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NOCHE ESPESA

Lilliana Arcila M.


U

na noche, en que todas las luces del lugar se habían apagado, la neblina cubría el lugar, la brisa mojaba las calles; Ana salió de su casa sin rumbo fijo, sólo tomó su paraguas rojo, se puso sus zapatos grises y tomó un camino que nadie pudiera haberlo imaginado. Se alejaba cada vez más de su casa, caminó durante varias horas, en compañía sólo de los sonidos de los grillos y la leve luz de las liciérnagas. La soledad era la única compañía de Ana, ni su perro Lucas, que a todos los lugares viajaba con ella, estaba en esos momentos. Un vacío inmenso en su alma y la sosobra que la invadía, le daban más fuerza para correr y huir del lugar. Una mirada misteriosa y penetrante, siguió a Ana durante todo su recorrido; era un gato gigante, de color carmesí, que miraba cada paso que daba. Trató de atraparla con su garras y sus fuertes patas; Ana corrió con toda su fuerza, pero el enorme felino, cada vez se acercaba más a ella.


U

n arlequín apareció en medio de la espesa noche. Las risas de este personaje, percataron a Ana de su presencia y pudo rescatarla de las garras de aquel animal. Se habían alejado los temores de la niña, con su compañía, pues le generaba gran confianza a Ana, ayudándole a calmar los miedos que le había originado el gato. Arlequín y Ana recorrieron un largo camino, alejándose de aquel personaje, que sólo quería hacerle daño a la pequeña. Arlequín se encargó de que Ana olvidara lo sucedido, cantaron, jugaron, bailaron, contaron historias y disfrutaron de su maravilloso encuentro.


O

h! sorpresa, todo fue una terrible pesadilla. Ana se había quedado dormida en una barca mientras pescaba en el lago El Salado. El sol ardiente del medio día, la despertó y dejó su piel totalmente lastimada. ¡Ana nunca olvidará esa noche, en que un personaje desconocido salvó su vida!. “Muchas persona de una u otra forma, nos ayudan a escapar del mal y de diferentes problemas, cuando parece que no encontramos la salida”.


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