas entendieron la promesa en el sentido de « la tierra nueva». El entendimiento posterior.- Del capítulo 4 de la misma carta a los Hebreos aprendemos que la Canaán terrenal era un tipo del eterno reposo que Dios tiene prometido para su pueblo. Canaán, entonces no fue la meta, el fin en si, sino que apuntaba a lo que había de venir. En Calatas 3:29 aprendemos que los que somos de Cristo somos la simiente de Abraham, y herederos de la promesa. Si estamos incluidos en la promesa de Abraham, esta promesa incluye para nosotros también la promesa de la tierra. Tenemos que leer las promesas de Génesis 17:8 a esta luz y entender que la promesa de la final y eterna posesión de la tierra es para todo el pueblo de Dios, para todos aquellos que son la simiente de Abraham. La promesa es válida para los creyentes de hoy. Reducir la promesa, poniendo límites a los aspectos futuros a fin de que sea solamente para los judíos creyentes durante el tiempo del milenio, es empobrecer demasiado la promesa y no entender la grandeza de la enseñanza bíblica. Patrick Fairbairn, teólogo calvinista del siglo pasado, en su famosísimo libro Tipología de las Escrituras, resume la enseñanza en tres puntos: (1) La Canaán terrenal nunca fue concebida por Dios, no pudo haber sido desde el principio entendida así por su pueblo, como la herencia final y adecuada que habían de ocupar; ya que respecto a ella se habían dicho y esperado cosas que claramente no podían cumplirse dentro del límite de Canaán, ni siquiera en el ámbito de la tierra tal como la misma está presentemente constituida. (2) La herencia, en el sentido pleno y exacto, era de tal naturaleza que solamente podía ser disfrutada por aquellos que se habían convertido en hijos de la resurrección, por haber sido ellos mismos totalmente redimidos en alma y cuerpo de los efectos y consecuencias del pecado. 126


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(3) La ocupación de la Canaán terrenal por parte de la simiente natural de Abraham, en su intención más grande y final, era de tipo de la ocupación por parte de la Iglesia redimida de la herencia de gloria que le estaba destinada. (Cito la traducción al castellano en el libro La Biblia y el futuro de Antonio Hoekema, pág.314. El libro es publicado por TELL y es altamente recomendado). Nuestro entendimiento de la doctrina de la nueva tierra no solamente nos da la clave para entender la promesa de la herencia, sino también para interpretar correctamente los muchos pasajes del Antiguo Testamento que tratan de la restauración del Pueblo de Dios a su tierra. Algunos de estos pasajes tratan solamente de la promesa de que Dios va a volver a su pueblo a la tierra de Palestina después del exilio para cumplir con su promesa mesiánica, y el cumplimiento de estas profecías está en la restauración del pueblo judío a su tierra después del exilio. Pero hay otras que hablan de algo más grande y más universal. Un ejemplo de tales pasajes es Jeremías 23:3: «Y yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a su morada; y crecerán y se multiplicarán». La restauración después del exilio fue un paso importante hacia el cumplimiento, pero no fue La totalidad del cumplimiento, de la misma manera que somos salvos, pero todavía no disfrutamos de la totalidad de nuestra salvación. Otro ejemplo hallamos en Amos 9:15: «pues las plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho Jehová, Dios tuyo». Aquí Amos predice una restauración, no solamente por mil años, ni solamente hasta la venida del Mesías, sino para siempre. El profeta mira más allá de la restauración después del exilio, no hacia un milenio, sino hacia la «nueva tierra» que los hijos de Abraham (los verdaderos) ocuparán durante toda la eternidad. Seguiremos con el mismo tema en la próxima lección que será la última sobre la escatología y de esta serie sobre «lo que creemos los cristianos». 127


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LA NUEVA TIERRA Lectura Bíblica: Jeremías 23:3-6; Amos 9:11-15; Romanos 8:1923 Isaías 65:17-25 INTRODUCCIÓN Esta es la última lección de la serie «Lo que creemos los cristianos». Tiene que ser la última sobre la escatología también. Todavía hay mucho por estudiar, pues el estudio de lo que creemos los cristianos dura toda una vida, y ésta no basta para cubrir el tema. La escatología también da para mucho más. Algunos teólogos han dedicado toda su carrera profesional al estudio de ella, y todavía encuentran que no han acabado con todas las posibilidades de aprender más. Pero las lecciones que hemos estudiado nos servirán de introducción al asunto. En la lección anterior vimos que la Biblia misma interpreta las promesas de Dios, en cuanto a la vida venidera, en términos de una tierra nueva, donde los creyentes pasarán la eternidad. Implícita en la promesa está su cumplimiento en una nueva creación. Hoy queremos profundizar más en el asunto. I. EL PRINCIPIO DEL MÚLTIPLE CUMPLIMIENTO La doctrina bíblica de la nueva tierra también es la clave para entender las muchas profecías que hablan de la restauración del pueblo de Dios a su tierra. Como la mayoría de estas promesas fueron hechas antes del regreso del pueblo de Judá del exilio babilónico, muchos intérpretes han hecho énfasis en este cumplimiento. Y no cabe duda, el regreso de los exiliados a su tierra se debe a las promesas de Dios. Pero hay muchos elementos de estas promesas que no concuerdan bien con los 128


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términos de las promesas. Las promesas rebasan el cumplimiento . Uno de estos pasajes es Jeremías 23:3-6. Hay elementos en esta promesa que no se cumplieron en el regreso del pueblo en los tiempos de Nehemías y Esdras. Pero, por otro lado, el regreso del exilio babilónico está necesariamente implícito en el cumplimiento de la promesa. Tenemos que concluir que aunque el regreso del exilio se incluye en esta promesa, este cumplimiento no agota la totalidad de la promesa. Siempre hay más. Vemos aquí el principio del múltiple cumplimiento. Este principio no es nuevo. Vemos la primera instancia en el nacimiento de Set, el sustituto (Génesis 4:25-26). Set fue el primer sustituto, el primer mesías (con minúscula), el primer cumplimiento de la promesa, pero no era la totalidad del cumplimiento. Más bien, este cumplimiento apuntaba hacia EL CUMPLIMIENTO. David también fue el mesías (otra vez con minúscula) como asimismo lo fue Salomón. Aún Zorobabel, el gobernante en el tiempo de la reconstrucción después del exilio, fue el mesías. La promesa del Mesías, entonces se cumplió varias veces; hubo una serie de mesías, mesías tras mesías, en el camino hacia EL MESÍAS. De la misma manera, la promesa de la restauración del pueblo de Dios y su prometida posesión de la tierra tiene varios cumplimientos, cada cumplimiento en camino hacia El cumplimiento. Así cada cumplimiento apunta hacia el gran cumplimiento. La misma promesa se cumple en el regreso del exilio, en el ministerio de Cristo y en la Iglesia y su historia, y se cumplirá en la nueva tierra en su sentido más pleno. La interpretación dispensacionalista de estos pasajes los trata como si se hablara solamente de un reducido cumplimiento en el regreso y restauración de los judíos a su tierra (corno si fuesen todavía la totalidad del pueblo de Dios y el Israel verdadero) en el milenio. Ya hemos visto que no solamente es este un enfoque demasiado limitado de las promesas de la 129


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nueva tierra, sino que también contiene ideas no-bíblicas acerca del milenio, por ejemplo, la promesa que Dios da por medio de Amos (Amos 9:15) habla de una restauración para siempre, y no para solamente mil años. En el contexto (11-15) vemos que la promesa tiene que ver con «todas las naciones» (v.12), condiciones que no se cumplirán en mil años (v.13), y sin embargo se hace referencia literal al regreso del exilio (v.ll). La invención de un milenio literal, para los judíos, no resuelve el problema de la interpretación de estos versículos. II. LA BIBLIA INTERPRETA LA BIBLIA Nos preguntamos: ¿Por qué los profetas del Antiguo Testamento hacen referencia a la restauración del pueblo de Israel a la tierra de Canaán? La respuesta está en que los profetas hablaron en un lenguaje que tuviera sentido para el pueblo de aquel entonces. Las promesas se hacían en lenguaje proléptico, en que una promesa contiene otra. Nosotros tenemos que interpretar las promesas a la luz de su cumplimiento y ampliación en el Nuevo Testamento. Vemos el proceso proléptico desde un ángulo de ventaja, o sea, desde el comentario novotestamentario. Exploremos eso. Leemos en Salmos 37:11 que «los mansos heredarán la tierra». Jesús, en el sermón del monte (Mateo 5:5), da a este texto aplicación universal. En Génesis 17:8 aprendemos que Dios prometió la tierra de Canaán a Abraham y su simiente, como una posesión eterna. Pablo, en Calatas 3:26, dice que esta simiente es Cristo (y todos los que por la fe están « en Cristo»). En Romanos 4:13, el mismo Pablo comenta la promesa y dice que la descendencia (simiente) «sería heredero del MUNDO». Lo que era «Canaán» en Gen. 17 es «mundo» en Romanos 4. Estos textos no solamente son del mismo autor, El Espíritu Santo, sino que nadie podría acusar a Pablo de no entender el Antiguo Testamento, siendo él el estudiante más aventajado del reconocido especialista en el Antiguo Testamento, Gamaliel. Canaán está obviamente en función del mundo, es 130


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«tipo» del mundo entero. (Este uso del lenguaje es llamado por los retóricos «la sinécdoque». La parte se usa por la totalidad, como cuando el novio pide la mano de la novia). Pedro, judío por excelencia, en su sermón en el pórtico de Salomón (Hechos 3:21), dice que el cielo recibió a Jesús hasta «los tiempos de la restauración de todas la cosas". La idea expresada aquí es que después de (o junto con) la segunda venida de Cristo, toda la creación será restaurada a su original perfección, que será la nueva tierra. Y, además, dice Pedro, esto es lo que «habló Dios por boca de sus santos profetas...desde tiempo antiguo». Aquí se habla de una restauración universal y eterna, y no de un pequeño territorio (Canaán) o un poco de tiempo (mil años). En Romanos 8:19-23, Pablo habla de la restauración y deja claro que habla de «la creación que fue sujetada a la vanidad». Dice que esta «creación misma será libertada de la esclavitud de la corrupción». En el v.23, vemos que la resurrección de nuestros cuerpos tiene que ver con esta restauración, la nueva creación que nos incluye a nosotros, a nuestros cuerpos y a la nueva tierra. Pablo hace referencia a esto en Efesios 1:13-14, donde dice que el Espíritu Santo es arras y garantía de nuestra herencia, o sea, el enganche y la seguridad. El primer abono y el contrato sellado, «hasta la redención de la posesión adquirida». En Apocalipsis, además de los textos que ya hemos estudiado, los que tratan de la nueva creación, está la frase en 5:10 que dice que «reinaremos sobre la tierra», y Juan notó que el número de los que dijeron estas palabras era «millones de millones» (v.ll). Todos los redimidos reinarán en la nueva tierra. Otros de los muchos pasajes que hablan de la nueva tierra son Isaías 65 y 66, 2a Pedro 3, y Apocalipsis 21. La más sublime descripción, quizá, es la que se encuentra en Isaías 65:17-25. Algunos ven en este pasaje solamente el milenio; pero para restringir la descripción a un milenio se requiere pasar por alto ciertos obstáculos exegéticos. En primer lugar, el texto, en su 131


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contexto, habla del estado final, un nuevo orden, una nueva creación, en que la antigua ya se borró de la memoria. En segundo lugar, en el versículo 18 (Isaías 65) aprendemos que Dios nos manda regocijarnos para siempre, y no por un ratito de mil años. En tercer lugar, el versículo 19 es el texto bíblico que Juan cita en Apocalipsis 21:4, y los dos pasajes hablan, no de un milenio sino de la vida en la nueva tierra. La doctrina de la «nueva tierra» está en armonía con las enseñanzas de la totalidad de la Biblia. Nos ayuda a interpretar textos como Apocalipsis 14:13, donde dice que las obras de los redimidos les seguirán. También textos como 1a Corintios 3:11-15 tienen más sentido a la luz de esta enseñanza bíblica. Al mismo tiempo que vivimos en esta tierra, nos preparamos para la vida con Dios en la «nueva tierra». Por medio de nuestro servicio a su reino los materiales para construir la nueva tierra se están juntando. Se traduce la Biblia a muchos idiomas, se evangelizan los pueblos, se transforma la cultura y se renueva la sociedad, y se reforma continuamente la Iglesia. Solamente la eternidad revelará el pleno significado de todo aquello que hemos hecho para Cristo en esta tierra. Al principio de la historia Dios creó los cielos y la tierra. Al fin de la historia podremos ver la nueva creación, los nuevos cielos y la nueva tierra, que sobrepasarán (con mucho) en belleza y esplendor a todo lo que haya sido antes. En el mismo centro de la historia está el Cordero que fue inmolado, el primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra. Algún día arrojaremos en ofrenda nuestras coronas ante su trono, cegados de admiración, amor y alabanza. Amén. Hemos terminado nuestros estudios sobre la doctrina, pues el contenido de nuestra fe es doctrina. Doctrina quiere decir enseñanza. Lo que creemos es la enseñanza de las Escrituras; creemos lo que la Biblia enseña. No hemos tocado todas las doctrinas, y de las que hemos tocado no todas han recibido un trato igual. Dimos más tiempo a unas que a otras. Nuestro 132


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propósito han sido más pastoral que teológico. No hemos hecho el intento de dar un desarrollo sistemático a toda la doctrina bíblica, ni aun de tratar en forma cabal con las doctrinas que hemos expuesto. Dimos más énfasis a las doctrinas controversiales porque en estos tiempos tenemos que defender nuestra fe. Esto ha sido más evidente en la escatología que en las otras partes, pero ha sido el principio organizador en toda la serie. Ahora tenemos que contender ardientemente por la fe una vez dada a los santos (Judas 3).

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PREGUNTAS DE ESTUDIO

LA BIBLIA BASE DE LA ESCATOLOGÍA 1. ¿Cómo debe estudiarse la Escatología para que esté correctamente contextualizada? 2. ¿Cuál es el carácter generalizado de la Escatología? 3. ¿A qué se le llama objeto de estudio de la Escatología? 4. ¿Qué diferencia hay entre Escatología individual y general? VIGENCIA DE LA BIBLIA EN EL ESTUDIO DE LA ESCATOLOGÍA 1. ¿Qué es el ya y todavía no del reino de Cristo? 2. ¿Cómo debemos de ver las señales del fin? 3. ¿Cuál es la tensión que sentimos en nosotros mismos? 4. ¿En qué sentido la iglesia vive la tensión escatológica? 5. ¿Enseña el Antiguo Testamento la inclusión de la Iglesia en el reino de Dios? EL YA Y EL TODAVÍA NO 1. ¿En qué sentido explica el autor esta lección que el alma puede morir? 2. ¿Quiénes han enseñado que Adán hubiera muerto aunque no hubiera pecado? 3. ¿En qué sentido la muerte del cristiano es una paradoja? 4. ¿Cuál es la respuesta que podernos dar a la pregunta de si Cristo murió por nosotros por qué tenemos que morir? 135


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¿CUÁL ES EL DESTINO DE LOS QUE MUEREN EN CRISTO? 1. ¿Quiénes enseñan que los niños que mueren sin bautizar van al Limbus infantum? 2. ¿Qué errores detecta el escritor sobre esta doctrina? 3. ¿Qué enseña la Confesión de Fe de Westminster sobre los niños elegidos? 4. ¿Qué pensó Dios sobre los niños gentiles de Nínive? EL ESTADO FINAL INAUGURADO DE LOS MUERTOS 1. ¿Existe un estado intermedio entre la muerte y el juicio final? 2. ¿Qué es el se'ol? 3. ¿Qué diferencia hay entre el se'ol y hades? 4. ¿Qué es el Ge'hena? 5. ¿Tiene base bíblica la doctrina del purgatorio? ¿POR QUÉ ES GANANCIA LA MUERTE? 1. ¿Por qué no se acepta la enseñanza de que la ganancia de la que habla Pablo es por su condición de preso? 2. ¿Quiénes hablan de la muerte como un sueño solamente? 3. ¿Qué bases bíblicas tenemos para contrarrestar la muerte inconciente enseñada por algunas sectas? 4. ¿Por qué escribió Calvino su libro «Sueño del alma»? LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE Y SU ESTADO FINAL 1. ¿Quiénes resucitarán según el texto de Juan 5:28-29? 2. ¿Qué diferencia habrá entre la resurrección de los creyentes y de los incrédulos? 3. ¿Por qué se considera doble el estado final de la humanidad? 4. ¿De qué palabra hebrea se tradujo Ge'hena? 5. ¿Por qué poder se efectuará la resurrección? 136


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EL PARAÍSO DE DIOS 1. ¿Habla el Antiguo Testamento sobre la resurrección de los muertos? 2. ¿Qué secta del Antiguo Testamento no creía en la resurrección de los muertos? 3. ¿Qué simboliza la palabra Ge'henna para el pueblo? 4. ¿Quién afirmó que los gentiles estarían en el mismo lugar de Abraham? 5. ¿Qué enseña el texto de Romanos 4:18 con relación a la fe de Abraham? LA ESCATOLOGÍA GENERAL 1. ¿Qué hizo Cristo con los judíos y los gentiles según el texto de Efesios 2:14? 2. ¿En qué notas de la Biblia se encuentra la historia dividida en siete dispensasiones? 3. ¿Cómo interpretó Pedro el pasaje de Joel 2:28-32 en el día de Pentecostés? 4. ¿Cual es el verdadero pueblo de Dios en el Antiguo y Nuevo Testamentos? 5. ¿Por qué decimos que la revelación es progresiva? LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO 1. ¿Qué dijeron Jesús y los apóstoles acerca de la segunda venida de Cristo? 2. ¿Por qué se considera singular la segunda venida de Cristo? 3. ¿Qué afirma la Biblia anotada por Scofield sobre la segunda venida de Cristo? 4. ¿Qué palabras griegas usan separadas para confirmar sus ense¬ñanzas? 5. ¿Cuáles son las cuatro razones por las que debernos rechazar los distintos momentos y acontecimientos que señalan para la segunda venida de Cristo? 137


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6. ¿Cuáles son los tres calificativos que comúnmente le damos los reformados a la segunda venida de Cristo? SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO I 1. ¿Qué diferencia hay entre las palabras griegas cronos y kayros? 2. ¿Cuáles son las señales que los fariseos debían haber interpretado según Mateo 11:5? 3. ¿Con quién enseñan las Escrituras que están asociadas las señales espectaculares? 4. ¿Cuáles son las señales que nos muestran la Gracia de Dios según el esquema presentado en la lección? 5. ¿Cuáles señales nos muestran la oposición de Dios? 6. ¿Qué señales nos indican el juicio divino? SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO II 1. ¿Qué debemos procurar con diligencia los creyentes en Cristo según el texto de 2a Pedro 3:14? 2. ¿Cómo debemos entender que todo Israel será salvo? 3. ¿Qué significa la palabra pléroma en griego y traducida en español? 4. ¿Cuáles son los signos de oposición de acuerdo a esta lección? 5. ¿Cuál es la apostasía más eficaz según esta lección? ¿CÓMO INTERPRETAR EL APOCALÍPSIS? 1. ¿Qué nos enseñan 1a Timoteo 4:1-3; 2a Timoteo 3:1-17 y 2a Pedro 2:1-3? 2. ¿Cómo se les llama a los que interpretan literalmente las palabras mil años y cuya diferencia está en la segunda venida de Cristo? 3. ¿Con cuál de los dos primeros grupos concuerda el amilenialismo y por qué? 4. ¿Cuáles son las siete grandes divisiones de Apocalipsis ? 5. ¿Cómo se entiende el milenio? 138


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CONTEXTOS DE APOCALÍPSIS 20:1-6 1. ¿Qué enseñanza da el texto clave sobre el juicio de Satanás? 2. ¿Qué enseña el capítulo 12 de Apocalipsis sobre el poder del dragón y el Hijo de Dios? 3. ¿Cómo debemos interpretar el capítulo 20 de Apocalipsis? 4. ¿Qué características tiene el libro de Apocalipsis que debernos tomar en cuenta para interpretarlo correctamente? 5. ¿Qué significa la primera resurrección según el escritor? HERMENÉUTICA Y ESTRUCTURA DE APOCALIPSIS 20:1-15 1. ¿En cuántas partes se divide Apocalipsis 20:1-15? 2. ¿De qué otra manera lo enlaza? 3. ¿Qué significa o simboliza el Trono y estar sentado en el? 4. ¿Cuál es la primera y segunda resurrección? 5. ¿De qué es sinónimo Og y Magog y de dónde se toma la cita? EL JUICIO FINAL 1. ¿Quién puede detener el avance del Evangelio del Reino? 2. ¿Qué diferencia hay entre el juicio del Padre o del Hijo? 3. ¿Quién puede evitar el juicio de Dios? 4. ¿Para qué serán juzgados los redimidos en el juicio final? 5. ¿Qué simboliza la muerte y el Hades? ¿Es EL «RAPTO» UNA DOCTRINA BÍBLICA? 1. ¿Enseña Pablo la doctrina del rapto en el texto de la Tesalonicenses 4:17? 2. ¿Se puede creer en una venida secreta del Señor a la luz de Tesalonicenses 4:16? 3. ¿Se puede pensar en un rapto de mil años viendo que Pablo usa la palabra siempre? 139


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4. ¿Para qué se utilizaba la trompeta en el pueblo judío? 5. ¿De cuántas venidas de Jesús hablan los que creen en el rapto? ¿RAPTO o REINO DE CRISTO? 1. ¿Cuántas venidas de Cristo espera la Iglesia según la enseñanza bíblica? 2. ¿Qué evangelio nos manda Cristo a predicar y cuál predicó él a sus apóstoles? 3. ¿Cuáles son los dos aspectos o conceptos importantes desde el Antiguo Testamento? 4. ¿Cómo será la venida del día del Señor? 5. ¿Qué dice Pablo y Pedro que debe hacer el cristiano respecto a la venida del Señor? NUEVOS CIELOS Y NUEVA TIERRA 1. ¿Dónde se vivirá la vida venidera? 2. ¿Cómo interpretan las profecías sobre la nueva creación los dispensacionalistas premilenialistas? 3. ¿Cuál es la primer tarea que Dios le dio al hombre que quedó inconclusa? 4. ¿A qué le llamamos proto-evangelio? 5. ¿Cuál será la restauración completa del ser humano y en dónde pasará la eternidad? PROMESAS EN ABRAHAM PARA TODAS LAS NACIONES 1. ¿Cómo entendieron Adán y Eva la promesa de Génesis 3:15? 2. ¿Cómo entendieron los patriarcas la promesa de la tierra pro-metida? 3. ¿Es incluida la Iglesia en las promesas que Dios hizo a Abraham? 4. ¿Qué nos enseña Amos 9:15? 5. ¿Qué nos enseña el texto de Génesis 12:3? 140


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EL REINADO PERFECTO DEL MESÍAS 1. ¿En qué aspecto Set fue el primer mesías? 2. ¿Qué otros personajes se consideran mesías en el aspecto de promesa y cumplimiento? 3. ¿En qué dimensión habla Pablo del cumplimiento de las pro-mesas hechas por Abraham hechas en Romanos 4:13? 4. ¿Qué significó para Pedro la restauración de todas las cosas según Hechos 3:21? 5. ¿Qué enseña el texto de Jeremías 23:5?

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APÉNDICES

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BODAS DEL CORDERO 1

Después de un recuentro de algunos aspectos negativos de la segunda venida de Nuestro Señor, o, más bien, de los juicios negativos que acompañan su segunda venida (en Apocalipsis 17 y 18) el apóstol Juan, inspirado por el Espíritu Santo, en el capítulo 19, dirige nuestra atención a los aspectos positivos y gloriosos de este regreso. Dentro de esta escena del aspecto glorioso del regreso de Nuestro Señor, como un estímulo a nuestra imaginación, para captar algo de lo esplendoroso, lo grandioso y lo magnifícente de este evento, el apóstol nos habla de "las bodas del Cordero" y la "cena de las bodas del Cordero". Parece importante hacer la distinción entre estos dos conceptos. No es igual ahora, y menos en el tiempo de Juan, ser invitado a las bodas que ser invitado a la cena. La bienaventuranza, pronunciada en 19:9, es para los que son llamados a la cena de la bodas del Cordero, es decir, "se entra con boleto". Las únicas veces que se mencionan las "bodas del Cordero" es en Apocalipsis 19, la primera vez en versículo 7, y luego en el versículo 9, que ya hemos mencionado. La esposa que se menciona en versículo 7 es mencionada de nuevo en 21:9, y esta mención ha de tomarse en cuenta para la correcta interpretación de estos textos. Se ha dicho que una descripción siempre es un juicio, y es cierto, no hay descripciones totalmente neutrales; puede ser una adulación, una expresión halagüeña o, todo lo contrario, 143


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puede ser una crítica severa, un vituperio o un insulto. Ninguna descripción, entonces, está libre de valores, y las imágenes y los símbolos, las palabras y las frases, las metáforas y las figuras, todo está escogido para hacer resaltar ciertos valores. Así, tenemos que entender la expresión de las "bodas del cordero" como una descripción de la segunda venida de Jesús; su función es la de expresar lo excelso de este evento. Se equivocan los que quieren interpretar las "bodas del Cordero" como un evento dentro de una serie de eventos que son los distintos pasos en el desarrollo de la finalización de la historia terrenal. No es como un evento que ocurre después de algunos y antes de otros; más bien es una manera de ayudarnos para contemplar lo glorioso de la segunda venida de Cristo a fin de que podamos entenderlo en toda su grandeza. La expresión "bodas del cordero" se refiere a un aspecto del glorioso triunfo del Mesías. Dios, desde el Antiguo Testamento, había hablado de su relación con su pueblo en términos del matrimonio (ver. Isaías 54:5; Jeremías 3:14; 31:32; cf. 2:2). Categóricamente se declara como el marido y esposo de su Pueblo. La idea del pueblo de Dios como la esposa de Dios subyace en toda la profecía de Oseas (2:19-20). En general, la infidelidad del pueblo de Dios a su Dios se trata en los profetas como la infidelidad en el matrimonio. La iglesia, el pueblo de Dios, en los tiempos de Juan estuvo "empapado", o "saturado" con el Antiguo Testamento, pues, para las primeras generaciones de los cristianos su alimentación espiritual principal fue el Antiguo Testamento. Algunos de los libros del Nuevo Testamento ya circulaban, pero el Nuevo Testamento, como documento de revelación estaba todavía en su formación. El mismo libro que estudiamos, Apocalipsis, apenas estaba saliendo de la pluma de Juan. El pueblo de Dios en aquel entonces, la iglesia primitiva, pensaba en los conceptos, imágenes, símbolos y lenguaje del Antiguo Testamento. De hecho, un buen entendimiento del Antiguo Testamento (no solamente de las historias) es 144


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indispensable para un adecuado entendimiento del libro de Apocalipsis. No solamente se empleaba el matrimonio como una imagen de la relación de Dios con su pueblo, todo el concepto del pacto, tan constante y tan sobresaliente en el Antiguo Testamento, se entiende en términos de esta relación de Dios con su pueblo. Todo esto hace muy normal que Juan presentara el aspecto positivo y glorioso de la segunda venida del eterno rey con la figura de las "bodas del cordero". Da al pueblo una anticipación, un anhelo, y una segura esperanza. Estimula nuestra imaginación pensar en esta verdad en estos términos, y nos hace sonreír con ansiosa antelación, aun en medio de sufrimientos y persecuciones.

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BODAS DEL CORDERO 2

El concepto de las "Bodas del Cordero" se presenta, de repente, en Apocalipsis 19:7 y 9. No hay introducción, ni descripción previa. Sin preludio, nos habla Juan de estas bodas. Esto quiere decir que, aunque la expresión se halla por primera vez el concepto es conocido y anticipado; seguramente lo que dice Juan cabe bien dentro de los conocimientos y formas de pensar de aquel entonces. No así con nosotros; nosotros tenemos que ajustar nuestros pensamientos y adquirir información a fin de que podamos apreciar el mensaje comunicado aquí. Nos preguntamos ¿bodas de quién? El texto dice "del cordero". Ahora, bien, ¿quién es este cordero? El testimonio más claro, y muy pertinente, es el de Juan Bautista (Juan 1:29). Sabemos que Juan dijo esto cuando vio a Jesús. La identificación es clara, concreta y precisa, podemos afirmar, sin lugar a dudas que el Cordero a que se refiere en la Biblia es Jesús. Sin embargo, la respuesta no está completa. Podemos preguntar, ¿Qué es eso de, el cordero de Dios? ¿Qué dijo Juan, y qué quiso decir, cuando, al ver a Jesús, dijo: he aquí el cordero de Dios? ¿Qué habrá entendido el pueblo cuando, al lado del Jordán, le escuchaba? En el pueblo Judío, el concepto del cordero formaba parte de la estructura de su pensamiento. Era un elemento constante en su aparato intelectual, su cosmovisión. Tenía que ver con su 146


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manera de ver y entender el universo, el mundo y su relación con Dios. La referencia más destacada, aunque no la primera, en su memoria era la del cordero de la pascua, el cordero que les libraba de la décima plaga que Dios había pronunciado a toda la tierra de Egipto (Éxodo 12:3-8). Podemos pensar en los "primogénitos de sus ovejas" de Abel como la primera referencia [Génesis 4: 4], pues, el "primogénito de las ovejas era un cordero. Una segunda referencia, que sin duda era una asociación viva y constante en la mente hebrea, era el cordero que Abraham confiaba que Dios proveería como sustituto por su hijo Isaac (Génesis 22:7,8), y que efectivamente, proveyó. La pregunta pronunciada por Isaac (v.7) indica que el "cordero" formaba parte del sistema de sacrificios, ya en tiempos de Abraham. Al pensar en sacrificio se pensaba en un cordero, y al pensar en un cordero se pensaba en sacrificio. Todo esto nos hace pensar que, cuando Israel tenía que sacrificar el cordero, al formarse en un pueblo salvo, ya pensaba en el sacrificio en función de un cordero=sustituto. Y este concepto de cordero es el que celebraba el pueblo de Israel en la pascua. Los profetas daban por sentado este concepto de cordero en sus comunicaciones con el pueblo de Dios. Isaías 53:7 es un buen ejemplo, muy conocido entre nosotros, que leemos por lo menos cada viernes santo. Otra referencia se encuentra en Jeremías 11:19, donde la primera referencia no es a Jesús sino a Jeremías mismo, pero el uso del símil (comparación) muestra el sentido de la palabra. Otro elemento en el pensamiento hebreo en cuanto al cordero era uno que se nos escapa fácilmente, quizá por diferencias en culturas y por las traducciones. Solemos decir "chivo expiatorio" y el texto bíblico habla del "macho cabrío", pero la asociación con el "cordero" es clara.

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Todos estos conceptos y connotaciones llenaban el término "cordero" hasta que estuvo repleto de sentido. Todo ello tenía que ver con la identificación del personaje principal en Apoc. 5:5-14. Ahí vemos que el cordero es el León de la tribu de Judá, la raíz de David, y es el que ha vencido para abrir los libros. Sin embargo, es el cordero inmolado, y los ancianos lo adoran, cantando el nuevo cántico. Este cordero nos ha hechos reyes y sacerdotes. El es digno, porque él fue inmolado y con su sangre nos ha redimido. Este cordero, del que toda la Biblia habla y que está descrito con los términos de su grandeza y gloria, es el novio que celebra sus bodas, al final del tiempo, en su segunda venida. En su segunda venida viene en toda su gloria, y las bodas del cordero son una manifestación gloriosa de la grandeza de su segunda venida.

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BODAS DEL CORDERO 3

Cuando se habla de una boda es menester hablar de los que se casan, tanto el novio como la novia. Si vamos a entender las bodas del cordero también es una necesidad hablar de los dos novios. Son las bodas del cordero, por eso hablamos de él primero. Ahora la pregunta es ¿con quién se casó? Toda boda necesita una novia, y no podemos entender las bodas del cordero sin saber de ella. De los versículos donde se habla de las bodas hay muy poca información acerca de la novia. Sabemos que se ha preparado y se le ha concedido vestirse con lino fino, limpio y resplandeciente. Esta información es importante y significativa, pues tiene muchas implicaciones teológicas. Además, agrega una dimensión trascendente a lo glorioso de la segunda venida del cordero. Aunque, actualmente, se hablan de las bodas como si fueran principalmente de la novia, tenemos que recordar que éstas son las bodas del novio, el cordero, y sus bodas son un elemento glorioso de su segunda venida. La belleza y el vestido de la novia son aspectos de la gloria del evento y en función de resaltar lo magnifícente del novio. Encontramos más acerca de ella en el capitulo 21 de este mismo libro, a partir del versículo 9, donde dice: ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del cordero. Luego encontramos que la esposa (novia) del cordero es la "nueva Jerusalén", que desciende del cielo (v.10). Pero, después de llamarla "esposa", la describe como una "ciudad", o como un templo. Nos hace pensar en la descripción del templo en Ezequiel, en el capítulo 40 y luego en la última parte del 149


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capitulo 48. (Comparar con Zacarías 2:1-5.) Algunas frases son idénticas. En el libro de Zacarías encontramos otra pista, una que nos ayuda entender el vestido de la novia. En el capítulo 3:3-4, nos dice que Josué el sumo sacerdote (representante del pueblo) estaba vestido con vestiduras viles (sumamente sucias y mugrosas) y el ángel de Jehová mandó quitar las vestiduras viles. Luego, dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de galas. Lo que encontramos aquí es una ilustración figurad de la justificación, cuando el pueblo de Dios está cubierto con la justicia de su Salvador. La novia es la nueva Jerusalén, el pueblo de Dios justificado, cubierto con ropas de gala, o sea, con lino fino, con la justicia de Cristo. En la nueva Jerusalén, la esposa del Cordero, entrarán solamente los que están escritos en el libro de la vida del Cordero (Apocalipsis 21:27). La descripción más completa de este pueblo se da en Apocalipsis 7:9-17. Uno de los ancianos pregunta a Juan acerca de quiénes son. Juan responde que el anciano sabe, entonces el anciano los identifica plenamente. A primera vista, parece que se habla de algo diferente aquí, pero al leer las descripciones se ve que los 144,000 son la novia, la esposa del cordero, es decir, la nueva Jerusalén. El numero 144,000 es un número que equivale a 12 X 1000 X 12. El número doce representa el pueblo de Dios en su múltiplo más grande. En el versículo 9 dice que es una "gran multitud, la cual nadie puede contar". La esposa del cordero es todo el pueblo redimido, el verdadero pueblo de Dios, a quién Cristo amó y dio su vida por ella. Dice claramente en Efesios 5:25 que Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella. La iglesia, entonces, es la esposa, la novia del Cordero. La multitud, que es la iglesia, está vestida de ropas blancas, da alabanza al Cordero, está compuesta de todas las naciones, tribus y lenguas, y proclaman que la salvación es de Dios y del 150


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Cordero. Sus ropas están emblanquecidas en la sangre del Cordero, y están delante del trono del Padre, le sirven día y noche. No tienen hambre ni sed ni tristeza, y el Cordero les lleva a los buenos pastos y les guía a la fuente de agua. El pueblo de Dios, como la esposa, la novia del Cordero, vive para siempre en comunión, íntima y completa, con Él.

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BODAS DEL CORDERO 4

En relación con la cena de las Bodas del Cordero se pudiera hablar acerca de la doctrina del "llamamiento eficaz'", ya que uno de los textos que estudiamos (Apocalipsis 19:9) dice que son bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas. Esta palabra es clave. Hoy en día se habla de una invitación a las bodas, o a la cena de la boda, pero muy poco hablamos de ser llamados a la cena de la boda. La diferencia es más que distintos modos de hablar con el mismo sentido, son más bien, dos distintos énfasis. El llamamiento a ser salvo, es decir, a formar parte del pueblo de Dios, se efectúa por la Palabra de Dios. El pueblo de Dios es la congregación de los llamados. La idea de que somos llamados está manifiesta en el nombre que la Biblia da al pueblo de Dios. El nombre es iglesia. La palabra castellana "iglesia" viene del griego ekklesía que tiene dos partes ek y klesía. Ek quiere decir "de", y klesía quiere decir llamada, de kaléo que quiere decir llamar. La iglesia, entonces no es una jerarquía, ni una organización, sino un conjunto de los llamados. Son todos los llamados por la gracia de Dios, llamados a ser salvos y llamados a servir. También son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Los que son llamados a la cena son la iglesia; es decir, la iglesia es llamada a la cena del Cordero. Un buen estudio sobre esta doctrina se halla en el Comentario sobre la Confesión deje de Westminster, de Archibald Alexander Hodge, capítulo X, Publicaciones El Paro, México.

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La iglesia es la única llamada a la cena de las bodas del Cordero. En lenguaje cotidiano podemos decir que la iglesia es la única que tiene boleto, y ella se compone por todos los que están ligados con Cristo por la fe. Los que tienen fe en Cristo son los que han oído el llamamiento de Dios. El llamamiento es efectuado por la aplicación de la Palabra, por el Espíritu Santo, al corazón humano. La fe es la respuesta del ser humano, obrada por el Espíritu Santo, quien aplica la Palabra, dándole la seguridad de las promesas de las Escrituras que se aplican a el, y que puede confiar, de todo corazón, en todas las verdades de las Escrituras, con énfasis en la muerte y resurrección de Jesús. El hecho de que no entrará nadie más, es evidente por las descripciones de la pureza de la iglesia en los capítulos 7 y 14 de Apocalipsis. Otros pasajes en la Biblia también hablan de la pureza de la Esposa del Cordero, que es la única llamada a la cena, aunque parece que estarán también una multitud de ángeles, pero ellos, aunque se disfrutarán mucho de estar presentes, están en las bodas en su calidad de siervos. La iglesia, el conjunto de los llamados, vive ya con esperanzas de su completa e intima comunión con el Cordero, su marido. Vive como una novia cuyos pensamientos siempre y constantemente giran alrededor de las bodas, y piensa en la cena como símbolo de esta excelsa comunión. Su vida actual se caracteriza por esta esperanza, este santo anhelo. Aunque puede dirigir su atención, parcial y por el momento, a otras cosas, esta perfecta comunión está presente en su conciencia, y organiza todas sus impresiones y percepciones. No es que no piensa en otras cosas, sino que piensa en todas las otras cosas en relación con la contemplada intimidad con el amado, aludida aquí en términos de la cena. La palabra que nuestra versión de la Biblia traduce como "bien-aventurados" es makário en griego, que también puede 153


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traducirse como alegres, felices, contentos, dichosos, benditos y gozosos, y se refiere a una condición duradera, permanente y constante, y no al momentáneo deleite de haber recibido el trozo más grande del pastel, o ser felicitado por su atuendo. Ser llamado a la cena de las bodas del Cordero es ser llamado a una profunda e íntima comunión con El para siempre. Es una "cena" que dura para siempre, y bienaventurada es la condición permanente para los llamados. Se puede mencionar que esta es la misma palabra que Jesús emplea en las "bienaventuranzas" en Mateo 5, y allá tampoco se refiere a una ligera felicidad pasajera, sino a la permanente condición de los que son llamados. Estos pocos versículos, son solamente dos, que usan la frase las "bodas del Cordero" y la cena de las bodas del Cordero está en el contexto de la segunda venida de Jesús. En el contexto, en el libro de Apocalipsis, se habla básicamente de los juicios negativos que acompañan el regreso del soberano Rey. Vemos que su retorno tiene que ver con la destrucción de toda maldad y todas las fuerzas de maldad. El castigo a los opositores del Reino de Cristo es horrendo. En este contexto vemos también las bendiciones reservadas para la iglesia, que es la eterna comunión con el Cordero que ha vencido. Las "bodas del Cordero" se refieren a este lado glorioso que manifiesta la gracia y bondad del Cordero, el eterno Rey que ha vencido. Las "bodas del cordero" manifiesta este lado glorioso de la segunda venida de nuestro Señor.

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CREEMOS EN EL REINO DE CRISTO

Cristo predicaba el "evangelio del Reino", y así llamaron también los apóstoles su mensaje. Si creemos en el mensaje de Cristo, y en el mensaje de Él repetido por sus discípulos, no tenernos remedio, tenemos que creer en el "Reino de Cristo". Este reino tiene varios nombres en la Biblia, pero son un solo reino. A veces se llama el "Reino de Dios" a veces, el Reino de los Cielos (sobre todo por Mateo) y el "Reino de Cristo". También empleamos la frase el"reino mesiánico". Puede ser que los distintos términos se refieren al estado de desarrollo del concepto del "Reino", pero por lo general podemos aceptar estos términos como sinónimos. El concepto del reino es central en toda la Biblia y notablemente acentuado en el ministerio y mensaje de Jesús. Aun antes de que Jesús comenzara a predicar, el último de los profetas antiguotestamentarios, Juan Bautista, anunciando la venida del Rey, decía: Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado. Aun antes de esto, los magos llegaron preguntando por el Rey que había nacido. Jesús mismo, según los evangelios sinópticos, (Mateo 4:17; Marcos 1:15 y Lucas 4:43) anunciaba el Reino. Mateo 4:23 dice que Jesús recorrió a Galilea enseñado y predicando el evangelio del Reino. La misión que Jesús dio a sus discípulos era la de el Reino de los Cielos. El Sermón del Monte (Mateo 5:34-35) se hace referencia al Reino, y, más tarde, casi al final de su ministerio terrenal, Jesús dijo que el evangelio del Reino se predicará a todo el mundo (Mateo 24:14). Dice Jesús (Lucas 16:16, ver 155


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también Mateo 11:12-13) que ahora, después del ministerio de Juan, se anuncia el Reino. En los evangelios, especialmente en Lucas, hay muchas enseñanzas, en su mayoría con parábolas, acerca del Reino. Jesús solía decir: El Reino de los Cielos es semejante a..., y luego presentaba su parábola. Nunca debemos olvidar que Jesús mismo llamó su evangelio "el evangelio del Reino". Por eso tenemos que creer en el Reino. Ya hemos dicho que el tema del Reino es un tema que corre por toda la Biblia. En algunas partes es más claro que en otras, pero el tema está presente desde Génesis hasta Apocalipsis. En la revelación mosaica (el Pentateuco) ya está proyectado. En Éxodo 19:4.6, el pueblo de Dios es llamado un Reino de sacerdotes. Esto, ciertamente, es una referencia a la promesa que Dios había dado a Abraham (Génesis 121.3) de que iba hacer de él una gran nación. Esta primera etapa del Reino es el Reino planeado y proyectado, que continua hasta el tiempo de los jueces. En toda la revelación en el Pentateuco y en tiempo de la conquista se ve este reino proyectado y planeado, pues muchas de las leyes e instituciones promovidas en este tiempo tenían que ver con el Reino que iba a ser, en un futuro concreto. Todo el desarrollo de esta planeación, proyección y su realización histórica requeriría un grueso tomo de Teología Bíblica para explicar. El siguiente paso en el desarrollo de la revelación del Reino y de su manifestación en la historia es el Reino prefigurado en el establecimiento de la monarquía en Israel, especialmente en la casa de David. Se ve en todo este periodo una prefiguración del reino futuro, sobre todo en la figura del Mesías que estaba ya en vías de venir. El reino llega a ser real y concreto en este tiempo, pero todavía no es la manifestación del reino en toda su plenitud. Esta plenitud vendrá con el Mesías, en el cumplimiento del tiempo (Galatas 4:4). Después de la prefiguración en la monarquía y, en parte, junto con ella, en los tiempos en la historia de Israel desde el exilio 156


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hasta Juan Bautista, entramos en el periodo de la preparación. Esta época se realiza básicamente por medio de los profetas quienes dan descripciones detalladas del Mesías y su reino. Abdías 15-21 es un buen ejemplo de ello, como también todos los textos de los profetas que Há'ndel empleó en su Mesías. Los predicadores hoy en día suelen usar estos textos para su predicación durante las semanas antes de la Navidad. Toda esta preparación tenía el propósito de dar un preconocimiento del Reino, a fin de que el creyente reconociera su presencia en la venida del Mesías. La revelación del Mesías y del reino son distintos aspectos del mismo tema. La época de la profecía fue una concreta preparación para la actualización del Reino de Dios en la presencia del Mesías. La presencia del Reino es idéntica con la presencia del Mesías. Por supuesto, no es la presencia en toda su plenitud. Es presencia, más bien, en el sentido de inauguración. En el Mesías (Cristo) podemos hablar del reino inaugurado. El ministerio completo de Cristo es la base de la plenitud del Reino, y el ministerio de Cristo sigue en pie. Ahora, sentado a la diestra del Padre, sigue siendo nuestro Redentor y Abogado. También, parte de su ministerio es su segunda venida y el juicio final. Seguimos, entonces, en la época del Reino inaugurado. Por eso, seguimos orando: "Venga tu Reino". Los ciudadanos del Reino son los "salvos", los que han sido rescatados del campo del enemigo para servir libres, voluntaria y gozosamente en el ejército de Cristo. Pablo, en Efesios 6:10.20, habla de la vida espiritual del creyente en estos términos. Extendemos el Reino en la obra evangelística, y es una de las tareas principales de la iglesia, pero esta no es la única tarea de la iglesia. También tiene que preparar a los ciudadanos para vivir y actuar como ciudadanos del Reino y para conquistar toda área de esfuerzo humano para el Rey Jesucristo. En esta tarea tenemos que desarrollar una ética cristiana, personal y social. Creer en el Reino involucra una 157


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preparación constante, una participación constante en todas las áreas de la vida humana, para que todas las naciones sean benditas por las actividades de nosotros. La última etapa del Reino es su plenitud. Esto tiene que ver con la creación de la nueva tierra y los nuevos cielos. Todos los que están en Cristo participarán, y solamente ellos. La plenitud del Reino si iniciará con la segunda venida de Cristo, y durará para siempre. Ahí estaremos todos los ciudadanos del Reino, justificados por la gracia, por medio de la fe, sirviendo al Eterno Rey. (Aunque no fue intencionado, se pueden recordar los puntos esenciales de esta lección con una serie de palabras que empiezan con "p": proyectado, planeado, prefigurado, preparado, presente, y plenitud.)

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