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PATRIMONIO URBANO Y ARQUITECTÓNICO: EL DESAFÍO CORDOBÉS Roberto Ghione Texto publicado en el libro La Ciudad del Saber. Ciudad, Universidad, Utopía. 1923-1993. V Conferencia Internacional sobre Conservación de Centros Históricos y Patrimonio Edificado Iberoamericano. Consejo Académico Iberoamericano. Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, España, 1995.

La ciudad de Córdoba, Argentina, producto de una cultura abierta dócilmente a las influencias externas y proclive a la seducción de los beneficios económicos inmobiliarios, ha visto transformar su estructura urbana y su imagen durante los últimos años, con consecuencias irreversibles con respecto a su identidad pasada y con el deber de afrontar con decisión un camino sin retorno, cuyo desafío sustancial es forjar su identidad urbana. El resultado de este proceso ha transformado su núcleo urbano orgánicamente constituido, en el que las relaciones entre monumentos y tejido acompañante –los elementos primarios y secundarios de la estructura de la ciudad según Rossi- así como entre el Área Central y barrios perimetrales se han visto afectadas a partir de un crecimiento explosivo producido desde la década del 50. Esta situación distorsionó la imagen de la ciudad (y por ende afectó su identidad) tanto como su estructuración urbana. El fraccionamiento desmedido del parcelamiento y la densificación edilicia, que compromete las condiciones mínimas de habitabilidad, fueron las consecuencias en el Área Central, mientras que la extensión indiscriminada del área urbana a través de lotes, que implica una elemental división del suelo sin la provisión de niveles mínimos de infraestructura, lo fue para una enorme periferia que comenzó a crecer a partir del fenómeno comentado. Densificación en el centro y dispersión en la periferia son las dos caras de una misma moneda: la de la especulación edilicia, que origina costes sociales que hoy sufren todos los cordobeses y que imponen el desafío de quienes tienen la posibilidad de tomar decisiones al respecto. Estos costes se traducen en pérdida de condiciones de habitabilidad, contaminación ambiental, servicios urbanos caros y poco eficientes, áreas urbanas mal dotadas de infraestructuras y equipamientos, terrenos sin urbanizar dentro del área urbanizada, etc. todo esto producto de esta ciudad innecesariamente extendida y excesivamente centralizada.

La ciudad fragmentada De acuerdo con el estado de situación brevemente descrito, la ciudad se ha desarrollado en los últimos años en base a fragmentos. Esta circunstancia es absolutamente natural, pues fragmentaria es la cultura de quienes la habitamos, por fragmentos se ha ido constituyendo nuestra identidad, la seducción que nos provocan los modelos culturales externos –siempre cambiantes- se traduce en imágenes fragmentarias que se suman. El fragmento constituye, podríamos decir, la sustancia de nuestra identidad.

Con esta situación, no es casual que hoy habitemos esta ciudad fragmentada. La destrucción de la relación entre monumentos estructurantes y tejido urbano circundante fue el primer síntoma de esta realidad. Los monumentos coloniales, que determinan la identidad histórica de la ciudad y que constituyen el patrimonio colonial urbano más valioso del país, al quedar exentos de la estructura de base que los contiene, fueron las primeras piezas de esta verdadera “ciudad collage”, según el concepto de Collin Rowe. Los sucesivos experimentos de ideas y las traslaciones de imágenes de una modernidad importada sobre la manzana y el tejido parcelario de base fueron sumando piezas que se iban acomodando al damero original. Al respecto, resulta paradójica la contradicción entre el orden riguroso de la cuadrícula de base y el caos resultante, al admitir ésta los más variados tipos arquitectónicos. Las ciudades de América Latina se constituyeron, desde su fundación, en el campo propicio para experimentar las teorías del primer mundo. Esta actitud, que aún perdura, hizo que sus imágenes actuales sean las de un sumatorio de ideas, conjugando una variedad de situaciones. Esta variedad, superposición de ideas, sumatorio de fragmentos, confrontación de opuestos, conforma la materia prima, compleja y contradictoria, con la que debemos trabajar arquitectos y urbanistas en pos de lograr la imagen que exprese la identidad de nuestro tiempo. Variedad y patrimonio De lo expuesto, la variedad parece constituir la esencia de nuestras ciudades, al menos de Córdoba. Asumir la variedad implica tal vez, encontrar, para el caso cordobés, la clave para lograr su ordenamiento urbano. El objetivo sería el logro de una variedad equilibrada. La variedad equilibrada lleva implícita una conjugación de situaciones cambiantes, que enriquecen la percepción del espacio urbano y cualifican las diferentes áreas de la ciudad, sobre la base de la estructura damérica. El opuesto de esta situación es la variedad desequilibrada, es caos, que atenta contra las condiciones dignas de habitabilidad de una ciudad. Esta situación de variedad ha influido sobre las acciones con respecto al patrimonio. En la Municipalidad de Córdoba existe la Ordenanza 8248/86, que fija las condiciones de intervención en los edificios considerados de interés patrimonial por el municipio. A un elenco de edificios de diferentes épocas u estilos, convenientemente categorizados u valorizados, le han sucedido correspondientes criterios y niveles de preservación. Paralelamente, una normativa fija alturas y retiros de edificación que armonizan calles o manzanas que contienen edificios significativos. Cada edificio posee recomendaciones de preservación total o parcial, según el estado edilicio y la correspondiente valoración arquitectónica, y las intervenciones sobre ellos deben ser concertadas con los organismos técnicos que aplican la normativa. La revalorización y la catalogación del Patrimonio ha constituido una tarea importante y la elaboración de una normativa de conservación de estos bienes no tiene precedentes en nuestro medio. No obstante, existen aspectos que deberán perfeccionarse, sobre todo en lo que hace a su aplicación.

Uno de ellos es la visión fragmentaria del patrimonio, producto de la lógica dispersión de edificios de valor en la ciudad, sobrevivientes de la tragedia del falso progreso que provocó la renovación urbana. Un avance importante significó la normativa de Centro Histórico, en la que el conjunto de monumentos existente marcó las pautas de alturas y retiros de edificación para las construcciones nuevas. No obstante, es necesario ahondar el concepto de patrimonio en procura de una visión integral del problema. Esta visión integral implica una concepción ambiental de la ciudad. En este sentido, el ambiente construido como una totalidad es patrimonio. A su vez, en los conceptos de “bien patrimonial”, “edificio de interés patrimonial”, etc., utilizados corrientemente para referirse a acciones sobre el patrimonio arquitectónico y urbano, subyace una conciencia objetual que resulta necesario ampliar. Esta conciencia lleva a ver el objeto o los objetos susceptibles de acciones de preservación y/o conservación e implícitamente dejan de lado el espacio. Y el espacio urbano está constituido precisamente por eso: por espacio. Es un problema estrictamente ideológico y como tal, afecta las actitudes con que se afrontan los problemas. Tomar conciencia del mismo, saber verlo, tratar de entenderlo, aprender a valorarlo, a reconocer y a proponer elementos que lo cualifiquen y lo valoricen en función de su esencia, constituye un paso fundamental para esta conciencia integral acerca del patrimonio de la ciudad. El vacío es el ligante, el elemento que permite unir la variedad de situaciones detectadas. La intervención sobre los vacíos urbanos constituye una estrategia válida para resolver el problema de la identidad urbana alterada. Los criterios de valoración deberían contemplar, por lo tanto, no sólo los edificios construidos, sino también el espacio urbano (vacío urbano) y todos aquellos elementos que lo califican: solados, vegetación, señalización, tendidos, equipamientos, publicidad, etc. Al respecto, en la Municipalidad de Córdoba existen normas que, con mayor o menor profundidad, contemplan las acciones sobre todos estos elementos que afectan al espacio público, pero fragmentariamente, sin una conciencia patrimonial que los integre en pos de una visión holística del hecho urbano. La preservación con criterio ambiental implica superar la visión fragmentada: monumentos aislados + obras menores aisladas + objetos del espacio urbano aislados, todo ello involucrado por la falta de conciencia del espacio urbano. La preservación con criterio ambiental propone considerar los sistemas de relaciones de los edificios entre sí, de los monumentos con el tejido acompañante, de los edificios con el espacio urbano, del espacio con los objetos cualificantes, etc., y la materia que vincula este sistema de relaciones es el vacío. Se piensa que la consideración de los sistemas de relaciones, como complemento de las acciones particulares sobre los edificios de interés patrimonial, ofrece la visión global que integra la variedad y ordena el caos, manteniendo la riqueza de las alternativas situaciones urbanas existentes.

El patrimonio y las leyes Un aspecto que complica las actuaciones sobre el patrimonio arquitectónico y urbano en nuestro medio es el legal. A las ordenanzas elaboradas desde el municipio que procuran lograr esta conciencia acerca del patrimonio (que es decir: acerca de la identidad de la ciudad) se opone otro instrumento legal de mayor fuerza: el Código Civil Argentino. El mismo, expresión consecuente de la ideología liberal que le dio origen en el año 1869, defiende prioritariamente la propiedad privada. Se produce aquí un conflicto de intereses entre propietarios de edificios de interés patrimonial y la institución encargada de aplicar las normas de preservación, en representación del bien común de los cordobeses. Estos conflictos se agravan con propiedades ubicadas en terrenos costosos, donde la ley de ofertademanda provoca diferencias abismales entre el valor monetario y el valor cultural del edificio, más aún si la obra en consideración no es cuantitativamente importante (casos de viviendas que son testimonios genuinos de la vida doméstica en diferentes períodos de la historia cordobesa). Es en estos casos en donde se producen disputas entre el derecho

público y el privado. La importancia asignada al segundo por nuestra legislación determina que muchas intenciones de preservación de bienes de indudable valor cultural resulten esfuerzos estériles. Por ejemplo, el caso de la fachada de un edificio privado que resulta fundamental en la estructuración de una calle o de otro espacio urbano: es un bien público o privado? Si consideramos el edificio, resulta privado. El problema entra aquí en el espinoso terreno de lo ideológico y las acciones posibles se entorpecen, más aún cuando el organismo de aplicación es oficial y está sometido al manejo especulativo de los intereses políticos. La falta de criterios adecuados, no sólo técnicos sino legales, es un aspecto que merece ser solucionado, comenzando desde nuestra disciplina, por definir claramente los criterios técnicos. Posmodernidad y patrimonio La cultura de la posmodernidad que vivimos ha provocado un vuelco ideológico que ha tenido efectos positivos en el campo del pensamiento arquitectónico para la realidad latinoamericana. La crisis disciplinar producida a partir del fracaso de algunas teorías del Movimiento Moderno Internacional provocó una ruptura y una fragmentación de los ideales de aquella modernidad dogmática y universalizante. Esta situación llevó a revalorizar las innumerables culturas locales, producto de cada circunstancia, de cada realidad. Resulta paradójico contemplar cómo una cultura sustancialmente fragmentaria, como la posmoderna, consigue resultados unitarios para uno de sus fragmentos, como es la toma de conciencia acerca de la identidad urbana. La preocupación por la valorización y preservación del patrimonio junto con las tendencias regionalistas son consecuencia directa de ese pensamiento sobre la realidad local de cada ciudad. En nuestro medio se han gestado, bajo este concepto, acciones que han significado aportes altamente positivos, tanto para la cultura de la ciudad como para el mejoramiento de su calidad ambiental. Desde el ámbito oficial, acciones tales como la valorización del Centro Histórico a través de sistemas peatonales, la recuperación paisajística y ambiental del río Suquia y del arroyo La Cañada, el sistema de normas urbanas particularizado para cada sector de la ciudad son, entre otros, ejemplos elocuentes de esta conciencia acerca del patrimonio de la ciudad que, precisamente, apuntan a diseñar los sistemas de relaciones y los espacios urbanos. Las obras de recuperación, puesta en valor, reciclaje, restauración etc. de edificios de interés patrimonial (Casa Entre Ríos 40, Centro de Arte Contemporáneo, Cabildo, Cripta Jesuítica, etc.) complementan las grandes acciones urbanas. Desde el ámbito privado, es muy positiva la acción de algunos estudios profesionales, entre los que sobresale el del arquitecto José “Togo” Díaz, que con cerca de 200 edificios construidos en el Área Central, ha planteado un sistema de relaciones visuales entre ellos, ha definido y calificado entornos de calles y áreas urbanas, le a dado solución al tema de las medianeras (uno de los grandes problemas que atentaban contra la imagen de la ciudad, producto de un tipo arquitectónico no coherente originalmente con la base parcelaria), ha puesto en valor una tecnología tradicional, que ha dado un fuerte soporte regional a su obra y ha generado una conciencia profesional acerca del rol de la arquitectura como parte constitutiva de la ciudad. No obstante esta cultura arquitectónica en relación al patrimonio que caracteriza a las acciones en Córdoba aún quedan cuestiones pendientes. Una de ellas es la clarificación de conceptos acerca de las operaciones de reciclaje, restauración, rehabilitación, etc., conceptos que no se manejan aún con precisión y en muchas oportunidades confunden los criterios que orientan las decisiones. Esto, sumado a una cierta imaginería de la preservación, producto de la natural apertura a las influencias externas, llevan a encarar proyectos de puestas en valor o reciclajes con criterios mal sustentados, que más que valorizar los edificios en consideración los desvirtúan hasta convertirlos en grotescas caricaturas de lo que alguna vez existió. Por otra parte, una cierta actitud entre romántica y

nostálgica existente en algunos ámbitos de decisión, impiden el reciclaje de edificios de indudable valor mediante el diálogo con propuestas nuevas, desperdiciando oportunidades de sumar a la dinámica contemporánea edificios valiosos que permanecen muertos. Subyace asimismo, un concepto que determina que las obras de preservación son cuestiones de especialistas en temas afines con la historia de la arquitectura, cuando en realidad son operaciones de diseño de arquitectos con clara conciencia proyectual desde las áreas de grado de las facultados de arquitectura, en el sentido de considerar tan pertinentes a la labor del arquitecto las obras de reciclajes como puede ser la construcción de un edificio nuevo. En este sentido, la relación entre la arquitectura nueva-arquitectura existente es un tema conocido pero no suficientemente debatido. En muchos casos, el diseño de “neos” surge como una actitud entre facilista u descomprometida para salvar la conciencia histórica cuando se actúa en relación a edificios existentes, situación que más que respetar la historia la confunde, pues no deja testimonio del natural proceso de readecuación de los edificios con el paso del tiempo. Así, globalmente planteada la situación de la arquitectura en relación a la ciudad y a su patrimonio urbano y arquitectónico, se pueden esbozar algunos caminos a seguir para perfeccionar este fructífero proceso emprendido desde hace más de una década. A la conciencia disciplinar asumida profesional y académicamente acerca de la ciudad como patrimonio colectivo, resulta imperativo sumar la imaginación para solucionar los innumerables casos (cada uno particular en sí mismo), producto de la fragmentación y dispersión analizadas, que eviten la pérdida de testimonios genuinos que corren peligro de desaparecer por la valorización económica de sus terrenos. No se puede aplicar una receta ni una normativa general para la variedad de fragmentos urbanos remanentes de valor y en este sentido el espíritu de la normativa municipal resulta positivo. Pero las normativas y acciones de preservación deben contemplar no sólo las cuestiones técnicas y relacionales de los edificios entre si y con su espacio urbano, sino que deben imaginar mecanismos adaptables a las diferentes situaciones que concilien los intereses económicos de los propietarios. Resulta necesario asimismo, ahondar el análisis crítico de la arquitectura para entender los valores esenciales de edificios a preservar sujetos a operaciones de reciclaje. Aprender a ver lo esencial –invisible a los ojos según A. de Saint Exupery- (la constitución tipológica, la singularidad de ciertos recursos arquitectónicos, la composición física y espacial, la resolución y expresión tecnológica, etc.) y el saber tomar criterios de valoración en relación al contexto cultural en el que se trabaja, son procesos que deben ser inculcados con más rigor desde las facultades en pos de formar profesionales comprometidos con la tarea de proteger la cultura de las ciudades. Finalmente, el concepto de patrimonio tomado en forma integral, implica actuar sobre el ambiente urbano construido. En este sentido la ciudad toda es un bien patrimonial y cada construcción, demolición, transformación que se concreta implica una acción patrimonial. Hacer arquitectura significa, antes que nada, hacer ciudad; la obra de arquitectura es ciudad, según Rossi. Con este criterio, la labor del arquitecto o cualquier persona que construya o modifique su hábitat es básicamente una operación patrimonial, afecta al objeto colectivo, que es la ciudad. La toma de conciencia social acerca de estas acciones dará pleno sustento al construir, al pensar, al habitar, soportes fundamentales, según Heidegger, de la cultura existencial del ser humano.


PATRIMONIO URBANO Y ARQUITECTÓNICO: EL DESAFÍO CORDOBÉS