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griegas es claro que a Escalante le interesa, sobre todo, abordar el concepto del hado3 y plantear en escena el conflicto que sugiere dos posibilidades: ¿es el ser humano capaz de trazar su propio destino o se encuentra encadenado a los sucesos que habrán de ocurrirle de modo ineludible? La obra retoma esta noción clásica de la preconcepción del destino como fatalidad; idea que posteriormente es reinterpretada por la teología cristiana4 y que se encuentra ampliamente arraigada en el espectador mexicano contemporáneo, a quien va dirigida la pieza teatral. Así, Tiresias le vaticina a Fedra –siendo ésta todavía niña– la tragedia de la que tomará parte: “Te pasan cosas que no puedes evitar. Llegan. Irremediablemente” (primera parte. escena i). Ella cuestiona al viejo adivino: “¿Yo tengo un destino en mi cuerpo?” (primera parte. escena i), a lo que Tiresias responde: Tiresias. Trabaja en ti como un reloj. Segundo a segundo cumples con él. Fedra. ¿A qué hora llega? Tiresias. ¡Ah!, no te preocupes: es puntual. (primera parte. escena i)

De acuerdo con Lucian Hölscher, “las representaciones del futuro son imágenes intangibles, surgidas de las preocupaciones y deseos de las personas, de sus experiencias pasadas y presentes” (132). Por tanto, si de manera general se afirma que en el mito se encuentran depositadas las grandes preocupaciones que han aquejado al ser humano desde los primeros tiempos, se puede aseverar que el mito particular de Pasífae, Ariadna y Fedra –retomado por Escalante– es uno de aquellos que desde la tradición grecorromana trata el conflicto ancestral entre el libre albedrío y la predestinación. Además, si este asunto es tratado, desde la Antigua Grecia hasta nuestros días, como una cuestión de ideología religiosa, no es arriesgado suponer que Escalante tiene en cuenta, al escribir la obra, la carga ideológica de su público, el cual es predominantemente católico.5 De tal modo que, si para el espectador de la pieza Hado: “fuerza desconocida que se cree obra sobre los hombres y los sucesos” (drae). Conocido también como el Fatum latino, dios del Destino y que ha sido personificado en divinidades como las tres Moiras griegas (llamadas de Láquesis, Cloto y Átropo), llamadas también Parcas (Platón 491). 4 San Agustín (nacido entre el año 354 y el 430 d. c.), uno de los principales formuladores de la teología cristiana, rebate la concepción grecolatina de que todo es obra del hado, de los astros o de la fatalidad –tal y como lo difundía el pensamiento estoico– (Obras 346-349). Para el obispo de Hipona, es en realidad la Divina Providencia a la que debe atribuírsele el devenir, pues “tiene en su mano las causas de las cosas, las conoce y las dispone” (499). San Agustín somete además el término “hado” a la potestad del libre albedrío humano: “el hado era privativo de lo inferior, y la voluntad, de lo superior, que lo tiene en su poder, antes que suprimir el arbitrio de nuestra voluntad” (354). 5 Para el año 2000, fecha de composición de Fedra y otras griegas, el noventa y cinco por ciento de la población mexicana profesa alguna religión; y de la totalidad de quienes refirieron hacerlo, el noventa y dos por ciento es católico. (inegi en línea). 3

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LIJ Ibero. Revista de Literatura Infantil y Juvenil Contemporánea. Núm. 1  

El número 1 de la revista LIJ Ibero correspondiente a la Primavera 2016 es un viaje subversivo y poco canónico. Ésta publicación es un tanto...

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