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Introducción Lily Evans tenía las mismas preocupaciones que cualquier chica de su edad, los amigos, los estudios y los chicos, por este preciso orden. Pasaba los veranos en su casa junto a sus padres y su hermana mayor Petunia. Pero Lily no era una chica como las demás, era una bruja, nadie más en su familia lo era, entonces, el verano que cumplía once años, llegó la carta. Una carta de pergamino amarillento en la que rezaba su nombre con brillantes letras verde esmeralda, igual que sus ojos. Era del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería y le informaba de que era una bruja, y de que tenía una plaza en el susodicho colegio. Al principio sus padres pensaban que era una broma, pero cuando dos magos adultos con brillantes túnicas violetas aparecieron en su puerta no pudieron negarlo por más tiempo. Estos magos explicaron a la familia lo que significaba esa carta, y una vez convencidos fue motivo de felicidad para todos, para todos menos para Petunia. Ahora miraba a su hermana desde la ventana de su cuarto, esta se encontraba en el jardín haciendo que regaba un gran parterre de begonias, este era su pasatiempo preferido, no las plantas, sino mirar por encima de ellas hacia el jardín de la casa de al lado. Petunia y Lily no se llevaban muy bien desde que esta última entrara en Hogwarts, al principio Lily pensó que se trataba de envidia y que se le pasaría pronto, pero después de seis años la actitud de Petunia no había cambiado, es más se había vuelto peor con el tiempo. Lily había desistido de hacerla cambiar, sabía que en el fondo su hermana la quería, pero desde el primer día no quería saber nada que tuviera que ver con el mundo mágico, y ella, por suerte o por desgracia, formaba parte de ese mundo. Sus padres en cambio eran felices con los progresos de su hija, desde el principio la habían apoyado y se sentían orgullosos de ella. Nunca se cansaban de escuchar cosas sobre el colegio, en estas ocasiones Petunia desaparecía de la habitación argumentando que tenía algo que hacer, pero Lily sabía que no era verdad, sus padres ni siquiera se daban cuenta, ensimismados en el relato de su hija. Moviendo la cabeza de lado a lado se alejó de la ventana y centró de nuevo su atención en la carta del colegio que le indicaba los materiales que le harían falta para su último año en Hogwarts. Tendría que ir a Londres, al callejón Diagon para conseguirlo todo, sus padres estarían contentos.


Un nuevo curso El primero de septiembre se encontró de nuevo en el anden 9 y ¾ delante de la locomotora escarlata que la llevaría hasta el colegio. A su alrededor cientos de alumnos se despedían de sus familias entre abrazos y risas. Se giró y vio a su propia familia, sus padres la miraban orgullosos, Petunia ponía cara de asco cada vez que alguien se le acercaba y miraba a su alrededor frunciendo su nariz como si oliera mal. - Ten mucho cuidado, estudia mucho y sobre todo pásalo bien- le dijeron sus padres. Lily los abrazó y se despidió de su hermana que emitió un ruidito neutro. Se volvió y se alejó entre la multitud. En cuanto subió al tren, tirando de su baúl, una voz detrás suya la sobresaltó e hizo que su día, que había empezado más o menos bien comenzara a ir mal. -¿Te ayudo princesa?- dijo un muchacho de su edad aunque mucho más alto, su pelo negro estaba revuelto, como si acabara de bajar de su escoba, y sus ojos color avellana la miraban desde detrás de unas gafas redondas. -Piérdete Potter- dijo la chica, no tenía ganas de empezar el curso aguantándolo. Nunca la dejaba en paz, desde el primer día de clases cuando se encontraron en el tren, y el pensaba que iba a conseguir algo solo porque era uno de los chicos más populares del colegio. El y sus tres amigos se hacían llamar los merodeadores y eran los que más castigos habían acumulado en la historia del Hogwarts. -Venga Evans, no seas así, no puedes tú sola-No necesito tu ayuda Potter-Cornamenta, ¿qué haces?, estas entorpeciendo el paso...- La cabeza de un chico también de pelo negro que le caía con elegancia sobre los ojos de color azul apareció sobre el hombro de James Potter -Entiendo- concluyó poniendo cara de saber más que nadie. Era Sirius Black, otro de los merodeadores y el mejor amigo de James, el día de Lily ya estaba completo. -¿Que pasa Evans? ¿Cómo está mi prefecta favorita?-Cállate Black-¿Qué es todo este jaleo?- otra cabeza apareció, esta vez detrás de la chica desde uno de los compartimientos más cercano. Era el tercer merodeador de la mañana, pero este no molestó tanto a Lily, se trataba de Remus Lupin, un


muchacho castaño y serio que comprendió inmediatamente la situación. Lupin era prefecto al igual que Lily, y de todo el grupo era el único al que ella soportaba. -¿Necesitas ayuda Lily?-Gracias Remus- le dirigió una mirada de suficiencia a James y se alejó cargando su baúl. -Adiós princesa, nos veremos después- dijo el chico tras la espalda de su amigo, la chica ni siquiera se volvió para contestar dispuesta a ignorarlo, ¿como tenía que decirle que la dejara en paz?. -Nos vemos luego chicos- dijo Remus y acompañó a Lily James y Sirius se acomodaron en el compartimiento que había abandonado Remus y allí se encontraron al último del cuarteto, Petter Pettigrew un poco más bajo que los demás y con pelo rubio paja se pasaba el día detrás de James y Sirius como si no hubiera nada en el mundo mejor que eso. -¿Qué ha pasado James?- dijo con una voz chillona y pegando saltitos sobre el asiento. -Nada Colagusano, una chica, no me las puedo quitar de encima- dijo James mientras lanzaba una pequeña pelota al aire y la recogía. Petter lo miró con admiración, aptitud que le encantaba a James, pero Sirius se dirigió a él con suspicacia. -Pues para estar pegada a ti se ha marchado muy deprisaJames le tiró la pelota a Sirius y este la esquivó, pero con esto no consiguió que dejara de reírse. -Se hace la dura, pero no podrá resistirse a mi mucho tiempo más- dijo con suficiencia mientras se acomodaba de nuevo en su sitio tras recoger la pelota. -Es verdad, seis años es poco tiempo- Sirius estalló en carcajadas mientras James saltaba sobre él y Petter daba saltitos animado y dando palmadas. Así los encontró Lupin cuando regresó del vagón de los prefectos. -¿Cómo podéis hacer tanto ruido?- dijo mirando con resignación el asiento que quedaba libre y encontrándolo lleno de basura de distintas clases -y ¿cómo, por el amor de Merlín, habéis sido capaces de dejar esto así en tan poco tiempo?-Venga Lunático, no te enfades, lo limpiaremos para usted señor prefectodijo James haciéndole una reverencia de una forma muy teatral - Señor Colagusano, ¿sería usted tan amable...?-Déjalo ya James- dijo Lupin dando un golpe a la butaca con su varita y haciendo que toda la basura formara un paquetito que dejó a un lado. Tras este simple gesto cogió un libro que había dejado con su equipaje y se había salvado del desastre y se sentó a leer. -No se porque a Dumbledore se le ocurrió hacerte prefecto, eres el prefecto con más castigos que se ha conocido en toda la historia de Hogwarts- dijo Sirius desperezándose sobre su asiento mientras se preparaba para jugar una partida de ajedrez mágico con James.


-La mayoría no son culpa mía, ¿verdad Canuto?, pero tienes razón, no se que le pasó por la cabeza- dijo Remus sin levantar la vista del libro y se concentró de nuevo en la lectura. Sirius dirigió una mirada cómplice a James que sonrió porque sabía, tan bien como los demás, que era verdad, la mayoría de los castigos que recibían era por culpa de ideas de alguno de los dos. Remus era la conciencia de aquel grupo y si no habían acabado expulsados era, en gran parte, gracias a él.

prueba  

eso mismo es una prueba